lunes, 13 de febrero de 2017

Marine Le Pen, sus rivales y los servicios secretos de Rusia

Marine Le Pen



Por Fernando Maura Barandiaran

El vídeo de pre-campaña que acaba de hacer público la candidata del Front National, Marine Le Pen, describe a su protagonista en una bella playa en una mañana soleada y en paz. Las olas abrazan con suavidad los arenales de la costa en tanto que la política relata de manera rotunda un discurso que ella misma presenta como basado en sus convicciones de libertad -¡qué bella palabra para ser pronunciada por otros labios!-, independencia y firmeza ante los desafíos que afronta su país. La candidata narra después, con la ayuda de un álbum de fotos, su condición de mujer, de madre, de abogada, de francesa… lo que le permite evocar las amenazas del fundamentalismo islamista -las agresiones sexuales contra las francesas, por lo tanto-, exigir un futuro para sus hijos y ponerse del lado de las víctimas que se confrontan con la impunidad de sus agresores. Y, por supuesto, en resumen es… francesa y siente los insultos que recibe su patria como si los hicieran a ella misma. Enlaza sin solución de continuidad las descalificaciones a Francia con los sufrimientos de los franceses, a la vez que las imágenes nos muestran a una Marine Le Pen afable y trabajadora, cercana y competente. Y la música nos recuerda a cualquier thriller de persecución en el que inevitablemente el malo será atrapado por el bueno y llevado ante la justicia de los hombres… o de quienquiera que sea, porque el resultado sólo depende del grado de mandad alcanzado por el perseguido. La candidata alude entonces a las presidenciales como la elección de una civilización, en contra de los que fracasaron, traicionaron y mintieron. Por lo que es necesario poner a Francia en orden. Después Le Pen maneja el timón de un barco que surca esas aguas tranquilas y continúa con su letanía salvífica: quiere que los franceses puedan vivir en libertad, seguridad, prosperidad y justicia. Éstos son los motivos de su compromiso, dice. Las imágenes finales recogen el edificio del Eliseo cuando la candidata asegura que lo hará todo en el nombre del pueblo.

Francoise Fillón


Marine Le Pen no se dedica a descalificar a esa banda múltiple de fracasados, traidores y mentirosos. Le basta con dedicarles una frase despectiva en la que les engloba a todos. Ella no es así, ella es… Francia, una Francia vilipendiada, acosada y atemorizada que debe elegir entre todo ese barullo y el orden. La candidata salvadora; la mujer, la madre, la abogada… la francesa: una especie de Juana de Arco que arrojará en este caso el fuego de la hoguera contra sus agresores.

Un buen vídeo de campaña que no debiera asustarnos si no fuera porque la candidata populista tiene un probable 24% de los votos y será sin duda la vencedora de la primera vuelta electoral.

¿Y los demás? ¿Qué ocurre con el equipo de incompetentes y mentirosos que se le enfrentan? Por de pronto el derechista Fillon se hunde en las encuestas después de probadas las colocaciones irregulares de su mujer e hijos; Hamon es un radical de izquierdas que nunca podría ganar a la candidata del Front National… y quedaría el centrista Macron como única solución posible ante el desbarajuste general, un candidato respecto del cual se exhiben dossiers de homosexualidad. La llamada a la homofobia y al machismo para descalificar políticamente a un adversario que refuerza los prejuicios reaccionarios y la tentación por los hombres fuertes llamados a enderezar los destinos de una patria errante, confundida, asombrada ante un mundo que ya no es capaz de comprender. Un hombre fuerte, aunque en este caso sea… una mujer.

Atención a éstos dossiers que aparecen en los medios de comunicación franceses respecto de los candidatos contrarios a Le Pen. Verdaderos o falsos, el mismo periódico que publicaba el informe sobre Fillon y las presuntas contrataciones fraudulentas de su familia, Le Canard Enchainé, sugería que los servicios secretos de Rusia estarían interfiriendo en la campaña electoral francesa para ayudar a la victoria de su aliada del populismo derechista en las votaciones del Parlamento Europeo. La utilización de las redes sociales a través de robots informáticos como instrumentos válidos para divulgar noticias falsas en lo que se ha denominado “campaña negra”.

Algún medio habría sugerido que los informes sobre Fillon o la afirmada vinculación sentimental entre el candidato Macron y el presidente de Radio France formarían parte de estas intoxicaciones que podrían influir en el ánimo y el voto del electorado.

Nadie debería extrañarse ante ésta práctica: ya es conocida la afirmación de la inteligencia americana respecto de la intervención de Rusia en su reciente campaña electoral. La desestabilización en nuestro país vecino conduciría a un gravísimo daño a la Unión Europea, un daño del que muy difícilmente podría salir indemne.

Fuente: Diario16

¿Quién está usando la prensa y la Justicia contra Donald Trump y Francois Fillon?




por Thierry Meyssan

¿Es posible que alguien no perciba el parecido entre la campaña mediática contra Donald Trump y la que se ha desatado en Francia contra el candidato a la presidencia Francois Fillon? ¿Será que estos dos hombres, con rasgos personales e ideológicos muy diferentes, amenazan los mismos intereses?

Dos campañas de prensa de muy gran envergadura se desarrollan actualmente en el mundo occidental contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y, a menor escala, contra un candidato a la elección presidencial francesa, Francois Fillon. A Trump se le acusa de ser un supremacista blanco irresponsable; a Fillon le imputan haber cometido lo que se describe como una falta moral no castigada por la ley.

Hace sólo un año, jamás hubiésemos podido imaginar que pudieran realizarse campañas de tal envergadura contra un ex primer ministro de Francia –en el caso de Francois Fillon– y menos aún contra el presidente en funciones de los Estados Unidos de América.

Ambas campañas utilizan los 10 argumentos tradicionales de la propaganda de guerra, tal y como los definió en 1928 el político británico Lord Arthur Ponsonby, en su libro Falsehood in Wartime y posteriormente precisados por la historiadora belga Anne Morelli en su obra Principes élémentaires de propagande de guerre:
- Deploramos este enfrentamiento con un presidente en funciones –en Estados Unidos– y en plena campaña electoral por la presidencia –en Francia.
- Los señores Trump y Fillon son los únicos responsables de lo que está sucediendo.
- Los señores Trump y Fillon son personalidades peligrosas.
- Nosotros defendemos una noble causa, la de los principios de nuestra Constitución –en Estados Unidos– y la de la igualdad –en Francia– mientras que los señores Trump y Fillon sólo se preocupan por su fortuna personal.
- Los señores Trump y Fillon están portándose muy mal. Trump arremete contra los musulmanes; Fillon es un ladrón. Es cierto que nosotros también hemos cometido errores pero no de tanta gravedad.
- Los señores Trump y Fillon recurren a métodos no ortodoxos.
- Los señores Trump y Fillon están derrotados. Trump acaba de ser desautorizado por los tribunales federales; Fillon está deslegitimado por los sondeos.
- Los artistas e intelectuales comparten nuestra indignación.
- Nuestra causa es sagrada.
- Quienes cuestionan a nuestros medios de difusión no son verdaderos «americanos», ni verdaderos franceses.

En ambos casos, esta campaña incluye una serie de acciones legales condenadas al fracaso. La primera apunta a invalidar un decreto presidencial sobre la inmigración, a pesar de tratarse de una medida perfectamente legal y constitucional. La segunda trata de justificar la apertura de investigaciones policiales a pesar de que la persona en cuestión no es sospechosa de haber cometido ninguna violación de la ley. Contra toda lógica, ambas acciones legales están avanzando.

¿Quién está en condiciones de utilizar
al mismo tiempo
los medios de difusion y la justicia?

Dado el carácter internacional de esas campañas, es evidente que los comanditarios no están reaccionando ante una simple cuestión nacional y que no son simplemente estadounidenses o franceses.

En años anteriores, campañas de este tipo se desarrollaron por instigación de la OTAN. Las más recientes apuntaban contra la República Árabe Siria. Sin embargo, nada permite esta vez acusar a la OTAN de actuar contra la Casa Blanca ni de perturbar la elección presidencial en Francia.

Además de la hipótesis de la OTAN como comanditario, es posible imaginar también la existencia de una coalición de intereses financieros transnacionales capaz de influir sobre los magnates de la prensa hasta que el efecto de bola de nieve arrastra a los demás medios.

Horrorizado, el “New York Times” da la voz de alarma: ¡Donald Trump quiere prohibir la Hermandad Musulmana!


¿Qué intereses pueden sentirse tan amenazados como para organizar este tipo de campañas?

El único punto en común entre Donald Trump y Francois Fillon es que los dos quieren poner fin al imperialismo recurriendo, donde sea posible, a la cooperación en lugar de la confrontación. Aunque otros responsables políticos del mundo ya defienden ese objetivo, Donald Trump y Francois Fillon son los únicos que van hasta el final de esa lógica. Los dos estiman que no será posible restaurar la paz y la prosperidad sin acabar primero con la instrumentalización del terrorismo islámico, sin liberar el mundo musulmán del control que ejercen los yihadistas y sin atacar incluso la matriz del terrorismo: la Hermandad Musulmana.



Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).



Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

El gabinete de amiguitos de Trump puede parecer fuerte, pero tiene miedo



Naomi Klein

Retrocedamos con la cámara y hagamos un reconocimiento de lo que está sucediendo en Washington ahora mismo. La gente que ya posee una porción absolutamente obscena de la riqueza del planeta, y cuya parte crece cada vez más cada año que pasa —en el último recuento, ocho hombres poseían tanta riqueza como la mitad del mundo  — está determinada a quedarse todavía con más. Las figuras clave que pueblan el gabinete de Donald Trump no sólo son megarricos, son individuos que hicieron su dinero a sabiendas de que se perjudicaba a las personas más vulnerables de este planeta y al planeta mismo. Parece ser una especie de requisito para el puesto de trabajo.

