viernes, 12 de agosto de 2016

¡Menos población activa! Gran éxito de Rajoy





Fernando Luengo

Profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y coordinador del área de economía del Consejo Ciudadano Autonómico de Podemos Madrid

(https://fernandoluengo.wordpress.com)

Población activa, término que hace referencia a la parte de la sociedad que participa en el mercado de trabajo; esto es, la suma de los empleados más los desempleados. En otras palabras, las personas en edad de trabajar, con edades comprendidas entre 16 y 65 años (todos los gobiernos, también el del Partido Popular (PP) están aumentando este techo con el pretexto de la insostenibildad de las pensiones) que intervienen o quieren intervenir en el proceso de creación de riqueza.

En la frase anterior, aparentemente inofensiva, hay varias cosas que aclarar. Por ejemplo, si el denominado mercado de trabajo es un mercado equiparable a cualquier otro mercado, qué es un empleo o qué entendemos como generación de riqueza. Cuestiones trascendentales que omitiré, para centrarme en la expresión “población activa”. En los resultados presentados  a bombo y platillo por el gobierno del PP se pone el acento en la creación de empleo (ocultando que es de pésima calidad) y la reducción de la tasa de desempleo, omitiéndose que entre 2011 y 2015 se ha reducido en 512 mil personas y que al comparar el segundo trimestre de este año y el correspondiente de 2015 hay 140 mil activos menos. ¿Cómo valorar estos datos?

Invirtiendo  el razonamiento con el que comenzaba el texto, cabe decir que forman parte de la población inactiva todas aquellas personas que se encuentran fuera de la dinámica laboral y que no participan en el referido proceso de creación de riqueza. En este heterogéneo se encuentran los niños, hasta los 16 años, y los mayores, que ya han alcanzado la jubilación; también integrarían este grupo todos aquellos que estando en edad de trabajar –es decir, siendo potencialmente activos-, por diferentes razones, no ofrecen en el mercado su capacidad de trabajo.


También en esta definición, neutra en apariencia, hay asuntos cruciales en los que es  necesario reparar. Por ejemplo, el desempleado de larga duración, que, cansado y frustrado por no encontrar un empleo, ha dejado de buscarlo, por lo que ha desaparecido de las estadísticas; ha pasado de ser activo desempleado a inactivo. El mismo “milagro” estadístico ocurre con los jóvenes que han decidido emigrar a otro país, ante la imposibilidad de encontrar  un puesto  de trabajo y un proyecto de vida en el nuestro; o el de los inmigrantes que retornan a sus lugares de procedencia ante las dificultades de abrirse camino en el estado español

En el primer caso, se reduce la población activa, y en el segundo y tercero la población total; y también la activa, pues buena parte de estos jóvenes y de la población foránea estaban  abocados  al desempleo. Estamos hablando, en definitiva, de personas en edad de trabajar, potencialmente activos, que, en caso de haber permanecido en el mercado de trabajo, habrían elevado los registros oficiales en materia de desempleo varios puntos porcentuales.

Consideremos, desde estos mismos parámetros, la frontera existente entre población activa e inactiva, el impacto de las políticas del PP  sobre las mujeres. Muchas de ellas han perdido su empleo y, en lugar de permanecer como demandantes de trabajo en el mercado laboral –es decir, como desempleadas- han retornado a su papel de cuidadoras (condición que, por cierto, nunca habían perdido). Hay que precisar que el término cuidados hace referencia a una multitud de tareas relacionadas con la atención de los niños y de los ancianos, con la logística asociada a la vida cotidiana y con el equilibrio afectivo de los miembros que integran la unidad familiar. Se trata de actividades socialmente invisibles, ignoradas y a menudo despreciadas, que, sin embargo, son esenciales para que funcione el metabolismo económico y social.

De acuerdo con el criterio estadístico estándar, las personas que realizan ese trabajo son inactivas, pues, en su mayor parte, esos cuidados se llevan a cabo fuera de la lógica del mercado (o en la esfera de la economía sumergida, por trabajadoras inmigrantes). Parece evidente, sin embargo. que, en un contexto económico más favorable y si se aplicaran políticas de género encaminadas a igualar derechos y oportunidades y a repartir el trabajo reproductivo, una parte de estas mujeres estaría dentro y no fuera del mercado laboral.

Recapitulando. La mejora relativa de la tasa de desempleo “oficial” es, en buena medida, el resultado de un artificio estadístico, que se concreta en una reducción de la población activa, que es convertida en inactiva, o de un efecto de expulsión que reduce la población total. Pero no se trata solo de falsificar los niveles de desempleo real al servicio del mensaje “estamos saliendo de la crisis”, lanzado con una insoportable carga de cinismo que ignora el sufrimiento de mucha gente que se ha quedado en la cuneta. La población inactiva que es potencialmente activa resulta funcional para un capitalismo instalado en la lógica de la regresión salarial y el desmantelamiento de las políticas públicas. Esta población constituye un formidable ejército de reserva que presiona a la baja los salarios y ayuda a gestionar los recortes en la prestación de servicios públicos que se trasladan al ámbito de las familias y que recaen  sobre todo en las mujeres.
Fuente: Público.es

jueves, 11 de agosto de 2016

Disidencias internas en PSOE

Pedro Sánchez y Felipe González en el homenaje a Txiki Benegas. -EFE


Dirigentes del PSOE creen que Felipe González no sólo ataca a Sánchez sino a todo el partido

Diputados, senadores y cargos orgánicos territoriales recuerdan al ex secretario general socialista que la decisión de votar “no” a Rajoy se tomó de forma unánime en una reunión del comité federal a la que él no asistió

González alaba a Rivera: "Es el primer acto de responsabilidad política desde las elecciones"


JUAN ANTONIO BLAY

MADRID.- La figura de Felipe González en el seno del PSOE es objeto de un gran respeto que raya en ocasiones la devoción, pero eso no quiere decir que cualquiera de sus comentarios tenga la misma consideración. Al menos aquellas palabras que irrumpen de forma intempestiva en un debate político de actualidad.

“La decisión de Rivera es el primer acto de responsabilidad política desde las elecciones”. Esta afirmación del ex dirigente socialista y presidente del Gobierno durante más de 13 años ha caído como un mazazo este miércoles en el conjunto de la organización socialista. Y han sentado bastante mal, juzgar por las impresiones de diputados, senadores y cargos orgánicos recogidas por este diario.


“Hay un refrán castellano que dice una cosa piensa el borracho y otra el tabernero. Pues bien, este es un ejemplo claro porque da la impresión de que Felipe González, en esta ocasión, no va a favor de la decisión adoptada por el partido. Hay que recordarle que la posición que sostiene el PSOE y su secretario general, Pedro Sánchez, se adoptó de forma unánime en una reunión del comité federal; por lo tanto, lo que dice él va en contra de todo el partido”, razona un veterano parlamentario que ha desempeñado cargos orgánicos e institucionales de relevancia.
"Yo no vi a Felipe González en la reunión donde se adoptó votar no a Rajoy", dice un cargo socilista
Esa actitud coincide con la de otros responsables de la formación socialista consultados por Público. Algunos van, incluso, más lejos: “Los ex secretarios generales del partido son miembros natos del comité federal, que es el máximo órgano entre congresos; pues bien, yo no vi a Felipe González en la reunión que se celebró el pasado 9 de julio en la que se adoptó ese acuerdo. Allí pudo explayarse con toda libertad, pero no lo hizo”, explica un miembro de la ejecutiva federal de Pedro Sánchez.

La declaración de González de este miércoles, justo cuando se celebraba la reunión entre Rajoy y Rivera, se suma a las que ya realizó días pasados en línea con las tesis de quienes defienden la abstención de la bancada socialista para permitir la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno.
“Llueve sobre mojado y es difícil de comprender por qué hace eso", afirma otra
“Llueve sobre mojado y es difícil de comprender por qué hace eso. Pienso que la militancia y los votantes socialistas no lo entienden ni lo aprueban”, apunta una parlamentaria en el Congreso de los Diputados.

Esa reiteración de manifestaciones lleva a pensar a más de uno que Felipe González “está acomodado en una realidad que no merece mucha consideración”, en expresión de un cargo orgánico de una federación importante del PSOE.

