domingo, 3 de julio de 2016

El Gobierno vuelve a meter la mano en la hucha de las pensiones y saca 8.700 millones de euros

El presidente español en funciones Mariano Rajoy a su llegada al Consejo Europeo celebrado ayer en Bruselas. /EFE


El fondo de reserva de la Seguridad Social se queda con 25.176 millones de euros. Podría agotarse a finales de 2017. Rajoy ya ha sacado en sus años de Gobierno 55.901 millones


  •     Empleo sacará 7.700 millones del Fondo de Reserva para pagar la extra de Navidad a los pensionistas
  •     Rajoy se despide del Gobierno con la mayor retirada de fondos de la historia de la hucha de las pensiones
  •     Rajoy se gasta más de la mitad de la hucha de las pensiones


PÚBLICO

MADRID.- El Gobierno de Mariano Rajoy vuelve a meter la mano en la hucha de las pensiones. El Ejecutivo ha anunciado la retirada de 8.700 millones de este fondo a última hora de la tarde de este viernes 1 julio, en plena 'operación salida'. Según el escueto comunicado de Moncloa el motivo es pagar la extra de junio de los pensionistas y la paga ordinaria de dicho mes.

Se trata de la mayor retirada de fondos de esta hucha en toda la etapa del Ejecutivo de Rajoy, que ni siquiera ha advertido de este hecho en el Consejo de Ministros de este viernes. En los últimos cuatro años, Rajoy ha extraído un total de 55.901 millones desde 2012.


Con esta nueva disposición, la hucha de las pensiones se queda con un saldo de 25.176 millones de euros (precio de adquisición de los activos), que supone un 2,33% del PIB, frente a los 66.375 millones que había en 2011 cuando el PP llegó a La Moncloa. Es decir, el Fondo se ha reducido en un 60% en poco más de cuatro años.

Al ritmo que el Ejecutivo de Rajoy está consumiendo la hucha de las pensiones de todos los españoles, el fondo quedaría agotado entre 2017 y 2018. "Como viene siendo habitual, en los meses de julio se produce una necesidad adicional de financiación para hacer frente al abono de dos mensualidades de pensiones (paga ordinaria y extraordinaria)", dice el comunicado de Moncloa.

Fuente: Público.es

sábado, 2 de julio de 2016

El gran obstáculo para reducir el paro

Escuela de adultos de Súria (Barcelona). MINAS DE SÚRIA


  • Los estudios muestran que el verdadero problema es la falta de formación adecuada de los demandantes de empleo
  • La tasa de participación en la educación de adultos aún no ha alcanzado el objetivo del 20% marcado por la UE para 2010
  • Existe un problema añadido debido al desajuste entre oferta y demanda según el nivel educativo de los trabajadores


Andreu Missé

España vive una auténtica esquizofrenia sobre la forma de abordar la elevada tasa de desempleo. El Gobierno y las autoridades económicas insisten en la necesidad de reformar la legislación laboral, mientras que cada vez aparecen más estudios que apuntan que el verdadero problema es la falta de educación y formación adecuada de trabajadores y empresarios.

Para las autoridades económicas, la receta para reducir la elevada tasa de desempleo -el 21%, según la última Encuesta de Población Activa-, está en la regulación laboral. El Banco de España, en su reciente informe anual, ha vuelto a abogar por una rebaja de los costes de despido para reducir el desempleo. La institución que preside Luis María Linde, pide flexibilidad para facilitar la rebaja de salarios y critica "la excesiva protección de los trabajadores indefinidos". En la misma línea, el ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, justificaba la precarización de las condiciones laborales que están sufriendo los trabajadores en esta larga crisis señalando que "el contrato indefinido forma parte de la historia".

Estas manifestaciones hay que enmarcarlas en las duras condiciones existentes en el mercado laboral español, con una tasa de temporalidad del 24% -la segunda más alta de la UE después de Polonia- y con una duración media de los contratos de cuatro meses. Por otra parte, el salario mínimo mensual, 655,2 euros en 14 pagas, es prácticamente la mitad que el vigente en Francia, Irlanda, Alemania, Holanda y Bélgica. Al mismo tiempo, el número de desempleados con subsidio de paro ha descendido del 79,9% en 2010 al 52,8% del pasado abril. Es decir, la mitad de los 4.791.400 desempleados carecen de subsidio.

Frente a esta insistencia sistemática en la necesidad de nuevas reformas del mercado laboral, que ya registró importantes recortes de derechos de los trabajadores en 2010 y 2012, aparecen cada más estudios que centran el problema fundamental del mercado de trabajo en España en la falta de educación adecuada de los trabajadores y de los directivos.

Un trabajo de la Fundación de Estudios de la Economía Aplicada (Fedea) indicaba recientemente que la tasa de participación en la educación de adultos para España está aún cinco puntos por debajo del objetivo del 20% de la agenda de la UE para 2010 y muy alejada de los países escandinavos que es del 30%. Este aspecto es especialmente grave para los trabajadores menos educados, cuya participación en actividades de aprendizaje para adultos es "casi insignificante" en España. Según esta fundación "la participación en la educación de adultos es especialmente baja entre los que más la necesitan y su acceso a la formación parece haberse convertido en un desafío aún mayor durante la crisis debido a la drástica reducción del gasto público en políticas activas en general, y de la formación en especial".

Hay que tener en cuenta que una parte significativa de los actuales desempleados proceden de la construcción, sector al que acudieron muchos jóvenes que abandonaron sus estudios ante la gran demanda durante los años de la burbuja inmobiliaria. Estos jóvenes, expulsados de la construcción, son los que se han quedado más rezagados por su falta de formación y ahora son los que tienen mayores dificultades para encontrar un empleo en otra actividad.

La correlación entre empleo y educación ha quedado puesta de relieve en una reciente publicación del Instituto Nacional de Estadística (INE) según la cual la tasa de empleo de las personas formadas en matemáticas, estadísticas, informática y ciencias de la computación superaba el 75%. Mientras tanto, los que solo habían seguido programas de formación básica tenían una tasa de empleo del 35%.

Existe además un problema añadido debido al desajuste entre la oferta y demanda según su nivel de educación. Un estudio elaborado por la patronal de la pequeña y mediana empresa en Catalunya, (Pimec), indica que un 22,8% de la población activa catalana tiene una formación de tipo medio, a pesar de que un 36,5% de los puestos de trabajo que precisa la economía  son de este tipo. Por otra parte, sólo un 23,4% de los empleos que genera el mercado catalán son de tipo alto, a pesar de que un 40% de la población activa acredita un nivel de educación superior. Muchos jóvenes universitarios han encontrado trabajo en otros países europeos, Estados Unidos o países emergentes.

El problema del paro en España no está en la regulación laboral ya demasiado exprimida y sí en un Estado incapaz de formar a sus trabajadores para las necesidades de su economía.

Fuente: eldiario.es

¿Giro a la derecha en una Europa en crisis?