Tenemos al banquero basura Steve Mnuchin, elección de Trump para Secretario del Tesoro, cuya “máquina de ejecuciones hipotecarias” sin ley arrancó a decenas de miles de personas de sus hogares.

Y de las hipotecas basuras a la comida basura, ahí encontramos al designado por Trump como Secrretario de Trabajo, Andrew Puzder. Como director ejecutivo de su imperio de comida rápida, no le bastaba pagar a sus trabajadores sueldos abusivos que no daban para vivir. Varias demandas judiciales acusan además a su empresa de robar salarios a los trabajadores al no pagarles trabajos y horas extraordinarias.

Y pasando de la comida basura a la ciencia basura, aquí está el escogido por Trump para Secretario de Estado, Rex Tillerson. Como ejecutivo primero, y director ejecutivo  después, de Exxon, su empresa costeó y dio mayor volumen a la basura científica, y presionó ferozmente entre bastidores en contra de las acciones internaciones significativas contra el cambio climático. Y debido no poco a estos esfuerzos, el mundo perdió decenas de años, cuando deberíamos haber estado quitándonos de encima nuestra adicción a los combustibles fósiles, acelerando por el contrario la crisis del clima. Debido a estos nombramientos, un número incontable de personas está perdiendo ya su hogar a causa  de tormentas y de los mares en ascenso, pierde ya la vida por las olas de calor y las sequías, y en última instancia serán millones los que verán desaparecer su tierra natal bajo las olas. Como de costumbre, la gente que primero y peor sufre las consecuencias es la gente más pobre, de piel negra y morena en una abrumadora mayoría.

Casas robadas. Salarios robados. Culturas y países robados. Todo inmoral. Todo extremadamente rentable.

Pero la reacción popular iba aumentando, que es precisamente la razón por la cual esta banda de directores ejecutivos —y los sectores de los que provienen — andaba con razón preocupada de que la fiesta estuviera a punto de acabarse. Tenían miedo. Banqueros como Mnuchin se acuerdan del derrumbe financiero de 2008 y la forma franca en que se habló de nacionalizar bancos. Fueron testigos del ascenso de Occupy y después de la resonancia que alcanzó el mensaje contra la banca de Bernie Sander durante la campaña.

Jefazos del sector servicios como Andrew Puzder están aterrados por el creciente poder de la “Lucha por los 15 dólares” [principal campaña por el aumento del salario mínimo] que ha ido consiguiendo victorias en ciudades y estados de todo el país. Y si hubiera ganado Bernie lo que fueron unas primarias sorprendentemente reñidas, la campaña bien podía haber tenido a su adalid en la Casa Blanca. Imaginemos lo espantoso que resulta esto para un sector que depende de modo tan esencial de la explotación en el lugar de trabajo para mantener bajos los precios y elevados los beneficios.

Y nadie tiene más razones que Tillerson para temer a movimientos sociales en ascenso. Debido al creciente poder del movimiento climático global, Exxon se ve sometida a ataques en todos los frentes. Los oleoductos que transportan su petróleo se ven bloqueados, no sólo en los Estados Unidos sino en todo el mundo. Las campañas de desinversión se extienden como el fuego, lo que provoca incertidumbre en los mercados. Y en el último año, los engaños diversos de Exxon acabaron siendo investigados por la SEC [Comisión de Bolsas de Valores de los EE.UU.] y múltiples fiscales generales de los estados. La amenaza que plantea a Exxon el que se actúe contra el cambio climático es existencial. Los objetivos de temperatura del acuerdo de París sobre el clima resultan totalmente incompatibles con quemar el carbono que empresas como Exxon tienen en sus reservas, fuente de su valoración mercantil. Esa es la razón por la que los mismos accionistas de Exxon han ido haciendo preguntas cada vez más incómodas acerca de si estaban a punto de quedarse con todo un montón de activos sin valor.

Este es el telón de fondo del ascenso de Trump al poder: que nuestros movimientos empezaban a ganar. No estoy diciendo que fueran suficientemente fuertes, que no lo eran. No estoy diciendo que estuviéramos suficientemente unidos, que no lo estábamos. Pero algo estaba muy decididamente moviéndose. Y en lugar de arriesgarse a la posibilidad de que hubiera un avance aun mayor, esta banda de boquillas de los combustibles fósiles, mercachifles de comida rápida y prestamistas depredadores se ha congregado para hacerse con el poder y proteger su mal adquirida riqueza.

Seamos claros: no se trata de una pacífica transición de poder. Se trata de una absorción empresarial. Los intereses que ya desde hace tanto llevan untando a los dos partidos principales para que cumplan sus órdenes han decidido que se han cansado del juego. Aparentemente, todo esto de tratar a los políticos a cuerpo de rey, toda esa lisonja y esos sobornos legalizados eran un insulto a su sensación de estar investidos de un derecho divino.

De modo que se están ahorrando al intermediario y hacen lo que todo mandamás cuando quiere que algo se haga bien: lo están haciendo ellos mismos. Exxon, de Secretario de Estado. Hardee’s [cadena de restaurant de comida rápida], de Secretario de Trabajo. General Dynamics, de Secretario de Defensa. Después de decenios de privatizar el Estado por piezas y a trocitos, se han decidido a ir a por el gobierno mismo. La frontera final del neoliberalismo. Por eso es por lo que Trump y los designados por él se ríen de las débiles objeciones que se ponen a los conflictos de interés: conflicto de interés es todo, esa es toda la cuestión.

Así pues, ¿qué hacemos con esto? En primer lugar, recordar siempre sus debilidades, aunque ejerzan un poder puro y duro. La razón por la que se ha caído la máscara y estamos siendo hoy testigos de un gobierno empresarial manifiesto no se debe a que estas empresas se sintieran todopoderosas: es que tenían pánico.

Además, la mayoría de los norteamericanos no votó a Trump. El 40% se quedó en casa y, de la gente que votó, hubo una clara mayoría a favor de Hillary Clinton. Ganó él dentro de un sistema muy amañado. E incluso dentro de ese sistema, tampoco ganó él. Perdieron Clinton y el estamento de poder del Partido Demócrata. Trump no ganó en medio de una abrumadora emoción y con grandes cifras. Ganó porque Hillary deprimió las cifras y por su falta de entusiasmo. El estamento de poder del Partido Demócrata no creyó que fuera importante hacer campaña sobre mejoras tangibles en la vida de la gente. No tenían prácticamente nada que ofrecerle a gente cuya vida se había visto desgarrada por los ataques del neoliberalismo. Creyeron que podían cabalgar sobre el miedo a Trump, y esto no funcionó.

Y esta es la buena noticia: todo esto vuelve a Donald Trump increíblemente vulnerable. Es este el tipo que llegó al poder contando las mentiras más impúdicas y descaradas, vendiéndose como un defensor del trabajador que por fin se alzaría frente al poder y la influencia empresariales en Washington. Una parte de sus bases sufre ya el  arrepentimiento del comprador, y esa parte no va a hacer más que crecer.

¿Alguna otra cosa por lo que a nosotros respecta? Esta administración va a ir a por todas de una vez. Hay informes de un presupuesto de los de conmoción-y-espanto destinado a recortar 10 billones de dólares en diez años, pasándole la sierra mecánica a todo,  lo que va de programas contra la violencia contra las mujeres a programas de arte, del apoyo a las energías renovables a la protección policial de comunidades. Está claro que piensan que nos arrollará esta estrategia de “blitzkrieg”. Pero pueden verse sorprendidos. Bien podría unirnos en una causa común. Y si sirve de indicativo el volumen de las manifestaciones de mujeres, hemos empezado con buen pie.

Levantar robustas coaliciones en un momento de política de capillitas supone un trabajo duro. Hay que afrontar historias dolorosas antes de llegar a progresar. Y la cultura de financiación de las fundaciones y de la cultura de la fama en el activismo tiende a enfrentar entre sí a la gente y los movimientos, en lugar de animar a la colaboración. Pero las dificultades no pueden dejar sitio a la desesperación. Por citar un dicho popular entre la izquierda francesa: “La hora pide optimismo; dejemos el pesimismo para tiempos”. (“L’heure est à l’optimisme, laissons le pessimisme pour des temps meilleurs.”)

Personalmente, no puedo hacer mucho acopio de optimismo. Pero en este momento en el que todo está en juego, podemos y debemos encontrar nuestra más firme determinación.


Naomi Klein autora, entre otros libros, de La doctrina del shock y No Logo.
Fuente:
The Nation, 6 de febrero de 2017
Traducción: Lucas Antón



Podemos gana, la Gran Coalición pierde




Por Fernando López Agudín


Cuando parecía que Pablo Iglesias se había equivocado al haber hecho coincidir Vistalegre II con la Caja Mágica de la corrupción, los desenlaces de los dos congresos del PP y Podemos le han dado la razón. Los morados han dado toda una lección de democracia, allí donde los azules la han dado de caudillismo. Más de ciento cincuenta mil inscritos han elegido por una muy amplia mayoría al secretario general podemita, mientras que el dedo del presidente del Gobierno se ha autodesignado presidente pepero. El debate de Podemos ha sido inexistente en el Partido Popular. No digamos en el pabellón de la ONCE , donde esos ciegos burocráticos del PSOE proclamaban caudilla por la gracia del Dios González a Susana Díaz, sin que todos los militantes hayan podido recuperar todavía sus derechos democráticos suspendidos  en octubre por la Gestora de los golpistas que defenestraron a Sánchez.

