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lunes, 14 de noviembre de 2016

La disputa antiglobalización entre la extrema derecha y la izquierda



Emir Sader

La globalización neoliberal buscó imponer un nuevo sentido común en el mundo: sería imposible oponerse a la globalización económica, cada país tendría que abrirse inevitablemente hacia el mercado mundial, cada economía tenía que hacer sus adecuaciones correspondientes, con el debilitamiento de los Estados nacionales. Los grandes capitales, a su vez, buscarían desterritorializar sus inversiones, buscando las mejores condiciones de exploración de la fuerza de trabajo, de los recursos naturales, así como de acceso a los nuevos mercados mundiales.

Se pretendía que todos ganarían, salvo los que tardaran en rendirse a esa ola supuestamente inexorable y avasalladora. Los Tratados de Libre Comercio serían los pasaportes hacia ese inmenso mercado mundial, con cada región preparándose para competir con las otras en las mejores condiciones.

La unificación europea, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte serían apenas los primeros pasos hacia esa nueva configuración mundial que, sin darse cuenta, iba dejando atrás contingentes cada vez más grandes de desamparados, de excluidos, de olvidados, de marginalizados, de huérfanos de la globalización. Países enteros, sectores de la economía, contingentes enormes de trabajadores, se fueron sintiendo como víctimas impotentes de la globalización, que era la fiesta del capital internacionalizado.

La actitud frente a los inmigrantes en Europa fue definitoria de la nueva configuración política e ideológica del continente. La extrema derecha se ha fortalecido en la crítica a la llegada de los inmigrantes, redespertando con fuerza los sentimientos chovinistas y racistas que alimentan a esa corriente. A la vez critican la renuncia a la soberanía nacional representada por la Unión Europea y por el euro.

Al mismo tiempo que las políticas de austeridad han pasado a desgastar aceleradamente a los partidos tradicionales, dado que tanto los conservadores como los socialdemócratas se unieron en la política suicida asumida como una especie de destino inexorable impuesto por la globalización neoliberal. La extrema derecha pasó a disputar con las nuevas corrientes de la izquierda los espacios que habían quedado vacíos por la asimilación de los partidos tradicionales a la unificación europea y a su moneda común.

El Brexit fue tan solamente la proyección internacional del malestar y del rechazo a la globalización como respuesta de sus víctimas. No por casualidad sectores de la clase obrera blanca, víctimas de la desterritorialización de las inversiones hacia países periféricos y, según la propaganda, de la llegada de los inmigrantes, fueron protagonistas del Brexit, al igual que componentes esenciales de la votación de Donald Trump.

Junto a esa crítica, se difundió la crítica a la política tradicional, a la forma de hacer política, cada vez más parecida entre sí, por parte de los partidos tradicionales. La rotación entre la derecha tradicional y la social democracia dejó de funcionar como alternancia real, para tan solo hacer que se sucedieran en el gobierno a modalidades cada vez más similares de aplicación de formas de neoliberalismo.

Al Brexit se suma ahora la victoria de Trump en EEUU, que se asemeja a ella no solamente por la sorpresa respecto a las encuestas, sino principalmente por ser un tipo de protesta en contra de la globalización y la política tradicional, de la que Washington y su más legítima representante, Hillary Clinton, son los símbolos.

La izquierda que no se ha rendido al neoliberalismo, sino que lucha por su superación, tiene que participar de esa disputa en los dos frentes: por una parte, no rendirse a la globalización neoliberal y sus Tratados de Libre Comercio, ahora en retracción. Tiene que proponer y promover un nuevo orden mundial, del que los Brics son el eje emergente.

Y debe, a la vez, proponer nuevas formas de hacer política, distanciándose radicalmente de las formas tradicionales, con liderazgos transparentes, con estrechos vínculos populares, con crítica a toda forma de desvío de recursos públicos, con formas de rendición de cuentas regulares, con mandatos parlamentarios limitados en el tiempo, con refundación del Estado por medio de la Asamblea Constituyente, que genere un Estado realmente democrático, en su forma y en su contenido, representante de la ciudadanía, al que deben tener acceso en igualdad de condiciones todos los individuos.

Se trata ahora de una fase de la globalización neoliberal que se cierra con nuevos fenómenos, del que el Brexit y la elección de Trump son sus expresiones más claras. Se abre un nuevo campo de disputas sobre la geopolítica mundial y nuevas formas de hacer política. Le toca a la izquierda formular nuevas perspectivas para estar a la altura de esos nuevos desafíos.
Emir Sader
Fuente: Público.es

lunes, 9 de mayo de 2016

Raíces de la crisis y de la gran recesión



 
 

