miércoles, 28 de septiembre de 2016

Todo empezó hace un año

ENRIC JULIANA




Las elecciones catalanas del 27 de septiembre del 2015 inauguraron el ciclo laberíntico

ENRIC JULIANA
  
Hoy hace un año empezó todo. Concluida la jornada electoral más intensa que ha vivido Catalunya desde el advenimiento de la República, la mañana del lunes 28 de septiembre del 2015 empezó a quedar claro que “el voto de nuestra vida” (lema principal de los soberanistas), iba a ser muy difícil de gestionar, pese al eufórico 48%. Un gran resultado con dos inconvenientes: no superaba el 50% necesario para proclamar la victoria del “plebiscito” y la mayoría parlamentaria resultante quedaba en manos de la Candidatura d’Unitat Popular, la agrupación más contestataria del espectro político catalán (decir que están a la izquierda de Podemos hoy se queda corto).

La reelección de Artur Mas como presidente de la Generalitat quedaba en manos de diez diputados escasamente dispuestos a la subordinación y al pacto fácil. Los tres meses que vinieron después fueron muy densos. Hoy es un día adecuado para recordarlos. El 9 de enero del 2016, Artur Mas entregaba su cabeza a la CUP, a cambio de la investidura urgente de Carles Puigdemont y de un mínimo compromiso de estabilidad parlamentaria.

Hombre de carácter combativo, educado en la disciplina, Mas quería resistir, pero diversas personas de su círculo más próximo le convencieron de que la repetición de las elecciones podía ser catastrófica para él y para su partido, e incluso para la causa independentista, dado el previsible auge de la agrupación En Comú Podem, que acababa de dar la sorpresa en las elecciones generales del 20 de diciembre. A finales del año pasado, las encuestas eran poco halagüeñas para CDC si se presentaba en solitario, como consecuencia del previsible rechazo de ERC a repetir la coalición Junts pel Sí. Cabía la posibilidad de una mayoría de izquierdas en Catalunya, no estrictamente independentista. Mas tiró la toalla y aún lleva el dolor impreso en el rostro. ¿Fue bien aconsejado? He ahí una interesante pregunta para los libros de historia.

Alguna gente en Madrid se reía entonces de los líos políticos catalanes. Poco se imaginaban lo que les iba a caer encima. Las elecciones generales de diciembre habían fabricado el Parlamento menos bipartidista desde 1977. Muy interesante, pero difícil de gobernar. Los partidos nuevos (Podemos y Ciudadanos) sumaban más de cien diputados y la debacle electoral del Partido Popular (63 diputados menos) abría la posibilidad de un gobierno de Mariano Rajoy en minoría, con sólo 123 escaños, férreamente controlado por la oposición.

La llave quedaba en manos del PSOE, que también había perdido votos y diputados. Acomplejado por el ascenso de Podemos, el secretario general Pedro Sánchez no quiso seguir el consejo de Felipe González de dejar gobernar al PP y freírlo desde la oposición. Tomar el mando de la situación desde el Parlamento. Sánchez veía a venir la embestida de Susana Díaz y entendió que la mejor defensa pasaba por intentar la investidura. Todo lo que ha sucedido después es de sobra conocido.

Un año después, los dos laberintos, el catalán y el español, vuelven a cruzarse. Carles Puigdemont comparece hoy en el Parlament para intentar superar una moción de confianza, promovida por él mismo. Sigue necesitando el apoyo de la CUP. La mochila del 27 de septiembre. Puigdemont expondrá los próximos pasos del programa independentista, que cuenta con mayoría parlamentaria, sin el aval del 50% del voto ciudadano. En el debate aparecerá la propuesta de coronar el proceso con un referéndum unilateral.

La hirviente cuestión catalana regresa hoy mismo a la política española, mientras una parte del PSOE se prepara para defenestrar a Sánchez. El Partido Socialista está transformando su crisis interna en una crisis de Estado al vincular el calendario de sus vértigos con los plazos de la investidura. La izquierda española está a treinta minutos del suicidio si acaba forzando unas delirantes terceras elecciones generales.

Y Catalunya sigue ahí. El debate en el Parlament desdibujará todavía más la hipótesis de un Gobierno alternativo al PP, liderado por Sánchez con diversos y difíciles apoyos. Los soberanistas catalanes tendrían hoy una oportunidad de oro para condicionar el Gobierno de España, pero son prisioneros de sus palabras y de sus prisas. La izquierda española también comienza a ser prisionera de sus maniobras, sus enfrentamientos y sus retóricas.

Todo empezó hace un año.

ENRIC JULIANA  
uente: La Vanguardia

Los putos nacionalistas



Aníbal Malvar

Parece que ahora se van a cargar a Pedro Sánchez para poner una gestora en el PSOE que encumbre de nuevo como presidente a Mariano Rajoy, venerado autor de epigramas corruptos tan clarificadores como Luis, sé fuerte o Hilillos de plastilina, sus dos obras cumbres. Pero, como en los cuentos de miedo, nadie se atreve a nombrar a La Bicha, a la verdadera causa de esta ingobernabilidad: los putos nacionalistas. Nadie quiere hablar con los putos nacionalistas. Ni siquiera en la intimidad. Y es actitud bastante antidemocrática, porque los putos nacionalistas acumulan en dos de sus naciones bastantes más votos que los adalides de la España centrípeta (en Galicia, la excepción, no solo nacieron Franco y Fraga, sino que además jamás murieron).

A uno, que es bastante de aldea y buenista, le da la impresión de que la única manera de salir de esta parálisis política es que los putos nacionalistas sean invitados a una orgía dialéctica con los putos centralistas para ver cómo recosemos las costuras de la piel de toro. Prefiero los caminos a las fronteras, que cantaba Serrat. No estaría de más que los políticos españoles, gallegos, catalanes y vascos empezaran a pensar menos en las carreteras de asfalto que en los caminos de la palabra, que acercan más a las naciones, más velozmente y son más seguros.

El PSOE lleva añadas proclamando su federalismo aquí y acullá, pero nunca propulsándolo cuando gobierna (que, de momento, son las más de las veces). Un día, hace ya unos diez años, se lo dije a Felipe González y se me enfadó muchísimo. Me dieron ganas de contestarle que su federalismo siempre fue un federalismo bonsai, pues ni siquiera hoy todas las competencias pactadas en los estatutos de autonomía están transferidas. Pero no lo consideré muy oportuno, pues él ya se había puesto a hablar con otra gente. Se conoce que me vio cierto parecido con Bob Dylan, y decidió que el mejor destino para mis preguntas es que se quedaran flotando en el viento.

El caso es que ahora Pedro Sánchez quiere pactar o acordar o entenderse o escucharse o susurrarse con los nacionalistas. Y a mí me parece fabuloso, homérico, inteligente, necesario y etcétera salvo por el hecho de que este diálogo lo plantea el mismo tío que no ha tantas calendas se sentó con Albert Rivera y firmó un pacto de inspiración falangista que castraba toda posibilidad de entendimiento con nadie que tenga dos dedos de frente. Y, menos, de frentismo.

Pedro Sánchez es una mezcla entre el socialista que no quiso ser y el socialista al que no dejarán ser. Es un cadáver transportado en dos ataúdes, y los dos los ha claveteado él mismo. Y todo por los putos nacionalistas. Porque no hay un solo dirigente del –presuntamente federalista– PSOE que tenga la entereza de afrontar eso que los cursis llaman la cuestión territorial. Poniéndonos castizos, no se puede torear en una plaza en la que no dejas entrar al toro.

Sánchez ha sido más secretario que general, dejando que los prejuicios de los jarrones chinos le apocaran el discurso, la flexibilidad, la garra y la inteligencia: que se pase ahora de Ciudadanos a Esquerra Republicana suena pelín oportunista. Lo que sucede hoy en Catalunya pasó no hace mucho en Euskadi con el plan Ibarretxe. Que se diluyó en la nada por la vía del diálogo, hasta el punto de que hoy incluso el PP puede amartelarse con el PNV si les obliga la conveniencia.

Los putos nacionalistas son la línea roja de este PSOE arcaico y abstruso, que alimenta el independentismo tanto, o más, que la cerrilidad genética del PP. Pero con la diferencia de que al PP le beneficia y al PSOE lo cancera. Pobre Pedro Sánchez, poor butterfly. Nunca nadie perdió tanto vacío en el centro de la nada. Más secretario que general, ya se ha dicho.


Aníbal Malvar

Fuente: Público.es

martes, 27 de septiembre de 2016

Sánchez es un peligro público

Sánchez es un peligro público

Juan Carlos Escudier


Lo del enemigo común lo pusieron de moda los griegos en las Guerras Médicas frente a los persas, que eran muchos pero tontos, e igual se les ahogaba medio ejército cruzando un río que un puñado de espartanos les paraban los pies en un desfiladero. Hoy día el enemigo común es Pedro Sánchez, en torno al cual se ha suscitado una unánime animadversión y al que la prensa unida jamás será vencida pide su cabeza por inconsistente, secuestrador de su partido, loco y megalómano, que es como loco pero en plan pirámide de Keops.

El pecado del sujeto, que tiene muy turbadas a las madres que le veían como el yerno perfecto -¡quién lo iba a decir con lo alto y guapo que es la criatura!-, es plantear que los militantes del PSOE decidan cuál es la voz que ha de representarles y si están por intentar formar gobierno para echar al PP, como pretende el Jerjes de Ferraz, o dejar que Rajoy siga decidiendo sobre las cortinas de la Moncloa y la tapicería de la casa en general.

Su pretensión ha sido juzgada como un disparate que pone en peligro a España, al PSOE, al Mercosur y a la ONU, ya que es de dominio público que los afiliados de un partido son gente poco preparada que no tiene conocimientos ni de geoestrategia ni de geopolítica, y su misión en la organización ha de limitarse a pagar las cuotas, pegar carteles, aplaudir en los mítines, dejarse besar si procede y, sólo en el caso de los tecnológicamente más avanzados, poner tuits favorables y complacientes. La militancia es un rebaño que ha de ser pastoreado porque tiene menos lecturas que el manual de instrucciones de una Smart TV y únicamente entiende frases cortas y con gracejo, estilo en el que destaca Susana Díaz, que en este sentido es una lideresa inconmensurable.