Desde la dirección federal la posición es clara: “Respeto pleno a Felipe González, pero la posición política del partido en este asunto la fijó el comité federal del pasado 9 de julio por unanimidad y una vez que el secretario general, Pedro Sánchez, realizó una ronda de consultas personales con los secretarios generales de todas las federaciones”, indica una portavoz oficial.

El portavoz del grupo parlamentario socialista en el Senado, Óscar López, insiste a Público: “No hay que polemizar porque no interesa a nadie. Desde el respeto a Felipe González hay que reiterar que las decisiones políticas de envergadura se toman en el comité federal”. No hay otra reacción oficial, aunque prácticamente todas las fuentes consultadas coinciden en ignorar las razones que puede tener el ex líder socialista para realizar esas declaraciones “inapropiadas”.
Las presiones al PSOE
Incuso desde federaciones consideradas críticas con el liderazgo de Pedro Sánchez se transmite un mensaje muy similar al de la dirección federal. “La verdad es que a medida que avanzan los acontecimientos las presiones sobre el PSOE aumentan, y lo harán más en las próximas semanas. ¿No decían que se había acabado el bipartidismo?, pues que presionen a otros”, expone un miembro de la Ejecutiva de una federación que mantiene relaciones “frías” con Sánchez. “La decisión la adoptamos todos en el comité federal y ahora las bases no entenderían un cambio. Nos crucificarían”, insiste.

Un parlamentario nacional cercano al secretario general socialista asegura que “no hay que tomar en consideración las declaraciones de Felipe. A él no le hubieran gustado unas manifestaciones a este tenor cuando tenía responsabilidades en el partido y en el Gobierno. Ayudar, ayudar, pues no ayudan, eso está claro”. Y concluye: “No he notado ninguna reacción en el seno del grupo parlamentario socialista ni en Pedro Sánchez con quien he hablado y este asunto ni ha salido en la conversación”.

Todas las fuentes consultadas se resisten a descalificar a Felipe González – “mi madre me mataría si le criticase”, dice una diputada nacional – pero es unánime la opinión de que sus palabras “van en una dirección que no es la que han decidido los órganos de dirección y, desde luego, no apoyan los intereses del partido en estos momentos” , como gráficamente define la situación un cargo del partido en una federación próxima a Sánchez.

Fuente: Público.es

¿Está el Estado del Bienestar muerto? Crítica a Yanis Varoufakis




Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona

Siempre leo con gran interés los escritos de Yanis Varoufakis. Y frecuentemente cuelgo en mi blog sus entrevistas o conferencias que me llegan, tanto aquellas con las que estoy de acuerdo como aquellas con las que estoy en desacuerdo. Naturalmente que coincido con sus críticas a la Troika y al comportamiento del Eurogrupo (los ministros de Economía y Finanzas de los países de la Eurozona), y muy en especial en el caso griego, aunque en este último caso difiero respecto a algún componente de su crítica y de las conclusiones a las que llega en base a tal crítica, como consta en el artículo escrito hace ya casi un año en Público (“Crítica amistosa a Varoufakis y a sectores de las izquierdas sobre lo ocurrido en Grecia”, 19.10.15). Saludo también el establecimiento de un movimiento europeo que él ha fundado, y que ahora lidera, cuyo objetivo es la democratización de la gobernanza de Europa, gobernanza carente hoy de las más mínimas reglas de convivencia democrática, aunque ahí tenga yo también algunas diferencias con él. Tales diferencias alcanzan su máximo nivel cuando en una conferencia reciente, que detallaré más tarde en el artículo, ha hecho la acusación de que los Estado del Bienestar en los países capitalistas desarrollados están ya muertos, junto con los partidos socialdemócratas que los establecieron, proponiendo en su lugar que se establezca la Renta Básica Universal (RBU), de la que es uno de los máximos promotores. No hay duda de que la socialdemocracia en Europa está en declive. Pero asumir que el Estado del Bienestar está también muerto me parece un gran error. En ambas “muertes” Varoufakis atribuye tal situación a que los Estados-nación ya no pintan nada, pues han perdido toda soberanía. Y ahí está la raíz de nuestro desacuerdo.



¿Ha muerto el Estado-nación?

Creo que una de las raíces de este desacuerdo es su visión de los Estados-nación, a los que considera carentes de poder y capacidad de decisión, especialmente aquellos que forman parte de la Eurozona. Así, en un interesante libro publicado en 2016, Un plan para Europa, de Icaria Editorial (escrito conjuntamente con Gerardo Pisarello –una de las mentes más claras en el movimiento progresista catalán–, con  cuyas tesis estoy totalmente de acuerdo), Varoufakis, en la parte del libro en la que expone sus tesis en forma de entrevista, indica que los Estados-nación han perdido toda su soberanía, habiéndose convertido en parte del problema en lugar de la solución. Así, señala que los gobiernos hoy “transmiten a los parlamentos lo que queda decidido a nivel del Eurogrupo (o de la Cámara Europea o del Consejo Europeo) y los parlamentos solo están para que se les ordene lo que deben hacer” (p. 66).

Ni que decir tiene que la pertenencia de España al Eurogrupo establece unas limitaciones graves en cuanto a lo que el Estado español puede hacer o dejar de hacer. Pero encuentro su posición extrema (aunque comprensible por su experiencia en el caso de Grecia), pues los Estados-nación continúan jugando un papel clave. El Estado alemán, por ejemplo, juega un papel determinante y dominante entre los Estados-nación de la Eurozona. Y la relación inter-Estados juega también una labor esencial. La supeditación y docilidad del gobierno Rajoy hacia el gobierno alemán se expresa en su interdependencia con las políticas realizadas por tales Estados.

Lo que parece olvidarse con excesiva frecuencia es que los Estados continúan reproduciendo las relaciones de poder existentes en un país, incluyendo las relaciones de poder de clase social. Es importante recuperar las categorías analíticas que han desaparecido en gran parte de los estudios de lo que está ocurriendo en la Eurozona. Las clases sociales y el conflicto entre ellas, dentro de cada Estado, son esenciales para entender el comportamiento de tales Estados. Las ausencias de estas variables en los análisis de Varoufakis limitan su comprensión de la supuesta pérdida de soberanía de los Estados. Hay que concienciarse de que la burguesía española, por ejemplo, tiene más cosas en común, en cuanto a sus intereses, con la burguesía alemana, que con las clases populares españolas. De ahí que el Estado español, hoy instrumentalizado por la burguesía española, esté aplicando políticas auténticamente reaccionarias bajo el argumento de que no tiene libertad para llevar a cabo otras (como Varoufakis parece creer), cuando es obvio que sí que hay políticas alternativas. En España, por ejemplo, el presidente socialista Zapatero congeló las pensiones para conseguir 1.200 millones de euros, a fin de corregir el déficit del Estado, cuando podría haber conseguido muchos más revirtiendo la bajada de impuestos de sucesiones (2.552 millones) o manteniendo el de patrimonio (2.100 millones). Y el presidente conservador Rajoy podría haberse evitado recortar 6.000 millones de euros de la sanidad pública revirtiendo la bajada del impuesto de sociedades de las empresas que facturan más de 150 millones de euros al año, y que representan solo el 0,12% de todas las empresas. El Estado siempre aplica políticas de clase, y el tema fundamental es de qué clase social. No es cierto, pues, que el Estado-nación no pueda hacer nada. Decir que los Estados-nación no pueden hacer nada es darle la razón a Zapatero o a Rajoy cuando dicen que no hay otras políticas públicas posibles. ¡Sí que las hay! ¡Hay alternativas a las políticas de austeridad! El gran problema de Grecia es, como subrayé en el artículo citado anteriormente, que era un Estado pequeño y fallido, que lo hizo enormemente vulnerable a las presiones del Estado alemán. Y además de ser un Estado muy débil, estaba muy solo. Pero hoy ya hay un número creciente de Estados, con mayor peso, que pueden variar estas políticas. Y parte de la solución serían las alianzas entre Estados en contra de estas políticas, que no ocurrirán a no ser que cambien las relaciones de poder dentro de cada Estado.