Alejandro Nadal

 
En un artículo reciente, el economista en jefe del Fondo Monetario Internacional, Maurice Obstfeld, confiesa que el panorama económico global le parece difícil de entender. El funcionario examina las causas y efectos del colapso en los precios del petróleo y pregunta: ¿por qué los bajos precios del crudo no han sido un estímulo para la economía mundial? Su respuesta y análisis son evidencia de los limitados alcances de la teoría económica convencional para entender la crisis y la dinámica macroeconómica del capitalismo contemporáneo.
A partir de junio del 2014 el precio de petróleo sufrió una caída de más de 60 por ciento (unos 70 dólares estadounidenses). Pero en ese lapso se siguió frenando el crecimiento de las principales economías del planeta. Obstfeld señala que esa combinación (precios de crudo a la baja y estancamiento) ha confundido a los economistas del FMI.
En el pasado los cambios bruscos en el precio del crudo siempre han tenido efectos contracíclicos: cuando hay incrementos en esos precios, el crecimiento se frena y viceversa. Según Obstfeld los precios bajos debieran conducir a menores costos de producción y mayores niveles de actividad, mayor contratación de fuerza de trabajo y menor inflación. Lo que sucede es que los economistas del FMI se quedaron con las explicaciones superficiales de la “estanflación”, es decir, de la coexistencia de estancamiento con inflación, que marcó la década de los años 1970. La tesis estándar sobre aquél episodio es que los altos precios del crudo se tradujeron en altos costos de producción, reducción del nivel de actividad y altos precios para cubrir los costos crecientes.
Por eso los economistas del Fondo siempre han pensado que una reducción en el precio del principal insumo energético debería estar actuando como un poderoso estímulo económico. Y sin embargo la reducción de precio coincide con la actual fase de lento crecimiento. Pregunta Obstfeld: ¿cómo es eso posible?
La explicación la encuentra en el límite cero de la tasa de interés. Hoy los bancos centrales ya no pueden reducir más la tasa de interés (aunque Obstfeld prefiere ignorar el tema de la tasa de interés negativa) y la reducción en la inflación debido a la disminución de costos de producción tiene un efecto inesperado porque provoca un aumento en términos reales de la tasa de interés. Según Obstfeld eso comprime la inversión y la demanda y contrarresta el efecto de la disminución de costos. De manera simétrica, dice Obstfeld, el aumento de precios del petróleo podría tener un efecto expansivo al reducir la tasa real de interés.
En pocas palabras, para los economistas del FMI el nuevo villano es el límite cero de la tasa de interés. Esto estaría provocando el efecto “perverso” de que el descenso en los precios de crudo no actúa como un estímulo para la actividad económica. Y si los bajos precios de petróleo persisten podríamos ver un tsunami de quiebras en las empresas petroleras que apostaron a que los precios altos se mantendrían por largo tiempo, lo que podría dislocar todavía más al sector financiero. Obstfeld concluye que se necesita un apoyo a la demanda (vía la política fiscal), además de introducir más reformas estructurales (el tema de siempre en el FMI).
Son muchos los economistas que insisten hoy en las dificultades que entraña el límite cero de la tasa de interés. Lo cierto es que después de siete años de tasas de interés cercanas a ese límite la economía mundial no sólo no puede recuperarse de la crisis, sino que parece querer instalarse en un estancamiento secular. Como dice Thomas Palley, ahora resulta que el problema de las economías capitalistas es el del límite cero de la tasa de interés, como si todos los problemas estructurales del capitalismo no tuvieran nada que ver con el estancamiento.
En realidad, esta discusión ignora un punto fundamental: las economías capitalistas caminan por un sendero de contracción inexorable de su ritmo de crecimiento desde hace ya varias décadas. Esto es algo que se puede comprobar fácilmente con cualquier serie de datos. Lo más importante es que este proceso ha venido acompañado de una tendencia a la baja en las tasas de rentabilidad sobre el capital invertido. Los estudios de Michael Roberts, Andrew Kliman y Peter Jones, por ejemplo, revelan que la tasa de ganancia (calculada a costos históricos) pasó de 45 por ciento, su nivel más alto en 1948, a 32 por ciento en 2011. Esta tendencia histórica a la baja ha tenido un efecto importante sobre la inversión porque en una economía capitalista el factor determinante clave de la inversión es la rentabilidad. Y esto es lo que explica la tendencia inexorable hacia el estancamiento.
Desde esta perspectiva, ni la inestabilidad financiera, ni la desigualdad o el subconsumo son lo que explica la crisis de 2008. Y si bien la deflación y la austeridad son factores importantes detrás de la extensión de la gran recesión, la crisis y su profundidad se explican por las contradicciones intrínsecas del capitalismo. Sin duda el régimen neoliberal ha intensificado algunas de estas contradicciones, pero las raíces de la crisis son más profundas.

 
Economista. Miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
Fuente original: La Jornada
Fuente: Sin Permiso 
La Jornada, 4 de mayo 2016

jueves, 28 de abril de 2016

Recesión global: signos de recaída


Recesión global




Alejandro Nadal



La crisis financiero-económica es como un organismo que respira, se mueve y se transforma cada día. Con esas mutaciones, las perspectivas que aguardan a la economía mundial también cambian constantemente. Las que comienzan a dibujarse para los próximos años no permiten hacer pronósticos positivos. ¿Será este 2016 el año de la recaída y de la recesión global?

En días pasados el Fondo dio a conocer su Informe sobre estabilidad financiera mundial. El Fondo identifica tres fuentes de tensión que han empeorado durante los últimos seis meses. La primera consiste en un riesgo macroeconómico de menor crecimiento, mayor incertidumbre y su efecto negativo sobre las expectativas sobre inversiones. Lástima que el FMI no saca la primera lección sobre esto: que debería concluir su enamoramiento con los dogmas neoliberales en el terreno de la política macroeconómica.

La segunda fuente de tensión proviene de la caída en los precios de las materias primas durante los últimos cuatro años. Aquí pesan mucho las preocupaciones sobre la economía en China y su impacto sobre los mercados emergentes y economías desarrolladas. Aquéllas enfrentan una combinación desagradable de freno al crecimiento, endurecimiento de las condiciones en los mercados financieros y creciente volatilidad en los flujos de capital. Éstas (por ejemplo Alemania) ya sufren reducciones significativas en sus exportaciones.

La tercera causa de tensiones es la falta de credibilidad sobre las políticas macroeconómicas. El escepticismo sobre la efectividad de la política monetaria está alimentado por el hecho de que las posturas llamadas no convencionales (flexibilidad monetaria y tasas cero y hasta negativas de interés) no han tenido un efecto decisivo para sacar al mundo de la globalización neoliberal de los efectos de la hecatombe de 2008.

El informe sobre estabilidad financiera concluye que las cosas podrían mejorar si los países avanzados resuelven los principales problemas heredados de la crisis. Uno de ellos es el de la situación de los bancos que enfrentan, entre otras cosas, una abultada cartera de préstamos y el exceso de capacidad instalada (es decir, hay demasiados bancos). En realidad, ese problema no fue generado por la crisis, sino que proviene de tiempo atrás y es más bien una causa de la crisis financiera.

