lunes, 10 de junio de 2013

BUNGE UN FILÓSOFO CRÍTICO


Mario Bunge
“La mayor parte de los filósofos actuales se ocupa de menudencias”.
Entrevista
Juan Claudio de Ramón entrevistó Mario Bunge para la revista JotDown.

De Mario Bunge (Buenos Aires, 1919) vale decir lo mismo que Plutarco del legislador ateniense Solón: “Envejeció poco a poco, y cada día aprendió algo nuevo”. Es uno de los grandes filósofos vivos, Premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 1982, doctor Honoris Causa por 19 universidades y único autor de habla española que se encuentra, con 43 milidarwins, entre los científicos “más famosos de los últimos 200 años” (The Science Hall of Fame). No está mal para ser un heterodoxo. Porque Bunge,
profesor emérito de la Universidad de McGill, es un realista: cree, humildemente, que la realida existe; desde los anillos de Saturno hasta el último quark, las cosas son de verdad. Y la realidad   estuvo muy mal considerada por la filosofía del siglo XX, que solo era capaz de ver, de manera oscura y confusa, estructuras, signos y discursos. Bunge operó de cataratas en su impresionante Tratado de Filosofía Básica en ocho volúmenes, y en más de 50 libros y 500 artículos en los que saca el polvo a la filosofía de la ciencia, física teórica, química, neurociencia, ciencia cognitiva, matemáticas, psicología y sociología. Escribe en inglés y en castellano, en grande y en pequeño, pero siempre con letra clara y sin miramientos, porque es de los que piensa que ningún adversario de valía se molesta por una crítica contundente. Me citó en Montreal, una tarde de mayo del año en que va a cumplir 94. Llama la atención la apostura, la mirada azul que arde
lentamente. Sobre la mesa y el sofá hay docenas de libros y revistas desparramadas.

 Puedo distinguir una biografía de Marx y otra de Popper, las Analectas de Confucio junto a un tratado de Helvetius, los semanarios Science y Nature encima de números atrasados del New York Review of Books. Es otra manera de entender la lujuria.
El escritor italiano Edmundo d’Amicis decía que el destino de mucha gente depende de tener o no tener una biblioteca en el hogar paterno. ¿Fue su caso?


Es muy cierto. Y sí, fue mi caso. Mi padre tenía, además de sus propios libros, algunos
heredados de su hermano Carlos Octavio, que era un escritor, profesor e intelectual público, y también de su padre, de modo que ahí había, por lo pronto, una gran colección de literatura española buenísima. Ahí leía al Arcipreste de Hita y literatura ya olvidada en España, así como a Schiller, a Goethe, estaban las obras completas de Voltaire —como correspondía a un volteriano como era mi abuelo, ministro de la Corte Suprema a fines del siglo XIX—, algún libro de filosofía, aunque no muchos, solamente uno de ciencias, que era un tratado de química obsoleto anterior a Lavoisier… Mi padre, además de ser médico era escritor y gran admirador de las grandes obras, así como traductor de varias novelas antibélicas que aparecieron justo después de terminar la primera guerra mundial. Por eso muchas veces me pregunto por estos chicos norteamericanos que nacen en una casa donde el único libro que hay es la guía telefónica en el mejor de los casos. Es un mal muy extendido. Usted se sorprendería, pero en muchas casas de profesores universitarios casi no hay libros. Los únicos que poseen los tienen
en su despacho de la universidad y casi todos son libros de texto. No gastan dinero en libros.
Se limitan a los libros de texto que les dan gratuitamente las editoriales y a la biblioteca, que es más o menos buena pero nunca completamente satisfactoria. Por cierto, D’Amicis era muy popular en Argentina. Escribió un libro que se llamaba De los Apeninos a los Andes. Contaba la historia de un chico que, debido a la miseria, emigra de Italia a Argentina. Fue antifascista, y claro, su obra no tuvo una vida fácil en la Italia de Mussolini. Fue muy fértil y, como le digo, muy leído en su tiempo.


Usted se doctoró en Física en la Universidad de La Plata en 1952, y en la Universidad de Buenos Aires, dio clase entre 1956 y 1963, antes de irse del país. ¿Cómo era el clima intelectual en la Argentina peronista?


Era lamentablemente bajo. Casi todos los intelectuales de valor estaban fuera de la
universidad. Quedaban científicos pero no había una buena atmósfera de trabajo, porque la política científica estaba dictada por las unidades políticas peronistas. Por ejemplo, se reunía al personal de maestranza para dictaminar qué materias se iban a dictar ese año. Se decía, por ejemplo: “Geometría diferencial, ¿qué es eso? ¿En qué puede ayudar al desarrollo del país?
No se dicta”. Eso fue en el segundo período peronista. Pero en el primero llegó un momento, en 1952, cuando a mí me echaron, que se requería afiliarse al partido peronista. Casi todo el mundo se afilió, dijeron que no te comprometía, pero yo, igual que algunos otros, me negué. Así que, por supuesto, a la calle.


Estuvo en la cárcel por apoyar una huelga general.


Estuve en la cárcel sin merecerlo. Me castigaron por pecados muy anteriores, en particular por haber fundado en 1938 la Universidad Obrera, que era una organización independiente perteneciente a la sociedad civil y, por lo tanto, indeseable para cualquier régimen duro, que lo primero que hace es eliminar cualquier obstáculo que haya entre el individuo y el Estado. Me acusaron de incitar a la huelga ferroviaria de 1951, que fue la primera gran huelga que le hicieron al gobierno peronista. Yo ni siquiera viajaba en tren, en aquella época tenía auto, y no tenía la menor relación con dirigentes sindicales. En la cárcel me encontré con varios de ellos.
Uno con quien compartí mi celda era un muchacho completamente desconcertado porque había sido buen peronista militante y no entendía cómo había acabado metido allí. También compartíamos morada con un médico que tampoco entendía por qué estaba allí. Tuve la ocasión de conocer no solamente a los llamados “políticos”, sino también a delincuentes, alguno de ellos famoso. Por ejemplo, al que vendió un tranvía. Estaba muy orgulloso de haber vendido un tranvía a un pobre diablo. Casi todos eran gente desagradable, muy egoísta, que no compartía nada. Había uno que era buena persona y llevaba el apodo “Dedos Brujos”.


En uno de sus libros habla de él.


Exacto. Era muy habilidoso y desenredaba las madejas en las tejedoras, era muy buena
persona. Pero los demás eran desagradables, sobre todo los criminales profesionales.


¿Su emigración fue, en alguna medida, forzada?


Pasó lo siguiente: a fines de 1962 había un gobierno constitucional elegido democráticamente, pero estaba bajo la presión de la CIA, que eventualmente lo hizo caer. El ejército se dividió en dos y hubo una batalla entre ambas facciones, los rojos y los azules, y no se sabe muy bien el motivo, yo al menos no sé por qué. En todo caso había muchos indicios de que el gobierno iba a ser cada vez a menos democrático. Echaron al presidente Frondizi porque tuvo la osadía de recibir al Che Guevara y negarse a que expulsaran a Cuba de la Organización de Estados Americanos. De la intervención de la CIA me enteré hace solo un par de años. Me dije que estaba por venir una nueva dictadura, y yo había vivido casi toda mi vida bajo alguna, pero los últimos años había estado gozando de la libertad que había, así que me dije que no, que nos
íbamos a otra parte. Nos fuimos a Estados Unidos esperando encontrar alguna cosa y
eventualmente caímos aquí, en Canadá.


En 1966.

Sí.


¿Cómo fue su llegada a Canadá? Es un país de inmigración.


Sí, completamente.

¿Lo pasaron mal al principio?

No, para nada. Nos integramos bien desde el principio y me recibieron muy bien. Al poco de llegar me metieron en una comisión cuya función era diseñar los CÉGEP1, creo que ustedes lo llaman cursos preuniversitarios. En aquella época todavía había un gran respeto por la ciencia y yo me especializaba en filosofía de la ciencia. Ahora eso ha cambiado radicalmente. Por ejemplo, en el momento actual el gobierno conservador ha resuelto dejar de apoyar a la ciencia básica y apoyar solamente a la técnica (en castellano, por cierto, decimos tecnología donde deberíamos decir técnica). ¿No saben que una cosa sin la otra no funciona y que requieren aptitudes muy diferentes? En todo caso, de entrada nos fue muy bien. A mi mujer la recibieron muy bien y a mí me toleraron.


En el último censo uno de cada cinco canadienses ha nacido en el extranjero, y en Toronto ya son más de la mitad. Hay un novelista canadiense, ya muerto, de Montreal, Mordecai Richler.


Sí, lo conocí, aunque de lejos. Tenía una hija que asistía a la misma escuela que la mía, de modo que nos vimos en las reuniones de padres. Pero yo lo evitaba porque él fumaba unos cigarros pestíferos.


Tiene una definición hermosa de Canadá: “El país de las segundas oportunidades de todo el mundo”.


Es verdad, bien cierto. Richler era muy buen escritor y entretenido, pero también muy contrario al nacionalismo quebequés. Una parte de la comunidad judía era muy hostil hacia los francófonos.
Algunos francófonos también eran hostiles hacia los judíos. Hubo un sector que apoyó a la Francia de Vichy.
Hubo dos inmigraciones de judíos. La primera fue de judíos sefardíes que venían del norte de África y se sumó a la población francófona, asimilándose en seguida; después vino una segunda que se integró en la comunidad anglófona. Si muchos francófonos eran antisemitas era también porque la Iglesia era antisemita. En 1940 los grandes enemigos de la Iglesia Católica eran los judíos, los ateos, los masones y los comunistas. Que yo sepa, masones no había, pero judíos sí, ateos había muy pocos. La Iglesia apadrinó a muchos criminales de guerra franceses y belgas que se refugiaron en Quebec a fines de la guerra, en 1944 y 1945.
Un trabajador de la embajada canadiense en el París ocupado daba visados y pasaportes a cuanto criminal de guerra hubiera. Al llegar se refugiaron en conventos y monasterios. En aquella época había muchos, pero, al poco de llegar nosotros, los conventos se vaciaron, se casaron los curas y las monjas. En cuatro o cinco años se secularizó la sociedad con notable rapidez.


La llamada “Revolución tranquila”.


Sí. Fue tranquila con la excepción de un pequeño grupo nacionalista, terrorista, extremista y separatista que incluso ponía bombas en los buzones. Pero era más retórico que otra cosa.
1 College d"Enseignement Général et Professional en sus siglas francesas, General and Vocational College, en inglés. En Quebec, institutos de
enseñanza postsecundaria por los que han de pasar los alumnos que quieran ir a la Universidad].
2 El FLQ, Frente de Liberación de Quebec.

Usted sigue escribiendo.


Sí, claro.


¿Cuál es su rutina de trabajo?


Antes solía despertarme a las siete de la mañana y trabajar seguido hasta las seis de la tarde, la mitad en casa y el resto en la Universidad. En los últimos años ha cambiado mucho. Mi vejez empezó a los 90 años, y desde entonces trabajo mucho menos porque me canso mucho más.
Me despierto y lo primero que hago es revisar mi e-mail por si hay algún mensaje urgente.
Después de bañarme y desayunar me pongo a trabajar en lo que estoy haciendo, o a estudiar, sobre todo revistas científicas. Leo regularmente los semanarios Science y Nature. Las publicaciones filosóficas ya casi ni las miro, no encuentro nada que me interese; me parece que la filosofía está en un punto muy bajo, hay mucha escolástica y pocas ideas nuevas. En cambio, la ciencia siempre se renueva.


¿Qué está escribiendo ahora?


He empezado a escribir mis memorias. Hasta hace poco trabajé en mi último libro, que se llama Medical philosophy.


Lo he visto, se publicó el año pasado.


Sí, en castellano. Pero lo he vuelto a escribir en inglés y está por salir a fines de este mes.


