viernes, 2 de septiembre de 2016

Prólogo de Jean-Paul Sartre al libro "El proceso de Burgos", de Gisèle Halimi




Jean Paul Sartre
Liberation Irlande

Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos.


Si hay que creer a la prensa, lo único escandaloso del juicio de Burgos ha sido sacar a la luz la absurda ferocidad del régimen franquista (1). No lo creo: ¿es tan necesario demostrar la brutalidad fascista? ¿Desde 1936 no había habido encarcelaciones, tortura y ejecuciones en todo el territorio de la península Ibérica? Este juicio ha provocado malestar en las conciencias en España y fuera de España porque ha mostrado a los ignorantes la existencia del hecho nacional vasco. Se ha visto claramente que aunque este este hecho era singular estaba lejos de ser único y que las grandes naciones encerraban colonias dentro de las fronteras que se habían otorgado. En Burgos los acusados, encadenados y, por así decirlo, amordazados, han logrado juzgar la centralización a costa de una batalla constante. Toda una sorpresa en Europa: por no poner sino un ejemplo, a los francesitos se les enseña que la historia de Francia no es otra que la de la unificación de todas “nuestras” provincias que comenzó bajo los reyes, la continuó la Revolución Francesa y se completó en el siglo XIX.
Había que estar orgulloso de ella, me decían cuando iba a la escuela: la unidad nacional, que en nuestro país se llevó a cabo pronto, explicaba la perfección de nuestra lengua y el universalismo de nuestra cultura. Fuera cual fuera nuestra postura política, estaba prohibido ponerla en tela de juicio. Socialistas y comunistas coincidían con los conservadores en este punto: se consideraban herederos del centralismo jacobino y ya fueran reformistas o revolucionarios, adonde querían llevar los beneficios del nuevo régimen era al hexágono considerado como un todo indivisible. A nadie le importa lo más mínimo hoy en día que el absolutismo monárquico haya nacido a la vez del desarrollo de las vías y los medios de comunicación, de la aparición del canon y de las exigencias “mercantilistas” de capital comercial; que la Revolución y el jacobinismo hayan permitido a la burguesía en el poder proseguir con la unificación de la economía haciendo saltar las últimas barreras feudales y étnicas, y ganar unas guerras extranjeras por medio del reclutamiento masivo de todos los habitantes en edad de empuñar armas sin importar su origen étnico y que el siglo XIX haya acabado el trabajo por medio de la industrialización y sus consecuencias (el éxodo rural, la concentración y la nueva ideología o nacionalismo burgués); que a fin de cuentas la unidad actual sea el efecto del proyecto secular de la clase actualmente dominante y que esta haya tratado de producir en todas partes, del Bidasoa a la frontera belga, el mismo tipo de hombre abstracto, definido por los mismos derechos formales (¡estamos en democracia!) y las mismas obligaciones reales sin tener en cuenta sus necesidades concretas: es así, eso es todo, y no se cambiará.

De ahí el estupor de diciembre de 1970: el juicio era infame y absurdo, pero, ¿se podía discutir la validez de las acusaciones hechas a los detenidos sin al mismo tiempo considerar válidos, al menos en parte, los objetivos que se propone ETA? Por supuesto, el gobierno español es abiertamente fascista y esto creaba confusión: el objetivo totalmente consciente de la mayoría de los protestatarios era el régimen de Franco. Pero había que apoyar a los acusados y ¿acaso ETA no decía: “no solo estamos contra el franquismo, luchamos ante todo contra España”? Esta era la píldora indigesta que había que tragarse. ¿Cómo admitir que la nación vasca existía al otro lado de los Pirineos sin reconocer a “nuestros” vascos el derecho a integrarse en ella?

¿Y Bretaña entonces? ¿Y Occitania? ¿Y Alsacia? ¿Hay que reescribir al revés la historia de Francia, como proponía Morvan Lebesque (2), y ver en Du Guesclin, héroe del centralismo, un simple traidor a la causa bretona? El juicio de Burgos atraía la atención sobre este hecho nuevo: el renacimiento por todas partes de estas tendencias que los gobiernos centrales han adquirido la costumbre de llamar “separatistas”.

En la URSS muchas repúblicas, empezando por Ucrania, están sometidas a unas fuerzas centrífugas. No hace tanto tiempo que Sicilia se separó. En Yugoslavia, en Francia, en España, en Irlanda del Norte, en Bélgica, en Canadá, etc, los conflictos sociales tienen una dimensión étnica, unas “provincias” se descubren naciones y reclaman más o menos abiertamente un estatuto nacional. Se ve que las fronteras actuales corresponden al interés de las clases dominantes y no a las aspiraciones populares, que la unidad de la que tan orgullosas están las grandes potencias oculta la opresión de las etnias y el uso hipócrita o declarado de la violencia represiva.

El fortalecimiento actual de los movimientos nacionales se explica por dos razones claras. En primer lugar, la revolución atómica. Morvan Lebesque informa de que un dirigente autonomista de Bretaña exclamó al enterarse de la explosión de Hiroshima: “Por fin existe el problema bretón”. En efecto, antes de ello el centralismo unificador se justificaba y se reforzaba mencionando la amenaza que suponía para la zona la hostilidad de los países vecinos. Con el arma atómica este chantaje ya no tienen razón de ser: el centralismo de la Guerra Fría se ejerce a partir de Moscú y de Washington sobre unas naciones y ya no sobre unas provincias. Por ello, en la medida en que estas naciones se preocupan por pertenecer a uno u otro bloque, otras naciones más pequeñas o que se pretendía integradas retoman conciencia de su entidad.

La segunda razón, relacionada además con la primera, la encuentro en el proceso de descolonización que se emprendió en tres continentes tras la última guerra mundial. Imaginen a un joven nacido en [el departamento bretón de] Finisterre que hacia 1960 va a hacer su servicio militar a Marruecos. Se trata, le han dicho, de echar una mano a una simple operación policial para reprimir la agitación demencial y culpable de algunos departamentos franceses de ultramar. Ahora bien, he aquí que los franceses, derrotados, se vuelven a meter en el bolsillo la división departamental, se retiran de Argelia y le reconocen el estatuto de nación soberana. Entonces, ¿a qué equivale para el soldado desmovilizado el hecho de ser un habitante de Finisterre? En Argelia ha visto que los departamentos son unas divisiones abstractas que ocultaban ahí la conquista por la fuerza y la colonización.

¿Por qué no iba a ocurrir lo mismo al otro lado del Mediterráneo, en lo que se denomina la “Metrópoli”? A ojos de este joven Finisterre (que solo tiene existencia real para la administración) desaparecería en la abstracción: se siente bretón, nada más y nada menos, y francés por derecho de conquista. ¿Se va a resignar a ser colonizado? Si quisiera, el ejemplo de los argelinos y el de los vietnamitas están ahí para llevarle a la revuelta. Sobre todo las victorias de Vietnam le enseñan que los colonos habían limitado hábilmente el campo de las posibilidades para él y sus hermanos.

Se le había inculcado el derrotismo: francés, le habían dicho, podía todo porque tenía derecho de voto lo mismo que un habitante de La Beauce (3); bretón, no podía ni levantar un dedo y desde luego no podía alzarse contra el poder central, que le aplastaría inmediatamente. Pero en Indochina algunos millones de campesinos pobres arrojaron a los franceses al mar y ahora luchan victoriosamente contra la mayor potencia militar del mundo capitalista: eso también era imposible. Pues bien, no: el campo de sus posibles se amplió de golpe: ¿y si las potencias colonizadoras no fueran sino tigres con dientes de papel? Fisión del átomo y descolonización, esto es lo que exalta en las “etnias” conquistadas un patriotismo original. En el fondo todo el mundo lo sabe, pero muchas personas en Francia, en España y en Canadá piensan que esta voluntad de independencia no es sino una veleidad nacida de falsas analogías y que los movimientos separatistas desparecerán por sí mismos.

No obstante, el ejemplo del País Vasco está ahí para enseñarnos que este renacimiento no es ocasional sino necesario y que no habría tenido lugar si estas supuestas provincias no hubieran tenido una existencia nacional que durante siglos se les ha tratado de quitar y que había permanecido ahí, obturada y oculta por los vencedores, como el vínculo histórico y fundamental entre sus habitantes, y si la existencia de este vínculo reconocido tácitamente por el poder central no diera cuenta de la situación inferior de la etnia conquistada en el seno del país conquistador y, consecuentemente, de la feroz lucha que esta lleva a cabo por la autodeterminación.

El hecho vasco, que se impone en Burgos en su necesidad, no ha terminado de aclarar a catalanes, bretones, gallegos y occitanos acerca de su destino. Quiero tratar de oponer aquí la universalidad singular del pueblo vasco a la universalidad abstracta del humanismo burgués, tratar de mostrar qué circunstancias han llevado a aquel por medio de una dialéctica ineludible a producir un movimiento revolucionario y qué consecuencias teóricas se pueden sacar razonablemente de la situación actual, es decir, qué profunda mutación puede aportar desde hoy la descentralización al socialismo centralizador.

Si nos remitimos a la historia sin prejuicio centralista, se ve claramente que la etnia vasca difiere en todo de las etnias vecinas y que nunca ha perdido conciencia de su singularidad, marcada en todo caso por unos caracteres biológicos que ha conservado intactos hasta hoy y por la irreductibilidad del euskera, su lengua, a las lenguas indoeuropeas. Desde el siglo VII el Ducado de Vasconia agrupa a una población de montañeses que inflige al ejército de Carlomagno la derrota de Roncesvalles. Hacia el año 1000 este Ducado se transforma en un reino de Navarra que entra en decadencia a partir del siglo XII y España se anexiona en 1575. A pesar de la conquista, y sin duda también a causa de ella, se refuerza la conciencia vasca o la conciencia de ser vasco. Hay que decir que se acaba de salir de la era feudal y que la centralización española todavía es vacilante: conserva algunos derechos que los vencidos tenían en la Edad Media, los Fueros, los cuales seguirán siendo durante mucho tiempo el bastión de la resistencia vasca, que defiende todo el pueblo.

Que ese pueblo no se contentaba con esta autonomía relativa, hervía de impaciencia y no había perdido la esperanza de recuperar la independencia lo demuestra la propuesta hecha en vano a Napoleón por un diputado de Vizcaya en la época en que el Emperador rehacía Europa: que creara un Estado vasco independiente en el interior del Imperio. Lo que siguió es conocido: como la Constitución de 1812 suprimió prácticamente los Fueros, el movimiento nacionalista emprendió un intento ciego de restaurar el pasado: en contra de Isabel II, más liberal aunque centralista a la francesa, las fuerzas populares defendieron al pretendiente absolutista Don Carlos, otro pasadista pero que a causa de su amor al pasado quería restituir a Navarra su autonomía feudal.

Dos guerras, dos derrotas: en 1879 Euskadi pierde sus últimos privilegios y cae en un tradicionalismo beato que vuelve la espalda a la historia. Se despertará seis años más tarde cuando Sabino Arana (4) funde el Partido Nacionalista Vasco (PNV) que reunirá sobre todo a burgueses e intelectuales: ya no se trata de militar por el absolutismo con la esperanza de reconquistar los Fueros sino que el PNV, políticamente progresista puesto que reclama la independencia y socialmente conservador, sigue siendo en parte pasadista, como lo demuestra una de sus consignas: “Leyes viejas y soberanía” (5). La resistencia vasca afectaba tanto a los españoles que más de uno, como el anarquista Pi y Margall, propuso en aquel momento una solución federalista para los problemas de la península.