Podemos gana porque consolida su unidad, la Gran Coalición PP-PSOE pierde porque apostaba por la desunión de Podemos. Si el resultado de las votaciones moradas hubiera dado un resultado muy ajustado, por ejemplo un 41% para la mayoría junto con un 38% para la minoría, todos los poderosos lo estarían ahora mismo celebrando con Moët &Chandom. Dos proyectos equiparados junto con la dimisión de Iglesias, al margen de lo que decidiera hacer Errejón, hubiera sido un golpe mortal para la formación surgida del 15– M. Era bastante evidente en ese parlamento de papel impreso, que controlan casi completamente los medios financieros, que desde Año Nuevo dejaron de adular a Errejón sin dejar de atacar a Iglesias. Esa recuperación de un aire profesional evidenciaba que los de arriba buscaban que los de abajo siguieran atizándose en el ring de Podemos.

Con esta victoria dulce de Podemos y amarga derrota de la Gran Coalición se inicia, al contrario de lo que sostienen los portavoces de los poderosos, la cuenta atrás para la salida de Rajoy de la Moncloa. Primero, porque el gran éxito morado dificulta  el apoyo del PSOE al PP en vísperas de su propio congreso en el verano; segundo, porque cortocircuita la operación Gatopardo que persigue la reedición del fallido experimento del Gran Centro como una alternativa inscrita en el turno de poderes del bipartidismo. Quien la impidió en febrero de 2o16, de ahí la crisis que acaba de cerrar democráticamente Podemos, la ha vuelto a impedir en este febrero de 2017. Hace justo un año en la consulta a las bases moradas sobre el gobierno Rivera, ahora en una masiva votación en todas las urnas de Podemos.

Quien lo ha captado muy bien ha sido Pedro Sánchez al ser el primer político en felicitar a Pablo Iglesias. La respuesta de los más de ciento cincuenta mil inscritos morados alienta la de los militantes socialista en las primarias que todavía no ha convocado el PSOE. El firme rechazo de Podemos a las curvas maniobras de los poderosos, para que continúe la política de Rajoy sin Rajoy, es todo un estímulo para que las bases socialistas despeñen en Despeñaperros a ese Rajoy con faldas que es Susana Díaz. El pasado o las características personales de Sánchez, sean las que sean, no impiden, como tampoco impidieron a Largo Caballero, antiguo miembro del Consejo de Estado de la dictadura de Primo Rivera, recuperar las señas de identidad socialistas contra los nuevos Indalecios Prietos a remolque de Alemania y la Banca. Todo depende de su voluntad. Hace un año no se atrevió. Veremos ahora.

La victoria de Podemos es  hoy condición sine qua non, pero insuficiente, para la llegada de una alternativa progresista a la Moncloa. Sin estructurarse como un partido, sin una firme dirección, sin un consejo asesor que discuta de política con mayúscula, no podría ser la  gran locomotora del cambio que ahora demanda la sociedad española. La experiencia del último semestre es que debe dejar de ser un bloque de mantequilla, donde el cuchillo de los de arriba penetre con facilidad, para reconvertirse en un muy sólido bloque cimentado en la unidad democrática. Debe abrirse, incorporar a los agentes sociales, ampliar y potenciar su pluralidad, rehuir todo sectarismo, sin que  pueda padecer su organización. Precisamente, porque ya desde hoy mismo cuenta con una amplia mayoría tan inequívoca como una cualificada minoría, esta tarea será mucho menos difícil.

La penúltima esperanza de la Gran Coalición, ya se sabe que es lo último que se pierde, es que esa importante minoría– no con el peso que indicaba el parlamento de papel– continúe presentando batalla interna como si Podemos fuera un mero calco del PP o del PSOE. No está en la naturaleza de los minoritarios, tan morados como los mayoritarios, prestarse  hoy al gran juego fraccional; ni quienes le han votado apoyarían este tipo de maniobras. No en balde, Vistalegre ensordeció este fin de semana con los gritos de unidad. Los siete kilómetros que separan la Caja Mágica de la corrupción del PP de Vistalegre de Podemos y los cuatro kilómetros de Vistalegre morada del pabellón de la ONCE de los ciegos del PSOE, equivalen a millones de kilómetros de la distancia política, ideológica y ética que separa a todo Podemos de la Gran Coalición. Si en Vistalegre I se toparon con la sorpresa del 15- M, reconvertida en movimiento, en Vistalegre II  acaban de toparse con ese movimiento mutado en Partido.
Fuente: Público.es

lunes, 6 de febrero de 2017

Marine Le Pen y el tío Adolph




DAVID TORRES

La relación de Marine Le Pen con el nazismo viene de muy lejos. Cuando sólo era una niña, venían de visita a la casa familiar antiguos miembros de la SS y viejos colaboracionistas del régimen de Vichy. Iban a charlar con su padre, Jean Marie Le Pen, a recordar aquellos buenos tiempos en que los judíos terminaban en la cámara de gas. Ah, los tiempos cambian, por desgracia. Ahora el problema ya no son los judíos, sino los musulmanes, esos condenados musulmanes. A Hitler, en esas juergas nostálgicas de los Le Pen, lo conocían por el mote familiar del “Tío Dolphi”. Es normal que ella no se considere a sí misma ni al Frente Nacional un grupo de xenófobos e islamófobos: ahora que el propio Mike Godwin, el inventor de la Ley de Godwin, ha declarado que no es tan descabellado comparar a Trump con Hitler, es mucho mejor renunciar a la copia e ir directamente al original. Si el Brexit ganó, si Trump ganó, Marine Le Pen tiene bastantes posibilidades de arrasar en las urnas de Francia. Le basta con no renunciar a sus principios.

Sus principios los mostró empíricamente la semana pasada, cuando un reportero de Le Quotidien, Paul Larroutourou, se atrevió a preguntarle si era verdad que había contratado a uno de sus guardaespaldas como su asistente personal. El gorila en cuestión (Thierry Legiér) lo agarró del cuello y lo sacó en volandas de la sala con ayuda de otro gorila, ante la estupefacción y el temor de los otros periodistas presentes, que no reaccionaron de ningún modo porque a un auténtico periodista nunca le gusta estar en el centro exacto de la noticia. Este es el nuevo estilo de relaciones públicas con el cuarto poder, que recuerda aquellas hilarantes ruedas de prensa donde Jeús Gil echaba “a la puta calle” a un jornalero de la pluma y los demás jornaleros le reían la gracia. Así vamos en el oficio, de Gil a Trump y de Trump a Le Pen, aplaudiendo al amo.

El cóctel que presenta Le Pen en su programa electoral no es nada nuevo, más bien es tan vetusto como el sobaco de Mussolini, pero sigue siendo igual de efectivo para las masas. Patriotismo de cartón-piedra, xenofobia, odio a las élites intelectuales y miedo, miedo al terrorismo, al islam, al yihadismo. Mucho miedo. Resulta curioso que siga funcionando igual de bien que hace un siglo, lo cual debería hacernos pensar un poco si la educación universal, la globalización, el posmodernismo, el auge de la televisión y las nuevas tecnologías no habrán traído como resultado un espléndido analfabetismo y una nueva Edad Media.

Marine Le Pen es la demostración en carne y hueso de que la ignorancia no está reñida con la prudencia. Una vez llegó a decir que Irán estaba gobernado por los talibanes y duplicó su intención de voto, igual que cuando nuestro Mariano da lecciones de meteorología o explica cómo el vecino elige al alcalde. Es Juana de Arco con el bigotito de Hitler y un rodillo de amasar. Igualdad, libertad, fraternidad, más una cruz gamada. Se la mire por donde se la mire, resulta un personaje de lo más interesante, sobre todo echando la vista hacia atrás y recordando aquella juventud díscola en la que los matones de su padre tenían que ir a sacarla de las discotecas donde se liaba con negros y norteafricanos. O el momento en que la madre abandonó a la familia, fugándose con el biógrafo de Jean Marie, cuya tacañería legendaria la llevó a despelotarse en venganza en un desplegable del Playboy disfrazada de criada del hogar. Si sale elegida, va a poner a Francia de rodillas a fregar, lo cual será todo un éxito para el psiconálisis.
Fuente: Público.es

domingo, 5 de febrero de 2017

Echenique acusa a Errejón de mentir sobre sus intenciones de tumbar a Pablo Iglesias



"Votar al equipo de Íñigo y a sus documentos (algo muy respetable y muy legítimo) significa apostar por que Pablo deje de liderar Podemos", ha asegurado
"Sé que suena duro y sé que me expongo a salir magullado, pero no puedo quedarme callado ante algo tan obvio"

eldiario.es

El secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, se ha sumado a la cadena de críticas que se han dirigido contra Iñigo Errejón en el día en el que las dos partes en conflicto presentaban sus listas para dirigir Podemos.

Que Errejón se hiciese acompañar en su presentación por una imagen de cartón en la que salía Pablo Iglesias ha desatado las iras en el seno de la organización. En ese trozo de papel han parecido encontrar los seguidores de Iglesias la metáfora de lo que Errejón reserva para su líder: convertirlo en una figura decorativa y sin poder real.

Echenique ha decidido no guardar las distancias y ha recriminado que Íñigo Errejón arrancase su campaña sugiriendo que Pablo Iglesias siga liderando Podemos "con el equipo y el proyecto de una candidatura que no es la suya": "Creo que no está bien engañar a los inscritos, me veo en la obligación de decir aquí hoy que lo que ha planteado Íñigo Errejón en el pistoletazo de salida de su campaña es mentira".

A través de un comunicado hecho público en Facebook, Echenique ha asegurado que "es sencillamente falso" que sea posible un resultado en el que Pablo Iglesias siga liderando Podemos con el equipo y el proyecto de otro. "Este resultado es imposible y todo el mundo lo sabe (incluido Íñigo y su equipo) porque Pablo lo ha dicho y lo ha explicado en decenas de ocasiones".