Hablando de lenguas. Usted ha polemizado con muchas escuelas de pensamiento, entre ellas la fenomenología y el existencialismo, a las que tacha de tenebrosas e incomprensibles.
Comparte esta aversión con su compatriota Sebreli, que dice que Heidegger y Husserl se
benefician de la idea de que todo lo absurdo es profundo. Usted añade que se aprovechan del prestigio filosófico de la lengua alemana.


Eso seguro. Si hubieran escrito en castellano, o en otra lengua, no serían tan conocidos.
En su esnobismo, Heidegger llegaba a decir que solo se puede pensar con propiedad en
alemán.
Y en griego antiguo. Claro que pensaba así, era nacionalista, al punto de ser nazi. Es algo
completamente ridículo. Heidegger, a mi modo de ver, masacró la lengua alemana. Husserl escribía mejor, pero también de forma muy oscura, y fue, por supuesto, el maestro de Heidegger. Este le dedica la primera edición de Ser y Tiempo a su maestro, Husserl. En las ediciones posteriores eliminó esa dedicatoria porque se descubrió que Husserl era judío y, por lo tanto, no estaba bien visto por los nuevos amos de Heidegger. El existencialismo llegó muy temprano a Argentina. Llegó en los años 30 porque hubo gente que fue a estudiar a Alemania con Heidegger. También hubo influencia del existencialista católico francés Gabriel Marcel.
Llegó muy temprano y se apoderó de las principales cátedras. Ya el pensamiento reaccionario, oscurantista, contrario a la Ilustración, había empezado a predominar en los años 20, con la llamada reacción antipositivista. Hay un viejo malentendido, y es identificar el positivismo con el cientificismo. Los positivistas elogian a la ciencia, pero le hicieron mucho daño, porque eran fenomenistas: no creían en nada que no fuera palpable, que no fuera visible.


Empezó a escribir en castellano, y de ahí se pasó al inglés. Desde entonces escribe en ambas.
¿Es el castellano una lengua bien dotada para la comunicación científica?


Por supuesto.


 

¿Existen lenguas más y menos aptas para la comunicación científica?


Todas las lenguas avanzadas son igualmente aptas y ha habido científicos que se han
expresado en todas ellas. Ramón y Cajal, por ejemplo, escribió en castellano y francés. ¿Por qué en francés? Porque en ese momento, antes de la Primera Guerra Mundial, el francés era la lengua culta, y Francia era una potencia, no solamente política, sino cultural; cosa que terminó definitivamente con la Segunda Guerra Mundial. El francés era la primera lengua extranjera que estudiábamos en la escuela.


En España también era así.


Después de la Segunda Guerra Mundial fue sustituida por el inglés. Yo aprendí francés, que siempre me gustó mucho, y después mi padre me puso un tutor de alemán. Y, después, inglés.


Como dice, el francés fue la lengua de comunicación científica y cultural hasta la Segunda Guerra Mundial. Después comenzó el predominio del inglés.


Bueno, en realidad los científicos en todo el mundo, a fines del siglo XIX, tenían que aprender alemán porque Alemania había llegado a ser la cumbre científica ya en 1880, tras la derrota de Francia en la guerra franco-prusiana. La ciencia alemana era más innovadora y la gran aspiración del joven científico era poder estudiar en Alemania. Dos de mis tíos, por ejemplo, fueron a Alemania a doctorarse en ingeniería. Y la medicina alemana era la más avanzada de su tiempo porque había recogido todo lo bueno de la medicina francesa, que fue la primera científica, y le había agregado algo que los franceses no tenían, que era la farmacología, además con una poderosa industria farmacéutica. No en vano la aspirina la inventó un alemán. Hoy la lengua franca es, de manera abrumadora, el inglés, lo que tiene sus bondades, pero también sus inconvenientes. La hegemonía del inglés impide que se preste más atención a lo
que investigan y publican científicos en universidades africanas, latinoamericanas, asiáticas, europeas incluso…

Por otro lado, la reducción de todas las lenguas a una sola lengua de trabajo favorece el comunismo epistémico que usted señala como propio de la ciencia. ¿No deberíamos renunciar a que el español o el francés, por ejemplo, que son y serán lenguas de cultura y de relación, sean también lenguas de ciencia, y pasarnos todos al inglés para hacer ciencia? ¿Perderíamos algo con eso?


No, eso me parece ridículo. En la Asociación Física Argentina, de cuyas publicaciones estuve al cargo, fui partidario de publicar algunas cosas extensas en castellano y después, de forma resumida, en inglés. Pero es que la lengua local, entre otras cosas, es la lengua de la enseñanza. En Argentina o España se enseña en castellano, no en inglés, y se comunica mucho más fácil y rápidamente en la lengua vernácula. Entonces, hay que mantener las dos cosas.
En todo caso los científicos son o deberían ser los menos propensos al nacionalismo.
Por supuesto, yo no he conocido a ningún científico notable que fuera nacionalista de lo suyo, ni siquiera en la Alemania nazi. Los científicos nacionalsocialistas alemanes eran gente de segunda o tercera categoría.


Antes hablábamos de tres clases de ciencias: naturales, sociales y morales o prudenciales.
Pero hoy hay ciencias empresariales, ambientales, del turismo, de la educación… ¿está
justificada esta floración?


No, es una división profesional, no conceptual. Al contrario, uno de los aspectos más
interesantes de las últimas décadas es la convergencia y síntesis de ciencias, la aparición de ciencias híbridas, empezando por la fisicoquímica, la bioquímica, la neurociencia cognitiva, la socioeconomía… porque la gente advierte que cada una de las ciencias es limitada artificialmente. Por ejemplo, un economista que no tenga en cuenta los aspectos sociales y la tradición e historia de la sociedad no va a tener mucho éxito. Sí se puede distinguir, que no separar, las ciencias naturales de las sociales —o culturales, como dicen los alemanes—, pero eso no impide la existencia de ciencias híbridas como la epidemiología, la demografía, la psicología, la medicina social… Obviamente, los individuos somos estudiados por científicos naturales y sociales, pero hay ciertas cosas tales como los sistemas económicos o las empresas que, pese a ser sistemas, están formadas por individuos, que con sus decisiones alteran esos sistemas, que su vez moldean a los individuos; nacemos en sociedades que nos
pre-existen, nos forman y deforman. Por ejemplo, en estos momentos mi hija la psicóloga está estudiando intensamente los efectos de la educación y el aprendizaje sobre el cerebro, cómo va cambiando y dejando huellas anatómicas.

Usted explica que la filosofía de la ciencia importa porque los científicos rara vez examinan sus presupuestos y eso los puede llevar por caminos equivocados. Un ejemplo que menciona a menudo es el dualismo mente-cerebro, que impidió durante siglos el correcto entendimiento de las enfermedades mentales. Pero la tesis contraria, que lo mental es cerebral, ha permitido avances espectaculares en los últimos 50 años. Y esa es la base para desacreditar al psicoanálisis, que usted define como la etapa chamánica de la psiquiatría.


Confirmo todo eso, pero agrego que, si bien los procesos mentales son procesos cerebrales, como ya bien señalaba Hipócrates, no es lo mismo pensar con la barriga vacía que pensar con la barriga llena, que no es lo mismo la manera de pensar y actuar de un desocupado que la de un empresario potente. Tenemos que tener en cuenta también la psicología social, que se ocupa precisamente de esa interfase individuo-sociedad.


En psicología hay varias escuelas. Refutado el psicoanálisis, ¿cuáles merecen atención?


El psicoanálisis subsiste solamente en los márgenes, por ejemplo en París, en Barcelona y en Buenos Aires. Fuera de esas ciudades ya no existe más. En psicología científica ya no se habla de escuelas. El conductismo se acabó hace ya 30 años o más. Hay estilos o maneras de abordar lo mental. La más adelantada es la neurociencia cognitiva y afectiva, el estudio de las emociones, las pasiones. Como dije, las escuelas se acabaron. Y no se estudia por autores o escuelas, sino por temas. Ojalá pasara lo mismo en filosofía. Las universidades de filosofía estudian autores: Aristóteles, Santo Tomás, Descartes… en lugar de estudiar por temas, como el problema del espacio, de la consciencia, la convivencia, la justicia… Es más fácil estudiar por autores, porque entonces una persona se lee unos cuantos libros de un autor y se convierte en experto en ese autor, y al ser experto en ese autor, no sabe nada de lo que pasa.
Por ejemplo, los expertos en Kant no entienden de dónde viene Kant y adónde va Kant. Kant es un puente entre dos tradiciones: la del racionalismo y el empirismo por un lado y el positivismo por el otro. Los positivistas son continuadores de Kant porque ambos son
subjetivistas y dicen que la realidad no es más que una colección de fenómenos, o sea,
apariencias.


En Europa hay ahora una crisis económica tremenda y es muy frustrante ver que los economistas no se ponen de acuerdo sobre sus orígenes y la manera de salir de ella. ¿La economía puede ser científica?


Puede serlo, y algunos autores han hecho economía científica, como Quesnay, que fue el
primer macroeconomista, autor del famoso Tableau economique en el siglo XVIII. Dicho sea de paso, fue mucho más que eso, fue uno de los grandes anfitriones, en su casa se reunía la gente más ilustrada de su época para discutir cosas de todo tipo. Keynes fue su sucesor.


Fundador de la macroeconomía.


Sí. Lamentablemente, los microeconomistas han estado repitiendo, refinando
matemáticamente, lo que expusieron los microeconomistas hacia 1870, no hay absolutamente nada nuevo. Más aun, Milton Friedman se jacta de ello, en un artículo llamado Vino viejo en botellas nuevas. Eso demuestra, según él, que la economía es una ciencia. ¡Al contrario, lo característico de la ciencia es la renovación permanente!, a diferencia de la teología o las ideologías. El marxismo no ha evolucionado, como tampoco la teoría económica estándar. El pecado original de la economía estándar es que postula que los seres humanos se comportan de una cierta manera, de forma egoísta, tratando siempre de maximizar sus beneficios y jamás se les ocurrió poner la prueba empírica para experimentar ese postulado. Este postulado fue puesto a prueba empírica hace solamente unos 20 años, por la escuela de Daniel Kahneman (que, siendo psicólogo, ganó el premio Nobel de Economía) y la de economía experimental de Zurich. Y han encontrado que no es así, que la mayor parte de nosotros somos reciprocadores.
No todos, pero las dos terceras partes. Es decir, que devolvemos y estamos ansiosos por devolver los favores que recibimos y por cooperar. Sin cooperar no se pueden armar sistemas económicos como una empresa. Este es el primer pecado. El segundo es la creencia de que la economía siempre está en equilibrio o muy cerca de él, y que si se aparta de él volverá automáticamente sin que se meta el Estado. Y eso no es cierto. En Estados Unidos estamos viendo que cada vez que una gran empresa entra en dificultades le pide préstamos al Estado.

¿La economía puede alcanzar un cuerpo indubitado de doctrina que nos diga cómo se sale de una crisis igual que la medicina nos saca de un resfriado?