Más adelante, durante la República, se retomó el proyecto y el gobierno central reconoció a las regiones el principio de autonomía a condición de que el 70 % de las poblaciones concernidas lo aprobara en un referéndum. La alta Navarra, esencialmente rural y por ello unida al carlismo (pronto los carlistas lucharían al lado de Franco) votó contra la autonomía; las otras tres provincias votaron a favor por una gran mayoría. El gobierno republicano, más centralista de lo que parecía, dio largas al asunto hasta 1936. Si entonces reconoce por fin la autonomía es bajo la presión de los acontecimientos y por razones esencialmente prácticas e incluso militares: se trataba de ganarse al País Vasco y de garantizar que resistiría al golpe de Franco con la lucha armada.

El gobierno vasco se funda inmediatamente: tres socialistas, dos liberales, un comunista, lo que a la vez demuestra que la influencia del PNV se extiende a las capas sociales más diversas y que ha flexibilizado un tanto su conservadurismo original. Hasta abril de 1937 las tropas vascas defienden ferozmente Guipuzcoa y Vizcaya. Lo que siguió es conocido: Franco envía refuerzos, hace reinar el terror y bombardea Guernica: 1500 muertos. En el mes de agosto acaba la República de Euskadi. A la guerra sucede la represión: encarcelamientos, torturas, ejecuciones.

El presidente Aguirre, jefe del PNV, se refugia en Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial juega las cartas diplomáticas esperando que la caída de Franco siga a las de Hitler y Mussolini. Hoy se pueden cuantificar nuestra vergüenza y su ingenuidad: el PNV había desempeñado su papel y desde 1945 no deja de declinar. Sin embargo, en 1947 desencadena una huelga general (sin duda con la intención de poner a los Aliados contra la espada y la pared). Los Aliados no mueven un dedo y dejan a Franco acabar con la huelga gracias a una represión despiadada. Es el fin: el partido conserva un prestigio seguro en Euskadi porque es el partido “histórico” que sigue estando en el origen de la efímera República vasca. Pero ya no tiene posibilidad de actuar: sus medios de acción ya no corresponden a la situación. Los exiliados envejecen, Aguirre muere. No importa: enseguida veremos cómo ETA surgió en el momento oportuno para sustituir al viejo partido burgués. Este breve resumen basta para mostrar que Euskadi, etnia recientemente conquistada por España, siempre ha rechazado ferozmente su integración. Si se dejara votar a los vascos imagino con qué mayoría aplastante decidirían la independencia.

Sin embargo, ¿aceptaremos decir, como ETA, que Euskadi es una colonia de España? Es una pregunta importante porque en las colonias es donde se confunden la lucha de clases y la lucha por la independencia nacional. Ahora bien, en el sistema colonialista los países colonizados suministran a buen precio a una metrópoli industrializada materias primas y productos alimentarios debido a que la mano de obra recibe ahí salarios bajos. Y hay que señalar que el País Vasco, sobre todo en las provincias de Guipuzcoa y Vizcaya, está en pleno desarrollo industrial desde principios de este siglo. En 1960 el consumo medio de energía por habitante al año es de 2.088 kW en ambas provincias y de 650 kW para España y Cataluña. La producción de acero por habitante al año es 860 kilos en Vizcaya, 450 en Euskadi y 45 en España-Cataluña. En Guipuzcoa la población activa se repartía de la siguiente manera: 9, 45 % sector primario, 56,80 % sector secundario y 33,75 % sector terciario; en Vizcaya era 8,6 %, 57,5% y 33,9 % respectivamente, mientras que en España-Cataluña el sector primario emplea a 43,50 % trabajadores, el sector secundario al 27,20 % y el terciario al 29,30 %.

El considerable aumento de estos dos últimos sectores unido al hecho de que en estas provincias la población rural está en constante disminución demuestra el enorme esfuerzo del País Vasco para dotarse de una industria. Desde este punto de vista, Guipuzcoa y Vizcaya son las regiones piloto de la península Ibérica. Así, de haber una colonia estaríamos ante la paradoja de que el país colonizador es pobre y sobre todo agrícola mientras que el país colonizado es rico y ofrece el perfil demográfico de las sociedades altamente industrializadas.

Si se examina mejor, la paradoja solo es aparente: Euskadi puede ser próspera, pero solo cuenta con dos millones de habitantes. En 1515 había muchos menos y en esta época la población era rural. La conquista se hizo porque ambos países tenían una estructura homogénea y uno de ellos estaba mucho más poblado que el otro. Al otro lado del Bidasoa el conquistador francés saqueó, arruinó y despobló sistemáticamente la Baja Navarra: la colonización se ve más fácilmente. Es evidente que el letargo de España durante los treinta primeros años del siglo permitieron a Euskadi sur asegurarse una floreciente economía de región en torno a un polo económico, Bilbao. Pero, ¿a quién beneficia esta economía? La pregunta es esa. Se puede ofrecer algo parecido a una respuesta diciendo que lo normal no es que un país conquistado no pague tributo a su conquistador. Pero es más seguro consultar los datos oficiales. Estos nos enseñan que España se dedica a un verdadero saqueo fiscal del País Vasco. La fiscalidad aplasta a los trabajadores. En Guipuzcoa es la más alta de toda la península.

Además de ello, el gobierno gasta en todas las provincias que considera españolas más de lo que recibe de impuestos: 150 % en Toledo, 151 % en Burgos, 164 % en Ávila, etc. Las dos provincias industrializadas del País Vasco pagan al gobierno extranjero que las explota 4.338.400.000 pesetas y en cambio el Estado español gasta en Euskadi 774 millones de pesetas. Por consiguiente, roba unas 3.500.000.000 pesetas para mantener el desierto castellano. También hay que añadir que la mayor parte de los 774 millones “entregados” van a parar a los órganos de opresión (administración española o españolizada, ejército de ocupación, policía, tribunales, etc.) o de desvasquización (la universidad donde solo se enseña la lengua y la cultura españolas). Ahora bien, el problema de la industria vasca es ante todo la productividad: para producir a precios competitivos en el mercado mundial habría que importar máquinas modernas. El Estado español, parcialmente autárquico, se opone a ello y el crédito madrileño, por su parte, es discriminatorio y favorece a Castilla a expensas de Vizcaia. Para que Bilbao y Pasajes se adapten al tráfico marítimo y reciban barcos de gran tonelaje hay que volver a equiparlos: las obras serían considerables, al igual que las que exigen los puertos de pesca. No se ha hecho nada.

Del mismo modo, la red de ferrocarril instalada por los españoles en otra época es una gran desventaja: para ir en tren de Bilbao a Vitoria hay que hacer 137 kilómetros; por carretera, 66 kilómetros. Pero la administración y el INI (Instituto Nacional de Industria), órgano del Estado opresor, albergan a unos burócratas ignorantes y puntillosos, que no comprenden en absoluto las necesidades de la región (en parte porque la consideran una provincia española, al menos teóricamente) e impiden las reformas indispensables. España se reserva el absorber los productos no competitivos. Hace la política de la tarifa preferencial a la inversa: impidiendo que bajen determinados costes, se da el privilegio de consumir los productos vascos sin que los beneficios del productor sean más elevados. La consecuencia es inevitable: el ingreso per capita es uno de los más altos de la península, lo que no quiere decir nada, y el ingreso de los asalariados (85 % de la población activa) es muy inferior al de los madrileños, los burgaleses, los valencianos, etc. Además, hay que señalar que entre 1955 y 1967 la tasa de aumento de los salarios fue del 6,3 % al año para España y del 4,15 % para Euskadi.

Así, a pesar de la sobreindustrialización de la región, encontramos dos componentes esenciales de la colonización clásica: el saqueo (fiscal o de otro tipo) del país colonizado y la sobreexplotación de los trabajadores. A esto se añade un tercer componente que no es sino consecuencia de los otros dos: el ritmo de la emigración y de la inmigración. El gobierno español ha aprovechado las necesidades de la industrialización para enviar a Euskadi a los parados de sus regiones desfavorecidas. Se les han prometido ventajas (por ejemplo, tienen prioridad para el alojamiento), pero al estar sobreexplotados como los vascos y sin tener una conciencia de clase desarrollada, constituyen una masa de maniobra para la patronal: en una población de entre 1.800.000 y 2 millones de habitantes hay entre 300.000 y 351.000 inmigrantes. Inversamente, los vascos de las regiones pobres emigran, especialmente los navarros: en Madrid hay entre 150.000 y 200.000 vascos, de los cuales aproximadamente 100.000 son navarros. Esta importante sangría y la entrada de trabajadores españoles en las regiones industriales se pueden considerar un inicio de desestructuración colonial.

Esta política constante del franquismo implica, evidentemente, la complicidad de los grandes patronos de Vizcaya y Guipuzcoa. En efecto, estos eran centralistas y liberales desde las guerras carlistas, cuando apareció en Bilbao la alta burguesía. Hace varios años que empezó la emigración a Madrid de las sedes sociales de las grandes empresas. La gran burguesía solo ve ventajas en frenar la modernización por medio de la incompetencia y la autarquía españolas: el vasto mercado de España absorbe los productos no competitivos a escala mundial y el patrón se asegura un fuerte porcentaje de beneficios sin estar obligado a hacer grandes inversiones. Ajenos a los verdaderos intereses de la nación, estos “colaboracionistas” cuyo centralismo acabaría por arruinar la economía vasca, se excluyen ellos mismos de la comunidad y desempeñan el papel (también clásico) de los denominados “compradores”.

En efecto, en última instancia y en el marco del sistema centralista les compensa un cierto malthusianismo. La conclusión es clara: a pesar de las apariencias, la situación de un asalariado vasco es muy parecida a la de un trabajador colonizado: no está simplemente explotado (como un castellano, por ejemplo, que lleva a cabo la lucha de clases “químicamente pura”) sino deliberadamente sobreexplotado ya que a igual trabajo su salario es inferior al de un obrero español. Hay sobreexplotación de la región por parte del gobierno central con la complicidad de los “compradores” que explotan a los trabajadores sobre la base de esta sobreexplotación consentida.

La sobreexplotación no beneficia a los capitalistas vascos, simples explotadores sobrecargados de impuestos y protegidos por un ejército extranjero. Solo beneficia a España, es decir, a una sociedad fascistizada y apoyada por el imperialismo estadounidense. Sin embargo, las clases trabajadoras no siempre tienen conciencia de la sobreexplotación y todavía ayer muchos asalariados soñaban con unirse a las reivindicaciones y las acciones de los obreros madrileños o de Burgos, lo que les habría llevado a un centralismo negativo. Había que hacerles entender que en el caso de Euskadi la cuestión económica y social se plantea en términos nacionales: cuando la región ya no pague el tributo fiscal al ocupante, cuando sus verdaderos problemas se formulen y se solucionen en Bilbao y Pamplona en vez de en Madrid, podrá transformar libremente sus estructuras económicas.

Y es que, hay que repetirlo, los españoles sobreexplotan a los vascos porque son vascos. Sin reconocerlo nunca oficialmente, están convencidos de que los vascos son diferentes, étnica y culturalmente. ¿Acaso se cree que los españoles se han olvidado de las guerras carlistas, la República de 1936, las huelgas de 1947? Si no lo recordaran, ¿pondrían tanto empeño en destruir la lengua vasca? Está claro que aquí se trata de una práctica colonial: durante cien años los franceses se esforzaron en destruir la lengua árabe en Argelia. Si no lo consiguieron, al menos transformaron el árabe literario en una lengua muerta que ya no se enseña. Lo mismo hicieron, con éxito diferente, con el euskera en la Baja Navarra y el bretón en Bretaña.