La externalización de responsabilidades como justificación de las políticas impopulares

Pero existe otro punto de desacuerdo con Varoufakis, relacionado con el desacuerdo anterior. El ningunear al Estado-nación lleva a abandonar una lucha a nivel de dicho Estado-nación, creando un vacío que lo están aprovechando movimientos nacionalistas de ultraderecha, algunos de claro carácter fascista y/o nazi. Hoy, como el mismo Varoufakis ha acentuado, uno de los mayores peligros existentes en la Unión Europea es la eclosión de movimientos nacionalistas de ultraderecha en cada uno de sus países. Y una de las causas de que ello esté ocurriendo es precisamente la desatención que las izquierdas han dado a algunos de los temas más movilizadores entre las clases populares, que solían ser la base de su apoyo electoral. No solo los partidos conservadores y liberales, sino también los partidos socialdemócratas, por ejemplo, justifican las políticas de austeridad y las reformas reaccionarias de los mercados de trabajo bajo el argumento de que son las únicas posibles, pues otras son de imposible aplicación debido a la globalización, o a la integración europea, o a cualquier factor externo. La externalización de responsabilidades es la medida más común hoy utilizada por los gobiernos de sensibilidad liberal o socioliberal (que son la mayoría). Admiten que sus políticas son impopulares pero subrayan que son las que exigen Bruselas o Frankfurt. Y aquí en Catalunya, el gobierno de derechas catalán indica que la culpa es de Madrid. No es extraño, pues, que veamos hoy votantes del Partido Comunista votar a partidos de ultraderecha. Los cinturones rojos de las grandes ciudades en Francia que votaban al PCF han pasado a votar a Le Pen. Pero esto no solo ocurre en el país galo, pues una de las causas de esta situación es precisamente el auge del nacionalismo en muchos países de la Unión Europea, es decir, el incremento del sentido identitario nacional frente al establishment político-mediático que gobierna la Eurozona, que es percibido como el responsable de la pérdida de identidad y poder de decisión conocido como soberanía nacional, cedida a dicho establishment europeo por las clases dominantes de cada país, que consiguen el desmantelamiento del Estado del Bienestar y el descenso salarial a través de aquel establishment europeo, lo que no podían conseguir a nivel estatal.



La supuesta muerte de la socialdemocracia y de su Estado del Bienestar

De esta percepción del Estado-nación como carente de capacidad de decisión, Varoufakis concluye que la socialdemocracia y el Estado del Bienestar que creó están muertos y sin capacidad de reacción. Permítanme que resuma su último discurso (que incluyo en este enlace) sobre este tema. Comienza haciendo aseveraciones que, tanto en su tono como en su contenido, pueden considerarse provocadoras (lo cual parece ser de su agrado, pues le gusta hacerlo con gran frecuencia). La primera es la de afirmar que las políticas públicas que han caracterizado a la socialdemocracia occidental (o el New Deal en EEUU) son demodé, es decir, no tienen futuro, pues son políticas insostenibles. De ahí que señale que “la socialdemocracia está muerta”. La segunda provocación (que se deriva de la anterior) es su afirmación de que “el Estado del Bienestar está (también) muerto”, ya que las transferencias públicas y los servicios públicos del Estado del Bienestar no pueden financiarse y mantenerse, pues al estar financiados con las rentas del trabajo (es decir, con las cotizaciones sociales derivadas del salario) y su financiación depender de la existencia de puestos de trabajo, ello determina que la desaparición de un número significativo de tales puestos de trabajo (como resultado de la revolución digital, incluyendo intervenciones tecnológicas, como la robótica, que está causando la destrucción masiva de gran parte de los puestos de trabajo), haga insostenible tal Estado del Bienestar. Esta destrucción de los generadores de los fondos con los cuales sostener tales transferencias y servicios públicos es la causa de que el Estado del Bienestar no tenga futuro, pues no puede financiarse. De ahí la necesidad de responder a la enorme crisis social que se ha ido desarrollando en estos años de recesión (que alcanza niveles de depresión en los países del sur de Europa como España, Grecia y Portugal) a través de la Renta Básica Universal, que es la distribución de una renta básica por parte del Estado a todos los ciudadanos y residentes de un país.



Las consecuencias de la financiarización de la economía

Otra razón que –según Varoufakis- justifica el establecimiento de la RBU es la financiarización de la economía en el capitalismo actual. Durante estos años hemos estado viendo la expansión del sector financiero a costa de la economía productiva, lo cual complica todavía más la sostenibilidad del Estado del Bienestar, pues al disminuir la economía productiva disminuye también la fuerza laboral, que es la que financia el Estado del Bienestar. Según Varoufakis, la actividad financiera está, pues, sustituyendo a la producción de bienes y al consumo, sujetos de la economía real o productiva, y con ello a los puestos de trabajo y a los trabajadores, dificultando todavía más la financiación del Estado del Bienestar, basada –como se ha señalado antes- en la gravación de las rentas del trabajo. En EEUU, esta transformación del capitalismo aparece en el traslado del centro de poder de Chicago (centro manufacturero) a Wall Street (centro financiero). Esta financiarización de la economía determina que al disminuir el trabajo disponible, también disminuye la demanda, causa del decrecimiento económico que conocemos como la Gran Recesión.

La solución a esta gran crisis social y económica es –de nuevo, según Varoufakis- gravar a las rentas superiores (derivadas en gran parte de la gran expansión del sector financiero), distribuyendo los ingresos públicos obtenidos a partir de esta medida a todos los ciudadanos y residentes, asignando a cada persona la misma cantidad, una renta básica que permita a la persona vivir con dignidad. La aplicación de esta medida tendría –según él- varias consecuencias. Una sería la de eliminar la pobreza y reducir las desigualdades sociales. Otra, la de incentivar la demanda (pues las clases populares consumen más que ahorran, ya que tienen una gran cantidad de necesidades insatisfechas, mientras que las clases más pudientes ahorran más que consumen). Y una tercera consecuencia, de gran importancia también, sería el empoderamiento de la población trabajadora, pues la RBU la haría más resistente frente a las demandas de los empleadores, ya que sus necesidades mínimas estarían ya cubiertas. Hasta aquí el resumen de su argumentación a favor de la RBU.



¿Cuáles son los problemas de esta argumentación?

Antes de comenzar la crítica debo subrayar que hay elementos de este análisis, como la creciente financiarización de la economía, con los que estoy totalmente de acuerdo. Pero con otros no. Y uno de ellos consiste en sus observaciones sobre lo que él considera los límites y la imposibilidad de desarrollar políticas socialdemócratas, así como políticas de expansión del Estado del Bienestar, a los dos lados del Atlántico Norte. Esta tesis está basada, en parte, en la pérdida de soberanía de los Estados, y, en parte, en su criterio (erróneo a mi manera de ver) para definir socialdemocracia y Estado del Bienestar. Me explicaré, comenzando con la discusión de los supuestos límites de la socialdemocracia. Pero para ello es necesario señalar que el gran fracaso de los partidos socialdemócratas (que, recordemos, estaban enraizados en el mundo del trabajo en su objetivo de establecer el socialismo) no se debe a la socialdemocracia en sí, sino más bien lo contrario, es decir, a su abandono. Es una realidad bien documentada que a partir de Blair & Co. (aunque algunos podrían indicar que se había iniciado ya con Mitterrand) hubo un claro abandono del proyecto socialdemócrata. El socialismo era y continúa siendo el proyecto de establecer una sociedad cuyo objetivo es distribuir los recursos según la necesidad de los ciudadanos, financiados según la habilidad y capacidad de cada ciudadano, siendo necesidad, habilidad y capacidad definidas democráticamente. Este objetivo continúa siendo vigente y aplicable. Casi el 78% de la ciudadanía de los países de la UE está de acuerdo con el principio de que “a cada uno según su necesidad, y de cada uno según su habilidad y capacidad”. Y estamos viendo a los dos lados del Atlántico Norte la aparición de movimientos político-sociales, como el movimiento liderado por el candidato Sanders en EEUU, y los movimientos contestatarios en Europa, como Unidos Podemos, que están adquiriendo gran importancia, y que están comprometidos claramente con este principio socialista, a alcanzar a través de la vía democrática, proponiendo políticas públicas que solían identificarse con la socialdemocracia antes de que esta dejara de serlo.



El Estado del Bienestar que describe Varoufakis es el cristianodemócrata, no el socialista

Varoufakis parece desconocer que hay varios tipos de Estados del Bienestar. Y el que describe no es el Estado del Bienestar enraizado en la tradición socialdemócrata. Bismarck fue el fundador del Estado del Bienestar que Varoufakis describe y define erróneamente como  “el Estado del Bienestar”. En este Estado del Bienestar, el de Bismarck, la financiación corre a cargo de las cotizaciones sociales basadas en el mercado del trabajo. Es este Estado del Bienestar cuya sostenibilidad depende de la situación del mercado de trabajo. Y el deterioro de este mercado de trabajo crea un problema de sostenibilidad grave, como estamos viendo hoy en España.