Sí, podría, el problema es el postulado del equilibrio. Desgraciadamente, los economistas, con muy pocas excepciones, no reconocen la posibilidad de una crisis, la posibilidad de un desequilibrio entre la demanda y la oferta. Y al no reconocer la existencia de la bestia son incapaces de amaestrarla. La economía está en manos de charlatanes muy famosos, tales como Alan Greenspan, quien, cuando la crisis actual tocó fondo, en 2010, declaró que le había sorprendido mucho encontrar que los grandes empresarios y financieros no se comportaban tal y como predecía la teoría, es decir, de forma inteligente, como egoístas racionales, que es lo que le había enseñado la charlatana Ayn Rand, una persona que había sido su mentora, o mentriz, en realidad mentriz. Una mujer muy hábil que logró envolver a muchísima gente haciéndoles creer que lo principal era la libertad, cuando, como lo había proclamado la revolución francesa, lo importantes es la libertad, la igualdad y la solidaridad. Los tres ideales son alcanzables solo a la vez.
Platón quería que los filósofos fueran gobernantes. Luego, más modestamente, quiso que los gobernantes filosofaran. Y antes uno se encontraba con políticos con una concepción del bien común, pero ahora la política ya está reducida a la publicidad y la táctica electoral.
La democracia es una gran cosa pero tiene sus fallos, y uno de ellos es el electoralismo, es decir, la improvisación de políticas con el solo fin de ganar la próxima elección. La visión de los políticos no suele pasar de la próxima elección. No les interesa el futuro de sus nietos, que muchas veces no tienen. Solo les interesan ellos mismos, su futuro inmediato como ministros, parlamentarios o asesores del gobierno. No se dan cuenta de que en la sociedad todo es transitorio.


¿Aún es posible un político-filósofo?


Yo creo que sí. En realidad, tácitamente, todo el mundo tiene alguna filosofía, lo que pasa es que desgraciadamente esa filosofía está tomada de las escuelas filosóficas que están muertas.
En las facultades de humanidades sí hay escuelas. Por definición, una escuela filosófica es más o menos rígida, no se van adaptando y cambiando a medida que van evolucionando la ciencia, la técnica y la vida social. Por ejemplo, hay gente que habla de la justicia en términos abstractos, pero la justicia tal y como la entendía Aristóteles es muy diferente a como la entendemos nosotros. Para Aristóteles justicia es que cada cual obtenga lo que le corresponde.
Para nosotros es más bien el equilibrio entre los deberes y los derechos.


He leído que está decepcionado con Obama.


Muy decepcionado, y no soy el único. Hay millones de personas en todo el mundo, y en
particular en Estados Unidos, que esperaban que Obama fuese más o menos fiel a los
propósitos que anunció durante su primera campaña electoral, y los ha traicionado todos con una excepción: permaneció fiel a su promesa de apoyar la investigación científica. En eso ha sido coherente consigo mismo, en lo demás no. Fíjese usted, en Estados Unidos hay profesiones que deberían ser declaradas ilegales, tal como la de “lobbyist”, el procurador que diríamos en castellano. En Washington hay 4.500 lobistas registrados, cuya finalidad, sabida, es corromper a los parlamentarios e incluso, en muchos casos, escribir proyectos de ley. Esto lo he aprendido en un texto de economía que tiene todo un capítulo dedicado a los lobistas.
¿Qué debe ser un lobista para ser eficaz? Debe tratar, con todo cinismo, de escribir él mismo los proyectos de ley y empujar o persuadir al parlamentario para que adopte el punto de vista de ciertos intereses creados, de grupos de empresas, en particular la industria del armamento.
Tengo la impresión de que Obama es una persona con buenas intenciones que se ha dado cuenta de que Estados Unidos es un país básicamente irreformable. Mire el caso de las armas.


Para él es más fácil cambiar el mundo que su país.


Hay mucho de eso pero también hay mucha hipocresía. Obama fue profesor universitario pero su arma preferida es el drone, que está proscrito por la ley internacional porque está prohibido asesinar a la gente en una soberanía extranjera. Además, en Pakistán ha hecho que ganara las últimas elecciones un hombre totalmente corrupto, igual que era su predecesor. Y está dando pretextos a los talibanes para seguir con su campaña terrorista, porque ahora lo hacen en nombre de todos los civiles asesinados por los drones, que son la mayor parte de las víctimas. Además no es cierto que no pueda hacer nada para disminuir el número de bases militares. Estados Unidos tiene más de 900 bases militares en el extranjero. Obama no ha abierto la boca sobre eso. Teniendo como tiene un déficit monstruoso, cerrar bases militares no solamente inhibiría la tensión militar, sino que disminuiría enormemente los gastos del Estado.
Y no solamente no las ha disminuido, sino que ha instalado una base nueva, en Australia, un país donde no había bases y ahora hay unos 3.000 militares norteamericanos.


En España, que padece una crisis económica terrible, ha aparecido una nueva forma de protesta social llamada escrache. ¿Lo conoce?
No.


Al parecer es un término que proviene del lunfardo.
En lunfardo “escrachar” significa escupir.
Escupir, señalar… no está claro. Los que protestan, en lugar de manifestarse en las plazas o las calles lo hacen en los domicilios de los políticos para, de alguna manera, intimidarles. Hay mucho debate sobre la legitimidad de este tipo de protesta.


Me parece ilegítimo ejercer presión individualmente, es una táctica mafiosa. Las protestas hay que hacerlas en la calle y en el cabildo pero sobre todo hay que armar debates y discutir racionalmente lo que está pasando y lo que debe pasar. Las coacciones personales me parecen una práctica mafiosa. No me extraña que venga de Argentina, ya que allá no hay una fuerte tradición democrática. Ha sido muchas veces avasallada por las fuerzas armadas y después por el populismo peronista.


Usted ha tratado a algunos de los filósofos más importantes del siglo XX. Por ejemplo Popper, de quien dice que no aceptaba hablar de menudencias.


Ni tampoco de la actividad política. Se jactaba de que a su casa no llegaban los periódicos, no tenía televisor, no escuchaba la radio… y al mismo tiempo quería pasar por gran filósofo social.
¿Cómo puede una persona hacer eso? De hecho, tuvo posturas políticas. En su primera juventud fue socialista militante afiliado al partido socialista austríaco. Después se hizo liberal, en el buen sentido de la palabra, liberal clásico, no neoliberal; pero seguía con los mismos prejuicios europeístas. Yo le he oído decir en su casa que el movimiento de liberación nacional del Congo encabezado por Patrice Lumumba era una tropa de monos. Por ser negros tenían que ser monos. Del tercer mundo no sabía nada. Cuando yo le hablé de los crímenes que
había cometido el imperio británico, no quería creer que Gran Bretaña atacó militarmente dos veces a Argentina a principios del siglo XIX y, cuando le hablé de la India dijo que los ingleses habían hecho mucho por la India. Obviamente, nunca oyó hablar de cómo los ingleses arruinaron la industria textil doméstica de la India, nunca oyó hablar de la rebelión de los tejedores de Bengala y de cómo los ingleses les cortaron el pulgar para que no pudieran manejar el telar. Es cierto que llevaron la lengua inglesa, que hoy es la lengua de comunicación entre los distintos grupos lingüísticos del país, y también llevaron la medicina moderna, aunque lo hicieron solo para poder curar a sus propios funcionarios. En todo caso, Popper tampoco
estaba al tanto de las grandes transformaciones. Sobre el comunismo no tenía nada bueno que decir. Fue una dictadura horrible, pero también es cierto que la Unión Soviética fue el país con un menor índice de desigualdad, el índice de Gini, más bajo del mundo pero, y aquí viene lo interesante, lo compartió con Dinamarca y Suecia. Es decir, es posible tener lo mismo con métodos democráticos y no cruentos. La finalidad del socialismo es humanista. Que fuera corrupta por los comunistas es otra historia. Hay que ser objetivo y él no lo era.


En la última fase de su obra ingresó en la metafísica, con la teoría de los tres mundos, y usted se lo reprochó.


Yo escribí un artículo de crítica que no le gustó nada. Se lo mandé, por supuesto. En él
objetaba que Popper ni siquiera definía la noción de mundo; más aún, Popper decía que no lo va a definir, que dejaría la idea flou, suelta. Para un filósofo eso es un pecado mayúsculo. Pero lo más interesante, y es algo poco conocido, es que esa doctrina de los tres mundos viene de Hegel y la copió Lenin en unas páginas muy poco conocidas. En vísperas de la primera guerra mundial, en lugar de estudiar sociología y economía, Lenin estaba estudiando la lógica de
Hegel. Y en sus Cuadernos filosóficos tiene toda una página dedicada a la doctrina de los tres mundos. Textual. No creo que Popper hubiera leído eso, pero sí era buen conocedor de la filosofía de Hegel y fue uno de los primeros en decir que Hegel era un charlatán. Bueno, el primero fue Schopenhauer, pero a este no se le puede tomar en serio porque, a su vez, era un charlatán. Popper fue uno de los primeros filósofos serios que se atrevió a decir la verdad sobre Hegel. Pero ¿por qué tiene tanto atractivo Hegel? Porque construyó un sistema y se ocupó de temas importantes. Lo confundió todo, hablaba de forma difícil, fue el primer posmoderno, era tan confuso que dio lugar a una izquierda y una derecha… pero si pervivió es porque trató asuntos interesantes. La mayor parte de los filósofos actuales se ocupa de menudencias, de opiniones de otros filósofos: ¿Qué opina Fulano de lo que dijo Mengano de Zutano?


He leído que Thomas Kuhn acabó harto de hablar de paradigmas y que se arrepintió de lo quehabía escrito, pero los kunheanos no tomaron nota.


Al acabar una conferencia que dio aquí, en McGill, alguien le preguntó sobre los paradigmas, y el respondió “Por favor, no me pregunten sobre eso, estoy harto.” Además, lo que pasó es que el concepto de paradigma, tal y como lo usa Kuhn, es tan impreciso que fue masacrado por una filósofa inglesa muy poco conocida, Margaret Masterman. Demostró que Kuhn usa esa palabra en 30 sentidos diferentes, era muy confuso. Le dije ¿cuál va a ser tu próxima aventura, Tom? “Ah, voy a estudiar el concepto de analogía de Mary Hesse”. Pero Mary Hesse es una de las grandes confusas de la filosofía de la ciencia, usaba el concepto de modelo en muchos sentidos diferentes y los confundió.


¿Cuáles han sido las modas filosóficas más nefastas del siglo XX? Ya hemos hablado del psicoanálisis.


La microeconomía neoclásica es una estafa. Después, por supuesto, la parapsicología, el marxismo, completamente osificado, es también una pseudociencia. El existencialismo y la fenomenología. Los posmodernos en general.
Responsables, además, de la peor prosa académica de la historia.
Claro. Se volvió a poner de moda el viejo adagio teológico: credo quia absurdum, lo creo
porque es absurdo. En Argentina, no solo en las facultades de filosofía, sino también en las de ciencias sociales, torturan a los chicos, los obligan a leer, a tragar, a Hegel, a Nietzsche y Heidegger. Y no entienden nada. ¿Qué puede significar “El tiempo es la maduración de la temporalidad” que es la definición que da Heidegger de tiempo? Nada. Bueno, a Nietzsche se le puede entender. Era un canalla pero escribía de forma elegante.
Se le puede entender y hasta se le puede disfrutar. Así habló Zaratustra es un hermoso poema que leí a los 17 años y no volví a leer, pero todo lo demás… sobre todo sus panfletos políticos y contra la moral me parecen inmorales.


Usted también distingue entre el feminismo político y el feminismo académico.


El feminismo político es un movimiento político muy respetable que comenzó a principios del siglo XX y terminó ganando el voto y mejores condiciones de trabajo para la mujer. Y otra cosa es el feminismo académico, que consiste, por ejemplo, en atacar a todos los escritores que usan un pronombre o un artículo determinado que no gusta. Las filósofas feministas ignoran que la razón no tiene sexo, y solo logran segregarse, reuniéndose en sociedades y congresos especiales. Además, no estudian el grave problema social y político del puesto de la mujer en la sociedad, sino nimiedades. Tengo una colega que atacaba a Aristóteles porque había dicho algún disparate sobre la menstruación de los puercoespines. Pregunta de examen: ¿Qué dice Aristóteles sobre la menstruación de los puercoespines? ¿A quién puede importarle? Sí, sabemos que Aristóteles despreciaba a las mujeres, pero esta era una actitud común. Lo mismo pasó mucho después con el racismo, muchos científicos respetables y grandes novelistas del siglo XIX, como Emile Zola, que creían en la criminalidad innata. Bueno, estaban equivocados, muy bien, todo el mundo se puede equivocar. Veamos si han producido algo
positivo. Aristóteles es el más importante filósofo de la Antigüedad y tal vez de todos los
tiempos. Fue el primero en insistir en que la verdad no se encuentra en los libros viejos, sino investigando.
El feminismo político luchó para que las mujeres fueran iguales, pero el académico parece empeñado en demostrarnos que las mujeres son diferentes.
Sí, y es que entonces justifican que a la mujer no se la reconozca como es debido en el terreno científico porque “las mujeres somos más bien emotivas y nos da por cuidar a la gente más que por entenderla”. De esa manera justifican la misoginia de muchos.