En cuanto a los mercados emergentes, el FMI reconoce que han sido duramente golpeados por el fuerte descenso en los precios de materias primas y por el endeudamiento que acompañó los años de auge. Pero según el FMI la prudente acumulación de reservas es lo que ha permitido a algunas de estas economías salir adelante. Lo que no dice el Fondo es que su definición de reservas incluye la colocación de fondos de corto plazo (inversiones de cartera) que no son otra cosa que una forma de endeudamiento. Por eso la volatilidad en los flujos de capital no solamente socava las posibilidades de recuperación de los mercados emergentes, sino que genera las condiciones de las crisis financieras crónicas que presenciamos durante la década de los años 1990.

Además de los problemas identificados por el Fondo se yerguen varios factores monumentales que podrían ser la principal causa de una nueva recesión global. Uno de ellos es el hecho de que los salarios siguen estancados en Estados Unidos y en Europa. Esto se acompaña de una contracción en la producción manufacturera en Estados Unidos (y un freno en las ganancias de las principales ramas de la industria manufacturera).

El otro gran problema tiene que ver con el efecto de contagio que trae aparejada la caída en los precios de materias primas. Esta evolución desfavorable en esos precios tiene repercusiones importantes en el sector financiero debido a varios mecanismos de transmisión. Muchas de las industrias en el sector petrolero estadunidense a partir de la fractura hidráulica (fracking) están en bancarrota y sus fuentes de financiamiento recibirán un duro golpe. El desplante de Arabia Saudita en la reunión en Doha la semana pasada permite pronosticar una época larga de precios bajos para el crudo, lo que también va a empeorar la situación de ese sector en Estados Unidos y su impacto sobre un sector financiero que ya sufre un grado significativo de estrés.

Hay que tomar en cuenta que el endeudamiento es lo que sigue explicando buena parte del poco crecimiento que ha experimentado la economía global. Hoy los precios de los activos financieros y de los bienes raíces en una economía como la de Estados Unidos ya no pueden mantenerse al alza por el efecto de los ingresos y de la expansión del PIB. Lo que los ha mantenido a flote es la política monetaria flexible, pero ahora que la Reserva Federal ha comenzado a incrementar la tasa de interés, los precios de esos activos comienzan a gravitar hacia la baja movidos por las fuerzas de la deflación. Es decir, estamos presenciando el final de un súper ciclo de endeudamiento y las consecuencias no serán agradables.

En síntesis, el conjunto de señales e indicadores apunta hacia una nueva recesión este año.

Alejandro Nadal

Economista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.

Fuente: Sin Permiso

Fuente original: La Jornada, 21 de abril 2016

domingo, 21 de febrero de 2016

La necesidad de un plan B para Europa


Éric Toussaint

 
Éric Toussaint
Doctor en ciencias políticas y portavoz del CADTM internacional
 
Debido a la capitulación del Gobierno griego en julio de 2015 frente a los acreedores y a las instituciones europeas, vemos la necesidad de avanzar en la elaboración de un plan B para Europa. Para resolver los problemas de una sociedad hay que romper con las políticas neoliberales que se fueron aplicando durante décadas, y para ello es imprescindible poner en marcha, al mismo tiempo, medidas de orden fiscal —que no sean solo para imponer a los ricos un máximo de impuestos que revierta a las cajas del Estado, sino también para reducir drásticamente las tasas y los impuestos injustos que afectan a la mayoría de la población—; medidas con respecto a la deuda, a los bancos, a la utilización de monedas complementarias —sobre todo si se está en la zona euro, pero también en otros casos— y también abolir una serie de medidas injustas de austeridad. Además, se debe lanzar un proceso constituyente que tenga el respaldo de la participación activa de ciudadanas y ciudadanos.
Si nos reunimos en una asamblea ciudadana europea sobre la deuda, no es para constituir una especie de contingente que en todos los debates plantee el tema de la deuda, repitiendo sin cesar el mismo discurso. Por el contrario, servirá para reflexionar entre nosotros, entre todas las organizaciones y movimientos que participan simultáneamente en los movimientos contra la deuda y en un movimiento común de resistencia al neoliberalismo, con el fin de que converjan las luchas, integrando a la vez, en un lugar destacado, las reivindicaciones y alternativas concernientes al rechazo de las deudas ilegítimas.
 