Así, a ambos lados de la frontera se intenta hacer creer a toda una etnia que su lengua no es más que un dialecto agonizante. En Euskadi sur se prohíbe prácticamente su uso. Se prohíbe establecer ikastolas, se ha procedido a eliminar las publicaciones en euskera, las escuelas y la universidad enseñan la lengua y la cultura del opresor, la radio, el cine, la televisión, los periódicos explican en español los problemas de España y hacen propaganda del gobierno de Madrid, el personal de la administración es español o está españolizado: se le contrata por medio de oposiciones que organizan en español funcionarios madrileños.

Por ese motivo (es decir, porque el extranjero lo ha querido así), en Bilbao se dice amargamente: “La lengua y la cultura vascas no sirven para nada”. Y la prensa inspirada repite de buen grado las desafortunadas palabras de Unamuno: “La lengua vasca va a morir muy pronto”. No es suficiente: en las escuelas se castiga a los niños que hablan vasco. En los pueblos se tolera que los campesinos se expresen en euskera, pero que no se les ocurra hacerlo en la ciudad: a uno de los acusados de [el juicio de] Burgos se le autorizó recibir la visita de su padre en la cárcel. Le quitaron el permiso cuando se dieron cuenta de que este solo hablaba euskera, sin duda no por provocación, sino porque era la única lengua que conocía.

La supresión de la lengua vasca por la fuerza es un verdadero genocidio cultural: es una de las lenguas más antiguas de Europa. Surgió en un momento en que la economía de todo el continente era rural y si después no se adaptó fácilmente a la evolución de la sociedad es porque el conquistador español prohibió su uso. Para que se convierta en una lengua del siglo XX (lo que ya es en parte) basta con que se hable. El hebreo en Israel o el bretón en Quimper tuvieron las mismas dificultades y las resolvieron: los propios israelíes que pueden discutir entre ellos de informática o de la fisión del átomo leen los Manuscritos del Mar Muerto como nosotros leemos a Racine o Corneille y Morvan Lebesque señala que el bretón tiene palabras formadas más regularmente para designar las realidades modernas que el francés, lengua “nacional”. Los recursos de una lengua antigua que ha permanecido joven porque le han impedido desarrollarse son considerables. Si el vasco volviera a ser el idioma nacional de Euskadi aportaría gracias a sus estructuras propias todas las riquezas del pasado, una manera de pensar y de sentir específica, y se abriría ampliamente al presente y al futuro. Pero lo que el español quiere hacer desaparecer con el euskera es la personalidad vasca.

En efecto, para un habitante de Vizcaya hacerse vasco es hablar euskera: no solo porque recupera un pasado que solo le pertenece a él sino sobre todo porque se dirige, incluso en soledad, a la comunidad de quienes hablan vasco. En Burgos las declaraciones finales de los “acusados” se hicieron en euskera; al recusar al tribunal español que pretendía juzgarlos y ni siquiera los entendía, convocaban a todo su pueblo en la sala. Inmediatamente se hizo visible en ella. El acta oficial indica al respecto que los acusados dijeron unas palabras ininteligibles en una lengua “que parecía ser vasco”. Maravilloso eufemismo: los jueces no entendían ni palabra, pero sabían pertinentemente de qué se trataba. Para evitar parecer darse cuenta de que la nación de Vasconia había invadido la sala de audiencias, redujeron el vasco a no ser sino una lengua probable, tan perfectamente obscura que nunca se sabe si el interlocutor la habla verdaderamente o si pronuncia unas palabras carentes de sentido.

Por consiguiente, este es el centro de la cultura de Euskadi y la mayor preocupación de los opresores: si lograran destruir esta lengua, el vasco sería el hombre abstracto que ellos quieren y hablaría español, que no es ni ha sido nunca su lengua. Pero como no dejaría de estar sobreexplotado por eso, bastaría con que tomara conciencia de la colonización para que el euskera resucitara. Naturalmente, lo contrario también es cierto: para un colonizado hablar su lengua es ya un acto revolucionario.

Los vascos conscientes de hoy van más lejos todavía cuando se trata de definir la cultura que se les da y la que se quieren dar. La cultura, dicen, es la creación del hombre por el hombre. Pero en seguida añaden que no habrá cultura universal mientras no se haya destruido la opresión universal. Hoy la cultura oficial en Euskadi es universalista en que quiere hacer del vasco un hombre universal, desprovisto de toda idiosincrasia nacional, un ciudadano abstracto parecido en todo a un español salvo en que este último está sobreexplotado y no lo sabe. En este sentido, no tiene otra universalidad que la de la opresión. Pero por oprimidos que estén, los hombres no se convierten por ello en cosas, al contrario, se hacen la negación de las contradicciones que se les imponen. No por voluntad en primer lugar, sino porque son superación y proyecto. Lo mismo ocurre con los vascos, que no pueden dejar de ser en primer lugar la negación del hombre español que se ha puesto en cada uno de ellos. Negación no abstracta sino minuciosa, en nombre de todo lo que encuentran de singular en ellos mismos y en su entorno.

En este sentido la cultura vasca debe ser hoy en primer lugar una contracultura: se hará por medio de la destrucción de la cultura española, el rechazo del humanismo universalista de los poderes centrales, el esfuerzo considerable y constante para reapropiarse de la realidad vasca que está a la vista (es tanto el paisaje, la ecología, los rasgos étnicos como la literatura en euskera) y, a la vez, está disfrazada por el opresor de folclore inocente y caduco para los turistas extranjeros. Por ello añaden esta tercera fórmula: la cultura vasca es la praxis que se desprende de la opresión del hombre por el hombre en el País Vasco. Esta praxis no es inmediatamente consciente de sí misma y querida: es un trabajo cotidiano, provocado directamente por la absorción de la ración de cultura oficial para reencontrar lo concreto, es decir, no el hombre en general sino el hombre vasco. Y a la inversa, este trabajo debe desembocar en una praxis política porque el hombre vasco solo puede afirmarse en su plenitud en su país que sea soberano otra vez.

Así, por medio de una dialéctica inexorable la conquista, la centralización y la sobreesplotación han tenido como resultado mantener y exasperar en Euskadi la reivindicación de la independencia por medio de los mismos esfuerzos que España ha hecho para suprimirla.

Ahora podemos tratar de determinar las exigencias precisas de esta situación concreta, es decir, la naturaleza de la lucha que la situación reclama hoy del pueblo vasco. En efecto, existen dos tipos de respuestas a la opresión española, ambas inadecuadas. Para darles cuerpo diremos que una es la del PC de Euskadi y la otra la del PNV.

El PC considera Euskadi una simple denominación geográfica. Recibe las órdenes de Madrid, del PCE, sin tener en cuenta las realidades locales, de modo que sigue siendo centralista (entendemos socialmente progresista y políticamente conservador: trata de arrastrar a los trabajadores vascos a la lucha de clases “químicamente pura”). Esto es olvidar que se trata de un país colonizado, es decir, sobreexplotado. A pesar de algunas declaraciones oportunistas a favor de ETA durante el proceso de Burgos, el PC no comprende que las acciones que propone tienen unos objetivos inadecuados y por ello sin trascendencia.

Si los vascos se ponen a luchar contra la explotación pura y simple, abandonan sus propios problemas para ayudar a los trabajadores españoles a derrocar a la burguesía franquista. Esto es desvasquizarse a sí mismo y limitarse a reclamar una sociedad socialista para el hombre universal y abstracto, producto del capitalismo centralizador. Y cuando este hombre esté en el poder en Madrid, cuando posea sus instrumentos de trabajo, ¿los vascos pueden contar con su reconocimiento para que se les conceda la autonomía? Nada es menos seguro: hemos visto que la República se había hecho de rogar y los países socialistas hoy son de buen grado colonizadores. Los vascos solo pueden luchar solos contra la sobreexplotación y la desvasquización que es consecuencia de ella.

Eso no quiere decir que no hagan alianzas tácticas con otros movimientos revolucionarios cuando se trate de debilitar la dictadura de Franco. Pero estratégicamente les es imposible aceptar una dirección común: su lucha se hará en soledad porque la llevan a cabo contra España (y no contra el pueblo español) debido a que una nación colonizada solo puede acabar con la sobreexplotación alzándose soberana contra el colonizador.

Al la inversa, el PNV se equivoca al considerar la independencia un fin en sí mismo. Formemos primero una República vasca, dicen, y a continuación veremos si hay que hacer modificaciones a nuestra sociedad. Pero si se diera el caso improbable de que lograra constituir un Estado vasco de tipo burgués, es cierto que acabaría la sobreexplotación española, pero no haría falta mucho tiempo para que este Estado cayera bajo el dominio del capitalismo estadounidense. Mientras la sociedad conserve una estructura capitalista, se puede pensar que los “compradores” se venderían al mejor postor: los capitales extranjeros inundarían el país, Estados Unidos gobernaría por medio de la burguesía local, el neocolonialismo sucedería a la colonización y no por estar oculta la sobreexplotación subsistiría menos. Solo una sociedad socialista puede, no sin grandes riesgos, establecer unas relaciones económicas con las naciones capitalistas y socialistas debido a que controla rigurosamente su economía.

La insuficiencia de estas dos respuestas (la del PC y la del PNV) demuestra que en el caso de Euskadi la independencia y el socialismo son las dos caras de una misma moneda. Así, la lucha por la independencia y la lucha por el socialismo solo deben ser una. Si es así, es evidente que a la clase obrera (que, como hemos visto, es con mucho la más numerosa) le corresponde tomar la dirección del combate. Al adquirir conciencia de la sobreexplotación y, por consiguiente, de su nacionalidad el trabajador manual comprende al mismo tiempo su vocación socialista. ¿Diríamos que ya lo ha conseguido? Es un problema completamente diferente del que hablaremos más adelante. Por otra parte, la situación de un país colonizado hace que amplios sectores de las clases medias rechacen la despersonalización cultural sin darse siempre cuenta de las consecuencias sociales que implica este rechazo.

En principio, son los aliados del proletariado. En una colonia un movimiento revolucionario y consciente de su tarea no debe inspirarse en el principio “clase contra clase” que solo tiene sentido en una metrópoli, sino, por el contrario, aceptar el principio de la pequeña burguesía y de los intelectuales a condición de que los revolucionarios surgidos de las clases medias se sitúen bajo la autoridad de la clase obrera. Vemos el trabajo que hay que hacer para empezar consiste en una aclaración progresiva y doble: el proletariado debe tomar conciencia de su condición de colonizado y las demás clases, más fácilmente nacionalistas, deben comprender que para una nación colonizada el socialismo es el único acceso posible a la soberanía.

A estas razones, que han hecho evolucionar en ciento cincuenta años el partido de la independencia y al cambiar su reclutamiento han transformado su reclamación pasadista de recuperar los Fueros dentro de un Estado absolutista en la exigencia abierta hacia el futuro de construir una sociedad soberana y socialista, hay que añadir otra, propia de la península Ibérica, que da un carácter particular a la lucha de los vascos. En efecto, como en Italia o Alemania la unificación centralizadora solo culminó en el siglo XX y debido a ello adoptó la forma de una dictadura fascista, es decir, de una respuesta por medio de la violencia desnuda y loca a los “separatistas”. En dos de estos tres países el fascismo ya no está en el poder, en cambio Franco sigue siendo el Caudillo de España. Es lo que afirmaba un vasco que dijo delante de mí: “Tenemos la horrible suerte del franquismo”.