Pero en los países escandinavos del norte de Europa, de tradición socialdemócrata, donde el mundo del trabajo históricamente ha sido fuerte, la financiación de la mayoría de transferencias y servicios del Estado del Bienestar no viene de las cotizaciones sociales basadas en el mercado de trabajo, sino de los fondos generales del Estado, y por lo tanto de la voluntad popular. Dependiendo del grado de influencia que los distintos actores de la sociedad (entre los cuales los más determinantes son el mundo del capital y el mundo del trabajo) tienen sobre el Estado, encontramos Estados del Bienestar bien desarrollados, y otros poco financiados. En general, a mayor influencia del mundo del capital, menores son los ingresos al Estado, y, como consecuencia, el Estado del Bienestar está menos desarrollado, tal como ocurre en el sur de Europa. Es fácil de entender que el nivel de gravamen de las rentas del capital es una variable política, es decir, que depende de las relaciones de poder en cada país. En todos los países del sur de Europa, sus Estados del Bienestar están subfinanciados, asignando el Estado a los temas sociales muchos menos recursos públicos de los que debería y podría gastar. En realidad, todos ellos tienen los recursos para financiar mejor sus Estados del Bienestar. Tienen el dinero, pero el Estado no tiene la voluntad de recogerlo. Y ahí está uno de los desacuerdos entre Varoufakis y yo. Varoufakis asume que los Estados-nación no tienen alternativas a las políticas neoliberales que se les imponen, y yo creo que sí que las tienen. Que graven más o menos depende de las relaciones de poder de cada país. Asumir, como hace Varoufakis, que los Estados-nación no tienen poder de decisión, habiendo perdido toda soberanía, es, como he dicho antes, dar la razón a los gobiernos que imponen políticas de austeridad altamente impopulares, cuando las justifican diciendo que no tienen otras alternativas.



¿Qué soluciones hay?

Cualquier solución a la crisis actual pasa por un aumento de los ingresos al Estado, lo que requiere un cambio en los actores que configuran las políticas públicas de tales Estados. No creo que haya mucho desacuerdo en este punto. El desacuerdo, pues, es probable que radique no tanto en los ingresos, sino en los gastos. Y es ahí donde Varoufakis desatiende el Estado del Bienestar demasiado rápidamente. Según él, el dinero debe ir a cada ciudadano o residente, siéndole transferida la misma cantidad de dinero a cada persona, sea ciudadano o residente. Pero, ¿por qué la misma cantidad? Si el objetivo de la RBU es reducir la pobreza, es fácil mostrar que los países que han sido más exitosos en reducir la pobreza han sido aquellos países escandinavos que han seguido precisamente las políticas de tradición socialdemócrata, mediante transferencias y servicios públicos, lo cual implica también garantizar unos ingresos a cada ciudadano que le permitan una vida digna mediante la transferencia de fondos y servicios públicos que representan una cantidad superior a la que recibiría mediante la RBU.

Un tanto igual ocurre en cuanto a la reducción de las desigualdades. Los países que han sido más exitosos, y que han conseguido alcanzar los niveles de desigualdades más bajos en la UE y en Norteamérica, han sido aquellos que han utilizado las medidas redistributivas y han utilizado las políticas laborales y sociales para alcanzar tal fin. Si se quiere reducir la pobreza y las desigualdades, no tiene sentido dar la misma cantidad de dinero al pobre que a todos los demás. Se le debería dar más. Por otra parte, el coste de la RBU sería considerable: muy probablemente unos porcentajes del PIB de varios puntos. Añádase a esta consideración el hecho de que el déficit social de los países del sur de Europa es enorme. ¿Sería la RBU además o en lugar de la corrección de este enorme déficit social? Pedir como prioritaria la implementación de la RBU hoy en estos países es dejar de cubrir el enorme déficit social que tienen. Podría argumentarse que la RBU podría tener sentido una vez los elementos básicos del Estado del Bienestar estuvieran satisfechos. Pero en el sur de Europa distan mucho de serlo. ¿No cree Varoufakis que en estos países es mucho más urgente resolver este enorme déficit social que implementar la RBU? Esperaría que pudiéramos estar de acuerdo en ello.
Fuente: Público.es

El PP y la gobernabilidad como chantaje




A estas alturas es meridiano el uso partidista que el PP ha venido haciendo del Parlamento y de la soberanía popular para desgastar a sus adversarios políticos, a fin de allanarse el camino hacia una investidura que se presenta como inevitable en nombre de la sacrosanta gobernabilidad