"Sé que suena duro y sé que me expongo a salir magullado, pero no puedo quedarme callado ante algo tan obvio", ha dicho. "Por eso me ha sorprendido mucho que la candidatura de Recuperar la Ilusión arrancase vendiendo como su objetivo en la Asamblea Ciudadana algo que no va a ocurrir".

"Votar al equipo de Íñigo y a sus documentos (algo muy respetable y muy legítimo) significa apostar por que Pablo deje de liderar Podemos… y da igual si lo hemos votado como Secretario General. El resultado es el mismo: Pablo daría un paso atrás porque no tiene ninguna lógica tener a un Secretario General de cartón".

Fuente: eldiario.es

sábado, 4 de febrero de 2017

Las sonrisas de la señora May





por Thierry Meyssan

En momentos en que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca abre una nueva etapa en las relaciones internacionales, cada Estado va tratando de reposicionarse. El gobierno británico, después del referéndum que lo obliga a salir de la Unión Europea, trata de conciliar los intereses de su clase dirigente con los del pueblo. Con ese objetivo, la primera ministro Theresa May está explorando opciones contradictorias.
Las cosas nunca son sencillas. El cambio de administración en Washington debería llevar a la erradicación de la Hermandad Musulmana y del conjunto de grupos yihadistas nacidos de esa cofradía. En sólo una semana, el nuevo presidente de Estados Unidos publicó un Memorándum sobre la manera de combatir realmente contra el Emirato Islámico (Daesh) [1]. Sin embargo, los aliados de Estados Unidos no parecen dispuestos a someterse tan fácilmente a ese giro de 180 grados en relación con una política de la que ya han aprendido a sacar ventajas.

El Reino Unido se plantea en este momento diferentes opciones que se le abren con el Brexit: acercarse a la potencia económica en ascenso, que es China, o apostar nuevamente por la alianza anglosajona y conformar un directorio mundial con Estados Unidos. El problema es, por un lado, que los chinos conservan un desastroso recuerdo de la colonización británica y que están mostrando a Hong Kong que no tienen ninguna intención de ir más allá con el acuerdo conocido como «Un país, dos sistemas» mientras que, por otro lado, los estadounidenses quieren reemplazar el imperialismo militar por un renacimiento comercial.

Dado el hecho que Donald Trump no quiso por el momento viajar a Londres, fue la primera ministro Theresa May quien se apresuró a cruzar el Atlántico. En un sorprendente discurso pronunciado ante los congresistas republicanos en Filadelfia, la señora May recordó la historia común que comparten su país y Estados Unidos y la influencia internacional del Commonwealth, para concluir anunciando que está dispuesta a establecer con el presidente Donald Trump una relación similar a la que existió entre Ronald Reagan y Margareth Thatcher, tándem que dominó el mundo occidental en los años 1980.

Durante su encuentro con el presidente Trump, la primera ministra británica fue toda sonrisas. Se felicitó por el acuerdo comercial bilateral que anunció Trump, aunque ese acuerdo no podrá entrar en vigor hasta que el Reino Unido haya salido efectivamente de la Unión Europea, lo cual no ocurrirá antes de uno o 2 años.

Como no está segura de haber sido lo suficientemente convincente, la señora May viajó después a Turquía. Durante su encuentro con el presidente Recep Tayyip Erdogan, la primera ministro británica anunció –por supuesto– un desarrollo del comercio bilateral. Pero, no era ese el verdadero objeto de su visita. Las conversaciones con Erdogan estuvieron dedicadas principalmente a buscar la manera de que Londres y Ankara puedan aprovecharse juntos de la Unión Europea, desde afuera.

Pero lo primero que hizo la jefe del gobierno británico fue felicitar al dictador por haber defendido de manera brillante la democracia durante el abominable intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016, que en realidad fue un intento de asesinato orquestado por la CIA contra Erdogan. Ya en julio, el embajador británico en Turquía fue el primero en cambiar de casaca y celebrar la victoria del «Estado de derecho».

La idea más reciente del Foreign Office consiste en “resolver” el conflicto chipriota otorgando derechos económicos especiales a Turquía. Ankara podría así gozar de las ventajas del mercado común europeo sin ser miembro de la Unión. Esa jugada también permitiría a Londres utilizar ese privilegio para seguir comerciando con la Unión más allá del Brexit. La idea es ciertamente una muestra de astucia, pero no de buena fe, ni tampoco inspira la confianza que la propia señora May exige a Bruselas para negociar el Brexit.

Theresa May expresó inquietud ante el acercamiento entre Turquía y Rusia, surgido a pesar del antagonismo secular existente entre ambas partes. Como la señora May ha entendido que las negociaciones de Astaná no tienen como objetivo conciliar puntos de vista entre los sirios sino permitir a Turquía dar un primer paso hacia Damasco, lo que hizo fue tratar de crear problemas en el seno de la naciente alianza. Desde su punto de vista, el problema no es que Erdogan esté preparándose para abrazar al presidente Assad –después de haberlo combatido durante largo tiempo– sino que lo haga bajo los auspicios del gran rival ruso del Reino Unido.

En cuanto a Siria, Londres podría ayudar en la lucha contra los kurdos si Ankara le entregara el control de los yihadistas –una propuesta que contradice totalmente la que hizo a los estadounidenses. Pero eso no importa, históricamente la «pérfida Albión» siempre ha tenido la costumbre de decir cosas muy diferentes a sus distintos interlocutores para ver con el tiempo lo que funciona y lo que no.

Thierry Meyssan
[1] «Donald Trump disuelve la organización del imperialismo estadounidense», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 30 de enero de 2017.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).



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Fuente : «Las sonrisas de la señora May», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 31 de enero de 2017, www.voltairenet.org/article195151.html

El problema del pasado es no pasar: a cien años de la Revolución rusa



Boaventura de Sousa Santos

(*) Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Este año se conmemora el centenario de la Revolución rusa [1] y también los 150 años de la publicación del primer volumen de El capital de Karl Marx. Juntar ambas efemérides puede parecer extraño porque Marx nunca escribió con detalle sobre la revolución y la sociedad comunista y, de haberlo hecho, resulta inimaginable que lo que escribiese tuviera cierto parecido con lo que fue la Unión Soviética (URSS), sobre todo después de que Stalin asumiera la dirección del partido y del Estado. La verdad es que muchos de los debates que la obra de Marx suscitó durante el siglo XX, fuera de la URSS, fueron una forma indirecta de discutir los méritos y deméritos de la Revolución rusa.

Ahora que las revoluciones hechas en nombre del marxismo terminaron o evolucionaron hacia… el capitalismo, tal vez Marx (y el marxismo) tenga por fin la oportunidad de ser discutido como merece –como teoría social. La verdad es que el libro de Marx, que tardó cinco años en vender los primeros mil ejemplares antes de convertirse en uno de los libros más influyentes del siglo XX, ha vuelto a convertirse en un bestseller en los últimos tiempos y, dos décadas después de la caída del Muro de Berlín, al fin estaba siendo leído en países que habían formado parte de la URSS. ¿Qué atracción puede suscitar un libro tan denso? ¿Qué reclamo puede tener en un momento en que tanto la opinión pública como la abrumadora mayoría de los intelectuales están convencidos de que el capitalismo no tiene fin y que, en caso de tenerlo, ciertamente no será sucedido por el socialismo? Hace veintitrés años publiqué un texto sobre el marxismo como teoría social [2]. En una próxima columna indicaré lo que, en mi opinión, ha cambiado y no ha cambiado desde entonces, y trataré de responder a estas preguntas. Ahora me ocupo del significado de la Revolución rusa.

Muy probablemente, los debates que a lo largo de este año se lleven a cabo sobre la Revolución rusa repetirán todo lo que ya se ha dicho y debatido y terminarán con la misma sensación de que es imposible un consenso sobre si la Revolución rusa fue un éxito o un fracaso. A primera vista, resulta extraño, pues tanto si se considera que la Revolución rusa terminó con la llegada de Stalin al poder (la posición de Trotsky, uno de los líderes de la revolución) como con el golpe de Estado de Boris Yeltsin en 1993, parece evidente que fracasó. Sin embargo, esto no es evidente, y la razón no está en la evaluación del pasado, sino en la evaluación de nuestro presente. El triunfo de la Revolución rusa consiste en haber planteado todos los problemas a los que las sociedades capitalistas se enfrentan hoy. Su fracaso radica en no haber resuelto ninguno Excepto uno. En futuras columnas abordaré algunos de los problemas que la Revolución rusa no resolvió y siguen reclamando nuestra atención. Aquí me concentro en el único problema que resolvió.

¿Puede el capitalismo promover el bienestar de las grandes mayorías sin que esté en el terreno de la lucha social una alternativa creíble e inequívoca al capitalismo? Este fue el problema de que la Revolución rusa resolvió, y la respuesta es no. La Revolución rusa mostró a las clases trabajadoras de todo el mundo, y muy especialmente a las europeas, que el capitalismo no era una fatalidad, que había una alternativa a la miseria, a la inseguridad del desempleo inminente, a le prepotencia de los patrones, a los gobiernos que servían a los intereses de las minorías poderosas, incluso cuando decían lo contrario. Pero la Revolución rusa ocurrió en uno de los países más atrasados de Europa y Lenin era plenamente consciente de que el éxito de la revolución socialista mundial y de la propia Revolución rusa dependía de su extensión a los países más desarrollados, con sólida base industrial y amplias clases trabajadoras. En aquel momento, ese país era Alemania. El fracaso de la Revolución alemana de 1918-1919 hizo que el movimiento obrero se dividiera y buena parte de él pasase a defender que era posible alcanzar los mismos objetivos por vías diferentes a las seguidas por los trabajadores rusos. Pero la idea de la posibilidad de una sociedad alternativa a la sociedad capitalista se mantuvo intacta. Se consolidó, así, lo que se pasó a llamarse reformismo, el camino gradual y democrático hacia una sociedad socialista que combinase las conquistas sociales de la Revolución rusa con las conquistas políticas y democráticas de los países occidentales. En la posguerra, el reformismo dio origen a la socialdemocracia europea, un sistema político que combinaba altos niveles de productividad con altos niveles de protección social. Fue entonces que las clases trabajadoras pudieron, por primera vez en la historia, planear su vida y el futuro de sus hijos. Educación, salud y seguridad social públicas, entre muchos otros derechos sociales y laborales. Quedó claro que la socialdemocracia nunca caminaría hacia una sociedad socialista, pero parecía garantizar el fin irreversible del capitalismo salvaje y su sustitución por un capitalismo de rostro humano.