En alguna entrevista usted ha dicho que casi todos los filósofos han contribuido a empeorar la sociedad. ¿En serio?


Yo creo que sí y el motivo es muy sencillo: casi todos los filósofos han estado al servicio de algún príncipe y, sobre todo a partir de la Edad Moderna, los filósofos universitarios han sido empleados del Estado y, cuando se han propasado, su soberano se lo ha hecho saber. Por ejemplo, hay una carta muy famosa que Federico Guillermo II le manda a Kant, en la que le dice que no se atreva a repetir unas ideas que corrompen a la juventud alemana porque de lo contrario se expondrá a consecuencias muy desagradables. Kant replica con una carta servil prometiendo no hablar más de religión. No se dice a menudo, pero Kant fue el primer filósofo alemán ateo. En la Crítica de la razón pura dice que Dios es una mera idea. No dice una idea pura. Una mera idea. Era ateo. En ningún momento acude a Dios para explicar nada. En todo caso, Kant fue antidemocrático, y su primer principio ético fue obedecer. Lo mismo que Confucio, la ética de ambos es de obediencia ciega al orden establecido. En el caso de Confucio porque su principal objetivo era la armonía y terminar con las interminables guerras civiles en China, así que en su caso se puede justificar. Yo usé este argumento en China hace poco porque el centro de lo que se llamaba “filosofía de Mao” es el conflicto, la idea de Hegel de que todo lo nuevo proviene de lo que llamaba una contradicción. Sí, la vida social involucra conflictos y competencia, pero al mismo tiempo involucra cooperación. Son dos lados de la misma moneda. La ambición de un estadista no es azuzar los conflictos, sino lo contrario,
resolverlos de manera justa.

Pensemos al revés. ¿Quién es el filósofo actual de mayor utilidad social?


Yo no conozco a ninguno.


¿Y que no sea contemporáneo? ¿De los últimos 200 años?


El joven John Stuart Mill, que sigue teniendo vigencia. Era un hombre brillante. Nietzsche dijo de él que era lamentable que fuera tan claro, porque si era claro no podía ser buen filósofo. No solamente estaba al tanto de lo que ocurría en las ciencias, sino que el joven filósofo también era economista y se interesó mucho por las cooperativas. Era el gran campeón de las cooperativas. Dijo, explícitamente, que esperaba que en el futuro la cooperativa administrada y poseída por los trabajadores fuera el orden económico prevaleciente. En aquella época, entre 1830 y 1850, hubo varios teóricos de la cooperativa, y entre ellos figura Louis Blanc, que curiosamente nació en Madrid.


Sí, me he enterado leyéndole a usted.
Su libro sobre la organización del trabajo tuvo muchas ediciones y fue publicado por una cooperativa fraternal de la producción. En aquella época las cooperativas comenzaron a florecer. La mayoría de ellas fueron mal gestionadas. Mi ejemplo favorito de cooperativa exitosa es Mondragón, en el País Vasco.
¿Cuál es su pecado de juventud en su biografía intelectual?


Haber creído a pies juntillas todo lo que leía. En particular, el haber creído en el marxismo y el psicoanálisis.


Pero se curó pronto.

Del psicoanálisis me curé muy fácilmente. En verano de 1938, justo antes de ingresar en la universidad escribí un libro en contra de Freud y saldé cuentas con él. Del marxismo me costó varios años entender que la dialéctica es confusa, y cuando es clara es falsa. También me costó varios años entender que hay varias clases de socialismo y que el más humano y justo es el democrático. En la escuela argentina la única historia que se enseñaba era la militar. Los marxistas también tienen la tendencia a enfocar su atención en los conflictos. Dicho sea de paso, la historia y la arqueología son los únicos terrenos en que los marxistas han hecho aportaciones valiosas. El presente es demasiado complicado para ellos, pero el pasado lo entienden mejor que los demás. Pero sí, perdí demasiado tiempo, en particular leyendo a Hegel, a quien me tomé en serio al mismo tiempo que estudiaba matemáticas y física, que son eminentemente claras. Pero es que no sabíamos que existía otra filosofía. En los años 20 en la facultad de Filosofía de Buenos Aires empezó a predominar el hegelianismo. Hubo un profesor muy influyente que enseñaba en primer año, Coriolano Alberini, que había estudiado con Giovanni Gentile. Gentile era hegeliano, había sido colaborador de Mussolini y escribieron
juntos el ciclo sobre fascismo, para la famosa Enciclopedia Italiana editada por Treccani, y fue ministro de educación y cultura de Mussolini hasta que lo ajusticiaron sin juicio los guerrilleros.
Podrían haberle hecho un juicio y de paso hacérselo también a Hegel, porque fue victima de Hegel. Pero entre los guerrilleros predominaban los comunistas, que seguían adorando a Hegel.

¿Cual es el problema filosófico al que más vueltas da ahora mismo?


El de la justicia social. Es un problema de filosofía social, problemas que trato en mi libro
Filosofía política.


Entonces no le hago la siguiente pregunta, que era cuál es la cuestión social que más le
preocupa.


Cómo conseguir la justicia social. Creo que la raíz está en la participación democrática. En 1974 publiqué un análisis matemático de los conceptos de estructura social, de participación social y de marginación social, que han sido maltratados por la sociología porque se los ha tratado de manera meramente verbal, no se los ha matematizado. Y creo haber demostrado que la participación óptima está entre el mínimo y el máximo. La máxima implica que todo el mundo se mete en los asuntos de todo el mundo, no hay esfera de lo privado y se pierde mucho tiempo. La participación mínima es la dictadura total y enajena, como hubiera dicho Hegel, a la mayor parte de la gente, que no se siente responsable. Pero no me preocupa menos el problema mente-cuerpo. Justamente estos días he renunciado a dar el discurso inaugural en un simposio que se va a hacer en Oporto organizado por la Fundación Bial, que se ocupa de financiar la investigación no solamente en psicología, sino también en parapsicología. Renuncié y dije que solo aceptaría si eliminaban la sección de parapsicología.

Y no han querido.

No, porque su idea es tratar la parapsicología de igual manera que la psicología científica, darle respetabilidad. Y eso me parece deshonesto. Incluso llegaron a proponerme cambiarle el título a esa sesión pero mantener el contenido.
Uno de los malos presupuestos que la filosofía del siglo XX propagó es que la naturaleza
humana no existe. Las neurociencias han vuelto a recuperar la idea de naturaleza humana.
Hay naturaleza humana igual que hay naturaleza equina y canina. Por supuesto. Pero eso no explica nada, es algo a explicar. ¿Qué nos hace humanos? ¿Por qué somos diferentes a los perros y los caballos? Eso es lo interesante.


Sin embargo, ahora está de moda la psicología evolutiva, que abusa de la idea de naturaleza humana.


La psicología evolutiva es una estafa porque consiste en media docena de postulados
totalmente fantasiosos. Uno de ellos es que la mente humana —a veces dicen cerebro— está formada de módulos independientes los unos de los otros. Cada módulo estaría especializado en algo, y sabemos perfectamente que el cerebro humano no está organizado así. Es cierto que hay especialización, pero también es cierto que hay interacción entre las distintas zonas del cerebro, en particular entre el intelecto y la emoción. También es falsa la tesis que sostiene que no hemos evolucionado desde lo que ellos llaman el Paleolítico, que es un período que abarca nada menos que un millón de años. Obviamente, se refieren a la última fase, de 50.000 años. Desde entonces no habría habido evolución. Se ha dicho que los contemporáneos
somos fósiles andantes. Walking fossils. Pero sabemos perfectamente que ha habido muchos cambios, y no son solamente biológicos, sino biosociales. Posiblemente nuestros cerebros no sean mucho mejores que el de Aristóteles, pero lo que podía aprender Aristóteles y lo que podemos aprender y hacer nosotros es vastamente distinto y superior. Todo lo quieren explicar a partir de la no evolución, y al hacerlo, todo lo reducen a instintos.

Instintos fijados hace 40.000 años porque nos ofrecían tal o cual ventaja adaptativa.


Exacto. Es una posición no solamente antievolutiva, sino que es falsa porque sabemos
perfectamente que el hombre primitivo de hace 40.000 años se enfrentaba a problemas que nosotros ya hemos resuelto de otra manera eficazmente y no se enfrentaba a problemas tales como la escasez de recursos naturales, la existencia de armamentos de destrucción masiva, la desocupación… No había desocupación en aquella época. La desocupación es algo moderno.


Leí una polémica entre el filósofo americano Richard Rorty y Steven Pinker sobre la naturaleza humana. Rorty decía una cosa meditable: por mucho que la ciencia avance, nunca va a estar en condiciones de ser normativa. Nunca va a estar en condiciones de decirnos qué clase de persona debemos ser o a que clase de sociedad debemos aspirar. Y esa es la razón por la cual la ciencia no puede reemplazar a la filosofía o a la religión, porque no puede darnos una visión
de la vida buena o consejos morales. ¿Está de acuerdo o en desacuerdo?


Estoy en completo desacuerdo. Yo creo que la filosofía puede ayudarnos a vivir mejor, pero solo en forma indirecta, influyendo sobre la ciencia, la técnica y la política. La medicina, por ejemplo, lo está haciendo desde hace 200 años. La ciencia puede ayudarnos a reconocer las virtudes y los vicios. Por ejemplo, un libertario, un anarquista de derechas, un miembro del Tea Party va a decir que tiene derecho a portar armas y a fumar donde quiera ¿no? Pero nosotros sabemos que eso no es así porque hace daño o puede hacer daño a otros, es antisocial. Y la sociología y la psicología nos enseñan eso. También los buenos economistas saben cuáles son algunas de las fallas del sistema actual. Saben que el mercado no es perfecto. Saben también que la planificación desde arriba sin participación es ineficaz porque desmotiva a la gente, porque es antidemocrática, etc… La ciencia por sí misma no puede resolver ese problema, porque es un problema práctico y la ciencia no se ocupa sino de entender los problemas prácticos. La que se ocupa de cambiar las cosas es la tecnología. Las técnicas
sociales. Por ejemplo, la macroeconomía puramente descriptiva no arregla nada, pero después está la macronormativa, que nos dice por ejemplo cual es o cual debería ser la tasa de interés en el momento actual. Cuando hay recesión se recomienda bajar la tasa de interés para estimular el consumo, lo que a su vez estimula la producción, etc.

Entonces cuando elmacroeconomista pasa de ser descriptivo a normativo puede ser útil. O también puede ser muy nocivo.


Claro.
El médico, al recomendar estilos de vida y advertir contra algunos estilos de vida está usando la biología médica, la biología humana. Está usando la ciencia.

Ha llamado a su moral agatonismo.


Sí. La búsqueda del bien. Ante todo gozar de la vida. Y segundo tratar de hacer el bien a los demás. Ayudar a los demás.

¿Cual es el concepto científico que más nos puede ayudar en la vida cotidiana, que
deberíamos tener siempre en la cabeza?


Contesto a la pregunta con una recomendación de tipo negativo: procurar no joder al prójimo. Y segundo cuando buscamos el placer —que no solamente es inevitable, sino que es sano—también tratar de hacerlo sin dañar al prójimo y con moderación. Yo creo que debemos volver a las máximas romanas antiguas y chinas, de los estoicos griegos, la moderación, nada en exceso. Somos exagerados en todo, consumimos demasiado, batallamos demasiado, hablamos demasiado (risas).


