lunes, 19 de mayo de 2014

Sami Naïr: "La izquierda y la derecha no son lo mismo, pero en Europa se han comportado igual

 

EUROPA, SOLO UN ESPACIO GEOGRÁFICO

 

Daniel Basteiro

Daniel Basteiro entrevista a Sami Naïr en Huffington Post

 

Sami Naïr (1946, Tlemcen, Argelia) quiere una "gran Europa", pero no esta. El intelectual francés, catedrático de Ciencias Políticas en la universidad Pablo Olavide de Sevilla, cree que es imprescindible expulsar a los mercaderes del templo de las élites en el que se ha convertido la Unión Europea. En su libro El desengaño europeo, Naïr repasa la historia del club comunitario para concluir que fue un error fiarlo todo a la construcción de un gran mercado. Cuando eso falla, según él, la idea "beata" de Europa, el europeísmo de bandera, se viene abajo.

-Ha escrito un libro de desengaño, pero no sólo sobre la gestión de la crisis del euro, sino del proyecto europeo en sí.

El sueño europeo ha sufrido un daño tremendo por dos motivos casi culturales. El primero es el utopismo romántico con el que se planteó la construcción europea. Este utopismo ha fracasado frente a unos resultados totalmente contrarios, que corren el riesgo de destrozar definitivamente el sueño de Europa. La responsabilidad la tienen no los que hacen un balance realista sino los que han prometido mucho para darnos nada.

Por otra parte, la opinión pública ha sido descartada desde el comienzo por las élites políticas con la excusa de que “Europa es algo demasiado complejo como para dejarlo en manos de los ciudadanos”. En nombre de esa visión hemos construido no un interés político europeo que generase adhesión sino un sistema de élites con un enorme déficit democrático. Hay elecciones cada cinco años, pero los ciudadanos no saben muy bien sobre qué están votando. Estoy absolutamente convencido de que si se pregunta hoy a un ciudadano cuál es el diputado de su circunscripción, será incapaz de decir su nombre.

"En las elecciones europeas no se habla de Europa; es natural, porque los partidos no tienen mucho que decir"

-¿No son las elecciones europeas una oportunidad perfecta para corregir ambos defectos?

En las elecciones europeas no se habla de Europa. Es una consecuencia casi natural porque los partidos políticos no tienen mucho que decir. No tienen más programa que el elaborado por la Comisión Europea. Cualquier partido, de cualquier bando, intenta adaptarse a ese programa. El bando conservador utiliza el chantaje de “lo que hay que hacer”, sin alternativa. El progresista, cuando existe, parte de un “no estamos de acuerdo” para hacer propuestas que reenfoquen un poquito ese programa. Pero no hay programa. Es siempre el mismo discurso.

"Si Schulz llega a presidir la Comisión, hará la política de su partido, aliado con Merkel"

-Tras las últimas elecciones europeas, la izquierda española votó a favor de la reelección de José Manuel Durao Barroso, conservador y anfitrión de la Cumbre de las Azores, como presidente de la Comisión. En estas, los socialistas tienen un candidato, que debate con los demás, y un programa. ¿Esta vez será diferente?

No lo creo. Hay que transmitir a la opinión pública que los políticos de ambos bandos tienen una responsabilidad enorme de lo que ha pasado y no han hecho la autocrítica necesaria para proponernos una alternativa a esa política. Imagínese que Martin Schulz, un gran diputado al que respeto, llega a la presidencia de la Comisión. Va a hacer la política de su partido, un partido aliado de Merkel en el Gobierno alemán. No me imagino a Merkel permitiendo que un socialista llegue a la presidencia de la Comisión para poner en marcha una política distinta a la suya. Si Schulz llega ahí, será con las manos esposadas.

-La Eurocámara presume de tener más influencia que nunca, sobre todo desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, que le da el poder de codecidir (con los Gobiernos) en multitud de temas. Pero, según su libro, sigue siendo una “caja de resonancia” y una coartada para la tecnocracia.

Es mi convicción. He sido eurodiputado cinco años y nunca, jamás, he sentido tanta impotencia política como en el Parlamento Europeo. Mire la elección del presidente del Parlamento Europeo. Conservadores y progresistas se ponen de acuerdo para repartirse el cargo, dos años y medio cada uno. Las grandes orientaciones son idénticas porque hay un acuerdo entre la derecha y la socialdemocracia para considerar que no hay alternativa a la construcción liberal de Europa. Merced a este acuerdo, hoy asistimos a una destrucción progresiva de la idea de Europa como conjunto de naciones.

-¿Ha vendido la izquierda su alma?

