martes, 4 de octubre de 2016

Los 37 acusados del caso Gürtel


Resultado de imagen de caso gürtel imputados

Políticos, empresarios y familiares y empleados de ambos grupos integran el banquillo de los acusados en el juicio que arranca este martes
El PP y Ana Mato figuran como posibles responsables civiles, presuntos beneficiarios del dinero de la corrupción, y no tendrán que acudir a la vista


Raúl Sánchez


Este martes arranca en la Audiencia Nacional el primer gran juicio del 'caso Gürtel', el que afecta a los negocios de  la red de corrupción integrada por empresarios y políticos del PP en Madrid, Castilla y León y Estepona (Málaga) entre 1999 y 2005, la 'Primera Época', según la bautizó el juez Pablo Ruz. Estos son las 37 personas que se sentarán en el banquillo de los acusados. El PP y Ana Mato, entre otros, podrán enviar a un representante legal. Aparecen en el capítulo de posibles responsables de la responsabilidad civil de los delitos que el tribunal atribuya finalmente a los acusados.

Los procesados de la Gürtel

Empresarios de la trama


Francisco Correa


Pablo Crespo


Luis de Miguel Pérez


Álvaro Pérez Alonso (El Bigotes)

José Luis Izquierdo López


Felisa Isabel Jordán


Alicia Mínguez


Antonio Villaverde Landa

Carmen García Moreno


Antonio Martín Sánchez


Juan Ignacio Hernández Rodríguez


Iván Yáñez

Alfonso García-Pozuelo


Inmaculada Mostaza Corral


Pablo Ignacio Gallo


Jacobo Gordon Levenfeld

Políticos y familiares

Luis Bárcenas


Guillermo Ortega


Alberto López Viejo


María del Carmen Rodríguez Quijano

Rosalía Iglesias


Juan José Moreno


Teresa Gabarra Balsells


Javier Nombela

Jesús Sepúlveda Recio


Ricardo Galeote


Ángel Sanchís Perales


Carlos Clemente Aguado

José Luis Peñas Domingo


Ángel Sanchís Herrero


Luis Valor San Román


Jacobo Ortega Alonso

Pedro Rodríguez Pendás


Jesús Merino


Jesús Calvo Soria


José Antonio Sáenz Jiménez


Roberto Fernández Rodríguez



Roberto Fernández Rodríguez

Francisco Correa. Empresario y cabecilla de la trama 'Gürtel'. La Fiscalía pide para él 125 años y 1 mes de prisión por los delitos de asociación ilícita, fraude continuado a las Administraciones Públicas, cohecho activo continuado, falsedad continuada, malversación de caudales públicos continuado, falsedad en documento mercantil, estafa, prevaricación, delito contra la Hacienda Pública, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y continuado de fraude y exacciones legales a las Administraciones Públicas.

Pablo Crespo. Número dos de la trama 'Gurtel' y exsecretario de Organización del PP en Galicia. La Fiscalía pide para él 85 años y 6 meses de prisión por los delitos de asociación ilícita, fraude continuado a las Administraciones Públicas, cohecho activo continuado, falsedad continuada, malversación de caudales públicos continuado, continuado de malversción en concurso con deilto de prevaricación continuada, delito contra la Hacienda Pública por el concepto de IRPF de 2003 y 2004, blanqueo de capitales, tráfico de influencias continuado, continuado de fraudes y exacciones ilegales a las Administraciones.

Luis Bárcenas. Tesorero del Partido Popular entre 2008 y 2009. La Fiscalía pide para él 42 años y 6 meses de prisión por los delitos de blanqueo de capitales, falsedad continuada, apropiación indebida, ocho delitos contra la Hacienda Pública, estafa en grado de tentativa y falsedad en documento mercantil.

José Luis Izquierdo. Contable de las empresas de Francisco Correa. La Fiscalía pide para él 45 años y 2 meses de prisión por los delitos de asociación ilícita, cohecho activo continuado, falsedad continuada, contra la Hacienda Pública y blanqueo de capitales.

Felisa Isabel Jordán, 'Isabelita'. Administradora de varias empresas de la trama 'Gürtel'. La Fiscalía pide para ella 39 años de prisión y 1 mes por los delitos de asociación ilícita, malversación continuada con prevaricación, cohecho continuado, fraude continuado, falsedad continuada, malversación de caudales, tráfico de influencias, continuado de fraude y exacciones legales a las Administraciones Públicas, continuado de falsedad en documento mercantil.

Alicia Mínguez. Encargada de la facturación y de la gestión contable y financiera de las empresas de la trama 'Gürtel'. La Fiscalía pide para ella 19 años de prisión por los delitos de asociación ilícita, cohecho activo continuado, continuado de fraude y exacciones legales a las Administraciones Públicas, malversación de caudales públicos continuada y falsedad de documento mercantil continuada.

Javier Nombela. Exvocal del PP en la Junta del distrito madrileño de Moncloa vinculado a las empresas de la trama 'Gürtel'. La Fiscalía pide para él 19 años de prisión por los delitos de asociación ilícita, cohecho activo continuado, continuado de fraude y exacciones legales a las Administraciones Públicas, malversación de caudales públicos continuada y falsedad de documento mercantil continuada.

Estepona

Ricardo Galeote. Exconcejal del PP en el Ayuntamiento de Estepona. La Fiscalía pide para él 11 años y 8 meses de prisión por los delitos de fraude continuado a las administraciones públicas, cohecho continuado, falsedad continuada y malversación de caudales públicos continuado y prevaricación.

Majadahonda

Guillermo Ortega Alonso. Exalcalde de Majadahonda. La Fiscalía pide para él 50 años y 4 meses de prisión por los delitos de asociación ilícita, cohecho continuado en concurso con falsedad documental, fraude continuado a las Administraciones Públicas, malversación continuada, falsedad continuada, contra la Hacienda pública, y blanqueo de capitales.

María Carmen Rodríguez Quijano. Exesposa de Francisco Correa y exjefa de gabinete del exalcalde Majadahonda. La Fiscalía pide para ella 35 años 7 meses de prisión por los delitos de asociación ilícita, cohecho continuado, fraude continuado, malversación de caudales públicos continuado, falsedad en documento mercantil continuado, contra la Hacienda Pública y blanqueo de capitales.

José Luis Peñas Domingo. Exconcejal de Majadahonda y uno de los denunciantes de la trama. La Fiscalía pide para él 6 años y 5 meses por los delitos de asociación ilícita, cohecho continuado en concurso con falsedad documental, fraude continuado a las Administraciones Públicas y malversación de caudales públicos continuada con prevaricación.

Juan José Moreno Alonso. Exconcejal de Majadahonda. La Fiscalía pide para él 24 años y 4 meses de prisión por los delitos de asociación ilícita, cohecho continuado en concurso con falsedad documental, fraude continuado a las Administraciones Públicas y malversación continuada y falsedad continuada.

Luis Valor San Román. Exdirector del Área de Nuevas Tecnologías del Ayuntamiento de Majadahonda. La Fiscalía pide para él 5 años de prisión y 3 meses por los delitos de malversación continuada en concurso por prevaricación continuada.

Antonio Villaverde Landa. Abogado que trabajó entre 2001 y 2004 para Francisco Correa. La Fiscalía pide para él 15 años y 9 meses por los delitos contra la Hacienda pública y blanqueo de capitales continuado.

Jacobo Gordon Levenfeld. Empresario y exsocio de Alejandro Agag. La Fiscalía pide para él 2 años de prisión por el delito de blanqueo de capitales.

Jacobo Ortega Alonso. Hermando del exalcalde de Majadahonda Guillermo Ortega. La Fiscalía pide para él 5 años de prisión por el delito de blanqueo de capitales.

Luis de Miguel Pérez. Presunto cerebro financiero de la trama 'Gürtel'. La Fiscalía pide 18 años y 6 meses de prisión por delitos contra la Hacienda Pública, blanqueo de capitales continuado y falsedad en documento mercantil.

Pozuelo de Alarcón

Jesús Sepúlveda. Exacalde de Pozuelo de Alarcón. La Fiscalía pide para él 15 años y 4 meses por los delitos de blanqueo de capitales, falsedad continuidad de documento mercantil, cohecho, fraude continuado a las Administraciones Públicas, prevaricación, malversación de caudales públicos y tráfico de influencias.

Jesús Calvo Soria. Empresario, exgerente general de la Universidad Complutense y exalto cargo de la Comunidad de Madrid. La Fiscalía pide para él 3 años de prisión por blanqueo de capitales.

Roberto Fernández Rodríguez. La Fiscalía pide para él 2 años y 3 meses de prisión por los delitos de fraude continuado a las Administraciones Públicas, prevaricación y malversación de caudales públicos.

José Antonio Sáenz Jiménez. Exconcejal de Medio Ambiente de Pozuelo de Alarcón. La Fiscalía pide para él 2 años y 3 meses de prisión por el delito de fraude continuado a las Administraciones Públicas y prevaricación.

Alfonso García-Pozuelo.  Empresario presidente de la Constructora Hispánica SA. La Fiscalía pide para él 4 años y 6 meses de prisión por los delitos de cohecho continuado. Su petición de condena se vio rebajada al convertirse en el primer acusado que pactó colaborar.

