lunes, 15 de diciembre de 2014

Alemania: un gobierno rojo-rojo-verde en Turingia

 

Turingia, un gobierno rojo-rojo-verde.

ERFURT

 

Victor Grossman

 

Los partidos políticos en Alemania están representadas por colores: los demócratas cristianos (CDU), debido a sus corbatas de oficinistas, por el color negro, los Verdes, por supuesto, por el color verde, los socialdemócratas (SPD), tradicionalmente por el rojo. Cuando surgió Die Linke (La Izquierda) algunos analistas sugirieron que el SPD debía cambiar al "rosa". Pero no fue así, por lo que el nuevo gobierno en el estado oriental deTuringia es una "coalición rojo-rojo-verde" - la primera en Alemania con Die Linke como partido mayoritario. ¡Toda una novedad! La coalición consiguió la victoria raspando: por un solo voto.

¿Estaban dispuestos el SPD y los Verdes realmente a ser socios minoritarios de Die Linke, al que se considera un partido paria? Lo estaban, pero en una asamblea legislativa dividida casi exactamente por la mitad cada voto es imprescindible para vencer las posibles maniobras de la CDU, muy resentida tras haber sido expulsada del gobierno de Turingia, que controlaba desde 1990.

En el primer recuento (anónimo) de votos, un diputado rompió filas; si volvía a suceder podría tirar por la borda todo el plan de la coalición de izquierdas. Pero la disciplina de voto se recuperó en una segunda votación y el líder de Die Linke Bodo Ramelow), un dirigente sindical de Alemania Occidental que se había trasladado al este, recibió 46 votos a favor (de un total de 90), y se convirtió en primer ministro. Al tomar posesión de su cargo, a pesar de ser un luterano practicante, optó por omitir la formula "con la ayuda de Dios".

El nuevo gabinete de Turingia juró su cargo, con cuatro ministros de Die Linke, tres del SPD, y dos de los Verdes (a pesar de sus escasos resultados en las elecciones). Tres ministros de Die Linke y otro de los otros partidos son mujeres.

Esta inédita coalición ha provocado la ira, la rabia, casi la histeria entre algunos políticos, periodistas y anticomunistas diversos de otros estados. El jefe del partido hermano de Angela Merkel en Baviera afirmó que era "un día de vergüenza para la Alemania unificada ... Veinticinco años después de la caída del muro nuestro lema debe ser, una vez más: ¡hay que prevenir juntos una república izquierdista! ".

Un profesor notoriamente derechista, Hubertus Knabe, declaró: "No es un buen día para Alemania y sobre todo, no lo es para las víctimas de la dictadura del SED [Partido Socialista Unificado, el partido gobernante de la República Democrática Alemana antes de 1990, la parte oriental de Die Linke es el descendiente reformado del SED]. Es una gran decepción para muchas víctimas que ni un solo diputado del SPD o los Verdes tuvieran el coraje de evitar esta coalición".

La mayor parte de los dirigentes del SPD y los Verdes a nivel nacional han enfatizado que esta coalición es estrictamente local, que puede funcionar en un Estado, pero que de ninguna manera implica que se repita a nivel nacional tras las elecciones de 2017, porque las posiciones de Die Linke en política exterior, seguridad del Estado y otros temas la hacen imposible. Muy pocos en ambos partidos se han atrevido a oponerse al tabú por adelantado, pero no sólo ellos leen las encuestas que muestran que una alianza Verde-SPD difícilmente podría obtener la mayoría necesaria sin Die Linke.

Hay esperanzas, aunque menos públicas, de que este nuevo experimento en Turingia presionará a Die Linke para que modifique o incluso abandone sus posiciones "radicales" mas problemáticas. Ramelow, en su primer discurso como primer ministro, evitó referirse a las diferencias evidentes y en su lugar hizo hincapié vigorosamente en el rechazo total del pasado dictatorial de la RDA y su deseo de llevarse bien con todo el mundo. Sus objetivos: un año gratuito de preescolar en el jardín de infancia, la contratación de más maestros, la reducción del número de condados y la ayuda a los desempleados en aspectos concretos, pero sin aumentar el déficit, especialmente tras compromiso del SPD y los Verdes como parte de la coalición de gobierno de un presupuesto equilibrado.

Los afiliados a Die Linke en Turingia, contentos por tener a su dirigente al frente del gobierno por primera vez, habían aprobado la nueva coalición de antemano en un referéndum con el 94 por ciento de los votos. Muchos en el partido se regocijaron de este avance clave. El copresidente de Die Linke Bernd Riexinger dijo: "Si Turingia es bien gobernada, la marea se extenderá a toda Alemania". Matthias Höhn , otro alto dirigente, como Ramelow del "ala reformista", escribió: "La importancia de este gobierno de coalición puede percibirse en el nerviosismo y la confusión de los partidos cristianos simplemente ante la perspectiva de que el cambio rojo-rojo-verde de política se ha convertido en realidad en un estado alemán".

Unrechtsstaat

Sin embargo, otros miembros y dirigentes estaban consternados por la descripción acordada de la RDA como un " Unrechtsstaat ", un "estado injusto ", un término ahora aceptado y enseñado casi universalmente y que el SPD y los Verdes exigieron como condición para formar la coalición. En la RDA, se recordó, las elecciones no eran libres, el poder judicial estaba políticamente controlado y el gobierno era dictatorial. Pocos realmente se atreven a poner en duda estos juicios, pero se cuestiona su énfasis y su sinceridad.

Katja Kipping, co-presidenta del partido, afirmó que la nueva coalición "haría a Turingia mucho más consciente socialmente, más democrática y más ecológicamente verde", pero agregó que el término "Unrechtsstaat" sería difícil de aceptar para muchos que habían vivido en la RDA "porque ven en esa descripción una demonización de sus esfuerzos para construir en Alemania, tras el fascismo, un país socialista diferente ... Eso es lo que hace que esta discusión sea tan difícil".

Para una ex co-presidenta, Gesine Lötzsch, "el término 'Unrechtsstaat' no sólo es una palabra clave para criticar la RDA, sino que también tiene implicaciones para el futuro", ya que asume una supuesta falta de cualquier alternativa a las políticas de la República Federal. "Por lo tanto, no hay alternativa al envío de armas a las regiones en crisis, la privatización de las carreteras y autopistas, el rescate de los bancos, la injusticia de los planes de pensiones y claro que hay alternativa al capitalismo ... La próxima generación ni siquiera tiene que pensar en una alternativa al capitalismo. La RDA, definida en su totalidad como un 'Unrechtsstaat', es asimilada sin matices al fascismo".

En una línea similar, Wolfgang Gehrcke , vicepresidente del grupo parlamentario de Die Linke en el Bundestag, ha declarado que este término era "históricamente falso, sesgado políticamente y científicamente incorrecto. El término 'Unrechtsstaat' se basa en una ‘ideología totalitaria’ que equipara el fascismo de Hitler con la RDA ... Calificar a la RDA de ‘Unrechtsstaat' denigra los esfuerzos de toda una vida de muchos ciudadanos de ese estado ... lo que implica que todas las leyes promulgadas en la RDA eran injustas".

Y en un programa de entrevistas de televisión de gran audiencia, Oskar Lafontaine, ex co-presidente de Die Linke (y antiguo presidente del SPD), fue aún más duro: "Esta discusión sobre el ‘Unrechtsstaat’ no tiene otra finalidad que distraer la atención de las injusticias monstruosas que están teniendo lugar". Y citó los asesinatos mediante aviones no tripulados estadounidenses, los innumerables emigrantes que se ahogan en el Mediterráneo y las guerras de intervención.

Sin embargo, la terminología ha sido adoptada oficialmente, y se rechaza cooperar con cualquier organización en desacuerdo con esta posición, negando cualquier responsabilidad pública a toda persona que disienta.

Algunos Verdes - en Alemania están en algunos asuntos a la derecha de la canciller Angela Merkel - están regodeándose con su influencia en esta coalición, que pronto puede parecerse a un Eiertanz - una danza entre huevos crudos. Un solo diputado puede acabar con la coalición si no esta de acuerdo con alguna posición de Ramelow.

En cierto modo la victoria-rojo-rojo-verde recuerda a las del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en 2008 y 2012, que supuso una increíble derrota de los racistas. La coalición de Turingia es un golpe al anticomunismo más primitivo. ¿Habrá otras similitudes - y quizás desilusiones? Nadie puede decirlo. Pero en el debate, a menudo demasiado apasionado, sobre la injusticia de estado, algunos pensamientos se distrajeron de los pecados de un viejo pasado por culpa de las noticias actuales sobre los alarmantes homicidios de la policía en Ferguson y Staten Island - o los bombardeos en Ucrania . ¡La injusticia es un asunto tan complicado!

Victor Grossman, periodista y autor estadounidense, ha residido en Berlín Oriental durante muchos años. Él autor de Crossing the River: A Memoir of the American Left, the Cold War, and Life in East Germany(University of Massachusetts Press, 2003).

Traducción para www.sinpermiso.info: Enrique García

HOMICIDIOS JUSTIFICADOS EN EE.UU.

 

 

 


 

Lo que los departamentos de policía de los EE.UU. no quieren que sepamos

Eugene Robinson · · · · ·

La muerte de Michael Brown forma parte de una pauta trágica e inaceptable: los agentes de policía norteamericanos tirotean y matan a civiles en una proporción escandalosamente alta. ¿Cuántas muertes se producen cada año? Nadie lo sabe con seguridad, porque los departamentos de policía no quieren que lo sepamos.

De acuerdo con el Uniform Crime Report del FBI, en 2013 hubo 461 “homicidios justificados” por parte de la policía, definidos como “muerte violenta de un delincuente por parte de un agente de un cuerpo policial estando de servicio”. En todos los casos de los que se informa, con solo tres excepciones, los agentes hicieron uso de armas de fuego.

El verdadero número de tiroteos de la policía con fatal desenlace es, no obstante, seguramente mucho más alto, porque muchas fuerzas del orden no aportan datos a la base del FBI. Los intentos de los periodistas de recopilar datos más completos cotejando la cobertura de noticias locales han tenido como resultado estimaciones tan elevadas que llegan al millar de muertes al año causadas por la policía. No hay manera de saber cuántas víctimas iban, como Brown, desarmadas.

Por contraste, no hubo el año pasado tiroteos mortales de la policía en Gran Bretaña. Ni uno. En Alemania se han producido ocho muertes a tiros a manos de la policía en los últimos dos años. En Canadá, — un país con su propio “ethos” de frontera y no gran aversión a las armas de fuego  — los tiroteos suelen ser como promedio de una docena al año.

Tanto liberales como conservadores deberían sentirse indignados por la frecuencia con la que la policía recurre en este país al uso de fuerza mortífera. No hay mayor poder confiado de nuestra parte al Estado que aquel que permite quitar la vida. Por decirlo suavemente, el mal uso de este poder se contradice con el de cualquier noción de gobierno limitado.