María Eugenia R. Palop

⦁ Llevamos ya ocho meses al amparo de un Gobierno sin control; un Gobierno que se ha negado sistemáticamente a someterse al control parlamentario y que está dispuesto a prorrogar esa situación todo el tiempo que sea necesario, incluso más allá de las elecciones vascas y gallegas, que tendrán lugar el 25 de septiembre.
⦁ Aunque desde la Constitución de Cádiz hasta hoy, la vigilancia del Parlamento se ha considerado lo suficientemente importante como para articular una Diputación Permanente, que en otras Constituciones no se contempla, este Gobierno en funciones se ha permitido el lujo de no soportar ni comparecencias, ni preguntas, ni interpelaciones, eludiendo descaradamente una rendición de cuentas que forma parte de las reglas más elementales del juego democrático. Y ello porque, según la interpretación jurídica interesada que, en su momento, hizo la Secretaría de Relaciones con las Cortes, el Gobierno no tiene que someterse a las iniciativas de control de una Cámara que ⦁ no le ha otorgado su confianza , aun cuando pueda tomar decisiones trascendentales como la de aprobar un techo de gasto que ningún Gobierno ya constituido podría enmendar ni modificar.
Aparentemente, esta Secretaría basó su dudosa tesis en un informe que habían elaborado los servicios jurídicos del Gobierno; un informe que lo que sí dejaba claro es que las Cámaras o sus comisiones podían reclamar la presencia de los miembros del Gobierno en funciones, aunque solo fuera con carácter informativo. En la pasada legislatura, no obstante, varios ministros en funciones se declararon en rebeldía y no acudieron a las comparecencias solicitadas en sus respectivas comisiones para dar explicaciones sobre sus departamentos (entre otros, Pedro Morenés, Jorge Fernández Díaz, Fátima Báñez o Ana Pastor, actual presidenta del congreso y de quien dependen los tiempos que maneje Rajoy para su eventual investidura). De hecho, en esta rebeldía se apoyó el Congreso para presentar, por primera vez en su historia, un conflicto de atribuciones ante el Constitucional, aprobado con el voto favorable de todos los grupos parlamentarios (exceptuando el Partido Popular y UPN).
Lo cierto es que ahora, en línea con su partido y con sus propias actitudes como ministra, era de esperar que Ana Pastor estuviera dispuesta a retorcer las normas para concederle a Rajoy la credibilidad que no tiene, pateando, sin rubor, la línea que separa al ejecutivo y al legislativo en un Estado de Derecho, e instrumentalizando a la Mesa a fin de prolongar una interinidad que sitúa al presidente en funciones al margen de la fiscalización del Congreso. Pastor ha resistido la presión de absolutamente todos los grupos parlamentarios que le han pedido que fije una fecha de investidura, negándose a fijarla obstinadamente. Parece que es de las que se apuntan a las delirantes palabras de Soraya Sáenz de Santamaría que, para justificar la técnica dilatoria-caraplasma-caradura que Rajoy utiliza para ningunear tanto a la población como al rey (otrora inviolable), llegó a decir que antes de la coherencia jurídica, estaba la coherencia política y la coherencia personal . Una afirmación que no se sabe si obedece a un golpe de calor, un trastorno mental transitorio, una grave confusión conceptual, o que ha de interpretarse como el brutal giro antidemocrático que se nos viene encima.
En fin, a estas alturas es meridiano el uso partidista que el PP ha venido haciendo y está dispuesto a hacer del Parlamento y de la soberanía popular; el modo en que instrumentaliza las instituciones a su antojo, y los mecanismos de control que Rajoy emplea para desgastar a sus adversarios políticos, a fin de allanarse el camino hacia una investidura que se presenta como inevitable en nombre de la sacrosanta gobernabilidad. España “necesita” un gobierno, insisten, cualquiera que sea, se entiende, y Rajoy es nuestro hombre.
Así que, hace unos días, persuadidos por esta misma idea, Ciudadanos decidió unirse con entusiasmo al club de los cínicos, y en lugar de exigirle a Rajoy su retirada inmediata para facilitar el gobierno de España, decidió regalárselo planteándole seis condiciones increíblemente pueriles, empaquetadas, eso sí, en un aire profundo y circunspecto de partido responsable . Y es que Girauta cree que hay que tragar lo que haga falta si con eso se garantiza, una vez más, la manida gobernabilidad, no importa si se te indigestan tus propias palabras, tu programa electoral, o la confianza que tus votantes han depositado en ti. El fin justifica los medios, como han sabido, de siempre, conservadores y liberales, y con eso queda todo dicho, que para algo tiene que servir ser un partido de “centro”.
En fin, el problema es que lo que PP y Ciudadanos entienden por gobernabilidad no se traduce más que en el mantenimiento sempiterno del status quo , y en esa identificación rampante entre gobernabilidad y estabilidad lo que se vislumbran son unos tintes abiertamente antidemocráticos. La gobernabilidad así entendida, y dadas las circunstancias, supone “resolver” la crisis institucional en favor una “minoría satisfecha” , asentada sobre el individualismo narcisista y la defensa de sus privilegios propios, y exige marginar o postergar, por el bien del país, a todos los que en este tiempo han mostrado la necesidad de efectuar cambios de profundidad en el régimen clasista que hemos heredado . A todos los que han luchado para democratizar nuestro sistema representativo, y por ampliar, y no reducir, el pluralismo político, la participación ciudadana y la justicia social.
Cuando la gobernabilidad es solo estabilidad y orden, a costa de cualquier cosa, se traduce en una variante del autoritarismo de élite con la que se contienen las aspiraciones político-sociales de corte popular (pónganse a la cola); se crean instituciones de control que acaban dando vigencia a valores como la moderación y la disciplina (pórtense bien); se refuerza la más rancia conciencia nacional e histórica (háganlo por la patria); y se filtran las demandas que “merecen” ser atendidas con la excusa de evitar la supuesta sobrecarga estatal en un momento de crisis económica (estos son los pedigüeños insaciables que provocan las crisis).
Detrás del mantra de la gobernabilidad al que aluden PP y Ciudadanos, lo que se esconde es esa idea liberal-conservadora según la cual el ejercicio democrático, en realidad, pone en peligro la estabilidad del sistema, pues el impulso de la participación popular provoca una dinámica inflacionaria y conduce a una situación del todo ingobernable. Por eso, desde esta perspectiva, la democracia se opone frontalmente a la gobernabilidad, y la gobernabilidad solo puede ser antidemocrática.
Para muchos de nosotros, sin embargo, no hay gobernabilidad ni puede haber estabilidad, sin un gobierno legítimo y profundamente democrático que se someta al control de la ciudadanía estimulando el debate intra y extra parlamentario. Un gobierno que incentive, como dice Habermas, “una cultura política ágil, móvil y aun nerviosa, […] una cultura política en constante vibración, […] una cultura política capaz de resonar”. Porque no hay gobernabilidad sin participación, apoyo social y rendición de cuentas. De manera que si un Gobierno obstaculiza y boicotea continuamente el trabajo y el control parlamentario no puede garantizar ni la gobernabilidad, ni el orden, ni la paz que necesitamos…más allá de la paz indeseable que reina en los cementerios.
Lamentablemente, la gobernabilidad que el PP reclama y que utiliza para presionar a sus adversarios de camino a la investidura, no es más que un soborno, un chantaje, un cheque en blanco y sin control democrático con el que pretenden garantizarse el inmovilismo total frente a su corrupción, sus recortes y su legislación represora. No hay duda de que la gobernabilidad es deseable para todos pero también está claro que, por suerte, no todos la entendemos de la misma manera.

Fuente: el diario.es

Mireia Belmonte, la carrera de su vida


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La medalla de oro conquistada por Mireia Belmonte en los 200 metros mariposa la coloca como mascarón de proa del deporte español, tomando el testigo de Pau Gasol y Rafa Nadal.(Foto: COE)


Fernando Olmeda


Todas las medallas de oro valen lo mismo, pero no tienen el mismo valor en la historia del olimpismo. La natación, el atletismo y la gimnasia son los deportes que ocupan lugar preferente en el programa, y sus estrellas SON las estrellas de los Juegos. Sus récords, sus proezas, sus colecciones de medallas, construyen la leyenda olímpica. Así ha sido siempre. Mireia Belmonte ya ocupa un lugar en ese Olimpo de elegidos.


Ganó la final de los 200 mariposa -la prueba que había preparado durante cuatro años- a la australiana Madelina Groves por solo tres centésimas. Una unidad de tiempo minúscula, pero que separa a los elegidos del resto. Y Mireia es una elegida, Por eso no pudo reprimir sus emociones cuando tocó el muro y se vio campeona.
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(Foto: COE)
En la historia de la natación olímpica española solo figuraba un oro (Martín López-Zubero en Barcelona'92) y tres bronces (David López Zubero en Moscú'80, Sergi López en Seúl'88, Nina Zhivanevskaya en Sydney'00), además de las dos platas de Mireia Belmonte y las cuatro de sincronizada. Veinticuatro años sin sonar el himno nacional en una piscina. La estadística da una idea de lo importante que es la medalla lograda por la badalonesa en el Centro Acuático María Lenk de Rio.
Han sido cuatro años de entrenamiento de esta modalidad, y un año de preparación específica de la final. Mireia ha fortalecido su cuerpo y su mente, hasta convertirla en una voraz competidora capaz de disputar seis modalidades de la natación olímpica. Tenía la carrera en la cabeza, había memorizado cada mero, mecanizado cada giro. Tenía que aguantar los primeros cien metros, y dar el zarpazo después. Pasó, al fin, primera en el 150, y solo le quedaba resistir el ataque de sus rivales en los últimos metros. Esa fortaleza mental fue decisiva para no venirse abajo en el momento de la verdad, cuando la australiana, su máxima rival por el oro, aceleró su ritmo. Y aguantó. De manera agónica, pero aguantó.
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(Foto: COE)
Mireia hizo la carrera de su vida. La carrera tantas y tantas veces imaginada, soñada. La emoción contenida de su entrenador, Fred Vergnoux, y las lágrimas de su fisioterapeuta, Mónica Solana, dan una idea de lo que significa esta medalla, un merecido premio al duro trabajo de todo el equipo. La recompensa que la nadadora lleva persiguiendo toda su vida. "Solo puedo dar las gracias a mi familia, a mi entrenador, a toda la gente que está conmigo cada día, es parte de todos. Estar en unos Juegos ya supone mucho trabajo y ganar la medalla de oro es lo máximo que se puede conseguir. Todavía no me lo creo, estoy en estado de shock", dijo nada más ganar el oro; "es la recompensa a toda mi vida porque mi vida es nadar".
Mireia Belmonte es la primera nadadora española campeona olímpica, y la que más medallas ha logrado. Su monumental éxito es una inyección de ánimo para la deprimida delegación española y la coloca, por méritos propios, como estandarte del deporte de nuestro país, como heredera de Pau Gasol y Rafa Nadal. Tiene España a sus pies, y el futuro asegurado.