A Sánchez le quieren montar las Termópilas en el comité federal de este sábado y para ello han dispuesto un equipo de fontaneros al teléfono para que no haya escapes en las tuberías. Con el mono puesto están Juan María Cornejo y Máximo Díaz Cabo por Andalucía, y Jesús Fernandez Vaquero, que es el operario de García Page, por Castilla-La Mancha. Su misión, llave inglesa en mano, es convencer por lo civil o lo militar a los indecisos de este órgano de que el partido es cosa de los cuatro que conforman la aristocracia baronil que sabe lo que es bueno para el populacho. Es de suponer que Ferraz tenga también trabajando a su propia contrata, que en esto de los desagües hay una competencia profesional durísima.

La aritmética, como ocurre con la formación de gobierno, es una ciencia complicada. Sánchez está convencido de que tiene la mayoría para convocar el congreso y los amotinados, para impedirlo, también lo creen, pero con dudas. De hecho, una de las bazas que tienen sobre la mesa es presentar ante el comité federal la dimisión de la mayoría de los integrantes de la Ejecutiva federal para forzar una gestora que se lleve por delante al secretario general. ¿La duda? Pues que la mayoría del comité rechace por extemporáneas las dimisiones o las acepte y monte una gestora controlada por los sanchistas, que es un término recién acuñado y que refleja que la marioneta que era el inconsistente le ha dado un tajo a las cuerdas para convertirse en un peligro público.

Los críticos más civilizados han expuesto que adelantar el Congreso impedirá el debate ideológico que el PSOE necesita, como si ello les importara realmente. De hecho, hoy el partido se guía por la misma senda que trazó Rubalcaba, que consistía no tanto en girar a la izquierda como en poner el intermitente, porque las maniobras hay que señalizarlas aunque nunca lleguen a realizarse. Todo la hidalguía socialista estuvo de acuerdo y, lo que es peor, lo sigue estando.

Sánchez, que ha visto que el camino se le cortaba abruptamente, quiere ahora consumar el giro aunque sea derrapando o haciendo trompos como el Vaquilla. Se le culpa de mantener la herencia en los mismos términos que se acordaron, que es la que ha provocado los sucesivos fiascos electorales, y se le quiere culpar también de intentar cambiarla, lo que les pondría en evidencia. En la eliminación del yerno perfecto, los conjurados se juegan su propia supervivencia. He aquí el meollo del debate ideológico. Salamina está a la vista. Acabáramos.

Juan Carlos Escudier


Fuente: Público.es

El Gobierno colombiano y las FARC sellan el acuerdo definitivo de paz

Las FARC y el Gobierno de Colombia han sellado el acuerdo en Cartagena. (Luis ACOSTA / AFP)


naiz.eus


El Ejecutivo colombiano y las FARC han sellado el acuerdo definitivo de paz en un solemne acto celebrado en la ciudad de Cartagena. La soicedad colombiana debe ahora refrendar lo acordado en un plebiscito que se celebrará el domingo.




El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el líder de las Fuerzas Armada Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Echeverri Londoño, alias 'Timochenko', han sellado esta madrugada el acuerdo cerrado en agosto tras cuatro años de negociaciones que pone fin a la guerra más longeva del hemisferio occidental.

Santos y 'Timochenko' han estampado sus firmas en el texto pactado durante una ceremonia solemne que se ha iniciado a las 17.00 horas en la ciudad colombiana de Cartagena. Este momento histórico ha quedado atestiguado por 15 jefes de Estado, la mayoría latinoamericanos y una decena de presidentes de organizaciones internacionales, entre los que destacan el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, y el de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.

Con este gesto, el Gobierno de Santos y las FARC han dado el último paso para sellar un texto que tendrá que ser refrendado el próximo domingo por los colombianos.

Unas 2.500 personas han llenado el Patio de Banderas del Centro de Convenciones de Cartagena, todas ellas vestidas de blanco, por exigencias del protocolo, un color que ha teñido cada uno de los hitos de este proceso de paz.

El acuerdo

Con esta firma, el Gobierno y las FARC han blindado un acuerdo de paz de 297 páginas en las que se desgranan los seis acuerdos parciales que lo componen: desarrollo agrario y rural, participación política, cultivos ilícitos, víctimas, fin del conflicto y refrendación, implementación y verificación de lo pactado.

El acuerdo sobre desarrollo agrario y rural contempla la creación de un Fondo de Tierras «para lograr la democratización» del campo colombiano, «en beneficio de los campesinos sin tierra o con tierra insuficiente y de las comunidades más afectadas por el conflicto, promoviendo una desconcentración y una distribución equitativa».

El objetivo de la participación política, por otro lado, es que surjan nuevas fuerzas, entre ellas el partido en el que se transformen las FARC una vez desmovilizadas, «con las suficientes garantías de seguridad» para desarrollar su labor, que se concretarán en un estatuto de la oposición.

Las FARC se han comprometido además a «poner fin a cualquier relación que, en función de la rebelión, se hubiese presentado con el narcotráfico». Las partes han diseñado un mecanismo para la erradicación de los cultivos ilícitos y su sustitución por otros legales.

Uno de los pilares del acuerdo de paz es el relativo a las víctimas, que crea una jurisdicción especial encargada de esclarecer y sancionar las graves violaciones de los Derechos Humanos y los crímenes internacionales cometidos en el conflicto armado por todos los que hayan participado en él, que se completa con medidas para obtener verdad y reparación e impedir la repetición.

Las partes han pactado igualmente un cronograma que da 180 días a las FARC para entregar las armas. Los guerrilleros se concentrarán en zonas y puntos concretos del territorio colombiano hasta que se reincorporen plenamente a la vida civil, donde estarán protegidos por una misión internacional bajo el paraguas de la ONU.

El domingo, plebiscito por la paz

La firma de este lunes es un acto simbólico porque estos cinco acuerdos todavía tendrán que pasar el examen de las urnas en el plebiscito que se celebrará el próximo 2 de octubre para que los colombianos decidan si aceptan o rechazan lo negociado en La Habana.

El umbral mínimo de participación para que la consulta popular sea válida está en el 13% del censo electoral, formado por 33 de los 48 millones de habitantes que tiene Colombia, por lo que solo se requieren 4,5 millones para que el acuerdo de paz sea ratificado o anulado.

De acuerdo con un reciente sondeo sobre intención de voto de Ipsos, un 53% de los colombianos participará en el plebiscito por la paz, de los cuales un 72% lo hará a favor del 'sí', frente a un 28% que se decantará por el 'no'.

La campaña por el 'no', liderada por los expresidentes Alvaro Uribe y Andrés Pastrana, clama contra un acuerdo de paz que, desde su perspectiva, «da impunidad a las FARC y condiciona el futuro desarrollo» de Colombia. Sin embargo, se muestra «a favor de la paz» y asegura que, de ganar el 'no', «aún sería posible renegociar un acuerdo mejor».

Fuente original: http://www.naiz.eus/eu/actualidad/noticia/20160927/el-gobierno-colombiano-y-las-farc-sellan-el-acuerdo-definitivo-de-paz
Fuente: Rebelión

Sánchez: matar o morir

Pedro Sánchez durante la rueda de prensa posterior a la reunión de la Comisión Permanente / Foto: Borja Puig (PSOE)


Si quieren cortarle la cabeza, alguien acabará manchado de sangre. Si sacan de Ferraz con un golpe interno al primer secretario general del partido elegido por primarias y encima lo hacen para abrir la puerta de La Moncloa a Rajoy, habrán creado un mártir a costa de la credibilidad del PSOE



Ignacio Escolar  



Algo de historia reciente para entender la guerra civil en el PSOE de hoy. Madrid, junio de 2014. Susana Díaz, Ximo Puig y Tomás Gómez se reúnen con Pedro Sánchez en un hotel discreto de la cadena AC en las afueras de Madrid. A la reunión entre el candidato a las primarias y los líderes del PSOE en Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid también asiste –entre otros dirigentes– el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, que en la práctica ejerce de avalista de esa reunión.

Los tres barones clave del partido, los que más militantes tienen detrás, están ya de acuerdo en algo: apoyar a Pedro Sánchez frente a Eduardo Madina en las primarias. Su apoyo no es gratis, ponen una condición: que si Sánchez gana se conforme de momento con ser el secretario general y que el debate sobre quién será el candidato se aparque hasta dentro de un año y se decida entonces, en función de cual de los posibles –Susana Díaz o Pedro Sánchez– tenga más opciones.

Sánchez acepta el trato, y los tres principales barones le dan su apoyo. De los tres, el más reacio es Tomás Gómez. “Te voy a apoyar, a pesar de que después me vas a matar”, le dice el líder del PSM al futuro secretario general. Pedro Sánchez le niega la mayor: “No solo no te voy a matar, sino que mañana en público te voy a respaldar”.

Tres meses después de aquella reunión, según la versión de sus críticos, Pedro Sánchez incumplió la primera parte del acuerdo. En septiembre de 2014 anunció que se presentaría a las primarias para ser el candidato socialista a la presidencia.

Y siete meses después, Sánchez también incumplió la letra pequeña del acuerdo. Tomás Gómez tenía razón y en febrero de 2015 Sánchez le cortó la cabeza, nombró una gestora y hasta cambió la cerradura de la sede del partido en Madrid.

La reunión del AC y lo que pasó después es clave para entender por qué arranca la guerra entre Pedro Sánchez y Susana Díaz. No solo por los incumplimientos del acuerdo que denuncian sus críticos. También por el pacto en sí. Fueron unas primarias, sí. Votaron los militantes, también. Pero Eduardo Madina no perdió solo contra Pedro Sánchez. También contra los aparatos de las principales federaciones del PSOE.

Sánchez ganó esas primarias con la ayuda de los mismos dirigentes que ahora lo quieren matar. Fueron algunos de los que le llevaron hasta alli quienes también pensaron que así sería su rehén. Y quienes, si no hubiese cambiado a Tomás Gómez por Angel Gabilondo –evitando así el sorpasso de Podemos en la Comunidad de Madrid en esas autonómicas–, probablemente habrían hecho responsable del desastre electoral al propio Sánchez. Como hacen ahora en Galicia, olvidando que el mismísimo alcalde de la primera ciudad gallega, Vigo, –el socialista Abel Caballero, otro de los críticos con Sánchez– dinamitó las opciones de su propio partido anunciando que no respaldaba al candidato del PSOE en la víspera de que arrancase la campaña electoral porque Ferraz había modificado las listas. Por si había alguna duda del mensaje, Abel Caballero volvió a repetirlo tres días antes de las elecciones.