El movimiento para la auditoría ciudadana de la deuda es nuevo en Europa
 
En Europa, el movimiento para la auditoría de la deuda es nuevo, ya que solo existe desde hace 4 años. Se trata de un movimiento que es necesario consolidar. Aquí doy solo algunos datos: el movimiento en Grecia nació en marzo-abril de 2011 —la auditoría ciudadana de la deuda griega, conocido como ELE en Grecia— y, para lanzarlo, éramos 3.000 en una universidad de Atenas, en mayo de 2011. A continuación, rebrotó en España, donde se desarrolló casi simultáneamente en el marco del movimiento de los indignados de marzo-abril-mayo de 2011. Durante esos meses se comenzó a plantear el tema del endeudamiento de los países europeos, a cuestionar la legitimidad de la deuda y a recurrir al instrumento de la auditoría ciudadana.
Sin embargo la lucha contra la deuda de los países del Tercer Mundo había comenzado mucho antes. En España el tema de la deuda externa del Tercer Mundo fue un tema sensible que originó numerosos movilizaciones. En 1999 surgió la RCADE (Red ciudadana por la abolición de la deuda externa) que organizó en marzo de 2000 una consulta ciudadana, simultáneamente con la jornada de elecciones generales, donde se preguntaba si se estaba o no de acuerdo con la anulación de la deuda a los países deudores del Estado español y otros temas relacionados. Cubrió al 48,8 % del Censo Electoral. El 2005 se consolida la campaña ‘Quién debe a quién‘ en la que confluyen numerosos colectivos como la propia RCADE, ATTAC, Ecologistas en Acción, etc. con el fin de luchar contra la deuda en forma más efectiva. Es sobre esta base y con el ímpetu del movimiento de los indignados que nació la Plataforma de Auditoría Ciudadana de la Deuda (PACD).
Casi al mismo tiempo, se extendió este proceso a Portugal, donde comenzó un debate sobre el cuestionamiento del pago de la deuda recurriendo en un primer paso a la auditoría. Una primera conferencia tuvo lugar en junio de 2011 en Lisboa, que llevó a la creación de la Iniciativa para una Auditoría Ciudadana (IAC) de la deuda en diciembre de 2011 (IAC). La IAC presentó un primer informe en 2012. En Francia, el movimiento se creó en septiembre 2011 después de que ATTAC y el CADTM se pusieran de acuerdo con una serie de movimientos para lanzar el Colectivo por la Auditoría Ciudadana (CAC). En Bélgica, tomó más tiempo, y se creó la plataforma por la auditoría ciudadana de la deuda (AciDe), en febrero de 2013.
A escala europea y mediterránea, la primera iniciativa de coordinación de las diversas campañas y plataformas por la auditoría ciudadana se realizó en Bruselas, en abril de 2012, cuando se constituyó la ICAN (International Citizen Audit Network: Red internacional de auditoría ciudadana) a invitación del CADTM Europa. La primera reunión euromediterránea de la red de auditoría ciudadana de las deudas se realizó el 7 de abril de 2012 en Bruselas. Los países representados eran 12: Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia, Polonia, Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica, Egipto y Túnez. En estos países acababa de crearse un proceso de auditoría ciudadana de la deuda y/o una campaña contra la austeridad que integraba el problema de la deuda e igualmente en la web de la ICAN).
Este es un movimiento nuevo que se encontró con problemas desde sus inicios. Una serie de fuerzas políticas radicales opinaban que “para qué auditar la deuda, puesto que lo hay que hacer es anularla, y una auditoría sería una forma de legitimación de esa deuda”, y por ello los representantes de esas fuerzas abandonaron el movimiento y rechazaron apoyar cualquier iniciativa de auditoría ciudadana de la deuda.
En Grecia, la mayoría de la izquierda radical decidió no apoyar esa auditoría (ya sea la coalición de izquierda radical Antarsya, una buena parte de Syriza o el partido comunista, que llegó a tratarnos de enemigos). Felizmente, hubo militantes de algunas organizaciones de izquierda (una parte de Syriza, algunos militantes del NAR, miembros de Antarsya, sindicalistas), aunque la mayoría de los miembros eran individuos u organizaciones ciudadanas que se movilizaron por el problema de la deuda, sin tener el respaldo de organizaciones políticas. Seguimos esperando a las organizaciones políticas, que rehusaron apoyar la auditoría de la deuda en Grecia, para que nos digan si nuestro trabajo sirvió para legitimar una parte de la deuda o no, después de haber leído los informes presentados en junio y en septiembre de 2015.
Lo cierto es que si esas organizaciones en lugar de criticarnos o de limitarse a actuar como espectadoras, hubieran participado en la auditoría, presentando argumentos a favor de la anulación de la deuda, eso hubiera ciertamente reforzado a aquellas y aquellos que querían poner, realmente, en marcha una política alternativa a la capitulación de Alexis Tsipras y de su gobierno.
En todos los países se encontraron problemas similares. Lo que es evidente es que no hemos sido bien acogidos por los gobiernos. Como dijo Zoe Konstantopoulou, que presidió el Parlamento griego desde febrero a septiembre de 2015 incluidos, los gobiernos no quieren auditar la deuda dado que no quieren cuestionar radicalmente su legitimidad, su carácter odioso, sus sostenibilidad desde el punto de vista del respeto a los derechos humanos. El colmo es que hay un reglamento europeo, desde mayo de 2013, que ordena a los Estados bajo asistencia financiera a auditar sus deudas.
Hasta ahora, ningún gobierno ha decidido iniciar una auditoría de este tipo y todavía menos completarla. Felizmente, la presidente del Parlamento griego decidió hacerlo en marzo de 2015, como una continuación de la auditoría de la deuda (ELE). Al comienzo, consiguió el apoyo del Gobierno, aunque, al final, éste no utilizó realmente el arma de la auditoría y no se apoyó sobre las conclusiones del informe preliminar publicado en junio de 2015 para afrontar a los acreedores.

Una de las lecciones de Grecia: el movimiento ciudadano no ejerció suficiente presión sobre los partidos de izquierda, especialmente sobre Syriza.
 
Una de las lecciones fundamentales de lo que pasó en Grecia es que el movimiento de auditoría ciudadana que había comenzado muy bien en 2011 no se reforzó lo suficiente, y no mantuvo ni creó la presión necesaria, especialmente sobre las diferentes fuerzas políticas, y no solamente sobre Syriza, para conseguir que en el caso de llegar al Gobierno, la realización de la auditoría de la deuda con participación ciudadana constituyera una obligación, una prioridad ineludible. Y sin embargo, estaba en el programa con el que Syriza se presentó a las elecciones de mayo-junio de 2012.
Mientras que Syriza obtuvo un 4% de los votos en las elecciones de 2009, en mayo de 2012 consiguió el 16% y, luego, el 26,5% un mes más tarde, en las elecciones de junio de 2012, justamente dos puntos por debajo de Nueva Democracia, el gran partido de derecha. Así fue como Syriza se convirtió en el segundo partido de Grecia. Entre las dos elecciones, Tsipras avanzó 5 propuestas concretas para comenzar las negociaciones con los partidos opuestos a la Troika, salvo Amanecer Dorado, que, a pesar de oponerse al memorando, se lo excluye:
.- la abolición de todas las medidas antisociales (incluidas las reducciones de salarios y pensiones).
.- la abolición de todas las medidas que habían reducido los derechos de los trabajadores en materia de protección y de negociación.
.- la abolición inmediata de la inmunidad parlamentaria y la reforma del sistema electoral.
.- una auditoría de los bancos griegos.