Carmen García Moreno. Administradora de las empresas vinculadas a la trama 'Gürtel'. La Fiscalía pide para ella 11 años y 9 meses de prisión por los delitos de falsedad continuada en documento mercantil, fraude continuado y exacciones ilegales a las Administraciones Públicas y malversación continuada de caudales públicos.

Madrid

Alberto López Viejo. Exmiembro del Comité Ejecutivo y de la Junta Directiva regional del PP. La Fiscalía pide para él 46 años de prisión por fraude continuado a las Administraciones Públicas, malversación continuada de caudales públicos, falsedad en documento mercantil, cohecho continuado, fraude continuado y exacciones ilegales a las Administraciones Públicas, tráfico de influencias y delito contra la Hacienda Pública.

Carlos Clemente Aguado. Exasesor de José María Michavila, antiguo ministro de Justicia. La Fiscalía pide para él 8 años de cárcel por los delitos de cohecho continuado, fraude y exacciones ilegales a las Administraciones Públicas.

Pedro Rodríguez Pendás. Exasesor de Alberto López Viejo. La Fiscalía pide para él 4 años y seis meses de cárcel por los delitos de fraude continuado, exacciones ilegales a las Administraciones Públicas.

Antonio Martín Sánchez. Vinculado a la entidad MQM. La Fiscalía pide para él 9 años y seis meses por los delitos de fraude continuado, exacciones ilegales a las Administraciones Públicas, malversación de caudales públicos y falsedad en documento mercantil.

Juan Ignacio Hernández Rodríguez. Empresario vinculado a las empresas de la trama 'Gürtel'. La Fiscalía pide para él 9 años y seis meses por los delitos de fraude continuado, exacciones ilegales a las Administraciones Públicas, malversación de caudales públicos y falsedad en documento mercantil.

Inmaculada Mostaza Coral. Administradora de Servimadrid, empresa vinculada a la trama 'Gürtel'. La Fiscalía para ella 2 años y 6 meses de prisión por los delitos de fraude continuado y exacciones ilegales a las Administraciones Públicas.

Pablo Ignacio Gallo-Alcántara. Empleado de Correa, sustituto de Jordán en la administración de las sociedades. La Fiscalía pide para él 2 años y 6 meses por un delito continuado de fraude y exacciones ilegales a las Administraciones Públicas.

Teresa Gabarra. Esposa de Alberto López Viejo. La Fiscalía pide para ella 6 años y 6 meses de cárcel por los delitos de blanqueo de capitales continuado y contra la Hacienda Pública.

Castilla y León

Jesús Merino Delgado. Exdiputado del PP por Segovia y exsenador popular. La Fiscalía pide para él 3 años y 9 meses de cárcel por los delitos de cohecho, blanqueo y falsedad continuada.

Álvaro Pérez Alonso. Alias 'El Bigotes'. Es de los principales responsables de la trama y titular de la empresa Orange Market. La Fiscalía pide para él 5 años y dos meses de cárcel delitos de cohecho.

Rosalía Iglesias. Esposa del extesorero del PP Luis Bárcenas. Anticorrupción pide para ella 24 años y 1 mes de prisión por los delitos de apropiación indebida, ocho delitos contra la Hacienda Pública, estafa procesal y blanqueo de capitales.

Iván Yáñez. Supuesto testaferro del extesorero del PP Luis Bárcenas. Anticorrupción pide para él 7 años de cárcel por delitos contra la Hacienda Pública y blanqueo de capitales relacionados con operación de la trama en Castilla y León.

Ángel Sanchís Perales. Extesorero de Alianza Popular (AP). Anticorrupción pide para él 8 años de cárcel por delitos contra la Hacienda Pública, falsedad y blanqueo de capitales.

Ángel Sanchís Herrero. Hijo del que fue tesorero de Alianza Popular (AP) Ángel Sánchís Perales. Anticorrupción pide para él 6 años de cárcel por un delito de blanqueo de capitales.

Fuente: eldiario.es

El NO se impuso, ¿qué sigue?

Resultado de imagen de colombia


José Antonio Gutiérrez D.
Rebelión


Con una participación de apenas el 37% del electorado, el NO se impuso, con un 50% de los votos, por un breve margen de menos de un 1%. En circunstancias normales, este resultado se vería como un empate técnico[1]. Sin embargo, la derrota política sufrida por los sectores políticos que han respaldado el acuerdo de paz entre el gobierno de Santos y las FARC-EP no puede ser minimizada. La campaña del NO, en estricto rigor, no tenía que ganar para ganar: le hubiera bastado tener un margen de votos lo suficiente amplio como para poner un signo de interrogación y quitar piso de legitimidad a lo acordado en La Habana. En cambio, lograron mucho más que eso, imponiéndose en el conteo final en una jornada electoral cuyos altos niveles de abstención tampoco pueden atribuirse exclusivamente a la lluvia. La falta de entusiasmo en torno a este acuerdo de paz ha sido más que evidente, pese a que todos los medios de comunicación, la llamada “comunidad internacional” y las principales personalidades de la política y la cultura se posicionaron a favor del SI. No es de sorprenderse que el SI haya tendido a imponerse en las zonas de presencia guerrillera o de fuerte intensidad del conflicto, mientras que el NO se tendió a imponer en las zonas alejadas del conflicto[2]. Pero estas son tendencias, no realidades absolutas: en zonas del Caribe, claramente ajenas al conflicto, se impuso el SI y el NO se impuso en municipios fundacionales de las FARC-EP, como ser Chaparral, Rioblanco y Planadas en Tolima.

Ya habíamos dicho, a contravía del triunfalismo reinante entre los partidarios del SI, que resultaba insensato despreciar la fuerza que el NO podía tener entre los votantes[3]. Pese a que en un principio el espectro del NO era feudo exclusivo de los uribistas, sería un error asumir que pertenecen al expresidente todos los votos en contra al acuerdo, o que todos estos votos representen al “guerrerismo”: aunque esos sean los sectores más visibles, hubo sectores que con argumentos jurídicos también se posicionaron en el campo del NO[4]. No creo que muchos de los votantes contra el acuerdo quieran, genuinamente, volver a la guerra o quieran más derramamiento de sangre. Esto es algo que no debe ser obviado. Acá no se debatió la paz y la guerra, aunque así lo quiera ver obstinadamente un determinado sector –se sabía que, fuera cual fuera el resultado del plebiscito, la decisión de las FARC-EP de abandonar la lucha armada no tiene reversa y en ese sentido se habían ya expresado algunos comandantes de esa guerrilla[5]. Quienes rechazaron el acuerdo tal cual fue negociado en La Habana esperan una renegociación.

Desde luego, no ayudó la pobre pedagogía de paz durante el proceso de negociación, en el cual hubo más interés en aislar y desacreditar a la insurgencia que en dar capital político a lo que se venía negociando. Ni tampoco ayudó la campaña de Santos, que invitó al pueblo a tragarse sapos. Al pueblo no le gusta tragarse sapos , aunque a veces tenga que hacerlo contra su voluntad. Pero si se le da la opción, dirá que no. Así de sencillo. Podrá decirse que el mensaje de Santos fue tibio o confuso, pero no podía ser de otra manera: en realidad, tanto él como Uribe son representantes de la oligarquía y sus contradicciones, magnificadas por la prensa, son más de forma que de fondo[6]. En la narrativa post-conflicto que están construyendo –antes de que estemos en el post-conflicto-, el Estado aparece como un padre benevolente que perdona a su hijo rebelde sus desafueros pasados. La cuestión es cuanto están dispuestos a ceder o a perdonar. Un acuerdo que no tocaba el modelo y que no tenía, de manera evidente, capacidad transformadora para la mayoría, no tuvo mayor eco y el debate terminó limitándose a la supuesta impunidad para las FARC-EP.

Pero más allá de las limitaciones obvias de la campaña oficialista, el triunfo del NO refleja la debilidad de las partes negociadoras de cara a la población . Santos es uno de los presidentes más impopulares de la historia colombiana[7], y dudo mucho que la colección de politiqueros, vividores y oportunistas encabezando el SI –entre ellos personajes como Samper o Gaviria- hayan contribuido a generar confianza en torno al proceso. Esto, sin considerar la profunda crisis institucional que vive el país. Por otra parte, aunque las FARC-EP cuentan con un respaldo profundo y arraigado en ciertas zonas rurales donde han tenido presencia, el rechazo a ellas por parte de las mayorías urbanas es indiscutible. El repudio a las FARC-EP tiende a aumentar mientras más lejos se esté de ellas –resulta curioso, por decir lo menos, que algunas de las personas más viscerales en contra de la guerrilla sea gente que jamás en su vida han conocido a un guerrillero, lo cual demuestra la fuerza de la construcción que mediante la propaganda oficial se ha hecho. Pero sea cual sea el origen de esta percepción, ella es una realidad que no puede ser ignorada. Resultaba clave, para ganar apoyos al proceso de paz, conectar con la población que vive fuera de las zonas rurales de influencia tradicional y llegar una población mayoritariamente urbana o incluso no urbana pero que está inmersa en otras problemáticas y otros procesos , que son afectados indirectamente por la guerra de maneras diferenciadas. ¿Qué significaba el proceso de paz para ellos, en concreto? La izquierda que rodeó al proceso, dividida como está, débil, marginal, desconectada del sentir y pensar de las mayorías populares, más hábil para alienar y señalar a los que piensan diferente que para generar procesos incluyentes, sin suficiente imaginación, con prácticas añejas, acostumbrada a consignas que han tapado su falta de proyecto para ofrecer al conjunto del pueblo, fue incapaz de hacer esta tarea.