Sin duda horrible, se dirá, pero, ¿por qué “suerte”? Porque si el régimen español fuera una democracia burguesa la situación sería más ambigua: el poder contemporizaría y de falsas promesas en tergiversaciones dejaría las reformas para el día del juicio final. Indudablemente esto bastaría para crear entre los vascos una importante facción reformista que sería aliada del gobierno opresor y solo esperaría de él un estatuto federalista y otorgado. Desde 1937 la ciega brutalidad del franquismo ha denunciado la estupidez de la ilusión reformista. La represión sangrante es la única respuesta hoy a cada reivindicación expresada. ¿Cómo sorprenderse, puesto que el régimen está hecho para eso? Pero hay que añadir que este régimen es la verdad de la España colonizadora.

Sea cual sea la forma del gobierno, es sabido que la España centralizada rechaza profundamente el “separatismo” vasco y que en última instancia está dispuesta a ahogar en sangre cualquier revuelta en Euskadi. En la medida en que los propios españoles están fabricados por el idealismo centralizador son hombres abstractos y creen que lo mismo ocurre con todos los habitantes de la península, aparte de unos cuantos agitadores,. ¿Lo creen de buena fe? Sin duda no: saben que Euskadi existe, pero se lo quieren ocultar, es decir, que les da rabia cuando los vascos se afirman y los españoles llegan a odiarlos en tanto que vascos, es decir, en tanto que hombres concretos. Más profundamente, los hombres en el poder no ignoran que el final del régimen colonial en Euskadi provocaría inmediatamente el aumento de la miseria en Castilla y Andalucía, de modo que en última instancia incluso una República llegaría a aquello por lo que empezó en franquismo.

La “suerte” que supone para los vascos el gobierno de Franco es que muestra sin rodeos la verdadera naturaleza del colonialismo. Este no se discute: oprime o mata. Puesto que la violencia represiva es inevitable, los colonizados no tienen más salida que oponer la violencia a la violencia. Como la tentación reformista es impensable, el pueblo vasco solo puede radicalizarse: ahora sabe que la independencia solo se obtendrá por medio de la lucha armada. El juicio de Burgos es claro sobre este punto. Los “acusados” sabían a lo que se arriesgaban al hacer frente a los españoles: cárcel, torturas, la pena capital. Lo sabían y luchaban no con la esperanza de echar enseguida a los opresores, sino para contribuir a la constitución de un ejército clandestino. Si el PNV está en su crepúsculo es por no haber comprendido que frente a las tropas fascistas los vascos no tiene más salida que la guerra popular. Independencia o muerte: estas palabras que ayer se decían en Cuba y en Argelia, hoy se repiten en Euskadi. La lucha armada por un Euskadi independiente y socialista, esta es la exigencia completa de la situación actual. Es esto o la sumisión, que es imposible.

De 1947 a 1959 esta exigencia permanece vacía y desnuda. En apariencia nada viene a cumplirla; en realidad, va trabajando a la población vasca, sobre todo a los jóvenes, y desde 1959 empieza todo. EKIN, fundado ese año, es un grupo de intelectuales, todavía poco consciente del verdadero problema vasco en su trágica simplicidad, pero que comprende la necesidad de recurrir a una acción nueva y radical. Pronto se ve forzado a entrar en el PNV, que todavía es poderoso aunque está paralizado, pero se distingue dentro de este partido por sus posiciones extremistas hasta el punto de que poco después, cuando un de los suyos es expulsado por “comunismo”, el grupo entero se solidariza con él y abandona el PNV convencido ahora por experiencia de que la lucha emprendida por el viejo partido, que había sido recompensada en 1936, había caído a la categoría de puro verbalismo desde el final de la guerra y la traición de las democracias burguesas.

En 1959 este grupo es el núcleo de un nuevo partido, la actual ETA. Al principio, antes incluso de haber adoptado una postura teórica, ETA toma nota de las dos tendencias que dividen al país: la reivindicación nacionalista y la revuelta obrera. Desde 1960 comprende en la práctica cotidiana que ambas luchasse deben asociar, aclarar la una a la otra y ser llevadas a cabo conjuntamente por las mismas organizaciones. Esto es descifrar de forma lenta pero segura y práctica las exigencias de la situación presente. Maneja bien las cosas, como lo demuestra las crisis violentas que atraviesa en la década de 1960: su derecha “humanizada” le abandona y una izquierda “universalista” es excluida tras haberle conminado a abandonar la lucha anticolonialista para llevar a cabo la lucha de clases “químicamente pura” junto con los obreros españoles.

Estas escisiones definen su línea mejor que cien escritos teóricos. Tras estas purgas, desde 1968 ETA se propone, a pesar de todo, definirse teóricamente. A este nivel, sus principios ya están establecidos, se constituyeron en la lucha interna del grupo contra su derecha y una cierta izquierda centralista y, además, no son sino las exigencias objetivas de la situación descubiertas progresivamente. ETA organiza entonces cuatro frentes de combate: frente obrero, frente cultural, frente político y frente militar, que funcionan al mismo tiempo y bajo una dirección común aunque permanecen diferenciados. En 1969 en el frente obrero la lucha consiste en un acercamiento a los trabajadores manuales, a menudo reticentes, y en la organización de un núcleo de vanguardia en el seno de la clase obrera.

En el frente cultural ETA lleva a cabo el ataque contra el “eslabón más frágil”, que es el universalismo deshumanizante del gobierno de opresión: desde ese momento crea las ikastolas, escuelas maternales y primarias en las que la enseñanza se hace exclusivamente en la lengua vasca y a las que asistían 15.000 niños en 1968-1969; lanzó una campaña de alfabetización de adultos, creó unos comités de estudiantes que reivindican activamente (manifestaciones, huelgas, ocupaciones) la creación de una universidad vasca, lanzó al país a artistas vascos (escritores, cantantes, pintores y escultores) que van hasta los pueblos para hacer exposiciones y ofrecer representaciones (canciones populares, teatro de calle, bien conocido en nuestro país como teatro directo), desde 1966 organizó unas escuelas sociales en las que se enseña el marxismo-leninismo a los trabajadores.

En el frente político, que está en estrecha relación con el frente militar, ETA politiza a todo el pueblo vasco mostrándole el escándalo de la represión. Eso es lo que explica el sentido actual de la lucha armada que todavía no tienen por objetivo echar al opresor, sino movilizar a los vascos para constituir progresivamente un ejército clandestino de liberación. La táctica actual se puede definir como una espiral cuyos diferentes momentos son acción, represión, acción: cada acción provoca una represión más salvaje que muestra a cara descubierta el fascismo centralizador y que al abrir los ojos a unas capas cada vez más amplias de la población permite emprender una acción cada vez más importante. No se puede dar un ejemplo mejor de esta forma de lucha que el encadenamiento dialéctico de los acontecimientos que culmina provisionalmente en el juicio de Burgos.

De un extremo al otro del juicio ETA ha impuesto su juego y sale ganadora de la prueba, lo que demuestra el valor de su táctica. Sin embargo, al principio esta táctica no estaba presente: después de las masacres de 1936 y de la represión de 1937 la asfixiante paz franquista cae sobre el País Vasco y lo aplasta. Hemos visto que el PNV organizó una acción contra esta opresión represiva: la huelga de 1947. Esta acción sin verdadera trascendencia provoca una represión terrible que tiene como resultado descalificar al PNV. Pero es precisamente a partir de este fracaso cuando la nueva generación toma el relevo y comprende la necesidad de pasar a la lucha armada. Desde 1961 ETA marca su existencia por medio de una primera acción de tipo militar: unas bombas rudimentarias explotan por todas partes y se intenta de sabotear un convoy ferroviario. Esta última acción fracasa debido a la falta de experiencia pero provoca una represión brutal: se detiene a ciento treinta militantes. Se establece así el ciclo infernal (acción, represión, acción). Sin embargo, durante algunos años se crea problemas a las “fuerzas de orden público”: ETA es escurridiza y los atentados con bomba continúan en todo el territorio.

Solo en la primavera de 1968 el Jefe Superior de la Policía puede publicar un comunicado en la prensa de Bilbao: “Se ha declarado la guerra caliente contra ETA”. De hecho, comienza la caza al hombre, lo que no impide que unos días después estalle una bomba en la carretera e impida el paso a los ciclista de la Vuelta a España (“que pasen por otro sitio, no tienen nada que hacer en nuestra tierra”). En el mes de junio un guardia civil aparece muerto en la calzada. Unas horas después otros guardias civiles disparan sin motivo contra un “sospechoso” en un control y lo matan. Era Jabier Etxebarrieta, uno de los dirigentes de ETA. La represión se extiende inmediatamente de la organización clandestina a la población: la administración prohíbe en todas partes celebrar misas en memoria de Etxebarrieta, con lo que logra indignar a los curas de pueblo e indisponer a la gente del campo. A partir de ese momento la represión generalizada pide una respuesta que pueda exaltar al pueblo desde sus cimientos: tres meses después el policía [Melitón] Manzanos, figura siniestra y bien conocida por los vascos, que llevaba treinta años torturando en Euskadi, será ejecutado a la puerta de su casa.

Como era de prever, esta acción provoca una represión abyecta y salvaje. Sobre todo opone francamente al pueblo vasco en su conjunto y al gobierno de la opresión. Este no puede aceptar que se liquide a sus representantes: está obligado a encontrar a los culpables, a hacer un juicio y a exigir varias condenas a muerte, pero como la “víctima” era un verdugo, la mayor parte del país no puede desaprobar esta ejecución, que no es sino un castigo. El poder cae en una contradicción de la que no saldrá: desde su punto de vista, que no puede cambiar, hay que intimidar por medio de sanciones. Pero la publicidad del juicio demuestra a todo el mundo que se trata de una parodia de justicia. Se ha elegido a los acusados al azar entre los presos o entre aquellos que se cree son dirigentes, para decapitar a ETA. En estas condiciones, la instrucción solo podía ser una farsa: como veremos, no habrá ninguna prueba contra Izko que, sin embargo, será condenado a muerte.

El tribunal es militar aunque varios de los “acusados” ya habían sido condenados por un tribunal civil debido a los mismos hechos o similares. Los jueces son unos oficiales que ignoran todo de la ley, excepto uno que debe tener conocimientos jurídicos para aconsejar a estos soldados; los abogados, a los que el presidente del tribunal amenaza constantemente con la cárcel, difícilmente se pueden hacer oír. Los “acusados”, encadenados unos a otros, tranquilos y despectivos, han librado una batalla constante no para defenderse de las acusaciones de sus opresores, sino para revelar delante de los periodistas las torturas que habían padecido, a lo que el presidente, cuando no había podido hacerles callar, respondía inevitablemente con un “no interesa”. Para los representantes de la prensa quedó claro que estos militares no se habían reunido para juzgar sino para matar, aunque cumpliendo con un ceremonial absurdo y que conocían mal.

Para acabar, los “acusados” pusieron al descubierto la violencia represiva de España prohibiendo a sus abogados defenderles. Habían ganado: su admirable valor y la obtusa estupidez de sus “jueces” habían convertido finalmente su juicio en una cuestión nacional para todos los vascos. Cuando los trabajadores se pusieron en huelga en las grandes empresas de Bilbao, ETA comprendió que había llegado a amplios sectores de la clase obrera. Además, la indignación fue tan grande en el mundo entero que por primera vez se planteó la cuestión vasca ante la opinión internacional: Euskadi se ha hecho conocer en todas partes como un pueblo mártir en lucha por su independencia nacional. Última acción nacida de la represión: la cólera general hizo recular al gobierno español y se conmutaron las penas de muerte. Por medio del éxito inesperado aunque necesario de su táctica ETA se ha afirmado en su país el sector más activo de la clase obrera. Ha adquirido un prestigio considerable en toda la nación movilizada, el mismo que tenía el PNV veinticinco años antes. Sus militantes saben bien que la lucha será larga, que serán necesarios, dicen, “veinte o treinta años para constituir el ejército popular”. No importa, en Burgos en diciembre de 1970 y enero de 1971 se dio el pistoletazo de salida.