Ya vamos a terminar, ya vamos a terminar. Usted es autor de una frase muy sugerente: “Hay que odiar con todas nuestras fuerzas una idea para que ninguna gota de odio salpique al hombre”. Yo estoy de acuerdo, pero tengo la impresión de que es más fácil decirlo que hacerlo.


Así es. En realidad yo quería repetir una frase que me dijo un buen experto en filosofía tomista, monseñor Octavio Derisi, hablando una vez de cómo se las arreglaba para asistir a congresos filosóficos cuyos componentes en su gran mayoría no son creyentes, o por lo menos no son tomistas. Y me dijo algo que me parece que sintetiza muy bien: “Intolerancia con las ideas, pero tolerancia con los hombres”. Eso me lo enseñó él o me lo reforzó él.

Pero profesor, ¿es tan fácil separar al racista del racismo?, ¿al tonto de la tontería?


Sí, sí. Bueno, al tonto ya no porque uno lo desprecia, ¿no? Eso es lo malo. Alguna de la gente a quien yo más quiero son muy católicos, católicos a machamartillo, y sin embargo nos queremos mucho porque tenemos otros aspectos de la vida, otras ideas. Por ejemplo el motivo por el cual yo no soy comecuras, a diferencia de Fernando Savater que es comecuras, es comecuras y me ha reprochado alguna vez el que yo hablaba bien de Juan Pablo II o de algún otro sacerdote… Creo que toda la gente que comparte ciertos objetivos buenos, por ejemplo, la paz, mantener o conseguir la paz, disminuir la miseria, etc. tiene que marchar junta en eso.
Independientemente de nuestras divergencias en el resto de asuntos. Porque al fin y al cabo somos todos seres humanos y todos estamos interesados básicamente en la coexistencia. Y la coexistencia entre seres diferentes solamente se consigue con un mínimo de tolerancia y un mínimo de cooperación. Entonces hay que tratar de ser riguroso, el que sea ateo que lo diga, pero que no haga de eso el centro de su lucha. Ese es uno de los puntos en los que yo estoy en desacuerdo con el movimiento de los escépticos, tanto los norteamericanos como los españoles. Yo creo que más bien hay que asentar lo positivo en lo que podemos colaborar, antes que seguir, digamos, comiendo curas. Comamos con ellos y no a ellos (risas).


Habla, supongo, de Dawkins y de Dennet, entre otros. ¿Tiene tan mala opinión de la religión como ellos?


Estoy de acuerdo en que la religión es mala si la miras históricamente. Por ejemplo, el
cristianismo ha sido cómplice de la esclavitud primero y de la servidumbre después. Ha sido cómplice de todas las dictaduras fascistas. De todas desde el comienzo hasta el final. Nunca han apoyado ningún movimiento de liberación nacional, ningún movimiento de liberación social.
Nunca. Jamás. Ha habido cristianos digamos de izquierda por ejemplo los protestantes en Inglaterra en el siglo XVII, ha habido los anglicanos de África del Sur, que se opusieron al régimen de Apartheid, pero han sido excepciones. También los cuáqueros se opusieron a la esclavitud, han protegido la huida de esclavos hacia el Canadá. Usted sabe que había todo un camino, la trayectoria hacia la libertad. Y había hogares donde pasaban la noche los esclavos fugitivos. E iban al Canadá, porque en Canadá se abolió la esclavitud en 1833. Cuando la abolió el imperio británico, que fue veinte años después que en Argentina. La asamblea del año trece en Argentina abolió la esclavitud. Veinte años después vinieron los ingleses. (risas)
Pero eso es la religión mirada históricamente. Hay otras maneras de mirarla.
Sí y es conceptualmente. Cuando uno en lugar de enfrentar los problemas dice “Dios
proveerá”, eso es una actitud derrotista, es una actitud que distrae de la realidad. Además
cuando uno trata de mezclar la religión con la ciencia, lo que consigue es mala ciencia
solamente.

¿Ha sentido alguna vez la tentación religiosa?


No, nunca. No, porque, fíjese, mi padre fue educado por los jesuitas el Colegio del Salvador y conservaba muy buenos recuerdos de él. Nunca le oí hablar mal de sus profesores. Al contrario, les tenía cariño y respeto. Porque, a su vez, lo respetaban. Los jesuitas estaban bajo observación en ese momento. Los liberales argentinos eran muy anticlericales. Habían llegado a quemar la escuela donde asistió mi padre, lo que me parece desde luego una salvajada. En todo caso, le hicieron estudiar tanta teología, según él, que esos estudios, el estudio de la teología le mostró la inexistencia de Dios. Era el alumno más sobresaliente de su promoción. Y esperaban que en el futuro fuera el gran teólogo argentino. Entonces a la edad de catorce años
se dirigió a su profesor de teología y le dijo “lo lamento mucho, padre, pero he dejado de creer en Dios”. “¿Cómo es posible que digas algo así?” “He encontrado tantos disparates y tantas contradicciones que yo no puedo creer en eso”. Y no por eso lo castigaron. Al contrario, se sacó todas las medallas habidas y por haber.
Los jesuitas son especialistas en educar a ateos ilustrados. Voltaire fue uno de ellos.

Ah, no sabía que Voltaire…


Voltaire era alumno de jesuitas, sí, sí.
Bueno, pero los jesuitas que siguieron después no eran así. Los jesuitas que enseñaban en la escuela de los hermanos cristianos de mi barrio afuera de Buenos Aires sometían a tortura a los chicos. A los chicos que se portaban mal los encerraban en un cuarto oscuro y los obligaban a hincarse sobre granos de maíz. Entonces cuando salían, venían a jugar a la pelota conmigo, se les veían las marcas de los granos de maíz en las rodillas. No eran lo mismo. Mi padre tuvo la suerte de tener jesuitas ilustrados como profesores. Y ya le digo, siempre conservó buen recuerdo de ellos.


Ahora tenemos un papa jesuita y argentino ¿alguna opinión sobre él?


Bueno, la opinión que tienen todos los argentinos liberales: que durante la dictadura hizo lo mismo que hizo la Iglesia argentina. Colaboró. Por lo pronto no habló en contra y hay
constancia de que apartó de sus tareas a dos de sus cofrades que se dieron a la llamada
teología de la liberación. Fue una dictadura horrenda y la Iglesia argentina, lo mismo que en otras actuaciones, la apoyó. Usted sabe que en 1810 casi todos los sacerdotes argentinos se plegaron a la revolución por la independencia. Y por consiguiente el Vaticano los excomulgó a todos. Y fue recién el tirano Juan Manuel de Rosas, 20 años después, que consiguió que se levantara la excomunión. Durante veinte años estuvieron excomulgados por levantarse contra el imperio español. Pero no prejuzguemos al nuevo papa, porque acaso nos sorprenda.
Recordemos que es porteño, de modo que tal vez se siente a la diestra del Señor y se anime a corregir la corrupción de la Iglesia, que se está vaciando rápidamente incluso en Irlanda, que fuera su baluarte durante siglos. En todo caso, le deseo suerte en cualquier tentativa de hacer el bien.

Usted ha sido un gran polemista, ha peleado por sus ideas. Aristóteles dijo que era amigo de Platón, pero que era más amigo de la verdad. ¿La búsqueda apasionada de la verdad puede enfriar o romper amistades? ¿Le ha ocurrido a usted?

Sí. Sí, me ocurrió con Popper, por ejemplo. Popper elogiaba mucho la crítica. Siempre que la crítica no se refiriese a sus ideas. No toleraba ninguna crítica. Lo tomaba como un ataque. Más aún, Popper no sabía que en la ciencia predomina lo que llamamos la crítica constructiva. Una vez, en un homenaje que se le hizo en Boston, en el 79 o 69, no recuerdo,… ya ve, empecé mi moción diciendo que iba a proponer algunas críticas constructivas. Entonces saltó. Dijo “no hay tal cosa, cuando uno critica siempre lo hace para destruir al adversario, va directamente —empleó esa palabra— a la yugular”. No había oído hablar, porque él no tenía el menor conocimiento acerca de cómo funcionan las comunidades científicas, de que los científicos, cuando terminan su trabajo, lo primero que hacen es pedir una crítica constructiva a los peers, a los colegas. Hacen circular lo que antes se llamaba pre-prints. Ahora simplemente se manda un e-mail y se les pide consejo. A veces lo aceptan, otras veces no.
Y sin embargo en el diálogo nosotros solemos encastillarnos en nuestras opiniones.
Sí.


¿Eso tiene base neuronal? La resistencia a aceptar las ideas que socavan nuestras creencias.


Puede ser, no lo sé. Ese es un problema a investigar. Yo a priori no lo sé. Habría que
investigarlo. Pero desde luego, en general, uno quiere la paz interior. Por lo pronto, uno quiere estar en paz consigo mismo, eso nos lleva a ser conservadores en primera instancia. Pero si  alguien nos demuestra que estamos equivocados, debiéramos aceptarlo. Y debiera además…
Hay errores de dos tipos: los errores corregibles y los errores incorregibles. Por ejemplo, de la psicología evolutiva creo que no va a quedar absolutamente nada, salvo el descrédito de la expresión “psicología evolutiva”. De manera que en el futuro, cuando se haga psicología evolutiva auténtica, la gente creerá que es la impostura que es hoy. Desgraciadamente han copado esa palabra, la han arruinado.


¿En qué rama de la ciencia tiene depositadas más esperanzas?


No sé si fundadas o no, pero en las ciencias sociales, que todavía están en su infancia, y
desde luego en la psicología biológica que también está en su infancia, pero que por lo menosestá bien encarrilada. En cambio, las ciencias sociales siguen estando desorientadas, mucho más aun que años atrás.

Cuando habla de psicología biológica, ¿se refiere a la neurociencia? El estudio de los sistemas nerviosos.


Sí, de las funciones de esos sistemas nerviosos. Es decir, hace psicología y explica los
mecanismos que la psicología acéfala no puede explicar porque todo mecanismo es un
proceso que ocurre en un sistema material, vivo o no vivo. Yo creo que ha habido un retroceso en las ciencias sociales. Hace treinta años o cuarenta años floreció brevemente la sociología matemática. Yo hice varias contribuciones, publiqué varios estudios. Hoy ya casi nadie hace sociología matemática. Y tampoco casi nadie hace psicología matemática. Es decir, la mayor parte de los psicólogos no hacen teorías y menos aun hacen teorías matemáticas. Hace falta.
¿Por qué? Porque la matematización introduce primero claridad y, segundo, la sistematicidad puede unificar grandes sistemas teóricos, puede unificar ideas que anteriormente estaban sueltas.


Si volviera a empezar su carrera intelectual ¿empezaría por otro sitio?


Sí. Empezaría por la psicología o la sociología. O la economía, si tuviera el valor necesario. Se necesita mucho valor, porque cuanta más basura hay acumulada tanto más difícil es el desescombro, salir de ahí y construir de nuevo, borrón y cuenta nueva. En el caso de la economía, borrón y cuenta nueva. Dejando de lado a Keynes y sus discípulos creo que no queda nada.


Profesor ¿le tiene miedo a la muerte?


No. Tengo miedo a morir en forma prolongada, por eso soy partidario de la muerte asistida. Cuando ya no se puede gozar de la vida, cuando ya no se puede hacer nada por nadie, ni por uno mismo, ya no tiene sentido seguir viviendo. La muerte es el fin de la vida, es el fin del viaje y por eso vamos siempre de buen humor. Hace poco di una conferencia en Zaragoza y uno me habló después de la conferencia y me dijo que lo que más le llamó la atención es que a mi edad tuviera tan buen humor y tuviera tan buen talante.