La complicidad ha existido desde los años 70. Piense en las relaciones entre Francia y Alemania. Valery Giscard d’Estaing y Helmut Schmidt (derecha-izquierda), François Mitterrand y Helmut Kohl (izquierda-derecha), Jacques Chirac y Gerhard Schroeder (derecha-izquierda), Nicolas Sarkozy y Angela Merkel [en este caso, ambos de derechas]. En vez de construir un contraproyecto, la izquierda se ha rendido al de los conservadores intentando matizarlo, suavizarlo o flexibilizarlo para proteger a las capas más débiles. Nunca diré que la izquierda y la derecha son lo mismo a nivel europeo, pero se han comportado igual. Todo pese a que los eurodiputados de izquierdas en el Parlamento Europeo son en muchas ocasiones muy militantes. El resultado objetivo es un proyecto institucional de una Europa-imperio mercantil y no un proyecto de sociedad.

-¿Cuándo sucumbió la izquierda?

" El consenso de las élites ha consistido en que por encima de todo está Europa y por encima de Europa, el mercado"

1986, el Acta Única. Ahí estriba la gran orientación del mercado frente a la construcción de Europa con los Estados. En vez de contar con un piloto político, algo sobre lo que no había acuerdo, se decidió construir un avión para que volara solo: el mercado. Una vez creado, se le dotó de libertad de circulación de mercancías, servicios y capitales, añadiendo como concesión la circulación de personas. Después, para ese mercado se creó una moneda, el euro, votado por la izquierda socialista, pero no los sectores más críticos. El consenso de las élites ha consistido en que por encima de todo está Europa y por encima de Europa, el mercado. Se ha construido una Europa liberal y profundamente antisocial. Las políticas sociales son el pariente pobre del mercado europeo y la izquierda se ha vuelto cada vez más conservadora, sobre todo la inglesa y la alemana. Fíjese: cuando se puso en marcha la moneda única había 15 gobiernos de izquierda en Europa. La derecha era prácticamente minoritaria.

-En su libro asegura que, tras la Dictadura, España no tenía muchas más opciones que integrarse en la UE, entonces la Comunidad Económica Europea, ese proyecto cuya construcción critica.

España nunca ha tenido margen de maniobra. La Transición fue el producto de la cordura de las élites políticas españolas y el apoyo de países europeos, especialmente de Alemania. Sin el apoyo de Alemania, el PSOE nunca hubiera tenido tanta importancia. Después, durante 15 años, España fue el país más financiado por la UE. Cuando uno recibe ese dinero no abre la boca en las negociaciones más que para defender esos fondos. España ha trabajado muy bien en Europa, pero casi como una funcionaria. Y después adoptó el euro sin discusión, algo que implicaba una convergencia económica que España respetó con una deuda y déficit bajos. Todo ello mientras se emborrachaba de sector inmobiliario.

-Y cuando estalló la burbuja, el margen de maniobra español fue cero.

Con la crisis se ha visto cómo funciona el poder europeo y cómo Merkel y Sarkozy comenzaron a tomar todas las decisiones. Según el filibustero George Soros, los países del sur de Europa van a salir de la crisis como países subdesarrollados. Los países del sur no pueden sobrevivir con un euro tan caro.

-Si continúa el euro caro (algo que penaliza las exportaciones), se “desangrará la población y se privatizará, casi por completo, el sistema económico y social. En ese caso entraríamos en un terreno de guerras sociales”, escribe. ¿A qué guerras se refiere?

Las decisiones de 2009 y 2010 han provocado la destrucción de millones de empleos y la exclusión de una parte importante de la juventud. También ha habido manifestaciones masivas en los países del sur de Europa. Todo ello es un peligro para las élites financieras europeas, algo que Merkel y el BCE entendieron el año pasado, cuando suavizaron un poquito sus políticas.

-¿Es Francia diferente?

"Se está cocinando una explosión generalizada en Francia"

En Francia será imposible seguir aplicando esas medidas de austeridad, como ya hemos visto en las últimas elecciones. No aceptará mucho más tiempo que sea la Comisión quien dicte las normas. No lo deseo, pero se está cocinando una explosión generalizada en Francia. No pueden poner estas medidas en marcha en un país en el que no hay un Estado del bienestar, sino un “Estado padre” que no va a desaparecer por mucho que haya que obedecer a Bruselas.

-¿Puede darse esa explosión en España?

España es muy compleja y hay una serie de problemas contradictorios que al final son paralizantes. Hay una disgregación social, acompañada por un paro increíble. También hay una falta de conciencia de lucha motivada por la Transición, que ha funcionado como anestesia de la identidad social mientras las clases populares se iban integrando y mejorando.

Francia es una democracia clásica, casi de libro. España es una democracia moderna, más dinámica, pero con menos arraigo por ser tan joven. Además, hay que sumarle el problema nacionalista, también muy paralizante. Todos los problemas sociales del país se transforman en un problema identitario. Por ejemplo: el Gobierno de Cataluña aplica una política ultraliberal a nivel social, pero la esconde tras la bandera.

-El Gobierno español y la eurozona proclaman una lenta recuperación y salida de la crisis, algo que haría posible relajar las medidas de austeridad.

Eso es demasiado optimista. Los países del sur no pueden sobrevivir con un euro tan caro salvo que estén dispuestos a destruir el tejido social.

-Algo que usted llama “americanización” de la sociedad.

