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viernes, 9 de septiembre de 2016

Galicia y Euskadi entran en campaña flanqueadas por la tensión catalana

El lehendakari vasco Iñigo Urkullu y el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo (David Aguilar / EFE)



El CIS predice un PP fuerte en Galicia y un PSOE muy débil en el País Vasco
Galicia y Euskadi entran en campaña flanqueadas por la tensión catalana


 ENRIC JULIANA, Madrid

Galicia, Euskadi y Catalunya, las tres nacionalidades que la Constitución reconoce pero no nombra, enmarcan el confuso momento español tras ocho meses de irresoluble interinidad. Gallegos, vascos y catalanes hornearán este mes de septiembre el “caso España”. Un país perdido en el interior de sí mismo después del derrumbe de la turboeconomía y del hedonismo a crédito.

En Galicia se puede decidir la suerte de Mariano Rajoy. En Euskadi se pondrán a prueba la solidez del Partido Nacionalista Vasco y la capacidad de resistencia de Pedro Sánchez. Y en Catalunya, la Diada del próximo domingo medirá la robustez del reclamo independentista después de cinco años consecutivos de movilización social sin precedentes.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) dio a conocer ayer su pronóstico. Las encuestas no atraviesan su momento de mayor prestigio en España. Se han publicado demasiados sondeos en los últimos meses, algunos medios de comunicación les han querido dar un enfoque excesivamente indicativo y casi todos los estudios demoscópicos se equivocaron significativamente en las elecciones del 26 de junio. Hay empacho de encuestas, pero el sondeo electoral del CIS sigue siendo un punto de referencia.

Fotografía: el Partido Popular sale con fuerza en Galicia y el PSOE puede desplomarse en Euskadi. Mariano Rajoy superaría la prueba de esfuerzo. El feudo de Galicia resiste. En las nueve elecciones autonómicas que hasta la fecha se han celebrado en Galicia, el PP (antes AP) sólo ha perdido una vez, en 2005, como consecuencia de la terquedad de Manuel Fraga, que no quería retirarse, cumplidos los 80 años. El actual presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, es un candidato sólido, pese a su problemático álbum de postales marineras. Si Núñez Feijóo consigue revalidar la mayoría absoluta con más de 40 diputados (necesita 38), se consolidará como uno de los más sólido aspirantes a la sucesión de Rajoy al frente del PP. Si ello ocurre, no todo serán sonrisas de satisfacción en la calle Génova y en el ala oeste de la Moncloa.

Un hundimiento del PSOE en Euskadi, acompañado de un discreto resultado en Galicia –ese es el pronóstico del CIS para los socialistas– sería un notable contratiempo para Pedro Sánchez. De derrota en derrota hasta la victoria final. Sánchez tendría mayores dificultades para mantener en pie su arriesgada aventura de doble fondo. Una aventura que consiste en intentar construir una difícil mayoría alternativa, para acabar empujando a España a unas delirantes terceras elecciones, que Rajoy también desea, aunque afirme lo contrario.

El derrumbe del socialismo vasco podría poner en peligro los objetivos básicos de Sánchez y su pequeño círculo de confianza: mantenerse en la secretaría general del PSOE con el apoyo de la militancia (“El hombre que le dijo cincuenta veces no a Mariano Rajoy”) , dejar a Susana Díaz en el apeadero de Triana e intentar un mayor desgaste de Podemos y Ciudadanos, provocando que los jóvenes manden la política a paseo en diciembre. Es una estrategia con mucho riesgo. El PSOE también podría ser víctima de la desbandada y del hartazgo. Los datos del CIS sobre la intención de voto socialista en Euskadi y Galicia no son un buen indicador. Los muelles del socialismo parecen seguir flojos. La tenaz Operación Sánchez podría concluir con una seria derrota de toda la izquierda, un bajón de Ciudadanos, y con el Partido Popular en puertas de la mayoría absoluta, después de haber quedado reducido a 123 diputados en diciembre. Espectacular. El caso sería estudiado en las facultades de ciencias políticas de todo el mundo.

Más detalles de la fotografía del CIS. El Partido Nacionalista Vasco volverá a ser el primer partido de Euskadi. Para gobernar puede necesitar más de un apoyo parlamentario, pudiendo verse obligado a recurrir al PP. Pero no se halla ante un cuadro angustioso. No es fácil que el PNV quede en manos de Rajoy. El Podemos vasco podría empatar con Bildu, disputándose ambos el segundo puesto. La Marea gallega (compleja agregación de nacionalistas de izquierda con Podemos e Izquierda Unida) no está tan alta como el pasado mes de diciembre, de manera que se perfila un empate con el PSOE. Ciudadanos va en camino de quedar fuera de los parlamentos de Vitoria y Santiago. Mala noticia para Albert Rivera, el hombre que hoy más teme que el actual pastel concluya con unas increíbles terceras elecciones generales en diciembre. Pablo Iglesias ha encontrado una buena candidata en Euskadi –Pilar Zabala– y en Galicia ha tenido que aceptar la ley de Xosé Manuel Beiras. Podemos es ­fuerte y débil a la vez. Y ahora abren una lucha de corrientes en Madrid.

