martes, 2 de agosto de 2016

Cuándo y por qué se jodió la socialdemocracia europea






Yanis Varoufakis 09/12/2012

Resumen de la intervención de Yani Varoufakis en el Foro Kreisky, Viena, 5 diciembre de 2012.

En los 80 y en los 90, la izquierda europea (y señaladamente, la socialdemocracia) abandonó la idea de que los mercados laboral, financiero e inmobiliario son profundamente ineficientes, siendo la desigualdad un mero producto lateral de su ineficiencia; un producto lateral que, no obstante, retroalimenta y aun exacerba la ineficiencia y la inestabilidad de cualquier sociedad capitalista que se permite descansar en el “libre” funcionamiento de esos tres (problemáticos) mercados. La izquierda europea, en la época del nacimiento del Minotauro Global (es decir, desde finales de los 70 hasta 2008) fue olvidando cada vez más que:

- cuanto más financiarizado está el capitalismo;

- cuanto más el trabajo es tratado como cualquier otra mercancía;

- cuanto más descansan nuestras sociedades en las burbujas inmobiliarias como fuentes de renta y de deuda;

- tanto más inestable, abocado a las crisis y, finalmente, incivilizado se vuelve el capitalismo.

El capitalismo experimentó su apogeo bajo personajes como Kreisky: políticos que entendieron cabalmente la verdad que se acaba de enunciar; dirigentes de todo punto escépticos con el capitalismo; gentes que comprendieron la importancia de mantener a raya y en mínimos la financiarización, la explotación del trabajo y las burbujas inmobiliarias.

Queda, pues, la cuestión: ¿cómo pudo la izquierda europea abandonar esos caros principios de Bruno Kreisky, de Willie Brandt y de Olof Palme? ¿Por qué ha caído la izquierda europea ante la teoría económica y la política tóxicas de nuestro tiempo? (La SPD de nuestros días, por ejemplo, vota a pies juntillas todo lo que propone la señora Merkel, sea lo que fuere.)

Mi esbozo de respuesta es esta: la izquierda Europa cayó en el viejo truco tramposo del Minotauro Global. Vio los ríos de dinero privadamente acuñado que estaba imprimiendo el sector financiero (mientras el trabajo era exprimido y se disparaban los precios de los bienes raíces), y pensó que podría hacerse con parte del botín ¡para poner por obra políticas socialdemócratas! En vez de seguir centrándose en los beneficios industriales como fuente para financiar programas sociales, lo socialdemócratas creyeron que podían abrevar en los ríos de efectivo generado en el contexto de la financiarización. Dejemos libres a las finanzas para hacer lo que les de la gana, y luego hagámonos con una parte de sus ganancias para financiar el Estado de bienestar. Ese fue su juego, y por un tiempo, les resultó una idea mejor, más moderna y a la moda, que tener que andar constantemente a estricote con los industriales, buscando cargarlos de impuestos para poder redistribuir. En cambio, los banqueros hacían las cosas fáciles. Tan pronto como el político “de izquierda” les dejaba hacer lo que les daba la gana, se sentían éstos felices de darle algunas migas de la gargantuesca mesa en que celebraban sus banquetes.

En efecto, algunos de esos socialdemócratas fueron, durante cierto tiempo, financiados por el sector financiero harto generosamente para que pudieran llevar a cabo sus programas de bienestar (lo que explica, por ejemplo, el considerable impulso del gobierno de Blair al gasto público, o programas similares en la España del gobierno del PSOE, etc.). Ello es, sin embargo, que para poder acceder a ese pequeño hilillo del torrente de la financiarización y financiar programas sociales, los socialdemócratas tuvieron que tragarse, entera, la lógica de la financiarización, no sólo el anzuelo y el señuelo, sino la línea entera, y aun el flotador. Tuvieron que rendir su inveterada desconfianza respecto de los desembridados mercados financieros, laborales e inmobiliarios. Tuvieron que suspender las facultades de su juicio crítico. Y así, cuando en 2008 los tsunamis del capital generados por Wall Street, la City y Francfort arrasaron con todo, la bancada socialdemócrata de la política europea carecía ya de las herramientas analíticas y de los valores morales necesarios para someter a escrutinio crítico el sistema colapsado. Estuvieron, pues, prontos a la aquiescencia, a la capitulación total, frente a los remedios tóxicos ofrecidos por la derecha (por ejemplo, los rescates bancarios), remedios cuyo inconfundible propósito no es otro que sacrificar al pueblo trabajador, a los desempleados y a los vulnerables en beneficio de los financieros. El resto es una triste e interminable historia.

Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, está a punto de ser publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro


Fuente:
http://yanisvaroufakis.eu/2012/12/07/at-the-kreisky-forum-why-have-europes-social-democrats-surrendered-to-the-toxic-logic-of-current-policies/


El origen franquista de nuestro bipartidismo





Sociología crítica

 Carlos Sirera

Publicado en Comunia / 31 de julio de 2016

La famosa sentencia de John Maynard Keynes de que las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando están en lo cierto como cuando yerran son más poderosas de lo que comúnmente se cree, porque el mundo es gobernado por poco más es una pálida verdad que olvidamos la mayoría de ocasiones. La capacidad de las palabras y, más importante, de los símbolos e imágenes para representar nuestras sociedades y condicionar nuestro comportamiento es fundamental para mantener la legitimidad de los sistemas políticos, porque son nuestras convicciones. Estamos convencidos por argumentos y pruebas y esas convicciones son tanto de carácter científico como de carácter moral, porque, como expliqué en otra ocasión al tratar el problema de la posmodernidad, del conocimiento siempre se deriva un dilema ético. Las angustias de Kant siguen siendo las nuestras.

Por esa razón, el poder de los académicos para tejer y reconfigurar países es mayor del que podemos concebir y, cuando éstos saben escribir oportunamente las tesis que son gratas a los dirigentes políticos y diseminarlas por todo el mundo intelectual, la verdad puede ser totalmente reconstituida hasta un punto que sólo las crisis que quiebran todas aquellas convicciones demostradas más allá de toda duda, las famosas aporías, permiten ver el torpe zurcido bibliográfico que justifica las barbaridades más grotescas.

En este sentido, un sastre de excepción fue Juan José Linz Storch de Gracia, a quien dediqué mi última conferencia en el congreso de la European Society for the History of the Human Sciences celebrado en la Universidad Autónoma de Barcelona el pasado junio. Linz es, principalmente, conocido por su trabajo de limpieza de la dictadura franquista en el artículo An Authoritarian Regime: The Case of Spain publicado en su primera versión en 1964 en Erik Allardt and Yrjo Littunen, eds, Cleavages,Old ideologies and Party Systems. Allí acuñaría su expresión de régimen autoritario como sistema político de pluralismo político limitado e iniciaría la carrera que le dio fama internacional de separar teóricamente sistemas autoritarios (dictadores que son nuestros hijos de puta) de sistemas totalitarios (dictadores que no son nuestros hijos de puta) para dar una carga científica y ética a la política exterior de los Estados Unidos. No voy a desmontar en este post la inconsistencia de esa taxonomía por no agotar al lector, aunque, creo, era la parte de mis cursos que los estudiantes de Ciencias Políticas de la UV más disfrutaban.

Por el contrario, nos vamos a centrar más en el argumento de la representación política. Según Linz, en el régimen operaban familias políticas separadas, más que por ideologías, por mentalidades respecto de un consenso programático cuya legitimidad fundamental del régimen no se cuestionaba. A partir de ahí, estudió el fracaso de Falange como partido único de corte totalitario en From Falange to Movimiento-Organizacion: The Spanish Single Party and the Franco Regime, 1936-68 aparecido en Samuel P Huntington and Clement FI. Moore, eds., Authoritarian Politics in Modern Society: The Dynamics ol Established One-Party System, 1970, que explicaría la importancia de la Iglesia Católica como organización paralela e independiente del Estado con sus propias agrupaciones y asociaciones. Finalmente, en su puesta al día de 1975 de su artículo de 1964 titulada Una revisión de los regímenes autoritarios daría más peso e importancia a los espacios de la oposición tolerada al régimen.

Es decir, en once años conceptualizó cómo era el pluralismo limitado del franquismo, definió a sus agentes y en 1975 incluso incorporó a la oposición en ese espacio político. Agentes que, si bien no eran descritos en detalle o retratados, podían agruparse sobre el eje Falange-Estado/Iglesia o Secularismo/Religión. En realidad, el franquismo era un sistema bipartidista.

De hecho, Linz era un gran conocedor de las luchas de poder entre estas facciones dentro del régimen. Hijo de un destacado empresario alemán nazi, muerto en accidente de coche en 1933, emigró con su madre a España en 1936 y se matriculó en 1943 en Leyes y en la primera promoción de Economía y Ciencias Políticas (¡sí, fue el primer politólogo!) de la Universidad Central (actual Complutense). Allí se puso bajo el padrinazgo de Francisco Javier Conde García y José Antonio Maravall (padre del ministro socialista), quienes lo colocarían en el Instituto de Estudios Políticos en 1948 a la edad de 25 años. Una institución de elite (diseccionada magistralmente por mi colega Nicolás Sesma Landrín) cuya media de edad en el ingreso era de 34 años.

¿Y quién era Javier Conde? Pues el discípulo español de Carl Schmitt y su traductor, además del introductor en el mundo intelectual franquista de su teoría sobre la dictadura totalitaria. Nótese la gran ironía de que el padrino de Linz, responsable de destotalizar la dictadura del General Franco, fue el padre del remedo del Caudillaje como Führer. Por su parte, José Antonio Maravall se dedicó a proclamar la modernidad de las monarquías absolutas de los Reyes Católicos y los Austria y maquear sus filosofías políticas para nutrir intelectualmente a Falange.

Ambos pertenecían a los falangistas discípulos de Ortega y Gasset; es decir, a los intelectuales de Falange. El Instituto de Estudios Políticos, de hecho, fue su centro de mayor poder y esplendor, y se constituyó a imitación de la Italia Fascista como una escuela para las elites de Falange, para sus principales cuadros de mando. Javier Conde fue su director de 1948 hasta 1956, año del inicio de su ocaso, como el de Falange, cuya posterior decadencia llevaría a su disolución y refundación en nuestro actual Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. El Instituto se caracterizó por ser un centro de intercambio de favores que permitió enhebrar el mundo de los políticos, Falange, con las universidades españolas en la malsana interdependencia que, a día de hoy, siguen manteniendo nuestros partidos con los departamentos universitarios. Por ejemplo, la Facultad de Ciencias Económicas y Políticas de la Universidad Central era una simple prolongación del Instituto. Al mismo tiempo, como centro de poder de los falangistas, se enfrentó a los propagandistas católicos y sus centros académicos con sus redes de favores. En sus pasillos se libraron las características luchas de cuchillos y recomendaciones para colocar a favoritos de cada bando.