Las privatizaciones, el fin del derecho laboral, grandes bolsas de pobreza… No sé si eso será posible en los países del sur, pero es imposible en Francia. Estallará una revolución social. La recuperación que vemos ahora es meramente coyuntural. El repunte se produce porque hemos llegado muy abajo.

-“A falta de una poderosa movilización de los asalariados, lo peor es posible en Grecia”. ¿A qué se refiere?

"Grecia es el país que hoy en día está más cerca de una dictadura de extrema derecha"

Grecia es el país que hoy en día está más cerca de una dictadura de extrema derecha. El Ejército está a un lado, pero aún no ha dicho su última palabra. Los socialistas están muy divididos y su antiguo líder hizo lo que José Luis Rodríguez Zapatero no había hecho en España: decir “no” y plantearse la posibilidad de someter a referéndum la austeridad. Y cuando ocurrió eso, le enseñaron la puerta. El primer plan de rescate del país fracasó. El segundo, también. Grecia se encamina hacia el autoritarismo.

-¿Por qué es tan peligroso el tratado comercial con EEUU que se negocia en la actualidad?

EEUU sabe que está en una posición de declive hegemónico y ve en China una gran amenaza. En ese tratado se pide que sus empresas tengan la posibilidad de entrar libremente en el mercado europeo con normas norteamericanas. Y hay que recordar que nosotros tenemos el principio de precaución [protección ante los riesgos, aunque el peligro no esté demostrado], por lo que un tratado así inundará el mercado europeo de productos potencialmente peligrosos. La guinda del pastel es un tribunal para resolver conflictos que no sea ni el de los Estados ni el de la UE, sino uno especial donde tendrán influencia las empresas. No es un tratado más. Acabará con lo poco de social que le queda a Europa.

-¿Es posible revertir el rumbo?

Si verdaderamente queremos construir Europa hay que transformar el proyecto en debate público, político e institucional. Hay que prohibir la mezcla de posiciones políticas, porque no es normal. Y abordar el objetivo último de la actual Europa: la privatización de lo público para mercantilizar todas las actividades. De ahí viene la política de austeridad.

-¿Cómo se acaba con el déficit democrático?

"Hay que controlar a la Comisión, al Consejo, al BCE y reorganizar los poderes del Parlamento Europeo"

Faltan partidos políticos con una concepción clara de la situación. En esos partidos hay que generar una idea nueva de la construcción de Europa y replantear la arquitectura institucional. El déficit democrático no se soluciona mandando más diputados a Bruselas. Hay que controlar a la Comisión, al Consejo, al BCE y reorganizar los poderes del Parlamento Europeo.

Basta con participar en una reunión del Parlamento o del Consejo para ver que una Europa beata no existe, hay que verla en función de las razones de fuerza.

-¿A qué se refiere?

A que cada uno quiere defender las posiciones de su país. No creo en el federalismo europeo. Es demasiado pronto y no hay legitimidad. No veo a un francés aceptar a un presidente de la República alemán. Los cementerios están ahí. Hay que construir algo realista y no una utopía romántica que ya nos ha conducido al fracaso.

-El sueño del arquitecto de Europa Jean Monnet ha muerto.

"Europa no es un pueblo sino una determinación geográfica, igual que África"

Y no lo digo yo, lo dicen ellos. Construir Europa a través de un mercado no funciona, porque tiene como límite un espacio comercial. Hay que construir una gran Europa, pero no esta sino una en la que la inteligencia se apodere del debate europeo con una visión crítica. No necesitamos una concepción beata de Europa.

-¿Cómo se ha construido ese dogma europeísta?

Antes, a alguien podían preguntarle: ¿es usted francés? Sí, soy francés. ¿Es usted europeo? Sí, claro, soy europeo. Eso nunca fue un problema. Pero hemos transformado una obviedad en un proyecto de futuro. No necesitábamos sentirnos europeos. Lo somos. No entenderlo así nos lleva a situaciones como la del estallido de la crisis. En Alemania se dijo que en nombre de la solidaridad europea había que ayudar a España. La reacción allí fue calcular cuánto le cuesta un español a cada alemán. Y cuando se diseñó el fondo de rescate para rescatar a Grecia, el Tribunal Constitucional de Alemania vino a decir: “cuidado, porque el pueblo europeo no existe”. Tenía razón. Europa no es un pueblo sino una determinación geográfica. De la misma manera que el pueblo africano no existe, sino decenas de Estados.

lunes, 12 de mayo de 2014

Rusia y China: cada vez más cerca (pero aún lejos)