Cabe preguntarse también cuál habría sido el resultado electoral en Galicia y Euskadi si antes el PSOE hubiese permitido la investidura de Mariano Rajoy. ¿De verdad algún dirigente socialista cree sinceramente que así les habría ido mejor?

Los rivales internos de Sánchez no son pocos. No se recuerda un secretario general del PSOE que en tan poco tiempo se haya ganado tantos enemigos internos tan poderosos; nadie que haya unido más a los dirigentes del partido… pero en su contra, incluso con alianzas hasta ahora inimaginables. Ha logrado poner de acuerdo a Eduardo Madina con Susana Díaz, a Alfredo Pérez Rubalcaba con Carme Chacón, a Felipe con Zapatero, a seis de los siete presidentes autonómicos socialistas… a casi todos contra él. Incluso dos sus primeros mentores en el partido –José Blanco y Miguel Sebastián– le quieren hoy fuera de la secretaría general. Todos ellos argumentan frente a Sánchez una larga lista de supuestas traiciones e incumplimientos de la palabra dada, como la promesa a Tomás Gómez en el hotel AC.

Este lunes, Pedro Sánchez ha lanzado un órdago que solo puede acabar de dos maneras: con una victoria absoluta o con una derrota estrepitosa. En seis semanas, Pedro Sánchez puede entrar en La Moncloa por la puerta grande o salir con los pies por delante de Ferraz; escribir una página importante de la historia de España o convertirse en un pie de página. Ser el tercer presidente socialista de la actual democracia, con Felipe y Zapatero, o ser el nuevo Josep Borrell.

La determinación de Sánchez por dar la batalla hasta al final es completa. Incluso si le cortan la cabeza esta semana y nombran una gestora tras un golpe de mano en la ejecutiva socialista o el comité federal, Sánchez pretende mantenerse como diputado para más adelante volver a presentarse a las primarias del partido.

Desde su equipo, están convencidos de que hay opciones reales para lograr un Gobierno alternativo al de Rajoy y aseguran estar dispuestos a intentarlo por todos los medios, sin descartar ninguna opción y empleándose a fondo en la negociación. Creen que a Albert Rivera le pueden temblar las piernas en el último momento porque Ciudadanos es el partido que más tiene que perder ante una repetición electoral. Y también están dispuestos a saltarse el veto que hasta ahora había puesto el PSOE y el propio Sánchez a negociar la investidura con los partidos independentistas; hoy el propio Sánchez abrió la puerta a esa posibilidad. Incluso abordando un gobierno de coalición con Podemos. La línea roja del referéndum sigue estando ahí, pero aseguran que van a explorar todas las opciones para sacar de La Moncloa a Mariano Rajoy.

Su calendario es claro, y eso no significa que en el camino, este mismo sábado, no pueda descarrilar. Primero, necesitan que el Comité Federal apruebe la convocatoria de un Congreso para diciembre y no está claro que esto vaya a pasar. Después, se convocarían las primarias con dos fechas clave: el 12 de octubre, donde estaría ya cerrado qué candidatos hay y con qué avales, y el 23 de octubre, donde se conocería quién sería el ganador.

En el mejor de los casos para Sánchez –si se aprueban las primarias pero no hay más candidatos que consigan 9.000 avales–, el 12 de octubre tendrá las manos libres para negociar y tendrá que encontrar un pacto en 18 días. En el más difícil –si gana el 23 de octubre–, tendrá que lograr una investidura en solo una semana. Es cierto que la negociación no tiene por qué empezar tras las primarias –sí su ratificación– pero aún así los días van muy justos incluso si todo marcha bien.

El plazo es tan ajustado y la misión tan difícil que los críticos con el secretario general del PSOE cuestionan que llegar a La Moncloa sea el verdadero objetivo. Unos aseguran que busca otra cosa muy distinta: huir hacia adelante y aguantar a cualquier precio en Ferraz; que se repitan unas elecciones que probablemente vayan a dejar a Mariano Rajoy aún con más fuerza, todo con tal de resistir como líder de la oposición. Otros no dudan de la voluntad de Sánchez de llegar a La Moncloa “hasta con Bildu” –según sus propias palabras–, pero argumentan que un acuerdo con  Podemos y los independentistas sería inaceptable para el PSOE.

Pero los críticos tienen un punto débil que Pedro Sánchez este lunes ha sabido explotar: si quieren cortarle la cabeza, alguien acabará manchado de sangre. Si quieren que el PSOE abra paso a Rajoy, deben decirlo abiertamente. Y si este sábado sacan de Ferraz con un golpe interno al primer secretario general del partido elegido por primarias y encima lo hacen para abrir la puerta de La Moncloa a Mariano Rajoy, habrán creado un mártir a costa de la credibilidad del PSOE.

Es una lástima que el PP  borrase el tuit con “palomitas” con el que tan finamente analizó la crisis interna del PSOE. Es un buen resumen: la izquierda se desangra en guerras civiles, incapaz de pactar una alternativa, mientras Rajoy y los suyos se ríen de ellos en su cara.

Fuente: eldiario.es

Por qué fracasó el alto al fuego en Siria

Donbass-Levante: dos guerras para un solo objetivo. Encargado de cortar la «nueva ruta de la seda», que debe pasar por Siberia y llegar hasta la Unión Europea pasando por Ucrania, el presidente Petro Porochenko se presentó el 21 de septiembre ante el Consejo de Seguridad de la ONU y recitó nuevamente la propaganda anglosajona sobre la guerra contra Siria e Irak, conflicto que apunta a cortar el trayecto histórico de la «Ruta de la seda».



por Thierry Meyssan

El público occidental se entusiasmó con el alto al fuego ruso-estadounidense en Siria y creyó que podía conducir a la paz. Eso quiere decir que no recuerda en lo absoluto cómo comenzó esta guerra y que tampoco entiende cuáles son los intereses en juego. Explicaciones en este trabajo.




El alto al fuego proclamado en Siria sólo se mantuvo durante la semana de la fiesta musulmana del Aid. Fue el enésimo cese de hostilidades proclamado desde que Estados Unidos y Rusia firmaron el acuerdo para el restablecimiento de la paz. Duró lo mismo que esa paz y que los anteriores paréntesis en los combates.

Comencemos recordando los hechos: el 12 de diciembre de 2003, el presidente estadounidense George W. Bush firmaba una declaración de guerra contra Siria, la Syrian Accountability Act. Luego de une serie de intentos de iniciar las hostilidades (Cumbre de la Liga Árabe de 2004, asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri en 2005, agresión israelí contra el Líbano en 2006, creación del Frente de Salvación en 2007, etc.), las Fuerzas Especiales de Estados Unidos pasaban a la ofensiva a principios de 2011 provocando –en función de un plan preconcebido–una serie de acontecimientos que debían hacer creer que existía en Siria una «revolución interna». Después estrellarse contra 2 vetos de Rusia y China en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos aceptaba una paz en Ginebra, paz firmada –sin la presencia de las partes sirias– el 30 de junio de 2012..

Primera observación:
Los que afirman que al actual conflicto no es una agresión externa sino una «guerra civil» no pueden explicar cuáles fueron los resultados de la declaración de guerra contra Siria firmada en 2003 por el presidente Bush Jr., ni por qué la paz de 2012 se firmó entre las dos grandes potencias y sin que estuviera presente ni un solo sirio.

Desde que se firmó la paz –hace 4 años–, la guerra se ha reiniciado siempre, a pesar de los múltiples intentos de alcanzar arreglos negociados, cara a cara, entre el secretario de Estado John Kerry y el ministro ruso de Exteriores Serguei Lavrov.

A lo largo de estos 4 años, he descrito detalladamente los sucesivos conflictos dentro del aparato estatal de Estados Unidos (las maniobras de Jeffrey Feltman y de los generales David Petraeus y John Allen contra el presidente Barack Obama, así como los problemas en el CentCom). Actualmente, según la prensa estadounidense, los grupos armados de la CIA y los del Pentágono luchan entre sí en Siria; mientras que el secretario de Defensa Ashton Carter declara públicamente no creer que sus subordinados acepten aplicar el acuerdo… ¡firmado por el secretario de Estado John Kerry!, quien se declara a su vez escéptico sobre su propia capacidad para lograr que Estados Unidos respete el acuerdo que él acababa de firmar en nombre de… ¡Estados Unidos!

Segunda observación:
No sólo el presidente Barack Obama es incapaz de imponer su voluntad a las diferentes ramas de su administración sino que, además, ni siquiera logra actuar al menos como árbitro entre ellas. O sea, cada rama de la administración estadounidense sigue su propia política, actuando simultáneamente contra enemigos externos y contra… las otras ramas del Estado federal.

Estados Unidos ha cambiado repetidamente sus objetivos de guerra, lo cual dificulta la interpretación de su política.
- En 2001, Washington trataba de controlar todos los recursos petrolíferos y gasíferos disponibles a nivel mundial, convencido entonces de que el mundo iba hacia un periodo de escasez en ese sector. Basándose en ese análisis, Washington reunió aliados contra Siria. Pero a finales de los años 2010, abandonó la teoría del «pico petrolero» y se dirigía –al contrario– hacia la independencia energética.
- En 2011, Washington organizó en Siria los disturbios de Deraa, creyendo provocar así un levantamiento popular capaz de derrocar el gobierno laico sirio para poner en el poder a la Hermandad Musulmana. Ese era el esquema de la «primavera árabe». Pero en 2013, después del derrocamiento de Mohamed Morsi en Egipto, sacando conclusiones del fracaso de ese experimento, Washington abandona la idea de confiar el poder a la Hermandad Musulmana en los países árabes.
- En 2014, como la guerra prosigue en Siria, Washington decide utilizarla para obstaculizar el proyecto del presidente chino Xi Jinping destinado a restaurar la «Ruta de la Seda». En función de ese nuevo objetivo, Washington se ve obligado a convertir el «Emirato Islámico de Irak» en Daesh.
- En 2015, después de la intervención militar rusa, y sin renunciar al objetivo anti-chino que ya se había fijado anteriormente, Washington se agrega un segundo objetivo: impedir que Moscú cuestione la hegemonía estadounidense y la organización unipolar de las relaciones internacionales.

