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jueves, 11 de agosto de 2016

Mireia Belmonte, la carrera de su vida


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La medalla de oro conquistada por Mireia Belmonte en los 200 metros mariposa la coloca como mascarón de proa del deporte español, tomando el testigo de Pau Gasol y Rafa Nadal.(Foto: COE)


Fernando Olmeda


Todas las medallas de oro valen lo mismo, pero no tienen el mismo valor en la historia del olimpismo. La natación, el atletismo y la gimnasia son los deportes que ocupan lugar preferente en el programa, y sus estrellas SON las estrellas de los Juegos. Sus récords, sus proezas, sus colecciones de medallas, construyen la leyenda olímpica. Así ha sido siempre. Mireia Belmonte ya ocupa un lugar en ese Olimpo de elegidos.


Ganó la final de los 200 mariposa -la prueba que había preparado durante cuatro años- a la australiana Madelina Groves por solo tres centésimas. Una unidad de tiempo minúscula, pero que separa a los elegidos del resto. Y Mireia es una elegida, Por eso no pudo reprimir sus emociones cuando tocó el muro y se vio campeona.
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(Foto: COE)
En la historia de la natación olímpica española solo figuraba un oro (Martín López-Zubero en Barcelona'92) y tres bronces (David López Zubero en Moscú'80, Sergi López en Seúl'88, Nina Zhivanevskaya en Sydney'00), además de las dos platas de Mireia Belmonte y las cuatro de sincronizada. Veinticuatro años sin sonar el himno nacional en una piscina. La estadística da una idea de lo importante que es la medalla lograda por la badalonesa en el Centro Acuático María Lenk de Rio.
Han sido cuatro años de entrenamiento de esta modalidad, y un año de preparación específica de la final. Mireia ha fortalecido su cuerpo y su mente, hasta convertirla en una voraz competidora capaz de disputar seis modalidades de la natación olímpica. Tenía la carrera en la cabeza, había memorizado cada mero, mecanizado cada giro. Tenía que aguantar los primeros cien metros, y dar el zarpazo después. Pasó, al fin, primera en el 150, y solo le quedaba resistir el ataque de sus rivales en los últimos metros. Esa fortaleza mental fue decisiva para no venirse abajo en el momento de la verdad, cuando la australiana, su máxima rival por el oro, aceleró su ritmo. Y aguantó. De manera agónica, pero aguantó.
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(Foto: COE)
Mireia hizo la carrera de su vida. La carrera tantas y tantas veces imaginada, soñada. La emoción contenida de su entrenador, Fred Vergnoux, y las lágrimas de su fisioterapeuta, Mónica Solana, dan una idea de lo que significa esta medalla, un merecido premio al duro trabajo de todo el equipo. La recompensa que la nadadora lleva persiguiendo toda su vida. "Solo puedo dar las gracias a mi familia, a mi entrenador, a toda la gente que está conmigo cada día, es parte de todos. Estar en unos Juegos ya supone mucho trabajo y ganar la medalla de oro es lo máximo que se puede conseguir. Todavía no me lo creo, estoy en estado de shock", dijo nada más ganar el oro; "es la recompensa a toda mi vida porque mi vida es nadar".
Mireia Belmonte es la primera nadadora española campeona olímpica, y la que más medallas ha logrado. Su monumental éxito es una inyección de ánimo para la deprimida delegación española y la coloca, por méritos propios, como estandarte del deporte de nuestro país, como heredera de Pau Gasol y Rafa Nadal. Tiene España a sus pies, y el futuro asegurado.

Fuente: Público.es

domingo, 7 de agosto de 2016

Los Juegos Olímpicos del “fora Temer”





Emir Sader


Se veía venir. El mismo presidente golpista Michel Temer había dicho que “estaba preparado para ser abucheado”. Pero no lo estaba. Todos lo estaban excepto él.

Tuvo que vivir durante todo el día las manifestaciones en Copacabana y en otros lugares de Río de Janeiro, grandes expresiones populares de gente llegada de varias partes del país, pero también de extranjeros que se han unido a los brasileños en un unísono “¡Fuera Temer!”.