Entretanto, del otro lado de la “cortina de hierro”, la República Soviética (URSS), pese al terror de Stalin, o precisamente por su causa, revelaba una pujanza industrial portentosa que transformó en pocas décadas una de las regiones más atrasadas de Europa en una potencia industrial que rivalizaba con el capitalismo occidental y, muy especialmente, con Estados Unidos, el país que emergió de la Segunda Guerra Mundial como el más poderoso del mundo. Esta rivalidad se tradujo en la Guerra Fría, que dominó la política internacional en las siguientes décadas. Fue ella la que determinó el perdón, en 1953, de buena parte de la inmensa deuda de Alemania occidental contraída en las dos guerras que infligió a Europa y que perdió.

Era necesario conceder al capitalismo alemán occidental condiciones para rivalizar con el desarrollo de Alemania oriental, por entonces la república soviética más desarrollada. Las divisiones entre los partidos que se reclamaban defensores de los intereses de los trabajadores (los partidos socialistas o socialdemócratas y los partidos comunistas) fueron parte importante de la Guerra Fría, con los socialistas atacando a los comunistas por ser conniventes con los crímenes de Stalin y defender la dictadura soviética, y con los comunistas atacando a los socialistas por haber traicionado la causa socialista y ser partidos de derecha muchas veces al servicio del imperialismo norteamericano. Poco podían imaginar en ese momento lo mucho que los unía.

Mientras tanto, el Muro de Berlín cayó en 1989 y poco después colapsó la URSS. Era el fin del socialismo, el fin de una alternativa clara al capitalismo, celebrado de manera incondicional y desprevenida por todos los demócratas del mundo. Al mismo tiempo, para sorpresa de muchos, se consolidaba globalmente la versión más antisocial del capitalismo del siglo XX, el neoliberalismo, progresivamente articulado (sobre todo a partir de la presidencia de Bill Clinton) con la dimensión más depredadora de la acumulación capitalista: el capital financiero. Se intensificaba, así, la guerra contra los derechos económicos y sociales, los incrementos de productividad se desligaban de las mejoras salariales, el desempleo retornaba como el fantasma de siempre, la concentración de la riqueza aumentaba exponencialmente. Era la guerra contra la socialdemocracia, que en Europa pasó a ser liderada por la Comisión Europea, bajo el liderazgo de Durão Barroso, y por el Banco Central Europeo.

Los últimos años mostraron que, con la caída del Muro de Berlín, no colapsó solamente el socialismo, sino también la socialdemocracia. Quedó claro que las conquistas de las clases trabajadoras en las décadas anteriores habían sido posibles porque la URSS y la alternativa al capitalismo existían. Constituían una profunda amenaza al capitalismo y este, por instinto de sobrevivencia, hizo las concesiones necesarias (tributación, regulación social) para poder garantizar su reproducción. Cuando la alternativa colapsó y, con ella, la amenaza, el capitalismo dejó de temer enemigos y volvió a su voracidad depredadora, concentradora de riqueza, rehén  de su contradictoria pulsión para, en momentos sucesivos, crear inmensa riqueza y luego después destruir inmensa riqueza, especialmente humana.

Desde la caída del Muro de Berlín estamos en un tiempo que tiene algunas semejanzas con el periodo de la Santa Alianza que, a partir de 1815 y tras la derrota de Napoleón, pretendió barrer de la imaginación de los europeos todas las conquistas de la Revolución francesa. No por coincidencia, y salvadas las debidas proporciones (las conquistas de las clases trabajadoras que todavía no fue posible eliminar por vía democrática), la acumulación capitalista asume hoy una agresividad que recuerda al periodo pre-Revolución rusa. Y todo lleva a creer que, mientras no surja una alternativa creíble al capitalismo, la situación de los trabajadores, de los pobres, de los emigrantes, de los jubilados, de las clases medias siempre al borde de la caída abrupta en la pobreza no mejorará de manera significativa. Obviamente que la alternativa no será (no sería bueno que fuese) del tipo de la creada por la Revolución rusa. Pero tendrá que ser una alternativa clara. Mostrar esto fue el gran mérito de la Revolución rusa.

Notas

[1] Cuando me refiero a la Revolución rusa, me refiero exclusivamente a la Revolución de Octubre, ya que fue la que sacudió el mundo y condicionó la vida de cerca de un tercio de la población mundial en las décadas siguientes. Fue precedida por la Revolución de Febrero de ese mismo año, que depuso al zar Nicolás II y se prolongó hasta el 26 de octubre (según el calendario juliano entonces vigente en Rusia) cuando los bolcheviques, liderados por Lenin y Trotsky, tomaron el poder con las consignas “Paz, pan y tierra” y “¡todo el poder para los soviets!”, es decir, los consejos de obreros, campesinos y soldados.

[2] Véase el capítulo “Todo lo sólido se desvanece en el aire. ¿También el marxismo?”, en De la mano de Alicia: lo social y lo político en la postmodernidad, Siglo del Hombre, Colombia, 1998, págs. 21-53.
Fuente: Público.es

jueves, 2 de febrero de 2017

Adiós, Unión Europea



Rafael Poch
La Vanguardia


Las condiciones de un proceso aparentemente irreversible de autodestrucción (*)

TIEMPOS DE CAMBIO Y DESORDEN

El mundo se encuentra en una fase de cambio y gran desorden. El modelo del capitalismo neoliberal y la receta del hegemonismo en relaciones internacionales no funcionan desde hace tiempo, pero su inercia sigue siendo fuerte y nos lleva contra las rocas.

Este año hemos tenido tres cambios principales que marcarán tendencia;

1-La derrota occidental en Siria (que refleja las tensiones del paso del desorden hegemónico monopolar a las del mundo multipolar).2-El cambio de orientación en Estados Unidos, con la sugerencia de cambiar el “América World” por el “América First” de Trump, lo que abre la puerta a peleas internas en la primera potencia mundial y a toda una serie de otros “first´s” en el mundo; “China first”, “EU first”, etc.y 3-La desaparición de todo proyecto común en Europa, fracaso que induce a buscar enemigos (Rusia) y a incrementar la militarización de la “Europa de la defensa”. (1)

Todo esto es mucho para un solo año y explica con creces el vértigo que hay en el ambiente.

SIN PRECEDENTES E IRRESOLUBLE

La crisis de la Unión Europea está inserta en ese desorden más general y ha derivado en lo que da la impresión que es un dilema irresoluble:

“Si la UE quiere atajar lo que la destruye (es decir los referéndums crispados y el progreso de la extrema derecha antiliberal), debería negarse a sí misma. Si por el contrario prefiere no hacer nada y quedarse como está, entonces parece condenada a continuar alimentando lo que la destruye”. La cita es de Fréderic Lordon, el autor que mejor ha retratado la situación en el debate francés. (2)

La Unión Europea ha perdido el grueso de sus ilusiones y mitos fundadores. La crisis financiera de 2007/2008 ha demostrado que no es un club democrático de iguales, sino una construcción oligárquica y antidemocrática. Su diseño de los últimos treinta años bajo ese sello, los defectos de nacimiento del euro y la nacionalización de las pérdidas bancarias a costa de las clases medias y bajas, se han derrumbado sobre la promesa de prosperidad y justicia que estaba en la base del discurso europeísta y su narrativa narcisista.(3)

El desencanto es patente, especialmente en la Europa del Sur, antigua receptora de fondos de cohesión, pero también, y seguramente aún más, en el Este, cuya integración en la UE ha sido un fracaso en términos económicos y políticos.

En el Sur, la Europa de los fondos de cohesión, la modernidad y las “infraestructuras” ha dado paso a la Europa del recorte en su más dura modalidad.

En la Europa del Este después de 27 años de vida europea (más de la mitad del tiempo pasado bajo el yugo soviético) la evidente ganancia en oxígeno que la sociedad obtuvo al salir de las dictaduras sociales ha quedado deslucida por el regreso del ex bloque al estatuto de periferia subordinada y dependiente que tenía en el periodo de entreguerras: reserva de mano de obra barata y completa dependencia financiera e industrial. No hay atisbo de convergencia económica y social niveladora hacia Europa Occidental, y, a diferencia del Sur, tampoco de fondos de cohesión. (4)

En el Norte hay un hartazgo y una clara animosidad hacia los manirrotos del Sur: “Venderos vuestras islas”, dice el Bild alemán, mientras se compra a precio de saldo los aeropuertos griegos más jugosos obligados a privatizarse.