Las recientes elecciones españolas y el referéndum del Reino Unido donde triunfó el brexit comparten algo: fueron votaciones capitalizadas principalmente por expresiones conservadoras, aún cuando también llegaran a dañar a otros liderazgos de ese mismo espacio político (Cameron y Rivera, respectivamente). ¿Qué elementos nos pueden ayudar a comprender mejor ambas elecciones? ¿Hay un nuevo “giro a la derecha” en una UE donde no proliferan los gobiernos progresistas?
El exalcalde de Londres Boris Johnson y el presidente en funciones Mariano Rajoy son los inequívocos ganadores de ambas contiendas. El primero, desde una extravagancia cercana a la del pirotécnico Donald Trump, encabezó la campaña por abandonar la UE aún cuando todas las encuestas hablaban de otras tendencias. Se la jugó frente a una decisión que parecía lejana. Fue audaz. Y ahora, tras conocerse que Cameron se va de Downing Street en octubre próximo, es uno de los firmes candidatos a sucederlo. Rajoy, por su parte, esperó luego de la debacle del pasado 20 de diciembre, donde ya comenzaban a pedir su cabeza en el propio PP. Su sello fue la cautela, la parsimonia: dejar correr el tiempo. Los dos, con tácticas diferentes, triunfaron en una Europa donde los grandes medios debaten la migración y al terrorismo como temas análogos, construyendo -adrede- una verdadera "campaña del miedo".
El meteórico ascenso que Podemos y diversas fuerzas de la izquierda española habían logrado en diciembre pasado, cuando conquistaron seis millones de votos, tuvo un freno considerable (¿o retroceso?) en las urnas. Los morados -y su confluencia con IU- perdieron uno de cada cinco electores: un millón cien mil españoles que no concurrieron a las urnas. La derecha retuvo el voto duro y le arrebató a su expresión light (Rivera, de Ciudadanos) una parte considerable de sufragios (unos 400.000 votos). Así, el PP se aprovechó del abstencionismo ajeno, aumentó su hándicap e incluso triunfó en lugares como Valencia, donde hay decenas de juicios abiertos contra exdirigentes de la formación azul. “Nueva ley de la física: A más corrupción en Valencia más votos para el Partido Popular” titulaba jocosamente -y también con cierto asombro- el diario progresista Público al conocerse los resultados valencianos.
La trampa de Podemos fue hacer caso a unas encuestas que fallaron con contundencia, una vez más: todos los boca de urna conocidos, incluso publicados por la propia TVE, hablaban delsorpasso, poniendo al PSOE en tercer lugar. Por eso el búnker del Teatro Goya -donde esperaban Iglesias, Errejón y Garzón- pasó del éxtasis a la resignación en apenas horas. A medida que se comenzaban a cargar los resultados, Podemos pedía “prudencia” ante los medios de comunicación allí presentes. Luego reconocían, en la voz del propio Pablo Iglesias, que no estaban satisfechos con las cifras. "Los resultados no nos sorprendieron sólo a nosotros, sino a todo el mundo" dijo el Secretario General sobre la medianoche. Ese es un dato concreto, irrefutable: el mismo Rajoy pareció asombrado durante su alocución en la sede central del PP, en la calle Génova de Madrid, en un discurso plagado de trastabilleos y autorreferencias en torno a su partido.
Primera conclusión: la repentina votación en relación al brexit pareció consolidar la base electoral de la derecha española, que fue con firmeza a las urnas, intentando “pasar página” a los escándalos de corrupción. En aquella decisión, fríamente planificada, y en un abstencionismo que deberá ser estudiado por los dirigente de Unidos Podemos, residen dos elementos centrales para comprender el dictamen de las urnas, que objetivamente ha fortalecido al bipartidismo por primera vez desde 2011. Por ello el PSOE, aún haciendo por tercera vez consecutiva su peor elección histórica, “salvó la ropa” frente a Podemos, que igualmente mantiene el 21 % de los sufragios a nivel nacional apenas dos años después de su nacimiento.
Segunda conclusión: las crisis -políticas, económicas o sociales- pueden provocar diversas reacciones electorales. Europa, que durante todo el año en curso debatió la migración y el terrorismo como un todo, se encuentra enfocada en solidificar las construcciones políticas-electorales que le ofrezcan “orden” en dichas discusiones. Atrás parece haber quedado el escenario abierto en 2014 en Grecia, con un Syriza que entonces se ponía a la cabeza de un conjunto de fuerzas que intentaban modificar el statu quo desde la izquierda. La defección de Syriza en 2015, inducida por Bruselas, abrió paso a este escenario, donde la resolución de la crisis de la UE parece venir por derecha en casi todos los escenarios. La izquierda europea deberá reaccionar a tiempo para evitar que el costo de la crisis en curso lo sigan pagando millones de europeos con políticas cada vez más amplificadas de exclusión social.
Juan Manuel Karg. Politólogo UBA / Analista internacional. CABA - Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

EL TRATADO TRASATLÁNTICO DE COMERCIO E INVERSIONES (TTIP) Y LOS CONSUMIDORES






lamentable.org
José Mª Fernández Seijo
Magistrado

Conviene ir acostumbrándose a escuchar estas siglas: TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership). Bajo este acrónimo se esconden, en realidad, un conjunto de tratados de la más variada índole que están negociando los Estados Unidos con la Unión Europea, su finalidad principal es la de consolidar un mercado único de comercio e inversiones que rija los destinos de la economía global.Ya existen tratados similares firmados en el marco de la Organización Mundial del Comercio que han sentado las bases de la liberalización en las transacciones de todo tipo de bienes o servicios.
El TTIP tiene la particularidad de negociarse directamente entre Estados Unidos y la Unión Europea, la intervención de los países de la Unión es secundaria lo que determina una muy mala noticia si se tiene en cuenta que la Comisión Europea no vive un momento especialmente brillante.
La salida del Reino Unido de la UE (el Brexit) no facilita, ni mucho menos, la negociación ya que los Estados Unidos tradicionalmente han firmado acuerdos bilaterales con UK que han marcado el paso del resto de países occidentales.
Sería una osadía intentar sintetizar en unas cuartillas todos los matices de los tratados en negociación, entre otras razones porque el grueso de los materiales ha sido considerado confidencial y los selectos eurodiputados que han accedido a los documentos están sometidos a severas normas de confidencialidad.

La oposición al Tratado ya se hace sentir en muchas ciudades europeas
Sin embargo, puede ser útil que la gente de la calle vaya acomodando sus oídos, sus bolsillos y sus garantías al TTIP ya que, cuando finalicen las rondas negociadoras, el Tratado puede modificar sustancialmente los derechos de millones de individuos, sobre todo el núcleo más sensible referido a derechos sociales, medioambientales y de seguridad.
El gran mercado Transatlántico, que abarcaría desde Canadá a México y todo el espacio de la Unión Europea, incluido el Reino Unido con sus acuerdos preferenciales, se convierte en un goloso bazar con decenas de millones de consumidores.
Seguramente se publicarán sesudos ensayos sobre la incidencia del TTIP, para hacer boca puede ser útil establecer algunas ideas fuerza acerca de la incidencia del TTIP en la tutela a los consumidores.
1 La protección a los consumidores es un contrapeso a las normas sobre correcto funcionamiento de los mercados. El libre mercado exige que el consumidor no pueda ser engañado, tampoco confundido.
2 En importantes normas sectoriales básicas para el libre mercado (propiedad industrial, propiedad intelectual, competencia desleal, defensa de la competencia), se exige que el consumidor «esté razonablemente informado, sea atento y perspicaz». Por lo tanto, hay un estándar de protección del consumidor que obliga a realizar un esfuerzo a los poderes públicos para que cualquier situación de desequilibrio se pueda evitar tanto en el momento de la contratación como en los procedimientos judiciales a los que pueda acudir el consumidor.
3 Los documentos de trabajo del TTIP sólo hacen referencia a la necesidad de protección del consumidor en los supuestos de comercio electrónico y en el capítulo de información y comunicación electrónica. Olvida referencias concretas a los consumidores en materias tan delicadas como la de los productos sanitarios, farmacéuticos o alimenticios, en los que el riesgo no sólo es patrimonial, sino también de salud. También quedan fuera del ámbito de tutela del consumidor en el TTIP los productos y servicios financieros, en los que se propugna una liberalización casi absoluta.
4 El consumidor no sólo se encuentra en situación de desequilibrio en el momento de la contratación, sino también dentro del proceso (STJUE caso Océano, 27 de junio de 2000), por lo tanto, cualquier sistema de resolución de conflictos en los que se busque alternativas a la tutela judicial exige una especial cautela. No puede soslayarse que uno de los pilares del TTIP se asienta en el establecimiento de un sistema de solución de conflictos arbitral ajeno los sistemas judiciales europeos.
5 En la cultura anglosajona la tutela de consumidores se apoya en acciones colectivas de muy elevado coste, en el modelo europeo no es posible impedir al consumidor que opte por la tutela individual y pueda eludir las demoras y disfunciones de la tutela colectiva (STJUE caso Sales Sinué, 14 de abril de 2016).
6 El consumidor tiene derecho a un especial ámbito de protección que se convierte en derecho fundamental en la carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (artículo 38, mencionado por STJUE caso Kusionova, de 10 de septiembre de 2014). Este derecho fundamental queda desmantelado si se opta por mecanismos de resolución de conflictos que se alejen incluso físicamente del consumidor, también se degrada este régimen de protección si no se garantiza el control de oficio del juez o de cualquier otra autoridad pública.
7 Los sistemas de protección de conflictos que propugnan los borradores de anexos que acompañan al TTIP diluyen los instrumentos de control al fiarlos a organismos transnacionales de naturaleza no jurisdiccional en los que tendrán un peso determinante las grandes corporaciones y los lobbys.
8 La Jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en materia de consumidores daría una respuesta radicalmente contraria a cualquier instrumento de resolución de conflictos con consumidores como consecuencia del funcionamiento del mercado que rebajara esos estándares de protección. Debe tenerse en cuenta que la tutela del consumidor no sólo afecta a cláusulas concretas incluidas en los contratos, sino también a cualquier comportamiento o práctica que, de hecho, debilite al consumidor.
9 Hasta la fecha las negociaciones realizadas en el marco de la Organización Mundial del Comercio se habían realizado entre estados, lo que había permitido que los estados, a la hora de adherirse a alguno de los convenios, pudiera realizar las reservas correspondientes para evitar o reducir los efectos de algunos compromisos. Sin embargo, en el TTIP la negociación se realiza entre USA y UE, sin tener en cuenta las particularidades de algunos países de la Unión. Es difícil que se consensue un modelo de tutela de los consumidores en el marco de los tratados de libre comercio transatlántico, cuando todavía no se ha establecido un marco común de tutela de los consumidores en el ámbito de la Unión Europea, en la que sigue habiendo consumidores de primera o de segunda categoría en función de las legislaciones internas aplicadas.
10 Son especialmente preocupantes las propuesta del TTIP en materia de liberalización de servicios y productos financieros, en los que todas las iniciativas giran alrededor de una liberalización absoluta sin ningún tipo de contrapeso y sin ningún instrumento regulador que pueda evitar o corregir los atropellos del llamado capitalismo de casino (el de las subprime, los derivados financieros, los bonos basura, los fondos de inversión y otros productos que tienen su origen en el mercado financiero anglosajón y que han llevado a la ruina a millones de familias en todo el mundo).
Esperemos que la decimocuarta ronda de negociaciones, que se inicia el 12 de julio, fortalezca el flanco del consumidor, que no haga insalvable el desequilibrio evidente en el que se encuentra a la hora de comprar bienes o adquirir servicios con empresas que no sólo imponen sus reglas, sino también el modo en el que dirimir las disputas.




ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

Fuente: ATTAC Madrid

La India y Pakistán entraron en la OCS el día del Brexit


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La Organización de Cooperación de Shanghai representa ahora dos terceras partes de la población mundial, además de contar entre sus miembros la primera economía mundial (China) y la primera potencia militar en materia de guerra convencional (Rusia).

por Alfredo Jalife-Rahme

Para el profesor Alfredo Jalife-Rahme, considerado el principal especialista latinoamericano en geopolítica, la simultaneidad entre la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la entrada de la India y Pakistán en la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) marca el viraje que está viviendo el mundo. La desglobalización está en marcha.



La caída del muro de Berlín en 1989 impuso la unipolaridad geoestratégica de Estados Unidos y la tóxica globalización financierista, que sembró una descomunal desigualdad local/regional/global, aparejada de un enorme desempleo y una austeridad ­asfixiante.

El Brexit, medio siglo después del desregulado y pernicioso thatcherismo y a 27 años de la caída del muro de Berlín, marca el inicio del doloroso trayecto de la desglobalización [1] que implica cambios geoestratégicos que acentúan la tendencia dinámica de la multipolaridad.

El Brexit constituye la placa tectónica geoestratégica en movimiento que traerá consecuencias profundas para el nuevo orden global que defino como tripolar entre Estados Unidos, Rusia y China.

En una visión de corto y mediano plazos, el Brexit equivale a la caída del muro de Berlín.

En una visión de largo plazo, al estilo de Fernand Braudel, el Brexit equivale a un "anti-Waterloo": revierte el trayecto ascendente de Gran Bretaña desde su decisivo triunfo militar de hace 201 años en la antigua Bélgica, sede hoy de la dislocada Unión Europea.

Para el editorial del diario chino Global Times, «el futuro paisaje de la política global es probable que conlleve a cambios mayores, similares a los atestiguados en la historia geológica con la ruptura del antiguo supercontinente Gondwana hace 180 millones de años» (sic) [2].

Las fichas geoestratégicas dispersas de la Unión Europea serán repartidas entre Estados Unidos y Rusia (con China en el asiento de atrás).

En los asertos selectivos de las tres superpotencias quizá se resuma el núcleo del nuevo orden global como consecuencia del Brexit: Estados Unidos afirma que ganó Rusia; China asevera que ganó el dólar y perdió el euro y Rusia asegura que ganó China.

En forma "premonitoria", tres días antes del Brexit, el maligno megaespeculador George Soros –quien contribuyó a la demolición de la Unión Europea y del euro usando a los migrantes y los «capitales golondrinas»– vislumbraba ya a Rusia como la «potencia global emergente», al unísono del «desvanecimiento de la Unión Europea» [3].

El primer ministro de Hungría, Victor Orban, había ya responsabilizado a Soros de propiciar la crisis migratoria del Medio Oriente para hundir a Europa [4].

No fue gratuito que Soros haya sido de los principales ganadores del tsunami financiero causado por el Brexit al haber apostado al desplome de las acciones bursátiles y al alza del oro [5].

Ahora Soros apuesta por aniquilar el principal banco alemán/europeo, Deutsche Bank, y así beneficiar a los “banksters” de Wall Street y la City [6].

Mi artículo del año pasado resultó premonitorio:

«Gran Bretaña abandona a Estados Unidos por China: alianza geofinanciera con “holandización”, cuando la complementariedad de las máximas reservas de divisas de China con el know-how financierista de la City (Londres) construye el andamiaje multipolar para el nuevo orden geofinanciero del siglo XXI» [7].

No muy alejado de mi abordaje, Thierry Meyssan, director de Red Voltaire, arguye que el Brexit, apoyado por la reina Isabel II de Inglaterra, y la reorientación de Gran Bretaña hacia el yuan chino, equivale a la caída del muro de Berlín y representa la «redistribución de cartas de la geopolítica mundial» [8].

En mi artículo anterior [9] argumenté sobre la «coincidencia geoestratégica de destino: el mismo día que la Unión Europea iniciaba su implosión, el Grupo de Shanghai (OSC) celebraba su 16ª Cumbre en Tash­kent (Uzbekistán), donde se reunieron el zar Vladimir Putin y el mandarín chino Xi, y aprobaron el protocolo de ingreso de dos grandes pesos pesados nucleares [10]: India y Pakistán [11]. ¡Fin de una era!»

En realidad, se trató de dos coincidencias de destino geoestratégico, porque, al día siguiente del Brexit y despúes de haber concurrido a la cumbre 16 del Grupo de Shanghai en Tashkent, Putin realizó una visita de 2 días en China, donde profundizó sus lazos estratégicos con Xi.

Las dos coincidencias geoestratégicas en Eurasia –de Tashkent a Pekín– fueron escamoteadas por los desinformativos mass media del angustiado "Occidente".

Con su legendario sarcasmo, el zar Putin, 7 días antes del Brexit, aceptó –en la reunión financiera de San Petersburgo– que «probablemente Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia mundial» (doble sic), mientras se alistaba «para trabajar con quien sea que gane este año la presidencia en Washington», aunque «no quiere que los estadounidenses le digan cómo tiene que vivir» [12].

El mismo día del Brexit ingresaron al Grupo de Shanghai dos potencias nucleares del subcontinente indio: la India, dotada de 110 a 120 ojivas nucleares [13], y Pakistán, de 110 a 130 ojivas [14].

El Daily Times aduce que «el ingreso de Pakistán a la OSC es muy significativo en el escenario geopolítico cambiante» [15].

Con menor entusiasmo que Pakistán, The Hindu exulta que «la India y Pakistán serán miembros plenos de la OSC» [16]. Se infiere que China apadrina a Pakistán y Rusia a la India.

No todo es color rosa en el Grupo de Shanghai, ya que, según Yang Jin, de la Academia de Ciencias Sociales de China, la «crisis financiera global, los precios alicaídos de las materias primas de primera necesidad (staple commodities) y el deterioro por las sanciones económicas aplicadas a Rusia han ejercido efectos negativos en la estabilidad y la economía de los miembros de la OSC», cuando las «grandes potencias (léase: Estados Unidos y su "plan Brzezinski") han intervenido profundamente en los asuntos regionales y perturbado los intereses conjuntos de los miembros de la OSC», lo cual «ha dificultado su cooperación circular» y que, además del binomio de las superpotencias China y Rusia, ostenta la membresía de cuatro países centroasiáticos –Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán– con un «numero de disputas sobre territorio, recursos acuíferos y etnicidad» [17].

¿Cuál será el ímpetu que dará la incorporación de dos potencias nucleares como la India y Pakistán al Grupo de Shanghai, que no ha tenido el desarrollo esperado después de 16 cumbres?

El grave problema del despliegue de la OSC es que tiene que definir su objetivo primordial, cuando padece el dilema de formar un grupo de «seguridad militar euroasiático» para contrarrestar a la OTAN y/o integrar un vulgar bloque mercantilista.