Galicia y Euskadi serán observadas con lupa y eso siempre gusta al objeto observado. Al ser estudiada, la partícula modifica su comportamiento, dice la física cuántica. España, país de jacobinismo fracasado, tiene algo de eso. El voltaje máximo está ahora en Catalunya, que también siente la pasión del objeto observado. “El mundo nos mira”, dice uno de los lemas más celebrados del soberanismo.

ENRIC JULIANA
Madrid

Fuente: La Vanguardia

viernes, 1 de julio de 2016

Triunfo de la derecha y sin sorpasso en la izquierda


 




Nunca sabremos si el brexit torció definitivamente la tendencia en estas elecciones, pero dada la unanimidad al respecto de todas las encuestas previas al brexit (en el sentido de la polarización PP - UP en perjuicio de PSOE y C´s con el consiguiente sorpasso por la izquierda) hay indicios para pensar que el referéndum británico ha tenido un doble efecto, más influyente de lo que se reconoce.
Por un lado la gran incertidumbre –más económica que política– que introdujo el brexit invitaba en las almas más timoratas a los valores refugio conocidos, propios del bipartidismo y dentro de un “más vale lo malo conocido…” aunque huela: PP (sube 14 escaños respecto al 20D) y PSOE (baja 5 pero se aleja de la debacle anunciada).
Por otro lado la alta abstención esperada -por el cabreo general con la incapacidad para formar gobierno- al final solo ha sido de tres puntos más que en el 20D. Ha entrado el pánico y no ha habido una abstención anormal y el sentido del voto de un sector significativo ha decidido a última hora no experimentar. Por eso C’s no ha subido sino que ha bajado ligeramente (1%) mientras D’ Hondt hacía el resto para que descendiera 8 escaños. Pero lo más llamativo es que aun manteniendo escaños, Podemos+IU ha perdido un millón de votos respecto al 20D, una parte del cual ha ido a darle otra oportunidad a PSOE quien retiene el % del 22D aunque hayan perdido 127.000 votos y 5 escaños. Algo parecido pero mejor le ha ocurrido al PSE en Euskadi.
Ambos, la izquierda y centro-izquierda, pagan la factura de no haberse entendido, cuestión en la que tiene más responsabilidad Sánchez que Iglesias. Sumando todo el voto de izquierda y centro izquierda a escala española prácticamente es igual al de la derecha y centro derecha pero la aritmética no convierte en familia a quienes estando en el mismo campo se construyen frente a frente.
Digan lo que digan, lo que ya no será igual es el bipartidismo: 323 escaños de 350 (92%) en 2008 y tan solo 8 años después suman 222 (63%). Ni tampoco hrmos recalado en el monopartidismo. Rajoy no tiene mayoría absoluta para gestionar un Estado a su antojo.
Aritméticamente podría darse una gran coalición PSOE, UP, PNV, ERC, CDC y CC (179 escaños) pero parece difícil imaginarse una gestión de ese conglomerado que, por fuerza, debería abordar cuestiones nacionales y no parece que el PSOE actual y sus barones patrióticos estén por la labor. Igualmente es sumamente improbable un Gobierno PSOE+UP+C’s. Por otra parte tampoco le conviene a UP quemarse en gestionar lo imposible que le pasaría factura prematura en lugar de construirse por abajo y programáticamente. Para asaltar los cielos habrá que construir la torre de Babel en la tierra.
Las excepciones han sido Euskadi y Catalunya, países que transitan con más asiduidad por apuestas de riesgo en sus historias y con un nivel de cultura política más alto que la media española. No es casualidad que el éxito de UP y En Comú Podem se dé en ambas comunidades y combine no solo una mirada a la izquierda sino un imprescindible para homologarse reconocimiento de las naciones vasca y catalana. Ambos son elementos sustanciales de su éxito. Recordemos que también son las comunidades más inmunes a los discursos mayoritarios de los media.
Al mismo tiempo el PNV ha demostrado tener un sólido suelo incluso en unas elecciones generales, mientras que EH Bildu, aunque va adaptándose discursivamente al nuevo contexto, no termina de encontrar su propuesta y un nuevo electorado que renueve su espacio tradicional.
Hay mucha decepción entre seguidores de Bildu: 32.000 votos menos en Hegoalde y solo un 53,5% de lo que consiguió en la CAE en las EEGG de 2011. Pero el discurso de que no hay nada que hacer en y con España –también lo dice ERC- para refugiarse en lo propio y basándose en las propias fuerzas, tampoco funciona bien ahora mismo, habida cuenta que la primera fuerza en estas elecciones pasadas UP no propugna un Euskalexit. Es un hecho que se ha abierto un proceso de decisión en Catalunya y, a medio plazo, podrá abrirse también en Euskadi, pero es inconcebible que esos procesos culminen sin aquilatar propuestas capaces de seducir a mayorías aquí, y alianzas allí, a escala estatal que puedan neutralizar las concepciones más centralistas.
Bildu que durante años recogió voto solidario ajeno a sus filas más militantes ante las embestidas de un Estado torcido, deberá entender que mucho de ese tipo de voto –incluso de franjas de la sociedad civil- ha tenido ese gesto de solidaridad puntual ahora con UP en unas EEGG en Euskadi que han estado planteadas contra el bipartidismo, de cara a frenar a Rajoy e intentar superar al PSOE. Sin embargo, y aunque haya inercias entre elecciones próximas, estas dos ideas no estarán presentes en las Elecciones Autonómicas Vascas de finales de este año que valorarán, sobre todo, ideas, proyectos, propuestas y gestiones sobre el país que queremos.
En suma ni estas elecciones han sido la 2ª vuelta de las de diciembre pasado ni, probablemente, sean la primera vuelta de las próximas autonómicas. Hay partido