Soy consciente de que la gran mayoría de los agentes de policía no tienen nunca que disparar sus armas de fuego estando de servicio. La mayoría de los policías se desempeñan de modo capaz y honorable en un trabajo lleno de tensión y peligro; de acuerdo con el FBI, 27 resultaron muertos en 2013. La fácil disponibilidad de las armas en los EE.UU. significa que los agentes de policía norteamericanos — a diferencia de sus colegas de Gran Bretaña, Japón y otros países en los que existe un control de armas adecuado — deben tener en  mente la posibilidad de que casi cualquier sospechoso pueda llevar metal encima.

Pero se mire como se mire, algo hay que anda mal. Tal vez la formación que se da a los agentes es la inadecuada. Acaso los procedimientos que siguen son erróneos. Quizás la mentalidad del “nosotros contra ellos” separa a algunos departamentos de policía de las comunidades que han jurado proteger.

Sera cual fuere la razón, resulta difícil huir de la conclusión de que la policía de este país se da mucha prisa en disparar. Hemos visto los descorazonadores resultados muy recientemente en el tiroteo mortal de Akai Gurlev, de 28 años, un hombre desarmado que no era sospechoso de crimen alguno, en el hueco de la escalera de un bloque de viviendas sociales en Brooklyn, y la muerte de Tamir Rice, un niño de 12 años que blandía una pistola de juguete en un parque de Cleveland. Lo que me lleva a la cuestión racial. El diario USA Today ha analizado las estadísticas de “homicidios justificados” del FBI a lo largo de varios años y ha descubierto que, de unas 400 muertes anuales aproximadamente a manos de la policía, una media de un 96% implicaban un agente de policía blanco que mataba a una persona negra.

Hace dos años, D. Brian Burghart, director y editor de la News & Review de Reno (Nevada), lanzó www.fatalencounters.org, una ambiciosa tentativa de recopilar una base de datos totalizadora a partir de múltiples fuentes sobre tiroteos de la policía con resultado de muerte. La cobertura de la muerte en octubre de 2012 de un estudiante universitario desnudo y desarmado a manos de la policía de la Universidad del Sur de Alabama le hizo preguntarse a Burghart cuántos tiroteos de ese género se producían; el hecho de que nadie supiera la respuesta le determinó a encontrarla.

Burghart resumía recientemente lo que lleva aprendido hasta ahora: “¿Saben ustedes quiénes son los que mueren en las zonas más densamente pobladas? Hombres negros”, escribió en Gawker. “¿Y saben quiénes son los que mueren en las zonas de menor densidad de población? Enfermos mentales varones. Esto no significa decir que no haya delincuentes peligrosos y desesperados muertos en estas circunstancias. Pero los afroamericanos y los enfermos mentales suponen un elevado porcentaje de la gente a la que mata la policía.

Burghart y otros que han intentado contar y analizar los tiroteos de la policía no tendrían que hacer el trabajo del FBI. Se debería exigir a todos los cuerpos policiales y de orden público que informaran al FBI de todos los casos de recurso a una fuerza letal, utilizando un formato normalizado que permita comparaciones y análisis. Los departamento de policía que no tienen nada que esconder deberían estar deseosos de colaborar.  

La administración Obama ha sido loablemente contundente al presionar a aquellas ciudades con tasas atrozmente elevadas de tiroteos policiales, como Albuquerque (Nuevo México), para que introduzcan reformas. Pero nadie puede realmente aprehender el problema mientras no conozcamos su verdadera envergadura.

El caso de Michael Brown presenta problemas que van más allá de la raza. A un adolescente desarmado lo mataron a tiros. Sea cual fuere su color, el caso es que eso está mal.

Eugene Robinson (1955) es comentarista político de televisión y periodista desde 1980 del diario norteamericano The Washington Post, en el que desde 2005 escribe una columna de opinión por la que ganó el Premio Pulitzer en 2008 cubriendo la campaña presidencial. Afroamericano nacido en Carolina del Sur, entre sus libros se cuenta Coal to Cream: A Black Man’s Journey Beyond Color to an Affirmation of Race [De carbón a crema: el viaje de un hombre negro más allá del color hacia la afirmación de la raza]  (1999) Disintegration: The Splintering of Black America  [Desintegración: el astillamiento de la Norteamérica negra] (2010) y un volumen sobre Cuba Last Dance in Havana: The Final Days of Fidel and the Start of the New Cuban Revolution [Último baile en La Habana: los últimos días de Fidel y el inicio de la nueva revolución cubana] (2004)

martes, 9 de diciembre de 2014

EL PACHÁ ERDOGÁN


  

Putin deja patidifusos a Obama y a los dirigentes europeos con el acuerdo-sorpresa de gas