Por lo tanto, Linz tenía un conocimiento directo de este pluralismo y sus formas de enfrentarse dentro del entramado institucional del régimen. De igual modo, entre estas familias sí había diferencias sustanciales que, si bien Linz no quería elevar al rango de ideológicas, sí lo eran. Los falangistas orteganianos eran herederos del regeneracionismo autoritario y estatalista surgido tras la crisis de 1898. No era un movimiento exclusivamente español: era la reacción autoritaria del liberalismo a la amenaza de la democracia, origen del fascismo, y que tomó intelectualmente forma en la escuela de las elites de Pareto, Michels y Mosca que, a su vez, fue introducida bastante plagiariamente en España, precisamente, por Ortega y Gasset (pocos filósofos tan sobrevalorados como Ortega, quien es citado sistemáticamente como fuente de autoridad por todo académico español que ha pasado por una institución madrileña de prestigio como signo de identificación de que, realmente, su única meta es publicar en El País y, por lo tanto, es una persona de la máxima confianza del R78).

Los elementos definitorios de este credo eran la explicación del fracaso de España para alcanzar la modernidad por culpa de sus elites. España había sufrido el peso del feudalismo católico en la configuración de sus líderes y lo que necesitábamos eran elites modernizadoras equiparables a las de otros países europeos. Los ricos debían hacer que sus hijos practicasen deportes como los ingleses, que fueran a universidades extranjeras y aprendieran idiomas, que condujeran coches e hiciesen otras cosas modernas, que se acostumbraran a asumir riesgos, que fuesen capitanes de empresa sin miedo a invertir, que tuvieran formación científica, que luchasen deportiva, pero no muy darwinianamente, entre ellos para mejorarse y así ser lo suficientemente aguerridos y competentes como para comandar a las masas hacia el futuro de progreso que reclamaban. En esta cosmovisión, Europa siempre era la meta de futuro esperanzador, pero esa Europa era la Europa del fascismo y el nazismo, modelos ideales para estas virtuosas elites. Por su parte, todo su discurso sobre la necesidad de virtuosas y competentes elites era exactamente el mismo que los politólogos formados en el CEACS de la Juan March llevan repitiendo desde 2008 en sus blogs como Politikon o Piedras de Papel. ¿Empiezan a ver la conexión? Esperen que lleguemos a Maravall Junior…

    Por el contrario, los católicos franquistas eran antimodernistas. Eran contrarios a la ilustración, a la secularización y a Europa. Su distancia con el fascismo y nazismo fue la razón por la que, tras el fracaso del Eje en la Segunda Guerra Mundial, Franco recurriera a ellos para mejorar sus relaciones con las democracias occidentales, mientras que los falangistas orteganianos, al verse desplazados, empezaron a gestar su crítica interna hacia la dictadura. Esa crítica que haría de ellos los falangistas liberales y que les permitiría ser los padres intelectuales de la transición española. Peripecia nada espectacular si tenemos en cuenta que la separación entre liberalismo y fascismo es tan estrecha que el economista y filósofo Wilfredo Pareto no cabe en ella. Tiene un pié en cada una de esas corrientes ideológicas.

Uno de estos cruzados de la democracia fue Linz. En 1950, el ministerio de Asuntos Exteriores español le concedió una beca para doctorarse en Columbia (en algunas hagiográficas casi insinúan que se exilió) bajo las órdenes del padre de la Teoría de la Modernización Seymur Martin Lipset (sobre el engendro de la TM, mi mil veces autocitado paper o la conferencia que di en Madrid). Allí, como ya he explicado, transformó a Franco en el racional y benevolente dictador que era necesario para modernizar la economía y, en consecuencia, poner las bases de la futura democratización. Luego, como relata Morán en El cura y los Mandarines, Polanco y su imperio editorial dio los instrumentos necesarios para que esas elites falangistas orteganianas se perdonasen mutuamente y celebrasen su indispensable contribución a la democracia, así como su férrea oposición a la dictadura.

Por su parte, Linz en 1976 estrechó su colaboración con la Fundación Juan March y nos impartió una serie de lecciones magistrales sobre qué debía ser la democracia y sus límites. El inicio de una colaboración que su protegido, Jose María Maravall, el hijo de su anterior protector, continuó y dio forma en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Políticas de la Fundación Juan March. Escuela de los intelectuales del PSOE que, a día de hoy, dirige Ignacio Sánchez-Cuenca desde la Universidad Carlos 3 de Madrid. De este modo, el marxismo en el PSOE fue remplazado por la Teoría de la Modernización de Rostow que, a su vez, era marxismo sin lucha de clases, y sirvió para fundamentar que el atraso estructural de España hizo imposible la democratización y, por lo tanto, la Guerra Civil fue una fatalidad estructural. Un error del sistema sin responsables que, gracias a la inversión pública del Estado, podía ser superado. Esto permitió al PSOE construir un horizonte de futuro para su acción política sin necesidad de apelar a la democratización, al marxismo o cualquier elemento que recordase a la Segunda República. Como es lógico, la Teoría de la Modernización encajaba con los gustos y preferencias de los falangistas orteganianos y, de hecho, los cuadros del partido del interior se nutrieron de arribistas cuya primera sociabilización política había sido, precisamente, en Falange. No había continuidad o conexión con el PSOE del exilio que, como el resto de republicanos, fue completamente olvidado en la fiesta de la nueva democracia española.

Por lo tanto, Linz tenía razón: el pluralismo limitado del franquismo era un bipartidismo en el que, cultural e intelectualmente, el nuevo PSOE del interior sustituyó a los falangistas. En algunas ocasiones, con desvergonzados cambios de chaqueta y, en otras, con una simple evolución natural de padres falangistas a hijos socialistas, pero todos de bien y en el mismo lado de la guerra civil. De igual modo, el viejo papel que la Europa fascista hacía para los falangistas orteganianos fue sustituido por la Unión Europea diseñada por Alemania sin que sus déficits democráticos alertasen a nadie, porque las elites modernizadoras del antiguo nazismo son nuestros actuales tecnócratas.

    La teoría de las elites y su desprecio por la plebe y la muchedumbre recorren el trasfondo de estas ideologías y por eso permiten su complementariedad, a pesar de toda la retórica académica sobre los totalitarismos democráticos surgida durante la Guerra Fría. Por esa razón, los problemas de España, incluso a día de hoy, son siempre de falta de modernidad, pero jamás de falta de democracia.

Por todo esto, la política cultural del PSOE en los ochenta fue tan insufriblemente moderna y elitista y tuvo, como denuncia Morán, su punto de mayor apogeo en la canonización de Carlos III, nuestro déspota ilustrado por excelencia. Fue el PSOE de la década de los ochenta quien más interés tuvo en relegar el legado cultural e intelectual de la Segunda República e, incluso, de la Restauración canovista, a una especie de folklorismo nostálgico, porque eran los herederos de los intelectuales falangistas que, para su profunda rabia interna, se sabían inferiores a sus homólogos republicanos y socialistas. Su gusto por las elites escondía el propio reconocimiento de su mediocridad, mientras que aquellos que los superaban en todos los sentidos eran inquebrantables demócratas que creían en la igualdad. Los falangistas orteganianos eran los segundones de la Segunda República que, gracias a aquel exterminio, pudieron copar todos los puestos de poder y visibilidad y borrar a sus antiguos competidores. Una praxis que el felipismo continuó, ya que también debía redefinir la historia de su propio partido.

Carlos Sirera

Fuente: https://dedona.wordpress.com/2016/08/02/el-origen-franquista-de-nuestro-bipartidismo-carlos-sirera/

Sociología crítica

La persecución a Lula confirma que ya no hay democracia en Brasil



Emir Sader
Alainet

La obsesión de intentar sacar a Lula de la vida política brasileña, configurando una verdadera persecución política, confirma que Brasil se salió de la democracia y avanza peligrosamente hacia una dictadura, por medio de un golpe, de la acción o inacción de la Justicia y de las campañas sistemáticas de difamación llevadas a cabo por los medios.
Es lo que Lula denuncia, al afirmar que entramos en un Estado de excepción y lo que expresa en su documento a las Naciones Unidas, siguiendo el mismo camino de Julián Assange, amparado por el mismo abogado.

El escándalo político y jurídico de acusar a Lula sin ninguna prueba, por declaraciones sin fundamento hechas por un político confeso, alegando que Lula habría intentado interrumpir investigaciones sobre corrupción; el intento de tomarlo preso sin nada que lo justificara, configuran una persecución política que supera cualquier límite de los espacios democráticos. Cuando el Poder Judicial es cómplice de esa persecución, cuando los medios son los principales agentes que intentan culpabilizarlo en la opinión publica sin ninguna prueba, los marcos del Estado democrático de derecho han sido rebasados y sustituidos por la persecución pura y simple.

Intentar excluir de la vida política brasileña al único líder que tiene prestigio frente al pueblo es intentar imponer en última instancia un golpe en la legitimación de la política brasileña, para abrir espacio a aventureros golpistas y a los salvadores fascistas de la patria. Para ello es indispensable intentar invalidar el liderazgo político que ha rescatado la dignidad de Brasil y la autoestima de los brasileños. Es indispensable intentar medir con la misma vara a los golpistas y corruptos que asaltan al Estado brasileño y al líder popular que más ha contribuido para democratizar el país.

Si continúa existiendo un liderazgo como el de Lula en la plenitud del ejercicio de su liderazgo popular, esos aventureros no podrán continuar con la destrucción sistemática de la democracia que promueven, con la liquidación del patrimonio público, los derechos de los trabajadores, los recursos públicos que han servido para democratizar el acceso del pueblo a los derechos elementales garantizados por las políticas públicas.

Lula es la última piedra en el zapato de esos vándalos que atacan a la democracia y asaltan al Estado brasileño. Están coaligados los más corruptos políticos y los que dicen combatir a la corrupción. La existencia de un liderazgo popular incuestionable como el de Lula desmiente la tesis de que los políticos son todos malos, de que la vida política brasileña está totalmente pervertida, de que no hay esperanza de rescate de Brasil y de que debemos entregarnos, arrodillados, al Imperio que ellos tanto adulan.

La obsesión de destruir la imagen pública de Lula solo puede concretarse por actos dictatoriales de violación de los derechos del expresidente y candidato favorito a volver a ser presidente de Brasil. Si ellos confían en las encuestas que ellos mismos fabrican, dejen que Lula sea derrotado por el pueblo en una competencia democrática. No habría más grande condena a Lula que la practicada por el pueblo, democráticamente.

Ocurre que ellos saben que sus encuestas son forjadas. Pongan a Lula y cualquier otro candidato en campaña, a ver lo que ocurre. Los otros ni siquiera van a ser capaces de organizar los comicios, no se van a exponer públicamente a los escraches de la población. Cada vez que Lula se encuentra con el pueblo, en comicios, en reuniones, por las calles, los golpistas tiemblan y se dan cuenta de que solo mediante un golpe, la persecución jurídica y política, lo pueden sacar de la cancha. Pero al hacerlo, confirman que Brasil ya vive en una dictadura.