La mayor coincidencia geoestratégica resultó el transcendental acercamiento entre el oso ruso y el dragón chino.

The People’s Daily afirma el «compromiso de una asociación implacable (sic) entre China y Rusia» [18], mientras Cao Siqi comenta que «China y Rusia fortalecen la estabilidad global» y «han alcanzado un consenso contra la hegemonía de Estados Unidos» [19].

Un editorial del Global Times considera que la «presión de Estados Unidos estimula lazos más estrechos entre China y Rusia», cuando «Washington es incapaz de derrotar al dragón chino y al oso ruso al mismo tiempo» [20].

¡Murió la vieja era; viva la nueva era!

Alfredo Jalife-Rahme
Fuente
La Jornada (México)
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[1] Hacia la desglobalización, par Alfredo Jalife-Rahme, Jorale/Orfila (2007), ISBN 978-9685863223.

[2] “Shock waves of UK exit’s impact will rearrange the face of global politics and markets”, Anbound, The Global Times, 27 de junio de 2016.

[3] “Soros sees Russia emerging as global power as EU fades”, Andy Bruce y Kit Rees, Reuters, 20 de junio de 2016.

[4] “Hungarian Prime Minister accuses billionaire investor George Soros of trying to undermine Europe by supporting refugees travelling from the Middle East”, Jennifer Newton, Daily Mail, 30 de octubre de 2015.

[5] “Billionaire Soros Was ‘Long’ on Pound Before Vote on Brexit”, Francine Lacqua & Sree Vidya Bhaktavatsalam, Bloomberg, June 27th, 2016.

[6] “Soros had Deutsche Bank ’short’ bet at time of Brexit fallout”, Arno Schuetze, Reuters, June 28th, 2016.

[7] «Gran Bretaña abandona a EU por China: alianza geofinanciera con "holandización"», Alfredo jalife-Rahme, La Jornada, 25 de octubre de 2015.

[8] «El Brexit redistribuye las cartas de la geopolítica mundial», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 27 de junio de 2016.

[9] “Brexit: ganó el nacionalismo británico/Perdió la globalización/Derrota de Obama/Triunfo de Putin”, Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada, 26 de junio de 2016.

[10] « Ташкентская декларация », Сеть Вольтер, 24 июня 2016.

[11] «"Un nuevo significado, un nuevo peso": La organización que unirá casi a la mitad del planeta», Russia Today, 24 de junio de 2016.

[12] «Presidente ruso Putin dice acepta rol de superpotencia de EEUU, diluye elogios a Trump», Grigory Dukor, Reuters, 17 de junio de 2016.

[13] “Indian nuclear forces, 2015”, Hans M. Kristensen & Robert S. Norris, Bulletin of Atomic Scientists, 1º de septiembre de 2015.

[14] “Pakistani nuclear forces, 2015”, Hans M. Kristensen y Robert S. Norris, Bulletin of Atomic Scientists, 1º de septiembre de 2015.

[15] “Pakistan’s entry at SCO significant in changing geopolitical scenario”, Daily Times, 26 de junio de 2016.

[16] “India, Pakistan become full SCO members”, The Hindu, July 11th, 2015.

[17] “SCO needs to overcome diverse demands”, Yang Jin, Global Times, 26 de junio de 2016.

[18] “China, Russia pledge "unswerving" partnership”, People’s Daily, 27 de junio de 2016.

[19] “China, Russia to strengthen global stability”, Cao Siqi, Global Times, 27 de junio de 2016.

[20] “US pressure spurs closer Sino-Russian ties”, Global Times, 27 de junio de 2016.

Alfredo Jalife-Rahme

Alfredo Jalife-Rahme Profesor de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Publica crónicas sobre política internacional en el diario La Jornada. Último libro publicado: China irrumpe en Latinoamérica: ¿dragón o panda? (Orfila, 2012).

Fuente:  La Jornada (México)

Artículo bajo licencia Creative Commons

26J: El fin de la burbuja Podemos



La Boca del Logo

El partido ha cometido errores muy graves que tienen que ver con la estrategia, la táctica, el lenguaje y la comunicación y el formato electoral


Juan Torres López


Que Podemos haya logrado cinco millones de votos con solo dos años y medio de vida como partido político y en las condiciones tan adversas en que se ha desarrollado es una proeza innegable. Una proeza que a mi juicio ha sido posible gracias a tres tipos de circunstancias. Unas, relativas al entorno en el que ha actuado Podemos desde su fundación y que le han sido siempre favorables:

- La pérdida de apoyo social al PP y al PSOE y el descrédito institucional que su comportamiento político ha provocado.

- La consolidación del "precariado" como un nuevo grupo social activo y con una actitud de rechazo al statu quo muy primitiva (del estilo del "que se vayan todos porque todos son igual de chorizos") pero firmemente asumida y bastante homogénea,

- La incapacidad de IU y de los sindicatos para erigirse en referentes y canalizadores de la indignación tras los recortes y la del 15M para actuar como sujeto político de una movilización ciudadana cuya transversalidad va mucho más allá de los esquemas ideológicos tradicionales.

Pero estas condiciones favorables no hubieran podido consolidar a un partido como Podemos si no se hubieran dado al mismo tiempo otras de carácter más subjetivo y que no se pueden obviar: la osadía (en el mejor sentido del término) de sus dirigentes que les llevó --a diferencia de otras personas que actuaron con miedo y conservadurismo-- a dar un paso adelante y a organizar desde la nada una candidatura en las elecciones europeas de 2014. Y, por supuesto, la inteligencia con que supieron captar desde los primeros momentos a grupos sociales muy diversos y hasta entonces deshilvanados y desprotegidos, con solo su indignación por montera podríamos decir, en medio de la crisis.

Si a eso se le añade una cobertura mediática siempre muy amplia que a cada momento ha estado amplificando, incluso hasta la exageración, lo bueno y lo malo de Podemos, creo que se tienen los ingredientes básicos que explican su expansión impresionante desde su fundación.

Pero si todo eso ha sido excepcional, mucho más extraordinario me parece a mí que en solo seis meses, justo cuando su ola expansiva parecía estar en estado de gracia, Podemos haya perdido un millón de votos y, sobre todo, su aura de caballo ganador.

Sin duda es pronto para sacar conclusiones pero sí creo que puede ser útil ir aportando reflexiones sobre lo que ha ocurrido. Yo lo voy a hacer con algunas hipótesis en torno a una tesis central que a mi juicio podría explicar lo que le ha sucedido y lo que previsiblemente puede ocurrir en el futuro.

Mi tesis puede resumirse en tres ideas principales:

--La gestión que ha hecho Podemos de su posición en el tablero político tras las elecciones del 20 de diciembre fue nefasta.

--Las decisiones que ha ido tomando desde entonces y la forma de tomarlas le han supuesto una pérdida muy elevada de apoyo electoral que no ha podido compensarse con la aportación de voto de IU (que, a su vez, también puede haber mermado el suyo propio, como diré más adelante, por el rechazo a Podemos como socio y por el tipo de coalición con el que se han presentado).

--Lo anterior no ha sido un incidente sino el efecto de un cambio de posición estratégica en la dirección de Podemos que ha supuesto empezar a actuar como lo que se creía que nunca sería Podemos (un partido político más, con las virtudes pero también con los usos y abusos de todos los demás), lo que presumiblemente se consolidará en cuanto celebre un nuevo congreso.

A mi juicio, tras las elecciones del 20 de diciembre pasado Podemos ha cometido errores muy graves que tienen que ver con la estrategia, con la táctica, con el lenguaje y la comunicación y con el formato electoral. Los resumo brevemente a continuación.

Me parece que el error estratégico de Pablo Iglesias y de los demás dirigentes que han coincidido con él en estos seis últimos meses consiste en no darse cuenta de que las elecciones habían consolidado a Podemos y Ciudadanos como los dos polos del cambio en España. Pero polos todavía potenciales o a medio plazo, porque sus resultados fueron demasiado precarios como para poder convertirse de inmediato en ejes decisivos o autónomos de cualquier proceso de regeneración.

Podemos podría haber optado por consolidar y tratar de reforzar esa situación embrionaria o simplemente por aprovecharse de ella, con su apoyo crítico a un gobierno bien de PSOE, de PSOE-Cs o de ambos con independientes, del que podría haber conseguido mejoras en su programa en una legislatura que hubiera sido corta y en la que Podemos podría haberse apuntado lo bueno de cualquier gobierno y la oposición a lo malo. Un gobierno no óptimo sin duda --a la luz del acuerdo que suscribieron PSOE y Cs-- pero que nunca haría el daño que hará a los grupos sociales más desfavorecidos el que previsiblemente forme el PP en pocas semanas.