Fuente: Público.es

"El Globo" y los golpistas hunden a Brasil en el abismo





Jeferson Miola
Brasil 24/7
Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez

Dos acontecimientos políticos de relevancia olímpica fueron olímpicamente ocultados por la Rede Globo en el Jornal Nacional de este lunes olímpico, 8 de agosto de 2016. El Globo esconde a los brasileños las delaciones que tienen potencia explosiva suficiente para hacer caer al gobierno usurpador y mandar a sus integrantes a la cárcel.
El primer hecho: la decisión de Gilmar Mendes, juez tucán del Supremo Tribunal Federal, de abrir un proceso para disolver el Partido dos Trabalhadores. Animado por el espíritu fascista de la dictadura golpista de 1964 [1], Gilmar quiere eliminar del sistema de partidos brasileño el Partido que tiene cerca de 2 millones de afiliados y recibió 54.501.318 votos en la última elección presidencial. Un hecho de tal gravedad jamás se podría esconder.
El segundo hecho que se ocultó fue la filtración de la delación que desveló que Michel Temer obligó a Odebrecht a entregar una coima de 10 millones de reales (R$) a sus socios golpistas Eliseu Padilha, jefe del gabinete del Presidente, que se embolsó 4 millones de R$ en efectivo, y Paulo Skaff, presidente de la Federação das Indústrias do Estado de São Paulo (FIESP), que se llevó a 6 millones de R$ también en efectivo. La delación también reveló la cantidad recibida por el canciller usurpador José Serra, 34,5 millones de R$.
Quién descubrió el escándalo de estos sobornos multimillonarios pagados a los golpistas no fue ningún medio de la prensa no hegemónica. La divulgación salió de la nada sospechosa de antigolpismo revista Veja, a menudo beneficiaria de numerosas filtraciones realizadas por agentes de la Policía Federal, fiscales y poder judicial.
Es evidente que este escándalo, con el potencial explosivo suficiente para derrocar al gobierno usurpador y enviar a sus miembros a la cárcel –si estuviésemos, por supuesto, en un momento de normalidad democrática e institucional-, tan sólo se filtró porque sus autores están seguros de que ejercen un control total de la situación y de las instituciones políticas, policiales y judiciales.
Es absurdo pensar que esta denuncia tenga algo que ver con principios éticos o morales o con el ideal de "regeneración" de la política proclamado por los fiscales de la operación Lava Jato, que actúan como verdaderos predicadores del nuevo orden, puro y libre de pecado.
La filtración es una operación calculada; es parte del juego de disputas, chantajes y conciliación de intereses dentro del bloque golpista.
Quiénes se benefician de las filtraciones son conscientes de que la divulgación de este escándalo monumental no va a revertir el curso del golpe y no va a hacer caer al gobierno usurpador de Michel Temer. En otras palabras: el golpe se consolida y el nuevo régimen golpista, que se asienta sobre una base criminal y en la solidaridad delictiva, ya empieza a administrar las tensiones internas.
A esta etapa "orwelliana" de la realidad brasileña no se hubiese sido posible llegar sin la participación de la Red Globo, implicada en cuerpo y alma en el golpe.
El Globo juega un papel decisivo en la consolidación del golpe, como ya lo hizo en el año 1964. El papel nocivo del Globo para la democracia se manifiesta cuando manipula y tergiversa la realidad que publica, pero especialmente cuando oculta criminalmente la realidad.
Estos acontecimientos son la manifestación olímpica de que Brasil, nuevamente, se está sumiendo en el abismo de la arbitrariedad y el oscurantismo.
Jeferson Miola es miembro del Instituto de Debates, Estudos e Alternativas de Porto Alegre (IDEA) y coordinador ejecutivo del 5º Foro Social Mundial.
Notas del traductor
[1] El golpe de Estado de 1964 puso fin al gobierno democrático de João Goulart y dio paso a una larga dictadura que se prolongó hasta 1985.
Fuente: https://www.brasil247.com/pt/colunistas/jefersonmiola/248637/Globo-e-golpistas-mergulham-o-Brasil-no-abismo.htm
Fuente: Rebelión

Albert Rivera en Honrados Anónimos




David Torres
Estos días los periódicos vienen tapizados de arriba abajo con las fotos de los desencuentros entre Mariano y Albert, un dúo cómico que amenaza con inaugurarse pero que no acaba de cuajar. El problema es que ni siquiera ellos mismos saben si van a dedicarse al humor, a la canción o a otra cosa. En los reportajes sobre música pop lo habitual es dedicar las primeras planas a los grupos que se separan; en las crónicas políticas lo que interesa es el momento en que la banda va a juntarse, afinando los instrumentos y tanteando el repertorio. Mariano y Albert están a punto de triunfar como dúo siempre y cuando Albert acepte la precedencia en todos los órdenes de Mariano, quien nunca va a aceptar que sean Albert y Mariano por la mismas razones que Simon y Garfunkel no eran Garfunkel y Simon.
Tal y como se estrechan la mano, prolongando el apretón un buen rato, mirando al horizonte y sonriendo aplicadamente a la cámara, dan la misma impresión que cualquiera de esas parejas artísticas que siguen unidas por presiones del público o por consejos paternales de su manager. No es que no tengan ganas de seguir: es que no tienen ganas de empezar. La tirria que se profesan es previa a sus relaciones íntimas, justo al revés que ciertos matrimonios, pero en su ingenuidad piensan que quizá un buen revolcón pueda enderezar las cosas. Con lo que sueñan en realidad, por pragmatismo e ideales, es con fusionarse en una yunta artística de hermanos al estilo de Estopa, Pimpinela, Azúcar Moreno o, mejor todavía, Los Chunguitos.
Para dirimir las diferencias de criterio entre ambos, Albert le ha comunicado a Mariano una lista de seis condiciones previas que no parecen muy difíciles de cumplir: bastaría con disolver el PP. De hecho, por la peste que va soltando de norte a sur y de este a oeste, el partido entero está podrido. Sin embargo, según el electorado -por no hablar de los datos y estadísticas- España rula perfectamente aun con un gobierno en descomposición. Ya se han ido tres ministros por el desagüe y la cosa no para de mejorar; en cuanto se marchen los demás, podríamos salir del agujero.
Las seis condiciones ineludibles a las que Albert ha condicionado su apoyo no son más que una simplificación del programa de doce pasos de Alcohólicos Anónimos. No hay más que ir sustituyendo en cada uno de los epígrafes los términos “poder superior” o “Dios” por “PP” y el término “alcohol” por el término “honradez”, esa extraña droga a la que está enganchado Albert Rivera desde hace un año y que tantos disgustos le está dando. Por ejemplo:
1. Admitimos que éramos incapaces de afrontar solos la honradez y que nuestra vida se ha vuelto ingobernable.
2. Llegamos a creer en un PP superior a nosotros que podría devolvernos el sano juicio.
3. Resolvemos confiar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado del PP, según nuestro propio entendimiento de él.
6. Estamos enteramente dispuestos a que el PP elimine todos estos defectos de carácter.
7. Humildemente le pedimos al PP que nos libre de nuestras culpas.
Etcétera.
David Torres
Fuente: Público.es

miércoles, 10 de agosto de 2016

Estados Unidos compensará a Israel por el acuerdo con Irán con el mayor paquete de ayuda militar de su historia