Todo esto guarda, desde luego, una relación directa con la incompatibilidad general de la lógica de mercado con la nivelación social y territorial -el sistema capitalista es intrínsecamente desigual- pero en el caso del particular sistema UE se parte de una contradicción esencial: la democracia y la soberanía popular residen en los estados nacionales, pero en la UE casi todo lo que cuenta queda fuera de ese marco:

-Los bancos centrales son “independientes”, la moneda común impide ajustes y devaluaciones, los ministerios de economía son meros ejecutores de directivas decididas en la UE, la OMC, el FMI…

-El derecho europeo tiene mayor rango que el nacional, pese a carecer de un fundamento democrático: es legal, pero no legítimo.

-Y la política exterior y de defensa viene encuadrada por una estrategia (americana) organizada a través de la OTAN que es no solo exterior a la nación, sino a la propia UE.

¿Qué le queda a la soberanía popular, al sujeto que vota en unas elecciones nacionales? Muy poco. Y encima, esa desposesión ha sido santuarizada, blindada en normas y tratados para hacerla irreversible.

El maltrato de Grecia, castigada su sociedad con un programa de austeridad aún más estricto por haber rechazado el anterior en referéndum, ha ofrecido el último ejemplo de desprecio de la voluntad popular. El Brexit ha demostrado la estricta jerarquía y desigualdad en el trato, porque la voluntad popular expresada por el referéndum británico (mucho más ajustada que la griega), sí ha sido reconocida, aunque con mal humor.

“No puede haber opción democrática contra los tratados europeos”, ha dicho Jean-Claude Juncker. (5)

¿Qué clase de club es ese del que no se puede salir, ni plantear reforma de sus estatutos, sin provocar convulsiones y amenazas? Manifiestamente no solo un club defectuoso en su diseño, sino también autoritario. Esta historia del desprecio de los referéndums ya tiene 24 años y 9 consultas a su cuenta. (6)

BALCANIZACIÓN

Es la hora de la balcanización. Por doquier se asiste a una desintegradora fragmentación. El Brexit (UK first) ha sido un adelanto del contagioso “America First” de Donald Trump, pero el proceso ya tenía su propia dinámica interna no solo en las naciones de la UE -e incluso dentro de sus estados en algunos casos- sino en sus conglomerados y clubs informales.

Los países del Sur celebran tímidas cumbres en las que sus timoratos dirigentes, de momento, ponen en común su impotencia. En el Este, se incrementa la concertación de clubs como el de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia). En el Norte, con centro en Berlín -sin duda el club más relevante y discreto- se hacen números alrededor de la idea de una Kerneuropa, la Europa matriz luterana y virtuosa, separada del lastre. Los números no salen y la conclusión sigue siendo la misma que la señalada en 2012 por los documentos internos del Ministerio de Finanzas alemán: de momento no conviene. De todos los “first” europeos, el “Kerneuropa first” de Alemania y sus compañeros de fe en la “regla de oro” y el principio, “por la exportación hacia Dios-crecimiento”, es seguramente el más relevante…

Si la tesis del dilema irresoluble es correcta, el vector de esta balcanización es inequívoco: la desmembración es solo cuestión de tiempo.

SEGURIDAD: INTEGRAR O EXCLUIR

En materia de seguridad y relaciones internacionales, la situación es obvia: cuando hay que inventar algo nuevo y consensuado entre los actores de la multipolaridad para afrontar los retos del siglo (actuar contra el calentamiento global, paliar la desigualdad y afrontar el desarme de la cada vez más generalizada capacidad de destrucción masiva), en Occidente constatamos la persistencia de toda una generación política (y la red de expertos a su servicio) formada en el viejo hegemonismo y sin experiencia ni recuerdo ya de la misma esencia de la acción diplomática y el multilateralismo.

Tras setenta años de holgado dominio, Estados Unidos está muy mal preparado para ese cambio de actitud exigido por la realidad del mundo multipolar. Enfrentándose a Rusia en Occidente y a China en Oriente, ha suscitado el acercamiento entre esos dos países, que no desean un regreso a la lógica de bloques pero que al mismo tiempo ya se declaran dispuestos a oponerse militarmente al cerco en sus fronteras más inmediatas (Ucrania/Mar de China meridional). Se constata la fuerza inercial de toda esa gente (en la política, los think tanks y los medios de comunicación) aferrada a la política del castigo militar, de las sanciones, del desprecio al derecho internacional y a la invocación fraudulenta -por selectiva y tramposa- de los derechos humanos como argumento de injerencia y guerras. (7)

Varios estados han sido ya disueltos y sustituidos por agujeros negros, mayormente en operaciones occidentales de cambio de régimen en Oriente Medio, con el resultado de centenares de miles de muertos. (8)

En Europa esa misma tendencia contribuyó a exacerbar los dramas de la desmembración yugoslava y la proliferación de conflictos y tensiones militares en el continente: Croacia, Bosnia, Serbia, Kosovo, Macedonia, Transnistria, Abjasia, Osetia y Donbas.

En el contexto de grave crisis interna en la UE, cuando hay una urgente necesidad de encontrar “explicaciones” a todo ello, es extremadamente peligrosa la búsqueda de enemigos practicada desde Bruselas, con Rusia en el punto de mira. (9)

Es necesario hacer memoria y recordar la alternativa integrar/excluir de la historia europea.

Tras las guerras napoleónicas los vencedores implicaron a la vencida Francia en la toma de decisiones, lo que abrió una larga etapa de paz y estabilidad continental. El ejemplo contrario es lo que se hizo con la Alemania posguillermina tras la primera guerra mundial y también con la Rusia bolchevique tras la Revolución de 1917. En ambos casos, las políticas de exclusión -y de tremendo intervencionismo militar en la guerra civil rusa- tuvieron consecuencias nefastas para lo que luego fue el nazismo y el estalinismo.

Lo que hemos visto hacia Rusia en Europa desde el fin de la guerra fría es una nueva advertencia sobre los peligros de excluir a una gran potencia de la toma de decisiones y tratarla a base de imposiciones y sanciones.

La integración del ex bloque del Este se hizo de una forma fraudulenta. Desde la agenda oculta del expansionismo de la OTAN, traicionando los acuerdos tácitos alcanzados con Moscú a cambio de su retirada imperial, se ofreció a esos países el ingreso en un bloque militar antiruso como antesala del ingreso en la UE. (10)

Durante treinta años, ese proceso de meterle el dedo en el ojo al oso ruso ha creado tensiones artificiales que se han ido acumulando. Cuando esas tensiones han estallado militarmente, la reacción instintiva del oso, se ha denunciado como muestra de la agresividad de Rusia, de la maldad de su dirigente (un nacionalista de derechas, popular en su país por haberlo estabilizado, sin que haya repartido renta petrolera ni revisado la criminal privatización de los noventa) o de su mítica voluntad de “reconstruir la URSS”. La denunciada “agresividad” rusa, en realidad un reflejo defensivo largamente anunciado e ignorado, ha sido una profecía inducida y autocumplida. (11)

Para remediar eso es imprescindible que Europa ejerza la independencia estratégica y se organice un sistema de seguridad continental, libre de la lógica de bloques y en el que la seguridad de unos no se construya a costa de la seguridad de otros. Es decir: precisamente aplicar la intención que se firmó en noviembre de 1990 con la Carta de París para una nueva Europa de la OSCE.

Para llegar a algo así es imperativo disolver la OTAN como bloque militar. Pero, ¿qué político del establishment europeo actual asumiría hoy esa causa en las inestables condiciones actuales, cuando el propio mando de la OTAN se dedica a sembrar esa inestabilidad promocionando la tensión con Rusia para justificar su existencia?

Los dos políticos que en Alemania y en Francia hablan de ello y claman contra el vector de la guerra -Oskar Lafontaine y Jean-Luc Mélenchon- tienen una intención de voto de entre el 10% y el 15%… Así que veo una gran necesidad y una escasa posibilidad.

Pero imaginemos que la UE llega a ser un polo autónomo y soberano en el mundo con la gran potencia e influencia mundial que se deduce de sus parámetros fundamentales de población, PNB y potencia cultural y militar. La pregunta que se impone es, ¿todo eso para hacer qué? ¿Para contribuir a qué mundo? Continuar haciendo soberanamente lo que se ha venido haciendo hasta ahora en calidad de “ayudante del sheriff” significa contribuir de una forma más efectiva y autónoma al desastre, a la perspectiva de los imperios combatientes. Tener por ejemplo un ejército europeo integrado para poder hacer la guerra en Siria, en Libia, en Ucrania, etc.

Mi conclusión es que si Europa resultara incapaz de elaborar un proyecto de acción exterior en sintonía con los retos del siglo, hay que decirlo con claridad: es mejor que no exista como gran potencia, que sea un conglomerado lo más débil posible para reducir su capacidad de hacer daño.

EL EJE FRANCO-ALEMÁN NO EXISTE

Durante muchos años una Alemania que veía en Europa la única posibilidad de recuperar su soberanía y una Francia que temía dejarla sola, formaron el gran eje básico de interés común de la Unión Europea. En aquella época fundacional, en ambos países la derecha defendía políticas económicas y sociales que hoy serían consideradas de “izquierda radical”.

En Francia la inspiración social del gaullismo era el programa del Consejo Nacional de la Resistencia de marzo de 1944. En Alemania la Economía social de mercado era la doctrina de la coalición de cristianos y ex nazis de la CDU con la que se conjuraba a la alternativa de la otra Alemania, la RDA, con su mezcla de socialismo y dictadura que ponía la asistencia y nivelación social en el centro de su proyecto.

Esa base histórica del eje ya no corresponde al mundo de hoy.

Desde que Alemania recuperó su plena soberanía con la reunificación nacional de 1990 y la anexión de la RDA por la RFA, su visión de la UE cambió. Europa ya no era la solución al handicap heredado del desastre nazi, sino el primer espacio sobre el que proyectar su soberanía dominadora.

Desapareció la generación política de los que vivieron la guerra; los Brandt, Kohl y Schmidt.