Sin embargo, la estrategia de Pablo Iglesias fue la de forzar unas nuevas elecciones pensando que entonces superaría al PSOE gracias a la presión a la que lo sometía y a que a IU no le quedaría ya más remedio que echarse en sus brazos.

Es verdad que en este error le acompañó Ciudadanos, que tampoco entendió que la regeneración política (si se quiere que sea de verdad) no va a ser cosa de un solo polo en España sino compartida. Rivera se dedicó por encima de todo a combatir a Podemos, sin darse cuenta de que así se combatía a sí mismo porque eliminaba el escenario de regeneración que es el único en el que Ciudadanos puede tener sitio y sentido en nuestro mapa político. Al final, la estrategia de combatirse mutuamente (o de negarse uno a otro como operadores del cambio) ha hecho que Ciudadanos y Podemos (que tras el 20D aparecían como las estrellas de un nuevo tipo de equilibrio político) hayan resultado mutuamente dañados y ninguno beneficiado del fracaso del otro.

El error de Podemos (y el de Ciudadanos) traía consigo, además, otras dos consecuencias. Una, que consolidaba unido en torno al PP el bloque electoral de la derecha, lo que claramente perjudica a todos los partidos del centro a la extrema izquierda (y, por supuesto, a Ciudadanos). Y, por otro, que obligaba a Podemos a entrar constantemente en planteamientos cortoplacistas en donde siempre llevará las de perder.

En segundo lugar, y desde un punto de vista táctico, es decir, teniendo en cuenta las posiciones más a corto plazo, la actuación (creo que se puede utilizar esta palabra) de Pablo Iglesias y otros dirigentes de Podemos tras las elecciones del 20D me ha parecido un auténtico desastre, no solo para los intereses de Podemos sino para el avance futuro de una alternativa de transformación progresista en España:

--Insistieron en un empeño que era inútil (seguramente porque en realidad no buscaban conseguirlo sino debilitar al PSOE), como era un gobierno de cambio de izquierdas cuando su otro componente principal (el PSOE) decía que no lo quería y había decidido ya tener otra pareja de baile (el error táctico, lógicamente, no consistió en desearlo sino en seguir insistiendo en ello como si fuera posible cuando no lo era por la negativa del PSOE).

-’Quisieron hacer creer que su deseo era gobernar con el PSOE pero lo cierto es que no pararon de atacar, zaherir y provocar a sus dirigentes y militantes, un comportamiento que es justamente el contrario que alguien en su sano juicio tiene con otro con quien de veras quiere asociarse.

--Establecieron líneas rojas y condiciones que al final resultaban cambiantes pero que, en cualquier caso, eran contrarias al clima de negociación que se esperaba naciera de un nuevo tipo de acción política.

--Modificaron sus ofertas programáticas, reformularon su ideología (la supuesta deriva hacia la socialdemocracia resulta ya patética) y se alejaron de promesas electorales, dando a entender que los principios son para Podemos una simple moneda de cambio.

--En medio de un proceso en el que se esperaba sosiego, comprensión y generosidad en los partidos, Pablo Iglesias mostró un lado duro y dictatorial humillando públicamente, con un estilo que para sí quisiera un viejo politburó soviético, a su secretario de organización, Sergio Pascual. Un cainismo intrapartido que el electorado siempre ha rechazado y castigado a la hora de votar.

--Y, en su línea habitual, los dirigentes de Podemos no pararon de recurrir al efectismo, a las salidas de tono e incluso a la provocación izquierdista. Algo muy del gusto de su base social más iconoclasta, pero que al común de la gente termina por cansar y que desagrada cuando lo que está en juego es el futuro de casi 47 millones de personas. Iglesias, como otros dirigentes de Podemos, no parece que se haya dado cuenta de que un discurso que se pretende transversal debe ser creíble también para quienes se encuentran lejos de las posiciones de quien lo defiende y que los gestos, la expresión no verbal y las formas son esenciales en política porque ésta es, al fin y al cabo, un modo sutil de diálogo. Y, por supuesto, determinantes esenciales de esa credibilidad.

Y a eso cabe añadir que en todo este proceso Podemos renunció a tensionar y movilizar a la ciudadanía y, lo más importante, a su militancia, precisamente en momentos en los que se estaban produciendo hechos gravísimos en materia de corrupción, de refugiados y de política europea o económica. Como también renunció a propuestas y formas de actuación que supuestamente estaban en el ADN de la formación morada, como las primarias, la participación de las bases y la democracia interna.

En tercer lugar, y como ya expresé en un artículo anterior (Podemos, entre ataques ajenos y errores propios), el partido de Pablo Iglesias se equivocó no solo en la lectura de la situación sino también en el modo de transmitir su posición, al hacer una interpretación masculina, agresiva, competitiva y tacticista de la política. Se equivocó, en mi opinión, dividiendo a España entre ellos (los buenos) y los malos y cuando quiso imponer a los demás su dinámica del cambio, sin darse cuenta de que la gente estaba harta de imposiciones y que en ese momento deseaba transigencia y negociación. Se equivocó en el modo de dialogar con la situación, con los demás partidos, con la gente que la había votado y con la que no. Curiosamente, le sobró radicalismo en la forma de hacer sus propuestas cuando las que hacía estaban más descafeinadas y eran menos radicales que nunca.

Y, por último, yo creo que Podemos se equivocó (como también Izquierda Unida) presentando, incluso explícitamente, su coalición como una matrimonio de conveniencia y despreciando lo que hasta entonces había sido algo que la experiencia ha confirmado en los últimos años: que la gente está harta de las sopas de siglas y que lo que moviliza y tiene éxito electoral es la unidad ciudadana, no los aparatos decidiendo sino la gente llamando a la gente para hacer una política diferente a la actual.

El problema que tiene Podemos por delante y lo que va a condicionar el futuro es que lo que ha pasado, los errores que ha cometido, no son fruto de una casualidad ni de un accidente sino el efecto de la opción estratégica y del modo de actuar que defienden parte de sus dirigentes en contra de los otros en el seno de una organización que ya tiene dentro lo peor de los partidos tradicionales y muy poco de lo que prometió que tendría como nuevo tipo de fuerza política. La opción de ir a nuevas elecciones, no se olvide, la adelantó Anticapitalistas en un comunicado.

Ahora, las cosas van a empezar a transcurrir de otro modo. La nave va a dejar de acelerar constantemente para tomar velocidad de crucero y las bases y los dirigentes de una y otra corriente (y me atrevería a decir que incluso sus votantes) no tendrán más remedio que pararse a reflexionar, mirándose de frente y a los ojos. Entonces será cuando quizá se den cuenta de que no comparten el modo de hacer real el sueño y que tienen que decidir si quieren o pueden seguir viajando juntos.

Me atrevo a pensar que el Podemos triunfador y de vértigo que hasta ahora hemos conocido, la burbuja, ha terminado aquí su andadura porque nada puede ser algo siendo una cosa y su contraria. Sobre su futuro, sin embargo, no creo que pueda saberse mucho, de momento.
Autor

    Juan Torres López
Fuente: CTXT - Público.es

viernes, 1 de julio de 2016

Triunfo de la derecha y sin sorpasso en la izquierda


 