Tercera observación:
Los cambios de objetivos son evidentemente rechazados por las potencias afectadas por esos cambios, como Qatar en cuanto a las cuestiones energéticas y la Hermandad Musulmana en lo tocante al derrocamiento del régimen. Pero esos actores cuentan con el respaldo de poderosos grupos de influencia en Estados Unidos: Qatar cuenta con el apoyo de Exxon-Mobil –la transnacional más importante del mundo– y del clan Rockfeller; la CIA y el Pentágono respaldan a la Hermandad Musulmana.

En el campo de batalla, los medios que Rusia ha desplegado demuestran de forma inequívoca la superioridad de las nuevas armas rusas sobre el armamento de la OTAN.

Cuarta observación:
Para los jefes de estado mayor y los comandantes de los diferentes mandos estadounidenses de combate (CentCom, EuCom, PaCom, etc.), el fin de la dominación en materia de guerra convencional no debe permitir que otra potencia cuestione el estatus de Estados Unidos como primera potencia militar mundial. Ese enfoque los lleva a no estar de acuerdo con la CIA sobre el uso de la Hermandad Musulmana, pero siguen siendo aliados de esta última en cuanto a impedir el proyecto de China, lo cual los lleva a respaldar al Emirato Islámico (Daesh).

El acuerdo ruso-estadounidense de principios de septiembre especificaba claramente que varios grupos armados –cuyos líderes han sido considerados presentables por las partes del acuerdo– tenían que separarse de los demás yihadistas. Ese sería el paso previo al establecimiento de una coordinación militar ruso-estadounidense para acabar con los yihadistas. Después de eso, se formaría un gobierno sirio de unión nacional que incluiría líderes de los grupos ya separados de los yihadistas, siguiendo el modelo de los gobiernos locales que los imperialistas europeos impusieron al Imperio Otomano en el siglo XIX.

El Pentágono aceptó ese acuerdo con 2 condiciones:
1- Primeramente, cortar la «Ruta de la Seda». Fue por eso que bombardeó al Ejército Árabe Sirio en Deir ez-Zor, para impedir que se abra la posibilidad de pasar por el valle del Éufrates para evitar el obstáculo que representa el Emirato Islámico.
2- Trabajar con los rusos… pero no en condiciones de igualdad.

La primera condición constituye un acto de guerra contra Siria, perpetrado en pleno alto al fuego, y una ofensa abierta a todo el conjunto de la comunidad internacional. La segunda es evidentement inaceptable para Rusia.

Para desviar la atención del crimen perpetrado por el Pentágono y el Reino Unido en Deir ez-Zor, el MI6 británico organizó el «bombardeo» contra un convoy humanitario.



Ese convoy ya había sido revisado por el Ejército Árabe Sirio. No contenía armas (o ya no contenía armas) y había sido autorizado a circular después del levantamiento del alto al fuego. Se hallaba bajo la responsabilidad de la Media Luna Roja siria –ONG vinculada al gobierno de Damasco– y llevaba ayuda a las poblaciones sirias ocupadas por los yihadistas.

Contrariamente a las declaraciones occidentales, ese convoy nunca fue bombardeado, lo cual es fácilmente verificable visualizando las imágenes divulgadas por el MI6 bajo la etiqueta de los «Cascos blancos». No se ven en esas imágenes los típicos cráteres que dejaría un bombardeo aéreo. El convoy fue objeto de un ataque terrestre y de un incendio. En cambio, las imágenes captadas por un drone ruso muestran la presencia de yihadistas en el lugar del ataque, a pesar de que se trataba de un sector desmilitarizado.



Pero parece que los hechos no son importantes. Estados Unidos acusó a sirios y rusos de haber violado el alto al fuego, a pesar de los hechos mencionados… y a pesar también de que la coalición dirigida por Estados Unidos sí lo había violado anteriormente al bombardear al Ejército Árabe Sirio en Deir ez-Zor. El 21 de septiembre, la propaganda anglosajona fue repetida a coro, con el mayor aplomo, por los ministros y presidentes del bando occidental –John Kerry (Estados Unidos), Petro Porochenko (Ucrania), Jean-Marc Ayrault (Francia) y Boris Johnson (Reino Unido).

Última observación:
Las negociaciones entre John Kerry y Serguei Lavrov se han reanudado. Pero ya no se trata de reescribir nuevamente un acuerdo de paz sobre el cual ya todo está dicho sino de ayudar el Departamento de Estado a vencer los obstáculos y resistencias que está enfrentando en su propio país.

Thierry Meyssan

Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Fuente: Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional
Artículo bajo licencia Creative Commons

lunes, 26 de septiembre de 2016

Reino de España: El país más corrupto de Europa

Joaquín Rivero



Gregorio Morán

Sorprender no sorprende, pero llama la atención que seamos el país más corrupto de Europa occidental. No estoy en condiciones de hablar de la Europa oriental poscomunista, porque no la conozco salvo los casos delirantes de Albania, Macedonia y Kosovo. Pero lo más llamativo es que nadie se haga la pregunta en voz alta, y que nuestros talentos mediáticos no se hayan detenido en pensar a qué se debe: si a nuestra tradición, si estará incluido en el ADN de los españoles, a la dieta, al peso de la familia como única institución respetable, es un decir; a nuestro inveterado desprecio por el Estado, primer pozo de corrupción nacional.

Aquí se viene abajo cualquier tipo de patriotismo aldeano. El parecido entre un delincuente económico catalán y otro madrileño, o asturiano, o gallego, es absoluto. Hago una excepción para el caso valenciano, porque cabe reconocer que ahí se han alcanzado cotas de imaginación y desparpajo que asombran incluso a los que creíamos no sorprendernos ya de nada. Ni siquiera al añorado Rafa Chirbes, veterano novelista especializado en la descripción de esas lides, se le hubiera ocurrido cosa tan simple y al tiempo tan sofisticada como la entrega de un billete negro de 1.000 euros para que cada militante del PP lo trasformara en dos billetes blancos de 500. Nada de improvisación, con sistema. De vivir aún, se quedaría de un pasmo; no hay imaginación literaria capaz de llegar tan lejos.

No se engañen. Superamos a los italianos y no por un asunto de finezza, como les gusta decir a los cursis, sino porque nuestra corrupción abarca al conjunto social, desde los jueces a los políticos, desde la banca convertida en una organización de timadores –eso fueron las preferentes– hasta la policía –¿se imaginan a un jefe del cuerpo de inspectores grabando una conversación con su superior máximo? Pues lo hemos vivido–.

Un ejemplo para clarividentes. Es sabido que los jueces italianos y la sociedad organizaron Mani Pulite (Manos Limpias), que arrasó la corrupción en la clase política y empresarial italiana, tanto y de tal manera que el miedo de la clase dominante les trajo a Berlusconi. Pero nosotros fuimos más lejos. La organización Manos Limpias estaba formada por un puñado de delincuentes, de la extrema derecha, yo conocí a uno, un tal Bernard, allá por los primeros años de la transición, que trabajaba de sicario político y económico de Blas Piñar, en Fuerza Nueva. Lo escribí. Nadie dijo nada, nadie se acordaba de nada, como si se tratara de otra persona. Conservo de él una buena colección de fotografías en plena acción fascista. ¡Los restos del franquismo se habían convertido, ante el silencio cómplice de la izquierda, en los justicieros! (La izquierda, como siempre por las nubes, siempre exigiendo lo que la derecha, pero con mayor vehemencia. ¡Nosotros lo que queremos es un referéndum! Volvemos a los éxitos radicales de finales de los setenta, cuando el mayor triunfo de la izquierda radical fue que le proporcionaran, la derecha en el poder, un trabajo seguro. Desde catedrático con mando en plaza hasta asesor áulico).

Estamos atados de pies y manos por la ley de defensa del honor. Una joya creada por decreto para protegerse aquella clase política abnegada, comprensiva y patriota. Proteger y amparar a los delincuentes. En el fondo, digámoslo en voz baja, pero al menos para que quede escrito en alguna parte: en España no hay extrema derecha con peso político, al menos de momento, en ninguna parte de Madrid a Barcelona, de Valencia a A Coruña. Y no la hay por algo tan obvio como que está en el poder.

Buena parte de las leyes de la bendita transición fueron redactadas para proteger a los delincuentes, de ahí el interés en el garantismo. Un garantismo jurídico elaborado por los grandes bufetes para crear la cortina impenetrable que hace imposible que los estafadores, sus clientes, vayan a la cárcel. Soy lego en asuntos judiciales, pero que el tema de las tarjetas de Bankia ocupe el lugar que debería servir para revisar la gestión del banco y llevar a la cárcel a quienes vaciaron el banco, que fueron varios, me llena de zozobra. Y esto es válido para la banca en general, una organización profesional que no dudo tendrá a algún empleado aún con manguitos y cierta dignidad profesional, pero que han acabado siendo auténticos nidos de estafadores. Impunes.

Leo milagrosamente en un diario –una noticia crítica en un diario es cada vez más un milagro laico; ahora lo normal es trabajar con la lengua, y no me refiero al idioma, sino a la lengua propiamente dicha que te permite ser gracioso charlista para amas de casa o tertulianos– el nacimiento del ocupa. No del okupa, de procedencia vasco-abertzale, joven que toma una casa vacía desde hace años. El nuevo ocupa es un señorito atorrante, que dirían en América, porque va con c. Ni siquiera asalta su casa, sencillamente le cambia la cerradura y se instala dentro. Luego usted debe negociar cómo lo saca. No cuente con la policía, porque al menos los Mossos consideran que forzar la puerta manipulada constituiría un allanamiento de la morada del delincuente. El genio del invento es un tal Bruno, sin apellido, la prensa no hará tal desaire a un delincuente, uruguayo. Suele escoger casas con piscina, dueños ausentes y esperar que le paguen, para volver a repetir la hazaña. Una sociedad que permite esto y la policía y los jueces se muestran graciosos y benevolentes sirve para imaginar qué harán con un dirigente de banca, un mafioso de la droga o un blanqueador internacional.