El triunfo del NO vuelve a demostrar que el proceso fue visto como un asunto distante para la mayoría de la población, como algo ajeno. De hecho, el proceso de paz fue “vendido” mucho mejor a la comunidad internacional que al propio pueblo colombiano. Santos parecía más interesado en una agenda externa (buscar fondos internacionales para “Paz Colombia”, su anhelado premio Nobel de la paz) que en los resultados de la misma negociación. La alta abstención indica esa falta de conexión con el acuerdo de La Habana, pero es difícil creer que una mayor participación hubiera revertido la tendencia. Tal vez, en este sentido, no resulta tan descabellado, como se ha querido hacer creer, la posición del ELN de convocar un amplio diálogo nacional para superar el conflicto social y armado –recordemos que las negociaciones con esta otra insurgencia están empantanadas, entre otras cosas, por los mecanismos de participación popular, que demandan sean mucho más fuertes que los que existieron en el proceso de La Habana.

Si bien el triunfo del SI no significaba el triunfo del “castro-chavismo”, tampoco el triunfo del NO significa el retorno a la guerra total. Quedan dos caminos por delante frente a este impase: una renegociación de los acuerdos, que implicaría a las dos partes tragarse sus palabras previas de que nada era re-negociable e incluir una participación más amplia incluyendo, entre muchos otros, a sectores del uribismo[8], o la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, propuesta inicial tanto de las FARC-EP como del uribismo, propuesta que en el actual contexto político podría resultar desastrosa para las fuerzas progresistas . Nada asegura que la nueva Constitución sea más progresista que la del ’91, y todo pareciera indicar que se impondrían fuerzas reaccionarias que dejarían su impronta en la Carta Magna por décadas. Así las cosas, lo más probable es que termine renegociándose condiciones más draconianas para los insurgentes, mientras el ELN toma nota de los acontecimientos.

Después de esta dura derrota, volvemos entonces a la pregunta del millón ¿qué hacer? Responder esta pregunta requiere de un ejercicio de autocrítica profunda por parte de la izquierda: no es suficiente criticar a terceros, sea la lluvia, sea la oligarquía, sean los medios, sea el imperio. Como para variar, los principales medios, sectores oligárquicos y las principales potencias del mundo (incluido EEUU) estuvieron de acuerdo con el SI al plebiscito. Hay también que abandonar la arrogancia de esa izquierda que presupone que cuando los sectores populares no están de acuerdo con ella, es porque son brutos, tienen la cabeza lavada, son irracionales, son guerreristas, pasionales, etc. En vez de vociferar “caverna” o “guerrerismo” hay que aceptar con humildad estos resultados y tratar de entender el mensaje de fondo que se entrega a quienes creen en la posibilidad de construir una sociedad más libre, más justa y más igualitaria.

Hay que dar un paso atrás y tratar de pensar nuevamente el proyecto de sociedad que se ofrece al conjunto del pueblo, pero también hay que entender que ese proyecto no puede ser sencillamente ofrecido a las masas con la benevolencia paternalista del despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Se requiere que el pueblo, sus mil luchas, organizaciones, expresiones, deseos, ocupen el centro del quehacer político. No se trata solamente de ofrecer una alternativa al pueblo o “venderle” un acuerdo, se trata de construir esa alternativa junto a él. La paz, por sí sola, ya no es el máximo convocante para la sociedad colombiana, así haya quienes la hayan utilizado para re-elegirse o para candidatearse en las próximas elecciones[9]. Toca enfatizar ese componente de “justicia social” que siempre se insistió que era un aspecto crucial de la paz, el cual estuvo apenas tímidamente representado en la paz ofrecida por los acuerdos de La Habana. Es necesario conectar la paz con las condiciones de vida de la mayoría de la población, mayorías que tienen interés en una Colombia mejor, en una Colombia más humana, más participativa, más igualitaria, pero que no se ve reflejada en lo acordado en La Habana o que lo desconocen porque es un proceso distante. Para lograr ser relevantes, toca abandonar la arrogancia y los vicios autoritarios de cierta izquierda, y encontrar la manera de contribuir a que las masas se conviertan en protagonistas de su propia historia y no verlas solamente como un rebaño que se acarrea para implementar decisiones tomadas por las “mentes superiores”. Una tarea formidable pero que requiere un cambio de mentalidad en quienes apuestan por una nueva sociedad. Más allá del plebiscito, el sol volverá a salir, el mundo seguirá girando y los problemas sociales de las mayorías seguirán ahí –mientras esto sea así, hay esperanza para un proyecto transformador que realmente convoque al conjunto del pueblo.

Notas:

[1] Puede consultarse el resultado electoral pormenorizado en la página de la Registraduría http://plebiscito.registraduria.gov.co/99PL/DPLZZZZZZZZ...1.htm

[2] Se pueden revisar los datos en la página de la Registraduría ya mencionada. Mientras el NO se impuso en Caquetá, municipios como Solano, Cartagena de Chairá y San Vicente del Caguán, votaron mayoritariamente por el SI (aunque con un margen estrecho). Lo mismo ocurre en Norte de Santander (donde el NO se impuso en prácticamente todas partes menos el Catatumbo) o en Arauca.

[3] http://anarkismo.net/article/29580

[4] Ver, por ejemplo, el artículo de José Gregorio Hernández Galindo http://www.razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-....html

[5] Ver las declaraciones del comandante fariano Carlos Antonio Lozada http://www.elespectador.com/noticias/paz/farc-sostienen...40303

[6] Sobre este asunto, recomiendo la lectura de Jaime Jiménez entre las similitudes de la campaña oficialista del SI y la del uribismo por el NO http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217480&titular=a...-del-

[7] Curiosamente, la falta de legitimidad y popularidad de Samper fue una de las razones por la cual la insurgencia no negoció con él. Hoy se negocia con el igualmente impopular Santos, mientras Samper ha utilizado el proceso de paz y sus contactos con sectores de la izquierda liberal para intentar rehabilitarse.

[8] Como anécdota, el nunca bien ponderado pero casi siempre lúcido William Ospina decía en una polémica columna en las pasadas elecciones presidenciales que, en su infinita capacidad de equivocarse, la izquierda creía que el mal menor era Santos debido a la negociación de paz. En cambio, de manera preclara, Ospina afirmaba: “Yo he abogado 20 años por la paz negociada, pero, con el perdón de las Farc, nada me parece más inverosímil que la paz de Santos. La paz, para que sea verdadera, tiene que ser otra cosa, y ya muchos han advertido que si la paz sólo puede hacerse con el enemigo, una paz sin Uribe es como una mesa de dos patas”. Creo que el resultado del plebiscito y la perspectiva de renegociar con el uribismo, de alguna manera, reivindica la posición de Ospina que en ese momento provocó un voladero de plumas e hizo que se le descalificara con toda clase de epítetos abusivos. Ver su columna http://www.elespectador.com/opinion/de-dos-males-column...95794

[9] Humberto de la Calle ha recibido una dura paliza en sus intentos de ser el candidato de la paz.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

F.G. y Cebrián, operación acoso y derribo a Sánchez

Felipe González, Juan Luis Cebrián


Roberto Montoya
Viento Sur


“Me dijo (Sánchez) que se iban a abstener, me siento engañado”. Con su sinceridad habitual -faltaba más-, el ex presidente Felipe González hacía esas declaraciones a la cadena SER el miércoles pasado. Minutos después el resto de medios del Grupo PRISA rebotaba con fuerza la noticia y a continuación lo hacían en tromba los otros medios y las redes sociales.

Las palabras del eterno intrigante González parecían ser la contraseña acordada -como lo era ’Duque de Ahumada’ para los golpistas del Tejerazo- porque sólo horas más tarde 17 barones de la Ejecutiva Federal del PSOE presentaban conjuntamente su dimisión para forzar la caída de Pedro Sánchez, según su torticera interpretación de los estatutos del partido.

A pesar de las rivalidades políticas y personales que mantienen entre sí varios de esos barones -y baronesas-, quienes vienen orquestando desde hace ya mucho tiempo la operación acoso y derribo de Sánchez consiguieron con su medida el objetivo buscado: unir en un frente común al grueso de los críticos a Sánchez.

Para ello provocaron un impacto mediático que llegó a todos los confines del -mal llamado- mundo desarrollado, centrado en mostrar al máximo líder del PSOE como el único responsable de los desastrosos resultados electorales del partido, como el aventurero que se atrevía a intentar, tímida y tardíamente, tantear la posibilidad de presentar una propuesta de Gobierno alternativo progresista que impida seguir gobernando al PP.