.- la instauración de una comisión internacional para la auditoría de la deuda, combinada con la suspensión del pago de la deuda hasta el fin de los trabajos de dicha comisión.

No hubo suficiente presión sobre Syriza proveniente de la ciudadanía movilizada para reclamar que esos cinco puntos debían seguir siendo prioritarios. El compromiso para realizar una auditoría de la deuda y para suspender el pago durante la realización de dicha auditoría desapareció progresivamente del discurso de Alexis Tsipras y de otros dirigentes de Syriza.
Eso se hizo en forma discreta y la quinta medida propuesta por Tsipras en mayo 2012 fue reemplazada por la propuesta de celebrar una conferencia europea para, particularmente, reducir la deuda griega. Cuando Syriza constituyó el Gobierno después de la victoria electoral del 25 de enero de 2015, la suspensión de pago y la auditoría fueron erróneamente dejadas de lado. Esto debería reforzar nuestra idea de que es necesario dedicar toda la energía a fortalecer las iniciativas de auditoría ciudadana, con el objetivo de que las fuerzas políticas que se proponen como Gobierno se comprometan seriamente en la adopción de medidas fuertes para afrontar el desafío del reembolso de la deuda ilegítima.

Lecciones de la experiencia de la auditoría y de la suspensión del reembolso de la deuda en Ecuador
 
Participé en la comisión para la auditoría de la deuda de Ecuador, constituida por el Gobierno ecuatoriano en julio de 2007. Trabajamos desde julio de 2007 hasta septiembre de 2008 y, sobre la base de nuestras conclusiones, el Gobierno suspendió el pago de una parte de la deuda, imponiendo así una derrota a los acreedores. Esto permitió al Estado economizar 7.000 millones de dólares, que fueron derivados a gastos sociales. Esto constituyó una victoria total de Ecuador en el marco de una suspensión parcial. Pero no cayó del cielo, pues se había construido una campaña desde el año 2000. Durante seis años se libró una batalla para demostrar a al población que la cuestión de la deuda en el caso ecuatoriano era crucial. Se comenzó por una cosa muy concreta: un país como Noruega reclamaba a Ecuador una deuda que había servido para la compra de cinco barcos de pesca.
Pero, ¿qué pasó con esos cinco barcos de pesca que Noruega entregó a Ecuador? Los activistas ecuatorianos del movimiento contra la deuda demostraron que esos barcos habían sido transformados en barcos para el transporte de bananas en beneficio de un gran exportador privado ecuatoriano. Se comenzó a atacar ese problema en 2000. ¿Y quién había en ese movimiento? Pues estaba principalmente Ricardo Patiño, que actualmente es ministro de Relaciones Exteriores y que en el momento de la auditoría era ministro de Economía y Finanzas. O sea, que entre la gente que dirigía la iniciativa de la auditoría ciudadana, algunos ocuparon inmediatamente puestos en el Gobierno y respetaron el compromiso que habían tomado de resolver el problema de la deuda ilegítima.
Al menos, hay que reconocer que sobre esa cuestión, fueron coherentes y valientes. Plantearon, desde el Gobierno, un primer acto unilateral: lanzar una comisión de auditoría que ni los acreedores ni la comunidad internacional deseaban. A continuación, plantearon un segundo acto unilateral sobre la base de los resultados de la comisión de auditoría: la suspensión, sin pedir a nadie el permiso para hacerlo, del pago de la deuda. Y esto fue particularmente escandaloso para los acreedores de Ecuador que este Estado proclamara: “Detendré el pago de una deuda que se ha identificado como ilegítima aunque tenga el dinero del petróleo para pagarla. El Estado ecuatoriano desea que la recaudación proveniente del petróleo sirva al pueblo y no a acreedores ilegítimos”. Si se tuvo éxito en Ecuador fue porque se había establecido una relación de fuerzas desde la base, sobre las fuerzas políticas que ganaron el Gobierno y porque el presidente de la República y varios ministros que ocupaban puestos clave eran favorables a forzar a los acreedores a que hicieran concesiones. Lo que acabo de describir vale, al menos, para los tres primeros años de Gobierno, es decir, para el periodo 2007-2009.

Lecciones para Podemos en España
 
Si esta lección pudiera aplicarse en otros países, comenzando por España, sería un gran paso adelante. Lograr que Podemos y otras fuerzas políticas aliadas, en el caso de que pudieran formar Gobierno, no pudiesen desentenderse del problema de la deuda en nombre de la realpolitik.
Tratar de que Podemos y sus aliados estén bajo la presión de la ciudadanía española, de que los movimientos que los sostienen no reduzcan ni la presión ni la actividad sobre esta cuestión. Si la PACD no vuelve a tener la fuerza y la dinámica que tuvo en 2011-2012, los dirigentes de Podemos podrían decir que la deuda ilegítima finalmente no es una cuestión crucial.
La presión de los medios de comunicación sobre Podemos y sus aliados es muy fuerte, y declaran que si Podemos llega al Gobierno la situación será tan mala como en Grecia. De pronto, vemos como algunos dirigentes de Podemos han comenzado a eludir la cuestión deuda argumentando que en España no hay un verdadero problema sobre el reembolso de la deuda.
Insisten en que España se financia sin problemas en los mercados financieros, mientras que Grecia dejó de tener acceso a esa fuente de financiación. Por lo tanto, hay dirigentes de Podemos que afirman que en España el reembolso de la deuda pública no constituye un problema grave. Pero no tienen razón, porque algunos factores que en este momento hacen ese reembolso financieramente sostenible pueden deteriorarse. Uno de esos factores lo constituye la mala salud bancaria. Si el movimiento ciudadano, los movimientos sociales, los miembros de Podemos y otras fuerzas de izquierda abandonan la cuestión de la deuda en España, se tendrá una experiencia decepcionante como la griega. Por consiguiente, es necesario mantener la importancia de este combate y movilizarse sin escatimar energía en esa batalla.