Se inició la rehabilitación del nacionalismo alemán en unos términos completamente nuevos e impensables en la fase anterior (12)

Y el marco general de este cambio en la relación franco-germana no es una “economía social de mercado” / Consejo nacional de la resistencia con el telón de fondo del miedo al “comunismo”, sino la doctrina neoliberal, es decir: la demolición programada y sostenida de las conquistas sociales vigentes desde la posguerra.

En ese contexto de subidón nacionalista y costeando con dos billones de euros la anexión de la RDA, Alemania impuso al resto del club europeo su estrategia nacional exportadora, desprovista de todo deseo de subvencionar a socios. Vía dumping salarial, todo lo alemán se hizo más competitivo frente a (y a costa de) sus socios. El dinero que generó su excedente comercial se invirtió. En los noventa invertir era, en gran parte, financiar burbujas inmobiliarias que encontraban el terreno mejor abonado en países con gran corrupción y pésimo gobierno como España.

Cuando eso explotó poniendo en peligro a los fondos de pensiones alemanes y a los bancos, los políticos germanos hicieron ver que ellos no tenían nada que ver con el asunto, que todo era culpa de una serie de manirrotos “Pigs” meridionales faltos de reformas. Es decir: ofrecieron una explicación nacional en línea con la ortodoxia neoliberal a un problema sistémico internacional.

La canciller que gobernó todo eso con torpeza, Angela Merkel, ha dañado seriamente los tres pilares que rehabilitaron a la política alemana después de la Segunda Guerra Mundial: el Estado social, la integración de la Unión Europea y la política de distensión hacia Rusia conocida como Ostpolitik. Que a pesar de ello Merkel pase por ser la gran líder continental resume muy bien la situación en la UE, pero sobre todo demuestra que nos encontramos ante otra Alemania. (13)

¿Qué pasa con Francia? En 1983 Mitterrand renunció a la política del programa común de la izquierda con el que había ganado las elecciones de 1981, un programa nacional de transformación, para abrazar la línea europeísta neoliberal arriba descrita. A diferencia de Alemania, Francia no tenía ninguna estrategia económica nacional propia. La moneda común fue saludada por Mitterrand como mecanismo para evitar sorpresas alemanas pero se volvió contra Francia. Todo el terreno ganado por la exportación alemana en el último periodo corresponde, aproximadamente, a lo perdido por los socios europeos, con Francia en primer lugar.

Los políticos franceses se han convertido en subalternos de la línea alemana. El periodista Romaric Gordin describe la situación como, “una especie de Vichy postmoderno”. “En Europa, Francia solo sirve como el socio colaboracionista de Alemania”, dice. Bajo esa colaboración la vida social francesa y la convivencia interna se han degradado.

Curiosamente, en Francia no se conoce muy bien Alemania. Es un país asociado a malas experiencias históricas que nunca ha interesado demasiado. Pese a que el sistema educativo promociona intensamente la enseñanza del alemán, significativamente se estudia mucho más el español (a razón de 4 millones de alumnos contra medio millón). Sobre ese desconocimiento y desinterés, se ha impuesto, con la ayuda de los medios de comunicación, cierta leyenda acomplejada de que en Alemania todo va bien, incluso mucho mejor que en Francia. En ese contexto se ha ido abriendo paso, sordamente, a nivel popular, no en las élites, la idea de que en el actual matrimonio, Alemania es el macho y Francia la mujer maltratada. Cobra fuerza la idea de que ya no estamos ante un matrimonio en crisis, sino ante un caso de violencia de género. ¿Tiene eso solución?

MÁS EUROPA O DECONSTRUCCIÓN ORDENADA

Mi impresión es que Fréderic Lordon tiene razón cuando habla de una situación cerrada en la que eliminar lo que está destruyendo al sistema de la Unión Europea pasaría por negar el propio sistema.

La reflexión puede aplicarse a Alemania: no será capaz de hacer marcha atrás sin que su clase política, sus medios de comunicación, todo su establishment se nieguen a sí mismos diciendo: “lo que hemos hecho hasta ahora es un error garrafal”.

¿Es imaginable que Francia sea capaz de convencer a Alemania de que renuncie a la europeización de su estrategia económica nacional por ejemplo desmontando el euro y regresando al Sistema Monetario Europeo, SME (como propone Oskar Lafontaine), la regla de oro de los déficits presupuestarios o el estatuto del BCE? Me parece que no, así que estamos ante algo parecido a un proceso irreversible de autodestrucción.

En Francia da la sensación de que cada vez más gente piensa, a izquierda y a derecha, que la única forma de cambiar Europa es empezar por cambiar Francia. Es lógico teniendo en cuenta la ausencia de un “demos” europeo, sujeto de la soberanía, y la fuerza de la tradición social francesa. Sin esperar una coordinación automática entre países, ese regreso a los estados nacionales, es decir al marco de la soberanía popular, es lo que a largo plazo podría redundar en una redefinición del proyecto europeo. El problema es que, hoy por hoy, ese regreso al estado nacional lo está capitalizando la extrema derecha. Incluido en Francia.

Me parece que uno de los escenarios que tiene más futuro en la Europa de hoy (“presente” si se atiende a lo que los tories están haciendo en el Reino Unido) es el de la “lepenización de Goldman-Sachs”: una síntesis y entendimiento entre la extrema derecha y el establishment neoliberal.

Pero, aunque la extrema derecha esté capitalizando ese regreso al estado nacional, eso no quiere decir que una solución decente a la crisis europea (es decir social, ecologista e internacionalista y en línea con los retos del siglo) no pase por ese vector de regreso. Los pasos atrás, lo que Lordon define como un proceso ordenado de deconstrucción de la Unión Europea, serán una solución más efectiva para salir del atolladero que el más Europa y más federalismo autoritario cuyo último recurso es el vector de guerra que supone la “Europa de la defensa”.

Por doquier se responde a la idea de ese regreso a los estados nacionales con el anatema: “aislamiento”, “repliegue”, “nacionalismo excluyente”, “fascismo”, pero las naciones de Europa vivieron en paz y crearon cosas como Airbus y el programa Erasmus durante muchos años sin moneda única y sin el corsé de los actuales tratados. Algunos de los países europeos más prósperos (Islandia, Noruega o Suiza) ni siquiera son miembros de la UE. Muchos más no participan en el euro, sin que ello los convierta en algo remotamente parecido a marginados de la globalización. Así que, si se quiere poner en el centro del proyecto europeo otras cosas diferentes a la libre circulación de mercancías/ capitales y a los beneficios oligárquicos que lo ha dominado y arruinado todo en los últimas décadas, cierta desintegración me parece ineludible.

Para remediar la situación el primer paso es desacralizar la Unión Europea, bajarla del altar y colocarla al alcance de una crítica realista.

MUERTOS VIVIENTES, LA SOCIEDAD DE NACIONES

¿Qué puede ocurrir en defecto de esta deconstrucción ordenada que permita reformular el proyecto Europa a largo plazo? Continuará lo que tenemos ahora: el derrumbe paulatino de la actual UE.

En ese escenario la UE se convertiría en una especie de muerto viviente cada vez más irrelevante a todos los efectos. Podría ser un poco como la Sociedad de Naciones, antecesora de la ONU. ¿Recuerdan? Aquello también nació de un buen propósito, en 1919, para imponer la paz entre europeos y acabó siendo un instrumento de los intereses de los imperios coloniales occidentales.

La Sociedad de Naciones fue completamente inoperante en la génesis de la Segunda Guerra Mundial, el rearme alemán y la invasión japonesa de China, y cuando la disolvieron en abril de 1946 sobre el panorama de una Europa y un Japón en ruinas, nadie la echó a faltar porque hacía tiempo que había muerto.

(*) Este texto sigue las notas de la conferencia “Crisis del eje franco-alemán, ¿terminal o reconducible?” pronunciada el 26 de enero en el Palau Macaya de Barcelona a invitación del Consell Català del Moviment Europeu.

NOTAS

(1) Ver las previsiones para 2017 del LEAP, raro think tank europeísta independiente que destaca por su crítico realismo. En: GEAB, 111. 15/01/2017.

(2) Para la posición de Lordon, ver aquí y aquí sus dos artículos fundamentales.

(3) Sobre la narrativa narcisista de la UE y su legitimación, contrastada con las realidades de la historia europea, ver: Europa, ¿se hace o deshace?

(4) La evolución de la opinión negativa sobre la UE es reveladora: 71% en Grecia, 61% en Francia (24 puntos más que en 2007), 41% en España (34 puntos más que en 2007) y 39% en Italia (23 puntos más que en 2007). Ver Pew Research Center, junio 2016. Para el fracaso de la integración del ex bloque del Este: Joachim Becker, Europe´s other periphery. NLR, mayo/junio 2016. Eldesencanto que reflejan las encuestas del BERD en el Este es aún más notable: En el grupo de Visegrado, el más exitoso del ex bloque, la valoración de si la vida ha mejorado o no respecto a 1989 divide por la mitad a checos, eslovacos y polacos, mientras que un 80% de húngaros opinan que las cosas han ido a peor. En Rumania algunas encuestas han dado un apoyo de hasta el 80% al estado de cosas bajo el régimen de Ceaucescu, uno de los peores del bloque a finales de los ochenta.

(5) En Le Figaro, 29/01/2015.

(6) He aquí la serie completa (porcentajes sobre participantes):

-1992: el 50,7% de los daneses votan contra el Tratado de Maastricht. Se les hace volver a votar.

-2001: el53,9% de los irlandeses votan contra el Tratado de Niza. Se les hace volver a votar.