Mintpress News

Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos

Israel podría cerrar pronto el mayor acuerdo de ayuda militar de Estados Unidos de su historia que, según se ha informado, supone un aumento en la ayuda anual recibida, la cual asciende ya a varios miles de millones de dólares.Actualmente Israel recibe más de 3.100 millones de dólares de ayuda anuales de Estados Unidos según un acuerdo por 10 años firmado por el presidente George W. Bush y que expirará en 2018, aunque el gobierno Obama podría firmar pronto otro acuerdo por 10 años que aumentaría aún más esta ayuda.
“Además , el Congreso ha concedido una suma adicional de dinero para misiles de defensa”, informaba The Washington Post el viernes [29 de julio de 2016].
Altos cargos israelíes, incluido el Primer ministro Benjamin Netanyahu, estuvieron negociando durante “meses de negociaciones secretas” conseguir no menos de 5.000 millones de dólares al año, según informaron Carol Morello y Ruth Eglash de The Washington Post. “Los israelíes argumentaban que necesitan gastar mucho más en defensa tras el acuerdo nuclear con Irán firmado el año pasado, acuerdo por el que se desbloqueó el capital iraní congelado e Israel teme que este capital se use en parte para financiar una agresión iraní a la zona”, escribían.
Incluso los agentes de la inteligencia israelí han expresado sus dudas de que Irán suponga una amenaza para Israel, aunque es posible que un Irán más poderoso pueda poner en peligro los planes de Israel de controlar los recursos energéticos de la zona, incluidos los Altos de Golan en Siria ocupados ilegalmente por Israel.
Una cuestión pendiente es una disposición especial que Estados Unidos concede a Israel y le permite gastar en Israel hasta un 26% de su ayuda en dólares. “No se permite hacerlo a ningún otro país receptor de fondos estadounidenses, pero se estableció en la década de 1980 para permitir a Israel crear su incipiente infraestructura de defensa”, informaba The Washington Post.
El gobierno Obama quiere acabar con esta excepción y obligar a Israel a gastar en Estados Unidos toda la ayuda recibida en dólares. “Dada la prosperidad actual de la industria de defensa de Israel, el gobierno [estadounidense] quiere anular esta disposición y exigir que más ayuda estadounidense vaya a empresas estadounidenses que suministran bienes y servicios”, explicaban Morello y Eglash.
[Primera columna: Encuesta sobre ayuda a Israel: excesiva, demasiada, correcta, poca, demasiado poca. Pregunta: “Estados Unidos da a Israel más de 3.000 millones de dólares al año (el 9% del presupuesto de ayuda exterior y más de lo que concede a ningún otro país). La cantidad es:”]
Según una encuesta realizada en marzo, un 62% de los estadounidenses considera que Israel ya recibe demasiada ayuda y al menos un experto militar israelí afirma que ya es hora de recortar la ayuda militar exterior. El general de división (en la reserva) Gershon Hacohen, ex director de las escuelas de guerra de las Fuerzas de Defensa de Israel y comandante del Cuerpo del Norte de Israel, declaró la semana pasada a Defense News que la ayuda estadounidense “nos perjudica y nos corrompe” y que el ejército israelí debería tratar de reducir la ayuda gradualmente en vez de tratar de aumentarla constantemente. “Hacerlo exige liderazgo, pero si se hiciera de manera calculada y bien planificada, restablecería nuestra soberanía, la autosuficiencia de nuestro ejército y nuestra capacidad militar”, añadió.
En febrero Ali Abunimah, co-fundador de Electronic Intifada, una página web de noticias y a favor de la liberación de Palestina, sugería que esta ayuda (y la constante voluntad de Washington de ignorar los crímenes de guerra israelíes contra Palestina) era el pago por permitir el uso de la diplomacia en la zona. “En efecto, los derechos y las vidas de los palestinos han sido la moneda de cambio que Obama ha utilizado para ‘compensar’ a Israel por el acuerdo con Irán”, escribía.
Abunimah concluía que de la misma manera que Irán supone para Israel una pequeña amenaza real, si no ninguna, Israel también sabe que no debe amenazar los intereses estadounidenses en Irán: “Israel no utilizará el nuevo paquete de armas de Obama, el mayor hasta ahora, para atacar a Irán y, por consiguiente, no interferirá en los intereses hegemónicos de Estados Unidos. Las armas que Obama da a Israel se utilizarán para mantener e incrementar la ocupación, el apartheid y el colonialismo de asentamiento de Israel en Palestina, por no hablar de las masacres regulares en Gaza”.

Fuente: http://www.mintpressnews.com/us-compensate-israel-iran-deal-biggest-military-aid-package-ever/219041/
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

La guerra de Siria se alimenta gracias a la intervención exterior




Iñigo Sáenz de Ugarte
alepo

En los últimos meses, el Gobierno sirio había conseguido una posición de ventaja sobre los insurgentes que ocupan una parte de la ciudad de Alepo, en el norte del país. La conexión de sus enemigos con la frontera turca, y por tanto, con la llegada de suministros y armas, estaba en peligro. Se dijo que Damasco podía llegar a controlar toda la ciudad, lo que supondría un factor decisivo en la guerra civil siria. El último contraataque de los insurgentes ha cambiado la situación sobre el terreno muy poco tiempo después de que el Frente Al Nusra anunciara que abandona su vinculación a Al Qaeda y cambia su nombre.

Un artículo en el FT da algunas pistas, no del todo claras como es habitual en esta guerra, cuya información escritas fuera del país se basan a veces en fuentes anónimas. La principal, los insurgentes han recibido una considerable ayuda exterior recientemente. Sin ella, esta ofensiva habría sido imposible.

“Pero la ofensiva contra las tropas del presidente Basar Al-Asad puede haber tenido más ayuda extranjera de la que parece. Activistas y rebeldes dicen que las fuerzas de la oposición han recibido nuevas armas, dinero y otros suministros antes y durante los combates. “En la frontera conté ayer decenas de camiones con armas”, dice un activista sirio, que suele pasar entre Siria y la vecina Turquía. “Está ocurriendo todos los días, durante semanas. Pasan armas, artillería, no hablamos sólo de algunas armas y munición”.

La sospecha, bastante probable en este caso, es que la ayuda procede de Arabia Saudí y Qatar, colaboración que suele contar con el obvio permiso de Turquía, por cuya frontera tiene que pasar, y de EEUU. Tras el golpe de Estado, la atención del Gobierno turco está centrada en los asuntos internos, pero eso no quiere decir que haya abandonado su política de propiciar el derrocamiento de Asad.

En esta ofensiva está participando la nueva Al Nusra, ahora llamada Fatah al-Sham. Los yihadistas son el grupo dominante en la coalición responsable de romper el cerco sobre una parte de Alepo y de permitir que lleguen suministros a las zonas urbanas.

Su ideología es la misma que antes. No ha habido una ruptura con Al Qaeda por discrepancias de fondo. De hecho, al Zauahiri había pedido a Al Nusra que llegara a acuerdos con otros grupos insurgente sirios, no necesariamente yihadistas, y ese pacto no era posible sin poner fin a su juramento de lealtad hacia Al Qaeda.

Con independencia de lo que ocurra en Alepo –ya hay informaciones que indican que las fuerzas del Gobierno, ayudadas por las milicias libanesas de Hizbolá, han recuperado parte del terreno perdido–, la duda es si ahora EEUU dará por certificado el ‘blanqueo’ de Al Nusra, lo que conduciría a reconocer su papel predominante en cualquier coalición de fuerzas contrarias al Gobierno de Asad.

El intento de Washington por encontrar una fuerza que estuviera tan lejos de Asad como de los yihadistas de ISIS o Al Nusra ha cosechado estos años un claro fracaso. Tomemos el ejemplo de un artículo de hace unos días en el NYT, que recuerda la situación inmediatamente anterior a la intervención directa de las fuerzas rusas que salvaron a Damasco del riesgo de un colapso. Se dice que antes de eso “los grupos rebeldes apoyados por la CIA habían ganado territorio en las provincias de Idlib, Hama y Latakia” en el norte de Siria. Y el artículo comenta que había un problema para Washigton, que “estos grupos habían combatido en ocasiones junto a soldados del Frente Al Nusra”.

Más allá de que nunca he visto un artículo en la prensa norteamericana que llame “soldados” a miembros de Al Qaeda, no es cierto lo que dice. La ofensiva del norte que obtuvo esos éxitos en Idlib y amenazaba seriamente al Gobierno en la provincia de Latakia fue ejecutada por una coalición llamada “Ejército de la Conquista”, cuyo principal integrante era entonces Al Nusra. Es algo ampliamente conocido y no sé cómo a estas alturas se puede omitir.

El artículo cita una frase del líder de uno de esos grupos entonces aliados con Al Nusra que comenta que en esa época recibían cargamentos de misiles antitanque tan pronto como gastaban los envíos anteriores. Esa ayuda constante continuó en los meses posteriores a la intervención rusa, aunque no fue suficiente para impedir que se frenara el avance de los enemigos de Asad hacia el sur.

Tanto antes como ahora nos encontramos ante un escenario en el que ninguno de los contendientes de la guerra siria podrían avanzar posiciones sin ayuda exterior. El Gobierno, sin la Fuerza Aérea rusa y las milicias de Hizbolá. Los insurgentes, sin las armas y municiones que reciben de Arabia Saudí, Qatar, Turquía y EEUU. Es la garantía perfecta para que la guerra continúe durante años. Cuando uno de los bandos esté cerca de sufrir una derrota decisiva, tendrá el apoyo exterior que le permitirá compensar esa desventaja.



Fuente: eldiario.es

Albert Rivera y 5 cosas que conviene saber sobre el CIS de julio



Ciudadanos tenía que elegir entre mancharse o morir. Ha preferido ensuciarse y tratar de sobrevivir haciendo de la corrupción el eje de sus seis condiciones a Rajoy, quien aceptará sin dudar porque son el auténtico chollazo del verano

Antón Losada  

1. El bloqueo político le sienta bien al bipartidismo. El PP consolida su ventaja y sigue reforzando su fidelidad de voto. El PSOE recupera terreno y votantes. Crece la abstención, el arma secreta de siempre del bipartidismo. A la hora de ubicarse ideológicamente los españoles vuelven a situarse preferentemente como conservadores o socialistas. Los grandes paganos del bloqueo político parecen ser los nuevos partidos. Ciudadanos ve cómo el PP devora poco a poco su espacio empujándole hacia un centro residual y Podemos paga muy cara su depresión post nosorpasso y ser noticia más por su falta de iniciativa que por su estrategia. El cambio de estrategia de Albert Rivera responde a la pura y dura lógica de la supervivencia electoral. O pactar o morir.