 
CHINA-RUSIA UN PAULATINO ACERCAMIENTO




En el 2012 se estrenó Red Dawn, un remake de la película homónima de John Milius de 1984 en la que una coalición formada por la Unión Soviética, Cuba y Nicaragua invadía Estados Unidos. Desaparecida la URSS, los guionistas de la nueva versión llegaron a la conclusión de que, lógicamente, la única potencia
capaz de invadir EE.UU. era la China “roja” con la ayuda militar de Rusia. Sin embargo, el guión se filtró a la red y la prensa china reaccionó con duras críticas. Para evitar perder los enormes ingresos que proporciona la taquilla china, su productora, la Metro Goldwyn Mayer (MGM), cambió el argumento a una inversemblante invasión norcoreana (manteniendo, eso sí, la ayuda rusa). Como la película ya estaba filmada, se doblaron los diálogos y se cambiaron los símbolos chinos por otros norcoreanos. El absurdo del planteamiento –¿Cómo un país de 24 millones de habitantes y tecnológicamente inferior como Corea del Norte puede conquistar a una superpotencia de más de 300 millones de habitantes como Estados Unidos? ¿Con qué objetivo?– y una dirección, montaje e interpretaciones manifiestamente malas convirtieron la película en uno de los fiascos de aquel año, pero la idea de fondo es completamente vigente, a saber: el temor transatlántico a un eje Beijing-Moscú. El exasesor de Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, escribía –ya en 1997– que el escenario más peligroso para la hegemonía estadounidense “sería una gran coalición entre China y Rusia, y quizá Irán, una coalición 'antihegemónica', unida no por motivos ideológicos, sino agravios complementarios. Sería reminiscentes, en escala y dimensiones, al entonces bloque sinosoviético, pero en esta ocasión posiblemente lideraría el bloque China y Rusia iría detrás de ella.” Desde hace unos años la prensa occidental va llena de este temor, especialmente desde el veto de ambas potencias en el Consejo de Seguridad de la ONU a una intervención militar en Siria o el apoyo chino a Rusia durante las primeras semanas de crisis en Ucrania. Los dragones rojos proyectando su sombra sobre el mundo y los osos pardos poniendo su pezuña sobre Europa occidental vuelven a ser portada.


“Las relaciones sino-rusas”, ha escrito Serguéi Karagánov en The Moscow Times, “han conseguido un
grado sin precedentes de calidez. Los chinos están haciendo todo lo posible para aplacar las preocupaciones de los rusos. Ya no se habla de las antiguas disputas fronterizas y el volumen comercial
entre ambos países crece rápidamente.” Se calcula que el comercio entre China y Rusia mueve anualmente unos 90.000 millones de dólares y se espera que pronto rebase los 100.000 millones. La primera visita oficial del Presidente de la República Popular China, Xi Jingping, fue justamente a Moscú, y coincidió con la noticia de que el país se había convertido en el principal importador de petróleo de Russia. Esta relación comercial podría ser mutuamente beneficiosa: por una parte, ayudaría al gobierno a modernizar y mejorar las técnicas de extracción de los yacimientos de Siberia oriental y, por la otra, permitiría a China mantener el ritmo de producción de su industria. Entre ambos países está ya en marcha el proyecto de construir “Power of Siberia”, un gasoducto valorado en 46.000 millones de dólares para transportar el gas natural procedente del campo de Chayadínskoye, en Yakutia, y Kovyktínskoye, en Irkutsk, hasta una planta gasificadora en Vladivostok, desde donde se enviaría a China y Japón. El pasado13 de abril, The Moscow Times recogía el anuncio del Banco de Desarrollo chino de inversiones en Rusia por valor de 5.000 millones de dólares. Por su parte, Rusia está modernizando los ferrocarriles transsiberiano y Baikal-Amur con un coste de 18.000 millones de dólares, y tiene pensado construir una red de estaciones de gas licuado (LNG) con base central en la isla de Sajalín para suministrar por mar a los mercados asiáticos.
¿Qué obstáculos quedan por superar?
Los obstáculos a superar para consolidar este eje son fundamentalmente históricos y culturales. El más
conocido para el público occidental quizá sea la ruptura sino-soviética del año 1969, que degeneró en un conflicto armado nunca declarado, del que se cree que se cobró la vida de al menos 800 soldados chinos y 59 soviéticos. No obstante, los imperios ruso y chino compartieron durante siglos, como todos los imperios
contiguos, unas fronteras poco definidas y muy disputadas, en no pocas ocasiones militarmente, como fue el caso de la batalla por el control del río Amur en 1900. Sólo en el 2004 Beijing y Moscú consiguieron sellar un acuerdo –ratificado al año siguiente por la Asamblea Popular china y la Duma rusa– y poner fin, así, a siglos de disputas fronterizas entre ambos países. Incluso el actual ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, propuso en 2012, cuando todavía era gobernador de la región de Moscú, trasladar la capital administrativa de Rusia desde Moscú hasta Novosibirsk, por la proximidad de esta última con Asia, en una clara apuesta por dinamizar las relaciones entre ambos países. Más recientemente, el viceprimer ministro ruso, Dimitri Rogozin, en unas declaraciones en Cheliábinsk durante un encuentro el 14 de abril con profesores y estudiantes recogidas por The Siberian Times, afirmó que “todas nuestras perspectivas no se encuentran en Occidente, sino en Oriente”. Allí, continuó Rogizin, “Rusia tiene fronteras con Japón y China, India se encuentra muy cerca, también ambas Coreas y todo el sudeste asiático. Todo el futuro del siglo XXI se encuentra allí, en Oriente, y no –sin ninguna duda– en Occidente, confinado como está en la pequeña Unión Europea.”
A pesar de todo, a la pregunta de “¿Cuál es el mayor peligro para los intereses de Rusia y de sus territorios orientales?”, los habitantes de Vladivostok –que fue en el 2012 sede de la cumbre de la Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC)– respondió el año pasado que “la mala política de Moscú” (47%), “la
fuerza militar de China” (37%) y “el imperialismo de EE.UU.” (36%). En el Extremo Oriente ruso persiste el temor, basado en un evidente prejuicio xenófobo, que la fuerte presión demográfica rusa acabe “desbordando” al país vecino, causando una ola migratoria hacia Rusia –poseedora de grandes extensiones de espacio sin habitar– que “desplazaria” a la población russa étnica local e incluso la “disolvería” por la via de matrimonios interétnicos.