La necesidad de recurrir a actos unilaterales de autodefensa para los gobernantes de izquierda
 
Otra lección que se puede sacar de las experiencias griegas y ecuatoriana, entre otras, es la necesidad de plantear actos unilaterales de autodefensa. El término unilateral no nos gustaba al principio ya que estamos a favor de las acciones en común, por el multilateralismo. Ya que denunciamos el unilateralismo de Estados Unidos, que impone al resto del mundo sus intereses. Rechazamos el unilateralismo del Estado de Israel, que viola una multitud de resoluciones de las Naciones Unidas y también su Carta, y que oprime al pueblo palestino. No obstante, el unilateralismo de los oprimidos es un derecho absolutamente fundamental. Un gobierno que llega al poder con el sostén popular debe poder tener el coraje de plantear un acto unilateral de suspensión de pago de la deuda pública.
Frente a los que afirman que si Grecia no paga su deuda, eso se convertirá en un drama, hay que responder que por no suspender el pago de la deuda a partir de febrero de 2015, Grecia gastó 7.000 millones de euros para reembolsar a sus acreedores, mientras que el plan de lucha contra la crisis humanitaria constituía un gasto de 200 millones de euros. ¡Se trata entonces de 200 millones frente a 7.000 millones! Se vaciaron las cajas de Grecia entre febrero y junio de 2015 para pagar a los acreedores, que no hicieron absolutamente ninguna concesión.
Si se paga a los acreedores, vuestra deuda no es su problema. Como bien lo dice un proverbio británico: si tenéis una deuda de 1.000 euros con vuestro banco y no podéis pagarle, el problema es vuestro. Si la deuda fuera de 10 millones, el problema es del banco.
Recordad que tres semanas después de la victoria electoral de Syriza y la constitución del Gobierno dirigido por Alexis Tsipras, Grecia se enfrentó a un rechazo total a tener en cuenta la voluntad popular por parte de los acreedores, representados por el socialista holandés Jeroen Dijsselbloem. El Eurogrupo, que luego sería el representante de la Troika en la negociación con el Gobierno griego, declaró esencialmente: “Poco importa la elección del 25 de enero”, y se decide que:
1.- continuaréis pagando la deuda;
2.- se prolonga el programa de austeridad hasta fines de junio de 2015 y deberéis hacernos propuestas que demuestren que sois buenos alumnos al respetar la austeridad y la vía de reformas neoliberales. Luego, veremos si aprobamos esas propuestas.»
Si Tsipras o Varoufakis, en nombre del Gobierno griego, hubieran invertido la situación y declarado cerca del 20 de febrero: “Tuvimos buena voluntad durante las tres semanas de una negociación que acaba de terminar. Pero ustedes no nos ofrecen nada ni tienen en cuenta el mandato que nos otorgó el pueblo griego. Por lo tanto, suspendemos el pago y aplicamos el párrafo 9 del artículo 7 del reglamento 472 del 21 de mayo de 2013, que ordena a un Estado bajo asistencia financiera a realizar una auditoría de su deuda. Y durante la realización de la auditoría, suspenderemos el pago de la deuda. Entonces veremos: si ustedes comenzarán a tener en cuenta lo que el pueblo griego desea; si ustedes muestran buena fe con respecto a nosotros.” Si Tsipras hubiese hecho eso, habría cambiado la relación de fuerzas.
Eso se llama un acto unilateral de autodefensa. En ese tipo de situación, como la que vivía Grecia, si no hay actos unilaterales de parte de los deudores, no pasará nada positivo de parte de los acreedores.
Ahora que el Gobierno griego capituló, ¿qué pasará con la deuda griega? No es imposible que los acreedores hagan algún pequeño gesto si el Gobierno de Tsipras acepta las órdenes del Eurogrupo y del BCE, pero nunca renunciarán a la mayor parte de la deuda que reclaman a Grecia, puesto que es su modo de chantaje. Lo más probable será que los acreedores, en el mejor de los casos, arreglen un calendario de reembolso con el fin de retrasar algunos vencimientos.

Hay que leer el informe que elaboró el Comité para la verdad sobre la deuda griega
 
Es muy importante leer atentamente el informe elaborado por el Comité para la verdad sobre la deuda griega, que se puede descargar gratuitamente. Solo tiene 65 páginas y da una serie de argumentos clave con definiciones.
Treinta personas provenientes de once países diferentes constituyeron el Comité para la verdad sobre la deuda pública griega. Entre sus miembros, encontramos eminentes especialistas en derecho internacional, economistas, un ex presidente de un banco central, auditores y auditoras de cuentas públicas, ex responsables de banco, delegados de movimientos sociales que son competentes en numerosos dominios y que tienen un gran conocimiento del impacto de las políticas impuestas por los acreedores en Grecia. Una de las primeras tareas a la que se entregó este Comité consistió en ponerse de acuerdo sobre los términos de referencia y las definiciones de deuda ilegal, deuda ilegítima, deuda odiosa, deuda insostenible. Estas definiciones y esos términos de referencia, si bien se pueden mejorar, pueden ser útiles para la auditoría en otros países.