Si les incomoda el llamado de Lula a las Naciones Unidas, den la demostración de que Brasil aún vive en una democracia, dejando que el pueblo se pronuncie libremente sobre quien quiere que dirija al país. Abandonen definitivamente la persecución a Lula, renuncien a un gobierno golpista por la forma como accedió al poder y por la perversión de poner en práctica un programa opuesto con el que el golpista fue electo.

No hay más democracia en Brasil si el más grande líder popular de la historia del país es perseguido sistemáticamente sin ninguna prueba en su contra e impedido de someterse a la decisión democrática del pueblo en las urnas. De nada sirven las protestas por las denuncias de Lula al mundo. Hasta hace poco la opinión pública internacional se dejaba llevar por lo que decían los medios golpistas brasileños. Pero cuando los medios internacionales vinieron a Brasil, se dieron cuenta de las mentiras que los medios locales propagaban y han desmoralizado a los medios brasileños en todo el mundo. Ahora han perdido toda credibilidad. Al mismo tiempo que los medios internacionales han constatado que los corruptos están del lado de Michel Temer y de Eduardo Cunha, los golpistas, y no de Dilma y de Lula.

Ahora los medios internacionales reiteran las denuncias de Lula y la apreciación de que el criterio fundamental para juzgar si hay todavía democracia o no en Brasil es terminar de una vez por todas con las persecuciones a Lula y dejar en manos de los brasileños y no de los golpistas y corruptos, el destino de Brasil.

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Fuente original: http://www.alainet.org/es/articulo/179199
Fuente: Rebelión.org

Erdogan: “El fiscalizador del útero” de las mujeres de Turquía

Cerca de dos tercios de las mujeres turcas usan velo


NAZANÍN ARMANIAN

En las primeras imágenes de las manifestaciones en apoyo al gobierno de Tayyeb Erdogan durante el intento del Golpe de Estado del 15 de julio no se veía ni a una sola mujer. En cambio, sí hubo una en el bando de los golpistas: Karima Komsch, pilota de uno de los dos F-16 que sobrevoló el cielo de Estambul. Nada que ver con la presencia contundente de mujeres detrás de las barricadas en el Parque Gezi en 2013, o en las filas de la guerrilla del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK).

La política oficial del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) durante sus catorce años de gobierno ha sido eliminar la figura de la mujer-ciudadana para sustituirla por la de esposa-madre tutelada por los hombres. Incluso el código penal turco incluye los “crímenes de honor” en el capítulo de las cuestiones de familia y no en la categoría de “crímenes contra las personas”. Entre 2010 y 2015, sólo bajo este concepto, fueron asesinadas 1.134 mujeres.

Hoy parece una anécdota histórica que en 1930 las turcas ya tuvieran el derecho al voto —antes que las francesas— y contaran  con una alcaldesa, la señora Sadiye Hanım, en el municipio de Kilickaya. La actual crisis estructural que sufre Turquía agravará este retroceso en los derechos de la mujer que, por otro lado, está teniendo lugar a nivel mundial.

Ser talibán a lo turco


Menospreciar la capacidad intelectual y física de la mujer y asignarle el papel de estar al servicio de las necesidades del hombre son el eje central del discurso del AKP. El propio presidente Erdogan suele recurrir a los textos sagrado para despolitizar la desigualdad y santificar la discriminación de la mujer. Ha llegado a decir que el liderazgo político de la mujer “va en contra de la naturaleza humana”. Pues decenas de millones de hombres y mujeres en Alemania, Ruanda, o Brasil han desafiado el orden natural cósmico al dejar su destino en mano de las mujeres. La misma Turquía fue gobernada entre 1993 a 1996 por una mujer: Tansu Çiller. A ver, lo contra natura es que obliguen a una mujer a cumplir con un rol que no desea, o a una niña de 13- 14 a convertirse en el juguete sexual de un hombre como “esposa”, con el riesgo añadido de perder la vida por gestar en su cuerpo no preparado a otro ser humano.

Un tercio de las novias en Turquía son menores de edad. Erdogan ha llegado a decir que las mujeres sin hijos  son “seres incompletos”, que el control de la natalidad es una “traición a la nación”, que cada mujer debe contribuir a la grandeza del país con, al menos, tres hijos y que el aborto y el parto por cesárea son parte de una conspiración orientada a destruir el país. Él ve a las mujeres como máquinas de producir niños y mide el tamaño de su poder en función del número de personas a las que gobierna. Como si Pakistán, con sus 200 millones de desarrapados, tuviera más poder que Suecia con sus 9,5 millones de almas. El presidente turco además ofrece incentivos económicos a hombres y mujeres  que quieran casarse y tener hijos. Su intento de convertir el Día Internacional de la Mujer en el “Día de la glorificación del Parto” fracasó: miles de mujeres ocuparon las calles de varias ciudades del país el 8 de marzo de 2015 para burlarse de la prohibición de manifestarse este día bajo el pretexto de “falta de seguridad”.

Los islamistas identifican la modernidad y el progreso en los derechos de la mujer con la “occidentalización” y la colonización cultural del país. El mismo pretexto sirve para  prohibir o debilitar los sindicatos por haber sido un invento de los trabajadores occidentales: La ‘Occidentofobia’ sale de los mismos sótanos oscuros que la Islamofobia.

El ex primer ministro Ahmet Davutoglu es otro ejemplo, porque ha alertado a su audiencia de que en Occidente, la igualdad entre los sexos, que es “mecánica”, ha sido el principal motivo de la elevada tasa de suicidio de sus mujeres. Supongamos que es así. ¿A qué se debe el asesinato de miles de mujeres a mano de los hombres en Turquía, país oriental y bajo un régimen “virtuoso”?

El control establecido sobre el cuerpo de la mujer es tal que la ley obliga a los laboratorios a enviar los test de embarazo positivo de mujeres a los médicos de familia para que éstos le informen al esposo o al padre de la mujer (da igual que ella sea profesora de universidad o empresaria), poniendo en peligro su vida además de violar su derecho de privacidad.

Los discursos misóginos y la transformación de las instituciones del país, las leyes, y la normalización de las prácticas religiosas en los espacios públicos han estado al servicio del AKP para fundar una teocracia civil, al tiempo que, desde el islamismo de la clase alta  se “blanquean” las más horrendas formas de esclavitud. Según Emine, la primera dama del país, los harenes otomanos eran “un centro de enseñanza para la preparación de las mujeres a la vida”, que no una prisión donde se encerraba a muchachas secuestradas para la diversión de los sultanes y pachás pervertidos. De hecho, su marido ha patrocinado a un grupo de hombres psicópatas, al ISIS, quienes secuestran a mujeres sirias e iraquíes para violarlas y matarlas delante de las cámaras.

Al servicio de este proyecto está la creación de una mezquita por cada 400 personas —mientras hay un hospital por cada 60.000— y la reapertura de las madrasas fundamentalistas llamadas “Imam Hatip” para reislamizar a los desviados musulmanes del país.


Dormir con el enemigo


No sorprende, pues, que se haya disparado el feminicidio sistemático: de 66 asesinadas en 2002 se ha pasado a 847 en 2013 y la mayoría se produjeron por solicitar el divorcio o rechazar la reconciliación. Los tribunales, en vez de proporcionar justicia para las víctimas de malos tratos, fuerzan a las victimas a reconciliarse con su maltratador para preservar “el santo matrimonio”.  El Consejo Superior de Jueces y Fiscales ha sido más atrevido y, con el fin de crear nuevas familias, sugería en 2011 que “las mujeres que son víctimas de violación pueden casarse con sus violadores“, o que “se archivarían los casos del rapto y violación en grupo a las menores de edad si uno de los culpables se casara con ella”. En caso de que el delincuente no quiera tener de esposa a la mujer a la que ha destrozado la vida, basta con ofrecer pruebas de que ella le provocó para que obtenga una reducción de la condena. ¡Y lo han conseguido! En Turquía la tasa de divorcio era del  1’7%  en 2015 mientras que la del matrimonio ha subido un 7’7%, al contrario de, por ejemplo Irán, donde el divorcio aumentó un 4’2% comparado con el año anterior. El porcentaje de bodas, por su parte, se desplomaba  en un 3’4% mostrando así la disfuncionalidad de esta institución patriarcal.

El modelo “moderado” de derecha religiosa


La Turquía de Tayyeb Erdogan es el único entre los países musulmanes (que no estén en guerra) donde decrece, desde el año 2000, el número de mujeres con trabajo remunerado. Miles de mujeres trabajan a destajo en casa para diferentes industrias y aun así no salen del umbral de pobreza, por no hablar de que pierden toda posibilidad de entrar en el espacio público. El capitalismo religioso, al contrario del modelo europeo que anima a las mujeres a tener más tiempo para producir y renunciar a cambio de formar una familia, les ha arrebatado las pocas horas que podrían dejar de ser esclavas a tiempo completo del mercado, de la familia y de la religión.

Y a pesar de todo Turquía, como todos los países musulmanes, avanza en el laicismo. Lo “sagrado”  no determina la vida cotidiana de sus gentes porque cada vez más jóvenes viven “en pecado” y el desfile del día del orgullo gay recorre sus calles cada año.

Ahora que Turquía sufre uno de los momentos más tensos de su historia, ¿qué papel jugará la mitad de la población?

NAZANÍN ARMANIAN

Fuente: Público.es

No en mi nombre, Mariano


José Ignacio Wert y Mariano Rajoy en el Congreso, imagen de archivo. EFE



Jesús Cintora


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Estamos de aniversario. No sé habrán dado cuenta con esto de la formación de gobierno, pero Rajoy acaba de celebrarlo: se cumple un año desde que premió a José Ignacio Wert, su ministro peor valorado, con un puestazo en París, unos 10.000 euros mensuales, chófer, servicio y residencia de 500 metros cuadrados por otros 11.000 euros al mes. Lo seguimos pagando. En la ciudad del amor continúa Wert con la que era su número dos en el ministerio, Gomendio, que también está en la OCDE y le pagan otro tanto.

Pero no piensen mal si aquel nombramiento se produjo en plena operación salida de vacaciones y, justo un año después, en el último fin de semana de julio, el gobierno en funciones acaba de publicar en el BOE una de las grandes obras de Wert: los alumnos que aprueben la ESO y el Bachillerato no obtendrán el título si no aprueban las reválidas que impone la LOMCE. Por mucho que hayan superado todos los cursos durante varios años. José Ignacio Wert de retiro dorado en París y, aquí en España, los estudiantes están que trinan porque les acaban de colar, de tapadillo, este regalo de fin de curso.

Y es que, así hace estas cosas Mariano. Las vacaciones de julio empezaron con un hachazo a la hucha de las pensiones (así, como si ya tal) y las de agosto arrancan con otro “homenaje al consenso” (esta reforma educativa tuvo rechazo hasta en su propio partido). Mientras, eso sí, Rajoy sigue deseando que ahora le apoyen para gobernar y que flojee la memoria, como la de esos ordenadores que la perdieron a martillazos.