La transición diseñó una legislación para delincuentes; fue uno de sus éxitos más silenciados. Te daban el caramelo de la urna y al tiempo te concedían el derecho a militar en un partido que olía a pescado podrido. Baste como ejemplo el reciente fallecimiento de Joaquín Rivero, el pata negra del ladrillo, de la ganadería de Jerez de la Frontera. Societario del Club de los Constructores Medio Muertos, pero forrados: Luis Portillo, Jové, Fernando Martín, Rafael Santamaría, Díaz de Mera, el Pocero o Bautista Soler. Una sociedad que los plumillas denominan “los señores del ladrillo”. ¡Un respeto!

Me ha emocionado leer la necrológica de este “señor del ladrillo” que le ha dedicado el periódico más influyente. Se le recuerda cuando entró en la lista Forbes entre las mil personas más ricas del mundo. Léanlo, no tiene desperdicio y lo firma un tal Noceda, que precisa de este delincuente del ladrillo que pertenecía “a una familia prócer de Jerez (era primo de Teresa Rivero, esposa de José María Ruiz-Mateos)”. Ya lo saben, “prócer” consiste en estafar como RuizMateos vendiendo acciones por botellas de vino añejo. Ni los chalanes de mi niñez hubieran osado tales desvergüenzas.

Y sigue el plumilla, en otra frase sobre este “señor del ladrillo”: “La burbuja estalló sin que Rivero ni la mayor parte de sus colegas hubieran hecho los deberes”. O lo que es lo mismo, haber soltado amarras y pasarle el muerto a los ayuntamientos y a los ciudadanos. Ahora, a esto se le llama “hacer los deberes”. La Fiscalía Anticorrupción le acusó de información privilegiada. Se lo pasó por sus partes endurecidas de tanto montar a caballo por las dehesas. Lo que sí me gustaría saber es qué ocurría con la condena de cuatro años de cárcel que le impuso el Tribunal Correccional de París, con multa de 375.000 euros y una indemnización de 208 millones por malversación y blanqueo.

¡Ay, estos señores de Jerez! Desde que ganaron la guerra no han dejado de pensar que la vida es breve y la estafa un incidente. Otro prócer. ¡Tú vota, chaval, lo demás déjanoslo a nosotros! Llevamos toda la vida ocupándonos de eso. Ese fue el mayor éxito de la transición: que nos entendiéramos. Pero cada uno en su sitio.

La transición diseñó una legislación para delincuentes; fue uno de sus éxitos más silenciados.

Gregorio Morán Columnista habitual en el diario barcelonés La Vanguardia y amigo desde el principio del proyecto SinPermiso, fue un resistente político en el clandestino Partido Comunista de España bajo el franquismo. Periodista de investigación e insobornable crítico cultural, ha escrito libros imprescindibles para entender el proceso que llevó en España de la dictadura franquista a la Segunda Restauración borbónica. Su último libro: El cura y los mandarines (Madrid: Akal, 2014).

Fuente: La Vanguardia,


Hungría: “Orbán proporcionó la excusa perfecta a muchos políticos europeos para desplazarse aún más a la derecha”. Entrevista




ÁNGEL FERRERO ENTREVISTA A:

József Böröcz 

József Böröcz es profesor de Sociología en la Universidad Rutgers (RU) de Nueva Jersey, EEUU. Aunque su especialidad es Europa y la Unión Europea, este profesor húngaro es también un observador atento de los acontecimientos en su país. Böröcz es autor de, entre otros, The European Union and Global Social Change: A Critical Geopolitical-Economic Analysis (Londres, Routledge, 2009). Una versión resumida de esta entrevista de Àngel Ferrero se publicó en La Marea.


P: Has renunciado recientemente a la Orden del Mérito de la República de Hungría que te concedieron en 2005 en protesta por la concesión de este galardón al periodista Zsolt Bayer. ¿Podrías explicar brevemente esta controversia?

R: Bayer es un periodista de considerable talento a la hora de escribir, famoso por su antisemitismo y antirromanismo y por su anticomunismo declarado. Ha descrito, por ejemplo, a los gitanos como étnicamente inferiores, incluso como subhumanos, y ha llamado al asesinato de los niños romaníes. También ha participado en falsificaciones fascistas de la historia, llevando a cabo ataques ad hominem sobre algunos de los mayores intelectuales del país, propagando islamofobia y su rechazo abierto a los derechos humanos básicos de las millones de personas desplazadas que han buscado refugio en Europa a lo largo del año pasado. Todo esto parece ser algo perfectamente loable para el régimen en el poder en Hungría, que ha calificado su “actividad periodística” de “ejemplar”. El régimen es absolutamente cínico en este asunto: quienes toman las decisiones clave saben bien que ésta traspasa los límites de todo lo conocido y, a pesar de eso, se reafirman en su decisión.

Este 17 de septiembre se celebra el décimo aniversario de las protestas en Budapest y otras ciudades húngaras contra el gobierno de Ferenc Gyurcsány. ¿Por qué estallaron estas protestas? ¿Qué ocurrió exactamente?

En mayo de 2016, Gyurcsány realizó un discurso rutinario y a puerta cerrada a un grupo de cuadros dirigentes de su partido nominalmente “socialista” (en realidad, pro-UE y totalmente neoliberal). En este acto más bien poco disciplinado Gyurcsány utilizó un lenguaje más bien fuerte mientras intentaba persuadir a su audiencia para que apoyase políticas fiscales aún más restrictivas, asegurando que su gobierno, que entonces llevaba tres años en el poder, había estado “mintiendo” a la sociedad sobre el estado de la economía.

La grabación del discurso se filtró a mediados de septiembre, probablemente como parte de un esfuerzo de alguien del partido por socavar el liderazgo de Gyurcsány. A primera vista, las protestas eran absurdas, en el sentido de que expresaban rabia por “haber sido mentidos”. La mayoría de manifestantes parecía no haberse dado cuenta de que las “verdades” que el primer ministro estaba intentando instilar en los cuadros de su partido implicaban una política fiscal más rigurosa y recortes al presupuesto nacional, una reestructuración neoliberal más brutal y una mayor presencia del capital global, lo que en el caso de Hungría significa predominantemente europeo occidental. En vez de leer el discurso con atención, la oposición se aferró al argumento simplista de “¡nos mintieron!” y cerró filas entre sus partidarios.

Las protestas, como se dice, “escaparon de su control”. Se prolongaron hasta finales de octubre, coincidiendo con el 50º aniversario de la insurrección de 1956 (el 23 de octubre). En ese momento, una coalición en las calles de diferentes fuerzas políticas antigubernamentales, incluyendo al entonces partido FIDESZ de Viktor Orbán, que se encontraba en la oposición, y partidos políticos de extrema derecha, empujaron las protestas a todavía más violencia urbana. El edificio de la televisión fue incendiado y el centro urbano de Budapest comenzó a parecerse cada vez más a una zona de guerra. Para entonces las protestas eran ya solo en parte una mezcla de las “mentiras” del discurso de Gyurcsány y habían adquirido una dimensión adicional, de manifestación contra la interpretación histórica de la insurrección de 1956 como una “contrarrevolución”, una lectura que en realidad prácticamente todo el mundo había abandonado en 1989/1990. Finalmente el “orden público” fue restaurado con medidas policiales, con algunos heridos, incluyendo, según parece, a algunas personas que se encontraban allí sin participar en las protestas. La putativa “brutal opresión policial” de lo que describieron como “manifestantes legítimos” se convirtió en uno de los eslóganes favoritos del partido de Orbán, que se alzó con una victoria clara en las siguientes elecciones.

El gabinete de Gyurcsány (2004-2009) fue seguido por el breve ejecutivo de Gordon Bajnai (2009-2010). ¿Hasta qué punto estos dos gobiernos allanaron el camino al triunfo del FIDESZ de Viktor Orbán en 2010?

Me gustaría reformular la pregunta y tomar una perspectiva temporal ligeramente más amplia. Desde mi punto de vista, lo que allanó el camino a la victoria de Orbán fueron dos grandes “verdades” incuestionadas que han caracterizado en buena medida la política húngara durante el período entre 1990, el año de las primeras elecciones post-socialismo de Estado, y 2010, con la arrolladora victoria y ascenso al poder de Orbán, con la que obtuvo una supermayoría en el parlamento.

Estas grandes “verdades” incluyen lo que el filósofo político liberal János Kis definió célebremente como “el mínimo liberal”, esto es, la idea de que todo el espectro político, incluyendo las organizaciones políticas que ocupaban nominalmente posiciones no-liberales (como “la izquierda” y “la derecha”), tenían que permanecer en una parcela muy estrecha de valores políticos etiquetados como “liberales”. Durante dos décadas más o menos ése fue el caso, y todos los partidos políticos (incluyendo por cierto el FIDESZ de Orbán en sus dos encarnaciones, es decir, en su forma inicial, abiertamente liberal, y en su reencarnación post-liberal), así como el partido nominalmente “socialista” y todos los otros en el gobierno permanecieron en esa estrecha parcela. En términos ideológicos, eso significaba el silenciamiento de cualquier forma de crítica que buscase incluir cualquier aspecto de la democracia liberal, el capitalismo, las relaciones internacionales, la geopolítica, los derechos de propiedad, las prestaciones sociales o la falta de ellas, etcétera, a una “crítica sistémica”.

La otra cuasi-“verdad” incuestionada y absoluta puede resumirse en dos términos: Unión Europea. Punto. No hace falta decir nada más. Todas las fuerzas políticas estaban de acuerdo con este mantra. Esta “verdad” absoluta no necesitaba ninguna explicación, ningún detalle, ningún “si” ni “pero”. Esto era así cuando el gobierno del primer ministro “socialista” Gyula Horn decidió someter a referendo la pertenencia a la OTAN y las fuerzas pro-OTAN (incluyendo, por cierto, su propio partido “socialista”) utilizaron el conocido símbolo de las 12 estrellas de la Unión Europea para argumentar a favor de la pertenencia a la Alianza Atlántica. Hasta hace muy poco, cualquier crítica a la Unión Europea era censurada, silenciada o calumniada como “euroespecticismo” o, peor aún, como muestra de una política “asiática”.