Fuente: Rebelión


lunes, 28 de septiembre de 2015

Similitudes y diferencias Catalunya-Euskal Herria

 

 

ELECCIONES DEL 27-S EN CATALUNYA

 

ADOLFO MUÑOX, "TXIKI"

 

Adolfo Muñoz compara las evoluciones de Catalunya y la CAPV tras el «no» español al Estatut y al Estatuto Político. Observa que mientras en Catalunya se ha abierto un proceso en el que «la suerte de sus aspiraciones está en Cataluña y reside en sus ciudadanos», en la CAPV «se repiten ciclos sin objetivo estratégico ni táctico».

Las diferencias entre Catalunya y Euskal Herria no están en el trato recibido por el Estado, que ha sido el mismo, sino que estriban en la insistencia vasca en estrategias fracasadas y en la falta de audacia política

Para frenar la involución autonómica, Catalunya y la CAPV presentaron en Madrid el Estatut y Estatuto Político respectivamente. El Estatut fue «cepillado» (palabras de Alfonso Guerra) por el Estado en dos ocasiones. La primera, Zapatero en el Congreso, y la segunda, previo recurso del PP, el Tribunal Constitucional. El proyecto quedó irreconocible. El Estado negó cualquier posibilidad a un acuerdo que habría dado satisfacción a CiU y al entonces tripartito.

La sociedad catalana reaccionó y su movilización obligó a asumir unos referentes políticos que a la política más conservadora en Catalunya le costaba hacer suyos. Esa movilización social no dudó en interpelar, principalmente, a las fuerzas políticas catalanas.

¿Qué han concluido? Que España niega la capacidad de decidir sobre cuestiones esenciales para sus vidas económicas, sociales, culturales, educativas… todos los intentos para dar solución a las legítimas y democráticas aspiraciones catalanas han sido despreciados por el Estado: Cataluña debe hacer lo que el Estado manda, y si los electos no lo hacen, se les sanciona, bien sea con cárcel o con inhabilitación. En Catalunya decidieron hacer pedagogía política del «no» español; vieron la oportunidad política que ofrecía un españolismo rancio, necio y antidemocrático. Una pedagogía que permitía identificarse con el independentismo a personas que no eran nacionalistas. Asumieron la responsabilidad que conllevaba ejercer de ciudadanos con derechos, no de súbditos.

En Euskal Herria podríamos decir que el Estado ha reaccionado aún peor, por su negativa a resolver con un mínimo de sentido común las derivadas de un conflicto violento; quizás porque sabe que con su posición bloquea la agenda política vasca ocupada en una guerra de relatos sobre el pasado.