Tuve ayer una charla con estudiantes, que no tienen la reválida de Wert, pero ojo con lo que me dijeron. En las pasadas elecciones hubo más de 24 millones de votos. 7’9 millones del Partido Popular, casi 5’5 millones del PSOE, más de 5 millones de Unidos Podemos, más de 3 millones de Ciudadanos… Y, si casi 8 millones de votantes del PP no castigaron los recortes o la corrupción, ¿significa que ahora deben perdonársela el resto? Pongamos por caso, ¿esos votantes del Partido Socialista o de C’s han dicho que quieren perdonar al Rajoy del “Luis, sé fuerte” para que siga gobernando? Alguien fue incluso más allá: ¿Es coherente pasar una legislatura pidiendo que Mariano Rajoy dimita y luego darle la llave para que siga en La Moncloa?

Son preguntas interesantes, ahora que pudiera parecer que los demás le dan a Rajoy un “no” por capricho. Como si no existiera alternativa, como si no hubiera habido corrupción, precariedad, desigualdades, recortes… Ayer me lo decía un chaval: “No tenemos la reválida, no somos tan listos como Wert, ni tendremos su ‘suerte’ para encontrar ese curro. Pero no votamos a Rajoy y no queremos que nuestro voto sirva para que siga gobernando el que nos ha hecho todo esto. No en mi nombre, Mariano”.

Jesús Cintora

Fuente: eldiario.es

lunes, 1 de agosto de 2016

La reina de las nieves






Nicolás G. Recoaro

Cocaina andina: el proceso de una droga global

Ya desde los tiempos de la conquista y la colonización de América, la “hoja divina de los incas” generó una mirada llena de desconfianza. ¿Qué efectos causaba, por qué la mascaban los indios de la mañana a la noche? Muchos años después, en 1860, llegaría el otro descubrimiento, el de la cocaína científica. De la legalidad a la ilegalidad, de las primeras investigaciones que lograron aislar el alcaloide hasta el surgimiento de las redes latinoamericanas de narcotráfico, Cocaína Andina: El Proceso de una droga global (Eudeba) reconstruye la historia de una sustancia que refleja los aspectos más conflictivos de la globalización. En esta entrevista, el historiador norteamericano Paul Gootenberg, especialista en la región andina, repasa las principales facetas de una investigación que entreteje política, economía, tradiciones ancestrales y medicina.
“Por todas las partes de las Indias que yo he andado, he notado que los indios naturales muestran gran deleitación en traer en las bocas raíces, ramos y yerbas… En el Perú, en todo él se usó y usa traer esta coca en la boca, y desde la mañana hasta que se van a dormir la traen sin la echar de ella. Creo yo que algo lo debe de causar, aunque más me parece una costumbre aviciada y conveniente para semejante gente que estos indios son”, especulaba en 1553 el cronista conquistador Pedro Cieza de León, en el clásico Crónica del Perú. La “hoja divina de los incas” casi nunca tuvo buena prensa. Resistida tempranamente por los colonialistas europeos y los hombres de medicina, la coca se incorporó tardíamente a la “revolución psicoactiva” en el naciente capitalismo de los siglos XVII y XVIII. Un período extraordinariamente intenso de expansión global y cambio en el estilo de vida y la conciencia social, alimentado por el consumo de nuevas estimulantes coloniales como el café, el ron, el tabaco, el opio y el intenso chocolate.

Este rechazo hacia la coca comenzó a cambiar para principios de 1800. La botánica, la ciencia de los alcaloides y las nuevas ideas sobre la racionalidad de los indígenas despertaron una aletargada curiosidad por la Erythroxylon coca. El “descubrimiento” europeo de la cocaína alcaloidea en 1860, aislada definitivamente a partir de la hoja de coca por un avanzado estudiante alemán de Química llamado Albert Niemann, terminó con las especulaciones acerca de su vitalidad. Nacía la cocaína científica. Ya sin el velo prejuicioso sobre la planta andina, las últimas décadas del siglo XIX aceleraron de un modo frenético la experimentación con este estimulante “caro y raro” que carecía de aplicaciones prácticas. La droga “moderna” –como la llamó el historiador Joseph Spillane– encontró su función como anestésico local recién en 1884. Los primeros investigadores de la cocaína eran alemanes, rusos y británicos. También descollaron los poco reconocidos peruanos. El joven doctor austríaco Sigmund Freud fue quizá el más famoso de todos ellos. Fascinado por la “magia” de la droga, entre julio de 1884 y julio de 1887, el padre del psicoanálisis publicó los cinco célebres ensayos conocidos como “los escritos sobre la cocaína”.

Mientras Freud experimentaba en Viena, un ignoto químico limeño, Alfredo Bignon, ponía en jaque con sus investigaciones caseras el monopolio de la producción mundial de la nueva “droga milagrosa”, que estaba en poder de dos laboratorios alemanes, Merk y Gehe. Por esos años, el padre del psicoanálisis apenas podía costear la droga, pero el olvidado peruano redujo su costo en cien veces en menos una década y ayudó a que estallara a nivel mundial su uso médico y popular. Esta y muchas historias más dan cuerpo a Cocaína Andina. El proceso de una droga global, el adictivo libro del historiador norteamericano Paul Gootenberg, que abarca más de cien años de historia cocaínica. Desde las primeras investigaciones decimonónicas que lograron aislar el alcaloide hasta la formación de las redes latinoamericanas de narcotráfico que dominaron la segunda mitad del siglo XX; pasando por el boom comercial de los afrancesados vinos de coca Vin Mariani, el crac del mercado global, el frustrado trust estatal peruana y la política prohibicionista norteamericana. No quedan afuera el golpe de Estado contra Allende, la ascensión de la Coca Cola y aun la caída de Pablo Escobar.

“Por las controversias acerca de las drogas ilícitas, este es un tema muy atractivo, poco explorado desde la historiografía, ni siquiera en países como Perú, y con una fuerte relevancia social. Es un campo fascinante por la variedad de temas y disciplinas que abarca, en lo que podríamos llamar la nueva historia de las drogas”, explica Paul Gootenberg en diálogo con Radar desde Nueva York, donde trabaja como profesor de Historia y codirector de Estudios Latinoamericanos en la Stony Brook University.

En Cocaína Andina, Gootenberg se propone dar cuerpo a esta nueva historia global de las drogas ilícitas, haciendo foco en la cocaína, cuyo estudio sólo se había esbozado previamente a través de escritos médicos y periodísticos desde perspectivas acaso temporal y espacialmente reducidas. “Este es un fenómeno tan grande y en muchos aspectos ‘amenazante’ –al igual que las políticas globales prohibicionistas que todavía se impulsan– que vale la pena comprender en profundidad y desde nuevos ángulos de abordaje.”

LA MANO INVISIBLE

Cocaína Andina permite entender el largo y complejo proceso de construcción de la cocaína como una droga global, partiendo en 1850 y llegando hasta los años dulces de la década de 1980. “En el comienzo de mi trabajo, no imaginaba cubrir un rango tan amplio desde lo cronológico y lo geográfico. Una historia de la cocaína que aborda el ascenso de la droga como una exportación legal y reconocida hasta 1910, su caída en la ilegalidad desde 1910 a1950 y la progresiva conversión del pequeño comercio al auge del narcotráfico en los años 80”, reflexiona Gootenberg.

“En la primera parte de mi carrera académica, era un historiador económico un tanto convencional, interesado en el auge de los commodities. Por la década de 1990, la cocaína era una de las materias primas en auge, que unía a los países andinos con la economía mundial. Por lo tanto, la cocaína era una mercancía más, la cual decidí investigar”, reconoce Gootenberg. Para el académico especializado en la región andina y sus commodities, la hoja de coca andina y la cocaína industrializada ofrecen un caso histórico impactante para reflexionar acerca de las cadenas productivas. “La cocaína es el único complejo global de drogas que surgió de fuentes indígenas y de empresarios americanos –explica el peruanista–. En su pico, durante la década de 1990, llegó a mover entre 40 y 50 mil millones de dólares al año. Uno de los mayores booms exportadores en la historia de la región. Y de forma totalmente ilegal.”

El libro tiene un profundo trabajo de archivo que combinaste con incursiones en el territorio.

–Puse mucha energía en la búsqueda sistemática de nuevos materiales y de actores desconocidos en la historia de la cocaína. Busqué romper con los clichés y la visión eurocéntrica, incorporar el aporte andino y sudamericano sobre el tema. Gran parte de la investigación se llevó a cabo en Nueva York (en la Academia de Medicina), en Washington DC (en el Archivo Nacional, la Biblioteca Nacional de Medicina y las bibliotecas de la DEA), también en Londres, Lima y en la ciudad de Huánuco, que era la capital mundial del comercio legal de cocaína, en el Valle de Huallaga. Uno de los momento más extraños de la investigación se dio en las oficinas de la DEA, donde trabajaba mientras los agentes planificaban los primeros pasos de la ofensiva del Plan Colombia. También encontré en los archivos muestras de cocaína que tenían más de un siglo de antigüedad. No comprobé si las muestras seguían activas.

Estados Unidos fue históricamente el mayor consumidor y a la vez el principal impulsor de las políticas prohibicionistas. ¿Cómo llegamos a la situación de guerra global contra el narco?

–Estados Unidos ha sido la mayor “cultura de la droga” del mundo. A principios del siglo XX, ese uso problemático de drogas contribuyó a impulsar un esfuerzo misionero algo contradictorio para prohibir las drogas a nivel mundial, que con el tiempo fue consagrado en 1961 por las Naciones Unidas. Una cruzada impulsada por la arrogancia y el imperialismo occidental. La cocaína era un problema menor en la década del ‘60, pero luego de las políticas policiales, los traficantes se multiplicaron y profesionalizaron. El comercio se expandió: en 1980, entraron 100 toneladas de cocaína a EE.UU., y en 1990, alrededor de 1000 toneladas, pese a la guerra contra las drogas. Se persiguió sin distinciones a los cárteles colombianos y a los campesinos andinos pobres. Con terribles costos humanos en países como Bolivia, Colombia, Perú, y en los últimos años en México y Centroamérica. Por diversas razones, el impacto de la cocaína está disminuyendo actualmente en los Estados Unidos, pero ha crecido enormemente desde el año 2000 en países como Brasil, quizá el principal país consumidor de cocaína en el mundo, y en la Argentina. Y también crece en algunos mercados europeos, africanos y asiáticos.


BLANCA GUERRA FRÍA

La exportación y la consolidación de las políticas prohibicionistas en América Latina fueron logradas gracias a las alianzas de seguridad que se forjaron durante la Guerra Fría. Gootenberg explica que las élites políticas y militares sudamericanas se asustaron porque creían que las drogas serían una nueva fuente de subversión. “Las geografías de mercancías ilícitas y el contrabando –resalta– fueron moldeadas por los regímenes y los acontecimientos de la Guerra Fría, como la Revolución Boliviana (1952), la Revolución Cubana (1959), y el golpe instigado por Norteamérica contra Allende en Chile, que era en realidad la capital del tráfico de cocaína durante los años 50 y 60.”