A pesar de la mejora de las relaciones, Moscú y Beijing son también competidores en los mercados internacionales en sectores como los de defensa y tecnología, especialmente en mercados emergentes
como el latinoamericano. Según autores como Vladislav Inosemziev, que dedica un artículo sobre las relaciones sino-rusas en la edición alemana de Le Monde Diplomatique, una relación comercial basada en el intercambio de hidrocarburos y otras materias primas por productos manufacturados como el riesgo de desindustrializar a Rusia en el momento mismo en que busca modernizar su tejido industrial y generaria, por extensión, una dependencia comercial de China. Por este motivo Rusia busca diversificar la venta de hidrocarburos a todo el sudeste asiático, también hacia Japón y Corea del Sur, dos naciones industriales no
menos necesitadas de energía. Fruto de estas relaciones, por ejemplo, ninguno de los países mencionados apoyó las sanciones económicas contra Rusia a raíz de la anexión de Crimea. China, por su parte, tampoco está interesada en invertir tanto en la industria rusa como para fomentar un competidor, ni en situarse en una relación de dependencia energética hacia Moscú.

¿Esferas de influencia o Realpolitik?

Otro de los obstáculos al eje Beijing-Moscú es el incremento de la influencia china en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, especialmente Tayikistán. El gobierno chino mantiene buenas relaciones con Dushanbé y varias empresas semiestatales chinas han adquirido tierras para cultivar productos destinados a alimentar a su población, un quebradero de cabeza constante para Beijing. En efecto, la inversión de papeles apuntada por Brzezinski, con una China mucho más fuerte que Rusia en prácticamente todos los aspectos, sería otro de los sapos que Rusia tendría que tragarse, especialmente ahora que busca reafirmarse internacionalmente y que en su propia casa utiliza una ideología impregnada  de tonos nacionalistas.
Muchos de los halcones de la Casa Blanca y el Pentágono creen, en un discurso repleto de metáforas espaciales, que “empujando” a Rusia hacia Oriente se conseguirá reducirla “a la irrelevancia”, “conteniéndola” entre dos rivales económicamente fuertes como son la Unión Europea y la propia China.
Esta estrategia geopolítica obvia en primer lugar los problemes socioeconómicos internos de la UE y China, y en segundo lugar, el alejamiento de Beijing con respecto a EE.UU. causado por el cambio de estrategia de Washington y su nuevo foco en el llamado “pivote Asia-Pacífico”, destinado a “contener” las ambiciones chinas. En un mundo multipolar, los equilibrios no son tan fáciles de mantener y, de tantos giros como ha dado en estos últimos años, la estrategia estadounidense puede abrir espacios a otros actores internacionales, en solitario o en una nueva constelación de alianzas.

Las esferas de influencia y la desconfianza mútua por motivos histórico-culturales pueden quedar aparcadas
por motivos de Realpolitik. La historia está repleta de ejemplos. En los años previos a la Primera Guerra Mundial, Alemania se negó sistemáticamente a creer que Francia y el Reino Unido entrarían en una alianza a pesar de todas las pruebas que indicaban lo contrario. Para la diplomacia alemana, la colaboración política y militar de dos países históricamente enfrentados no estaba destinada a durar, y en consecuencia, a suponer una amenaza militar al Imperio alemán. Esta interpretación errónea contribuyó a que ambos países estrechasen todavía más sus vínculos. Y si Francia y el Reino Unido lo consiguieron, ¿por qué no podrían hacerlo Rusia y China?


Àngel Ferrero es miembro del comité de redacción de SinPermiso

Traducción para www.sinpermiso.info del autor

jueves, 8 de mayo de 2014

Economía para pobres

 

ALBERTO GARZÓN

Hundamos su Unión Europea

 

Las novelas distópicas operan como antagonistas de las novelas utópicas, y en lugar de relatarnos cómo debería ser el mundo ideal prefieren describirnos un hipotético mundo plagado de injusticias y maldad. 1984 de George Orwell o Un Mundo Feliz de Aldous Huxley son sin duda los ejemplos más conocidos. Sin embargo, con mucho menos conocimiento público, la Comisión Europea está trabajando mano a mano con Estados Unidos en la redacción de un nuevo documento que podría estar prácticamente al mismo nivel. No obstante, el problema del Tratado de Libre Comercio que se está negociando entre la Unión Europea y EEUU es que amenaza con ir más allá de la literatura y podría convertirse en una dramática realidad.