Este es el punto en el que estamos: un pueblo heroico, dirigido por un partido revolucionario, nos ha hecho entrever a nosotros, franceses (que aunque no queramos siempre somos un poco los herederos de los jacobinos) otro socialismo, descentralizador y concreto: esa es la universalidad singular de los vascos, que ETA opone justamente al centralismo abstracto de los opresores. ¿Puede este socialismo valer para todos? ¿No es más que una solución provisional para los países colonizados? En otras palabras, ¿se puede plantear que se trata del fin último o de una etapa hacia el momento en que una vez terminada la explotación universal, los hombres disfrutarán todos, al mismo título, de la verdadera universalidad por medio de una superación común de toda singularidad? Este es el problema de los colonos. Se puede estar seguro de que cuando los colonizados luchan por su independencia no tienen ninguna preocupación. Lo que es indudable para los militantes vascos es que el derecho de los pueblos a la autodeterminación, afirmado en su exigencia más radical, implica en todas partes la revisión de las fronteras actuales, restos de la expansión burguesa que no se corresponde en ninguna parte con las necesidades populares, algo que solo se puede conseguir por medio de una revolución cultural que cree al hombre socialista sobre la base de su tierra, de su lengua e incluso de sus costumbres renovadas.

Solamente a partir de ahí el hombre dejará poco a poco de ser el producto de su producto para convertirse al fin en el hijo del hombre. ¿Mencionaremos estas concepciones marxistas? En este sentido se observan algunas dudas entre los dirigentes de ETA puesto que algunos se consideran “neomarxistas” y otros (al parecer la mayoría) “marxitas-leninistas”. Lo que decidirá es la experiencia cotidiana de la lucha. Guevara me decía un día: “¿Nosotros marxistas? No lo sé”. Y añadía con una sonrisa: “No es nuestra la culpa si la realidad es marxista”. Lo que ETA nos revela es la necesidad que tienen todos los hombres, aunque sean centralizadores, de reafirmar sus particularidades frente al universalismo abstracto: escuchar la voz de los vascos, de los bretones y los occitanos, y luchar a su lado para que puedan afirmar su singularidad concreta es, como consecuencia directa, luchar también nosotros, franceses, por la verdadera independencia de Francia, que es la primera víctima de su centralismo. Y es que hay un pueblo vasco y un pueblo bretón, pero el jacobinismo y la industrialización han liquidado a nuestro pueblo: hoy ya solo hay masas francesas.


Notas de la traductora:

(1) Este prólogo se escribió en 1971 y el libro se publicó en Francia ese año con el nombre de Le Procès de Burgos, publicado por la editorial Gallimard. Su autora, Gisèle Halimi, es una abogada, feminista y política nacida en Túnez en 1927. Ejerció como abogada defensora de varios militantes del Frente de Liberación Nacional de Argelia, además de ser presidenta de la comisión de investigación del Tribunal Russell sobre los crímenes de guerra estadounidenses en Vietnam y observadora en varios juicios, entre otros el de Burgos enviada por la Federación Internacional de Derechos Humanos. El libro está traducido al castellano de Mercedes Rivera: Gisèle Halimi, El proceso de Burgos, prefacio de Jean-Paul Sartre; Caracas (Venezuela), Monte Ávila, 1972. Respecto a este prólogo de Sartre, es muy recomendable la lectura del artículo de Josemari Lorenzo Espinosa, “ Lo que los franceses deben saber de los vascos”,   https://borrokagaraia.wordpress.com/2016/07/20/lo-que-los-franceses-deben-saber-de-los-vascos/

(2) Morvan Lebesque (1911-1970) fue un nacionalista bretón y periodista. Por su parte, Bertrand du Guesclin (1320-1380), fue un noble bretón y militar al servicio de la corona francesa que tuvo un papel fundamental en la llamada “Guerra de los cien años”. Fue condestable de Francia.

(3) La Bauce es una “región natural” francesa, situada al sudoeste de París.

(4) “Sabin Mana” en el original el francés.

(5) La consigna es “Jaungoikoa eta lagizarrak”, “Dios y leyes antiguas”.

Fuente: https://liberationirlande.wordpress.com/euskal-herria/jean-paul-sartre-preface-au-proces-de-burgos/


Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

La ‘brigada política’ de Interior sigue intoxicando a la prensa… que se lo sigue creyendo



Carlos Enrique Bayo

En los últimos años se han divulgado tantos informes fantasma, revelaciones falsas y campañas de infundios que la prensa debería haberse vacunado contra esa propaganda goebbeliana tan explotada por las cloacas de Interior. Pues no.

Ahora resulta que casi todos los medios de comunicación –incluidos algunos de los más serios y profesionales– se están tragando a pies juntillas la última gran manipulación de la cocina infernal de la brigada política de Interior creada por orden del ministro Jorge Fernández Díaz. Esto es, que todas las maniobras inconfesables y operaciones ilícitas emprendidas contra los rivales políticos del Partido Popular fueron planeadas y cometidas por un solo comisario: el exjefe de Asuntos Internos de la Policía, Marcelino Martín-Blas. Alguien que, por cierto, fue destituido de su cargo por el ministro bastante antes de que se perpetrasen muchas de esas tropelías.

Así, estamos viendo cómo se eleva a la categoría de denuncia incontestable la última versión simplificada de la Operación Andorra contra Jordi Pujol que de pronto ha decidido ofrecer en sede judicial Higini Cierco, uno de los propietarios de la Banca Privada d’Andorra (BPA), donde estaba la cuenta del expresident de la Generalitat. Afirma hoy Cierco que fue amenazado en 2014 por policías españoles para que desvelase todas las posibles cuentas de políticos catalanes en su entidad bancaria, y es más que probable que sea cierto; pero se limita a acusar a una persona: el antedicho Martín-Blas.

Curiosa táctica la del banquero, cuando la realidad es que también fueron a presionarle personalmente el mando superior de ese comisario –el director adjunto operativo (DAO) de la Policía, Eugenio Pino–; el agregado de Interior en la Embajada de España en Andorra, Celestino Barroso; el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz; e incluso el mismísimo jefe de Gabinete del presidente del Gobierno español y mano derecha de Rajoy, Jorge Moragas. Así que ¿por qué apunta tan bajo, a un mero comisario, cuando se supone que trata de justificarse ante la jueza por haber cometido un delito de revelación de secretos, según la legislación andorrana?

No es nada difícil desentrañar este enigma, pero para ello hay que conocer los antecedentes.

Fue Moragas –por encargo directo de Rajoy– el primero en reunirse con los Cierco, tras haber logrado descubrir en qué banco tenía la cuenta Pujol, y quien les arrancó el compromiso de que colaborarían para delatar al expresident a cambio de que se parase la inspección del Sepblanc sobre blanqueo de capitales de la BPA. Algo que sólo podía prometer alguien del rango de jefe de Gabinete del presidente del Gobierno, ya que el Sepblanc (Servicio Ejecutivo de Prevención de Blanqueo de Capitales) depende del Ministerio de Economía y el ministro Luis de Guindos sólo debe obediencia a Rajoy.

A continuación, apareció en Andorra el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, con la excusa de pedir al Gobierno andorrano colaboración en las investigaciones sobre blanqueo –algo legítimo, por supuesto–, para tranquilizar a los Cierco con el mensaje de que la investigación del Sepblanc se retrasaría todo lo posible… algo totalmente ilegítimo, y más cuando el objetivo de esa obstrucción a la Justicia es obtener datos para hundir a un político rival. Pero además, según ha averiguado Público de diversas fuentes coincidentes, el también secretario general de FAES iba acompañado por el comisario José Manuel Villarejo Pérez, en funciones de agente encubierto de la brigada política de Interior.

En esas mismas funciones –unas veces haciéndose pasar por periodista y otras, por abogado– Villarejo había engañado al empresario Javier de la Rosa y a la ex del primogénito de Pujol, Victoria Álvarez (con la que viajó a Andorra), hasta averiguar el banco donde estaba la famosa cuenta del expresident de la Generalitat. Después de verse con los dueños de la entidad bancaria, Villarejo escribió en un informe interno al DAO, Eduardo Pino:

“Parte de estas informaciones, aunque de manera forzada y obligada por las circunstancias, las habrían facilitado los propios responsables del BPA, que ante el temor de poder perder la licencia para ejercer en ESPAÑA han optado por aceptar prestar colaboración con las autoridades judiciales y/o fiscales españolas”.

Está, pues, más que claro que el Gobierno español utilizó la coacción para forzar a banqueros de otro país a revelar datos perjudiciales para los enemigos políticos del PP. Eso queda también evidente en las grabaciones del ministro del Interior reveladas por nuestro diario, por mucho que la Fiscalía del Supremo le afinase el caso a Fernández Díaz al dictaminar que no oía nada irregular en semejante conspiración.

Aunque más grave aún es que Villarejo elaborase una información especulando absurdamente con que los Pujol tenían ¡entre 1.500 y 1.800 millones! en cuentas en Andorra –partiendo de un extracto que sólo ascendía a 3,5 millones– y que tamaña falacia fuera transmitida como auténtica a sus periodistas “infiltrados en los medios de comunicación” para que se publicara a bombo y platillo en septiembre de 2014… incluyendo un pantallazo del extracto bancario facilitado por los Cierco. Con lo que se frustró su colaboración con las autoridades españolas, ya que se les destapaba como autores de la delación que violaba las leyes andorranas.


Y digo “más grave” porque esa estrategia –destruir reputaciones de políticos rivales filtrando a la prensa informes falsos o fabricados por la propia Policía– estaba avalada desde lo más alto del Ejecutivo, como queda de manifiesto escuchando de su propia boca al ministro del Interior, hablando en su despacho oficial sólo un mes después de aquella intoxicación informativa. Y porque Villarejo es el gran tahúr de la brigada política al servicio de Fernández Díaz, especialista en hacer montajes policiales para extorsionar o desprestigiar a través de sus “infiltrados” en la prensa, como comprobó el entonces alcalde de Barcelona, Xavier Trias.

Pues bien, en estos momentos de tempestad judicial sembrada por los vientos de aquellas operaciones encubiertas, figura que ahora tenemos que fiarnos, precisamente, de lo que ese comisario Villarejo sigue filtrando furiosamente en sus últimos meses antes de la jubilación. Filtraciones que, casualmente, transforman al policía que más odia (el citado Martín-Blas) en único y último responsable de toda esa cloaca de Interior, incluso de la porquería que hicieron circular por el alcantarillado tóxico cuando ese exjefe de Asuntos Internos ya había sido destituido y apartado, por atreverse a detener al pequeño Nicolás, el niño mimado de la brigada política.

Pero la táctica ponzoñosa de Villarejo va mucho más allá: lo que pretende es desmantelar la comisión judicial que el juez Zamarriego ha creado para desentrañar los secretos de aquella cloaca, expuestos a la luz tras la grabación ilegal de la reunión sobre el pequeño Nicolás entre agentes del CNI y el jefe de Asuntos Internos, y (sobre todo) la subsiguiente chapuza de utilizar a los periodistas “infiltrados” para que se la entregasen al famoso chaval-farsante.