¡Qué barbaridad, a quién se le ocurre algo semejante!, que diría Susana Díaz, quien criticaba estos días a “aquellos que se han cegado con los fogonazos de los partidos nuevos”. Algo parecido a lo que decía González: “la dispersión del voto no ha aportado nada bueno a España” ¿Qué opinará Rivera, que le permitió a Susana Díaz ser presidenta de Andalucía sobre su alusión a los “partidos nuevos”? ¡Ah!, es que hay partidos nuevos, y partidos nuevos-viejos, viejísimos, es eso, hay que saber diferenciar.

Toda esta operación de acoso y derribo contra Sánchez lo ha convertido en un izquierdista de toda la vida, un radical, un extremista.

La trama urdida por el Señor X -perdón, el que fuera presunto Señor X, que el otro día parecía a punto de confesar al fin con eso que dijo de “a pesar de lo que hicimos en el País Vasco, tá, pá, pá”-, junto con Cebrián, los señores del IBEX35 y los fondos buitre y otros accionistas de PRISA, ha estado sin duda bien coordinada.

Esa trama empezó en realidad hace mucho, mediáticamente al menos desde 2014, cuando Felipe González, sentado entonces en su poltrona en Gas Natural y desde el púlpito de PRISA lanzó la provocadora idea de una “gran coalición” entre el PP y el PSOE, indicándole así el camino a seguir al entonces secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Posteriormente F.G. fue diluyendo esa propuesta y apostando abiertamente para que el PP o el PSOE dejaran gobernar a aquel de ellos que resultara más votado. En definitiva, lo importante era mantener el bipartidismo, lo que garantizaba tranquilidad para el Poder real del país.

“Ni el PP ni el PSOE deberían impedir que el otro gobierne”, decía González el 26 de enero de 2016 -en El País, por supuesto-, a cuatro columnas en portada y gran despliegue interno.

De ese segundo planteamiento F.G. pasó dos meses después a declarar en otra entrevista a El País, cuando se le preguntó tras el pacto entre el PSOE y Ciudadanos a qué tercera puerta tendrían que tocar para tener mayoría: “No tengo preferencias entre el PP y Podemos”. Al que hasta dos décadas antes había sido secretario general del PSOE le daba lo mismo que su partido compartiera el poder con la derecha o con la izquierda.

Sin embargo, en su tercera postura en dos años González ya acabó con cualquier ambigüedad. Pidió a Sánchez que se olvidara de intentar un gobierno alternativo progresista con “leninistas 3.0” y “los que quieren romper España”. González reclamó públicamente al secretario general de su partido que se abstuviera ante la segunda intentona de investidura de Rajoy permitiéndole gobernar. Y, según González, Sánchez se comprometió a ello. Por ello se habría sentido “engañado” cuando el líder socialista se negó rotundamente a abstenerse. Se hubiera comprometido o no en aquella conversación -varios analistas aseguraban que esa iba a ser efectivamente la postura del PSOE- el hecho es que Sánchez y su equipo decidieron finalmente plantarse y dejar de bajar y bajar la cabeza una y otra vez como lo venían haciendo.

Y esto desencadenó la crisis.

Cebrián, punta de lanza de la ofensiva

El Grupo PRISA, y muy especialmente El País, ha tomado partido de una forma más abierta que nunca en la escena política nacional y en esta crisis interna del PSOE, porque Cebrián, como González -socio de este en muchos negocios y miembro del Consejo Editorial- y los principales accionistas se juegan mucho en esto.

Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo de PRISA, que en pleno ajuste y despidos de personal en 2014 se aumentaba un 35 % su sueldo -hasta 1,5 millones de euros anuales- y se aseguraba un bonus por jubilación de 1,2 millones anuales, ha logrado en abril pasado que la Junta de Accionistas prorrogue su vinculación con el holding hasta 2020.

Sin embargo, Cebrián no puede estar tranquilo, sabe que Amber Capital, el fondo buitre que controla el 16 % del capital y que tiene como consejero a su fundador, Joseph Oughourlian, va a por él, acusa a Cebrián de ser el principal responsable de la crisis por la que atraviesa PRISA. Por ello para Cebrián es clave estar bien con el poder, “con los de toda la vida”, y le da lo mismo en definitiva que gobierne el PP o el PSOE, siempre que este sea dócil y cómplice.

Los titulares de portada de El País, el tratamiento a la información política nacional y los editoriales ya han perdido la más mínima fachada de objetividad, van a degüello contra Sánchez, contra Iglesias, las Mareas, los nacionalistas, sin intentar siquiera guardar las formas.

En las últimas semanas El País y el resto de medios del poderoso holding PRISA sacan chispas en sus titulares y editoriales: “Los críticos se preparan para frenar los pactos de Sánchez”, “Los líderes del PSOE harán frente al plan de Sánchez”, “Sánchez, dispuesto a un congreso para hacerse fuerte en el cargo”, “Sánchez pasa al ataque para eliminar la crítica en el PSOE”, “El PSOE se alza ante el intento de Sánchez de retener el cargo”, “Sánchez se atrinchera tras su cese”, son algunos de los grandes titulares de las últimas portadas de El País.

Sin embargo, fue el editorial “Salvar al PSOE” del pasado jueves 29, que tenía como subtítulo “El cese inevitable y legítimo de Sánchez es la única salida para el partido”, el que desbordó la indignación de la Redacción de El País y de dirigentes socialistas como Josep Borrell.

Ese mismo jueves el Comité de Redacción de El País mantuvo a última hora una reunión con el director del periódico, Antonio Caño, para transmitirle el malestar suscitado entre numerosos periodistas ante el tono insultante y partidista empleado contra Sánchez, al que se le llegó a tildar de “insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido”. En ese editorial se le acusaba igualmente de “populista” por “convocar a los militantes para atrincherarse en el cargo”. Es loable que la Redacción reaccionara así aún en los tiempos que corren, en los que los EREs, la precarización del trabajo y la pérdida de derechos laborales dificulta en todos los grandes medios las protestas internas, la actividad sindical y la reivindicación de la cláusula de conciencia.

“El Comité no entra a valorar la línea ideológica del periódico, pero sí los calificativos utilizados en este texto, que exceden el equilibrio y mesura propios del estilo editorialista de El País”, dice en uno de sus pasajes el comunicado del Comité de Redacción del periódico.

El texto explica cuál fue el resultado de la reunión con Antonio Caño: “El encuentro, mantenido a última hora de la tarde, apenas duró un minuto. El director argumentó que no acepta ningún debate ni con el Comité ni con la Redacción sobre la línea editorial y que es el único responsable de la misma”. Esta es la idea de periodismo libre e independiente que defiende PRISA. ¿La reivindicará también en su costoso Máster de periodismo?

Días atrás recordábamos en otro artículo (http://vientosur.info/spip.php?article11679) que el Consejo Editorial, del que forman parte, entre otros, González y ahora también Rubalcaba, es clave en la decisión de la línea editorial, pese a que Caño se atribuye la responsabilidad exclusiva de los editoriales.

Ese agresivo editorial, que quedará sin duda como una más de las grandes manchas que cosecha El País en su historia, y ya son muchas, ha provocado también que veteranos dirigentes socialistas, como Josep Borrell, ex ministro de González, reaccionaran con ira: “Me da pena el comportamiento de El País. Que yo sepa, el Grupo PRISA no puede cesar al secretario general del PSOE”.

Y es verdad, los Estatutos del PSOE no lo prevén, aunque por momentos lo pareciera.

Roberto Montoya, periodista y escritor, es miembro del Consejo Asesor de VIENTO SUR

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article11737
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

lunes, 3 de octubre de 2016

¿De qué hablamos cuando hablamos de populismo?



Ezequiel Adamovsky 23/09/2016

En discusiones políticas y en los medios, el concepto “populismo” suele mencionarse como una amenaza. Sin embargo no existen en el mundo movimientos que así se autodefinan. El historiador Ezequiel Adamovsky hace un recorrido cronológico sobre el término, arrancando en la Rusia de 1800, pasando por América Latina e incluyendo el sentido positivo que le dio Ernesto Laclau. ¿Sirve una categoría que se le puede aplicar tanto a la coalición de izquierda griega de Syriza como a sus enemigos del movimiento neonazi? Anfibia entra de lleno en el debate académico: cree el autor, "como concepto para entender la realidad, el populismo se ha extinguido".

Por todas partes se habla del “populismo” en los debates políticos y en los medios. No hay día en que no leamos columnas en la prensa norteamericana, europea o de América Latina que nos adviertan sobre alguna amenaza “populista”  en algún lado, de Venezuela a Grecia, de España a Argentina. Incluso dentro de los Estados Unidos se suele acusar a algunos políticos de ser “populistas”. Es como si fuera una especie de plaga desconocida: está por todas partes y nadie puede explicar del todo cómo se ha expandido tanto. ¿Pero qué quiere decir “populismo”? ¿Existe realmente una “amenaza populista” que esté afectando a las democracias de todo el planeta?