La primera pregunta que nos asalta es ¿cómo es que apenas hemos oído hablar del TLC? Quizás ello tenga que ver con el hecho de que el negociador de la parte europea, Ignacio García Bercero, escribió una carta pública a su contraparte estadounidense para tranquilizarle en relación a la confidencialidad de todo el proceso. Anunció, sin ir más lejos, que la negociación del TLC sería una excepción a la regla 1049/2001 que obliga a las instituciones europeas a hacer públicos sus documentos. Y añadió, para terminar de convencer a su homólogo americano, que los documentos tendrían carácter secreto durante al menos 30 años[1]. El comisario europeo De Gucht suscribiría esa misma opinión en el propio parlamento europeo cuando concedió carácter confidencial a las negociaciones y negó la función negociadora del parlamento[2].

Un TLC es un acuerdo entre varios países o zonas geográficas para incrementar el volumen de intercambio de bienes y servicios. Y generalmente consiste en reducir los impuestos a la importación, lo que permite a los ciudadanos comprar más baratos los productos extranjeros. Sin embargo, la propia Comisión Europea ha reconocido que «las relaciones económicas entre los Estados Unidos y la Unión Europea pueden ser consideradas entre las más abiertas del mundo»[3]. Asimismo, la Organización Mundial del Comercio ha estimado que las tarifas promedio rondan el 3,5% en Estados Unidos y el 5,2% en la Unión Europea. Estamos hablando de niveles extraordinariamente reducidos, lo que nos obliga a sospechar de las intenciones últimas de un TLC entre EEUU y la UE.

Un paso más en nuestro análisis nos lleva al punto crucial. Asegura la Comisión Europea que la clave del TLC está en la armonización de la regulación comercial, lo que dicho así quiere decir poco. Es sabido que las regulaciones de EEUU y la UE difieren en mucho al tratar determinados sectores o productos. Por ejemplo, la Unión Europea opera con un principio regulatorio de precaución que impide la comercialización de los productos si la empresa no ha demostrado previamente que no son lesivos para la salud humana o el medio ambiente. En EEUU tal principio no opera y la regulación es bastante más laxa. Así las cosas, ¿hasta qué nivel searmonizará la regulación? ¿Hacia el de Estados Unidos o hacia el de la Unión Europea?

La pregunta está en el aire, pero las sospechas son crecientes dada la lógica del sistema económico. Y es que cuando se abren las fronteras a la competencia extranjera, como busca cualquier tratado de libre comercio, se inicia unacompetencia a la baja o carrera hacia el fondo que desploma los estándares laborales, medioambientales, sanitarios e incluso democráticos. Es decir, en esas circunstancias económicas cualquier coste es un obstáculo para vencer en la carrera competitiva, y lo mismo da que se trate de un salario alto o de un severo control medioambiental.

El caso del fracking es paradigmático. Esta práctica de extracción de gas y petróleo está extendiéndose como la espuma en EEUU, pero debido a los efectos negativos que tiene sobre el subsuelo e incluso la salud humana su prohibición está ganando terreno en la Unión Europea. Las multinacionales estadounidenses y las multinacionales europeas y algunos líderes políticos han protestado. Las primeras porque insisten en ampliar su mercado, y los segundos porque denuncian que compiten con desventaja. El primer ministro británico, D. Cameron dijo nítidamente que la paralización del fracking promovida desde la UE provocaba que «nuestros competidores vayan por delante de nosotros en la explotación de estos recursos». En suma, que los europeos somos menos competitivos por tener sensibilidad ecológica. Una obviedad, por otra parte.

Así las cosas, la teoría económica nos sugiere que la igualación o armonización de las regulaciones siempre se hace por la baja. Desregulación, en definitiva. No sólo de elementos medioambientales, como el fracking, o sanitarios, como los transgénicos o el etiquetado de productos, sino también laborales y democráticos.

EEUU no ha firmado varios de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) referidos a la libertad sindical. Bajo una cláusula llamada irónicamenteDerecho al Trabajo se esconde una legislación antisindical que será armonizada con la regulación laboral europea. Y precisamente en un contexto económico y político en el que la Comisión culpabiliza de todo a los salarios y a la excesiva regulación laboral… Intrigante.

Más jugo tiene aún la cláusula de protección de los inversores extranjeros, conocida como ISDS (Investor-State dispute settlement), y que supone la creación de tribunales internacionales de arbitraje donde las multinacionales podrán acudir para denunciar a los Estados cuyos gobiernos aprueben normas que atenten contra sus beneficios económicos presentes o futuros. Se trata de un mecanismo ya existente para otros países y zonas económicas que operaría como una supraconstitución.