¿Usted qué le dijo?

Pues que sigo gozando de la vida.

¿Y para llegar a los 94 años gozando de la vida?


Moderación. Y ejercicio, que yo no hago el suficiente. He dejado de hacer ejercicios como
debiera hacer. Ese es uno de los tantos motivos que tenemos para mudarnos a Barcelona: poder caminar todos los días del año. Aquí es peligroso caminar. Los meses de enero y febrero debido al hielo. Peor es en Ottawa, donde vive usted, porque aun hace más frío.


Hace más frío, sí. Ha sido un invierno muy duro. La pregunta difícil que he dejado para el final es la pregunta de Leibniz. ¿Por qué hay algo en lugar de nada?


Yo creo que no tiene sentido esa pregunta sino en una teodicea. En una teología tiene sentido preguntarse por qué diablos Dios, en lugar de seguir tranquilamente sin hacer nada, empezó a hacer algo. ¿Por qué a Dios se le ocurrió hacer el mundo? Pero en una metafísica como la mía que es completamente atea no tiene sentido esa pregunta. Pasa por ser la pregunta más importante, eso es lo que dice Heidegger y dicen muchos otros. A mí me parece un disparate.
Es una pregunta que tiene sentido solamente si se presupone que existe Dios y que fue quien creó el mundo. Si no, no. Dicho sea de paso, el primero en hacer esa pregunta no fue Leibniz, sino un teólogo islámico, cuyo nombre no recuerdo. Es muy difícil recordar nombres exóticos como son los árabes.


Mario Bunge es el más importante e internacionalmente reconocido filósofo hispanoamericano del siglo XX. Físico y filósofo de saberes enciclopédicos y permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el
socialismo democrático y los derechos humanos, son memorables sus devastadoras críticas de las pretensiones pseudocientíficas de la teoría económica neoclásica ortodoxa y del psicoanálisis “charlacanista”.

La editorial navarra Laetoli ha comenzado a publicar La Biblioteca Bunge. Para empezar, un clásico: “La Ciencia. Su método y su filosofía”. Para disfrutar del gran polemista, puede leerse la esclarecedora y divertida obrita “Las pseudociencias,¡vaya timo!”, también en .

YA SOLAMENTE ES INGLATERRA




POMPAS PASADAS CIRCUNSTANCIAS TRISTES





Gran Bretaña, en busca de una identidad post hegemónica

Immanuel Wallerstein
La Jornada

10-06-2013

Hubo una vez un tiempo en que el sol nunca se ponía en el imperio británico. ¡Pero no más! En 1945 Winston Churchil profirió la famosa frase: No me convertí en el primer ministro del rey para presidir la liquidación del imperio británico. Pero, de hecho, eso fue exactamente lo que hizo. Churchill supo diferenciar entre la rimbombancia y el poder.
Desde 1945 Gran Bretaña siempre ha intentado, con dificultad considerable, ajustarse al papel de una potencia hegemónica del pasado. Uno tiene que apreciar lo difícil que es esto, tanto sicológica como políticamente. Hoy parecería que los dilemas de esta estrategia política implosionaron por fin, y que enfrenta opciones que son todas malas.
Gran Bretaña emergió de la Segunda Guerra Mundial como uno de los Tres Grandes –Estados Unidos, Unión Soviética y Gran Bretaña. Sin embargo, era el más débil de los Tres Grandes. La estrategia que eligió fue hacerse el socio menor de Estados Unidos –la nueva potencia hegemónica. A esto se le llamaba, por lo menos en Gran Bretaña, la relación especial que mantenía con Estados Unidos.
El beneficio más grande que Gran Bretaña obtuvo de esta relación especial fue la transferencia inmediata de tecnología nuclear, lo que permitió que Gran Bretaña fuera, desde ese momento en adelante, una potencia atómica. Estados Unidos no tuvo un gesto semejante, de ninguna manera, con la Unión Soviética. Mucho menos con Francia. Estados Unidos buscaba un monopolio nuclear global, compartido únicamente con su socio menor. Por supuesto, como bien sabemos, este monopolio global fue desecho primero por la Unión Soviética, luego por Francia y China, y después por un buen número de otros Estados.
En la Europa occidental continental los primeros pasos hacia la reconciliación franco-alemana comenzaron como la Comunidad Europea del Carbón y el Acero. Ésta incluía a seis naciones –Francia, Alemania, Italia y el trío Benelux de Bélgica, Holanda y Luxemburgo. No incluía a Gran Bretaña. Estos primeros pasos hacia la Unión Europea de hoy fueron alentados en ese entonces por Estados Unidos, como un modo de hacer posible la incorporación de las partes occidentales de Alemania en lo que habría de convertirse en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
No es seguro que los dirigentes británicos apreciaran esta nueva estructura continental europea. Gran Bretaña pareció reaccionar buscando asumir una postura geopolítica independiente de Estados Unidos. Y unió fuerzas con Francia e Israel para atacar al Egipto de Nasser. En ese entonces Estados Unidos buscaba otra estrategia en Medio Oriente, y de inmediato reprendió a Gran Bretaña y le insistió que retirara sus tropas. Esto fue humillante para Gran Bretaña, pero también le recordó los límites de su capacidad para ser independiente de Estados Unidos.
Sin embargo, después de esto, Estados Unidos comenzó a alentar a Gran Bretaña a unirse a las estructuras continentales. En parte, esto se debió a que Estados Unidos comenzó a preocuparse al ver que estas estructuras asumían una posición, inspirada por los franceses, relativamente independiente. Desde el punto de vista estadunidense, Gran Bretaña podría ayudar a evitar esto. Desde el punto de vista británico, entrar ahí tenía una ventaja particular. El último vestigio remanente de su antigua hegemonía era el importante y continuo papel de la City de Londres en las finanzas mundiales. Gran Bretaña necesitaba acceso a los mercados europeos para garantizar este papel.
Así que Gran Bretaña entró en las estructuras para el gran disgusto de Charles de Gaulle, que entendió con bastante claridad las motivaciones estadunidenses al respecto. Para la década de los 70, fue la hegemonía de Estados Unidos la que comenzó a ser cuestionada. Tanto Francia como Alemania impulsaron aperturas diplomáticas con la Unión Soviética, que habrían de culminar mucho después, en 2003, en la resistencia franco-ruso-alemana, que logró que el Consejo de Seguridad no respaldara la invasión militar estadunidense de Irak.
Al comenzar el caos geopolítico, el gobierno británico se alió totalmente con Estados Unidos. La completa subordinación de Tony Blair a la política estadunidense comenzó a avergonzar aun a la opinión pública británica, que empezó a valorar bastante menos una relación especial tan unilateral. Más y más gente en Gran Bretaña buscó retirarse del vínculo con Estados Unidos y de los vínculos europeos. La creciente fuerza del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) es una expresión importante de este cambio de sentimientos.
Gran Bretaña se ha negado a entrar a la zona del euro. En el torbellino económico que se volvió tan evidente después de 2008, el deseo de retirarse de la Unión Europea creció constante en sí misma, sobre todo al interior del Partido Conservador. Esto, por supuesto, alarmó a los grupos financieros de la City de Londres, que correctamente vieron que una de las consecuencias podría ser que Frankfurt eclipsara a Londres como centro financiero europeo.
Gran Bretaña tiene otros problemas –la siempre creciente fuerza del regionalismo (y hasta el prospecto de independencia) de Gales, Escocia e Irlanda del Norte. Gran Bretaña se resiste, lo mejor que puede, a quedar reducida a Inglaterra. Y lo está haciendo en un momento en que Estados Unidos no parece estar significativamente comprometido con algo siquiera semejante a una relación especial.
El problema de Gran Bretaña hoy es que todas las opciones que enfrenta son malas. Gran Bretaña desea insistir en que todavía es una potencia militar importante. Pero el mismo gobierno que lo pregona es también el que está reduciendo el gasto para sus fuerzas armadas, y el tamaño de las mismas, como parte de su programa de austeridad.
El mayor problema con Gran Bretaña hoy es que el resto del mundo ya no lo considera un país importante como actor financiero o geopolítico. Ser ignorado no es el destino más feliz para un poder hegemónico del pasado.
















lunes, 3 de junio de 2013

UN AVISO DESDE ITALIA

 

El no voto y los acuerdos amplios

Rossana Rossanda · · · · ·

02/06/13

PALACIO DEL QUIRINAL, ROMA

La chapuza y las polémicas de estos días sobre la reforma de la ley electoral son el tornasol de esa escasa credibilidad de la política que está en la raíz del abstencionismo en ascenso. Y es posible que la próxima vez no vayan a votar ni siquiera aquellos que fueron en las últimas elecciones.

Toda la Italia respetable se ha escandalizado a causa de la vastedad del abstencionismo [en las elecciones municipales del 26 y 27 de mayo]: en Roma ha votado un elector de cada dos, en el conjunto del país, menos de dos de cada tres. Hay quien grita por la crisis de la democracia, pero está quien, como la abajo firmante, considera este abstencionismo triste, pero del todo comprensible, hasta signo de normalidad.

Veamos. Al formar el gobierno de acuerdos amplios, el primer ministro Enrico Letta había declarado que de todos modos hacía falta prever un ardid de modificación de la ley electoral conocida como "porcellum" para que en caso de infarto de los acuerdos amplios se pudiera ir a las elecciones con un sistema no tan indecente. Parecía por lo tanto evidente que el parlamento se pusiera enseguida a ello, incluso lo primero de todo. Anna Finocchiaro [1] , diligente, ha vuelto a presentar la fórmula ya avanzada en el pasado que parece la más sencilla: un retorno al sistema electoral precedente, el Mattarellum [2].  Salvo que Silvio Berlusconi ha hecho saber que si se reforma la ley electoral antes que toda la ordenación institucional, hace caer al gobierno: esta es su concepción de los acuerdos amplios, tan queridos por Giorgio Napolitano. Rápidamente el gobierno, y dentro de él el PD, retira la propuesta y aceptará una supercomisión que trabaje al menos 18 meses para reformar, no se sabe dentro de qué límites, la Constitución de la República en su parte segunda (la primera ya ha quedado bien superada en los hechos). Un diputado del PD, Roberto Giachetti [3] , vicepresidente de la Cámara, no se conforma y vuelve a presentar un proyecto de ley que regresa, grosso modo, al Mattarellum. Truenos y relámpagos. La misma Finocchiaro lo considera un acto de prepotencia poco menos que subversiva. Ayer la Cámara vota contra el diputado, no sin dividirse. División que pasa manifiestamente por el interior del Partito Democratico.

¿Por qué tendría el elector normal que haber entendido algo de esta desvergonzada chapuza? Y si ha comprendido el meollo de la cuestión, es decir, que por acuerdos amplios se entiende "lo que admite Berlusconi", ¿por qué tendrían que aceptarlo todos los italianos? No se trata de un compromiso sino de un sistema de chantaje en manos del Cavaliere.

Si el gobierno y el Quirinal no comprenden que es imposible tomarles el pelo de este modo a los ciudadanos, quiere decir que están bien lejos no sólo del sentido común de la política sino del buen sentido y la limpieza de gestión de la llamada gobernabilidad. La proxima vez puede suceder que no vayan a votar ni siquiera los que han ido esta vez.

UNA PROPUESTA MÁS PARA LA EUROZONA

Salvar la eurozona no depende de Alemania: carta al Financial Times

Stuart Holland · Yanis Varoufakis · · · ·

EL NUEVO “DURO”

Europa se encuentra en punto muerto al asumir que la resolución de la crisis de la zona euro debe ser unánime. Sin embargo, no tiene necesidad de ello. Podría resolverla por medio de la ‘cooperación reforzada’ que precisa apoyo de nueve o más estados miembros, porque en una moción para cooperación reforzada sólo quienes la apoyan la votan. Esta podría ser la vía tanto para mutualizar una parte de la deuda de la mayoría de los estados miembros a tipos de interés más reducidos, como para emitir bonos para financiar la recuperación. 