Que hable Turquía
Mike Whitney
CounterPunch


El 1 de diciembre, el Presidente ruso Vladimir Putin cerró un revolucionario acuerdo con el Presidente turco Tayyip Erdogan que reforzará los lazos económicos entre las dos naciones y ha hecho de Turquía el principal receptor en la región del gas ruso. En función de los términos del acuerdo, Rusia bombeará gas adicional a las poblaciones del centro de Turquía y a un “enclave en la frontera turco-griega” que en última instancia va a facilitarle a Putin un acceso por la puerta trasera al lucrativo mercado de la UE, sirviendo Turquía de fundamental intermediario. La medida crea de facto una alianza ruso-turca que podría cambiar decisivamente el equilibrio regional del poder a favor de Moscú, dando así otra formidable estocada a la estrategia del “pivote hacia Asia” de Washington. Aunque los medios están describiendo el cambio en los planes (Putin ha abandonado el proyecto del gasoducto de la Corriente del Sur que habría transportado gas al sur de Europa) como una “derrota diplomática de Rusia”, parece ser que la realidad es todo lo contrario. Putin le ha ganado de nuevo la partida a EEUU tanto en el frente energético como en el geopolítico, añadiéndola a su larga lista de triunfos políticos. Aquí expongo un breve resumen del artículo de Andrew Korybko en Sputnik News:
“Rusia ha dejado atrás el conflictivo proyecto de la Corriente del Sur y lo ha sustituido ahora por Turquía. Esta trascendente decisión indica que Ankara ha optado por rechazar el euroatlantismo y abrazar la integración euroasiática.
En lo que posiblemente constituya el movimiento más importante hasta ahora hacia la multipolaridad… Turquía ha puesto fin a sus antiguas aspiraciones euroatlánticas. Nadie hubiera podido prever esto hace un año, pero el absoluto fracaso de la política de EEUU hacia Oriente Medio y la política energética de la UE han posibilitado este impresionante cambio en menos de tal período. Todavía se espera que Turquía tenga algunas relaciones privilegiadas con Occidente, pero la naturaleza global de la relación ha cambiado para siempre mientras el país se compromete oficialmente con una multipolaridad pragmática.
Los dirigentes de Turquía dieron un paso importante al sellar un acuerdo tan colosal con Rusia en un ambiente político extremadamente sensible, y es posible que la vieja amistad no pueda restaurarse de nuevo… Las repercusiones serán verdaderamente globales.” (“Cold Turkey: Ankara Buckles Against Western Pressure, Turns to Rusia”, Sputnik News)
Korybko parece hallarse solo en la comprensión de la magnitud de lo que sucedió ese lunes en Ankara, aunque –si juzgamos por el silencio de la administración Obama ante los hechos- la gravedad de la transacción está empezando a calar. El reciente movimiento del Gran Maestro Vlad ha cogido desprevenidos a los mandamases estadounidenses, dejándoles sin palabras. Es este un escenario que nadie había previsto y, como no se maneje de forma correcta, puede convertirse en una verdadera pesadilla. Veamos la conferencia de prensa de Russia Today:
“Putin dijo que Rusia está preparada para construir un nuevo gasoducto que satisfaga la creciente demanda de gas por parte de Turquía que va a incluir un núcleo especial de distribución en la frontera turco-griega para los clientes del sur de Europa.
Por ahora, el suministro de gas ruso a Turquía alcanzará los tres mil millones de metros cúbicos a través del gasoducto ya operativo Corriente Azul… Moscú reducirá también el precio del gas a los clientes turcos en un 6% a partir del 1 de enero de 2015, según manifestó Putin.
‘Estamos preparados para reducir los precios del gas además de la puesta en marcha de nuestros proyectos conjuntos a gran escala’, añadió.” (“Putin: Russia forced to withdraw from S. Stream Project due to EU stance”, Russia Today)
¿Cómo ha podido suceder esto? ¿Cómo puede Putin dirigirse tan campante hacia Ankara, garabatear su nombre en unas pocas hojas de papel y escaparse con un aliado clave de EEUU justo bajo la nariz de Washington? ¿No hay nadie en la Casa Blanca que fuera suficientemente inteligente como para prever un escenario como este o es que todos han sido reemplazados por camorristas como Susan Rice y Samantha Powers?
La administración Obama ha hecho cuanto estaba en su poder para controlar el flujo del gas del este al oeste y socavar la integración económica rusa en la UE. Ahora parece que el astuto de Putin ha encontrado una vía para evitar las sanciones económicas (Turquía se negó a suscribir las sanciones a Rusia), sortear las coacciones y chantajes de EEUU (utilizados con Bulgaria, Hungría y Serbia) y evitar la inacabable beligerancia y hostilidad de Washington, al tiempo que consigue sus objetivos. Pero, -de nuevo-, ¿no es eso lo que Vd. esperaría de un astuto aficionado a las artes marciales como Putin?
“No quiero pegarte”, dice Vlad el malo. “Voy a dejar que tú mismo te atices”.
Y eso es lo que ha sucedido. Sólo tienen que preguntarle al aturdido de Obama quién ha quedado por encima de quién en cualquiera de sus encuentros con Putin.
Pero, ¿por qué el silencio? ¿Por qué la Casa Blanca no ha emitido un comunicado sobre el gran acuerdo gasístico ruso-turco del que todo el mundo está hablando?
Les voy a contar por qué. Porque aún no saben que el infierno ha acabado por alcanzarles, esa es la razón. El anuncio les ha pillado totalmente por sorpresa y no pueden comprender muy bien lo que todo ello implica para las cuestiones que están en lo alto de su agenda política exterior, como el pivote hacia Asia, las guerras en Siria y Ucrania, el tan cacareado gasoducto que iba desde Qatar a la UE y que se suponía que tenía que atravesar –sí, acertaron- Turquía. ¿Está todavía en marcha ese plan o la alianza Putin-Erdogan ha dado al traste también con esa joya? Seamos realistas, esta vez Putin les ha sacado del campo. El equipo de Obama está claramente fuera de la liga y no tiene ni idea de lo que está pasando. Si Turquía se vuelve hacia el este y se une al bloque ruso en ascenso, los políticos estadounidenses van a tener que descartar la mejor parte de sus planes estratégicos para el siglo que viene y volver a la Casilla 1. ¡Qué dolor de cabeza!
Hay un buen artículo en el New York Times del miércoles que resume perfectamente la ambivalencia de Washington hacia el gasoducto Corriente del Sur. He aquí el siguiente extracto:
“Rusia lleva mucho tiempo presentando el proyecto, propuesto en 2007 con buen sentido empresarial porque iba a proporcionar una nueva ruta para que el gas ruso llegara a Europa. Washington y Bruselas se han opuesto al proyecto sobre la base de que era una vía para cimentar la influencia rusa sobre el sur de Europa y por circunvalar Ucrania, cuyas disputas con Gazprom a causa de los precios interrumpieron dos veces los suministros hacia Europa en los últimos años.” (“Putin’s Surprise Call To Scrap South Stream Gas Pipeline Leaves Europe Reeling”, New York Times).
Este ha sido el argumento desde el principio, que vender gas a la UE refuerza de alguna forma el control maniaco de Putin sobre el continente. ¡Qué mentira! ¿Estaría Vd. dispuesto, querido lector, a apagar la calefacción, a romper su factura energética y morir de frío en la oscuridad para demostrarle a su compañía de gas que no está dispuesto a capitular ante su dominio tiránico?
Desde luego que no, porque la idea es ridícula. Al igual que bloquear la Corriente del Sur es ridícula. Putin está vendiendo gas, no tiranía. No pretende que la gente se ponga a taconear y marche al trabajo a paso de ganso. Eso es solo la propaganda de los tipos de la industria petrolera que han perdido en la competición por el suministro de combustible a la UE. Llámenlo frustración si quieren, porque eso es lo que es. Su gasoducto fracasó (Nabucco) y Putin ganó. Fin de la historia. Se llama capitalismo. Lidien con él.
Y aquí va otra cosa: Los países a los que habría servido la Corriente del Sur no tienen un suministrador sustituto para satisfacer sus crecientes necesidades de gas. Por tanto, por marchar tras las huellas de Washington, se han disparado a sí mismos en el pie. Los analistas dan por sentado que cualquier sustituto del gas ruso será probablemente un 30% más caro que si se lo hubieran pagado a Gazprom.
¡Hurra por EEUU! ¡Hurra por la estupidez!
EEUU estaba decidido a sabotear la Corriente del Sur desde el mismo principio, sobre todo porque Washington quiere que sus corporaciones y bancos controlen el flujo del gas hacia el mercado de la UE a través de gasoductos de propiedad privada en Ucrania. De esa forma pueden amontonar mayores beneficios aún en los monederos de sus accionistas. Sin entrar en demasiados detalles sobre los diversos métodos que EEUU ha utilizado para torpedear el proyecto, hay una historia que merece contarse y que apareció en Zero Hedge:
“… dos meses antes de que el gobierno de Ucrania fuera derrocado, el primer ministro de Bulgaria, Plamen Oresharski, ordenó detener los trabajos en la Corriente del Sur por recomendación de la UE. La decisión la anunció tras conversaciones con senadores estadounidenses.
‘En este momento hay una petición de la Comisión Europea, tras la que he ordenado suspender los actuales trabajos’, dijo Oresharski a los periodistas tras reunirse con John McCain, Chris Murphy y Ron Johnson durante su visita a Bulgaria el domingo. ‘Una vez consultemos con Bruselas, se adoptarán otras medidas’.
En aquel momento, McCain, al comentar la situación, dijo que ‘Bulgaria debería resolver los problemas de la Corriente del Sur en colaboración con sus colegas europeos’, añadiendo que en la actual situación querrían ‘menor implicación de Rusia’ en el proyecto.
‘EEUU ha decidido que quiere colocarse en una posición donde excluya a cualquiera que no le guste en los países donde crea que puede tener intereses, y no hay racionalidad económica alguna en esto’, dijo Ben Aris, editor de Business New Europe a RT.” (“Europe Gives Bulgaria A Bank System Lifeline As Battle Over ‘South Stream’ Pipeline Heats Up”, Zero Hedge).
A ver si lo entiendo: ¿El loco de McCain fue a darse una vuelta e inmediatamente empezó a ordenar a la gente que dijera que quiere “menos implicación rusa” y eso fue suficiente como para interrumpir la Corriente del Sur? ¿Es eso lo que me están diciendo?
Pues sí. Parece que es eso.
¿Les ayuda a ver lo que está realmente sucediendo? No se trata de Putin. Se trata del gas y de quién va a sacar beneficios de ese gas y en qué moneda se van a emitir las facturas de ese gas. De eso se trata. El resto de las tonterías sobre la “implicación rusa” o el terrorismo o los derechos humanos o la soberanía nacional es como hablar en chino. A la gente que dirige este país (como McCain) se le da una higa todo eso. Lo que les preocupa es el dinero; dinero y poder. Eso es.
Por tanto, ¿qué van a hacer ahora? ¿Cómo van los grandes supermachos de Washington a expresar su rabia ante esta nueva amenaza creada por Putin y Erdogan?
No hace falta ser un genio para imaginárselo, después de todo ya lo hemos visto antes un millón de veces.
Van a ir como fieras a por Erdogan. Es lo que hacen siempre, ¿no es cierto?
La única razón de que no hayan ido ya es porque están tratando de aclararse y eso les lleva normalmente un día o dos. Pero tan pronto como se organicen empezarán a cargarse poco a poco al viejo Recep con descalificaciones humillantes. Erdogan va a ser el nuevo Hitler y la mayor amenaza para la humanidad que el mundo ha visto. Pueden apostar por ello.
La denunciante Sibel Edmonds piensa que Washington se la tiene jurada a Erdogan desde hace tiempo, que la historia se remonta a una bronca que tuvo con la CIA unos cuantos años atrás. En cualquier caso, da buena cuenta de lo que podemos esperar ahora que Erdogan está en la lista de los enemigos de Washington. He aquí un extracto de su escrito en Boiling Frogs:
“Todos sabemos lo que sucede con esos títeres cuando acaban alejándose de la CIA. ¿No es verdad? La ruptura conlleva siempre expiración. Una vez que se considera que un títere está acabado, he ahí entonces que de repente empieza la inversión propagandística: Se sacan todos los esqueletos de lo profundo del armario y se filtran a los medios. Sus violaciones de los derechos humanos anteriormente pasadas por alto son sometidas a escrutinio bajo microscopio. La carta terrorista entra asimismo en la ecuación. Y la lista continúa…
Todos los regímenes y títeres instalados por el Imperio deben comprometerse con los mandamientos del Imperio… No violarás los mandamientos imperiales. Porque si lo haces entonces te vas a ver humillado, expuesto, desinstalado y puede que incluso te maten. Todo lo que tienen que hacer es mirar la historia del siglo pasado. Vean lo que sucede cuando un títere instalado se confía demasiado, se vuelve arrogante y hace caso omiso de uno o más mandamientos. Entonces es cuando renace convertido en dictador, déspota, torturador y, sí, terrorista. Y se ponen a excavar en los patios traseros hasta encontrar unos cuantos gramos de armas de destrucción masiva…
Lo miren por dónde lo miren, los días de Erdogan están contados… Cualquiera que se atreva a ser temerario será castigado y convertido en ejemplo para el resto de títeres instalados…” (“Turkish PM Erdogan: The Speedy Transformation of an Imperial Puppet”, BFP)
Ahí lo tienen. Eso es lo que pueden esperar a finales de semana cuando los medios empiecen a demonizar a toda máquina a Erdogan, el hombre que se atrevió a actuar con independencia y puso los intereses de su propio pueblo por encima de capos mafiosos. Como les diría cualquiera que haya seguido la política exterior estadounidense durante los últimos sesenta años: ¡Eso no se hace!

Mike Whitney vive en el Estado de Washington. Colaboró en el libro “Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion” (AK Press). Hopeless también existe en una edición Kindle. Contacto

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.