Es decir, si esa inexplicable declaración de Higini Cierco acusando exclusivamente a Martín-Blas de las coacciones para forzar un delito de revelación de secretos conduce a la jueza andorrana a enviar una comisión rogatoria pidiendo la comparecencia del comisario para tomarle declaración, entonces la Justicia española podría declararlo imputado (término hoy cambiado por “investigado” para mayor solaz de corruptos). En ese caso, la comisión judicial de Zamarriego volaría en pedazos, ya que Martín-Blas es la pieza clave de esa investigación por sus conocimientos sobre la trama policial mafiosa. Por eso el magistrado lo incluyó en la comisión, lo protegió de las represalias jerárquicas ordenadas desde la cúpula de Interior y le ordenó que no revelase a sus superiores los avances de las indagaciones.

En consecuencia, las intenciones de Villarejo son transparentes: dinamitar la investigación judicial sobre la trama policial, y de paso vengarse de su enemigo jurado. Pero ¿qué está llevando a los dueños de la BPA a colaborar con esa estratagema inconfesable?

Muy sencillo. Ellos también necesitan que se ponga fin a una investigación: la de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional sobre el Banco Madrid (filial de la BPA), que está extrañamente paralizada desde que la Audiencia Nacional trasladara las diligencias a los juzgados madrileños, precisamente a petición de la Fiscalía, que depende jerárquicamente del Ejecutivo y consideró que no existía “insolvencia punible” por parte de la entidad. Así que todo indica que los Cierco lograron, gracias a su colaboración con la brigada política, que se archivara ese presunto delito de insolvencia que afectaba a miles de clientes de su entidad.

El Sepblac abrió su procedimiento inicial en abril de 2014 –aunque la primera causa judicial sobre presuntas operaciones de blanqueo en el Banco Madrid se remonta a 2009 (caso Colapso) y en 2010 ya se habían pinchado los teléfonos de sus directivos– y tardó casi dos años en trasladarlo a la Audiencia y la Fiscalía Anticorrupción… dilación que coincide llamativamente con el periodo en el que la brigada política está prometiendo a los Cierco que se paralizará ese caso si ellos delatan a Pujol.

Más aún, los Cierco siempre han sido considerados en Andorra como “los españoles” de la élite bancaria andorrana –frente a las rancias familias de banqueros locales como los Reig de Andbank o los accionistas de Crèdit Andorrà– y diversas fuentes del Principado afirman que los hermanos de la BPA fueron abandonados a los pies de los caballos por el propio Ejecutivo andorrano, cuyos ministros tienen estrechas relaciones con aquellas estirpes bancarias. Los Cierco están incluso convencidos de que el primer aviso a la Policía española del paradero de la cuenta de Pujol procedió originalmente del propio Andbank… pues allí estuvo el dinero antes de ser traspasado a la BPA, ya que el expresident había operado años antes con la Banca Reig.

Así que ahora se ven obligados a colaborar con la misma trama que los llevó a la ruina, en una nueva maniobra maquiavélica ideada por Villarejo para sacar las castañas del fuego al ministro Fernández Díaz.

¿Conseguirá burlar a la Justicia una vez más?

Carlos Enrique Bayo
uente: Público.es

Bernie Sanders: Doy mi apoyo a Hillary Clinton y otro tanto deberían hacer todos los que me votaron





Bernie Sanders


Han concluido las convenciones y han comenzado oficialmente las elecciones presidenciales. En las primarias, yo conseguí 1.846 compromisarios, un 46% del total. Hillary Clinton consiguió 2.205 compromisarios, el 54%. Logró 602 superdelegados, y yo, 48. Hillary Clinton es la candidata demócrata y yo la apoyaré enérgicamente.

Donald Trump sería un desastre y un bochorno para nuestro país si fuera elegido presidente. Su campaña no se basa en nada substantivo, ya se trate de mejorar la economía, nuestro sistema educativo, la atención sanitaria o el medio ambiente. Su base es la intolerancia. Trata de ganar estas elecciones fomentando el odio contra mexicanos y musulmanes. Ha insultado groseramente a las mujeres. Y como líder del movimiento “birther” [que cuestiona que Obama naciera en los EE.UU. y sea, por tanto, ciudadano norteamericano], ha tratado de minar la legitimidad de nuestro primer presidente afroamericano. No se trata solo de mi punto de vista. Es la perspectiva de una serie de republicanos conservadores.

En estos tiempos difíciles, necesitamos un presidente que una a nuestro país, no alguien que nos divida por raza o religión, no alguien que no sepa entender de qué trata nuestra Constitución.

Prácticamente en todas las cuestiones principales a las que se enfrenta el país y en lo que toca a las necesidades de las familias trabajadoras, las posturas de Clinton son netamente superiores a las de Trump. Nuestras dos campañas han trabajado conjuntamente para elaborar el programa más progresista de la historia de la política norteamericana. La campaña de Trump ha redactado uno de los documentos más reaccionarios.

Clinton comprende que [la decisión judicial sobre] Citizens United ha socavado nuestra democracia. Nombrará jueces que estén preparados para revocar esa decisión del Tribunal Supremo, que hizo posible que los multimillonarios compraran las elecciones. Sus nombramientos para el tribunal preservarán el derecho de las mujeres en materia de aborto, los derechos de los trabajadores, los derechos de la Comunidad LGBT, las necesidades de las minorías y los inmigrantes y la posibilidad de que el Gobierno proteja el medioambiente.

Trump, por su parte, ha dejado claro que sus nombramientos para el Tribunal Supremo preservarían la mayoría derechista de la corte.

Clinton comprende que en una economía global competitiva, nos hace falta tener la mano de obra más preparada del mundo. Ella y yo hemos colaborado en una propuesta que revolucionará la educación superior en Norteamérica. Garantizará que los hijos de cualquier familia de este país con ingresos por debajo de los 125.000 dólares anuales – el 83% de nuestra población – pueda acudir a a un colegio universitario o universidad públicos de matrícula gratuita. Esta propuesta reduce también de modo substancial la deuda estudiantil.

Trump, por contraposición, apenas sí ha dicho una palabra sobre educación superior.

Clinton comprende que en una época de ingentes ingresos y desigualdad de riqueza, resulta absurdo ofrecer enormes exenciones fiscales a los muy ricos. Trump, en cambio, quiere que las familias multimillonarias como la suya disfruten de cientos de miles de millones en nuevas exenciones fiscales.

Clinton se da cuenta de que el cambio climático va de versa, lo causa la actividad humana y es una de las grandes crisis medioambientales que afronta nuestro planeta. Sabe que debemos transformar nuestro sistema energético apartándonos de los combustibles fósiles y pasando de modo contundente a la eficiencia energética y la energía sostenible.

Trump, por el contrario, y como la mayoría de los republicanos, rechaza la ciencia de casi todos los principales investigadores en este campo. Cree que el cambio climático es un “fraude” y que no hay necesidad de encararlo.

Clinton entiende que este país tiene que ir hacia una sanidad universal. Quiere ver que todos los norteamericanos tienen derecho a escoger una opción pública en su atención sanitaria, que cualquier persona de 55 años o más debería poder optar a Medicare, y que debemos mejorar enormemente la atención sanitaria primaria mediante una expansión considerable de los centros de salud comunitaria. Quiere rebajar asimismo el coste escandalosamente elevado de los medicamentos recetados.

¿Y cuál es la postura de Donald Trump sobre la atención sanitaria? Quiere abolir la Ley de Atención Asequible [el llamado Obamacare], dejar a veinte millones de personas sin el seguro sanitario del que actualmente disfrutan y recortar el Medicaid de los norteamericanos de bajos ingresos.

Durante las primarias, mis partidarios y yo iniciamos una revolución política para transformar Norteamérica. Esa revolución continúa cuando Hillary Clinton trata de llegar a la Casa Blanca. Y continuará después de las elecciones. Continuará hasta que creemos un gobierno que nos represente a todos y no sólo al 1%, un gobierno basado en el principio de la justicia  económica, social, racial y medioambiental.

Comprendo que muchos de mis partidarios estén decepcionados por los resultados finales del proceso de designación del candidato, pero mostrarse abatidos e inactivos no va a mejorar nada. Seguir adelante y continuar la lucha es lo que importa. Y en esa lucha, la tarea más inmediata que afrontamos consiste en derrotar a Donald Trump.
Bernie Sanders
senador por el estado de Vermont y, hasta la reciente convención de Cleveland, candidato a la designación para concurrir a la carrera presidencial norteamericana por parte del Partido Demócrata.
Fuente original: Los Angeles Times, 5 de agosto de 2016
Traducción:Lucas Antón
Fuente: SinPermiso

jueves, 1 de septiembre de 2016

Cuatro posibilidades que evitarían otra repetición electoral



Ignacio Escolar

El primer intento de Mariano Rajoy ha fracasado y lo más grave para el candidato del PP es que no se ven muchas opciones para que la investidura vuelva a encarrilar. A ello ha contribuido, y mucho, el propio presidente en funciones y su penosa actuación. Con sus intervenciones en el debate, entre faltonas y chistosas, con su lamentable discurso del martes, el candidato ha llenado de argumentos a esa mayoría absoluta de 180 escaños que hoy le ha dicho que no; que la cámara donde reside la soberanía nacional no traga con esta supuesta regeneración encabezada por un  mentiroso con las manos manchadas de corrupción.

Ha fracasado el primer intento de investidura Rajoy y también se ha complicado la 'operación responsable'; esas presiones de la derecha y el poder económico que pretenden rendir a los dirigentes del PSOE para que arruinen completamente la credibilidad de su partido y permitan gratis la investidura de Mariano Rajoy. Después de lo visto en el Parlamento, Pedro Sánchez lo tiene mucho más fácil para seguir diciendo que no, que no va a incumplir lo que prometió a sus votantes, que no va a dar La Moncloa al presidente indecente de los sobres y la caja B.

Las presiones a Pedro Sánchez para que su partido se abstenga, por supuesto, seguirán. La mayor parte de la prensa continuará golpeando al líder del PSOE para que dé su brazo a torcer. Pero creo muy improbable que Sánchez vaya a ceder por muchos editoriales o encuestas que le aticen, no solo por coherencia con todo el discurso que ha defendido hasta hoy. También porque en ello le va su propia supervivencia política, y porque en la dirección del PSOE creen que una repetición electoral no tiene por qué irles mal.

¿Vamos inevitablemente a unas nuevas elecciones? Hoy es más probable que hace una semana pero hay también otras opciones que podrían suceder.

1. Un golpe interno en el PSOE

Es la jugada con la que sueña el PP, la que ahora alentará desde la prensa y en la que ya están una parte de los dirigentes socialistas, con Felipe González a la cabeza de la manifestación: echar a Pedro Sánchez de la secretaría general. El éxito o fracaso de la operación dependerá en gran medida de lo que ocurra en las próximas elecciones gallegas y vascas del 25 de septiembre. Si a los socialistas les va muy mal, los rivales internos de Sánchez –que no son pocos– tendrán más argumentos para dar un golpe interno en un comité federal.

Matar a Sánchez tampoco será tan fácil como creen en el PP porque después de esa batalla vendrá el congreso del PSOE y los líderes que defiendan la rendición ante Rajoy lo tendrán complicado después para ganarse a los militantes socialistas en las primarias del partido. Pero es bastante probable que al menos lo vayan a intentar.

2. Un pacto del PP con el PNV

Esto también tendría que esperar a que pasen las elecciones vascas y ni siquiera así se garantiza el éxito. Seguirá faltando un diputado más, pero los argumentos para llevar al PSOE a la abstención aumentarían mucho con un empate a 175; lo mismo así  el famoso diputado canario pierde el avión. ¿Se puede meter en el mismo pacto al nacionalismo vasco y al español? No lo descarten. Si Ciudadanos ha tragado con Rajoy, tragar con el cupo vasco es un precio bastante inferior.