El mandatario se intentó blindar de todas la maneras posibles de las manifestaciones en la ceremonia de apertura en el estadio Maracaná. Trató, por ejemplo,  de elevar el sonido durante su discurso, en sus apenas diez segundos de intervención en la apertura de los Juegos Olímpicos. También trataron, de manera grotesca, de evitar cualquier mención expresa al presidente, que ya es conocido en Brasil con el sobrenombre de Michel Fora Temer (Michel Fuera Temer).

Un presidente que tuvo que pasar prácticamente en el anonimato toda la ceremonia inaugural, sin ninguna mención en los discursos. Nada. No obstante, bastó que pronunciara sus breves y burocráticas palabras para que el abucheo más grande se abalanzara sobre él.

Ya no bastará que la concentración más grande de medios internacionales que Brasil ha conocido registrara todas las manifestaciones en las calles y – también actos represivos de las fuerzas policiales- diera testigo frente al mundo del rechazo masivo del golpe de Temer.  Un acto maravilloso ofrecido al mundo en forma de espectáculo. Realmente fue bello ver plasmado el resultado de una organización que se ha gestado durante varios años y que ha permitido que millones de espectadores alrededor del mundo, a través de los medios, conozca lo que piensan los brasileños sobre su presidente interino.

El “¡Fuera Temer! será lo más oído en estos JJOO. Si el oso panda marcó con su lágrima los Juegos de Moscú, este grito del pueblo brasileño marcará en todas las competiciones y ceremonias, los JJOO de Río de Janeiro y de Brasil.

El contraste con la votación – 14 votos a 5 – de la Comisión del Senado, el día anterior, para aprobar el impeachment de Dilma Rousseff, no podía ser más elocuente. En las calles, el rechazo de Temer es unánime. Un hecho apoyado por las nuevas encuestas que demuestran que el 79% de los brasileños no quiere que siga como presidente. El pueblo rechaza, por abrumadora mayoría, todas las medidas fundamentales que su Gobierno ha anunciado o ya ha puesto en marcha. El abismo entre el Congreso y el Gobierno golpista que se ha instalado y las manifestaciones masivas del pueblo son hechos constatados por todos los medios del mundo.

El anonimato de Temer corresponde a su rol de muñeco de un monstruoso proyecto de restauración conservadora vengativa en contra del pueblo, de sus consquistas, de la votación popular, por otro tipo de Gobierno. La no mención de su nombre, sea por su deseo o por decisión del Comité Olímpico Internacional, corresponde exactamente al rol que ejecuta Temer.  O cumple los siniestros designios de su Gobierno o será borrado en poco tiempo y apartado de la presidencia, pasando a la historia como el más insignificante y despreciado dirigente –incluso entre los que lo apoyan, que se sienten nerviosos con la intrascendencia del personaje de turno-.

Serán semanas de competición, con manifestaciones festivas en las calles, de “Fora Temer”, de protestas durante las competiciones, de pintadas en todos lados, de gritos y cánticos. Cuando acaben los Juegos, Temer será un hombre todavía más pequeño, de estatura y como político, confirmando que el golpe nace como proyecto radicalmente antipopular y con la conciencia del rechazo de la gran mayoría de los brasileños. Como el Gobierno del 1%.

Contrasta con las grandes manifestaciones de cariño que ha recibido Dilma por todo el país, así como Lula, que ha reiniciado su actividad con viajes por todo el país que resucitan para las élites dominantes el fantasma del más gran líder popular de la historia brasileña, que reafirma que volverá a ser candidato a la presidencia del país y que no le asustan las amenazas sin fundamento que a diario recibe de los medios y en los tribunales. Las encuestas reafirman su papel de favorito. Apenas han comenzado los JJOO del Fora Temer, que se populariza por todo el mundo. La imagen de los JJOO tendrá ese eco y esa expresión política bellísima de la voluntad democrática del pueblo brasileño.