jueves, 4 de diciembre de 2014

Discurso de Putin en Valdai

putin

http://salsaru sa.blogspot.com.ar

Se ha citado mucho el discurso de Putin en la reunión del grupo Valdai. Muy interesante, y por tanto evitado por la prensa hispana. Aquí está la traducción de la transcripción del mismo:
Estimados colegas, señoras y señores, queridos amigos: es un placer darles la bienvenida a esta XI conferencia del club de discusión “Valdai”.
Ya se ha dicho aquí que este año en el club hay nuevos coorganizadores, entre ellos organizaciones no gubernamentales rusas, grupos de expertos y grandes universidades. Además se ha expresado la idea de ampliar la discusión para incluir no sólo la problemática rusa sino también cuestiones de política y economía globales.
Espero que estos cambios organizativos y de contenido refuercen las posiciones del club como un importante foro de discusión y de reunión de expertos. Con ello espero que el así llamado espíritu de Valdai pueda mantenerse: su libertad, apertura, posibilidad de expresar las más distintas opiniones y con ello las opiniones sinceras.
En este sentido quiero decirles que no les voy a decepcionar, voy a hablar clara y sinceramente. Algunas cosas pueden parecer duras. Pero si no habláramos directa y sinceramente de lo que realmente pensamos no tendría sentido reunirnos en este formato. Sería mejor, en tal caso, mantener los encuentros diplomáticos donde nadie dice nada en un sentido claro y real y, recordando las palabras de un famoso diplomático, caer en la cuenta de que los diplomáticos tienen lenguas para para no decir la verdad.
Nos reunimos aquí con otros objetivos. Nos reunimos para hablar sinceramente. Necesitamos la franqueza y dureza de las valoraciones hoy no para atacarnos mutuamente sino para intentar ir a fondo y entender qué es lo que en realidad sucede en el mundo, por qué es menos seguro y menos previsible, porqué por los riesgos crecen por doquier.
El tema del encuentro de hoy, de las discusiones que han tenido lugar se ha denominado “¿Nuevas reglas de juego o juego sin reglas?”. En mi opinión este tema, esta formulación, describe muy exactamente el histórico punto de inflexión en que nos encontramos y la elección que todos tendremos que hacer.
La tesis de que el mundo contemporáneo está cambiando muy rápidamente, por supuesto, no es nueva. Y sé que ustedes han hablado de ello en el curso de la discusión de hoy. Es cierto, es difícil no darse cuenta de las dramáticas transformaciones en la política global, en la economía, la vida social, en la esfera de las tecnologías sociales, de la información, de la producción.
Les pido disculpas desde ahora si repito lo expresado por algunos participantes en este foro. Es difícil evitarlo, ustedes han hablado en detalle, pero voy a expresar mi punto de vista, que puede coincidir o ser distinto de lo dicho por los participantes del fórum.
No olvidemos, al analizar la situación actual, las lecciones de la historia. En primer lugar los cambios en el orden mundial -y los sucesos que estamos viendo hoy día son eventos de esta escala- por regla general fueron acompañados si no por una guerra global o por choques globales, por una cadena de intensivos conflictos de carácter local. En segundo lugar, la política mundial es sobre todo acerca del liderazgo económico, cuestiones de la guerra y la paz, y la dimensión humanitaria, incluyendo los derechos humanos.
En el mundo se han acumulado numerosas contradicciones. Y debemos preguntarnos sinceramente unos a otros si disponemos de una red de seguridad confiable. Por desgracia no hay garantías de que el sistema existente de seguridad global y regional pueda protegernos de graves turbulencias. El sistema ha sido seriamente debilitado, fragmentado y deformado. Las instituciones internacionales y regionales de relaciones económicas, políticas y culturales viven tiempos difíciles.
Sí, muchos mecanismos de garantía del orden pacífico se crearon hace bastante tiempo, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial sobre todo. Permítanme subrayar que la solidez de este sistema se basaba no solo en el balance de fuerzas y en el derecho de los vencedores, sino también en que los “padres fundadores” de este sistema de seguridad se relacionaban respetuosamente unos con otros, no intentaban apretar o aplastar a los otros sino que trataban llegar a acuerdos.
Lo importante es que este sistema necesita desarrollarse, y a pesar de todos sus defectos necesita ser capaz de contener los problemas mundiales existentes dentro de ciertos límites y de regular la intensidad de la natural competencia entre países.
Estoy seguro de que no podemos tomar este mecanismo de pesos y contrapesos que construimos a lo largo de las décadas pasadas con tanto esfuerzo y dificultades y destruirlo sin construir algo en su lugar. En tal caso no habría instrumentos salvo la fuerza bruta. Lo que necesitamos hacer es llevar a cabo una reconstrucción racional y adaptarlo a las nuevas realidades del sistema de relaciones internacionales.
Sin embargo los Estados Unidos, que se han declarado a sí mismos vencedores de la Guerra Fría, han pensado que no había ninguna necesidad de ello. Y en lugar de establecer un nuevo balance de poder, condición indispensable del orden y estabilidad, al contrario, han dado pasos que han llevado al sistema a una aguda y profunda desestabilización.
La Guerra Fría terminó. Pero no lo hizo con una declaración de “paz” mediante acuerdos comprensibles y transparentes de observancia de las normas y estándares existentes o de creación de unos nuevos. Esto creó la impresión de que los así llamados “vencedores” en la Guerra Fría decidieron presionar los eventos y rediseñar al mundo de tal suerte que sirviera para satisfacer sus necesidades e intereses. Y si el sistema existente de relaciones internacionales, el derecho internacional y los pesos y contrapesos en operación entorpecían el logro de estos objetivos, entonces el sistema era denunciado como inválido y anticuado y promovían su inmediata demolición.
Perdón por la analogía, pero así se comportan los nuevos ricos, que de repente obtienen una gran riqueza, en este caso en forma de dominación mundial, liderazgo mundial. Y en lugar de, con esta riqueza, comportarse sabiamente y con cuidado, incluso claro está, en su propio beneficio, pienso que han hecho muchos disparates.
Ha comenzado un periodo de diferentes interpretaciones y deliberados silencios en la política mundial. Bajo la arremetida del nihilismo legal el derecho internacional ha venido retrocediendo paso a paso. La objetividad y la justicia han sido sacrificadas en el altar de la conveniencia política. Las normas jurídicas han sido sustituidas por interpretaciones arbitrarias y valoraciones sesgadas. Además, el control total de los medios de comunicación globales ha permitido hacer pasar lo blanco por negro y lo negro por blanco.
En las condiciones de dominio de un país y sus aliados -o por decirlo de otra manera, sus satélites- la búsqueda de soluciones globales se ha convertido muy a menudo en una tentativa de imponer sus propias recetas universales. Las ambiciones de este grupo han crecido tanto que las políticas que ellos acuerdan en los corredores del poder las presentan como si fueran la opinión de toda la comunidad internacional. Pero eso no es así.
El propio concepto de “soberanía nacional” para la mayoría de los países se ha convertido en algo relativo. En esencia, se propuso la siguiente fórmula: cuanto mayor sea la lealtad al solo centro de poder mundial tanto mayor será la legitimidad de este o aquel régimen de gobierno.
Luego tendremos una discusión libre, y con mucho gusto contestaré a las preguntas y me gustaría también ejercer mi derecho para hacer preguntas. Pero en el curso de esta discusión traten de refutar la tesis que acabo de formular.
Las medidas contra los que se rehúsan a someterse son bien conocidas y han sido probadas muchas veces. Incluyen el uso de la fuerza, presión económica y propagandística, injerencia en asuntos internos, apelación a cierta legitimidad“supralegal” cuando hay que justificar una solución ilegal en este o aquel conflicto y el derrocamiento de regímenes molestos. En los últimos tiempos hemos sido testigos de un chantaje abierto en contra determinados líderes. No en vano el llamado “gran hermano” gasta miles de millones de dólares en mantener a todo el mundo, incluidos sus aliados más cercanos, bajo vigilancia.
Hagámonos la pregunta de hasta qué punto vivimos confortablemente, seguros y felices en un mundo así, hasta qué punto es justo y racional. ¿Puede ser que no tengamos motivos verdaderos para preocuparnos, discutir, o formular preguntas incómodas o torpes? ¿Puede ser que la excepcionalidad de los Estados Unidos, tal y como ellos ejercen su liderazgo, sean realmente una bendición para todos nosotros, y que su continua injerencia en los asuntos de todo el mundo esté trayendo paz, prosperidad, progreso, crecimiento, democracia y simplemente tengamos que relajarnos y gozar?
Me permito decir que no, que absolutamente este no es el caso.
El dictado unilateral y la imposición de los propios modelos produce el efecto contrario: en vez de solucionar los conflictos, estos escalan en intensidad; en vez de estados soberanos y estables vemos la creciente diseminación del caos; y en vez de democracia, el apoyo a un muy dudoso grupo que va desde los neofascistas hasta el radicalismo islámico.
¿Y por qué apoyan a esta gente? Porque los utilizan en alguna etapa como instrumento para lograr sus fines, después se queman sus dedos y se echan hacia atrás. No dejo de sorprenderme cuando veo que nuestros socios una vez tras otra caen en el mismo agujero, es decir, cometen el mismo error una y otra vez.
En su tiempo financiaron movimientos islamistas extremistas para luchar contra la Unión Soviética. Esos grupos adquirieron experiencia de combate en Afganistán y de allí luego salieron el Talibán y Al Qaeda. Occidente, si no les apoyó, al menos cerró los ojos, y yo diría que aportó información y apoyo político y financiero a la invasión de los terroristas internacionales a Rusia (no hemos olvidado esto) y a los países de Asia Central. Solo tras los horribles ataques cometidos en Estados Unidos se despertaron ante la amenaza común del terrorismo. Recuerdo que entonces fuimos los primeros en apoyar al pueblo de los Estados Unidos de América, reaccionamos como amigos y socios en esta terrible tragedia del 11 de septiembre.
Durante mis conversaciones con líderes europeos y de los Estados Unidos siempre hablo de la necesidad de una lucha conjunta con el terrorismo, como tarea global. En esta tarea no podemos rendirnos y resignarnos ante la amenaza; tampoco podemos dividirla en partes separadas, usando dobles raseros. Al principio estuvieron de acuerdo con nosotros, pero al poco tiempo todo volvió a ser como antes. Primero la operación militar en Irak, y luego en Libia. Este país, por cierto, quedó al borde de la disolución. ¿Por qué Libia fue empujada a esa situación? Ahora está en peligro de destrucción total y se ha convertido en un campo de entrenamiento de terroristas. Solo la voluntad e inteligencia de la actual dirección en Egipto ha permitido a este crucial país árabe salir del caos y el dominio total del extremismo. En Siria, como en otros tiempos, los Estados Unidos y sus aliados comenzaron a financiar y armar directamente a los rebeldes y permitiéndoles engrosar sus filas con mercenarios de distintos países. Permítanme preguntar ¿de dónde obtienen estos rebeldes el dinero, las armas y los especialistas militares. ¿De dónde viene todo esto? ¿Por qué el Estado Islámico se ha convertido en un grupo tan poderoso, una fuerza esencialmente armada?
En lo referente a la financiación, hoy el dinero no proviene solo de los ingresos por drogas cuya producción, por cierto, ha aumentado en varios órdenes de magnitud, y no solo un pequeño porcentaje durante la presencia de las fuerzas internacionales en Afganistán. Ustedes saben esto, por supuesto. La financiación proviene también de la venta de petróleo, su extracción y transporte en territorios controlados por los terroristas. Lo venden a precios de dumping, y hay alguien que se los compra, lo revende, gana dinero con ello sin pensar en que está financiando a los terroristas que tarde o temprano vendrán a su territorio y sembrarán la muerte en su país.
¿Y los reclutas, de dónde vienen los nuevos reclutas? En Irak como resultado del derrocamiento de Sadam Hussein las instituciones estatales, incluido el ejército, quedaron en ruinas. Entonces dijimos: tengan mucho, mucho cuidado. Ustedes están mandando a esa gente a las calles. ¿Qué van a hacer? No olviden que –justamente o no- ellos estaban en posiciones de mando de una potencia regional relativamente grande. ¿En qué los están convirtiendo ahora?