¿Existe un precedente? Sí, la introducción misma del euro fue un caso de facto de cooperación reforzada. La mayoría de los miembros se sumaron a ella, pero otros, no. Sobre la base de la cooperación reforzada, Alemania y otros estados miembros tales como Austria, Holanda y Finlandia pudieron mantener sus propios bonos, al mismo tiempo que el Reino Unido hacía lo propio con la libra esterlina en lugar de ingresar en el euro.

Tampoco necesita Alemania financiar al resto de Europa sus bonos para la recuperación. Estos podrían financiarse con una parte de las plusvalías globales, en vez de hacerlo mediante transferencias entre estados miembros. Los BRICs han estado pidiendo eurobonos desde el inicio de la crisis e invertirían en ellos. Quieren tanto que la eurozona sobreviva como que crezca para que mantenga sus exportaciones, lo mismo que los EE.UU.

Los que conocen bien el sector financiero confirman que subscribirían bonos europeos a menos del 2%. Los bancos centrales de las economías emergentes y los fondos de inversión soberanos los subscribirían por menos. El BCE podría retenerlos, aunque no pagar los intereses sin transferencias fiscales.

Pero el Fondo Europeo de Inversión, que uno de nosotros propuso a Jacques Delors para que emitiera Bonos de la Unión, y forma hoy parte del Banco Europeo de Inversión, ha confirmado al Comité Económico y Social de la UE que podría emitir bonos de recuperación sin una revisión del Tratado. Con ellos se cofinanciarían proyectos del BEI y se pagarían los intereses con los ingresos conjuntos que proporcionasen, sin necesidad de una política fiscal común. 

Además, mientras muchos estados miembros se encuentran enormemente endeudados tras el rescate de los bancos, la EU misma apenas sí tiene deuda. No tenía deuda alguna hasta mayo de 2010, cuando el BCE empezó a hacer acopio de la deuda de algunos estados miembros y de deuda bancaria de dudoso cobro. A los EE.UU. les gustaría tener la misma suerte que Europa hoy. La UE, hundida más profundamente en su falta de confianza que en sus deudas, tiene la ventaja de un comienzo más tardío. 

Las instituciones y procedimientos ya existen. No les hacen falta revisiones del Tratado. Los proyectos que han conseguido ser aprobados, pero se han quedado atascados por la falta de cofinanciación nacional durante la crisis de la eurozona, están, en palabras de Barack Obama, ‘con la pala lista’ para empezar. Europa podría cortar el nudo gordiano de la deuda gracias a la cooperación reforzada, conservar el euro y garantizar una recuperación económica al estilo del New Deal.  

 

Stuart Holland fue, hasta 1989 diputado laborista en el Parlamento Británico. Colaboró luego política y científicamente con Jacques Delors en la UE- Actualmente es profesor de economía en la Universidad de Coimbra. Yannis Varoufakis es profesor de política económica en la Universidad de Atenas.

viernes, 31 de mayo de 2013

La quinta Alemania

Un modelo hacia el fracaso europeo

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EDITORIAL ICARIA – BARCELONA

Rafael Poch

 

En la historia de la Europa contemporánea ha habido cinco Alemanias. La primera es la fragmentada y preindustrial Alemania anterior al siglo XIX, un mosaico multinacional que sobrevivió hasta Napoleón reivindicando una legitimidad imperial romana sin llegar nunca a ser verdadero Estado. La segunda aparece con la unificación bismarckiana posterior a la guerra franco-prusiana y se extiende bajo batuta prusiana hasta más allá de la Primera Guerra Mundial, con su crítico apéndice republicano de Weimar. La tercera Alemania fue la de Hitler y Auschwitz, un régimen de doce años particularmente trágico y nefasto que concluye con el fin de la Segunda Guerra Mundial. La cuarta es la Alemania doble de posguerra, tutelada por las potencias de la guerra fría; una mezcla de capitalismo y democracia en el Oeste, la RFA, y una mezcla de socialismo y dictadura en el Este, la RDA.

Todas estas Alemanias tuvieron algunos breves y fallidos contrapuntos emancipadores, desde las revoluciones de 1848 y 1918, hasta los movimientos de 1968 en la RFA y de 1989 en la RDA, pero, en general, el papel de este país en la historia europea se ha caracterizado por su condición de vanguardia continental de la contrarrevolución restauradora, la reacción absolutista y un agresivo belicismo.

Desde ese pasado, la quinta Alemania arranca de la reunificación nacional de 1990, a partir de la anexión de la RDA por la RFA,  pero es ahora, con la eurocrisis, cuando comienza a manifestarse, haciendo un uso pleno y normalizado de su recuperada soberanía y potencia. La principal novedad que esta quinta Alemania aporta respecto a la anterior tiene dos aspectos.

El primero es el de su regreso, paulatino pero decidido, a un intervencionismo militar en el mundo que comenzó en los mismos años noventa en los Balcanes y que hoy ya abarca desde Afganistán a África. En ese ámbito Berlín aún está por detrás de otras grandes naciones europeas, pero ya ha invalidado definitivamente el Nie wieder Krieg (Guerra, nunca más) del canciller Willy Brandt, la posibilidad de ser una gran Suiza europea y el antiimperialismo, al que tanto apego tuvieron los alemanes de la RFA y de la RDA, respectivamente, desde la posguerra hasta los años ochenta del siglo XX. Hoy, con el pasivo desagrado de sus ciudadanos, el establishment alemán justifica sumarse militarmente al dominio imperial de occidente en el mundo, apelando abiertamente a la necesidad y legitimidad de acceder a recursos energéticos y materias primas globales. Esa es una novedad muy significativa.

El otro es un liderazgo europeo, dogmático, egoísta y arrogante, para imponer el programa de involución neoliberal impulsado desde los años setenta desde el mundo anglosajón y que la crisis financiera de 2008 ha convertido en rodillo. Al día de hoy este liderazgo apunta a profundizar la desigualdad, social y entre países. Su prioridad es el cobro íntegro de todas las deudas bancarias generadas por los malos negocios  del sector financiero internacional a costa del sufrimiento de las clases medias y bajas europeas. Ese esquema conduce directo hacia una ruptura desintegradora del proyecto europeo. Dicho proyecto, del que la Unión Europea es resultado, fue formulado a partir de los años cincuenta del siglo XX como alternativa a la desastrosa y agresiva Europa guerrera que en los últimos siglos enfrentó crónicamente a unas naciones contra otras y solo por eso ya debe ser considerado útil y valioso.

El rechazo a estas dos grandes novedades de esta quinta Alemania es lo que marca en el país la diferencia entre izquierda y derecha. Las fuerzas y corrientes políticas minoritarias que en la Alemania de hoy rechazan el regreso al intervencionismo militar y el neoliberalismo que profundiza la desigualdad, encoge la democracia y amplía el privilegio de una minoría, son inmediatamente expulsadas del sentido común por el establishment alemán y declaradas “irresponsables” e “incapacitadas para gobernar” (regierungsunfähig).

Más que un sistema de partidos de izquierdas y derechas, conservadores o liberales, el sistema político alemán es un conglomerado que engloba a toda esa variedad en una disciplina superior y común de defensa del capitalismo. Esa esfera compacta, condena y expulsa a la marginalidad a quienes la ponen en cuestión y es ejemplo de la degeneración absolutista y oligárquica  a la que conduce la mezcla de democracia y capitalismo en los países más ricos del mundo a principios del siglo XXI.

Ninguna fuerza política llegará al poder en Alemania sin haber previamente sintonizado con el programa general del establishment. La evolución de las fuerzas políticas con intenciones de cambio, desde los socialdemócratas en su día hasta los verdes hace mucho menos, y quien sabe si Die Linke en el futuro, es una trayectoria de adaptación al sentido común del establishment. Lejos de ser un rasgo exclusivo del sistema alemán, lo que destaca en Alemania de ese fenómeno general es su estabilidad: ese conglomerado de poderes fácticos de grandes consorcios empresariales y financieros, lobbys industriales, con sus sólidos anclajes políticos y mediáticos, está particularmente organizado y bien articulado en el país.

Elemento central de esa estabilidad es la cultura nacional de la obediencia debida a la autoridad, un particular culto al Estado, concebido como una institución neutral, superior y abstracta, y una predisposición al acatamiento automático de las jerarquías. A ello se suma una tradición de consenso e integración, enemiga del conflicto y del desorden como vías legítimas de resolución del choque de intereses. El contraste de esta cultura política, la tradición del Untertan, del súbdito razonable del orden absolutista descrito en la célebre novela de Heinrich Mann, con la tradición francesa y republicana del rebelde citoyen, ha inspirado todo tipo de reflexiones que hoy continúan siendo actuales para todo el continente.

Este libro presenta unos brochazos de esta quinta Alemania en un momento en el que Europa mira hacia Berlín con cada vez más prevención y desconfianza. “Un país que vuelve a dar miedo”, como señalaba el titular de un semanario germano. La involución neoliberal que Alemania encabeza y los delirios de hegemonía europea que proyecta el subidón nacional de la quinta Alemania, está incrementando la germanofobia y el antieuropeísmo, particularmente en la Europa del Sur, cuya población era hasta hace poco muy favorable al europeismo –y no solo por la lluvia de millones recibidos de los fondos de cohesión.

Si dos anteriores Alemanias desembocaron en grandes guerras, la quinta Alemania apunta claramente hacia la desintegración europea.

Los autores no quieren contribuir a ninguna fobia nacional ni tampoco a una reacción antieuropeísta que no proponga refundación ciudadana del proyecto. Lo que pretenden es informar sobre el lamentable papel que el establishment alemán, que forma parte de un orden mundial multinacional, está desempeñando en la actual crisis europea, en el bien entendido de que ese orden también vulnera los intereses de la mayoría social en Alemania.

Las primeras víctimas de la involución llevada a cabo por la elite empresarial y política alemana fueron los propios alemanes. En los últimos veinticinco años, la actual República Federal ha sufrido una transformación radical. Más desigualdad en un país que era relativamente nivelado para criterios europeos, estancamiento salarial, generalización de la precariedad socio-laboral en un país en el que la seguridad del puesto de trabajo era considerable, avance de la pobreza y de la desolidarización, recorte de un sistema de garantías sociales que en su día fue sólido y ancho, rebaja de impuestos a los ricos y mayor apertura al negocio privado en el ámbito de la sanidad y las pensiones. Según las últimas encuestas del conservador Instituto Allensbach de demoscopia, los alemanes son perfectamente conscientes de ello: un 70% constata una inflexión en justicia social, particularmente en la distribución de la riqueza, y considera que las cosas han empeorado en los últimos años. Ese cambio brutal se ha inducido gradualmente en las dos últimas décadas, y es presentado mediáticamente como un éxito e incluso como una especie de segundo milagro económico al lado del de la posguerra, en contradicción con la experiencia de la mayoría de los ciudadanos. Eso es en gran parte posible porque, observada en el contexto de crisis europeo, especialmente comparada con los países del sur que han sufrido la misma medicina en dosis mayores y en plazos mucho más breves con consecuencias aún más brutales, la situación socio-laboral alemana es mucho mejor. Esa circunstancia atrae hacia Alemania a no pocos jóvenes, y no tan jóvenes, españoles sin futuro laboral en su país. Frecuentemente llegan al país muy mal informados sobre lo que les espera ahí.