“Populismo” y el adjetivo “populista” fueron términos académicos antes de transformarse en expresiones de uso común. A su vez, como muchos otros conceptos académicos, nacieron como parte de vocabularios políticos de algún país en concreto. “Populismo” fue utilizado por primera vez hacia fines del siglo XIX para describir un cierto tipo de movimientos políticos. El término apareció inicialmente en Rusia en 1878 como Narodnichestvo, luego traducido como “populismo” a otras lenguas europeas, para nombrar una fase del desarrollo del movimiento socialista vernáculo. Como explicó el historiador Richard Pipes en un estudio clásico, ese término se utilizó para describir la ola antiintelectualista de la década de 1870 y la creencia según la cual los militantes socialistas tenían que aprender del Pueblo, antes que pretender erigirse en sus guías. Pocos años después los marxistas rusos comenzaron a utilizarlo con un sentido diferente y peyorativo, para referirse a aquellos socialistas locales que pensaban que los campesinos serían los principales sujetos de la revolución y que las comunas y tradiciones rurales podrían utilizarse para construir a partir de ellas la sociedad socialista del futuro. Así, en Rusia y en el movimiento socialista internacional, “populismo” se utilizó para designar un tipo de movimiento progresivo, que podía oponerse a las clases altas, pero –a diferencia del marxismo– se identificaba con el campesinado y era nacionalista.

Aparentemente sin conexión con el precedente ruso, “populismo” surgió también como término político en los Estados Unidos luego de 1891, para referir al efímero People’s Party (Partido del Pueblo) que surgió entonces, apoyado principalmente por los granjeros pobres, de ideas progresistas y antielitistas. Tal como en Rusia, el término también refirió allí a un movimiento rural y a una tendencia antiintelectualista; utilizado por los oponentes del nuevo partido, también adquirió de inmediato una connotación peyorativa. Como mostró Tim Houwen, “populismo” permaneció como un vocablo poco utilizado hasta la década de 1950. Sólo entonces fue adoptado por la academia –entre otros por el sociólogo Edward Shils– aunque con un sentido completamente novedoso. En la formulación de Shils, “populismo” no refería a un tipo de movimiento en particular, sino a una ideología que podía encontrarse tanto en contextos urbanos como rurales y en sociedades de todo tipo. “Populismo” para Shils, designaba “una ideología de resentimiento contra un orden social impuesto por alguna clase dirigente de antigua data, de la que supone que posee el monopolio del poder, la propiedad, el abolengo o la cultura”. Como un fenómeno de múltiples caras, tal “populismo” se manifestaba en una variedad de formas: el bolchevismo en Rusia, el nazismo en Alemania, el Macartismo en Estados Unidos, etc. Movilizar los sentimientos irracionales de las masas para ponerlas en contra de las élites: eso era el populismo. En otras palabras, “populismo” pasó a ser el nombre para un conjunto de fenómenos que se apartaban de la democracia liberal, cada uno a su modo.

En las décadas de 1960 y 1970 otros académicos retomaron el término, en un sentido algo diferente, aunque conectado con el anterior. Lo utilizaron para nombrar a un conjunto de movimientos reformistas del Tercer Mundo, particularmente los latinoamericanos como el peronismo en Argentina, el Varguismo en Brasil y el Cardenismo en México. A pesar de que algunos de estos académicos valoraban positivamente la expansión de nuevos derechos para las clases bajas que había venido de la mano de estos movimientos, su tipo de liderazgo era el rasgo distintivo: era personal antes que institucional, emotivo antes que racional, unanimista antes que pluralista. En este sentido, se medían con la vara implícita de las democracias “normales” (es decir, liberales) del Primer Mundo. En eso, estos trabajos se conectaban con los de los académicos como Shils: implícitamente compartían una mirada normativa sobre cómo se suponía que debían ser y lucir las verdaderas democracias.

Así, en el mundo académico el concepto de “populismo” mutó de un uso más restringido que refería a los movimientos de campesinos o granjeros, a un uso más amplio para designar un fenómeno ideológico y político más o menos ubicuo. Para la década de 1970 “populismo” podía aludir a tal o cual movimiento histórico en concreto, a un tipo de régimen político, a un estilo de liderazgo o a una “ideología de resentimiento” que amenazaba por todas partes a la democracia. En todos los casos, el término tenía una connotación negativa.

Para complicar incluso más las cosas, el filósofo post-marxista Ernesto Laclau propuso un sentido más para nuestro término, completamente diferente a todos los anteriores. La influyente obra de Laclau planteó la necesidad de reemplazar la noción de “lucha de clases”, entendida como una oposición binaria fundamental que se generaba por la propia naturaleza de la opresión de clases, por la idea de que en la sociedad existe una pluralidad de antagonismos, tanto económicos como de otros órdenes. En tal escenario, no puede darse por sentado que todas las demandas democráticas y populares van a confluir como una opción unificada contra la ideología del bloque dominante. El plano político tiene un papel fundamental a la hora de “articular” esa diversidad de antagonismos. Y los discursos aquí son fundamentales, ya que son ellos los que “articulan” las demandas diversas, produciendo un Pueblo en oposición a la minoría de los privilegiados. Así entendido, el Pueblo es un efecto de la apelación discursiva que lo convoca, antes que un sujeto político pre-existente. En esta visión política, la articulación de un Pueblo en oposición al bloque dominante, es decir, el ordenamiento de una variedad de demandas en una oposición binaria, es fundamental para la “radicalización de la democracia” (una expresión que, para Laclau, tenía un sentido positivo). En uno de sus últimos trabajos, Sobre la Razón Populista (2005), Laclau utilizó el término “populista” para nombrar ese tipo particular de apelaciones políticas que recortaban un Pueblo en oposición a las clases dominantes. “El populismo comienza –escribió– allí donde los elementos popular-democráticos son presentados como una opción antagonista contra la ideología del bloque dominante”. Pero en verdad esa etiqueta no era indispensable. Laclau podría haber llamado al estilo específico de apelación política que le interesaba de otro modo, por ejemplo, “popular-democráticas” o alguna otra variante, en lugar de “populistas”. Pero el hecho es que decidió llamar a eso “populismo”, con lo cual, contrariamente a los académicos del pasado, le otorgó a ese término un sentido positivo. En su filosofía, el “populismo” era el nombre de la necesaria y esperada “radicalización de la democracia”. Como consecuencia de la propuesta teórica de Laclau, por primera vez algunos referentes e intelectuales de ciertos movimientos políticos (por caso el kirchnerismo en Argentina y Podemos en España) comenzaron a llamarse “populistas” a sí mismos, desafiando de ese modo el sentido común según el cual ser “populista” era algo malo. Y a su vez, eso alimentó a los liberales, dándoles más motivos para creer que existe una “amenaza populista” acechando la ciudadela de la democracia.

El término “populismo” tenía entonces una dinámica expansiva ya en sus usos académicos. Pero al volverse de uso común, especialmente en las últimas dos décadas, se descontroló completamente. Casi cualquier cosas puede ser llamada “populismo” en la prensa de hoy. “Populista” se ha vuelto una especie de acusación banal que se lanza simplemente para desacreditar a cualquier cosa o adversario, buscando asociarlo así con algo ilegal, corrupto, autoritario, demagógico, vulgar o peligroso. Algunos gobiernos latinoamericanos que en los últimos tiempos no se alinearon con Estados Unidos o con el FMI son por supuesto los blancos preferidos. Venezuela, Nicaragua, Argentina, Bolivia, Paraguay, Ecuador y Brasil son o han sido atacados por la amenaza “populista” que proyectan sobre las democracias de la región. Y uno pensaría que ya entendió a qué se refiere el término, pero entonces comprueba que también Silvio Berlusconi –que no era ningún enemigo de los norteamericanos y mucho menos de los grandes empresarios– era un “populista”. ¿Y por qué? Para la revista The Economist, porque su gobierno se apoyaba en lazos de “patronazgo y corrupción” o, como otro comentarista argumentó, porque Berlusconi hablaba “en el lenguaje del hombre común de la calle”. Según el New York Times, en Europa es “populista” cualquiera que quiera poner límites a la migración interna o sea euroescéptico; con esos dos rasgos ya alcanza para ganarse el mote. El líder italiano Beppe Grillo es por supuesto un “populista” ya que critica al establishment político italiano. No importan las ideas que uno tenga en cualquier otro asunto: si uno habla como la gente común, si critica a Estados Unidos, si tiene problemas con el curso que está tomando la Unión Europea o con su establishment político local, uno es un “populista”. Y no importa si se trata de un izquierdista radicalizado o de alguien de extrema derecha. En Grecia, según nos informan, Syriza es por supuesto “populista”. Pero también lo son sus enemigos del movimiento neo-Nazi Amanecer Dorado. Las ideas de ambos grupos son totalmente opuestas en todas y cada una de las maneras posibles, pero sin embargo ambos se las arreglan para pertenecer a la misma familia política. Ambos son de “los populistas”.