La sangrienta dictadura de Pinochet, para complacer a los Estados Unidos, desplazó rápidamente las crecientes rutas de tráfico de cocaína al norte de Colombia, donde la droga apenas existía antes de 1973. Gootenberg completa: “Las dictaduras de Argentina y Brasil también colaboraron. No creo que haya sido un accidente que la cocaína surgió en toda su fuerza durante la presidencia anticomunista de Richard Nixon, y estaba relacionado con las culturas y los acontecimientos políticos de la Guerra Fría, tanto en América Latina y en el cambio de drogas y culturas políticas de los Estados Unidos, durante la década de 1970.”

Hoy en día sigue activo el estigma sobre la hoja de coca, por ejemplo contra las políticas que lleva adelante el gobierno de Evo Morales en Bolivia.

–El de Evo es un caso especial, y en cierto modo las políticas de Estados Unidos en contra de su gobierno parecen un retroceso a los viejos tiempos de la Guerra Fría. Por diversas razones, cuando el MAS de Morales asumió en 2006, se invirtieron las políticas antidroga de Estados Unidos contra la hoja de coca, que se habían vuelto impopulares en el país andino. Desde 2008, Bolivia exige en la ONU por los derechos de los indígenas a plantar coca, por medio del control social y comunitario. Según la mayoría de los especialistas, esta política está trabajando para contener la coca ilícita y la producción de cocaína. Y protege de manera especial a Bolivia del tsunami de violencia y violación de derechos que plagaron los programas de erradicación de drogas, como en el caso colombiano.

EL MAMBO Y LA MILONGA

Gootenberg cuenta que en su libro no aborda en profundidad la larga relación que tiene la sociedad argentina con la cocaína. “El uso de la coca ha sido común en las provincias andinas del norte argentino, y a medida que la migración empezó a llegar a Buenos Aires, la ciudad ganó una gran población de usuarios de coca para la década de 1950, una de los mayores del mundo. En esos años, la cocaína como uso recreativo probablemente era común en algunos sectores de la población, como en los clubes de tango, un fenómeno similar pero a pequeña escala de los clubes de mambo en Cuba. Incluso Argentina tenía fábricas de cocaína medicinal.” El historiador cree que es probable que ese período se cerró durante la larga noche de la dictadura. La cocaína despertó en los años noventa como droga de las celebridades.

“Sin embargo, todas estas son en su mayoría especulaciones. No se ha escrito una historia de la droga en la Argentina. En la última década, un nuevo capítulo se ha abierto de forma espectacular con la cocaína: el desplazamiento de su epicentro en Colombia hacia el sur. Y desde ese momento, la Argentina se enfrenta de primera mano con la droga que conquistó a los Estados Unidos en la década del ochenta.”

SENTIR DE VERDAD

El romance de oro con la coca reverbera en el clásico de W. Golden Mortimer History of Coca: “The Divine Plant” of the Incas (que argumentaba extensamente a favor de la singularidad y superioridad de la hoja de coca) y en el relato de Mark Twain acerca de su cruzada juvenil para cumplir el sueño americano de hacer una fortuna con la coca. La era de la coca americana ha sobrevivido en la gaseosa nacional, la Coca-Cola, lanzada al mercado en 1886 por John S. Pemberton, un farmacéutico de Atlanta, como una imitación seca y sureña de la bebida medicinal de Mariani. En el término de una década, la Coca-Cola se convertía en un producto revolucionario y la empresa se volvía una pujante compradora de la hoja. Para principios de los 1900, los norteamericanos importaban entre seiscientas y mil toneladas métricas de coca al año, principalmente para estos rubros populares. Nueva York era el centro mundial de la hoja de coca, así cómo Hamburgo era el de la cocaína (…) Como otros actores corporativos en la política de drogas, la Coca-Cola Company de Atlanta sufrió una notable conversión entre 1900 y 1920, de apasionado blanco de los reformistas de las drogas a un aliado del gobierno. El concepto y la receta originales de Coca-Cola nacieron directamente de la alegre cultura norteamericana de la coca de la época, pese a las negativas de la empresa. Sin el extracto líquido de coca peruana –codificado como “F. E. Coco” (fluid extract of Coca) en la fórmula– la Coca-Cola nunca habría sido capaz de atraer a las multitudes a la fuentes de soda. Luego de 1900, las prácticas empresariales pioneras de la compañía, tales como su sistema de distribución de botellas y sus publicidades audaces, amplificaron su éxito a escala nacional. Para 1914, cientos de imitadores crecían a lo largo y ancho de los diversos estados con nombres comerciales combinados de kola o de coca –un ejemplo poco agraciado es “Kola-Coca”–, mientras que otros, como una bebida llamada sencillamente Dope (droga), se aprovechaban de las connotaciones a estupefacientes de la popular bebida. A pesar del triunfo económico de Coca-Cola, los críticos, muchos de ellos reformadores sociales del movimiento progresista, todavía igualaban sus sentimientos refrescantes a “la droga” y asociaban las canciones publicitarias de la Coca con el consumo de estupefacientes. Los críticos también explotaban los miedos del Jim Crow, con historias sensacionalistas sobre “negros” intoxicados en juergas de cantina. Difícilmente Coca-Cola fuera la causa de problemas raciales o de drogas en el Sur, pero para evitar propaganda negativa su famoso presidente Asa G. Candler retiró discretamente la cocaína del producto en 1903.


HOJAS DE PERÚ

El farmacéutico Alfredo Bignon trasnochaba en el laboratorio ubicado en la parte trasera de su Droguería y Botica Francesa, situada a la vuelta de la Plaza de Armas de Lima. Una vez más, repasó mentalmente su ardua nueva fórmula para fabricar cocaína. Al día siguiente, el 13 de marzo de 1885, presentaría sus hallazgos en la Academia Libre de Medicina de Lima, donde un distinguido panel de doctores y químicos peruanos juzgaría su innovación en un informe oficial de diez páginas. Bignon se sentía satisfecho. Usando simples métodos de precipitación e ingredientes locales (hoja de coca andina recién cultivada, querosén, carbonato de sodio) era capaz de producir una cocaína “cruda” químicamente activa en “una preparación fácil y económica en el lugar mismo donde se cultivaba la coca”: en casa, en Perú. Esto, de seguro, le traería la gloria científica, sino la riqueza; un sueño que compartía con el joven Sigmund Freud, quien en ese mismo momento trabajaba en sus propios “escritos sobre la cocaína” en la lejana Viena. Ayudaría a su nación por adopción a responder a la demanda mundial de cocaína que se había disparado, satisfaciendo así el interés comercial recientemente gatillado por las noticias que hablaban del poder milagroso de la droga como anestésico local. Era exactamente lo que querían algunas célebres compañías de drogas europeas como la Merck de Darmstadt. Para Bignon, este era solo el primero de una docena de originales experimentos que realizaría con la nueva droga y que comunicaría a través de prestigiosos journals médicos de Lima, París y Nueva York durante los años siguientes. La transformación de la humilde hoja de coca de los indios en la moderna cocaína se convertiría, creía Bignon, en uno de los logros nacionales heroicos del Perú.

Exactamente setenta y cuatro años después, en las calles de la ciudad de Nueva York, otro peruano emprendedor llamado Eduardo Balarezo pasaba a la historia de la cocaína, aunque a una página menos respetable. El titular del New York Daily Mirror del 20 de agosto de 1949 clamaba: “Desbaratan el cartel de droga más grande; encuentran al líder en la ciudad; Perú encarcela a 80 personas”. Balarezo, un ex marino de Lambayeque, fue arrestado como el supuesto líder de un cartel de cocaína que operaba por toda la costa del Pacífico. Las autoridades lo describían como un zambo chueco y, según los rumores, como socio del mafioso “Lucky” Luciano. En el proceso del arresto de Balarezo, la policía y oficiales del Federal Bureau of Narcotics (FBN) de Harry J. Aslinger, asistidos por el jefe de la Policía Nacional del Perú, el capitán Alfonso Mier y Terán, allanaron nueve casas, encontrando trece kilos de polvo por un valor de calle estimado en 154.000 dólares. Balarezo, un ciudadano naturalizado de los EE.UU., vio cómo se evaporaba su vida neoyorkina. En nueve meses, Joseph Martin, el fiscal de alto perfil de la Guerra Fría del caso de Alger Hiss, se había encargado de supervisar el juicio y la sentencia de Balarezo. El cartel conducía hasta los campos de coca en el Alto Amazonas cerca de Huánuco, Perú, a través de las turbulentas políticas de derecha de Lima, vía marinos contrabandistas de poca monta en la Grace Line hasta los bares portorriqueños de Harlem.

LA COLOMBIANA

Las figuras ilustres del saber popular colombiano sobre las drogas revelan aptitudes sociológicas claras para el negocio. Quien quiera que haya sido el primero en pasar los cargamentos a través de Leticia hizo el extraordinario y rápidamente emulado descubrimiento de las posibilidades que entrañaba el trasbordo hacia el Norte. Los relatos públicos retratan los años 70 como una época caótica contaminada de las idas y venidas de montones de nuevos narcos. La actividad de la cocaína se hizo cada vez más intensa en Colombia, y los colombianos prontamente se liberaron de su rol secundario bajo los traficantes chilenos y cubanos. Hacia 1973, un informe estimó que pasaban 1200 kilos al año por Leticia. Astutos hombres de negocio como Benjamín Herrera, Alberto Bravo, Jaime Caicido y los más célebres Pablo Escobar y Carlos Lehder se convirtieron en héroes schumpeterianos de este negocio mayorista de la cocaína. Con todo, se sabe poco acerca de este rápido giro de 1970-75, cuando los colombianos comenzaron a llegar con efectivo para llevarse la pasta de coca directamente de manos de los campesinos peruanos y bolivianos. Rápidamente se extendieron hasta las calles de Queens, Miami, Los Angeles, dejando afuera a los competidores peruanos con un nuevo y despiadado nivel de violencia, elevando a alturas inimaginables aquellas redes panamericanas que habían sido construidas por cientos de narcos andinos y cubanos desde los años 50. Probablemente pocos o ninguno en absoluto, de los narcos precolombianos continuaron en este mercado mucho más competitivo y más riesgoso.


COCAMANÍA

Junto con la cocaína alcaloide alemana, creció la fascinación médica, comercial y popular por la hoja herbal de la coca. También un movimiento global, la “cocamanía” fue particularmente marcada en Francia y Gran Bretaña (y alcanzó su auge más tarde en los Estados Unidos), y tuvo raíces culturales y asociaciones particulares, algunas de ellas con un acento andino importante. En 1863, Angelo Mariani lanzó su notablemente exitoso Vin Mariani, un elíxir de coca-Bordeaux que invadió el mundo con sus sofisticadas campañas medicinales. Entre 1863 y 1885, antes del ascenso de la cocaína, Mariani se convirtió en el comprador más grande de coca andina, mayormente de Bolivia (…) Los vinos de coca domésticos y los brebajes herbales eran muy exitosos en Londres, una ciudad que, como las de Francia, tenía fuertes tradiciones de materia médica herbal. Con el boom de la cocaína de mediados de la década de 1880, los Jardines Botánicos Reales en Kew, que habían hecho maravillas con la chichona y el caucho del Amazonas y que tenían lazos históricos con la coca que se remontaban a su director de la década de 1840, el botánico pionero de la coca Sir William Hooker, dieron inicio a un programa intenso de investigación sobre la coca y de experimentos botánicos coloniales en la India, Malasia, Jamaica, Guayana, África occidental, entre otros lugares, como también hicieron los holandeses, los franceses e incluso, por un tiempo breve, los alemanes en Africa.