-2005: el 55% de los franceses y el 61% de los holandeses rechazan el tratado constitucional europeo. No se les hace volver a votar (demasiado arriesgado) y se incluye la esencia de lo rechazado en el Tratado de Lisboa, dos años después.

-2008: el 53,4% de los irlandeses vuelven a votar contra lo que ahora se llama Tratado de Lisboa.

-2015: Referéndum griego contra la austeridad (61,3%). Se les impone más.

-2016: El 61,1% de los holandeses rechazan el acuerdo de asociación de la UE con Ucrania.

-2016: Brexit (51,9%)

-2016: 59,4% de los italianos rechazan la reforma constitucional.

(7) En Siria hemos vuelto a ver en acción a esa coalición de halcones militaristas, periodistas, y defensores de derechos humanos bien intencionados, pidiendo más guerra.

(8) Este es el somero balance:

-Afganistán: 15 años de guerra (por no hablar de 30, si incluimos a los soviéticos), 230.000 muertos / los talibán siguen fuertes/ catástrofe en seguridad y ausencia de mejoras en las condiciones de vida. Al Qaeda nace allí.

– Irak: 13 años de guerra/un millón de muertos/ partición del país en tres trozos y condiciones de vida peores que con Sadam. El Estado Islámico nace allí.

-Libia: 5 años de caos/ 40.000 muertos/ país partido en tres y condiciones de vida peores que con Gadafi. Ulterior desestabilitación del África subsahariana.

-Siria: 5 años de guerra/ 350.000 muertos/ probable partición en dos o tres trozos/ Situación general mucho peor que antes de la rebelión.

(9) La resolución del Parlamento Europeo del 14 de octubre de 2016, acusando a medios de comunicación rusos de practicar, en una escala mucho menor, hacia la UE (con el objetivo de, “socavar la coherencia de la política exterior de la Unión”), lo mismo que los medios occidentales realizan con Rusia desde siempre, ilustra el naufragio europeo ante unos medios rusos, como el canal RT, que han mejorado su influencia en Occidente, contribuyendo a un pluralismo de propagandas. La resolución coloca la amenaza de la propaganda rusa junto a la del Estado Islámico y es un ataque muy significativo al pluralismo informativo.

(10) Para una crónica de los términos de las negociaciones que pusieron fin a la guerra fría en Europa, ver R. Poch-de-Feliu, La quiebra optimista del orden europeo, en La Gran Transición. Rusia 1985-2002. Barcelona Crítica 2003.

(11) El discurso de Putin ante la Conferencia de Seguridad de Munich del 10 de febrero de 2007, hace diez años, fue la más clara expresión de la posición de Rusia. Para una lectura interna del machismo exterior de Putin y los riesgos del “escenario 1905” para su régimen, ver: Rusia, riesgos y agravios

(12) El secretario general de la CDU, Volker Kauder, puede, por ejemplo, jactarse ahora, de que, “Europa habla alemán” y ser por ello ovacionado en un congreso de su partido. Los Brandt, Kohl y Schmidt, nunca se habrían permitido tal licencia.

(13) Sobre ello véase, Poch-de-Feliu/Ferrero/Negrete: La Quinta Alemania. Un modelo hacia el fracaso europeo. Icaria, Barcelona 2013.

Fuente: http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/2017/02/01/adios-union-europea-42041/

Nadie habla de Quebec

Manifestación en Montreal en favor de las victimas de Quebec



 DAVID TORRE


Han pasado casi dos días desde el atentado en Quebec, donde seis personas murieron tiroreadas en una mezquita y casi diecinueve fueron heridas, y la noticia apenas ha manchado de sangre los medios. No ha abierto telediarios ni portadas de periódico, no ha inquietado a los diarios digitales -incluido éste-, no ha levantado oleadas de indignación ni apasionadas discusiones en las redes sociales. Prácticamente nadie ha colgado la bandera canadiense (la hoja de arce, para mi gusto, la más hermosa y estética de todas las banderas) en su perfil de facebook, quizá porque Canadá pilla un poco lejos, quizá porque las víctimas, además de canadienses, eran musulmanas.

Me imagino la que se habría montado si un lunático hubiera asesinado a balazos a media docena de personas en una iglesia de Nueva York, de Tokio o, por qué no, de Quebec. La ingente cantidad de titulares y de negritas movilizadas si en lugar de haber diezmado una mezquita, el criminal hubiera atacado una sinanoga. No habríamos dejado de oír, y con razón, el viejo mantra, antisemitismo, puesto que no cabría la menor duda de que se trata de un delito de odio contra los judíos. La islamofobia -el odio a los musulmanes- carece todavía del triste prestigio secular que da al antisemitismo el horror de una palabra sagrada. Sin embargo, está claro que hay una única razón por la que el homicida, la cara cubierta con una máscara de esquí, entró en la mezquita del Centro Cultural Islámico de Quebec y empezó a disparar a sangre fría contra la multitud. Y es que eran musulmanes.

Alexandre Bissonnette, un joven de 27 años, fue detenido después de que, según algunos medios locales, llamara a la policía para entregarse. Las autoridades, no obstante, han preferido no dar detalles sobre el sospechoso ni menos aún sobre las motivaciones del atentado, un silencio extendido hasta el punto de que todavía no se ha aclarado si actúo solo o acompañado. En cambio, desde algunos medios alternativos empezaba a filtrarse algo de más información. Un compañero de estudios afirma que Bissonnette es un ferviente derechista, pro-israelí, anti-inmigración y simpatizante de Trump, mientras un testigo afirma que gritó varias veces “Allahu akbar” (Alá es grande) durante el tiroteo. No hace falta indagar mucho en las escasas crónicas que se hicieron eco de la noticia para descubrir que en junio pasado alguien había arrojado al suelo de la misma mezquita una cabeza de cerdo.

Al mismo tiempo que Donald Trump sigue clamando al miedo contra los musulmanes, el primer ministro canadiense Justin Trudeau lanzó un mensaje de paz: “La diversidad es nuestra fuerza y, como canadienses, la tolerancia religiosa es un valor que apreciamos”. A su vez Phillipe Couillard, primer ministro de Quebec declaró después de la masacre: “Quiero decir unas palabras a nuestros compatriotas musulmanes de Quebec. Estamos con vosotros. Estáis en casa. Sois bienvenidos a vuestro hogar. Sois quebequeses”. O mucho me equivoco o el atentado de Quebec, igual que sucedió con la masacre del ultra cristiano Anders Breivik en Noruega, va a contemplarse, como un hecho aislado, el acto criminal de un lunático no motivado tanto por el odio religioso o las ideas xenófobas como por algún tornillo suelto en la cabeza.

Fuente: Público.es

martes, 31 de enero de 2017

Donald Trump disuelve la organización del imperialismo estadounidense

Reunión del Consejo de Seguridad Nacional bajo la presidencia de Barack Obama.

por Thierry Meyssan

Donald Trump acaba de realizar la reforma más importante de las estructuras administrativas de Estados Unidos en los últimos 69 años. Acaba de poner fin al proyecto imperial y está comenzando a rehacer su país, convirtiéndolo en un Estado como los demás.


Modificando el sistema de gobierno establecido en 1947, el presidente Donald Trump publicó un Memorándum sobre la organización del Consejo de Seguridad Nacional y del Consejo de Seguridad de la Patria (Homeland Security) [1].

El principio adoptado en el pasado consistía en manejar la «Seguridad Nacional» bajo la autoridad conjunta de la Casa Blanca, del Estado Mayor Conjunto y de la CIA, que fue creada en aquella época.

Desde 1947 y hasta el 2001, el Consejo de Seguridad Nacional fue el centro del Ejecutivo estadounidense. En su seno, el presidente compartía el poder con el director de la CIA –nombrado por él– y con el jefe del Estado Mayor Conjunto, seleccionado por sus pares de este órgano estrictamente militar. Desde el 11 de septiembre de 2001, el Consejo de Seguridad Nacional se hallaba de facto bajo la supervisión del «Gobierno de Continuidad» de Raven Rock Mountain.

En lo adelante, a raíz de las decisiones de Donald Trump, el jefe del Estado Mayor Conjunto no estará sistemáticamente representado en las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional. Sólo estará presente si el tema a discutir exige su presencia. Además, la CIA pierde el asiento que ocupaba en el Consejo de Seguridad Nacional, donde será eventualmente representadA por el director de la Inteligencia Nacional.

La CIA, que fue hasta ahora el brazo armado del presidente para la realización de las acciones secretas, finalmente se convierte en una agencia de inteligencia en el verdadero sentido de la palabra, o sea en una agencia encargada de estudiar los actores internacionales, de anticipar las acciones de dichos actores y de aconsejar al presidente.

Según un informe de su actividad anual, el Consejo de Seguridad Nacional ordenó en 2015 asesinatos políticos en 135 países.

Durante el periodo de transición y traspaso del poder, el presidente Trump anunció solemnemente que Estados Unidos ya no organizará cambios de régimen, como lo hizo o trató de hacerlo desde 1989 recurriendo a las técnicas de Gene Sharp, el fabricante de «revoluciones de colores».

El presidente Trump asignó además un puesto permanente en el Consejo de Seguridad Nacional a su estratega en jefe, en condiciones de igualdad con su jefe de gabinete.



La ex consejera de seguridad nacional de Barack Obama, Susan Rice, reaccionó duramente ante esos cambios a través de su cuenta de Twitter. La mayoría de los ex directores de la CIA también han saltado a la palestra para protestar.

Thierry Meyssan

[1] “Presidential Memorandum: Organization of the National Security Council and the Homeland Security Council”, por Donald Trump, Voltaire Network, 28 de enero de 2017.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).


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Fuente : «Donald Trump disuelve la organización del imperialismo estadounidense », por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 30 de enero de 2017, www.voltairenet.org/article195138.html

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