Toda propaganda debe incluir algún anclaje con la realidad para ser eficaz y ese es el caso de la relativa e incierta salud de Alemania en la crisis. Relativa porque siendo cierta para los beneficios empresariales, no lo es para la mayoría de asalariados que, sin embargo pueden consolarse comparando su situación con la mucho peor que rige en otros países. Incierta porque se basa en una estrategia exportadora que en los últimos veinte años ha acentuado su dependencia de la coyuntura global hasta hacerla extrema. Esa dependencia es inquietante porque en caso de enfriamiento o colapso puede hundir todo el edificio alemán con gran facilidad. A diferencia de China, que dispone de un gran mercado interno y es consciente de los problemas de esa excesiva dependencia, Alemania no parece preocupada por ello.

miércoles, 29 de mayo de 2013

RUSIA SE AFIANZA EN AMÉRICA LATINA


Rusia y América Latina afianzan relaciones y diálogo político



Lavrov Ministro ruso de Asuntos Exteriores


Odalys Buscarón Ochoa
Prensa Latina
El ministro de Asuntos Exteriores Serguei Lavrov preside hoy el encuentro con cancilleres de la troika ampliada de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en un paso de afianzamiento de las relaciones de Rusia con América Latina. Lavrov celebrará una reunión de trabajo, la segunda desde la cita en Nueva York, en septiembre de 2012, con homólogos de Cuba, Chile, Costa Rica, y ahora Haití, en representación de la Comunidad del Caribe.
Será la primera cita de la troika ampliada con el gobierno ruso en Moscú, y por tanto la primera visita que realizan los cancilleres de la Celac a Rusia, declaró a Prensa Latina el titular de la Dirección de Asuntos Multilaterales del Ministerio de Exteriores de Cuba, Pedro Luis Pedroso.
El encuentro significa, subrayó, un momento muy importante en el desarrollo de las relaciones entre Rusia y América Latina y el Caribe, en pos de la consolidación de "este camino que se inició el pasado año de concertación y diálogo".
Al mismo tiempo, se busca reforzar los espacios de multipolaridad en un mundo que era cada vez más unipolar, un aspecto al que ambas partes conceden importancia, observó.
En opinión del diplomático, se reafirman con esa cita dos elementos clave y es la posición que ocupa Rusia en el escenario internacional y, a la vez, la creciente importancia que cobra la Celac como mecanismo de concertación e integración entre los países de Latinoamérica y el Caribe.
Preguntado sobre el rol de la región en la configuración de un orden mundial multipolar, Pedroso afirmó que la Celac como nunca antes contribuye a visualizar la importancia que tiene América Latina y el Caribe, no solo desde el punto de vista económico, en razón de las economías con un nivel de desarrollo importante, y también en el ámbito político.
Existe, apreció el funcionario cubano, una amplia gama de intereses bilaterales y temas vitales para la Celac y Rusia, de acuerdo con el papel de la región en la solución de asuntos candentes de la política internacional.
Dijo que la autoridad es notable en la Asamblea General de la ONU, donde el foro habla en una sola voz acerca de temas cruciales de la actualidad internacional, como el desarme nuclear y el enfrentamiento del terrorismo en sus más diversas formas.
Hay un interés común por crear un mundo de paz, de amistad y de cooperación, enfatizó.
Visualizó las posibilidades de colaboración con el grupo de naciones y Rusia en el sector energético, la agricultura y la salud, entre otros campos de intercambio económico y comercial.
Confiamos en que el encuentro siente la base para la creación de un mecanismo permanente de consultas políticas y de cooperación entre la Celac y Rusia, concluyó Pedroso, quien integra la delegación de Cuba, presidida por el canciller, Bruno Rodríguez.
Rodríguez asiste a la reunión ministerial en representación de la presidencia anual pro témpore que ocupa Cuba desde enero en la Celac, y el día 30 celebrará conversaciones oficiales con Lavrov, como parte de una visita bilateral a este país.
Al destacar la magnitud de la Celac como agrupación integracionista de peso en el continente, el portavoz de la Cancillería, Alexander Lukashevich, valoró en declaraciones a la agencia Ria Novosti la presidencia de Cuba en el foro latinoamericano y caribeño como una clara confirmación de la creciente autoridad regional de la nación antillana.
Consideró en paralelo ese acontecimiento una oportunidad adicional para el fomento de las relaciones ruso-cubanas


viernes, 24 de mayo de 2013

CHRISTINE LAGARDE SOSPECHOSA

 

 

PALACIO DE JUSTICIA, PARIS

Lagarde declara ante la Justicia bajo el riesgo de ser imputada por malversación

La información/EFE

La directora gerente del FMI está compareciendo hoy ante la Justicia por el caso de la indemnización pública millonaria a un empresario en 2008 cuando era ministra.

La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, llegó hoy al Tribunal de Justicia de la República, donde debe comparecer ante los jueces instructores del caso por la indemnización pública millonaria a un empresario en 2008 cuando era ministra, y que podrían imputarla por malversación.

Lagarde llegó en coche, aparentemente distendida, y con más de media hora de antelación sobre su convocatoria a la sede de este órgano jurisdiccional de Parísespecializado en juzgar a las personas aforadas, como los ministros, por hechos relativos al ejercicio de sus funciones.

Su declaración ante los tres magistrados podría prolongarse hasta mañana y cuando termine se sabrá si sale sin cargos o si es acusada de complicidad en falsificación y de malversación de fondos públicos por el controvertido procedimiento de arbitraje que eligió para poner fin al contencioso entre el Estado y Bernard Tapie.

Esa decisión del arbitraje, tomada en 2007 cuando era titular de Finanzas, con una renuncia a recurrirla ante los tribunales de justicia, se resolvió un año después con una indemnización de 403 millones de euros al empresario -conocido por su amistad con el entonces presidente francés, el conservador Nicolas Sarkozy- por su litigio con el antiguo banco público Crédit Lyonnais.

Los jueces pretenden aclarar si la opción de ese procedimiento de arbitraje se tomó contra los intereses del Estado, si estuvo influida -en particular por Sarkozy- para hacerlo así, y si estaba al corriente de las sospechas de parcialidad de alguno de los árbitros que intervinieron.

Ante la eventualidad de su imputación, las autoridades francesas ya han reaccionado por anticipado en dos líneas, la primera para reiterar su confianza en Lagarde como directora del FMI, por boca en particular del actual ministro de Finanzas, Pierre Moscovici.

Pero al mismo tiempo, la portavoz del Gobierno, Najat Vallaud Belkacem, aunque señaló hoy que corresponde al Fondo fijar las reglas sobre si podría seguir en el cargo pese a estar acusada por la justicia, precisó que en el Ejecutivo francés no sería posible: "tenemos unas reglas extremadamente claras".

Vallaud Belkacem, en una entrevista radio-televisada con RMC y BFM TV, reiteró que el Estado se constituirá en acusación particular y "defenderá sus intereses patrimoniales" si se constatara en la instrucción que hubo fraude.

El FMI en marzo, días después de que la justicia francesa hubiera llevado a cabo un registro en el domicilio parisino de Lagarde, había publicado un comunicado en el que el consejo de administración mostraba su "confianza" en la capacidad de la directora gerente para asumir "eficazmente sus funciones".

miércoles, 22 de mayo de 2013

El abandono del euro deja de ser tabú y gana posiciones en Alemania

 
Tras los euroescépticos de derecha, la izquierda sopesa la salida de la moneda | "El euro se creó para mejorar la vida de la gente, no para llevarla a la ruina", dice el exministro Lafontaine

Oskar Lafontaine

RAFAEL POCH

Berlín    19/05/2013

A derecha e izquierda, el euro todavía es una vaca sagrada en Europa. "Si fracasa el euro, fracasa Europa", dice Merkel, formulando un consenso general. Hasta ahora sólo había euroescépticos políticamente organizados en la derecha conservadora, por ejemplo en el nuevo partido alemán, Alternativa por Alemania (Alternative für Deutschland), que de momento sólo tiene un 2% de intención de voto, pero las cosas están cambiando significativamente. La izquierda está comenzando a plantearse el euro, así como el dogma de que su abandono sólo puede conducir a una catástrofe apocalíptica.
La idea fundamental la ha lanzado Oskar Lafontaine, peso pesado socialdemócrata, exministro de Finanzas y seguramente el político alemán más creativo e innovador: Europa es más importante que el euro, dice. "La moneda única se creó para mejorar la vida de la gente, no para llevarla a la ruina". Hace tiempo que los políticos europeos no saben hacia dónde ir. La miseria que crea la austeridad alemana está llegando a Francia, así que la creación de una coalición europea contra Alemania es únicamente una cuestión de tiempo. En ese contexto, hay que plantearse la posibilidad de abandonar el euro.
El argumento básico parte de la opinión del economista conservador Hans-Werner Sinn, que dice que para poder regresar a un nivel de competitividad equilibrado en el interior de la eurozona, países como Grecia, Portugal o España deben acometer una devaluación interna de entre el 20% y el 30%, mientras que Alemania debe encarecerse un 20%.
Ambas cosas son imposibles, dice Lafontaine. Lo primero llevaría a esos países a la ruina. Lo segundo supondría una drástica subida salarial en Alemania, algo que las organizaciones patronales no consentirán y que los partidos políticos, desde los conservadores de la CDU/CSU, hasta los socialdemócratas (SPD) y verdes, pasando por los liberales (FDP), no tienen la menor intención de apoyar. Así que lo único que queda es organizar una "salida ordenada del euro".
Dos economistas de renombre, Heiner Flassbeck, que fue precisamente secretario de Estado con Lafontaine, y Costas Lapavitsas, de la Universidad de Londres, han explicado en un documento presentado el viernes por la Fundación Rosa Luxemburgo, lo que significa "salida ordenada del euro". Se trata de crear "un sistema monetario flexible pero coordinado" que sea capaz de lidiar con los desequilibrios internos de la Unión Europea.
"Dada la manifiesta incapacidad de las instituciones europeas para administrar correctamente la unión monetaria, hay que admitir que esta era un objetivo demasiado ambicioso", así que hay que "retirarse para poder avanzar de nuevo".
Algunos países deben plantearse salir del euro, pero no de la UE, puntualizan. Para que eso no signifique la catástrofe por todos pregonada, es necesario organizar dos cosas: "imponer estrictos controles administrativos a los bancos" y "controlar los flujos de capital", de tal forma que la salida de un país del euro no signifique su descapitalización.
Esta salida tiene riesgos, reconocen, pero también los tiene la situación actual que conduce al desastre, mientras que los planteamientos de socialización de la deuda vía eurobonos no parecen realizables.
La diferencia de este planteamiento con el de la derecha es que, por ejemplo, los euroescépticos de Alternativa por Alemania (AfD) simplemente quieren desembarazarse del euro. Su programa aboga por reintroducir el marco, aunque el presidente de AfD, Bernd Lucke, ha dicho este fin de semana que quienes deberían abandonar el euro son los países del sur de Europa. Lucke habla de "introducir una moneda paralela al euro" y admite una quita de la deuda en países como Grecia y "quizá" Portugal, mientras que desde la izquierda se quieren introducir controles a la circulación de capitales para proteger a las economías débiles. Ambos planteamientos coinciden en dejar de considerar la salida del euro como un tabú.
El mensaje no ha sentado bien ni siquiera en el partido de Lafontaine, Die Linke, y el resto de la izquierda europea, con la excepción de Chipre, desde Grecia hasta Portugal, pasando por Italia y España, abraza el euro.
Pese a la sombra del dominio alemán de Europa, la realidad es que Alemania está aislada y es cada vez más maldecida por doquier, explica el analista Jens Berger. Berlín ha tirado por la borda gran parte del capital de prestigio. En Europa ya sólo tiene a Finlandia, y a Austria a medias, como aliados. Los cruces de reproches con Bruselas son semanales. "Ningún miembro de la UE quiere ser dependiente de un solo país, Alemania", dicen Flassbeck y Lapavitsas. ¿Y fuera de Europa?: la oposición al curso alemán tiene aliados en Estados Unidos y Japón, que con una atrevida política expansiva, que está en las antípodas de la de Berlín, ya presentan buenas perspectivas

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