Fuente: Rebelión.org
 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-11665-2016-07-30.html

Sobre la frustración política en España (o sobre cómo mover una vaca)



Uriel Garrán López
Rebelión


A modo de experimento -o de juego- invito al lector a escribir en su buscador on-line de confianza la cita “lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer” y que compruebe la cantidad de veces que se ha utilizado ésta cita -no sabemos si de Bertolt Brecht, de Gramsci o de una señora de cuenca que pasaba por allí- para hablar de la situación política actual en España. Atendiendo a la repetición obsesiva de la cita podríamos decir que se da una situación de frustración generalizada, una especie de hartazgo contra una realidad que por más que se la empuja no parece tener intención de moverse. España, como si de una pesada vaca se tratase, aun reseca y costillosa, parece ignorar y resistirse de los intentos del arreador que dice llevarla a beber, y es que no parece muy convencida de si lo que ocultan los matorrales al otro lado es ciertamente el rio prometido, o quizás -quién sabe- la puerta del matadero.
Nos encontramos con una situación política que se ha hundido en un barrizal –el cual para nosotros no, pero que para una vaca puede ser un sitio confortable- y, además, se queda rendida justo después de haber recorrido un buen trecho, como agotada, en un momento en que parecía que nos estábamos acostumbrado a la velocidad y la sucesión emocionante. De repente, sin más, y sin que nadie lo espere, se para nuestra vaca, para refrescarse en un sucio y pegajoso fangal en medio del camino. “¡Con lo que le había costado conseguir que echara a andar este rumiante traicionero! ¡Y se tumba en el peor sitio posible, cuando ya sólo quedan unos pocos metros para llegar el rio, sin que haya manera de que vuelva a echar a andar! ¿Pero qué le pasa a ésta vaca?” – Se preguntan ahora los astutos granjeros de la nueva política- “¡Si el rio ésta ahí delante y esto no es más que un barrizal! El agua está sucia y no tienes nada que comer, ¡mueve el culo maldita vaca! ¡Vamos! ¿No lo ves?, que ya casi habíamos llegado…”. Y mientras tanto, la vaca les mira con total indiferencia.

Lo primero que tendríamos que tener en cuenta es si la vaca entiende algo de lo que se le intenta decir; un discurso a empujones puede estar convirtiendo a la política en una torpe molestia para nuestra vaca. Cierto es que, hasta ahora –a saber por qué- había hecho caso, pero tanta insistencia parece llegar definitivamente a su límite, y una vaca puede encontrar placeres en la inoperancia y el trampal que pueden ser tan incompresibles para el arreador como las promesas de sustento para la vaca con las que éste intente levantarla.

Ante ésta situación se nos presentan una serie de preguntas:

¿Empiezan a fracasar los nuevos discursos? La enérgica y sonriente campaña de Podemos acabó con una mueca torcida y desalentada. La del PSOE, colmada de acusación y rencores dejó un regusto a chantaje emocional con tal de que no se diese una situación que acabó por no ser para tanto, sino peor. A Ciudadanos pareciera que no le quedase suficiente naftalina para alejar a las polillas y los labios se les agrietan por un abuso de vaselina. Después de largos días de un sol sofocante el único cartel que no se decolora es el del PP, azul celeste, que puede permanecer años y años a la intemperie sin desgastarse.

¿Se ha cerrado la “ventana de oportunidad”? Los resultados del 26J están teniendo efectos extraños sobre la forma en que hemos pasado a percibir la realidad en muy poco tiempo; la noche electoral sucedió como si durante un asedio, la bola de piedra lanzada desde la catapulta contra las puertas del castillo, no hubiera rebotado contra la misma, -como esperaban los defensores- ni la hubiera derribado –como esperaban los atacantes- sino que se hubiera quedado incrustada en la madera, con una fijación imposible, tensando la puerta y bloqueándola definitivamente, atrapando a los defensores en su interior y dificultando aún más la entrada a los atacantes. La situación es una suerte de colapso histórico, como si fuera el propio tiempo el que no se quisiera suceder; y si eran ciertos aquellos análisis que comparaban la situación política en Europa con la de los años veinte, será cierta también aquella afirmación de Marx que nos advertía sobre cuál es el modo en que la historia se repite.

¿Estamos ante un inminente desengaño? No son pocos los que de muchas formas distintas han criticado el populismo, en general, para criticar a Podemos, así como otros han defendido el populismo, en general, para defenderles. La crítica suele girar en torno al valor de la Verdad y con ella la denuncia de una suerte de “dignidad política” que con el populismo quedase mancillada. -Como si anteriormente hubiese dignidad entre los políticos del país, como si en realidad la política fuese algo que pudiera hacerse “dignamente”- Pero lo cierto es que el ámbito real en que se ha movido la hipótesis populista ha sido en el manejo de la ilusión y como antídoto contra una suerte de “desafección política” que no sabemos aún si amenaza con volver a extenderse.
Siendo así, se hace difícil adivinar como salir de esta suerte de “agotamiento histórico”, pero entiendo que la clave habrá de encontrarse en una comprensión de lo que ha significado realmente el populismo para España, -o a lo que se ha llamado populismo en España-. Tanto para el propio país como para la propia izquierda que se ha conglomerado y movilizado en torno a éste paradigma como guía y como modelo en el intento de superar la obsesión constante por la repetición de sus errores.

Partiendo de ésta premisa diría que el "populismo de izquierdas" no ha consistido en realidad en una suerte de técnica para la manipulación de las masas -cómo se ha acusado tantas veces-, sino que más bien ha resultado en una suerte de terapia contra aquella cerrazón identitaria de la izquierda que la había arrinconado en un pequeño espacio de marginalidad histórica. Así pues, “Populismo” ha supuesto para los nuevos líderes de la izquierda el marco de legitimidad que necesitaban para liberarse de los viejos dogmas -aupados, eso sí, no por grandes referencias teóricas, sino sencillamente por los éxitos pasados de los movimientos latinoamericanos-. Con lo cual, por un lado, ha sido posible romper con las viejas doctrinas y, por otro lado, ha sido posible hacerlo bajo un “significante vacío” que ha permitido y fomentado a su vez –dado que nadie sabe qué es en realidad “Populismo”- una gran creatividad entre los nuevos organismos propagandísticos y comunicativos de izquierda. Así pues, Populismo ha sido -de facto- un intento de “normalizar” la izquierda, de superar su idiosincrasia tradicionalista y sus orgullos culturales que la tenían acorralada.

Además, considero que se ha abierto un nuevo espacio de acción dentro de éste devenir, tan necesario como interesante, en la medida en que la izquierda ha ido aprendiendo a hacer “política”. Cierto es que aún los organismos del estado, los juegos de palacio, las sutilezas de la corte y las negociaciones de pasillo son algo que de lo que queda mucho que aprender -ya bien para ganar, ya bien para romper el tablero-, pero también es cierto que la izquierda al obligarse a sí misma a Seducir más que a Convencer, a Ganar más que a Honrar, y al ver hechos realidad objetivos que habían estado más allá de lo que antes se hubiera considerado ni tan siquiera imaginable, ha abierto un espacio de transformación propia del que emanan también éste fracaso, pero que tomado en cuenta, y mientras no se asienten en éste “demasiado pronto” las ganas de triunfar, puede dar de sí muchas sorpresas a éste presente que aún parece embotado.

La izquierda comienza a asumir, -pues ésta ha sido la lección del Populismo- que aunque el ser humano necesita de forma irrenunciable de la Verdad como fundamento de sus acciones, y aunque necesita que éstas sean "razonables" o que se puedan justificar por medio de un argumento con que el al menos sea capaz de convencerse a sí misma, esto no significa que los seres humanos se muevan realmente por fundamentos racionales, sino que éstos son tan complejos y difíciles de captar o explicar que más bien se contenta con la apariencia de los mismos. Que en realidad no importa que algo sea cierto o razonable, sino que tan solo es necesario que lo parezca. Y que en esto último está la clave, ya que menudo las mentiras son más fáciles de creer -resultan más razonables- que la propia verdad. Sin embargo, esta clave por sí misma no puede ser suficiente, -como demuestra la funesta situación- sino que aún queda mucho por adaptar los discursos, y en esto lo que ha funcionado en otro país no funcionará aquí -como hemos visto- sino que faltará por conocer cuál es la España real, no la que desde la izquierda se había querido, no aquella con la que sus militantes se relacionan, sino aquella desconocida que llena las calles, los pueblos y las plazas -que no son Lavapiés-, que no conocemos ni queremos, pero que somos nosotros a su vez.

Y así es, curiosamente, como la izquierda se irá volviendo populista. En un momento en el que la suma política consiste en ganar votos de un electorado/masa, y en el que la izquierda -al haber fracasado todos sus intentos- ha reemplazado la “emancipación de los pueblos” por la estrategia electoral ¿a qué otra cosa habríamos de llamar Populismo más que a las mismas reglas con las que se juegan los sillones? La batalla por el discurso, en una situación que ha demostrado que la capacidad de transformar a la sociedad por medio de meras palabras resulta mucho más limitada de lo que parecía, y en una situación de desgaste que vuelve a las personas más desconfiadas y desencantadas con la posibilidad de sus propias ilusiones, habrá de llevarse al fango de bajas pasiones en que ha quedado encallada la situación política. En ese terreno -caldo natural del poder- es donde han tendido a fracasar grandes movimientos, -ensartados por sus propias contradicciones internas- en que los mediocres se han hecho fuertes y los más dignos marginales, los más valientes han sido acusados y los cobardes engalanados, -ya bien eso supusiera la perdida de cualquier perspectiva real de victoria-.

Finalmente, si algo crucial apuntaron adecuadamente en Podemos fue que para ganar un país hay que parecerse al mismo. Y en éste juego la tarea para la izquierda era doble: Por un lado, había que seguir construyendo desde aquel “15M” que empezó a transformar el alma del país, pero, por otro lado, además de azuzarlo en éste sentido, había que seducirlo por otro, mostrarse como aquello que deseaba o como aquello que quería ser. Sin embargo, si España no es aquello que la izquierda desea, o si lo que desea España no es algo que asuma la izquierda, es menos un problema para España que para la izquierda, y si ésta última se plantea realmente llegar a gobernar el país no bastará con sus intentos de que “las cosas signifiquen lo que tienen que significar”, sino que también tendrá que “dejar de parecer aquello que parece”, perder su identidad, -riesgo inasumible si no se quieren perder militantes, recurso indispensable para una organización con presupuesto limitado como es Podemos-.