Emir Sader

Fuente: Público.es

sábado, 6 de agosto de 2016

Los Juegos Olímpicos de la crisis, el caos y las protestas



Agnese Marra
Público

Río 2016
Problemas de transporte, de seguridad y obras atrasadas forman parte del colapso social, político y económico en el que Río de Janeiro va a inaugurar la mayor fiesta del deporte. Horas antes de que la antorcha olímpica entre al estadio de Maracaná la ciudad carioca
también se convertirá en un escenario de manifestaciones.
Hace siete años miles de brasileños celebraban en Copacabana que Río de Janeiro se convertía en la primera ciudad suramericana en celebrar unos Juegos Olímpicos. “Es una victoria de América Latina”, decía el expresidente Lula, a punto de finalizar su segundo mandato con un 85% de popularidad sobre sus hombros.

Eran años dulces para Brasil. El gigante latinoamericano era reconocido mundialmente como un líder regional, a punto de ser la quinta economía del mundo. Más de treinta millones de brasileños salían de la miseria y demostraban el éxito de las políticas sociales. Los hallazgos petrolíferos auguraban un futuro económico prometedor.

Hoy la situación no podía ser más distinta. Brasil celebra sus JJOO en plena crisis política, económica y social. La presidenta Dilma Rousseff está apartada de sus funciones desde el pasado 12 de mayo por un polémico impeachment del que se sabrá su resultado definitivo a finales del mes de agosto. El expresidente Lula, que dejó el mandato como el más querido del país, hoy es odiado por buena parte de las clases medias y hace una semana la Fiscalía General del Estado le declaró “reo” acusado de obstrucción a la Justicia, lo que le coloca con grandes probabilidades para ir a la cárcel. La deuda de Brasil aumenta, el paro también y las amenazas de recortes sociales del presidente interino, Michel Temer, rechazado por el 86% de la población, tienen en vilo a las clases populares del país.

La ciudad olímpica hoy es el reflejo y el escenario de este colapso social. Las escuelas públicas llevan meses en huelga; policías y bomberos no reciben sus salarios a tiempo; los hospitales cierran unidades de urgencia y le quitan camas a sus pacientes para reservarlas con exclusividad para los Juegos Olímpicos. El mega evento deportivo ha sacado a la luz la desigualdad de la sociedad carioca y la fragilidad de sus instituciones públicas con un Gobierno que en los últimos años se ha preocupado más por contentar al sector privado.
El propio Comité Olímpico Internacional (COI), poco dado a dar opiniones de los países sede, ha reconocido que “Brasil vive una de las peores crisis de su historia”. La frase viene después de tres días de examen donde la ciudad ha suspendido en transporte, seguridad y en las propias infraestructuras: “Espero que no tengamos que pasar nunca más por este nivel de estrés”, decía este jueves el presidente del COI, Thomas Bach.

La mala organización del transporte, que durante los primeros días de la semana causó atascos de varias horas entre el centro de la ciudad y el Parque Olímpico, fue la crítica principal: “Los entrenadores y los atletas están muy preocupados de llegar tarde a las pruebas”, decía Bach. El alcalde de la ciudad, Eduardo Paes, como respuesta decretó días festivos tanto el jueves como este mismo viernes y pidió a los cariocas que evitaran desplazarse por la ciudad para descongestionar las vías de acceso a las instalaciones deportivas.

La seguridad ha sido el otro gran dolor de cabeza de última hora cuando la semana pasada la empresa responsable del control de rayos X en las entradas a las instalaciones olímpicas, reconocía que no podía asumir tamaño trabajo. Sin tiempo para buscar nuevas empresas, se decidió que las Fuerzas Armadas también se encarguen de esta tarea sin apenas haber recibido un entrenamiento específico.

A pesar de que el Gobierno Federal ha donado casi un millón de euros en el último mes para reforzar la seguridad, no se han evitado situaciones tan difíciles como las que vivió el jueves un autobús del equipo de baloncesto chino cuando al salir del aeorupuerto se encontraron en medio de un tiroteo entre policías y narcotraficantes. Sin embargo las calles del centro, Copacabana e Ipanema están atestadas de militares y policías con armas de guerra que en teoría deberían transmitir seguridad a los turistas: “Nunca había visto un arma tan grande, a mí me da más miedo que calma”, decía Silvana, una turista italiana que venía a visitar a un amigo y no estaba interesada en el evento.