Anular la deuda ilegítima es una condición sine qua non pero insuficiente
 
Resolver el problema de la deuda ilegítima es una condición sine qua non para la ruptura con las políticas de austeridad, pero no es la única. Una alternativa debe consistir en un plan integrado y coherente que comprende la auditoría y la suspensión del pago de la deuda; la resolución de la crisis bancaria, que pasa por su socialización (en Grecia, eso podría haber pasado por la quiebra de los bancos privados y la creación de un sistema bancario público socializado sano que proteja los depósitos); el lanzamiento de una moneda complementaria; medidas fiscales muy fuertes para hacer pagar a los ricos y disminuir el peso fiscal sobre los pobres; la abrogación de medidas socialmente injustas; la detención de las privatizaciones, la desprivatización; el refuerzo de los servicios públicos; el reparto del tiempo de trabajo; medidas para avanzar hacia la transición ecológica.
Si se trata de salir del euro, hay que combinar esa salida con una reforma monetaria redistributiva. También hay que comenzar un proceso constitucional para modificar de manera democrática la constitución del país. En nuestros países, es necesario cambiar las constituciones y al mismo tiempo refundar Europa. Y eso pasa por la abrogación de unos tratados inaceptables.
La cuestión del proceso constituyente implica una gran participación popular: las ciudadanas y ciudadanos deben convertirse en dueños de la cuestión política y de las opciones políticas, y para ello hay que poder redefinir las constituciones. Esta es una de las lecciones positivas que deberíamos ir a buscar a América Latina: unos procesos constitucionales muy ricos, tanto en Venezuela (1999) como en Bolivia (2006-2008) o en Ecuador (2007-2008), que permitieron, por ejemplo, integrar en la constitución ecuatoriana puntos de vista tan importantes como la prohibición total de socializar las deudas privadas.

Es necesario atacar con decisión el problema de las deudas privadas ilegítimas
 
Tanto en Bélgica como en Francia, las deudas privadas ilegítimas no constituyen todavía un problema importante, pero en España, si no habláis de la deuda hipotecaria ilegítima reclamada a miles de familias españolas dejáis de lado una injusticia fundamental. Entre 2008 y el segundo trimestre de 2015, se hicieron 416.332 órdenes de desahucio de viviendas en contra de las familias que ya no podían continuar pagando sus hipotecas. Las expulsiones son una consecuencia de la crisis pero la ley que las autoriza es muy anterior. Se trata de una ley hipotecaria impuesta por decreto durante la dictadura de Franco en 1946 y que continúa en vigencia.
¿Cómo queréis que una gente humillada, por estar sobre endeudada, de la que los bancos han abusado, que fueron expulsadas de su vivienda y además deben aún pagar lo que les queda de deuda, puedan movilizarse masivamente para luchar contra el pago de la deuda pública del Estado? Si fueron derrotados en su lucha personal porque no hubo un movimiento de resistencia suficientemente fuerte para impedir los desahucios, no tendrán fuerza para continuar una lucha, ahora contra la deuda pública ilegítima y además pensarán que no les incumbe.
Pero, felizmente, se desarrolló en España un importante movimiento contra los desahucios desde 2010. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) declaró que “los préstamos fueron acompañados por numerosas cláusulas abusivas, y que los bienes hipotecados, como garantía, estaban absolutamente sobrevaluados, debiéndose considerarlos como productos financieros tóxicos”.
Ada Colau, la nueva alcaldesa de Barcelona desde mayo de 2015, se hizo conocer al ser una de las fundadoras y portavoz del movimiento que se oponía a las expulsiones forzadas, participando en numerosas acciones de ocupación de bancos.
En el Reino Unido, donde la reforma neoliberal ha llegado más lejos que en el continente, si no habláis de la deuda de los estudiantes, de la deuda ilegítima de los estudiantes, dejáis de lado un tema esencial. Asimismo, en Estados Unidos donde la deuda reclamada a los estudiantes representa más de 1.000 millones de dólares, o desde el estallido de la crisis, más de 14 millones de familias fueron expulsadas de sus viviendas, de las cuales, al menos, 500.000 de forma ilegal. Numerosas víctimas ayudadas por los movimientos sociales, especialmente Strike Debt, reaccionaron y se organizaron para enfrentar a los oficiales de justicia y rechazar la expulsión. Miles de denuncias se presentaron contra los bancos. En el periodo 2010-2015, las autoridades de Estados Unidos realizaron acuerdos con los bancos para evitar una condena judicial por el escándalo de los créditos hipotecarios y las expulsiones ilegales de viviendas. Y los bancos solo tuvieron que pagar una simple multa.
En Bélgica, aunque el problema de sobreendeudamiento de las familias empobrecidas no llega a los extremos dramáticos de Estados Unidos, Grecia o España, 352.270 personas no llegaban a pagar sus deudas (facturas por la energía consumida, hipotecas, etc.) en 2015 y la tasa media de endeudamiento (en relación a los ingresos) no deja de aumentar desde el comienzo de la crisis.
La austeridad participa, por supuesto, en el aumento del endeudamiento de las familias más vulnerables. Considerando que es imposible solucionar la cuestión del sobreendeudamiento de manera individual, nació una nueva iniciativa en este comienzo de año, para plantear la cuestión de una auditoría y de la anulación de las deudas privadas ilegítimas, reuniéndose alrededor de la mesa el CADTM, la Red Valona de lucha contra la pobreza, el Centro de apoyo al servicio de mediación de deudas de Bruselas, otras asociaciones y personas sobre endeudadas.
Si dejamos a los países más industrializados, nos damos cuenta de que el problema de las deudas privadas ilegítimas constituye también un desafío para los movimientos que luchan contra el sistema deuda. En la India, más de 300.000 campesinos sobreendeudados se suicidaron en el curso de los 15 últimos años. En Marruecos, las víctimas del microcrédito abusivo se organizan con el apoyo de ATTAC CADTM Marruecos.[10]