De toda esta proliferación de significados, uno creería al menos entender que, comoquiera que uno lo defina, el “populismo” es un fenómeno político. Pero sin embargo las cosas no son tan sencillas. Porque economistas como Rudiger Dornbusch y otros opinan que existe también un  “populismo macroeconómico”, según el cual son “populistas” aquellos que tienen una mirada económica que “prioriza el crecimiento y la distribución del ingreso y no se preocupa suficientemente por los riesgos de la inflación y del déficit en las finanzas, por las limitantes externas y por las reacciones de los agentes económicos frente a políticas agresivas que afectan el mercado”. Este “populismo macroeconómico” parecería referir entonces a un tipo específico de políticas económicas. Y sin embargo, en los debates recientes cualquier tipo de comentario o idea que no sea total y completamente amigable hacia los empresarios recibe el mote de “populista”. La Cámara de Comercio de los Estados Unidos declaró recientemente que son “populistas” todos los que tratan de “eliminar el sistema de capital libre y abierto.” A Obama se lo acusó de serlo sólo por decir que le gustaría que los millonarios paguen un poquito más de impuestos. El Wall Street Journal llamó “populista” a Hilary Clinton porque dijo que el Congreso debería “enfocarse en la creación de empleo y en los ingresos de las familias de clase media”. Eso era todo lo que el diario necesitaba escuchar. De hecho, para ese períodico, la mera preocupación por el tema de la “desigualdad de ingresos”  es síntoma de la enfermedad del “populismo” (porque los ingresos de cada cual son un asunto privado, claro).

Bien entonces. El “populismo” es un fenómeno político y también económico. ¿Así sería? Lamentablemente la saga continúa. Porque a todo lo anterior hay que agregar la idea que presentó hace tiempo Jim McGuigan, adoptada luego por muchos otros, según la cual existe también un “populismo cultural”, que sería aquél que valoriza la cultura popular por sobre otras formas de cultura “seria”. Está visto: el “populismo” ha penetrado todas las áreas de la vida social.

En todos estos usos variados, “populismo” parece poco más que un latiguillo que busca dar credibilidad conceptual a nociones más antiguas y menos sofisticadas, como “demagogia”, “autoritarismo”, “nacionalismo” o “vulgaridad”. Se utiliza con frecuencia simplemente para desacreditar ciertas ideas o decisiones de política económica heterodoxas, asociando a las personas o gobiernos que las llevan adelante a cosas desagradables, como el nazismo o la xenofobia. Para decirlo en otras palabras, “populismo” es un término que mete en una misma bolsa cosas que no pertenecen a un mismo conjunto y, al mismo tiempo, crea barreras mentales que nos impiden comparar cosas que son perfectamente comparables. ¿Por qué se agruparía bajo una misma etiqueta a los gobiernos sudamericanos que están construyendo la UNASUR y que en general tienen leyes benignas para la inmigración, con los xenófobos y racistas de la derecha euroescéptica? ¿Por qué aplicar impuestos a los ricos es “populismo” si lo hace un gobierno latinoamericano, pero sólo una medida “socialdemócrata” si lo hace Noruega? ¿Por qué las medidas económicas de Perón eran “populistas” pero el New Deal de Roosevelt –en el que Perón se inspiró– era apenas “keynesiano”? ¿Así que la corrupción y el patronazgo son rasgos populistas? ¿Entonces por qué en España lo son los muchachos de Podemos, pero no los corruptísimos del Partido Popular? Suele asociarse a Argentina con Venezuela como dos formas extremas de “populismo”. Pero en realidad, en términos de estilos políticos, arreglos institucionales y políticas concretas, el gobierno kirchnerista se parece más al del Frente Amplio uruguayo que al de Maduro. ¿Por qué entonces rara vez se dice que Uruguay forma parte de la “amenaza populista”? No hay motivo concreto, como no sea el hecho de que Uruguay continúa siendo un país amigable para los norteamericanos.

“Populismo” se ha convertido en un término de combate profundamente ideologizado. Su valor como concepto para entender la realidad, si alguna vez lo tuvo, se ha extinguido. En los usos actuales, puede referir a una familia de ideologías, a una variedad de movimientos políticos, a un tipo de régimen, a un estilo de gobierno, a un modelo económico, a una estética o a un tipo particular de apelación política. Todo eso mezclado y sin ninguna claridad analítica. “Populismo” funciona obviamente como término peyorativo, orientado a desacreditar a quienes se lo aplica. Pero más importante que eso: se supone que las categorías con vocación taxonómica deben agrupar fenómenos sociales similares para hacerlos más comprensibles. No hay nada malo en ello –de hecho es algo fundamental –, pero a condición de que se agrupe a los fenómenos según los rasgos propios que posean. Como categoría taxonómica, “populismo” hace exactamente lo contrario. El único rasgo que comparten todos los fenómenos que son catalogados con esa etiqueta no es algo que son, sino algo que no son. Se los agrupa no por sus rasgos en común, sino simplemente porque ninguno de ellos (cada uno a su modo y por motivos diferentes) se corresponde con el tipo de movimientos, estilos, políticos o políticas que los liberales occidentales tienen a apreciar. En los debates actuales, “populismo” significa no mucho más que ser amistoso  con la clase baja –sea en términos de políticas concretas o simplemente de manera discursiva– o tomar medidas (o tener “estilos”) que desagradan a las élites políticas, económicas o culturales.  Porque, supongamos por un momento que manifestar cercanía hacia la clase baja fuera algo que se aparta de los ideales de las democracias “normales”, esto es, las que supuestamente dejan que el “pluralismo” oriente una negociación cordial de todos los intereses sociales, sin preferencia por ninguno. Y supongamos que tal desviación fuera tan importante que requiriera todo un concepto para nombrarla: no es “democracia” sino “populismo”. Aceptemos todo eso por un momento. ¿Cómo es entonces que no hay un concepto, una taxonomía específica, para nombrar la desviación opuesta, es decir, las ideas, actitudes, estilos o políticas que manifiestan cercanía con las clases altas y producen desagrado a las clases bajas? ¿Cómo es que tal apartamiento del ideal del pluralismo es simplemente una de las variantes aceptables de la democracia y no reclama una etiqueta especial que nos advierta sobre el peligro que implican? En la ausencia de respuesta a esas preguntas, la pretensión normativa del concepto de “populismo” queda perfectamente clara.

Lo que quiero decir, en resumidas cuentas, es que “el populismo” no existe. No hay ninguna “amenaza populista” al acecho de nuestras democracias. De hecho, no hay una sino varias amenazas que pesan sobre la vida democrática. Y también existen varios modelos de democracia posibles. “Populismo” nos hace creer que este escenario complejo de múltiples opciones y diversos peligros en verdad es sencillo. Se trataría de un escenario dividido en dos campos claramente distinguibles: por un lado la democracia liberal (la única que merece ser llamada “democracia”) y por el otro la presencia fantasmal de todo lo que no se corresponde con ese ideal y, por ello, debe rechazarse de plano. En otras palabras, “populismo” nos invita a cerrar filas alrededor de la democracia liberal (es decir, una democracia de alcances limitados tal como gusta a los liberales) para combatir a un solo monstruo compuesto por todo lo demás, en cuyo cuerpo indiscernible conviven neonazis, keynesianos, caudillos latinoamericanos, socialistas, charlatanes, anticapitalistas, corruptos, nacionalistas y cualquier otra cosa sospechosa. Y el problema es que esa forma de razonamiento nos impide ver dos hechos fundamentales. Primero, que dentro de esa masa de elementos “populistas” hay algunos que definitivamente son una amenaza a la democracia, pero también ideas, experimentos políticos y organizaciones que tienen el potencial de ofrecer formas mejores y más sustantivas de democracia para las sociedades modernas. Y segundo, que el propio liberalismo, con sus valores individualistas, su ethos productivista y su compromiso irrestricto con los intereses de los empresarios es, de hecho, una de las mayores amenazas que corroen las democracias actuales.

Ezequiel Adamovsky Doctor en Historia por University College London (UCL) y Licenciado en Historia por la Universidad de Buenos Aires, es Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, Argentina) y ha sido Investigador Invitado en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) en Francia. Actualmente es profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Es autor de varios libros, entre otros: Historia de la clase media argentina (2009).
Fuente:
http://www.revistaanfibia.com/ensayo/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-populismo-2/
Temática:
Izquierda institucional
Movimientos sociales
Populismo
Fuente: Sin Permiso

Los “stress tests” de los bancos europeos



por Jean-Claude Paye

A pesar de las apariencias, los “stress tests” organizados por la Autoridad Bancaria Europea para evaluar la posible vulnerabilidad de los bancos europeos en caso de crisis financiera no son concluyentes. Los criterios de esas “pruebas de resistencia” no permiten garantizar que no se repitan situaciones crisis como las ya vistas en el pasado. Más que nunca, después del considerable declive de los grandes bancos, registrado a principios de 2016, se plantea el problema de la fragilidad de todo el sector.

El 29 de julio de 2016, después del cierre de los mercados bursátiles estadounidenses, la Autoridad Bancaria Europea (BEP) entregó los resultados del stress test (“prueba de resistencia”) aplicado a los bancos de la Unión Europea para evaluar su vulnerabilidad en caso de crisis. La BEP dio a conocer datos sobre 51 bancos europeos que representan el 70% de los activos bancarios del Viejo Continente. Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) pasó revista a otros 56 establecimientos de la eurozona, sin divulgar los resultados.

La Autoridad Bancaria Europea no se pronunció en cuanto a saber si cada uno de los bancos sometidos a esos exámenes sería capaz de resistir una degradación abrupta del entorno económico. Después del examen no hubo advertencias ni órdenes dirigidas a los bancos donde se descubrieron problemas. Los datos simplemente fueron transferidos a las autoridades que supervisan el proceso, el Banco Central Europeo y las autoridades nacionales.