Nunca sabremos si el brexit torció definitivamente la tendencia en estas elecciones, pero dada la unanimidad al respecto de todas las encuestas previas al brexit (en el sentido de la polarización PP - UP en perjuicio de PSOE y C´s con el consiguiente sorpasso por la izquierda) hay indicios para pensar que el referéndum británico ha tenido un doble efecto, más influyente de lo que se reconoce.
Por un lado la gran incertidumbre –más económica que política– que introdujo el brexit invitaba en las almas más timoratas a los valores refugio conocidos, propios del bipartidismo y dentro de un “más vale lo malo conocido…” aunque huela: PP (sube 14 escaños respecto al 20D) y PSOE (baja 5 pero se aleja de la debacle anunciada).
Por otro lado la alta abstención esperada -por el cabreo general con la incapacidad para formar gobierno- al final solo ha sido de tres puntos más que en el 20D. Ha entrado el pánico y no ha habido una abstención anormal y el sentido del voto de un sector significativo ha decidido a última hora no experimentar. Por eso C’s no ha subido sino que ha bajado ligeramente (1%) mientras D’ Hondt hacía el resto para que descendiera 8 escaños. Pero lo más llamativo es que aun manteniendo escaños, Podemos+IU ha perdido un millón de votos respecto al 20D, una parte del cual ha ido a darle otra oportunidad a PSOE quien retiene el % del 22D aunque hayan perdido 127.000 votos y 5 escaños. Algo parecido pero mejor le ha ocurrido al PSE en Euskadi.
Ambos, la izquierda y centro-izquierda, pagan la factura de no haberse entendido, cuestión en la que tiene más responsabilidad Sánchez que Iglesias. Sumando todo el voto de izquierda y centro izquierda a escala española prácticamente es igual al de la derecha y centro derecha pero la aritmética no convierte en familia a quienes estando en el mismo campo se construyen frente a frente.
Digan lo que digan, lo que ya no será igual es el bipartidismo: 323 escaños de 350 (92%) en 2008 y tan solo 8 años después suman 222 (63%). Ni tampoco hrmos recalado en el monopartidismo. Rajoy no tiene mayoría absoluta para gestionar un Estado a su antojo.
Aritméticamente podría darse una gran coalición PSOE, UP, PNV, ERC, CDC y CC (179 escaños) pero parece difícil imaginarse una gestión de ese conglomerado que, por fuerza, debería abordar cuestiones nacionales y no parece que el PSOE actual y sus barones patrióticos estén por la labor. Igualmente es sumamente improbable un Gobierno PSOE+UP+C’s. Por otra parte tampoco le conviene a UP quemarse en gestionar lo imposible que le pasaría factura prematura en lugar de construirse por abajo y programáticamente. Para asaltar los cielos habrá que construir la torre de Babel en la tierra.
Las excepciones han sido Euskadi y Catalunya, países que transitan con más asiduidad por apuestas de riesgo en sus historias y con un nivel de cultura política más alto que la media española. No es casualidad que el éxito de UP y En Comú Podem se dé en ambas comunidades y combine no solo una mirada a la izquierda sino un imprescindible para homologarse reconocimiento de las naciones vasca y catalana. Ambos son elementos sustanciales de su éxito. Recordemos que también son las comunidades más inmunes a los discursos mayoritarios de los media.
Al mismo tiempo el PNV ha demostrado tener un sólido suelo incluso en unas elecciones generales, mientras que EH Bildu, aunque va adaptándose discursivamente al nuevo contexto, no termina de encontrar su propuesta y un nuevo electorado que renueve su espacio tradicional.
Hay mucha decepción entre seguidores de Bildu: 32.000 votos menos en Hegoalde y solo un 53,5% de lo que consiguió en la CAE en las EEGG de 2011. Pero el discurso de que no hay nada que hacer en y con España –también lo dice ERC- para refugiarse en lo propio y basándose en las propias fuerzas, tampoco funciona bien ahora mismo, habida cuenta que la primera fuerza en estas elecciones pasadas UP no propugna un Euskalexit. Es un hecho que se ha abierto un proceso de decisión en Catalunya y, a medio plazo, podrá abrirse también en Euskadi, pero es inconcebible que esos procesos culminen sin aquilatar propuestas capaces de seducir a mayorías aquí, y alianzas allí, a escala estatal que puedan neutralizar las concepciones más centralistas.
Bildu que durante años recogió voto solidario ajeno a sus filas más militantes ante las embestidas de un Estado torcido, deberá entender que mucho de ese tipo de voto –incluso de franjas de la sociedad civil- ha tenido ese gesto de solidaridad puntual ahora con UP en unas EEGG en Euskadi que han estado planteadas contra el bipartidismo, de cara a frenar a Rajoy e intentar superar al PSOE. Sin embargo, y aunque haya inercias entre elecciones próximas, estas dos ideas no estarán presentes en las Elecciones Autonómicas Vascas de finales de este año que valorarán, sobre todo, ideas, proyectos, propuestas y gestiones sobre el país que queremos.
En suma ni estas elecciones han sido la 2ª vuelta de las de diciembre pasado ni, probablemente, sean la primera vuelta de las próximas autonómicas. Hay partido

Fuente: Rebelión


El pucherazo



La conspiración del pucherazo del 26J no tiene base alguna y es muy fácil de desmontar

Ignacio Escolar

Desde el inesperado resultado del 26J, circula por Internet una teoría de la conspiración que está teniendo una enorme difusión: que el Gobierno organizó un pucherazo electoral para manipular el resultado en detrimento de Unidos Podemos y en beneficio de Mariano Rajoy.

Como casi todas las conspiraciones, la teoría del pucherazo se alimenta de una frustración: la de tantos votantes de Unidos Podemos. Fallaron las encuestas y el sorpasso también, y la decepción de estos votantes ha sido tan grande como antes fueron sus expectativas. De la decepción de estos votantes nace esta explicación irracional.

Al igual que en otras conspiraciones, el castillo en el aire del pucherazo también se levanta sobre algunos datos reales. En este caso, principalmente son estos:

1. En los primeros datos de la web oficial del recuento, el número de votantes no cuadraba con la participación.

2.  La empresa Indra recuperó para el 26J el contrato para centralizar los datos del recuento después de haberlo perdido en las elecciones del 20D. Indra, que está participado por el Estado, ofreció una rebaja del 40% para recuperar esta adjudicación.

3. Es un hecho probado que el ministro del Interior es alguien capaz de utilizar los aparatos del Estado a favor del Gobierno. Las conversaciones entre Jorge Fernández Díaz y el director de la Oficina Antifraude de Catalunya así lo certifican. Si alguien es capaz de a una jugada tan sucia como usar a la policía contra sus rivales políticos, ¿cómo confiar en que no vaya más allá?

4. Algunos ejemplos y testimonios de chapuzas o pequeñas trampas en distintas mesas circularon masivamente por redes sociales. Ésta fue una de las más populares. Hay alguna más.




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Ya está confirmado un caso del 

¿De cuántos casos estaríamos hablando?

To Be Continued...!
5. Todas las encuestas publicadas daban un resultado distinto y se equivocaron especialmente con Unidos Podemos.

Con estos focos del fuego, y con la decepción como combustible, la conspiración del pucherazo ha prendido como un incendio sobre hierba seca. Sin embargo, la conspiración del pucherazo no tiene fundamento. No hay por dónde cogerla y es fácil desmontar estos cuatro puntos uno por uno.

1. La participación

Los datos de participación no cuadraban con el voto en la web de resultados provisionales del Ministerio del Interior por el voto en el extranjero. Pasa en todas las elecciones y está bastante bien explicado aquí.

Es un escándalo, eso sí, el pésimo funcionamiento del voto rogado desde el extranjero, pero es algo que estaba igual de mal el 20D y que, por tanto, no ha afectado en absoluto al resultado del 26J. No sirve para explicar en ningún caso la caída de más de un millón de votos de Unidos Podemos en esta ocasión.

2. Indra

Esta empresa centraliza los datos pero no cuenta las papeletas, por lo que su capacidad de manipulación es casi nula. A diferencia de otros países –donde existen máquinas de recuento de votos, que sí podrían ser manipulables por sistemas informáticos– en España el recuento es manual y lo hacen ciudadanos escogidos al azar. Los votos se cuentan en cada mesa, en presencia de los ciudadanos a los que, por sorteo, les toca participar en el proceso y de los interventores y apoderados de los distintos partidos.

Cada partido, por medio de sus interventores, apunta por separado los resultados de cada mesa y los centraliza después, por lo que lo que es muy fácil chequear más tarde si no coinciden con los oficiales que ofrece Indra. Basta con comparar.

Unidos Podemos tenía repartidos por toda España alrededor de 26.000 interventores y apoderados para 22.953 colegios electorales. Descartados los pueblos pequeños, cuyo peso en votos es menor, no había un colegio electoral de importancia donde la coalición (o el PP, o el PSOE) no tuviese gente vigilando el recuento. Si Indra hubiese manipulado los datos, los partidos lo sabrían ya. Y si los dirigentes de Unidos Podemos no se han sumado a esta descabellada conspiración es porque saben que el recuento no se amañó: porque los datos que transmitieron sus interventores coinciden con el resultado oficial.

En cuanto a la rebaja de Indra, es bastante fácil de entender. Esta empresa española lleva décadas ocupándose de centralizar los datos electorales y vende ese servicio a otros países. Para Indra, perder el contrato del 20D en España era un problema serio de imagen: si no consigues convencer en tu propio país de que eres la mejor opción para el proceso electoral, ¿quién te va a contratar en el extranjero?