Conclusión
 
Ya no hay tiempo para tergiversar las posibilidades de negociación con los acreedores de deudas ilegítimas. Está claro, desde hace de muchos años, que no buscan ni el compromiso ni un arreglo amable, sino la puesta en marcha de todos los medios posibles para maximizar sus beneficios. Y eso sin considerar el coste humano que origina, que ya pagan los pueblos, desde Atenas hasta Delhi, desde los campus estadounidenses hasta las calles de Bamako. Ya no podemos contar a ciegas con la buena voluntad de los partidos políticos de la izquierda radical, aunque hayan sido portadores de una esperanza, bastante escasa, y Syriza es la triste prueba. Solamente la movilización masiva, en torno a unas enérgicas reclamaciones, permitirá un cambio real y duradero hacia una sociedad más igualitaria, respetando la naturaleza y los derechos fundamentales de todos los seres humanos.

*Traducido por Griselda Pinero
Fuente: Público.es

lunes, 1 de febrero de 2016

¿Se encamina la economía mundial hacia otro desplome?

 

 

 Dossier

Yanis Varoufakis
Mariana Mazzucato
 
 
1) Yanis Varoufakis: ¿Deberíamos tener miedo? Sí
 
Los mercados monetarios dieron la bienvenida al Nuevo Año con atípica pesadumbre. Con buenos motivos. Aun antes de que los mercados chinos entraran en espasmo el pasado año, el ingreso global (medida en dólares) declinó por vez primera desde 2009. Los oscuros nubarrones se hicieron más oscuros, cuando saltó la noticia de que las empresas chinas andan ansiosas de préstamos en remnimbis para poder pagar sus deudas en dólares, en una carrera contrarreloj antes de que una crisis del dólar se las lleve por delante. La potencial pérdida de control, por parte de Pekín, sobre su cambio de divisas suscitó el miedo a una debilitante guerra de divisas no declarada.
¿Se corre el peligro de otro 2008? Aunque eso no se puede saber, el peligro de una nueva recesión es claro y manifiesto.
Antes de 2008, los déficits gemelos norteamericanos se hallaban en un equilibrio inestable al absorber hacia EEUU las exportaciones netas mundiales y el capital excedente necesario para financiarlas. Ese extraño mecanismo de reciclaje, así como los flujos de capital hacia Wall Street que generaba, permitió el frenesí de financiarización que turboalimentó la deuda privada. Cuando sus burbujas estallaron, el sector financiero había tenido ya una experiencia a par de muerte, y la Gran Recesión estaba ya con nosotros.
Además del “generoso” contribuyente y de los enérgicos banqueros centrales, fueron las economías emergentes las que ayudaron a substituir parte de la demanda agregada que había “perdido” Occidente. Aprovechándose de los tipos de interés estadounidenses a cero y realizando operaciones bancarias fundadas en la creencia de que el dólar seguiría depreciándose, las empresas chinas, brasileñas, etc. tomaron a préstamo más de cuatro billones de dólares (véase el informe del Bank for International Settlements).
Ahora el capitalismo global se ve amenazado por un montañoso mercado emergente de deuda del sector privado (y por la probabilidad de una sucesión de quiebras, a medida que suban los tipos de interés y caiga el remnimbi). Si esto ocurre, ¿pueden esperar las economías emergentes que Occidente haga de contrapeso equilibrante del capitalismo global, como hicieron ellas en 2008?
¡De ningún modo! Los precios de los activos financieros occidentales y la herencia de la deuda pública que siguió a los rescates bancarios están en alturas históricas, la Europa austeritaria sigue siendo una exportadora de deflación y el poco crecimiento generado (por ejemplo, en España, en Portugal y en Irlanda) he venido de más endeudamiento privado. Por último, pero no menos importante, más de cuatro billones de dólares de ahorro andan brujuleando por las instituciones financieras occidentales, renuentes a ser invertidos en actividades capaces de producir los ingresos necesarios para devolver las deudas privadas y públicas.
¿Hay que tener miedo? Desde luego que sí. ¿Es inevitable un nuevo 2008 a la vuelta de la esquina? En economía política, nada es inevitable. Salvo la determinación nuestras clases políticas a optar por el negacionismo interesado, si la prevención de crisis prevenibles les cuesta la aprobación de los poderosos.

2) Mariana Mazzucato: La economía global se halla en una situación desesperada
 
La crisis de 2008 fue causada por una excesiva deuda privada. Una causa clave de ese incremento fue el estancamiento de los ingresos reales, de modo que el crédito se usó para mantener los niveles de vida. Lejos de curar la causa de eso, el grueso de las “reformas” luego de la crisis se centraron en la reducción de los niveles de deuda pública. Y a medida que avanzaba la austeridad, la deuda pública seguía creciendo debido a los efectos de la caída del crecimiento económico en la recaudación tributaria.
Aunque la economía no está en vía de desplome, sigue en su espiral bajista: los niveles de deuda personal andan cerca de los de 2008, la falta de inversión ha causado ha hecho flaquear a los ingresos y los cambios registrados en los precios de las materias primas han venido a revelar los desbalances de unas economías demasiado dependientes de los recursos naturales.
El mayor problema es que el sector financiero no está trabajando para la economía real, sino contra ella. En la cúspide de todo eso, las empresas están cada vez más financiarizadas y centradas en actividades como la recompra de participaciones para disparar al alza las opciones de acciones y la remuneración de los ejecutivos, en vez de dedicarse a la inversión.
La economía global se halla en una situación desesperada como resultado de pésimas decisiones, tanto de los gobiernos como del mundo de los negocios

Fuente original:
http://yanisvaroufakis.eu/2016/01/29/are-we-heading-for-a-crash-the-guardian/
Traducción:
Casiopea Altisench
Fuente: Sinpermiso

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