¿Qué sucedió? Que decenas de miles de soldados y oficiales, antiguos activistas del partido Baaz, arrojados a la calle, se unieron a las filas de los rebeldes. ¿Puede ser que ahí esté la clave de la efectividad del Estado Islámico, o ISIS? Actúan de una manera muy efectiva desde el punto de vista militar, son gente muy profesional. Rusia ha advertido en repetidas ocasiones sobre el peligro de acciones armadas unilaterales, las injerencias en los asuntos de estados soberanos, y el flirteo con grupos extremistas y radicales. Hemos insistido en la necesidad de incluir a los grupos que luchan contra el gobierno central de Siria, incluido el ISIS, en la lista de organizaciones terroristas. ¿Cuál ha sido el resultado? Ninguno. Hemos hecho esa apelación en vano.
A veces tenemos la impresión de que nuestros colegas y amigos luchan constantemente contra los resultados de su propia política, dedican sus esfuerzos a luchar contra los riesgos que ellos mismos han creado, pagando por ello un precio cada vez mayor.
Estimados colegas. Este periodo de dominación unipolar ha demostrado claramente que el dominio de un solo centro de poder no lleva al aumento de la gobernabilidad de los procesos globales. Al contrario esta endeble construcción ha mostrado su incapacidad para luchar contra amenazas tales como los conflictos regionales, el terrorismo, el narcotráfico, el fanatismo religioso, el chauvinismo y el neonazismo. Al mismo tiempo el unipolarismo ha abierto un ancho camino para un hipertrofiado orgullo nacional, manipulando a la opinión pública para consentir que el fuerte acose y suprima al más débil. Esencialmente el mundo unipolar es simplemente un medio para justificar la dictadura sobre los pueblos y los países. El mundo unipolar se convirtió en algo demasiado incómodo, una carga demasiado pesada e inmanejable incluso para su autoproclamado líder. Se han escuchado aquí comentarios sobre ello y yo estoy totalmente de acuerdo con lo que aquí se dijo. De ahí vienen los actuales intentos, ya en una nueva etapa histórica, de recrear algo parecido a un mundo cuasibipolar como un modelo conveniente de perpetuación del liderazgo americano. Es irrelevante quien ocupa el lugar del “centro del mal” en la propaganda americana, el viejo lugar de la URSS como el principal adversario. Podría ser Irán, como país que intenta acceder a tecnología nuclear; China como primera economía del mundo; o Rusia como superpotencia nuclear.
Hoy día vemos de nuevo intentos de fragmentar el mundo, trazar nuevas líneas de división, establecer coaliciones no creadas “a favor de” sino en “contra de”quien sea, crear de nuevo la imagen de un enemigo, como se hizo durante la Guerra Fría, y conseguir el derecho al liderazgo, o si lo prefieren, el derecho dictar condiciones. Así es como se trataba la situación durante la época de la Guerra Fría, todos lo sabemos y comprendemos. A sus aliados los Estados Unidos siempre les decían: “tenemos un enemigo común, un rival terrible, es el centro del mal y los estamos defendiendo de él. Por ello tenemos derecho a dirigirlos, obligarlos a sacrificar sus intereses políticos y económicos y hacerlos pagar su cuotaparte de los costos de esta defensa colectiva, pero naturalmente nosotros seremos quienes estarán a cargo de todo eso.” En una palabra, hoy en un mundo nuevo y cambiante es otra vez evidente el intento de reproducir estos modelos habituales de dirección y manejo global para garantizar la excepcional posición de Estados Unidos y cosechar dividendos políticos y económicos.
Pero estos intentos están crecientemente divorciados de la realidad y en contradicción con la diversidad del mundo e indefectiblemente crearán enfrentamientos y reacciones de respuesta que finalmente tendrán el efecto contrario al anhelado. Todos vemos lo que sucede cuando la política se mezcla imprudentemente con la economía y la lógica de las decisiones racionales cede su lugar a la lógica de la confrontación, que sólo perjudica a las propias posiciones e intereses económicos, incluidos los intereses económicos del país.
Los proyectos económicos conjuntos y las inversiones mutuas acercan objetivamente a los países, ayudan a suavizar los problemas actuales en las relaciones entre los estados. Sin embargo hoy día la comunidad económica global sufre una presión sin precedentes por parte de los gobiernos occidentales. ¿De qué negocios, de qué pragmatismo y conveniencia económicas podemos hablar cuando escuchamos slogans tales como “la patria está en peligro”, “el mundo libre está amenazado” y “la democracia está en riesgo”? Ante esto, todos (en Occidente) necesitan movilizarse. Pero aquellos slogans son los que constituyen una verdadera política de movilización.
Las sanciones están socavando las bases del comercio mundial, las normas de la OMC y los principios de la inviolabilidad de la propiedad privada. Golpean fuertemente al modelo liberal de globalización basado en los mercados, la libertad y la competencia; un modelo, permítanme recordarlo, cuyos máximos beneficiarios han sido precisamente los países occidentales. Ahora se arriesgan a perder la confianza que gozaban como líderes de la globalización. Nos preguntamos, ¿era necesario hacer esto? Después de todo el bienestar de los propios Estados Unidos depende en gran medida de la confianza de los inversores, de los poseedores extranjeros de dólares y bonos del Tesoro americano. Ahora la confianza se está minando y señales de desilusión acerca de los frutos de la globalización aparecen en muchos países.
El precedente de Chipre y la motivación política de las sanciones sólo acentuaron las tendencias hacia el fortalecimiento la soberanía económica y financiera de los países, o sus uniones regionales, para buscar los modos de protegerse de los riesgos de las presiones externas. Así, cada vez más países intentan salir de la dependencia del dólar y crean sistemas financieros y contables alternativos y nuevas monedas de reserva. En mi opinión nuestros amigos americanos simplemente están cortando la rama en la que están sentados. No hay que mezclar la política con la economía, pero precisamente esto es lo que está sucediendo ahora. Pensaba y sigo pensando que las sanciones motivadas políticamente son un error que produce daño a todos, pero estoy seguro de que más tarde hablaremos de esto.
Sabemos cómo se tomaron esas decisiones y quién ejerce la presión. Pero permítanme llamar su atención sobre esto: Rusia no se doblegará antes las sanciones, ni será lastimada por ellas ni la verán llegar a la puerta de alguien para mendigar ayuda. Rusia es un país autosuficiente. Vamos a trabajar dentro del ambiente económico internacional existente, desarrollar nuestra producción y tecnología y actuar de forma decidida para realizar las transformaciones que sean necesarias. La presión desde afuera, como ocurriera en anteriores ocasiones, sólo tendrán como resultado consolidar nuestra sociedad, mantenernos alertas y concentrados en nuestros principales objetivos de desarrollo.
Las sanciones, por supuesto, son un estorbo. Con ellas intentan hacernos daño, bloquear nuestro desarrollo, aislarnos política, económica y culturalmente; es decir, condenarnos al atraso. Pero déjenme decirles nuevamente que hoy el mundo es un lugar muy diferente. No tenemos la menor intención de encerrarnos, eligiendo un camino de desarrollo cerrado que nos lleve a vivir en una autarquía. Siempre estamos dispuestos al diálogo, incluso para la normalización de las relaciones económicas y políticas. Contamos para ello con las posturas y comportamientos pragmáticos de las comunidades de negocios de los principales países.
Hoy se oye afirmar que Rusia vuelve la espalda a Europa, seguramente se ha oído en el transcurso de esta discusión, y que está buscando otros socios comerciales, sobre todo en Asia. Quiero decir que esto no es así en absoluto. Nuestra política activa en la región de Asia-Pacífico no ha comenzado ayer ni como respuesta a las sanciones, sino que es una política iniciada hace muchos años. Tal como muchos otros países, incluidos los occidentales, nosotros vemos que Asia juega un papel cada vez mayor en el mundo, tanto en la economía como en la política, y no podemos darnos el lujo de subestimar o ignorar estos desarrollos.
Quiero recalcar de nuevo que todos lo hacen, y nosotros lo haremos, tanto más cuando una parte significativa de nuestro territorio está en Asia. ¿Por qué deberíamos abstenernos de utilizar nuestra ventaja competitiva en esta área? Eso sería simplemente miopía, una grave falta de visión a largo plazo.
Desarrollar relaciones económicas con esos países y realizar proyectos conjuntos de integración también crean grandes incentivos para nuestro desarrollo interno. Las actuales tendencias demográficas, económicas, y culturales nos dicen que la dependencia de una única superpotencia disminuirá objetivamente. Esto es lo que los expertos europeos y norteamericanos han estado hablando y escribiendo también ellos.
Probablemente los desarrollos en la política mundial reflejarán los mismos hechos que estamos viendo en la economía global: una competencia fuerte en nichos específicos y frecuentes cambios de líderes en áreas específicas. Esto es enteramente posible.
Es indudable que los factores humanos: la educación, la ciencia, la sanidad, la cultura jugarán un papel creciente en la competición global. Esto, por su parte, impacta fuertemente sobre las relaciones internacionales, porque la eficacia de este soft power (“poder blando”) dependerá en gran medida de los logros reales en la formación del capital humano más que en sofisticados trucos de propaganda.
Al mismo tiempo, la formación del llamado mundo policéntrico (también quiero llamar la atención sobre esto, estimados colegas) en y por sí mismo no mejora la estabilidad; de hecho, lo más probable es lo contrario. El objetivo de lograr un equilibrio global se transforma en un complicado rompecabezas, en una ecuación con muchas incógnitas.
¿Qué nos espera, por lo tanto, si elegimos no vivir por esas reglas -aun cuando sabemos que podrían estrictas e inconvenientes- sino vivir sin ninguna regla? Precisamente este escenario es enteramente posible; no lo podemos descartar dadas las tensiones de la situación global. Se pueden hacer muchas predicciones al observar las tendencias actuales, pero por desgracia aquellas no son optimistas. Si no creamos un sistema claro de obligaciones mutuas y de acuerdos, si no construimos un mecanismo de manejo y resolución de las situaciones de crisis los síntomas de anarquía global aumentarán inevitablemente.
Ya hoy en día vemos un rápido crecimiento de las posibilidades de una serie de violentos conflictos con la participación directa o indirecta de las grandes potencias. Y los factores de riesgo incluyen no solo las tradicionales confrontaciones entre países sino también la inestabilidad interna de algunos países, sobre todo de los situados en la intersección de los intereses geopolíticos de las grandes potencias, o en la frontera de las grandes zonas histórico-culturales, económicas y civilizatorias.
Ucrania, de la cual estoy seguro de que se ha discutido mucho y de la que hablaremos aún más, es uno de los ejemplos de este tipo de conflictos que afectan el balance mundial de fuerzas, y creo que está lejos de ser el último. De ahí viene la siguiente amenaza real de destrucción del sistema de acuerdos sobre limitación y control de armas. Y el comienzo de este proceso fie causado por los Estados Unidos cuando en 2002 y de manera unilateral abandonó el Tratado de Misiles Antibalísticos, y después comenzó, y hoy continúa activamente, a crear su sistema misilístico de defensa global.
Estimados colegas, amigos: quiero llamar su atención sobre el hecho de que no hemos sido nosotros quienes comenzaron este proceso. Estamos volviendo a aquellos tiempos en que en lugar del equilibrio de intereses y garantías mutuas era el miedo, el balance de autodestrucción, lo que alejaba a las naciones del conflicto directo. A falta de instrumentos legales y políticos las armas vuelven una vez más al centro de la agenda global. Se utilizan donde conviene y como conviene, sin ninguna sanción del Consejo de Seguridad de la ONU. Y si el Consejo de Seguridad rechaza adoptar tales decisiones, inmediatamente se dice que es un instrumento anticuado e inefectivo.
Muchos estados no ven otras garantías de su soberanía que crear sus propias bombas. Esto es extremadamente peligroso. Somos partidarios de conversaciones continuas, e insistimos en la necesidad de conversaciones para disminuir los arsenales atómicos. Cuanto menos armamento atómico haya en el mundo, tanto mejor. Y estamos dispuestos a las más serias y concretas conversaciones sobre la cuestión del desarme atómico. Pero discusiones serias, sin dobles estándares.
¿Qué quiero decir? Hoy día muchos tipos de armas de gran precisión son, por su capacidad destructiva, casi armas de destrucción masiva. Y en el caso de una renuncia plena al arsenal nuclear o disminución crítica del mismo, el país que ostente el liderazgo en la creación y producción de estos sistemas de alta precisión tendrá una clara ventaja militar. Se romperá la paridad estratégica, lo cual muy probablemente tendrá un efecto desestabilizador y aparecerá la tentación de usar el llamado “primer ataque preventivo global”. En una palabra, los riesgos no disminuirán, sino que aumentarán.