  Escenario de protestas
Durante las próximas tres semanas además de ciudad olímpica, Río de Janeiro será una ciudad de protestas. Horas antes de que la antorcha entre al estadio de Maracaná, las manifestaciones se repartirán por diversos barrios. La primera será a las 11 de la mañana en la playa de Copacabana donde se concentrarán los cariocas para protestar contra el proceso contra la presidenta Rousseff y para pedir la salida del mandatario interino, Michel Temer. A las dos de la tarde grupos de afectados por el evento deportivo se reunirán en la plaza de Cinelandia, y a las cinco de la tarde se concentrarán en la plaza Saens Penha, en el barrio obrero de Tijuca.

Los habitantes de las favelas son algunos de los más críticos: “Nos han quitado nuestras casas, matan a nuestros hijos y llenan de militares nuestros barrios, cómo podemos estar contentos con esto”, dice Eunice Silva, habitante de la favela de la Maré desde hace 25 años. Y es que según del Comité Pupular de la Copa y las Olimpíadas, estos Juegos han provacado el desalojo de al menos 77.000 personas, y Amnistía Internacional relaciona el evento con el aumento de la violencia policial de los últimos meses: “En mayo la policía militar mató en la ciudad a un 135% más de jóvenes que en el mismo mes de 2015”, denuncia un informe de la organización.

Los casi 11.000 millones de euros que ha costado la fiesta deportiva, 6.000 millones más de lo previsto, ponen a las constructoras involucradas bajo sospecha de corrupción. La constructora Andrade Gutiérrez llegó a reconocer el mes pasado que para la remodelación del estadio del Maracaná tuvo que “sobornar” al ex gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral (PMDB). A su vez entre 2008 y 2013 las grandes empresas que invirtieron en obras olímpicas se beneficiaron de exoneraciones fiscales que le costaron al gobierno de Río de Janeiro alrededor de 70 billones de euros, un dato del que apenas se habla: “Es inconcebible que les den esos beneficios a las constructoras y no paguen el salario a los funcionarios públicos”, decía Marcelo Freixo, diputado de la Asamblea de Río de Janeiro por el PSOL y uno de los políticos más críticos con la organización y ejecución del evento.

Bajas en la ceremonia
La crisis política del país ha provocado que la imagen de los Juegos Olímpicos, de por sí bastante negativa, haya quedado todavía más ensombrecida. La ceremonia de este viernes en el estadio de Maracaná será una de las que tenga menor número de jefes de Estado. De los 206 países que participan en los Juegos, hasta ahora sólo 45 delegaciones han confirmado la presencia de sus primeros ministros. En la edición de Londres (2012) fueron 95, mientras que en la de Pekín (2008) hubo 86. En esta ocasión el resto de delegaciones vendrán acompañadas de sus ministros de Deportes o de Exteriores.

Lejos quedan las palabras del ex presidente Lula cuando en 2009 dijo que “aunque no fuera como presidente” iría a la ceremonia de 2016 “como ciudadano orgulloso de mi país”. Sin embargo, el impeachment que tiene apartada a quien él mismo eligió como sucesora, ha hecho que decida no comparecer al evento por el que años atrás se le saltaban las lágrimas.

Rousseff fue una de las primeras en confirmar que no asistiría a la inauguración de “algo por lo que había luchado mucho” y de lo que ahora se “apropiaban traidores”, en referencia al presidente interino, Michel Temer, quien apenas dirá una frase por miedo a represalias. Debido a un problema de salud, hasta última hora del jueves no se sabía si Pelé sería o no el encargado de encender esta noche la pira olímpica en el estadio de Maracaná. Sus familiares dijeron que querían convencerle, pero su asistencia hasta ahora no está confirmada.

El empate a cero con Suráfrica en el estreno de la selección canarinha de fútbol tampoco ha colaborado para calentar los ánimos de los brasileños: “La crisis la tenemos hasta en el fútbol, a ver qué hacemos en los otros deportes”, dice Marcos Diniz, un ingeniero de 28 años que está contento de tener mañana el día libre y de ver la ceremonia desde el sofá de su casa.

Fuente original: http://www.publico.es/internacional/rio-2016-juegos-olimpicos-crisis.html
Fuente: Rebelión

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