Mientras tanto, hay pruebas más que suficientes (una parte de mi propio trabajo estas últimas décadas ha consistido en estudiar estos casos) que sugieren que, globalmente, la actividad económica de Hungría (así como del resto de países que componían el “bloque” del socialismo de Estado) ha declinado tras el desplome del socialismo de Estado. La economía externa de Hungría, y de la región, y la dependencia política y social se ha incrementado de manera significativa y ha alcanzado niveles sin precedentes. Incluso si ignoramos a la UE, la dependencia de Hungría comercial, tecnológica, financiera y en el mercado laboral de un solo país, Alemania, ha alcanzado niveles completamente desconocidos antes, ni siquiera durante los años más oscuros de Hungría como miembro del Eje. La dependencia económica de Hungría de la URRS ni siquiera se acercaba a su actual dependencia de la UE. Los salarios relativos están declinando; prácticamente toda la sociedad ha sido despedida, con considerablemente pocas personas contratadas después, y las pocas que lo han sido, bajo condiciones considerablemente peores y una menor protección. Entendámonos: Hungría ha experimentado una reducción del 40% de su mercado de trabajo. Mientras tanto, una crítica sistemática de estas condiciones se ha vuelto imposible porque requeriría a un mismo tiempo de una crítica del capitalismo contemporáneo europeo y una reevaluación más realista del sistema socialista (que está efectivamente prohibido en Europa oriental). Los sindicatos de izquierdas, las asociaciones civiles o partidos políticos se han tornado básicamente imposibles. Así que la rabia se canaliza de “otra forma”, por ejemplo, alimentando a la derecha.

FIDESZ obtuvo un 52,73% de los votos en las elecciones parlamentarias de 2010 y un 44,87% en 2014. ¿Qué explica la popularidad de Orbán y FIDESZ?

Orbán es un orador fantástico, que comparte aspectos significativos de su propia historia personal y familiar con una gran parte de la historia social de la Hungría post-socialismo de Estado. En este sentido, mucha gente se reconoce en él. Después de varios falsos arranques, en 2010 consiguió aprender a hablar de manera suficientemente ambigua, utilizando la combinación precisa de metáforas, humor autocrítico y guiños comunes, muy similar a la manera en que János Kádar, el secretario general del Partido Socialista Obrero Húngaro, se presentaba a sí mismo. En otras palabras, Orbán sabe tocar las teclas adecuadas, que resuenan en sectores amplios de la sociedad. También mitiga las ansiedades refiriéndose, de manera casual, a temas nacionales, inaugurando un “sentimiento de comunidad nacional”, un tema que buena parte de la población con una educación media suscribe. FIDESZ opera una maquinaria de propaganda muy poderosa, con “tecnologías de convicción” y dominio muy sofisticadas. FIDESZ ha conseguido tomar el control de casi todo los medios de comunicación de masas.

Por su parte, los partidos de la “oposición” no tienen ninguna oportunidad, por el simple motivo de que son incapaces de desenmarañarse de las dos grandes “verdades” que estructuraron su política en los noventa y la primera década del siglo XXI y que he mencionado antes. No pueden apoyarse en ellas desde el extranjero porque sus partidos hermanos en Europa occidental se encuentran de un modo u otro en problemas. Esto tiene que ver con un desplazamiento global a la derecha, un fenómeno que es claramente observable en Europa occidental así como en los Estados Unidos.

En un discurso en la Universidad Abierta de Verano de Bálnányos en 2014, Orbán dijo que Hungría estaba construyendo “un Estado iliberal, un Estado no liberal”. ¿Qué significa esta expresión?

En realidad, y si no estoy equivocado, utilizó el término “democracia iliberal”. En cuanto a qué significa, no estoy completamente seguro. Este término parece ser un producto de los “think”-tanks pseudoacadémicos que se alimentan como sanguijuelas de las oportunidades de financiación del gobierno, entregándoles declaraciones tan mal concebidas como incuestionables sobre la realidad. Si voy más allá del método con el que se produjo, pienso que puede significar que no pueden existir diferentes tipos de democracia, por ejemplo, que ya no se requiere o ya no se requerirá el “mínimo liberal”.

Por supuesto, a este nivel es difícil no estar de acuerdo, dada la existencia de diferentes sistemas políticos que reivindican algún aspecto de la democracia sin el “mínimo liberal”. (Eso incluye, por cierto, la democracia socialista, pero sospecho que no es eso lo que Orbán y sus secuaces tienen en mente.) Otra analogía que me viene a la cabeza es la de los sistemas electorales formales de América Latina e incluso quizá los “mediterráneos”, donde los populistas de derechas y la extrema derecha dominan sin haber eliminado por completo a los elementos socialdemócratas y liberales. Estoy bastante seguro de que tiene algún tipo de versión de este modelo en mente, pero lo hace sin haber abierto explícitamente las cuestiones sobre qué tipo de analogías conlleva y qué implica para una sociedad post-socialismo de Estado en el siglo XXI como Hungría, que es miembro de la UE y de la OTAN.

Jobbik, el partido de ultraderecha, quedó tercero en las últimas elecciones, con 24 diputados. Este partido ha estado en el fodo de la atención internacional. ¿Cuál es el peso real de la ultraderecha en Hungría?

Es difícil decir cuál es el peso real de Jobbik y básicamente no dispongo de un conocimiento de “primera mano” sobre él. Es evidente que, como en cualquier otra parte de Europa, hay un “contingente” significativo de ultraderecha y extrema derecha en Hungría. Su “hogar” electoral ha cambiado en varias ocasiones a lo largo de la última generación. Jobbik es solo uno miembro más de esa red difusa y cada vez más vociferante e ingobernable de organizaciones de extrema derecha que va desde organizaciones terroristas prohibidas a medios digitales neonazis pasando por “clubes de seguidores de fútbol” a gimnasios, patrullas de “defensa ciudadana” que actúan de manera ilegal o en una “zona gris”, pandillas de skinheads y “asociaciones culturales” que “promueven la memoria” de algunos aspectos de la historia húngara (o europea) desde una perspectiva fascista, así como librerías fascistas.

Como parte de este mosaico, existe Jobbik y sus diputados en el parlamento de Hungría y en el de la Unión Europea. Son invitados regulares en la única cadena de televisión liberal que queda en el país. Las encuestas de intención de voto parecen sugerir que Jobbik ocupa comfortablemente el segundo puesto, ligeramente por encima del partido “socialista”, pero muy por debajo de FIDESZ.

Todo esto podría interpretarse como algo “no tan malo”. Sin embargo, dos cosas hacen que al menos algunos de nosotros estemos un poco más preocupados. En primer lugar, algunos matices en el comportamiento reciente del primer ministro y FIDESZ parecen sugerir que piensan que la extrema derecha está en aumento. Esto es lo que en parte explica, por ejemplo, la posición sorprendentemente dura no sólo en la cuestión de los refugiados sino en la inmigración en general. Y segundo, las encuestas recientes indican que un sorprendentemente increíble 80 al 85% de la población adulta parece aprobar la retórica de “inmigración cero”, cada vez más extrema y dura, ya venga del gobierno o de fuerzas políticas todavía más a su derecha. La retórica del gobierno, especialmente a la luz del próximo simulacro de referendo contra la decisión de la UE de establecer una “cuota de reasentamiento de refugiados”, parece sugerir que ellos piensan que todo esto juega a su favor. Yo no estoy cien por cien seguro de ello, no es completamente inconcebible que Orbán pueda encontrarse con una sorpresa desagradable en el próximo ciclo electoral. Eso sería algo irónico, y tendría un punto trágico, pues fue él y nadie más quien convirtió esta cuestión en una “emergencia nacional”.

¿Cree que Hungría ha jugado un papel clave en la emergencia del populismo de derechas y la extrema derecha en el resto de Europa? Varios comentaristas han trazado incluso paralelismos con Miklós Horthy –considera como un predecesor del fascismo europeo– y el período de entreguerras.

No sobrestimaría la importancia de Hungría en el escenario europeo, no al menos hasta ese punto. Europa occidental, o la Unión Europea, tiene un importante legado de política de derechas, incluyendo de extrema derecha, especialmente si consideramos no sólo el panorama electoral, sino también la política “blanda”: los valores, orientaciones, sensibilidades, etcétera. Después de todo, fue Europa occidental quien dio al mundo el racismo sistemático y cuasi-“científico”, la esclavitud capitalista moderna, el colonialismo, el neocolonialismo, el supremacismo blanco, etcétera.

Puede argumentarse que el dominio de las perspectivas racistas y de extrema derecha en Europa oriental y central tienen algo que ver con la alta consideración que las culturas modernas en Europa central y oriental tienen con respecto a Europa occidental. Por decirlo de manera más sencilla, las posiciones de extrema derecha “vienen de occidente”, ergo tienen que ser “avanzadas” y tenemos que “ponernos a su nivel”. Basta con escuchar la retórica contra los refugiados, anti-inmigración y, en consecuencia, contraria a los derechos humanos de los actuales regímenes en Europa central y oriental. Llevaría un considerable esfuerzo no darse cuenta del énfasis en la noción cultural de “blanquedad” (whiteness), una igualación de “Europa” con la “blanquedad”, etcétera, que son algunos de los principales temas de la extrema derecha europea occidental.

El hecho de que los miembros de las sociedades de Europa oriental y central están rutinariamente discriminados y no merezcan ningún respeto en las conversaciones paneuropeas y en Europa occidental no contradice esta observación, sino todo lo contrario: todo ello contribuye a la propagación de aquellas ideas en Europa oriental y central. La actuación de Orbán a propósito de la “crisis de los refugiados”, sin embargo, parece haber modificado de algún modo la ecuación. Mientras todo el espectro político de Europa occidental deploraba su retórica y la construcción de la valla en la frontera húngara con Serbia en 2015, llama la atención que las resoluciones de la UE consiguieron en última instancia acabar pareciéndose a las propuestas de Orbán. Dicho de otro modo, la actuación de Orbán proporcionó la excusa perfecta a muchos actores políticos europeos para desplazarse aún más a la derecha. Poco sorprendentemente, dos de los críticos más feroces de la demagogia anti-inmigración de Orbán –el ex canciller de Austria, Werner Faymann, y la canciller de Alemania, Angela Merkel– no han obtenido lo que se dice buenos resultados  últimamente en las elecciones.

¿Qué relación tiene la Hungría de Orbán con la Unión Europea?