3. El ministro

Que alguien como Jorge Fernández Díaz esté al frente del Ministerio del Interior daña la credibilidad de nuestra democracia y pasa factura con asuntos así: es sencillo dudar de la limpieza de las instituciones cuando se demuestra que hay un ministro que utiliza a la Policía contra la oposición. Sin embargo, el papel del Ministerio del Interior en el proceso electoral es mínimo y el margen de maniobra del ministro, aún menor.

El recuento no lo hace el Ministerio del Interior. Lo hace cada mesa, formada por ciudadanos elegidos por sorteo. Ese sorteo, además, no está centralizado en el Ministerio, sino que lo realiza cada Ayuntamiento de forma pública. Son estos ciudadanos  seleccionados al azar –172.458 personas en total– quienes cuentan los votos en presencia de los interventores de los partidos.

4. Las irregularidades

En estas elecciones, se ha votado en 57.526 mesas repartidas entre 22.953 colegios electorales; el pucherazo global es difícil pero el error y las pequeñas trampas no necesariamente lo son. Y sí, es también fácil dudar de la limpieza de una parte del PP porque hay varios casos donde militantes de este partido han sido pillados  haciendo trampas con el voto por correo o acarreando ancianos.

Estas trampas lamentablemente existen desde hace años –no solo en el PP– y deberían perseguirse con más contundencia, pero con ellas no haces desaparecer más de un millón de votos, como creen quienes dudan del resultado del 26J. Las razones que explican el descalabro de Unidos Podemos son otras y creo que están analizadas aquí.

En cuanto al famoso caso del pequeño pueblo de  Sariego (Asturias, 1295 habitantes), más bien parece un simple error o, en el peor de los casos, una pequeña manipulación. La casilla del PCPE en el acta electoral está justo encima de la de Unidos Podemos, probablemente por eso desde la mesa atribuyen al PCPE 113 votos que en realidad tuvo Unidos Podemos. ¿Fue por incompentecia o por maldad? Pueden ser ambas cosas, pero para escamotear un millón de votos con este sistema, necesitas 9.000 mesas más. Y si se hubiese usado esa técnica de forma intensiva, la trampa no habría cuadrado con el dato de la abstención.

5. Las encuestas

Es cierto, las encuestas fallaron. Pero tampoco es la primera vez que sucede y tampoco fue tan grande la desviación como aparenta porque la forma de medirla no son los escaños, que oscilan mucho con relativamente pocos votos por la ley electoral: son los porcentajes de votos. Unidos Podemos en las encuestas aparecía con alrededor del 25% de votos de media y obtuvo un 21%, cuatro puntos menos. El PP aparecía con el 30% y sacó el 33%, tres puntos más. Y el PSOE y Ciudadanos sacaron, en porcentaje de votos, un resultado bastante aproximado a lo que daban las encuestas.

Esta desviación –tres, cuatro puntos en distintos partidos– no es muy diferente a la que hemos visto en otros procesos electorales. En el Brexit inglés, por ejemplo, donde la mayoría de las encuestas daban un resultado inverso al que se produjo. O en las elecciones andaluzas de 2012, donde todas las encuestas daban gobierno a Javier Arenas, y no ocurrió. O también en las últimas elecciones generales, donde las encuestas también fallaron bastante, aunque en esta ocasión nadie habló de pucherazo porque la desviación no benefició al partido en el Gobierno sino a Unidos Podemos. Recuerden: esto daba el CIS preelectoral del 20D, cuando Ciudadanos estaba a punto del sorpasso sobre el PSOE... y quedó cuarto.

También falló entonces –igual que este domingo– la encuesta a pie de urna del 20 de diciembre. No fue por poco: respecto al resultado final, dio siete escaños y dos puntos menos al PP, siete escaños y dos puntos menos al PSOE, un punto y 11 escaños más a Podemos y dos puntos y 8 escaños más a Ciudadanos.

¿Y por qué las encuestas han fallado tanto esta vez con PP y con Unidos Podemos? Hay análisis interesantísimos estos días, que coinciden siempre en dos factores. Es muy difícil acertar el resultado con un sistema electoral como el nuestro y muestras tan pequeñas. Además, había voto oculto en el PP: gente avergonzada de lo que votaba y que mentía en las encuestas. Y, por el lado de Unidos Podemos, había gente muy orgullosa de su voto, y que tenía más ganas que el resto de responder a los encuestadores. Todos los votos cuentan igual en las urnas, pero no todos los votantes responden igual en las encuestas.

Del 11M al 26J

Sin duda es de agradecer que ni uno solo entre los dirigentes de Unidos Podemos se haya sumado a la conspiración del pucherazo porque el daño para la democracia que provocan estas teorías es gravísimo. En las últimas horas he hablado con varios de ellos. Ninguno da al pucherazo la más mínima credibilidad. "No debemos encubrir nuestros posibles errores políticos, y está claro que los hay, con conspiraciones hipotéticas", me asegura uno de ellos. No he encontrado a uno solo que crea en la posibilidad del pucherazo.

La coalición Unidos Podemos ha sido en esta ocasión mucho más responsable de lo que lo fue el PP en 1993, cuando Javier Arenas y Alberto Ruiz Gallardón  insinuaron un pucherazo en la noche electoral, tras la inesperada derrota de Aznar. O que el PP de Mariano Rajoy en 2004, cuando la frustración entre el votante conservador por el inesperado resultado electoral dio alas a la conspiración del 11M, que el PP alimentó. O que esa prensa que, a partir de 2004, azuzó esta teoría alocada que tanto daño hizo a la convivencia sobre los cadáveres del peor atentado terrorista de la historia española. O que esa prensa que hoy, en 2016, está haciendo exactamente lo mismo con este falso pucherazo que antes hizo Pedro J. con el 11M: alentar mentiras porque salen muy rentables en audiencia.

Afortunadamente, Unidos Podemos no ha azuzado a sus "peones morados" como antes lo hizo el PP con los peones negros del 11M. Acusaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, y no las hay.
Fuente: eldiario.es

El triunfo del PP: la paradójica necesidad de certidumbre

Sospechoso incremento del voto cautivo por correo

María Márquez Guerrero
Universidad de Sevilla

Los resultados de las elecciones del 26J han dejado perpleja, desorientada  a una gran parte de la población, incluidos los propios líderes políticos. Admitiendo  la transparencia en el proceso, y obviando el espinoso tema de las encuestas, que, a la luz de lo ocurrido, no pueden justificarse como instrumentos con una finalidad informativa (aunque sí  potencialmente persuasiva o manipuladora), hay cuestiones inquietantes sobre las que reflexionar. En primer lugar, el gran triunfo de un partido imputado, enfangado por la corrupción. El último caso, ocurrido pocos días antes de las elecciones, fue protagonizado por el propio ministro de Interior: las conversaciones filtradas entre Jorge Fernández Díaz, y el jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso, mostraban al mundo entero la capacidad  del Gobierno para doblegar investigaciones policiales y judiciales a su voluntad. Sin embargo, los votantes no solo no han castigado el abuso de poder, sino que lo han validado y premiado con un refuerzo electoral inesperado.

Una buena parte de este triunfo procede  naturalmente del “voto cautivo” del PP, el voto de lealtad de los afiliados, votantes estables que respaldarán a la fuerza política en cualquier circunstancia; esta adhesión casi religiosa a un partido tiene en su base razones ideológicas, como la lealtad a un líder o la tradición familiar. Ya lo apuntaba Ortega y Gasset: “Las ideas se tienen; en las creencias se está”. Por otra parte, la correlación entre el aumento de votos del PP y la disminución de los de C’s nos habla de la existencia de un voto útil, fugado de la formación emergente  para garantizar la mayoría de la derecha. El pacto de C’s y PSOE lo puso muy fácil.

Noelle-Neumann (La espiral del silencio 1977), tras comprobar la diferencia considerable entre los datos de las encuestas sobre la intención de voto y los resultados electorales efectivos en la Alemania de 1965 y de 1972, se preguntaba por los factores psicológicos que subyacen al “vuelco del último minuto”. Un tanto por ciento muy alto de los indecisos se inclinó entonces a favor de la fuerza política que las encuestas presentaban como ganadora. En principio, podría considerarse como manifestación del conocido “efecto del carro ganador”, el deseo de participar de la victoria y sus beneficios. Sin embargo, Noelle-Neumann apunta a una aspiración menos pretenciosa: “a diferencia de la élite, la mayor parte de la gente no espera obtener un cargo o poder con la victoria. Se trata de algo más modesto: el deseo de evitar el aislamiento, un deseo aparentemente compartido por todos nosotros”. La fuerza ganadora en las encuestas ejerce, por el hecho de ser mayoritaria, una fascinación casi inevitable: no se trata del éxito en la argumentación; tampoco hacen falta siquiera garantías de éxito, trabajo, prosperidad. La adhesión al partido que se presenta como favorito promete un paraíso efímero, pero tan necesario como el sol que nos calienta y el aire que respiramos: la garantía de no estar aislados, de evitar la exclusión y el ostracismo. Para conseguirlo, podríamos estar dispuestos a hacer cualquier cosa, incluso a votar en contra de nuestros principios. Y, llegado el caso, podríamos no votar a la fuerza ganadora, pero sí abstenernos,  guardando silencio “para no señalarnos”.