La siguiente amenaza evidente es el aumento de los conflictos étnicos, religiosos y sociales. Esos conflictos son peligrosos no solo por sí mismos, sino también porque crean zonas de anarquía, de ausencia de toda ley y de caos, donde se sienten a gusto los terroristas y los criminales, y florecen la piratería y el tráfico de personas y drogas.
Por cierto, nuestros colegas en su momento intentaron dirigir estos procesos, utilizar los conflictos regionales y construir “revoluciones de colores” para satisfacer sus intereses, pero el genio se les escapó de la botella. Parece que ni los padres de la “teoría del caos controlado” saben qué hacer con el caos provocado y cunde la división y las dudas entre ellos.
Seguimos muy de cerca las discusiones en las élites dirigentes y entre los expertos. Basta con leer los titulares de la prensa occidental durante el último año: la misma gente a la que llamaban luchadores por la democracia después son caracterizados como islamistas; al principio hablaban de revoluciones y después de tumultos y revueltas. El resultado es evidente: una mayor expansión del caos global.
Estimados colegas: dada esta situación global es hora de comenzar por acordar sobre ciertas cuestiones de principio. Esto es tremendamente importante y necesario, y es mucho mejor que separarnos y regresar cada uno a su rincón. Tanto más cuando nos enfrentamos a problemas comunes y estamos, como se dice, en el mismo barco. El camino lógico para salir de esta situación es la cooperación entre naciones y sociedades, buscando respuestas colectivas a los múltiples desafíos y una gestión común en el manejo de los riesgos. Claro, algunos de nuestros socios, por algún motivo, solo se acuerdan de esto cuando conviene a sus intereses.
La experiencia práctica muestra que las respuestas conjuntas a los problemas no son siempre una panacea; por supuesto, hay que reconocerlo. Además en la mayoría de los casos son difíciles de conseguir: no es fácil superar las diferencias en los intereses nacionales y la subjetividad de los diferentes enfoques, sobre todo cuando se trata de países con una tradición cultural e histórica diferente. Pero hay ejemplos que demuestran que cuando hay objetivos comunes y actuamos en base a criterios unificados podemos conjuntamente lograr éxitos reales.
Permítanme recordarles la solución del problema de las armas químicas en Siria, el diálogo sustantivo sobre el programa nuclear iraní y nuestro trabajo en la cuestión norcoreana, que también ha tenido algunos resultados positivos. ¿Por qué no utilizar toda esta experiencia tanto para la solución de problemas locales como globales?
¿Cuál debería ser el fundamento legal, político y económico del nuevo orden mundial que garantice la estabilidad y seguridad, que garantice la sana competencia y no permita la formación de nuevos monopolios que bloqueen el desarrollo? Es poco probable que alguien pueda ahora dar una respuesta ya hecha, absolutamente exhaustiva, a esta cuestión. Se necesita un largo trabajo con la participación de un amplio círculo de países, empresas globales, sociedades civiles y de foros de expertos como el nuestro.
Sin embargo es evidente que el éxito y un resultado real solo será posible si los participantes clave de la vida internacional pueden armonizar sus intereses básicos, sobre la base de una lógica autolimitación, y dan un ejemplo de liderazgo responsable y positivo. Hay que definir claramente hasta dónde pueden llegar las acciones unilaterales y dónde y cuándo deben aplicarse mecanismos multilaterales. Y para mejorar la efectividad del derecho internacional debemos resolver el dilema entre las acciones de la comunidad internacional para garantizar la seguridad y los derechos humanos y el principio de la soberanía nacional y la no injerencia en los asuntos internos de los países.
Ese tipo de colisiones llevan cada vez más a menudo a la injerencia extranjera arbitraria en procesos internos muy complicados, y una vez tras otra provocan peligrosos conflictos entre los principales actores mundiales. El mantenimiento de la soberanía es un elemento supremamente importante para el mantenimiento y reforzamiento de la estabilidad mundial.
Está claro que la discusión sobre los criterios de utilización de la fuerza externa es muy complicada; es casi imposible separarla de los intereses de los diferentes países. Sin embargo es bastante más peligrosa la falta de acuerdos comprensibles por todos, ccuando no se establecen claramente las condiciones para que la injerencia sea necesaria y legal.
Añado a lo anterior que las relaciones internacionales deben construirse sobre el derecho internacional, en cuya base deben estar principios morales tales como la justicia, la igualdad y la verdad. Quizás lo más importante sea el respeto al socio y sus intereses. Es una fórmula obvia, pero que si se sigue puede cambiar de raíz la situación en el mundo.
Estoy seguro de que si existe voluntad podemos restablecer la efectividad del sistema de instituciones internacionales y regionales. No es necesario ni siquiera construir algo nuevo desde cero, esto no es un “greenfield”, un terreno virgen, tanto más cuando las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial son universales y pueden ser llenadas con contenidos modernos, adecuados para manejar la situación actual.
Esto es verdad en relación al mejoramiento del trabajo de la ONU, cuyo papel central es insustituible. Y de la OSCE, el Organismo para la Seguridad y la Cooperación Europeas, que a lo largo de 40 años ha probado ser un mecanismo para garantizar la seguridad y la cooperación en la zona euroatlántica. Hay que decir que ahora mismo, en la solución de la crisis en el sureste de Ucrania, la OSCE juega un papel muy positivo.
A la luz de los cambios fundamentales en el ambiente internacional, la creciente ingobernabilidad y las diferentes amenazas nos obligan a forjar un nuevo consenso entre las fuerzas responsables. No se trata de cualquier acuerdo local, o de una separación de esferas de influencia al estilo de la diplomacia clásica, o de la dominación completa y global de algún actor. Creo que se necesita una nueva versión de la interdependencia. No hay que tenerle miedo. Al contrario, es un buen instrumento para armonizar posiciones.
Esto es particularmente relevante si se toma en cuenta el fortalecimiento y crecimiento de determinadas regiones del planeta, lo que comporta la exigencia objetiva de institucionalizar la existencia de dichos polos creando potentes organizaciones regionales y elaborando normas para su interacción. La cooperación entre estos centros otorgaría una fuerza considerable a la seguridad mundial, a la política y la economía. Pero para conseguir éxito en tal diálogo hay que partir del supuesto de que todos los centros regionales y los proyectos de integración nacidos a su alrededor deben tener idéntico derecho a desarrollarse, de modo tal que puedan complementarse mutuamente y nadie pueda forzarlos a incurrir en conflictos u oposiciones artificiales. Acciones destructivas de este tipo romperían las relaciones entre estados, y ellos mismos atravesarían por situaciones muy difíciles, incluso llegando hasta su propia destrucción.
Quisiera recordarles los sucesos del año pasado. Entonces les dijimos a nuestros socios, tanto a los americanos como a los europeos, que decisiones apresuradas y a escondidas sobre, por ejemplo, la asociación de Ucrania a la Unión Europea, comportaban grandes riesgos. No dijimos nada sobre política, hablábamos solo de economía y decíamos que tales pasos, realizados sin ningún acuerdo previo, afectaba los intereses de muchas otras naciones, incluyendo a Rusia como el principal socio comercial de Ucrania, y que una amplia discusión sobre estos temas era necesaria. Por cierto, les recuerdo en relación con esto que el ingreso de Rusia, por ejemplo, a la OMC demandó 19 años. Esto supuso un duro trabajo, pero se consiguió un consenso.
¿Por qué traigo este tema a colación? Porque en la implementación del proyecto de asociación con Ucrania nuestros socios vendrán hacia nosotros ingresando sus bienes y servicios por una puerta trasera, para decirlo de algún modo, y nosotros no estamos de acuerdo con esto y nadie nos preguntó que opinábamos sobre esto. Tuvimos discusiones sobre todos los temas relacionados a la asociación de Ucrania con la UE, pero quiero recalcar que eso tuvo lugar de una manera totalmente civilizada, indicando los problemas posibles, mostrando argumentos y razones. Nadie quiso escucharnos ni hablar con nosotros, simplemente nos decían: “esto no es asunto vuestro; punto; fin de la discusión.” En lugar de un diálogo amplio y comprehensivo, pero, subrayo, civilizado, la controversia tomó otro rumbo y desembocó en un golpe de estado, llevaron al país al caos y el colapso económico y social y provocaron una guerra civil con muchísimas víctimas.
¿Por qué? Cuando pregunto a mis colegas por qué, no hay respuesta. Nadie responde nada, es así, punto. Todos quedan sin respuesta, o dicen que eso fue lo que sucedió. Pero si no se hubieran alentado tales acciones y actitudes y las cosas no habrían ocurrido como ocurrieron. Después de todo (ya hablé de esto) el anterior presidente de Ucrania Viktor Yanukóvich había firmado y aceptado todo. ¿Para qué hubo que hacer todo esto, qué sentido tuvo? ¿Es esta una forma civilizada de resolver las cuestiones? Parece que aquellos que organizan más y más “revoluciones de colores” se consideran a sí mismos unos “artistas geniales” y no pueden parar.
Estoy seguro de que el trabajo de asociaciones de integración, las estructuras de cooperación regional deberán construirse sobre una base clara y transparente. Un buen ejemplo de ello es el proceso de formación de la Unión Económica Euroasiática. Los estados miembros de este proyecto informaron previamente a sus socios de sus intenciones, de los parámetros de nuestra unión y de los principios de su funcionamiento, que estaban totalmente de acuerdo con las normas de la Organización Mundial de Comercio.
Añado que también dimos la bienvenida al comienzo del diálogo entre las uniones europea y euroasiática. Por cierto en esto también nos han rechazado casi siempre, tampoco se entiende por qué: ¿qué es lo que temen? Y claro, en este trabajo conjunto consideramos que es necesario el diálogo (he hablado de ello muchas veces y he oído a muchos de nuestros socios occidentales) aceptar la necesidad de la formación de un espacio único económico y de cooperación humanitaria que se extienda desde el Atlántico al Pacífico.
Estimados colegas: Rusia ha hecho su elección. Nuestras prioridades son el perfeccionamiento de las instituciones democráticas y de economía abierta, un desarrollo interno acelerado con todas las tendencias positivas actuales en el mundo y la consolidación de la sociedad en base a los valores tradicionales y el patriotismo. Tenemos una hoja de ruta pacífica, positiva, de integración. Trabajamos activamente con nuestros colegas en la Unión Económica Euroasiática, la Organización de Cooperación de Shanghai, los BRICS y otros socios. Esta agenda está dirigida al desarrollo de las relaciones entre países, y no a su separación. No queremos crear ningún bloque o vernos involucrados en un intercambio de golpes.
No tienen ninguna base quienes aseguran que Rusia trata de establecer algún tipo de imperio, violando la soberanía de sus vecinos. Tal acusación carece de fundamento. Rusia no necesita ningún lugar especial, exclusivo, en el mundo, quiero recalcarlo. Respetando los intereses de otros, simplemente queremos que se tengan en cuenta nuestros intereses y se respete nuestra posición.
Todos sabemos que el mundo ha entrado en una época de cambios y transformaciones globales, y todos necesitan tener cuidado y evitar dar pasos sin reflexionar. En los años posteriores a la Guerra Fría los participantes en la política mundial han perdido un poco esas cualidades. Ahora hay que acordarse de ellas. En caso contrario las esperanzas de un desarrollo pacífico y estable son una peligrosa ilusión, y las actuales conmociones serán un preludio del colapso del orden mundial.
Si, por supuesto que ya les he hablado de esto: la construcción de un orden mundial más estable es una tarea complicada, se trata de un trabajo largo y difícil. Fuimos capaces de crear unas reglas de interacción tras la Segunda Guerra Mundial, y pudimos llegar a un acuerdo en los años 70 en Helsinki. Nuestra obligación común es encontrar una solución a esta tarea fundamental en esta nueva etapa de desarrollo.
Muchas gracias por su atención
Traducción original: http://salsaru sa.blogspot.com.ar/2014/11/discurso-de-putin-en-valdai.html
Revisión técnica y corrección: Atilio A. Boron