Desde mi punto de vista, además, aunque la estrategia hegemónica de Podemos fracasó en el mismo momento en que se fabricó el auge de Ciudadanos, que situó inevitablemente a Podemos a la izquierda, -dividiendo con ello, podemos suponer, el potencial electorado que pudo haber llegado a alcanzar-, aún confío en la capacidad de la izquierda de volver a tomar la iniciativa -aún contra sí misma, a pesar de sí misma, en conflicto consigo misma- y esta vez sí, logre conectar no con lo que de ella misma se espera, sino con lo que el país necesita.

Tengámoslo en cuenta; la tendencia natural de las vacas es a moverse en círculos, con lo cual es mucho más fácil dirigirlas cuando van pegadas a un muro –y no tienen para donde girar- que a través de un campo abierto. Así pues, y aunque mientras tanto habrá que dejarla descansar, -y ser el arreador quien se adapte a su ritmo- es buen momento para aprovechar, -ahora que yace en el barro- para sembrar de estacas y alambre allá por donde no queramos que vaya; los maderos más firmes marcarán el sendero de la vaca sencillamente con que nos pongamos detrás, y las lindes de paja, -por altas que sean- serán pisoteadas bajo el ánimo desinteresado, tosco y cansado de nuestra torpe vaca.

Fuente: Rebelión

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Con una media en la cabeza



Ruth Toledano  


Podemos temer que en unas terceras elecciones generales la condena por el auto-hackeo de los ordenadores de su tesorería pueda ayudar a Rajoy a conseguir una nueva mayoría absoluta

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, y la secretaria general del PP, María Dolores Cospedal. Foto: EFE
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, y la secretaria general del PP, María Dolores Cospedal. Foto: EFE
El partido al que el rey Felipe VI ha hecho el endeble encargo de formar Gobierno, el Partido Popular, está, tras su procesamiento, a un paso de sentarse en el banquillo por la destrucción de los discos duros de los ordenadores de Luis Bárcenas, que fuera tesorero del PP. Un procesamiento que llega después de ser “investigado”, ese término por el que el propio PP, en el anterior Gobierno de Rajoy, cambió el “imputado” de toda la vida, a través de la modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal de octubre de 2015. Destruir esos discos duros suponía borrar los rastros de su contabilidad, una medida gravísima y (presuntamente) constitutiva de los delitos de daños informáticos y de encubrimiento. Lo que (presuntamente) se encubrió fue la contabilidad paralela de Bárcenas, es decir, del Partido Popular, delito que habrían cometido Carmen Navarro (tesorera/gerente del PP desde que, a instancias de la preclara Cospedal, sucediera a Bárcenas en mayo de 2012), Alberto Durán (abogado responsable de los servicios jurídicos del PP) y José Manuel Moreno Alarcón (informático responsable del Departamento de Sistemas de la Información del PP).

El partido al que el rey Felipe VI ha hecho el endeble encargo de formar Gobierno, el Partido Popular, formateó hasta 35 veces los discos duros de Bárcenas. 35 veces es una cifra que excede cualquier proceso normal de borrado, reseteado, formateado o lo que se quiera hacer para eliminar la información de un disco duro. Lo deduciría cualquier analfabeto informático y cualquier persona con sentido común. En efecto, borrar hasta 35 veces la información de un disco duro comporta tal pulsión obsesiva que solo denota o locura -que no atribuimos a Carmen Navarro, Alberto Durán y José Manuel Moreno- o turbia intencionalidad -que sí es fácil atribuirles. De hecho, la jueza ha determinado que esa compulsión responde a un sistema conocido con el nombre de ‘Método Gutmann’, que persigue un borrado tan “drástico” que no se conforma con que desaparezca la información que contiene un disco sino “la destrucción física” del mismo. No solo los borraron y formatearon, sino que también los rallaron.

El partido al que el rey Felipe VI ha hecho el endeble encargo de formar Gobierno, el Partido Popular, guardaba en esos discos, físicamente destruidos, los documentos que acreditaban su contabilidad B, la lista de sus donantes y de las reuniones mantenidas con ellos, los detalles presupuestarios de sus campañas electorales, los pagos efectuados por su caja B a Loewe y a otras distinguidas marcas de lujo. Un desenfreno. Por lo que es un alivio moral que la Justicia española, a través de su juzgado de instrucción número 32 de Madrid, haya dictado un auto que viene a recoger la indignación ciudadana ante semejantes hechos, después de que la anterior titular de ese Juzgado ordenara el sobreseimiento de una causa en cuya acusación popular hay numerosas organizaciones civiles, adheridas bajo el nombre de ‘Querella Bárcenas’. Entre otras muchas, la Asociación Libre de Abogados, Izquierda Unida o Ecologistas en Acción, así como casi 30.000 particulares. El objetivo de los promotores de esta querella fue “hacer explícito el apoyo social a las acciones judiciales de carácter penal” que se iniciaron contra Bárcenas y el Partido Popular. La nueva resolución permitirá ahora al Ministerio Fiscal y a las acusaciones abrir nuevas diligencias o, al menos, formular escrito de acusación.

El partido al que el rey Felipe VI ha hecho el endeble encargo de formar Gobierno, el Partido Popular, puede recurrir esta resolución y ya ha anunciado que lo hará. Pero es posible que los argumentos que lleva tres años defendiendo la acusación popular, y que son recogidos por la nueva instrucción, supongan una condena al Partido Popular. En principio, esa condena nos llenaría de orgullo y satisfacción. Y debiera bastar para que el PP no pudiera gobernar. Pero teniendo en cuenta que los innumerables y gravísimos casos de corrupción no le han pasado suficiente factura electoral, podemos temer que, si Rajoy no logra formar Gobierno y acabamos en unas terceras elecciones generales, la condena por el auto-hackeo de los ordenadores de su tesorería pueda ayudarle a conseguir una nueva mayoría absoluta. En cuyo caso, el robo y la extorsión a los fieles españolitos podría ya practicarlo el PP directamente con una media en la cabeza.

A fin de cuentas, se lo han ganado: el partido al que el rey Felipe VI ha hecho el endeble encargo de formar Gobierno, el Partido Popular, es el primer partido político en la historia de España que ha sido imputado (perdón, investigado) en una causa penal. Todo un mérito.
Ruth Toledano
Fuente: eldiario.es

Marx llevaba bastante razón





Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona

Como consecuencia del enorme dominio que las fuerzas conservadoras tienen en los mayores medios de difusión y comunicación, incluso académicos, en España (incluyendo Catalunya), el grado de desconocimiento de las distintas teorías económicas derivadas de los escritos de Karl Marx en estos medios es abrumador. Por ejemplo, si alguien sugiere que para salir de la Gran Recesión se necesita estimular la demanda, inmediatamente le ponen a uno la etiqueta de ser un keynesiano, neo-keynesiano o “lo que fuera” keynesiano. En realidad, tal medida pertenece no tanto a Keynes, sino a las teorías de Kalecki, el gran pensador polaco, claramente enraizado en la tradición marxista, que, según el economista keynesiano más conocido hoy en el mundo, Paul Krugman, es el pensador que ha analizado y predicho mejor el capitalismo, y cuyos trabajos sirven mejor para entender no solo la Gran Depresión, sino también la Gran Recesión. En realidad, según Joan Robinson, profesora de Economía en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y discípula predilecta de Keynes, este conocía y, según Robinson, fue influenciado en gran medida por los trabajos de Kalecki.

Ahora bien, como Keynes es más tolerado que Marx en el mundo académico universitario, a muchos académicos les asusta estar o ser percibidos como marxistas y prefieren camuflarse bajo el término de keynesianos. El camuflaje es una forma de lucha por la supervivencia en ambientes tan profundamente derechistas, como ocurre en España, incluyendo Catalunya, donde cuarenta años de dictadura fascista y otros tantos de democracia supervisada por los poderes fácticos de siempre han dejado su marca. Al lector que se crea que exagero le invito a la siguiente reflexión. Suponga que yo, en una entrevista televisiva (que es más que improbable que ocurra en los medios altamente controlados que nos rodean), dijera que “la lucha de clases, con la victoria de la clase capitalista sobre la clase trabajadora, es esencial para entender la situación social y económica en España y en Catalunya”; es más que probable que el entrevistador y el oyente me mirasen con cara de incredulidad, pensando que lo que estaría diciendo sería tan anticuado que sería penoso que yo todavía estuviera diciendo tales sandeces. Ahora bien, en el lenguaje del establishment español (incluyendo el catalán) se suele confundir antiguo con anticuado, sin darse cuenta de que una idea o un principio pueden ser muy antiguos, pero no necesariamente anticuados. La ley de la gravedad es muy, pero que muy antigua, y sin embargo, no es anticuada. Si no se lo cree, salte de un cuarto piso y lo verá.



La lucha de clases existe

Pues bien, la existencia de clases es un principio muy antiguo en todas las tradiciones analíticas sociológicas. Repito, en todas. Y lo mismo en cuanto al conflicto de clases. Todos, repito, todos los mayores pensadores que han analizado la estructura social de nuestras sociedades –desde Weber a Marx- hablan de lucha de clases. La única diferencia entre Weber y Marx es que, mientras que en Weber el conflicto entre clases es coyuntural, en Marx, en cambio, es estructural, y es intrínseco a la existencia del capitalismo. En otras palabras, mientras Weber habla de dominio de una clase por la otra, Marx habla de explotación. Un agente (sea una clase, una raza, un género o una nación) explota a otro cuando vive mejor a costa de que el otro viva peor. Es todo un reto negar que haya enormes explotaciones en las sociedades en las que vivimos. Pero decir que hay lucha de clases no quiere decir que uno sea o deje de ser marxista. Todas las tradiciones sociológicas sostienen su existencia.




Las teorías de Kalecki

Kalecki es el que indicó que, como señaló Marx, la propia dinámica del conflicto Capital-Trabajo lleva a la situación que creó la Gran Depresión, pues la victoria del capital lleva a una reducción de las rentas del trabajo que crea graves problemas de demanda. No soy muy favorable a la cultura talmúdica de recurrir a citas de los grandes textos, pero me veo en la necesidad de hacerlo en esta ocasión. Marx escribió en El Capital lo siguiente: “Los trabajadores son importantes para los mercados como compradores de bienes y servicios. Ahora bien, la dinámica del capitalismo lleva a que los salarios –el precio de un trabajo- bajen cada vez más, motivo por el que se crea un problema de falta de demanda de aquellos bienes y servicios producidos por el sistema capitalista, con lo cual hay un problema, no solo en la producción, sino en la realización de los bienes y servicios. Y este es el problema fundamental en la dinámica capitalista que lleva a un empobrecimiento de la población, que obstaculiza a la vez la realización de la producción y su realización”. Más claro, el agua. Esto no es Keynes, es Karl Marx. De ahí la necesidad de trascender el capitalismo estableciendo una dinámica opuesta en la que la producción respondiera a una lógica distinta, en realidad, opuesta, encaminada a satisfacer las necesidades de la población, determinadas no por el mercado y por la acumulación del capital, sino por la voluntad política de los trabajadores.