2. La corrupción se consolida como uno de los grandes problemas de la vida pública española, por encima de los problemas de orden económico y sólo superada por el paro. Pactar con un Partido Popular envenenado por la toxicidad de sus múltiples casos de corrupción sigue teniendo un enorme coste político y ciudadano. Las urnas no lavan más blanco. Ciudadanos tenía que elegir entre mancharse o morir. Ha preferido ensuciarse y tratar de sobrevivir haciendo de la corrupción el eje de sus seis condiciones a un Mariano Rajoy, quien aceptará sin dudar porque son el auténtico chollazo del verano.

3. Crece el pesimismo económico y político. Más de la mitad de los españoles creen que nuestra economía y nuestra vida política están mal o muy mal. Mirando al futuro suman más quienes creen que aún irá a peor que aquellos que auguran mejoría. El pesimismo político supera ampliamente al pesimismo económico. La política es vista como otro problema, no como la solución.

4. Los españoles creen que pagan muchos impuestos, lo hacen de manera injusta y desigual y además están convencidos de que reciben menos de lo que pagan. Sin embargo muchos de esos mismos españoles, concretamente siete de cada diez, estamos dispuestos a pagar más impuestos para obtener mejores servicios públicos, especialmente si se van a invertir en sanidad, educación o pensiones en lugar de en más cemento o defensa. Dos décadas de acoso y derribo, por tierra mar y aire, a todo lo público han erosionado y dañado la valoración que tenemos de nuestros servicios públicos pero seguimos asociándolos de manera muy sólida a las ideas de progreso y bienestar. Lo público aún nos parece lo mejor para todos y para nuestra democracia. Los partidos de izquierda deberían tomar buena nota y dejar de disculparse por defender el valor de lo público.

5. La gran mayoría de los españoles creen que pagar impuestos supone una condición esencial para ser buen ciudadano. Esa misma mayoría declara pagar puntualmente sus impuestos aunque en España tengamos mucho fraude y una pésima conciencia fiscal. En otras palabras, aquí siempre defraudan los demás, nunca nosotros. Los encuestados sitúan la principal razón para la exuberancia de nuestro fraude fiscal en la falta de control e inspección por parte de la administración. Los españoles parecen tener muy claro que en España existe fraude porque se tolera y ampara y porque a ningún gobierno le ha interesado realmente ir contra un negocio que beneficia principalmente a sus élites más próximas. Si tenemos la mitad de los inspectores de Hacienda que Alemania o Suecia es porque resulta bueno para sus negocios. Gracias a la amnistía fiscal de Cristóbal Montoro seguramente los españoles lo tiene hoy un poco más claro que ayer.
Fuente: eldiario.es

¡Ciudadanos y Albert Rivera olvidaron 87.000 millones de euros!



He sentido una enorme decepción tras leer las seis peticiones que Albert Rivera plantea a Mariano Rajoy para cambiar su abstención por un sí. Hace mucho tiempo que se intuye que Mariano Rajoy será presidente (¡otra vez!), pero no esperaba que Ciudadanos olvidara la Ley Integral de Protección al Denunciante y que esta no fuera uno de los requisitos indispensables para formar gobierno. De hecho, esperaba que lo fuera en cualquiera de las combinaciones posibles, al menos en las que incluyesen tanto a Unidos Podemos como a Ciudadanos porque del PP o el PSOE poco se puede esperar a estas alturas. Me parece increíble que se plantee un gobierno con Los Genoveses sin exigirles la aprobación con carácter inmediato de una ley que proteja a los que hasta ahora ellos y el PSOE persiguen e ignoran.

En un país como el nuestro, desangrado por la corrupción al ritmo de 87.000 millones de euros anuales, una ley integral que protegiese a aquellos que pudieran convertirse en denunciantes se antoja fundamental para terminar con la sangría. No solo eso, no existe ninguna otra forma para ahorrar 87.000 millones de euros sin generar perjuicios sociales salvo la ley de protección al denunciante. Cada vez que desde Europa se piden recortes se oyen cifras de 10.000 millones de euros o cuantías similares, mientras se puede ahorrar casi diez veces más a un coste relativamente bajo. Es más, si redujéramos la corrupción a un diez por ciento de la actual conseguiríamos terminar con la deuda en unos quince años.






¿Cuánto costaría una ley para proteger a los denunciantes?

Con toda seguridad menos del 10% del ahorro que generaría, lo que es muy poco en comparación a lo defraudado. La ley pide garantizar el salario de los denunciantes de corrupción previa verificación por parte de un juez, lo que garantiza que una persona (más o menos) independiente sea la responsable de otorgar la condición de protegido y dar verosimilitud a las denuncias. Por tanto, el primer paso sería crear estos juzgados especiales y asegurar el salario mensual de los denunciantes. Normalmente, las cuantías denunciadas por corrupción se elevan a millones de euros o cientos de ellos, mientras que los salarios en raras ocasiones superan los 30-40.000 euros anuales (en la mayoría de los casos hablamos de funcionarios o trabajadores que ya están empleados, por lo que ni siquiera supone en sí mismo un gasto) y el coste de un juzgado especializado sería muy bajo en comparación a los defraudado.

Por otro lado, cuantos más juzgados sean necesarios y más denunciantes sean protegidos, ello significará que más tramas corruptas serán detectadas y mayor será el ahorro al Estado. De esta forma se asegura que un aumento del gasto por esta ley suponga también un aumento del ahorro conseguido, por lo que todo son beneficios. No existe en la actualidad una inversión más segura y rentable. Además, no hay que olvidar que el efecto de la denuncia y la protección del denunciante va más allá de lo económico, dado que permitiría terminar con la impunidad existente en la actualidad.

Si es tan rentable para todos, ¿por qué se olvidan el PP, el PSOE, Ciudadanos y los medios de comunicación de los denunciantes y de esta ley?

Tanto PSOE como PP no han querido apoyar esta importante ley porque las cloacas de sus partidos están repletas de corrupción y proteger a los denunciantes puede resultar peligroso para ellos y para el entramado que les sustenta. El PSOE en Andalucía y el PP en Madrid y Valencia, fundamentalmente, saben que la aprobación de la misma podría generar que los casos de corrupción se multiplicasen de forma escandalosa o se descubrieran nuevas tramas en otras regiones.

Los partidos progresistas han apoyo de forma clara y masiva esta ley (Unidos Podemos y confluencias, Esquerra Republicana, EH Bildu), al igual que hasta ahora lo había hecho Ciudadanos, por lo que este olvido resulta inexplicable y decepcionante.

Los grandes medios de comunicación, ya sean televisiones, radios o diarios, no se han preocupado por los denunciantes más allá de la parte más sensacionalista que han podido obtener de cada uno de nosotros (y ello en raras ocasiones porque lo normal es el silencio). En el mejor de los casos, los denunciantes somos individuos a los que extraer todo lo que pueden y abandonar una vez terminada la función parásita. En el peor, somos historias que deben ser silenciadas. Esos son los motivos por los que los grandes medios no han apoyado una Ley Integral de Protección al Denunciante ni han organizado una campaña en su favor, a pesar del enorme beneficio social que supondría.

A estas alturas es difícil esperar algo, pero tanto los medios de comunicación como los partidos políticos deben rectificar en este caso y otorgar a esta ley y a los denunciantes la importancia que merecen. Ciudadanos o cualquier otro partido debe condicionar cualquier pacto de gobierno a la aprobación de esta imprescindible ley porque no se trata de nosotros, los denunciantes, sino de ¡87.000 millones de euros anuales!

Esta cantidad puede ser la diferencia para cualquier ciudadano entre ser atendido en un hospital a tiempo o no, estudiar en un colegio o hacerlo en un barracón, obtener una beca o dejar de estudiar, cobrar una pensión o no… Por desgracia, esos 87.000 millones de euros también son la diferencia entre que más de un periodista cobre a final de mes o no o que más de un político pueda hacer un volquete de putas o no…

Por el bien de todos, esperemos que Albert Rivera, Ciudadanos y los grandes medios de comunicación rectifiquen. Rectificar es de sabios, dicen.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra.

Fuente: Público.es

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