Esta serie de pruebas de resistencia es la tercera realizada desde la crisis financiera de 2008, en la que se invirtieron fondos públicos para “salvar” bancos de varios países miembros de la Unión Europea. Pero esta vez las pruebas de resistencia no incluyeron parámetros específicos que permitieran determinar si los establecimientos sometidos a prueba habían fracasado o no en estos “stress tests”.

El hecho de que nadie quiera hablar del fracaso de ciertos bancos hace pensar que se trata ante todo de una operación destinada a tranquilizar a los ahorristas y a los diferentes actores económicos. Las conclusiones, que hablan sobre todo de una sensible mejoría de la situación en los bancos sometidos a las pruebas, destacan una forma de pensamiento positivo con la esperanza de que se autorealice, como un método de autosugestión tendiente a convencer de que los problemas actuales no son graves, lo cual recuerda el método Coué [1]. Pero esto no es más que el resultado de una primera mirada sobre la parte visible de esta operación publicitaria.

Efecto de sideración

Si vamos más allá de la presentación, una segunda mirada al contenido del estudio permite observar otra cosa. El estudio no tiene absolutamente nada de tranquilizador, pero no por sus resultados –que en realidad no hacen más que anunciar lo que ya todo el mundo sabía– sino sobre todo por el método utilizado. Este último es ante todo una operación de negación de la realidad de lo que es una crisis económica y financiera. Por ejemplo, para Peter Garnry, analista de Saxo Banque citado por Bloomberg:

«El problema con estas pruebas de resistencia es que son demasiado suaves ya que sólo plantean una recesión liviana o moderada. Lo cual significa que los resultados finalmente no demuestran casi nada y que no es sorprendente que la mayoría de los bancos hayan pasado esas pruebas.» [2].

Las pruebas sólo muestran lo que es evidente (fundamentalmente, las dificultades del banco Monte Paschi), pero, debido a la manera cómo han sido concebidas, resultan más bien inquietantes. Una fuerte recesión es el tipo de escenario que no puede preverse. Además, el método utilizado, en aras de poder presentar resultados aceptables, ignora la naturaleza misma de la realidad económica, como la conexión y la interdependencia de los diferentes agentes financieros. Lo principal es que los cálculos efectuados no se basan en los precios del mercado sino en el valor que se atribuye a los activos en la contabilidad, lo cual indica que la realidad no es integrable a las pruebas, además de mostrar lo preocupante de una situación que no se puede ver. Así que el resultado no tranquiliza a los actores económicos sino que los sume en la sideración, indicándoles que lo mejor es no provocar movimientos bruscos.

En todo caso, parece que el mensaje no cayó en oídos sordos ya que la oleada –anterior a las pruebas– de declaraciones sobre el preocupante estado del sistema bancario se vio sustituida por una especie de pensamiento positivo que permite, por ejemplo, a la bolsa considerar favorablemente proposiciones que hasta los mismos protagonistas consideraban irrealizables, como una fusión entre el Deutsche Bank y la Commerzbank [3], dos establecimientos que mostraron debilidades en las pruebas de resistencia.

Descubrir lo que ya se esperaba


Según los tests, sólo dos establecimientos dieron pruebas de gran febrilidad. El banco italiano Monte dei Paschi di Siena, cuyo fracaso ya se esperaba, obtiene ampliamente el peor resultado. Su ratio de solvencia se derrumbó en más de 14 puntos, cayendo a -2,44%. Ese resultado se produce poco después de que este banco lograra un acuerdo de salvamento de último momento en el sector privado para recapitalizarse.

El establecimiento irlandés Allied Irish Bank tampoco logró un resultado satisfactorio en materia de solvencia ya que se situó en 4,31%. El mínimo aceptado en los tests realizados el año pasado correspondía a un ratio de fondos propios duros de 5,5% y puede ser considerado como la tasa «oficiosa» de éxito en esas pruebas. Pero es importante saber que la última versión del documento del comité de supervisión bancaria de Basilea recomienda un ratio de 7% [4]. Esa última tasa es también el límite más allá del cual empiezan a perder valor las obligaciones subordinadas que los bancos emiten para reforzar sus fondos propios. Sin embargo, el Banco Popular, el Bank of Ireland y el banco Raiffeisen terminaron las pruebas de resistencia con ratios inferiores a ese nivel (6,62%, 6,15% y 6,12 % respectivamente).

De los 51 bancos sometidos a las pruebas de resistencia, 10 –como el español Banco Popular, el irlandés Bank of Ireland, el primer banco de Italia Unicredit y el Deutsche Bank, considerado este último como «el banco más riesgoso del mundo» por el Fondo Monetario Internacional (FMI) (con 72 000 millones de dólares de productos derivados en su cartera, lo cual es 20 veces el PNB de Alemania) [5] presentan puntos frágiles, aunque pasaron los tests.

El Deutsche Bank obtuvo, al igual que el Commerzbank, un ratio CET1 inferior a 8%. Pero en los años 1980, el Banco de Pagos Internacional (BPI [6]) adoptó una regla que los establecimientos bancarios están obligados a respetar. Según esa regla del BPI, los bancos pueden obtener préstamos que representen 12,5 veces el monto de sus capitales propios para financiar sus activos, lo cual corresponde al ratio llamado CET 1, que debería ser superior al 8%. Después de las turbulencias de la crisis financiera de 2008, Alan Greenspan, entonces presidente de la FED –el banco central estadounidense–, elevó sus exigencias proponiendo un múltiplo de endeudamiento de sólo 10 [7]. La gran mayoría de los bancos sometidos a los stress test están muy por debajo de esa exigencia.

Negación de la realidad


El stress test o “prueba de resistencia” es una forma de evaluar la falta de capital de los establecimientos bancarios europeos en una situación crítica. Sin embargo, el informe no ofrece cifras sobre las necesidades de capitalización de los bancos. Lo que hace es establecer un conjunto de ratios de fondos propios que expresa la evolución de la solvencia de los bancos ante una situación de «stress». El guión corresponde a una recesión que afectaría la economía de la Unión Europea, durante un periodo de 3 años, comenzando a finales de 2015, y plantea una caída de 7,1% del PIB de la Unión Europea para los 3 próximos años y una reducción de 20% de los ingresos correspondientes a los intereses. O sea, no simula una crisis financiera como la de 20008.



A principios de 2016, el valor bursátil de los grandes bancos europeos disminuyó considerablemente.
Además, la prueba de resistencia atribuye un valor constante a los activos financieros de los bancos durante ese periodo de 3 años de recesión, lo cual no es lo que realmente sucede en una crisis financiera como la de 2008, en la que se registró una importante reducción del valor de esos activos. Por cierto, en los cálculos efectuados, el precio real de los activos, según se fija en los mercados, no es importante ya que sólo se tiene en cuenta su valor contable. Esa opción permite trabajar partiendo de las cifras de capitalización bancaria de diciembre de 2015. En cuanto al valor de las acciones de la Deutsche Bank, lo cierto es que disminuyó en más del 60% en un año.

El valor contable de los activos tiene, por consiguiente, un carácter ficticio. Y no es el único elemento virtual que sirve de base a la evaluación realizada por la Autoridad Bancaria. Los bancos de Grecia y de Portugal, los dos países más frágiles de la Unión Europea, no aparecen en el informe. Los resultados de las pruebas de resistencia de esos bancos no serán publicados.

Esas pruebas también resultan problemáticas en la medida en que no tienen en cuenta un prolongado periodo de tasas bajas, incluso negativas, a pesar de ser ese un factor esencial que socava la rentabilidad del sector. Se trata incluso del factor que señala el Deutsche Bank para explicar la caída de sus ganancias en 98%. Las pruebas tampoco tuvieron en cuenta las consecuencias del Brexit.

Esas pruebas también subestimaron los peligros más importantes. Por ejemplo, los riesgos que representan los derivados se calculan basándose en la bancarrota del comprador y/o del vendedor, pero en caso de bancarrota el peligro raramente concierne sólo a esas dos partes sino que se extiende a toda la cadena [8].

Se subestima el problema de
las deudas “tóxicas”


El hecho que el resultado de las pruebas haya mostrado el inevitable fracaso de Monte Paschi, al que se agregó un banco español, es una manera de dejar de lado todo el problema de las deudas “tóxicas”. Ese problema es particularmente grave en Italia, donde el monto bruto de esas deudas se eleva a 360 000 millones de euros, lo cual equivale a un 22% del PIB.

En Italia las deudas “toxicas” representan un poco más de un 17% del total de los préstamos. Pero en Grecia representan un 47%. Mientras tanto, en Portugal représentan un 19%, también un 19% en Irlanda, un 4% en Francia y sólo un 2% en Alemania. [9].

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) hay en Europa unos 1 100 millardos [10] de deudas “toxicas”. También según esa institución internacional esas deudas se multiplicaron por dos desde 2009, aumento que amenaza la solidez de los bancos europeas, como denuncia el propio FMI en un informe publicado el 24 de septiembre de 2015 [11].