Orbán es un partidario devoto de la UE como máquina geopolítica estratégica que ayuda a consolidar el poder global de sus Estados miembro. Lo dice sin ambajes, al punto de reclamar la formación de un ejército “europeo” (refiriéndose a la UE). Mientras, se aprovecha de los mecanismos de la UE que privilegian a los Estados relativamente pequeños. (Con menos de 10 millones de habitantes, Hungría se encuentra entre los países más pequeños de la “cateogoría media” en la UE, que tiene unos 550 millones de habitantes.) Está muy lejos de los extremos de (hasta hace muy poco) Reino Unido, Polonia o los bálticos, que demandan un poder paneuropeo mientras al mismo tiempo rechazan ceder su soberanía como pequeños Estados tanto como les es posible.

Lo que es realmente interesante es que hay una coalición emergente, implícita, tácita, tras él, incluyendo la poderosa provincia alemana de Baviera, la extrema derecha austríaca, la extrema derecha holandesa, etcétera. Un desplazamiento relativamente pequeño a la derecha (que ya es evidente) en el equilibrio electoral en la política europea podría producir como resultado que Hungría “perdiese” su liderazgo. Es claro para cualquiera que siga la política húngara que Orbán no aceptará nada que no sea una de las posiciones de liderazgo.

¿Cuál es la situación de los partidos de izquierda extraparlamentarios como 4K!-Cuarta República! (4K! – Negyedik Köztársaságot!) y el Partido de los Trabajadores Húngaros (Magyar Munkáspárt)?

Muchos de nosotros depositamos algunas esperanzas en 4K!, pero debo admitir que no he oído hablar mucho de ellos desde su humillante derrota en las elecciones de 2014. En otras palabras, son “extraparlamentarios” no por designio, sino porque perdieron claramente las elecciones. 4K! tenía algunas ideas interesantes, incluyendo una aproximación chavista –populista de izquierdas, popular-demócrata radical– a la política. Sin embargo, hasta donde yo sé, la falta de un grupo suficientemente grande de apoyos iniciales, la ausencia de un acceso estratégico a posiciones clave y las características específicas de la sociedad húngara les impidieron tener éxito. A lo largo de su historia moderna, una gran parte de la sociedad húngara ha ocupado una posición “pequeño-burguesa”, semieducada, amante de Occidente y de “pequeña clase media”, mientras que las clases realmente marginadas, y en consecuencia potencialmente radicalizables, están fuertemente discriminadas en base a líneas etno-“raciales”. Este código etno-“racial” prácticamente desplaza el resto de lógicas y la base de este pequeño partido, activistas con base en Budapest, “blancos” con educación superior, no tiene ninguna idea productiva de cómo llegar a ella. No los culpo: nadie ha conseguido hasta la fecha encontrar una solución.

En cuanto al HWP, parece ser, en la medida en que reciben una cobertura mediática muy escasa, una comunidad pequeña y carismática, mantenida unida con puño de hierro por un político que trata de reproducir el carisma personal y el perfil político de su ídolo común, János Kádar, pero sin el considerable talento de Kádár, su humildad y, por supuesto, un orden global (y un gran compromiso doméstico de clase) que hizo posible que Kádár se convirtiese en una superestrella política en Hungría. Gyula Thürmer, el presidente del HWP, ha realizado gestos realmente terribles de apertura a la extrema derecha, una serie de movimientos que le han desacreditado todavía más a ojos de aquellos que buscan una verdadera alternativa de izquierdas.

József Böröcz profesor de Sociología en la Universidad Rutgers (RU) de Nueva Jersey, EEUU. Böröcz es autor de, entre otros, The European Union and Global Social Change: A Critical Geopolitical-Economic Analysis (Londres, Routledge, 2009).

Fuente: www.sinpermiso.info, 25 de septiembre 2016

Estancamiento secular



Immanuel Wallerstein
La Jornada


Los economistas del  mundo están batallando con algo nuevo que les es muy difícil explicar. ¿Por qué es que los precios del mercado de valores han continuado subiendo pese al hecho de que algo conocido como crecimiento parece estar estancado? En la teoría económica dominante no se supone que funcione de tal modo. Si no hay crecimiento, los precios del mercado deberían declinar, estimulando por tanto el crecimiento. Y cuando se recupera el crecimiento, entonces los precios del mercado vuelven a subir.

Todos aquellos que son fieles a esta teorización dicen que la anomalía es una aberración momentánea. Algunos niegan incluso que sea cierto. Pero hay otros que consideran la anomalía un desafío importante a la teorización dominante. Buscan revisar la teorización para que tome en cuenta lo que muchos ahora llaman estancamiento secular. Los críticos incluyen a prominentes personas, algunos de ellos laureados con el Premio Nobel. Incluyen pensadores tan diferentes como Amartya Sen. Joseph Stiglitz, Paul Krugman y Stephen Roach.

Aunque cada una de estas personas tiene una diferente línea de argumentos, comparten algunas creencias. Todos ellos consideran que lo que hagan los Estados tiene un impacto grande en lo que ocurre. Todos ellos consideran que la situación actual es poco sana para la economía como un todo y ha contribuido a un incremento significativo en la polarización del ingreso real. Todos ellos consideran que se debe intentar movilizar la opinión pública para ponerle presión a las autoridades gubernamentales para que actúen formas específicas. Y todos ellos consideran que aunque continuara la actual situación anómala y poco sana todavía algún tiempo, existen políticas estatales apropiadas que harán posible una economía menos polarizada y más sana.

Hace no tanto, el estancamiento secular fue un término utilizado por muchos analistas, primordialmente para describir el estado de la economía japonesa, al comienzo de los años 90 del siglo XX. Pero desde 2008 el uso del concepto se ha aplicado a diversas regiones –miembros de la zona del euro, como Grecia, Italia e Irlanda; Estados ricos en petróleo, como Rusia, Venezuela y Brasil; recientemente también Estados Unidos, y potencialmente actores económicos previamente fuertes como China o Alemania.

Uno de los problemas de quienes buscan entender lo que está ocurriendo es que diferentes analistas utilizan diferentes geografías y diferentes calendarios. Algunos hablan de la situación Estado por Estado y algunos intentan evaluar la situación en la economía-mundo como un todo. Algunos piensan que el estancamiento secular comenzó en 2008; otros dicen que fue en la década de los 90. Otros más piensan que viene de finales de los 60, y unos cuantos más la sitúan aun antes.

Déjenme proponerles una vez más otro modo de entender el estancamiento secular. La economía-mundo capitalista ha existido en partes del globo desde el siglo XVI. Yo le he llamado el sistema-mundo moderno. Se ha expandido de un modo constante en lo geográfico terminando por abarcar el mundo entero desde mediados del siglo XIX. Ha sido un sistema muy exitoso en términos de su principio rector: la interminable acumulación de capital. Es decir, la búsqueda de acumular capital de modo de acumular más capital aún.

El moderno sistema-mundo, como todos los sistemas, fluctúa. También tiene mecanismos que limitan las fluctuaciones y lo empujan hacia un renovado equilibrio. Esto semeja un ciclo de altas y bajas. El único problema es que las caídas nunca retornan al punto bajo previo, sino a uno un poco más alto. Esto se debe a que en el complejo patrón institucional hay resistencia a ir hasta el fondo. La forma real de los ritmos cíclicos es dos pasos hacia arriba y un paso hacia abajo. Por tanto, el punto de equilibrio se mueve.

Si uno mide la abscisa de las tendencias, se mueven hacia una asíntota de 100 por ciento, que por supuesto no pueden cruzar. Un poco antes de dicho punto (digamos, cerca del 80 por ciento), las curvas comienzan a fluctuar alocadas. Esto es señal de que nos hemos movido al interior de la crisis estructural del sistema. Se bifurca, lo que quiere decir que son dos diferentes, casi opuestos, modos de optar por un sistema sucesor (o sistemas). Lo único que no es posible, es hacer que el actual sistema opere del modo normal anterior.

Mientras que antes de ese punto los grandes esfuerzos por transformar el sistema tuvieron como efecto pocos cambios, ahora lo opuesto es cierto. Cada pequeño esfuerzo por cambiar el sistema tiene un gran impacto. Es mi argumento que el sistema-mundo moderno entró en su crisis estructural cerca de 1970 y se mantendrá en ella todavía otros 20-40 años más. Si deseamos evaluar las acciones útiles, necesitamos tener en cuenta dos temporalidades diferentes: el corto plazo (a lo sumo tres años) y el mediano plazo.

A corto plazo lo que podemos hacer es minimizar el sufrimiento de quienes son los más afectados negativamente por la creciente polarización en el ingreso que está ocurriendo. La gente vive en el corto plazo y necesita alivio inmediato. Sin embargo, tal alivio no cambiará el sistema. El cambio puede ocurrir a mediano plazo conforme los que favorecen una clase u otra de sistema sucesor obtienen la suficiente fuerza para inclinar la bifurcación hacia su propia dirección.

He aquí el peligro de no ir lo suficientemente lejos en el análisis crítico del sistema. Sólo si uno mira con claridad que no hay salida del estancamiento persistente uno puede de hecho volverse lo suficientemente fuerte para ganar la batalla política y moral.

Una punta de la bifurcación pugna por remplazar el capitalismo por otro sistema que será tan malo o más que el anterior, manteniendo los rasgos cruciales de jerarquía, explotación y polarización. La otra punta pugna por un nuevo sistema que sea relativamente igualitario y relativamente democrático.

En los años por venir, habrá vueltas que parezcan indicar que el sistema vuelve a funcionar. Puede incluso subir el nivel de empleo en el sistema como un todo (la medida clave del estado del sistema). Pero tal alza no podrá durar mucho, porque la situación global es demasiado caótica. Y el caos paraliza la presteza de los poderosos emprendedores y de las personas simples por igual, en lo tocante a gastar el capital remanente en formas que tienen el riesgo de pérdida y, por tanto, de su supervivencia.

Estamos en un alocado viaje, uno que no es nada placentero. Si nos hemos de comportar con sensatez, el primer requisito es la claridad de análisis, seguida de decisiones morales y juicio político. El fondo del asunto es que ya hace mucho rebasamos el punto en que el capitalismo como sistema histórico pueda sobrevivir.

Traducción: Ramón Vera Herrera

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/09/25/opinion/026a1mun

El estado de vigilancia en los países libres



Edward J. Snowden


Noam Chomsky

En los últimos tiempos, hemos aprendido mucho sobre la naturaleza del poder del Estado y las fuerzas que impulsan sus políticas, además de aprender sobre un asunto estrechamente vinculado: el sutil y diferenciado concepto de la transparencia.