El “Pequeño Nicolás” en la corte de los milagros del régimen del 78

 
 
30/11/14

G. Buster · · · · ·
Las entrevistas deG. Buster · · · · ·l “Pequeño Nicolás”, -o Francisco Nicolás Gómez Iglesias, que prefiere ser llamado “Fran”- al programa de TeleCinco Un Nuevo Tiempo (1 y 2), y a los periodistas de El Mundo, Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta, han traído a este presente algo que cada vez se parece más a pasadas crisis de régimen en la historia del Reino de España: la camarilla.
La camarilla es ese mundo de pícaros y buscones que pulula como moscas alrededor del poder político en descomposición. Por lo general aparece en la fase senil de los distintos regímenes borbónicos, una vez que, rotas las esclusas que mantenían secretas las operaciones especulativas de las distintas oligarquías, se desborda la mierda y aparecen componedores y fontaneros que prometen contenerla o reconducirla por vías excepcionales o milagrosas. El “Pequeño Nicolás”, a sus 20 años, ha tenido ya que lidiar, según él, con temas de “soberanía” como los casos Pujol y Urdangarín, a cambio de implicar a la independentista ERC. Bien podría haber hecho suya la frase de aquel joven Lord Palmerston en el debate del Parlamento británico sobre el alcantarillado londinense: “La mierda es solo materia situada en un lugar equivocado”.
Quizás los historiadores futuros contrapongan el día de mañana este Fran Iglesias a Pablo Iglesias, flamante secretario general de PODEMOS. Esta semana han venido a ocupar más o menos el mismo tiempo en los espacios televisivos y ambos causan conmoción en las mentes bienpensantes de nuestra oligarquía, rebautizada como casta.
El primero, porque como un pequeño príncipe exuperiano, ha recorrido los senderos del Partido Popular –desde Nuevas Generaciones hasta los despachos de la Vicepresidenta del Gobierno, pasando por FAES- revelándonos la verdadera naturaleza de un paisaje conocido: los amigos-corderos que se vuelven en contra del héroe, la caja dónde se esconde el cordero amigo para preparar su inesperado ataque, los baobabs problemáticos, el volcánico deber ser, el zorro maquiavélicamente consciente y como no, la rosa única, como la “soberanía”, que hay que cuidar y mimar.
El segundo, porque ha recorrido los senderos de la izquierda “tradicional” para concluir que el problema no fue tanto la realidad de la Transición –consecuencia de la correlación de fuerzas- sino la “narrativa” de la Transición que, de cesión en cesión, se resignó a gestionar o “resistir” en el espacio reservado a la oposición, olvidando lo más importante: el control del Boletín Oficial del Estado.
A cada lado del mismo sendero, los dos se refieren en buena medida a lo mismo: un estado en descomposición en el que los favores políticos y económicos se compran y se venden en una ilusión virtual alejada del país real, llena de “significantes flotantes” a los que solo tiene inicialmente acceso el CNI, gracias al famoso sistema informático de escuchas telefónicas que Aznar solicitó y obtuvo en su primera visita a Bush después del 11-S, como contrapartida al “triángulo de las Azores”.
Pero como en el Reino de España no hay secretos, sobre todo desde que se ha roto, como consecuencia de la crisis económica, la omertá que juramentaba a las distintas fracciones de la oligarquía ibérica de pata negra, a sus corre-ve-y-diles y subcontratistas de menor estirpe, ha aparecido todo un sector de medios especializados en la interpretación de los “significantes flotantes” filtrados por el CNI y por todos los demás, revueltos y confundidos: los confidenciales.
Las declaraciones del “Pequeño Nicolás” bien podrían ser un resumen de corta y pega, como los documentos oficiales que enarbola, de esos confidenciales. Nada ha dicho que no se conociera y, lo que es más revelador, que no fuera creíble para las mentes bienpensantes. Tan creíble, que va acompañado del uso de coches oficiales, escoltas, chalets y gastos de representación, y una colección de fotografías y selffies que descarnan las relaciones de poder de la agonía del régimen del 78. Hoy todas esas personalidades e instituciones reniegan de él.
Hay momentos enternecedores de sus declaraciones, como su autoproclamado sentido de estado, su preocupación por las interpretaciones maliciosas en relación a su asesoramiento a Arturo Fernández en su campaña para ser reelegido dirigente de la patronal, o su relación con la Casa del Rey. En un momento de la entrevista en TeleCinco, uno de los periodistas, Jaime González, llegó a desearle “como un padre”, que fuese verdad todo lo que había afirmado, compitiendo con Esther Palomeras y Marta Rivera por ver quién de ellos conseguía destripar el “sentido de estado” del joven Fran, que insistía que “siempre se planifica la estrategia”, pero se negaba a revelar ningún secreto oficial.
El “Pequeño Nicolás” ha terminado su viaje por los senderos del PP y del CNI cuando ha sido detenido por seis agentes de los servicios internos de la policía, el sumario sometido a secreto, teniendo que ocultarse cuarenta días tras ser puesto en libertad para evitar seguimientos y reaparecer posteriormente para defender la verdad, “que solo es una”, porque “se han cruzado ciertas líneas rojas”. Y en pleno mareo general post 9N catalán y con las encuestas apuntando a la victoria de Podemos en Autonomías como Navarra, -donde no se conoce aun a sus candidatos o su programa, pero donde se llevaría por delante al carlismo reciclado de UPN, que ha resistido hasta ahora a la izquierda, al nacionalismo vasco y al propio PP- la historia del “Pequeño Nicolás” es tan verosímil, a pesar de ser aparentemente un corta y pega de confidenciales, que se judicializa, igual que la convocatoria de Más de la “nueva consulta” del 9N y que, como dice otra estrella televisiva, Jordí Évole, “entrará antes en la cárcel el ‘Pequeño Nicolás’ que Rato”.
En otras épocas notables de la monarquía borbónica, en los reinados de Isabel II y Alfonso XIII, los personajes más destacados de la camarilla eran religiosos: el Padre Claret, confesor de la Reina, y Sor Patrocinio (a los que Valle Inclán dedicó La Corte de los Milagros), o la Madre Maravillas. Los recorridos vitales no fueron tan distintos, su acceso a un poder en descomposición por detrás de los biombos, la interpretación de la realidad de su época a la luz de la “única verdad”, trapicheos oligárquicos y latifundistas al amparo del secreto de los confesionarios, en una época en la que todavía no había sistemas informáticos de escucha. La llagada Sor Patrocinio levantó su sentido de estado contra la amenaza del liberalismo, tras haber sido pretendida cuando era La Quiroguita, por Salustiano Olózaga, y acabó siendo expulsada del Reino por Narváez.
La Madre Maravillas de Jesús, hija del Ministro de Fomento, Marqués de Pidal, ocupa un lugar especial en la España de los años 20 y 30 del siglo pasado, que se extenderá asombrosamente hasta 2008, a pesar de haber muerto en 1974 y haber sido beatificada en 1998. Fue ella la que articuló el culto al Sagrado Corazón de Jesús desde su convento carmelita en el Cerro de los Ángeles, construido gracias a la donación de la familia Oriol de unos terrenos comunales del pueblo de Getafe, en Madrid.
La historia de la petición de colocar una placa con su nombre en el Congreso de los Diputados, alegando que ocupa actualmente uno de los edificios de la familia Pidal, dónde había nacido, es uno de los capítulos institucionales más esperpénticos y, a la vez, reveladores de hasta qué punto la crisis del régimen del 78 se comenzó a anunciar ya en la segunda legislatura del gobierno Zapatero.
Y de aquellos polvos, estos lodos. Fran Iglesias difícilmente podría competir con Pablo Iglesias si hubiera continuado esta saga religiosa de camarillas. Como digno representante de las Nuevas Generaciones del PP, su aconfesionalismo constitucional puede ocultar filiaciones religiosas, expuestas hoy en las distintas capillas otorgadas al mejor donante en la madrileña Catedral de la Almudena, bajo cuyos frescos neo bizantinos no ha quedado lugar ya para la feligresía regular de a pie, solo para la disciplinada.
Los secretos de la vida política y social española no pasan hoy por el confesionario, sino por el sistema informático de escuchas norteamericano del CNI, blindado en su autonomía –solo comparable a la del Banco de España- por una Ley que lleva su nombre y cuyo objetivo era adecuar su funcionamiento al régimen constitucional del 78. Según el “Pequeño Nicolás”, se consiguió plenamente: él sería el mejor ejemplo.
Gustavo Buster es miembro del comité de redacción de Sinpermiso



















lunes, 1 de diciembre de 2014

EL DECLIVE AMERICANO EN ASIA



YUAN CHINO LA COMPETENCIA DEL DOLAR


China y Rusia: Las locomotoras del nuevo orden mundial
Raúl Zibechi
Alainet
En la alianza estratégica entre China y Rusia está el epicentro del nuevo orden mundial. Entre ambas están siendo capaces de arrastrar a Eurasia, siendo la principal señal del declive de Occidente y, de modo muy particular, de los Estados Unidos.
“ASIA PARA LOS asiáticos” se titula el artículo de la prestigiosa Foreign Affairs, donde Gilbert Rozman explica que la amistad chino-rusa llegó para quedarse. No se trata de un artículo cualquiera, escrito por un periodista del montón en un medio de segunda fila. Rozman es profesor de sociología en la Princeton University, autor de numerosos ensayos y libros sobre Asia, incluyendo su último “El pensamiento estratégico chino hacia Asia” (1).
Ambas potencias comparten algunas visiones que Rozman detalla: “han desafiado el orden internacional, apoyándose dándose mutuo respaldo diplomático para enfrentar sus problemas en Ucrania y Hong King”; comparten una “identidad nacional por la que se definen en oposición a Occidente”, y, lo que quizá sea más relevante, “están de acuerdo en que el orden geopolítico de Oriente debe oponerse a Occidente, lo que ha acercado significativamente las relaciones bilaterales” (Foreign Affairs, 29 de octubre de 2014).
La mayoría de los analistas occidentales, buena parte del público y hasta las elites políticas, sobreestiman las tensiones sino-soviéticas durante la guerra fría y no toman en cuenta que “desde 1990 las autoridades de Rusia y China han lamentado aquellas tensiones”. Ahora las cosas han cambiado considerablemente, ya que Rusia no quiere, ni puede, ser el socio dominante de la relación. “Ambos han acusado a Estados Unidos de seguir con una mentalidad de guerra fría agresiva, tratando de contener sus legítimas ambiciones en sus regiones”, destaca Rozman.
Seis son las razones que considera para afirmar que la alianza ruso-china será duradera. Primero, sienten “orgullo de la era socialista”. Dos, hacen hincapié en “sus diferencias históricas con Occidente”, ya que ambas naciones fueron víctimas de los diversos imperialismos. Tres, rechazan el modelo económico que entró en crisis en 2008, al que “consideran inferior a sus propios modelos”. Cuatro, estrechan relaciones como forma de hacer frente a las actuales amenazas externas. Cinco, están del mismo lado en las principales disputas globales. Seis, “hay campañas oficiales en ambos países para promover la identidad nacional”.