Sin embargo, no comparto con ciertas hipótesis la imagen del votante como un ser tan primitivo, ingenuo y extremadamente vulnerable que resulta ser fácilmente manipulable. Parto de que la gente elige a un partido porque satisface una necesidad ineludible para ellos. Y aquí es donde aparece la perplejidad. Por supuesto, se excluye del enigma a la minoría que se beneficia de amnistías y paraísos fiscales,  además de otras medidas, dramáticamente antipopulares, tomadas por el último gobierno. ¿Qué necesidad satisface el PP para la mayoría de la población que se ha visto cruelmente afectada por el austericidio?  Solo tres días antes de las elecciones, el Brexit alertó a los ciudadanos sobre el riesgo de la desintegración  definitiva de  una Europa agonizante, así como de sus dramáticas consecuencias en los mercados (caídas en bolsa, subida  de la prima de riesgo, desconfianza en los círculos financieros…) El referéndum, base de la democracia, se convirtió en el mayor peligro para la  integridad social. Algunos medios de comunicación y los propios líderes políticos con intereses partidistas rápidamente  asociaron el referéndum inglés con la propuesta de Unidos Podemos para Cataluña. Se confirmó así de manera contundente la existencia de un enemigo capaz de dotar de identidad y fuerte cohesión a un grupo de indecisos, que súbitamente se movilizaron a favor de la fuerza conservadora. Como es sabido, el temor a lo desconocido es una motivación profunda que siempre favorece a las fuerzas inmovilistas

La búsqueda de certidumbre es tan antigua como el ser humano. Se manifiesta en los mitos, religiones y en cualquier sistema de creencias; en las teorías de la ciencia, y en la compulsión por hacer pronósticos, como ocurre con las innumerables encuestas que han precedido a las elecciones. En todos los casos actuamos para dotar de coherencia al caos, creamos relatos que nos dan la confianza y la seguridad de una existencia previsible y sujeta a nuestro control.  Que el gobierno haya sido un fracaso en muchos sentidos deja de ser importante en la medida en que es algo conocido, previsible, y, precisamente, una garantía de continuidad y conservación: de la “unidad” de España, de la integración total en la UE, y,  en general, del estado de cosas presente. El miedo es capaz de crear lo más terribles monstruos. Ante él, la búsqueda de certidumbre lleva al apego a lo conocido y al deseo de contención de las fuerzas emergentes. Esta necesidad es más aguda en estos tiempos  de globalización, donde los mecanismos del poder se han vuelto invisibles,  una  trama tan compleja y oscura que se escapa a toda comprensión y control (D. Innerarity). Un mundo en el que se han difuminado los límites entre los Estados nacionales, donde realmente no existe la soberanía nacional, donde Europa está gobernada por la Troika (BCE, FMI y Comisión Europea), fuerzas económicas internacionales que han secuestrado a la política. El resultado es una angustiosa incertidumbre ante un universo inaprehensible, líquido, como diría Zygmunt Bauman.

Sin embargo, la avidez de certidumbre, el deseo compulsivo de seguridad, que son mecanismos de autoprotección, conducen paradójicamente al empobrecimiento de la vida al no permitir la transformación y el desarrollo. En un mundo donde todo es previsible, donde todo está ordenado y sujeto a control es imposible el crecimiento, la creatividad y la libertad. Puede que huyendo del riesgo de perderlo todo te encuentres viviendo en la calle, sin apenas nada que llevarte a la boca, sin seguro para la enfermedad, sin medios para la educación. No hay otra forma de evolucionar que abrazar la incertidumbre, es la única manera de vivir plenamente.

En mi opinión, esa necesidad de escapar de la incertidumbre explica también, en parte, la  pérdida de votos de Unidos Podemos, que ha pagado una factura altísima por su indefinición, por la vaguedad de sus contornos ideológicos. En su estrategia hacia la conquista del poder se ha desdibujado parte de su identidad provocando sospecha y desconfianza, algo que le resulta intolerable a una población tan necesitada de sólidas certezas.

Escocia

Escocia Alfons

Alfons López
http://alfonsolopez.cat

Y de nuevo, Escocia.


 'Scotlond', la iniciativa que pretende que Escocia y Londres se independicen del Reino Unido. (TWITTER MICHAEL SHAW)


El ‘Brexit’ será una mina: la independencia de Escocia adquiere glamour europeo

Enric Juliana, Madrid

Andrea Nicastro, enviado del Corriere della Sera a las elecciones españolas, subraya el influjo del Brexit en el 26-J. Es la visión de la escuela italiana, muy acostumbrada a sacarle punta a las noticias del mundo. El lunes, La Stampa de Turín abría con el siguiente titular: “Voto en España. Efecto Brexit”. Hay opiniones divergentes. No todo el mundo está de acuerdo. Veremos qué dicen los sondeos postelectorales.

Es verdad que la mayoría de la gente sigue poco la política internacional, pero hay acontecimientos que transmiten mensajes muy directos. Nadie sabía nada, absolutamente nada, de las tensiones étnicas en Ruanda y el genocidio de los tutsis en 1994 tuvo un tremendo impacto en Europa. La gran mayoría desconocía los intrincados orígenes del mosaico, y el cerco de la ciudad de Sarajevo en 1992 provocó inmediatos sentimientos de solidaridad. ¡Horrores de la Segunda Guerra Mundial mientras la feliz Barcelona celebraba los Juegos Olímpicos! Son muy pocas las personas que en España saben con exactitud las razones por las cuales Siria se halla en guerra civil, pero el drama de los refugiados sirios no deja indiferente a nadie. Con el Brexit ocurre lo mismo. Lo que llega a la gran mayoría es la sensación de que Europa se está rompiendo. El intríngulis inglés es materia reservada para los anglófilos de toda la vida, gente culta, que se hacen cruces del desenlace del referéndum. Para la gran mayoría, lo que ha sucedido en Gran Bretaña es un inquietante aviso. Europa se está resquebrajando. Lo más sólido puede venirse abajo. El certero mensaje de Mariano Rajoy: “No añadamos más incertidumbre a la incertidumbre”. Tres días de noticias apocalípticas antes de acudir al voto. ¡Y tanto que ha influido!

Nicastro, que fue corresponsal en España durante unos años, me hizo el martes la siguiente observación en Madrid: “Está claro que el miedo a la ruptura de Europa impresiona a la gente, pero hay otro hecho vinculado al Brexit que debemos tener en cuenta. Se está generando en toda Europa una opinión negativa sobre los referéndums. Y eso en España remite a la cuestión catalana. A Podemos no le ha ayudado llevar la cuestión del referéndum catalán en su programa. Otro premio electoral para el Partido Popular”.

El mapa parece dar la razón al periodista milanés. Aunque con perdidas, Podemos y sus confluencias han aguantado mejor en los territorios más autonomistas (Catalunya, País Vasco, Navarra, la Galicia costera, Baleares y Comunidad Valenciana), acusando fuertes descensos en Madrid, Andalucía, Extremadura y las dos Castillas.

Puñetazo inglés. Europa en peligro. Más incertidumbre económica. El populismo desbocado. Los referéndums los carga el diablo. Y la súbita reaparición de la independencia de Escocia, adornada ahora con simpatías europeas. El beso de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, a la ministra principal Nicola Sturgeon, sucesora de Alex Salmond. Una imagen que ha hecho muy poca gracia al Gobierno español.

La cuestión de Escocia entra por la puerta principal en la política europea, como indudable factor de presión sobre el Gobierno de Londres mientras se negocia la desconexión. La causa de Escocia tiene ahora glamur europeo. He ahí un buen incentivo para que el nuevo Gobierno de España, cuando se forme, abandone el inmovilismo y adopte una posición proactiva sobre Catalunya. El amable recibimiento que ha tenido Sturgeon en Bruselas envía un mensaje al quietista Rajoy: “Lo de Catalunya hay que solucionarlo”.

Va a ser una mina el Brexit.

Fuente: La Vanguardia

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