Euskal Herria también se ha encontrado con una España uniforme, neocentralista desde la Loapa, sin variaciones con el PP o el PSOE y cada día más involutiva en todos los órdenes, haciendo de la legislación básica su mecanismo preferido de unificación. Un Estado que aprovecha la crisis para acelerar los ataques al autogobierno en aspectos esenciales de la política económica y social. Pues bien, fue el PSOE quien se negó a tramitar en las Cortes españolas el Estatuto Político aprobado por el Parlamento Vasco. Esto sucedió antes que lo del Estatut. La defensa que hizo el lehendakari Ibarretxe en sede parlamentaria española del Proyecto fue muy digna pero, obviamente, no era cuestión de argumentos y razones. A aquel Plan le faltaban cosas esenciales; le faltaba proceso participativo previo y alianzas sólidas en nuestro País. Le faltaba, como más tarde se pudo comprobar, incluso el apoyo de su propio partido, el PNV.

Al cajón. El Estatuto se metió en un cajón. No hubo consulta ni proceso. Desapareció como si nunca hubiera existido. Hubo y hay elecciones. Desaparecieron unas personas de escena y surgieron otras y, con ellas, se volvió a apelar a los acuerdos bilaterales y a la transversalidad con España. Ese referente a la transversalidad con el PSOE o PP es compatible con la desconfianza a todo aquello que no sea institucional. Nada de participación social; nada de compartir con nadie reflexión y propuestas sobre cómo hacer frente a un reto muy difícil: desarrollar el proceso soberanista.

El autonomismo murió. Lo derribó el Estado en un proceso planificado. Sin embargo, no se admite esa evidencia y sigue siendo el referente político del Gobierno vasco y del PNV. El autogobierno no crece; al contrario, cada vez es menor. Mantener el referente autonomista no es ajeno a los intereses del mundo económico vasco, muy cómodo en España. Basta comprobar la postura beligerante del Círculo de Empresarios Vascos, del que forman parte exconsejeros del Gobierno Vasco, contra el proceso catalán.

Así las cosas y en 2015, ELA cree que no nos encontramos en el Estado español en el inicio de un proceso constituyente y que del debate territorial, si se produce, no se debe esperar nada distinto a lo conocido. El proceso catalán parte de esta conclusión; han decidido que la suerte de sus aspiraciones está en Cataluña y reside en sus ciudadanos.

En la CAPV, sin embargo, se repiten ciclos sin objetivo estratégico ni táctico. Poner en marcha otra Comisión Parlamentaria supone volver a empezar, y eso sirve solo para agotar legislaturas. Esta legislatura se ha consumido esperando a que la «discreción» de la relación con el PP diera frutos y, como no podía ser de otra manera, no hay ninguno; solo continuos retrocesos.

El Gobierno Vasco, para esa Comisión, ha elaborado unos Informes sobre el autogobierno. Tampoco en esos Informes hay nada nuevo. Favorecen un debate cargado de ruido sin consecuencias políticas. ¿Cuántas veces se han elaborado informes así? El Gobierno, al presentar los informes, dijo que el «autogobierno está en crisis» como si fuera una novedad. El Gobierno Vasco ha reducido su «oposición» a Madrid a presentar recursos al Tribunal Constitucional, un Tribunal aún más político que aquel al que, «por ser cualquier cosa menos imparcial», el propio Gobierno Vasco dijo hace más de 20 años que no volvería más.

El Gobierno Vasco sabe que los acuerdos con el PP o con el PSOE solo son posibles renunciando a la posición política vasca, como sucedió con las transferencias de las políticas de empleo.

¿Qué queda como hecho diferencial? El Concierto Económico. Llama la atención la gestión nada transparente que del mismo se ha hecho y que la capacidad normativa fiscal se utilice para beneficiar a las rentas altas, empresariales y de capital. También se evita hablar de que en España se está organizando un frente político con apoyo de los medios de comunicación (“El País” entre ellos) para acabar con el sistema del Cupo.

Las conclusiones políticas catalanas que han llevado al 27 de septiembre nos parecen proporcionales y correctas. Ojala venzan para dar fuerza al proceso. Ojala venzan al miedo, la única arma –muy poderosa– del establishment político, mediático y económico español. Los conservadores siempre han defendido el statu quo que garantiza sus privilegios apelando al miedo. La realidad es que en una Catalunya independiente los bancos querrán seguir ganando dinero y la Coca Cola seguirá vendiendo la chispa de la vida. Vaya para los independentistas catalanes, humildemente, el apoyo de ELA para vencer ese miedo.

Las diferencias entre Catalunya y Euskal Herria no están en el trato recibido por el Estado; ha sido el mismo. Las diferencias estriban en la insistencia vasca en estrategias fracasadas y en la falta de audacia política.

25/09/2015

Adolfo Muñox, "Txiki", Secretario General del sindicato ELA

http://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/g...

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