Dos cumbres, un triunfador

La cumbre Asia Pacífico, o Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), de la que los medios occidentales destacaron el gesto de Vladimir Putin de colocarle el abrigo a la esposa de Xi Jinping, fue un paseo chino. Los 21 países de APEC reunidos del 8 al 10 de setiembre respaldaron la creación de la Zona de Libre Comercio Asia-Pacífico (FTAAP, por sus siglas en inglés) en lo que Xi Jinping definió como “una decisión inscrita en la historia” (South China Morning Post, 11 de noviembre de 2014).
Según el diario, Washington habría presionado a Beijing para restarle importancia a la FTAAP, pero Xi elevó la apuesta, definió una “hoja de ruta” para la zona de libre comercio asiática y asestó un golpe mortal a la Alianza Transpacífico impulsada por Estados Unidos, que contempla sólo a doce países y excluye a China. Es que las 21 economías agrupadas en APEC representan más de la mitad del comercio mundial. Además, algunos aliados decisivos de Washington, como Japón y Malasia, rechazan el acuerdo Transpacífico porque no están dispuestos a abrir sus sectores agrícolas.
Como apunta Pepe Escobar, China avanzó en “una estratega multilateral” que incluye no sólo el comercio sino la energía, las finanzas y la tecnología militar. La propuesta de Xi de “conectividad en todos los niveles” para los países de Asia-Pacífico, supone una pesada inversión en infraestructura. Para ello, la creación del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras basado en Beijing (creado en octubre por 22 países de la región), da un primer paso con la aplicación de 50.000 millones de dólares para lubricar la conectividad. “Es la respuesta de China a la negativa de Washington a darle una voz más representativa en el Fondo Monetario Internacional, que actualmente es de un irrisorio 3,8 por ciento”, recuerda Escobar (Asia Times, 14 de noviembre de 2014).
Ciertamente, que la primera economía del mundo (según un reciente informe del FMI basado en la paridad de poder adquisitivo) tenga una representación marginal en los principales organismos financieros del mundo, no sólo parece un insulto sino que empuja a todos los llamados “emergentes” a buscar alternativas fuera de la actual arquitectura financiera global.
La cumbre de la APEC dejó otras noticias no menos importantes. China anunció la liberación de 40.000 millones de dólares para comenzar la construcción del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda, tanto la terrestre como la marítima. Se trata de una red de trenes de alta velocidad, puertos, ductos de gas y petróleo, cables de fibra óptica y telecomunicaciones que empresas chinas ya están construyendo para conectarla con Rusia, Irán, Turquía y el océano Índico, llegando a las principales ciudades comerciales europeas, como Berlín, Rotterdam Duisburg y Venecia.
China y Rusia firmaron un segundo mega-acuerdo energético para la llegada de gas de Siberia, luego del rubricado en mayo pasado. El intercambio no será en dólares sino en rublos y yuanes. La cooperación financiera entre ambas potencias es creciente. El banco ruso VTB anunció la posibilidad de dejar la Bolsa de Londres y trasladarse a la de Shanghai, mientras gigantes rusos de la energía comienzan a operar en Hong Kong (Asia Times, 14 de noviembre de 2014).

Un alicaído G-20

Además, China firmó un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur, uno de los más importantes aliados de Estados Unidos en Asia. El comercio bilateral asciende a la fabulosa cifra de 228.000 millones de dólares y seguirá creciendo. Un reciente informe del Instituto Petersen de Economía Internacional, basado en Estados Unidos, sostiene que “las monedas de Corea del Sur, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia están más estrechamente conectadas con el yuan chino que con el dólar estadounidense” (Diario del Pueblo, 21 de octubre de 2014).
La segunda cumbre, la del G-20 realizada en Brisbane (Australia) el 15 y 16 de noviembre, días después de la de Beijing, fue un fracaso. El reto principal consistía en iniciar la reforma de las organizaciones internacionales, pero el Congreso de los Estados Unidos (dominado por los republicanos) sigue bloqueando cualquier reforma del FMI para dar mayor poder a los países emergentes.
El resultado ha sido que “los BRICS toman el control de la agenda del G-20”, buscando soluciones técnicas al bloqueo parlamentario estadounidense (Geab N° 89, 17 de noviembre de 2014). La cumbre tuvo sus momentos borrascosos. Mientras los cinco países BRICS hicieron su propia minicubre en la que exigieron cambios en los organismos financieros globales, los aliados de Washington escenificaron la crítica al presidente Vladimir Putin, quien en cierto momento abandonó la reunión, de forma intempestiva.
Según el analista Alfredo Jalife, quien cita a la embajada rusa en Canberra, la retirada de Putin “se debió a las amenazas de muerte que planeaban sobre su cabeza, lo cual llevó a que Rusia hubiese colocado sus barcos de guerra –el crucero de misiles guiados Varyag y el destructor Mariscal Shaposhnikov– cerca de las costas australianas” (La Jornada, 19 de noviembre de 2014).
Lo cierto es que el éxito de la cumbre de Beijing contrasta con las rispideces y el fracaso en Brisbane, donde la retórica sustituyó los acuerdos y, sobre todo, los demandados avances en el desbloqueo del sistema financiero. Las razones hay que buscarlas tanto en el avance consistente de la economía y la diplomacia chinas, que ofrecen más y mejor libre comercio, en contraste con la cerrazón de Washington, una potencia que luego de las elecciones parlamentarias quedó entrampada entre un gobierno demócrata y una mayoría republicana en el Congreso que defienden políticas antagónicas en muchos aspectos.
El órgano oficial chino Diario del Pueblo sostiene que la zona de libre comercio de Asia-Pacífico, creada en la cumbre APEC, contrasta con las “negociaciones de comercio multilaterales estancadas en la Organización Mundial de Comercio (OMC)”. Apuesta a que la región se convierta “en un paradigma del libre comercio global, lo cual podría cambiar el paisaje económico no sólo de Asia-Pacífico, sino del resto del mundo”. Y agrega: “Como bloque importante de la cooperación regional, la APEC cuenta con ventajas sobre la OMC en el establecimiento de estándares de una forma más creativa y flexible” (Diario del Pueblo, 13 de noviembre de 2014).
En suma, Asia-Pacífico no es sólo el motor de la economía mundial y el centro del comercio global, sino la región más atractiva e innovadora del mundo.
Moneda y armas
En los hechos, “la agenda internacional de la globalización está siendo liderada por China”, sostiene el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (Geab N° 89, 17 de noviembre de 2014). Uno de los aspectos menos visibles de ese liderazgo consiste en el constante crecimiento del yuan, moneda que tiende a internacionalizarse ganando espacios al dólar.
El problema, como señalan los economistas Ariel Noyola y Oscar Ugarteche, miembros del Observatorio Económico de América Latina, es que la internacionalización del yuan y la desdolarización global son un mismo proceso. Inevitablemente conflictivo. Quizá por eso China apuesta a un avance paso a paso, lento, eludiendo confrontaciones.
Ya son 40 los bancos centrales del mundo que tienen reservas en yuanes, además de las monedas tradicionales. El Banco Popular de China ha firmado swaps bilaterales con 25 bancos centrales. “Fuera del continente asiático el yuan ha conseguido apoyos importantes en Europa”, señalan Noyola y Ugarteche (Alai, 21 de octubre de 2014). La City de Londres, Francfort, Paris y Luxemburgo son plazas abiertas al yuan. Londres realizó la primera emisión de bonos soberanos en yuanes fuera de China. El Banco Central Europeo llegó a un acuerdo de swaps cambiarios en yuanes por 57.000 millones de dólares.
Rusia ha encontrado en China no sólo un aliado sino “un socio estratégico como consecuencia de las sanciones económicas impuestas por Occidente”, apuntan los economistas. En América Latina son Brasil y Argentina los que ya tienen swaps cambiarios en yuanes por más de 40.000 millones de dólares.
Además, China estableció la Plataforma de Negociación de Divisas que permite establecer centros de liquidación directa para facilitar el uso del yuan. Al utilizar las monedas nacionales se reducen los costos de conversión, lo que permite a Beijing, en palabras de Noyola, “reducir los efectos negativos del derecho de señoreaje del dólar sobre los flujos globales de capital”, además de avanzar hacia la construcción de “un sistema monetario multipolar” (Alai, 7 de octubre de 2014).
Siguiendo los pasos de Rusia y Londres, ahora Canadá llegó a un acuerdo con China para el intercambio en yuanes, un país fronterizo y aliado de los Estados Unidos. La diferencia con los casos anteriores, empero, es grande: “Esta vez los chinos no han tenido que ir hasta ellos, sino que son ellos (los canadienses) los que se han desplazado” (Geab N° 89).
Por último, está la cuestión militar, terreno en el que la cooperación ruso-china va en rápido aumento. El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, en su visita a China, destacó que la cooperación militar entre ambos países alcanzó “un carácter estratégico”. El titular de Defensa ruso informó que Rusia y China acordaron llevar a cabo en 2015 ejercicios navales conjuntos, tanto en el Pacífico y como en el Mediterráneo (Russia Today, 18 de noviembre de 2014).
Moscú venderá a China sistemas de defensa S-400 y más adelante S-500, capaces de blindar la defensa del país asiático. En tanto, Beijing ha desarrollado misiles anti-navío, capaces de destruir portaaviones y desafiar la marina estadounidense, lo que permite intercambios entre ambos en el área super sensible de la tecnología militar (Asia Times, 14 de noviembre de 2014).
El periódico estadounidense The Nation asegura que Obama “ha perdido el ímpetu” en su política de “giro a Asia”, al tiempo que el presidente ruso Putin y su homólogo chino Xi, causan un impacto mayor en los asuntos mundiales. Una de las consecuencias de esta postura debilitada del presidente ha llevado, según apunta el periódico, a una presencia “torpe” en las cumbres en el Extremo Oriente. Al mismo tiempo, su homólogo ruso ha sido designado como la persona más poderosa del mundo por la revista Forbes por segunda vez en dos años consecutivos, “eclipsando a Obama en casi todos los aspectos del liderazgo mundial” (The Nation, 14 de noviembre de 2014).
Más allá de Obama, el problema es cómo la superpotencia está encajando su declive. Apenas finalizaron las cumbres de Beijing y Brisbane, miembros del Pentágono apuntaron hacia la necesidad de intensificar la modernización de las fuerzas armadas. “Si no llegamos a un equilibrio pronto será demasiado tarde y sufriremos las consecuencias”, advirtió el vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, almirante James Winnefeld, en un discurso pronunciado en una reunión con los legisladores y representantes del sector industrial militar en la Biblioteca Ronald Reagan cerca de Los Ángeles (Reuters, 15 de noviembre de 2014).
Otros funcionarios de la defensa, apuntaron en la misma dirección. El problema es que la economía no deja margen para seguir el ritmo de las inversiones que mantienen sus competidores. Los militares sienten que están siendo sobrepasados en la guerra electrónica y antisubmarina, por poner apenas dos ejemplos, en las que “vamos a quedar obsoletos en el futuro por el simple hecho de que no invertimos en ellas




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