3. Un Gobierno sin el PP

Tampoco es descartable, pero alguien tendría que ceder. Siguen presentes dos vetos cruzados que por ahora impiden cualquier gobierno alternativo al del PP. El primero, el veto que mantiene Ciudadanos con Podemos (y viceversa) para una investidura a tres como la que propone ese manifiesto que tanto ha circulado estos días. El segundo, el veto que mantiene el PSOE con los independentistas (y viceversa) con la cuestión del referéndum catalán, y que impide ese gobierno de izquierdas que plantea Unidos Podemos.

¿Puede cambiar alguno de estos dos vetos cruzados y que haya un pacto de investidura sin el PP? Hoy parece imposible pero a medida que pasen las semanas los vetos pueden saltar. Dependerá de cuánto miedo tenga cada uno de los partidos a otra repetición electoral.

4 Un Gobierno del PP sin Rajoy

Ana Pastor logró la investidura como presidenta del Congreso con el actual reparto de escaños. Es algo que no habrían conseguido otros nombres que salieron en la negociación, como el ministro Jorge Fernández o María Dolores de Cospedal. Sin duda, otro candidato menos intragable en el PP permitiría al PSOE o a la mayoría conservadora que ya existe en el Parlamento justificar una abstención. Pero es prácticamente imposible que tal cosa ocurra por dos motivos: porque Mariano Rajoy en ningún caso se va a rendir y porque no hay nadie que le pueda echar en su partido. En el PP no hay cómo dar golpes internos: los estatutos que diseñaron Aznar y Fraga blindan el poder presidencial.

Lo que sí es probable que ocurra es que el PSOE cambie de estrategia y ofrezca el siguiente pacto envenenado al PP: abstenerse a cambio de una serie de concesiones y que la primera de todas ellas sea que no siga Mariano Rajoy.

Por supuesto, el PP no aceptará esta codición porque en el PP todas las decisiones las toma el propio Rajoy. Pero si el presidente en funciones antepone su supervivencia política al interés de su partido y de su país, ese que “tan urgentemente” necesita un Gobierno, ¿cómo justificar después que la culpa de la repetición electoral es  “de los demás, que son los malos” y no le quieren votar?

Fuente: eldiario.es

Brasil después de la democracia




Qué rumbo tomará el descontento popular



Ignacio Díaz
América XXI


¿Y ahora qué? La pregunta resuena en cada rincón de América Latina. La incógnita por el futuro del país más grande de la región está instalada en casi todas las sedes de gobierno del mundo y miles de organizaciones políticas y sociales intentan anticipar las consecuencias de lo que ha ocurrido. Un proceso de impeachment (jui­cio político) sin base jurídica llegó hasta la última instancia, puso al mando del país a un Presidente no electo y revirtió una deci­sión tomada en las urnas por 54 millones de personas hace menos de dos años.

La clausura de esa instancia política fundamental, pese a la notoria pérdi­da de popularidad de quien fue electa presidente, Dilma Rousseff, plantea un dilema central para el futuro nacional y latinoamericano. Si las democracias bur­guesas se sostienen en base al voto de los ciudadanos casi como única instan­cia de participación popular, ¿por dónde se canalizará el descontento social sin esa posibilidad?

El sistema político brasileño está atra­vesado por la corrupción, como mues­tran los avances judiciales del proceso denominado Lava Jato, y cada vez se aleja más del grueso de la población, que reclama elecciones anticipadas para ele­gir un nuevo presidente. Michel Temer apenas tiene el apoyo de entre el 10 y 14% de los brasileños según encuestado­ras pero, sin haber sido elegido, podría ocupar el cargo máximo del país hasta el 1 de enero de 2019.

Giro político

El débil gobierno al mando del país se propone tareas de gran magnitud e impo­pularidad, que probablemente deterioren aún más su pequeña base de sustentación social. La silbatina masiva que recibió en la inauguración de los Juegos Olímpicos en el estadio Maracaná de Río de Janeiro y lo hizo desistir de participar de la cere­monia de cierre junto al primer ministro japonés Shinzo Abe (Tokio será la próxi­ma sede olímpica) le demostró a Temer que su punto de partida es el repudio ge­neralizado.

Su objetivo no es sin embargo ganar apoyos masivos, aunque necesita garanti­zarse un margen mínimo de gobernabili­dad. La Federación de Industrias de San Pablo (Fiesp) y otras importantes organi­zaciones empresariales, los grandes capi­tales extranjeros (“los mercados”) y fuer­zas políticas de derecha como el Partido de la Social Democracia Brasileña (Psdb) son sus verdaderos apoyos. A cambio, debe llevar adelante los planes de ajuste que le exigen. Por eso el Psdb no afloja la presión y llevará hasta el final su denuncia ante el Tribunal Supremo Electoral contra la candidatura Rousseff-Temer de 2014 por financiamiento ilegal, que en última instancia podría anular el resultado de la elección. No buscan eso, pero reclaman un mayor ajuste fiscal.

Temer tendrá su primera presenta­ción internacional el 4 y 5 de septiembre en China, en la cumbre del G-20. Allí bus­cará celebrar reuniones bilaterales, firmar nuevos acuerdos comerciales con China y captar inversiones extranjeras. Irá con un anzuelo: el amplio plan de privatizaciones que prevé anunciar e implementar para reducir el elevado déficit fiscal, agravado desde la suspensión de Dilma.

Después, en Brasilia, se discutirá el centro del programa que burló las urnas. Tres proyectos fundamentales llegarán al Congreso en cuanto sea posible: las refor­mas laboral y jubilatoria y una enmienda constitucional para impedir el aumento real del gasto público. Los contenidos: aumento en diez años de la edad mínima jubilatoria y en cinco años el tiempo ne­cesario de las contribuciones; reducción de derechos laborales como el aguinaldo, horas extras, vacaciones, duración de la jornada; prohibición constitucional del crecimiento del gasto real en educación, salud y viviendas durante 20 años. “Va a imponer que las reglas del trabajo sean firmadas solo entre las dos partes, obreros y patrones. Y promete aprobar una ley en el Congreso que libere la venta de tierras al capital extranjero”, advirtió el fundador del Movimiento Sin Tierra (MST), João Pedro Stedile.

A esto hay que sumarle medidas con­cretas contra la agricultura familiar; obligatoriedad de pagar planes de salud; cierre de las fronteras a los refugiados si­rios; recortes en programas educativos; eliminación de la exclusividad de Petro­bras para la explotación de los yacimien­tos de petróleo en aguas profundas; re­tiro del paquete de leyes anticorrupción enviado por Dilma al Congreso.

Otro giro de envergadura se desenvuel­ve ya en el campo de la política interna­cional. Durante los gobiernos de Lula y Dilma, Brasil confrontó a Estados Unidos en la región, apoyó la incorporación de Venezuela al Mercosur, trabajó en la edi­ficación de Unasur y fundó el grupo Brics junto a China, Rusia, India y Suráfrica. Con José Serra –del Psdb– en la cancille­ría, Brasilia se desplaza nuevamente hacia la órbita de Washington.

Obstáculos sociales

En este nuevo escenario la cuestión clave a dilucidar es cuánto margen social tiene Temer para encarar las medidas que se le exigen, más allá de tener el apoyo de ambas cámaras en el Congreso. Has­ta ahora, decenas de fuerzas sindicales, estudiantiles y campesinas –entre otras– vinculadas al Partido de los Trabajadores (PT) y otros sectores de izquierda se han organizado en torno al Frente Brasil Po­pular, para formar una gran alianza “en defensa de la democracia y de otra políti­ca económica”. Si bien su objetivo inme­diato fue enfrentar el golpe parlamentario con fachada institucional, se reunieron en torno a cuatro puntos: defensa de los de­rechos de los trabajadores; ampliación de la democracia y la participación popular; campaña por reformas estructurales (del Estado, política, del poder judicial, de la seguridad pública, de los medios de co­municación, agraria, urbana, de salud, de la educación y tributaria) y defensa de la soberanía nacional.

Otra alianza de organizaciones, pero sin la presencia formal del PT, es el Frente Pueblo Sin Miedo. Ambos ya tienen casi un año de existencia y tienden a la con­fluencia. Sin embargo todavía no ha ha­bido grandes movilizaciones de masas y, pese a la creciente insatisfacción social, los que salen a las calles por ahora son sólo los militantes.

Ante la posibilidad del llamado a una huelga general, Stedile explicó que “el movimiento sindical encuentra dificultades. Hace 28 años no se realiza en el país una huelga política y la clase obrera, muy joven, no tiene experiencia. Por eso esta­mos discutiendo con las bases la practici­dad de una huelga general”. Pero advirtió que “la lucha de los campos se intensifica­rá”, con crecientes movilizaciones y ocu­paciones de tierras. “Hay un proyecto de ley para liberalizar la venta de las tierras brasileñas al capital extranjero. Los movi­mientos campesinos han amenazado que si el proyecto se convierte en ley, cada ha­cienda vendida al capital extranjero será inmediatamente ocupada”, desafió.

Pese a las dificultades y la fragmenta­ción actual, las condiciones para la re-emergencia del movimiento popular bra­sileño ya están dadas y su poder potencial es demasiado grande para un gobierno que carece de apoyos significativos en la población. Aunque en lo inmediato no se espera una explosión social que revierta la acción del Congreso, no se puede descar­tar una salida anticipada de Temer.

Otro frente para el ex vicepresidente de Dilma es el judicial. Si bien la ley protege al Presidente contra cualquier denuncia por delitos cometidos antes de asumir el car­go, la declaración del empresario Marcel Odebrecht (de la constructora más grande del país) en el caso Lava Jato amenaza con reducir todavía más la popularidad de Temer, que le habría pedido dinero para la campaña de 2014, canalizado ilegalmente a través de Petrobras. Su círculo de fun­cionarios también puede sucumbir ante las delaciones de los “arrepentidos”. Entre ellos José Serra, acusado por el empresario de recibir 23 millones de reales “por fuera” para su campaña presidencial de 2010.

Pese a todo, una de las ruedas institucio­nales sigue su movimiento y los partidos ya están en campaña para las elecciones municipales del 2 de octubre. A un mes de la votación, predominan las denuncias cru­zadas de corrupción y otros delitos contra una larga lista de candidatos. Será la pri­mera vez que los partidos se sometan a las urnas desde que las investigaciones judi­ciales por corrupción salpicaron a miem­bros de casi todas las fuerzas políticas. La prueba es importante para el PT, el Psdb y el Pmdb de Temer. Para el partido de Lula, al que algunos exigen que se lo declare ile­gal, el eje está puesto ahora en la moviliza­ción social.

Obstáculos económicos

La continuidad de la recesión, con una caída del PIB estimada en 3,5% para este año, el desempleo por encima del 11% y el alto déficit fiscal ensombrecen los pro­nósticos favorables que busca instalar el gobierno de Temer. Según el presidente en funciones la economía ya da “señales de recuperación”, las empresas y familias elevan la confianza y en 2017 Brasil vol­verá a crecer. Una de las señales serían las ganancias que los capitales financieros es­tán obteniendo en la Bolsa de San Pablo. Otra es la fuerte apreciación del real frente al dólar durante los últimos ocho meses.

La principal exigencia empresarial es la reducción del déficit. Pero el Pmdb profundizó el rojo de las cuentas fiscales al aumentar salarios de funcionarios pú­blicos y jueces y multiplicar la cantidad de cargos para nombrar en el Congreso, con la inconfundible intención de garan­tizar el avance y aprobación definitiva del proceso de impeachment. Este año el déficit no bajará de los 170 mil millones de reales (53 mil millones de dólares) y la meta para 2017 es llevarlo a 139 mil millones de reales (43 mil millones de dólares) con los ingresos que se esperan de las privatizaciones.