La fuente de la instrucción, por supuesto, es el conjunto de documentos referidos al sistema de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) dados a conocer por el valeroso luchador por la libertad, el señor Edward J. Snowden, resumidos y analizados de gran forma por su colaborador Glenn Greenwald en su nuevo libro No Place to Hide (Sin lugar donde esconderse).

Los documentos revelan un notable proyecto destinado a exponer a la vigilancia del Estado información vital acerca de toda persona que tenga la mala suerte de caer en las garras del gigante, que viene a ser, en principio, toda persona vinculada con la moderna sociedad digital.

Nada tan ambicioso fue jamás imaginado por los profetas distópicos que describieron escalofriantes sociedades totalitarias que nos esperaban.

No es un detalle menor el hecho que el proyecto sea ejecutado en uno de los países más libres del planeta y en radical violación de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos, que protege a los ciudadanos de persecuciones y capturas sin motivo y garantiza la privacidad de sus individuos, de sus hogares, sus documentos y pertenencias.

Por mucho que los abogados del gobierno lo intenten, no hay forma de reconciliar estos principios con el asalto a la población que revelan los documentos de Snowden.

También vale la pena recordar que la defensa de los derechos fundamentales a la privacidad contribuyó a provocar la revolución de independencia de esta nación. En el siglo XVIII el tirano era el gobierno británico, que se arrogaba el derecho de inmiscuirse en el hogar y en la vida de los colonos de estas tierras. Hoy, es el propio gobierno de los propios ciudadanos estadounidenses el que se arroga este derecho.

Todavía hoy Gran Bretaña mantiene la misma postura que provocó la rebelión de los colonos, aunque a una escala menor, pues el centro del poder se ha desplazado en los asuntos internacionales. Según The Guardian y a partir de documentos suministrados por Snowden, el gobierno británico ha solicitado a la NSA analizar y retener todos los números de faxes y teléfonos celulares, mensajes de correo electrónico y direcciones IP de ciudadanos británicos que capture su red.

Sin duda los ciudadanos británicos (como otros clientes internacionales) deben estar encantados de saber que la NSA recibe o intercepta de manera rutinaria routers, servidores y otros dispositivos computacionales exportados desde Estados Unidos para poder implantar instrumentos de espionaje en sus máquinas, tal como lo informa Greenwald en su libro.

Al tiempo que el gigante satisface su curiosidad, cada cosa que cualquiera de nosotros escribe en un teclado de computadora podría estar siendo enviado en este mismo momento a las cada vez más enormes bases de datos del presidente Obama en Utah.

Por otra parte y valiéndose de otros recursos, el constitucionalista de la Casa Blanca parece decidido a demoler los fundamentos de nuestras libertades civiles, haciendo que el principio básico de presunción de inocencia, que se remonta a la Carta Magna de hace 800 años, ha sido echado al olvido desde hace mucho tiempo.

Pero esa no es la única violación a los principios éticos y legales básicos. Recientemente, el The New York Times informó sobre la angustia de un juez federal que tenía que decidir si permitía o no que alimentaran por la fuerza a un prisionero español en huelga de hambre, el que protestaba de esa forma contra su encarcelamiento. No se expresó angustia alguna sobre el hecho de que ese hombre lleva doce años preso en Guantánamo sin haber sido juzgado jamás, otra de las muchas víctimas del líder del mundo libre, quien reivindica el derecho de mantener prisioneros sin cargos y someterlos a torturas.

Estas revelaciones nos inducen a indagar más a fondo en la política del Estado y en los factores que lo impulsan. La versión habitual que recibimos es que el objetivo primario de dichas políticas es la seguridad y la defensa contra nuestros enemigos.

Esa doctrina nos obliga a formularnos algunas preguntas: ¿la seguridad de quién y la defensa contra qué enemigos? Las respuestas ya han sido remarcadas, de forma dramática, por las revelaciones de Snowden.

Las actuales políticas están pensadas para proteger la autoridad estatal y los poderes nacionales concentrados en unos pocos grupos, defendiéndolos contra un enemigo muy temido: su propia población, que, claro, puede convertirse en un gran peligro si no se controla debidamente.

Desde hace tiempo se sabe que poseer información sobre un enemigo es esencial para controlarlo. Obama tiene una serie de distinguidos predecesores en esta práctica, aunque sus propias contribuciones han llegado a niveles sin precedentes, como hoy sabemos gracias al trabajo de Snowden, Greenwald y algunos otros.

Para defenderse del enemigo interno, el poder del Estado y el poder concentrado de los grandes negocios privados, esas dos entidades deben mantenerse ocultas. Por el contrario, el enemigo debe estar completamente expuesto a la vigilancia de la autoridad del Estado.

Este principio fue lúcidamente explicado años atrás por el intelectual y especialista en políticas, el profesor Samuel P. Huntington, quien nos enseñó que el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la sombra; expuesto a la luz, comienza a evaporarse.

El mismo Huntington lo ilustró de una forma explícita. Según él, “es posible que tengamos que vender [intervención directa o alguna otra forma de acción militar] de tal forma que se cree la impresión errónea de que estamos combatiendo a la Unión Soviética. Eso es lo que Estados Unidos ha venido haciendo desde la doctrina Truman, ya desde el principio de la Guerra Fría”.

La percepción de Huntington acerca del poder y de la política de Estado era a la vez precisa y visionaria. Cuando escribió esas palabras, en 1981, el gobierno de Ronald Reagan emprendía su guerra contra el terror, que pronto se convirtió en una guerra terrorista, asesina y brutal, primero en América Central, la que se extendió luego mucho más allá del sur de África, Asia y Medio Oriente.

Desde ese día en adelante, para exportar la violencia y la subversión al extranjero, o aplicar la represión y la violación de garantías individuales dentro de su propio país, el poder del Estado ha buscado crear la impresión errónea de que lo que estamos en realidad combatiendo es el terrorismo, aunque hay otras opciones: capos de la droga, ulemas locos empeñados en tener armas nucleares y otros ogros que, se nos dice una y otra vez, quieren atacarnos y destruirnos.

A lo largo de todo el proceso, el principio básico es el mismo. El poder no se debe exponer a la luz del día. Edward Snowden se ha convertido en el criminal más buscado por no entender esta máxima inviolable.

En pocas palabras, debe haber completa transparencia para la población pero ninguna para los poderes que deben defenderse de ese terrible enemigo interno.

Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-310135-2016-09-24.html
* Traducción de Jorge Majfud.
Fuente: Rebelión

El 25S da oxígeno a Rajoy y otra derrota histórica a Pedro Sánchez

Rajoy y Feijóo en el mitin de cierre de campaña de las autonómicas gallegas en Vigo PP DE GALICIA


El presidente en funciones ha conseguido una clara victoria en la que apoyar su deseo de mantenerse al frente del Gobierno
Pedro Sánchez cosecha los peores resultados de la historia del PSOE en Galicia y País Vasco
Ciudadanos sale de estos comicios instalado en la irrelevancia en los dos parlamentos que configuraba el 25S 


Gonzalo Cortizo
 


Después de patearse los mítines de media Galicia, Rajoy se lleva bajo el brazo una victoria imprescindible. El líder del PP se quiere apoyar en esos resultados para tomar impulso en su insistencia de revalidar como presidente del Gobierno. Incluso en un análisis nacional, el triunfo tiene otro nombre propio: Alberto Núñez Feijóo.

El candidato a la Xunta sale de las elecciones convertido en el principal barón popular, con la marca de ser uno de los pocos políticos europeos capaces de conseguir tres absolutas consecutivas en periodo de crisis económica. Unos minutos antes de entrar en el hotel en donde tenía prevista la fiesta, al barón gallego le han preguntado si se considera el futuro del PP. Su respuesta no aclara gran cosa: "Yo soy el presidente de Galicia".

Los datos de Galicia responden a todos aquellos que se preguntaban qué hacía Rajoy paseándose con el imputado José Manuel Baltar por los mítines del Ourense más rural. La provincia dominada por el político al que la justicia persigue por haber ofrecido presuntamente trabajo a cambio de sexo, ha marcado la diferencia: más del 53% de los votos en esa provincia han sido para el PP.

Frente a las cifras del PP, está la debacle socialista. El PSOE ha obtenido en Galicia y País Vasco los peores resultados electorales de su historia en esas comunidades autónomas. Los recuentos electorales dejan a Pedro Sánchez en una evidente situación de debilidad, con medio partido en armas y con pocos argumentos para seguir clamando por un pacto que eche a Rajoy de La Moncloa.

Cesar Luena, número dos del partido, fue el encargado de valorar los resultados. En un gesto de debilidad, la comparecencia se produjo sin posibilidad para que los periodistas pudieran hacer preguntas.

El 25S devuelve a Rajoy a una posición de fuerza, frente a un PSOE cada vez más hundido. La candidatura del PSOE gallego ha sido víctima del sorpasso en votos que En Marea les ha provocado. En Euskadi, ya sin matices, Podemos se ha comido a los socialistas. Los resultados de Sánchez tienen difícil defensa y no parecen la antesala de nada parecido a un Gobierno en torno a su persona.

Podemos sale de las elecciones con menos de lo que esperaban, pero consolidado en dos nuevos espacios políticos. En Galicia, En Marea ha superado al PSOE en votos pero se ha quedado lejos de continuar la sensación de aluvión que se produjo tras las municipales con "los ayuntamientos del cambio".

En Euskadi, Podemos entra con 11 escaños pero más lejos de Bildu de lo que pronosticaban las encuestas. Una vez más, las expectativas creadas han sido el peor enemigo de la formación que lidera Pablo Iglesias. Con una campaña dirigida por el sector errejonista de la formación, Podemos ha conseguido abrirse en País Vasco un nuevo espacio político.    

El 25S arroja otra lectura: Ciudadanos se convierte en Galicia y País Vasco en una formación irrelevante, sin representantes en el Parlamento. Ese dato tendrá también sus consecuencias para un Albert Rivera que se dejó la piel en los mítines gallegos ofreciéndose a Feijóo por si sus votos eran imprescindibles. No lo han sido.

Fuente: eldiario.es

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