Desde que Argentina cambió su política económica tras la crisis de 2001, ha recibido más de 40 denuncias por parte de multinacionales. Las empresas argumentan que sus beneficios presentes y futuros han disminuido notablemente como consecuencia del cambio en la orientación política. Por otra parte, Ecuador fue sentenciado a pagar 2.300 millones de dólares a la petrolera Occidental Petroleum por abandonar la construcción de un pozo de petróleo en las amazonas. E incluso Libia tuvo que pagar 900 millones de dólares de beneficios perdidos por un proyecto turístico en el que sólo se habían invertido 5 millones de dólares. Son sólo algunos ejemplos que revelan las consecuencias de una cláusula de esta naturaleza.

Por cierto, estos litigios son llevados a cabo por gabinetes jurídicos especializados en la materia y que cobran por el volumen de casos. A finales de 2013 había un mínimo de 268 demandas pendientes contra 98 países según la UNCTAD, y en los noventa sólo había una docena. Pocos Estados se pueden permitir igualar la alta remuneración que reciben los abogados de las grandes multinacionales, y mucho menos mantener un equipo entero especializado en el tema.

Al fin y al cabo se trata de un atentado contra la democracia, incluso entendiendo ésta sólo en su aspecto procedimental, y que otorga a las multinacionales un poder y una capacidad de la que carecen los ciudadanos.

Constituye, en definitiva, un nuevo ordenamiento jurídico que a la vez destituye el ahora presente en las constituciones nacionales. Sirve para construir un nuevo marco de reglas profundamente sesgadas hacia el interés individual de las grandes empresas. Supone, a falta de su consecución, una verdadera distopía potencial. Y es, naturalmente, el enésimo intento de lograrlo tras los fracasos del Acuerdo Multilateral de Inversiores y de la Constitución Europea, así como del fallido ACTA que por cierto ahora se rescata en el seno del TLC.

Pero no está todo dicho, afortunadamente. El TLC tendrá que ser aprobado por el Parlamento Europeo, y una movilización social contundente y a tiempo puede suponer una nueva victoria ciudadana y de la clase trabajadora. En España los dos grandes partidos políticos, PP y PSOE, ya se han dado la mano para aprobar el proyecto. El acuerdo firmado en junio de 2013 entre el Partido Popular y el Partido Socialista en el Congreso recogía una petición expresa al Gobierno para «apoyar un rápido comienzo de las negociaciones de un acuerdo de libre comercio entre los Estados Unidos de América y la Unión Europea ambicioso y naturalmente beneficioso». Sin embargo, es aún posible movilizar a las bases sociales para continuar luchando contra esta Unión Europea regresiva y antisocial.

Sugiero que comencemos cuanto antes por la pedagogía política llevando a todas partes esta antidemocrática y miserable actuación de las élites europeas. Y hundamos sus elitistas y distópicos proyectos con la misma fuerza y contundencia con la que tenemos que impulsar nuestras utopías.

[1] Carta de I. García Bercero a L. Daniel Mullany con fecha 5 de julio de 2013 y titulada “arrangements on TTIP negotiating documents”.
[2] Intervención durante el debate en el Parlamento Europeo de 22 de mayo de 2013: “EU trade and investment agreement negotiations with the US”.
[3]Comisión Europea (2013): “Impact Assesment Report on the future of EU-US trade relations”.

 


Alberto Garzón

Economista nacido en Logroño (1985) y criado en Andalucía. Máster en Economía Internacional y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente portavoz en las comisiones de Economía, Hacienda y Presupuestos en el Congreso de los Diputados. Comprometido con la tesis número 11 sobre Feuerbach, de Karl Marx. Luchando por construir la unidad de una izquierda coherente, rigurosa, austera y responsable y que sea capaz de sentar las bases de otro mundo posible y necesario.

VOTAR/NO VOTAR EN CONCIENCIA

 