De ahí se derivan varios principios. Uno de ellos, revertir las políticas derivadas del domino del capital (tema sobre el cual Keynes no habla nada), aumentando los salarios, en lugar de reducirlos, a fin de crear un aumento de la demanda (de lo cual Keynes sí que habla) a través del aumento de las rentas del trabajo, vía crecimiento de los salarios o del gasto público social, que incluye el Estado del bienestar y la protección social que Kalecki define como el salario social.

Mirando los datos se ve claramente que hoy las políticas neoliberales realizadas para el beneficio del capital han sido responsables de que desde los años ochenta las rentas del capital hayan aumentado a costa de disminuir las rentas del trabajo (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual” en Le Monde Diplomatique, julio 2013), lo cual ha creado un grave problema de demanda, que tardó en expresarse en forma de crisis debido al enorme endeudamiento de la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares (y de las pequeñas y medianas empresas). Tal endeudamiento creó la gran expansión del capital financiero (la banca), la cual invirtió en actividades especulativas, pues sus inversiones financieras en las áreas de la economía productiva (donde se producen los bienes y servicios de consumo) eran de baja rentabilidad precisamente como consecuencia de la escasa demanda. Las inversiones especulativas crearon las burbujas que, al estallar, crearon la crisis actual conocida como la Gran Depresión. Esta es la evidencia de lo que ha estado ocurriendo (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015)

De ahí que la salida de la Gran Crisis (en la que todavía estamos inmersos) pase por una reversión de tales políticas, empoderando a las rentas del trabajo a costa de las rentas del capital. Esta es la gran contribución de Kalecki, que muestra no solo lo que está pasando, sino por dónde deberían orientar las fuerzas progresistas sus propuestas de salida de esta crisis, y que requieren un gran cambio en las relaciones de fuerza Capital-Trabajo en cada país. El hecho de que no se hable mucho de ello responde a que las fuerzas conservadoras dominan el mundo del pensamiento económico y no permiten la exposición de visiones alternativas. Y así estamos, yendo de mal en peor. Las cifras económicas últimas son las peores que hemos visto últimamente.

Fuente: Público.es

Menese, maestro de un cante viejo cargado de futuro

José Menese, en una imagen de archivo, en pleno recital.
FERIADEALMERIA.ES

El cantaor de La Puebla de Cazalla, con más de medio siglo de trayectoria artística, investigación y compromiso social, fallece a los 74 años

PACO SÁNCHEZ MÚGICA (LA VOZ DEL SUR)


José Meneses Scott, José Menese, era un racionalista cartesiano, cantaba luego existía. Y era manierista, de profundos sentimientos, de una personalidad inconfundible. Ha muerto a los 74 años, pocas semanas después de que partiera otro ancho, trascendental y comprometido coetáneo suyo como fue Juan Peña El Lebrijano. El de la Puebla de Cazalla, al que Mairena hizo debutar en 1959 y al que llegó a considerar su sucesor, era maestro por acumulación. Muy pocos en el arte jondo han tenido en su haber tantas publicaciones discográficas como él —una treintena de discos—. Menos son aún los que se han preocupado por reescribir la partitura cantaora y auxiliar a tantos cantes olvidados o en desuso. Él lo hizo junto a su paisano y letrista de cabecera Francisco Moreno Galván, que le presentó en los círculos madrileños y le aportó una fuerte carga social a su repertorio, pero también en aquel momento en que desempolvó toda la lírica del Siglo de oro para cantar a Lope, Calderón, Quevedo o Góngora, como hizo en su último disco A mis soledades voy, de mis soledades vengo (2005).


Menese era un cantaor comprometido. Un hombre concienciado con su momento vital y artístico. Enfrentado al franquismo, logró que no le censuraran haciendo de la necesidad virtud, y empleando el método del lenguaje en clave, metafórico, sólo inteligible para el receptor de alma pura. Famosa fueron letras como Qué bien me suena tu nombre, donde denunciaba la perversión de la palabra guerrillero por parte de un grupo terrorista de ultraderecha del tardofranquismo conocido como ‘Guerrilleros de Cristo Rey’: Guerrillero, guerrillero/qué bien me suena tu nombre/va ligado a la leyenda/de libertad e ilusiones/... De igual modo, introdujo y difundió el flamenco en las universidades y entre un nutrido grupo de intelectuales. “La voz, la voz que cierra y abre las palabras, el cante cortado de perfil, bruscamente. Voz centrada ensanchándose desde dentro”, escribía Blas de Otero del cantaor, de eco redondo y mineral.
Pese a su ortodoxia y clasicismo, ajeno a modas y al imperio del marketing, fue de los primeros flamencos en abrir este género a coliseos como el Teatro Olympia de París (1973 y 1974) y el Auditorio Nacional de Madrid (1991). Incluso llegó a ganar, entre multitud de premios flamencos, un Premio Ondas de la Cadena Ser en el año 68 del siglo pasado. En sus recitales huía del sota, caballo y rey imperante, y buscaba la sorpresa proponiendo, con humildad y didactismo, cantes sepultados por el tiempo que fue recuperando progresivamente. El flamencólogo Francisco Vallecillo llegó equipararle a otros grandes cantaores payos de la historia del flamenco como Silverio y Antonio Chacón. Para Menese, la seguiriya era “el cante más difícil que hacía como nadie Manuel Torre". Masticaba desamor y nostalgia en los tercios de Moreno Galván y solía cerrar con aire mairenero, a pesar de haberse alejado de los patrones del genio sevillano tras haber tomado su propia vereda del cante.
Pese a todo, no es menos cierto que a nivel institucional no se ha reconocido y valorado en su justa y amplísima medida la contribución que ha venido haciendo durante más de medio siglo de trayectoria artística y exploración arqueológico-flamenca. Quizás fue porque sobrevivió fiel a sus principios de manera inquebrantable, incapaz de traicionar a sus ideales y empeñado en preservar la evolución desde la raíz. Reivindicó su derecho a expresarse libremente, a desprenderse del rigor mortis de la comercialidad y la dictadura del consumo rápido. Con Menese, el flamenco, el que se conoce y el que está por descubrir, era un arma cargada de futuro. Un arma, a la manera de Celaya, con la que el cantaor te apuntaba al pecho. Poesía como el aire que respiramos y el cante que espacia cuanto lleva dentro.

AUTOR
Paco Sánchez Múgica (La voz del Sur)

Fuente: Público.es

No es cierto que salgamos de la crisis




Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid

En la pasada campaña electoral, PP y sus voceros pregonaron haber gobernado bien, que el paro disminuía gracias a sus ‘reformas’ y la economía iba viento en popa. Pero otra es la cruda realidad. Tal vez el PP y la ciudadanía vivan en dimensiones diferentes y no ven ni viven lo mismo.

Hace un año, Fernando Luengo nos recordaba, contra el coro laudatorio de economistas neoliberales, que no salíamos de la crisis. Aunque el producto interior bruto aumentara en 2014 un 1,4% y previsiones próximas apuntaran algún crecimiento. Pero endeble, ridículo. Aunque lo más importante, recordaba Luengo, es que la economía tal vez se movía (o arrastraba), pero la mayoría de población no se enteraba, no se recuperaba. El desempleo mantenía cotas históricas, casi todos los nuevos contratos son precarios y los salarios, bajos, muy bajos. Y nada ha cambiado para bien.

Es la trampa de las cifras macro-económicas, que poco tienen que ver con la realidad. Y ésta, implacable, muestra que la mayor parte de salarios se han estancado o disminuyen. Además de aparecer (y aumentar) los trabajadores pobres: los que no salen de la pobreza con empleo. Si se le puede llamar empleo. La precarización del empleo atribuible al PP ha provocado pobreza laboral generalizada. Según el Instituto Nacional de Estadística, algo más del 14% de trabajadores con empleo no superan el umbral de la pobreza. ¡Muy fuerte!

Las cifras de pobreza y desigualdad muestran que la presunta recuperación no llega a la gente. Porque la innegable realidad es que la crisis ha sido una ofensiva en toda regla de la minoría que detenta el poder económico contra la población. La ha empobrecido y privado de derechos esenciales, en exclusivo beneficio de las llamadas élites. El resto, música ambiental.

¿Qué ocurrió con los tres millones de empleos que el PP prometió? Agua de borrajas. Pero durante su gobierno sí se ha destruido el equivalente a 900.000 empleos, como documenta Enrique Negueruela. La Encuesta de Población Activa (EPA) oficial muestra que no hay recuperación real, como prueba que hoy se trabajen ¡33 millones de horas menos! La reforma laboral del PP ha destruido el equivalente a esos citados cientos de miles de puestos de trabajo a tiempo completo. Como demuestran esos millones de horas trabajadas menos. Además de que dos millones y medio de ocupados están subempleados en puestos de menor cualificación que la que poseen (cobrando menos, claro) o muchas menos horas de las necesarias para obtener un salario decente.

El paro bajó en mayo pasado casi 120.000 personas, dicen, pero fue la típica bajada primaveral, no por acción gubernamental alguna que fortalezca la economía productiva. Además de que los contratos indefinidos a jornada completa de los nuevos empleados no llegan a un ridículo 5%. Mientras el 92% (casi todos) son eventuales, temporales, precarios. Si eso es reducir el paro…

Y con tanto desempleado es vital saber qué ayudas reciben los parados, pues han de vivir. Y la cobertura a parados solo atiende al 53% de gentes sin trabajo. Es decir, un 47% de parados (casi la mitad) no recibe ayuda alguna.

Además de que son menos los desempleados que cobran prestación, menor es la que reciben, como documenta CCOO. En España hay casi dos millones de personas en paro excluidas del sistema de protección por desempleo (SEPE), según ese servicio, pero la EPA asegura que los desempleados sin ayuda son casi cuatro millones. El doble. Mucha gente. Los desempleados con subsidio apenas son la mitad de parados y las ayudas continúan bajando. El gasto para protección al desempleo en mayo bajó 10% respecto a 2015… y algo más del 40% respecto a 2012. Pero el paro de muy larga duración aumenta; según la EPA, ya es el 43%…

No hay motivo de alegría para la gente trabajadora ni esperanza de mejora en tiempo breve. La recuperación es una falacia. ¿Cuándo dejarán de mentir? Además de que lo que perpetra esta gente del PP va contra los principios y derechos propios de una sociedad civilizada y justa. Principios indiscutibles o reina la barbarie.

Principios como que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Que todo individuo tiene derecho a la vida. Y, para asegurar ese derecho a la vida, tiene derecho a la seguridad social y satisfacer sus derechos económicos. Por lo que toda persona tiene derecho a la protección contra el desempleo.

¿Qué parte de esos derechos no entienden esos neoliberales?

Fuente: ATTAC Madrid

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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