Las deudas “toxicas” normalmente se contabilizan en el balance de un banco hasta que se liquidan y consumen poco capital. Cuando pasan a la cuenta resultante, las pérdidas aparecen pero se cubren a un nivel del 60%, según una investigación del Banco de Italia. Los bancos prevén recuperar de esa manera un promedio del 40% del valor de la deuda en el momento de liquidarla. Pero el precio del mercado está más cerca de un 20% del monto de la deuda bruta del balance. Se plantea así el problema de la evaluación de los activos sobre bases ficticias en vez de utilizar parámetros correspondientes a su verdadero valor en el mercado. Podemos considerar, por consiguiente, que estas pruebas de resistencia subestiman ampliamente el peligro que representan las deudas tóxicas ya que sólo tienen en cuenta el valor estimado por los bancos mismos, o sea cerca del doble de su valor real.


Otro tipo de análisis


El Centro de Gestión del Riesgo de la Universidad de Lausana ha perfeccionado un modelo diferente de evaluación, no basado en los valores contables sino en los precios de mercado de los activos bancarios. Sus resultados son mucho más negativos que los anunciados por la Autoridad Bancaria. Al registrar las pérdidas acumuladas desde diciembre de 2015, las necesidades de recapitalización de los bancos estarían, según la Universidad de Lausana, alrededor de los 882 000 millones de euros en junio de 2016 [12].

También hay que ver que, según Diane Pierret, de la Universidad de Lausana, si se hubiesen aplicado las reglas estadounidenses de evaluación, igualmente basadas en los valores contables pero más estrictas, 29 bancos europeos no habrían logrado pasar el test. Sólo los grandes bancos públicos tendrían que ser recapitalizados con unos 92 000 millones de euros [13].

El instituto alemán de investigaciones económicas ZEW, que realizó pruebas de resistencia según este método estadounidense, confirma esos resultados. Ese instituto estima que

«Los bancos europeos no disponen de fondos suficientes para compensar las pérdidas previsibles en caso de nueva crisis financiera» [14].

El estudio del ZEW indica que las faltas de fondos más importantes se elevan a 19 000 millones de euros, en el caso de la Deutsche Bank, a 13 000 millones, en el caso de la Société Générale, y a 10 000 millones de euros en el caso de BNP Paribas. Según ese mismo estudio, los 51 establecimientos europeos sometidos a la prueba necesitarían entre todos un total de 123 000 millones de euros.

Y no se trata de estudios aislados. Estos estudios son consecuencia de otras investigaciones que demuestran que el sistema bancario europeo es más frágil y menos resistente ante un choque importante que los bancos estadounidenses. Ya en 2012, una investigación sobre el riesgo sistémico en Europa, realizada de forma conjunta por la Facultad de Altos Estudios Comerciales de Lausana (HEC) y la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York, mostraba en varios países europeos una significativa insuficiencia de capitales en caso de crisis. Los riesgos sistémicos eran particularmente importantes en Francia y en el Reino Unido. Estos dos países representaban juntos cerca del 52% de la exposición total de las instituciones financieras europeas.

En 2012, las 5 instituciones que más riesgo presentaban eran el Deutsche Bank, el Crédit Agricole, Barclays, el Royal Bank of Scotland y BNP Paribas. El estudio se actualizó en diciembre de 2014 y la clasificación fue similar, con BNP Paribas, el Deutsche Bank, el Crédit Agricole y Barclays en los cuatro primeros lugares y el Royal Bank of Scotland en sexto lugar después de haber dejado el quinto lugar a la Société Générale [15].

Este doble estudio ofrece un enfoque alternativo a los stress tests del Banco Central Europeo: un enfoque basado en la realidad del valor de mercado, como una instantánea del riesgo sistémico de las instituciones bancarias de Europa en un momento determinado.

Para que nada cambie


Durante la presentación de los resultados de las pruebas de resistencia o stress test, el 29 de julio de 2016, la Autoridad Bancaria Europea afirmó insistentemente que la salud global del sector bancario mejoró muchísimo desde la crisis de 2008. Pero los mercados financieros no parecen haber quedado muy convencidos sobre la evaluación de los resultados. A pesar de una recuperación de las bolsas, los valores bancarios no siguen el ritmo.

Ante los buenos resultados de los establecimientos bancarios franceses en las pruebas europeas de resistencia, el ministro [francés] de Finanzas Michel Sapin estimó que «Los bancos franceses se han fortalecido como respuesta a las crecientes exigencias que la crisis impone y hoy se hallan entre los más sólidos» [16].

Pero si se utiliza el método de la Universidad de Lausana, si ciframos las necesidades en capital (cálculo que la Autoridad Bancaria Europea no hace) en base a los actuales valores de mercado, las cosas resultan ser todo lo contrario y aparecen entonces a la cabeza de la clasificación de bancos con problemas 3 establecimientos franceses –siendo el primero BNP Paribas– con el Deutsche Bank en cuarto lugar.

Por ejemplo, según los cálculos semanales del centro de crisis helvético, ante una crisis severa –o sea, ante pérdidas de un 40% en 6 meses en los mercados mundiales de las acciones– las necesidades de recapitalización de BNP Paribas ascenderían a 93 000 millones de euros [17].

Sin embargo, la Federación Bancaria francesa, bajo la influencia del poder político, ve en los resultados de estos tests de resistencia una prueba de «la solidez de los bancos franceses» y, sobre todo, una confirmación de «la eficacia de su modelo de banca universal», una estructura que fusiona bancos de negocios y bancos de depósitos.

Marie-Anne Barbat-Layani, directora general de la Federación, llegó a declarar incluso que ese modelo «garantiza una buen diversificación de los riesgos y los ingresos y un buen financiamiento de la economía» [18]. Pero fue precisamente esa la estructura incriminada como una de las principales causas de la crisis de 2008, señalándose entonces la absoluta necesidad de reformarla. Se trata, en efecto, de una forma de organización que permite a los bancos utilizar el dinero de los ahorristas para multiplicar por diez la especulación en los mercados financieros, poniendo así en peligro todo el sistema financiero.

Esas diferentes reacciones, políticas y profesionales, sacan a la luz los objetivos de los stress tests. Tales reacciones hacen pensar que todo debe seguir como antes, que el sector no debe ser radicalmente reformado y que la política «ultra-complaciente» del Banco Central Europeo no pone en peligro la rentabilidad de los bancos, a pesar de los llamados de estos.

Jean-Claude Paye

[1] En el siglo XIX, el sicólogo francés Emile Coué concibió un método terapéutico –preventivo y curativo– basado en la autosugestión.

[2] «Banques européennes: les tests de résistance rassurent peu la Bourse» [En español, “Bancos europeos: las pruebas de resistencia no tranquilizan mucho a la Bolsa”], Francais-express.com, 1º de agosto de 2016.

[3] Marcel Linden, «Deutsche Bank et Commerzbank ont parlé de fusion», La Libre, 1º de septiembre de 2016.

[4] «Cac 40: la volte-face des banques n’est pas pour faire mentir la réputation de "volatil" qui colle au mois d’août», Les Echos.fr, 1º de agosto de 2016.

[5] «Deutsche Bank: Une arme de destruction massive de l’Allemagne», Le blog de Liliane Heldkhawan, 15 de febrero de 2016.

[6] También conocido por su siglas en inglés como BPI o por sus siglas en francés como BRI. Nota de la Red Voltaire.

[7] «Stress test des banques: 5 questions qui dérangent», Contrepoints.org, 4 de agosto de 2016.

[8] Bruno Bertez, «Un stress test qui en dit peu sur les banques», Agefi suisse, 30 de julio de 2016.

[9] Marjorie Encelot, «Le "pire des scénarios" serait que seule Monte Paschi échoue aux stress tests», Leséchos.fr, 29 de julio de 2016.

[10] 1 millardo = 1 000 millones

[11] «Trop de créances douteuses en Europe, dénonce le FMI», LaTribune.fr, 25 de septiembre de 2015.

[12] «Les banques européennes ont besoin de 882 milliards d’euros» [En español, “Los bancos europeos necesitan 882 000 millones de euros], Entrevista a Diane Pierret, profesora de Finanzas en la Universidad de Lausana, Le Temps, 1º de agosto de 2016.

[13] «Les banques européennes ont besoin de 882 milliards d’euros», Op. Cit.

[14] Pascal Hérard, «Banques en Europe: le risque systémique est-il là?», TV5Monde.com, 19 de agosto de 2016.

[15] Robert Engel, Eric Jondeau , Michael Rockinger, Systemic Risk in Europe Swiss, Review of Finance, 2015, p. 19(1), 145-190. «Systemic Risk in Europe».

[16] «Le test de résistance des banques européennes accable l’Italie» [En español, “La prueba de resistencia de los bancos europeos abruma a Italia”], rt.com, 30 de julio de 2016.

[17] «Interview. Stress tests, l’Italie se trouve en point de mire» [En español, “Entrevista. Stress tests, Italia en la mirilla”], Agefi.com, 29 de julio de 2016.

[18] «Stress tests bancaires: les françaises haut la main, Monte Paschi montrée du doigt», Les Echos.fr, 30 de julio de 2016.

Jean-Claude Paye
Jean-Claude Paye Sociólogo. Último libro publicado en español: El Final Del Estado De Derecho: La Lucha Antiterrorista: Del Estado De Excepción A La Dictadura, (Argitaletxea Hiru, 2008). Último libro publicado en inglés: Global War on Liberty (Telos Press, 2007).

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Seguidores