En el terreno industrial, la producción fabril aumentó 1,1% de mayo a junio, pero registró una caída interanual de 6% y una baja semestral de 9% según información oficial. Datos de julio mos­traron el desplome de la producción de automóviles: 15,3% en doce meses por una merma de 20,3% en la demanda de nuevos vehículos.

Los 12 millones de brasileños desem­pleados y los 10,3 millones a los que se considera “trabajadores informales”, incluyendo los que pasan el día en los semáforos, y ganan hasta medio salario mínimo (440 reales) siguieron creciendo en los últimos meses, según datos de la FGV.

Pese a la falta de empleos, Temer cortó de inmediato el plan de vivienda guberna­mental, que procuraba construir dos mi­llones de casas en dos años y generar 1,3 millones de empleos, según cálculos de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

Futuro del PT

El 16 de agosto Dilma y Lula fueron for­malmente imputados y serán investigados por “obstrucción de la justicia” en el caso Lavo Jato, que develó el esquema de sobor­nos pagados por grandes constructoras con eje en la estatal Petrobras. La acusación seña­la que estaban al tanto del sistema de coimas y quisieron bloquear las investigaciones.

Lula eligió apostar a una campaña inter­nacional para denunciar una persecución política y judicial en su contra, cuyo fin se­ría impedir su candidatura en 2018. Busca reconstruir el PT desde la movilización de las bases en las calles.

Dilma decidió enfrentar a los senado­res y dar un mensaje público al pueblo brasileño en apoyo a la convocatoria a elecciones anticipadas. Propuso un pac­to por la unidad nacional, el desarrollo y la justicia social como “único camino para salir de la crisis” y sostuvo el lema “ni un derecho menos”. También habló del “agotamiento del sistema político” y planteó que es necesario “superar la frag­mentación de los partidos, transparentar el financiamiento electoral, fortalecer la fidelidad partidaria y dar más poder a los electores”. Por último, defendió con ar­gumentos claros su honestidad y señaló la ilegalidad del impeachment, pero no hizo autocrítica sobre el rumbo que im­primió a su gobierno el año pasado tras dar la espalda a sus votantes.

¿Se recuperará el PT de este último golpe? Es la gran incógnita. Y no sólo para Brasil. El partido estaba debilitado, desmotivado y desmovilizado hace tiempo. Su posibilidad de resurgir depende ahora de la reacción social que provoquen el golpe y el nuevo programa de gobierno.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

China y Siria


Aunque se desconoce su verdadero contenido, hoy se sabe que las fuerzas armadas de la República Popular China y de la República Árabe Siria concluyeron un acuerdo que modifica simultáneamente el campo de batalla y el equilibrio de las relaciones internacionales. Los servicios secretos anglosajones divulgaron el pasado año toda una serie de falsedades absurdas sobre ese tema. En este trabajo, Thierry Meyssan pasa en revista la significación de dicho acuerdo.


por Thierry Meyssan


A pesar de haberse producido en el marco de una serie de contactos con el conjunto de los países de la región, la presencia en Siria del almirante Guan Yufei, jefe del nuevo Departamento de Cooperación Militar Internacional de las fuerzas armadas chinas, ha despertado inquietud en Occidente. Por el momento, según el acuerdo firmado, las fuerzas armadas de la República Popular China se comprometieron solamente a formar en China a miembros de los servicios de salud de las fuerzas armadas de la República Árabe Sirio. Pero todo el mundo intuye que este acuerdo puede ser la parte visible del iceberg dado el hecho que ya hace 4 años que la mitad de los médicos militares sirios se forman en China. Aunque se ignora lo que realmente se decidió durante la visita, la mera existencia de este acuerdo constituye un cambio de naturaleza estratégica.

En efecto, durante los últimos 5 años, la República Popular China se abstuvo de asumir cualquier forma de cooperación que pudiese ser interpretada en Washington como una ayuda de carácter militar. Y no sólo se abstuvo de toda entrega de armamento sino incluso de proveer a Siria algún tipo de equipamiento civil indispensable en el tipo de conflicto que enfrenta este último país, como el equipamiento capaz de detectar la existencia de túneles.

Independientemente de la enorme envergadura económica actual de Pekín, muchos recuerdan probablemente que, a inicios de 2012, Rusia había firmado con Siria un acuerdo similar, documento que ya prefiguraba la asistencia militar rusa iniciada 3 años y medio más tarde. ¿Será que China está preparando su propio despliegue?

Es muy probable que la respuesta dependa de la rapidez del despliegue estadounidense en el Mar de China y de las provocaciones de los aliados de Washington en la región.

En todo caso, el interés de China por Siria data de la Antigüedad y la Edad Media. La célebre Ruta de la Seda atravesaba el Asia Central y pasaba por Palmira y Damasco antes de bifurcar hacia Tiro y Antioquía. Exceptuando la pagoda representada en los mosaicos de la Gran Mezquita de los Omeyas, en Damasco, poco queda actualmente de aquella lejana cooperación comercial. Pero el presidente chino Xi Jinping ha convertido en principal objetivo de su mandato la recuperación de esa vía de comunicación y la creación de una segunda Ruta de la Seda a través de Siberia y Europa.

El otro gran interés de Pekín es la lucha contra el Partido Islámico de Turquestán, afiliado sucesivamente a al-Qaeda y al Emirato Islámico (Daesh). Hoy existe un barrio uigur [1] en Raqqa, ciudad siria actualmente bajo control del Emirato Islámico, y este último incluso publica un diario especialmente dirigido a los miembros de ese Partido.

Los miembros de ese grupo se vinculan con la Orden de los Naqchbandis, una congregación sufista en la que fue líder el ex Gran Muftí de Siria, Ahmad Kuftaru. En 1916, varias logias de esa orden se acercaron a la Hermandad Musulmana, bajo influencia de los servicios secretos anglosajones, la CIA y el MI6. Los Naqchbandis participaron así en la creación de la Liga Islámica Mundial, por parte de Arabia Saudita, en 1962. En Irak, los Naqchbandis se organizaron alrededor de Izzat Ibrahim al-Duri y respaldaron el intento de golpe de Estado organizado en Siria por la Hermandad Musulmana, en 1982. En 2014, proveyeron 80 000 combatientes al Emirato Islámico. En Turquía, los Naqchbandis crearon la Milli Gorus, entre cuyos responsables se hallaba un tal Recep Tayyip Erdogan. Fueron también los Naqchbandis quienes organizaron, en los años 1990, los movimientos islamistas surgidos en el Cáucaso ruso y en la región de Xinjiang, en China.

Incluso más que los rusos, los chinos necesitan datos de inteligencia sobre ese movimiento y sobre la manera cómo Washington y Londres lo controlan. En 2001, los chinos creyeron, erróneamente, que los anglosajones habían cambiado después de los atentados del 11 de septiembre y que colaborarían entonces con la Organización de Cooperación de Shanghai en materia de lucha contra el terrorismo. Hoy en día, 15 años después, ya saben que Siria es un auténtico amigo de la paz.

Thierry Meyssan
Fuente: Al-Watan (Siria) - Red Voltaire

Y hubo golpe en Brasil


Fuertes protestas en todo Brasil tras la destitución de Roussef f . EFE


Emir Sader

Ha sido a través de un golpe blando tras los experimentos exitosos de Honduras y Paraguay. Derrotada en cuatro elecciones consecutivas, la derecha brasileña organizó un impeachment sin ningún fundamento, contando con la traición del vicepresidente Michel Temer, elegido dos veces con el programa del PT, pero dispuesto ahora, ya como nuevo presidente, a aplicar el programa de recortes derrotado cuatro veces en las urnas.

Valiéndose de la mayoría parlamentaria elegida, en gran medida, con los recursos financieros de Eduardo Cunha, el reconocido unánimemente como el más corrupto entre todos los corruptos de la política brasileña, la derecha ha tumbado a Dilma Rousseff, una presidenta reelegida por 54 millones de brasileños, sin que se presentaran verdaderos argumentos para el impeachment. Es el nuevo modo de golpe de Estado que la derecha ha configurado en América Latina.

Es cierto que la democracia no tiene una larga tradición en Brasil. En las últimas nueve décadas, sólo ha habido tres presidentes no militares, elegidos por el voto popular, que han concluido sus mandatos. A lo largo de casi tres décadas no ha habido presidentes escogidos en elecciones democráticas. Desde 1930, lo que es considerado el Brasil contemporáneo, con la revolución de Vargas, la mitad del tiempo se han sucedido presidentes salidos del voto popular con presidentes que no han sido elegidos. Recientemente, Brasil sufrió una dictadura militar que duró 21 años, más otros cinco de Gobierno de Jose Sarney, que no fue elegido en las urnas, sino por un Colegio Electoral nombrado por la dictadura, lo que suman 26 años seguidos sin presidentes elegidos democráticamente.

Sin embargo, en este siglo Brasil estaba viviendo una democracia con contenido social, aprobada por la mayoría de la población en cuatro elecciones sucesivas. Y, precisamente, cuando la democracia estaba ganando consistencia, la derecha ha demostrado que es algo que no puede soportar. Es lo que ha pasado con el golpe blando actual, institucional o parlamentaria, pero golpe al fin y al cabo. En primer lugar porque no se han dado argumentos sólidos para suspender a Dilma Rousseff. En segundo, porque el vicepresidente, todavía como interino, empezó a poner en marcha no el programa con el cual había sido y elegido, sino el programa de la derecha, derrotado cuatro veces en las urnas. Es un verdadero asalto al poder por parte de los políticos corruptos más descalificados que ha tenido Brasil. Políticos que han perdido elecciones de forma sucesiva, se convierten ahora en ministros o en presidente de la Cámara de Diputados, lo cual no sería posible por el voto popular, sólo por un golpe.

¿Qué es lo que espera a Brasil ahora? En primer lugar, una inmensa crisis social. La economía, en recesión desde hace por lo menos tres años, sufrirá los efectos del peor ajuste fiscal que el país ha conocido. El fantasma de la estanflación se vuelve realidad. Un Gobierno sin legitimidad popular, aplicando un duro ajuste en una economía en recesión, va a provocar la peor crisis económica, social y política del país. El golpe no es el final de la crisis, sino su profundización.

La suspensión de Dilma Rousseff es una derrota, la conclusión del período político iniciado con la primera victoria de Lula, en 2002. La derecha, aunque haya controlado el control del Estado, tiene muy poca fuerza para consolidar su Gobierno. Se enfrentará no sólo a la crisis, sino también a un movimiento popular revigorizado y al liderazgo de Lula. Brasil volverá ser un escenario de grandes disputas políticas. El Gobierno golpista intentará llegar a 2018 con el país deshecho, intentado impedir que Lula se convierta en candidato a la Presidencia y reprimiendo las movilizaciones populares. El movimiento popular, por su parte, debe ahora reformular su estrategia, desarrollar nuevas fórmulas amplias y combativas de movilización para que el Gobierno golpista sea un paréntesis más en la historia de Brasil.

Emir Sader: es profesor universitario brasileiro, autor, entre otros, de 'El nuevo topo - Los caminos de la izquierda latinoamericana' (Ed. El Viejo Topo).El sueño que la derecha brasileña tenía desde 2002 se ha hecho por fin realidad. En 2005 ya intentó derrocar a Lula con un proceso de impeachment que no prosperó. En 2006, 2010, 2014 fue derrotada en las urnas. Ahora ha encontrado la fórmula apropiada para acabar con los Gobiernos del PT, sobre todo cuando sabía que seguiría perdiendo elecciones con Lula como próximo candidato.

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