EDIFICIO SPINELLI, LA FRIALDAD DE LA UE
Una reflexión sobre el 25 de Mayo
Por: José Ramón Montes
La mayoría de las veces no se reflexiona sobre esta obviedad, para votar por algo es preciso reconocer ese algo y desear que adopte unas determinadas líneas existenciales.
Si ese algo se llama, es la llamada UNIÓN EUROPEA, las opciones electorales que se presenten el día 25 de mayo, han de partir necesariamente de que se quiere que esa entidad política funcione con arreglo a determinadas líneas de pensamiento, de comportamiento, de eficiencia social frente a la ciudadanía. SI SE ACUDE A VOTAR EL DOMINGO 25 DE MAYO, SE QUIERE UNA UNIÓN EUROPEA. SI SE ACUDE A UN CONCIERTO ES QUE SE DESEA ESCUCHAR MÚSICA DE CUALQUIER GÉNERO, PERO SI LA MÚSICA NO INTERESA EN ABSOLUTO LA ASISTENCIA AL CONCIERTO ES UN ACTO INÚTIL Y DESAGRADABLE. NO ME GUSTA LA MÚSICA LUEGO NO VOY A NINGÚN CONCIERTO.
Por lo anterior se deduce que hay personas que no desean ni reconocen a la UE, esta es una realidad que no puede negarse pero no por ello es tenida por deseable, hay quienes quieren que el ente desaparezca, deje de existir. Para los escépticos radicales se plantean dos opciones en ese domingo electoral, no votar o votar en blanco y votar por algún partido anti UE en cuyo programa esté la implosión de la Unión, esa opción no es imposible aunque resulte difícil, tal vez la llamada extrema derecha como el FN de Francia tenga algo de ese camino en sus planteamientos, recuérdese que el europeísmo es ante todo, un emblema de la socialdemocracia, que muchos comunistas no aceptaron ni aceptan.
Los bipartidismos de tronco liberal que mandan desde el final de la guerra fría, satanizan cualquier oposición al poder de Bruselas, quienes se opongan a la UE son retrógrados, nacionalistas, chovinistas e insolidarios, partidarios del Estado y enemigos de la globalización que es la modernidad en sus esencias. En España el diario EL PAÍS sería a todas luces el portavoz de esa línea de pensamiento que va más allá de lo meramente
Político entrando en lo económico y en las formas de configurar las normas generales del funcionamiento social.
Por tanto hay que distinguir con claridad entre formas de europeísmo y la negación del tal europeísmo.
Munchas izquierdas ven con simpatía los planteamientos rupturistas de Cataluña, Galicia o Escocia, ¿por qué no se puede negar la pertenencia a ese artefacto que poco a poco va estableciendo la dictadura inapelable de lo económico sobre lo político o lo cultural? .Lo malo es que como en el caso de Cataluña partidos como Convergencia tienen como ideal una independencia de España pero eso si EN EUROPA dejar Madrid para someterse a Bruselas como suele decirse, es salir de Málaga para ir a Malagón. Los franceses, los holandeses de GERT WILDER y los nórdicos manteniendo sus Estados reniegan de la UE les acusan de todo pero ahí están ganado votos. Las actitudes de los ingleses son bastante difíciles de detectar serán felices siendo la estrella 51 de las BARRAS Y ESTRELLAS aunque en Nueva York haya hoy en día demasiados mejicanos para volver el siglo xviii los mejores ingleses están hoy en el TEA PÀRTY Y EN LA ASOCIACIÓN AMERICANA DEL RIFLE.
Hay que tener las ideas muy claras respecto a lo que se desea como alternativa al Tratado de Roma firmado por unos países derrotados y acomplejados. Hay un miedo vergonzante al restablecimiento pleno del poder de Alemania a la que se permite imponer su banca pero se impide la expansión de su gran acervo cultural y lingüístico. La derrota de 1945 pesa como una losa y el inglés es implacable.
En el Continente está Rusia y es también enemigo, la gran ironía está en que lo inglés es el hegemón cultural mientras los ingleses quieren irse a sus océanos y a sus dominios de raza fija.
Una muy elevada abstención y un fuerte voto en blanco desde España, deslegitimaría a la UE y al bipartidismo oficialista, el PSOE aumentaría su desprestigio y los pequeños en crecimiento deberían repensar sus inercias y liberarse de ellas.
¿Se atreverán a montar un patriotismo europeo? No resulta muy cómodo imaginar en una plaza de París o Berlín abarrotada de gente un grito cerrado de ¡VIVA EUROPA! Tremolando la banderita azul de las estrellitas portada por el Presidente de la Comisión. Ese grito no se puede imaginar si xenofobia ¿Dónde están los ideales del europeísmo?, ¿contra quienes se han de esgrimir?
La aburrida cháchara economicista del euro, la competitividad y el paro deja fuera de los focos, cuestiones como las religiosas con el islam y el vetado ingreso de Turquía, el tema OTAN y la broma de la adscripción fáctica de Israel a Europa.
Hay mucho más pero por ahora es lo que puede decirse
José Ramón Montes
Madrid 6 de mayo de 2014


lunes, 5 de mayo de 2014

La guerra blanda de la OTAN contra Rusia

FAMILIA PASTÚN, ¿ ENEMIGOS DE LA OTAN?

Pepe Escobar

Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Pobre OTAN. Malditos soviéticos. La benigna Organización del Tratado del Atlántico Norte ha pasado dos décadas “tratando de edificar una asociación” con Rusia. Pero ahora, “evidentemente los rusos han declarado que la OTAN es un adversario, por lo tanto hemos empezado a ver a Rusia en vez de como socio más bien como adversario”, dijo el Secretario General adjunto de la OTAN Alexander Vershbow, exdiplomático empleado del Pentágono estadounidense.

La ironía digna de lava ardiente de un escritorzuelo del Pentágono quejándose continuamente de que “Rusia obviamente trata de reimponer su hegemonía” basta para avergonzar al Vesubio. Pero ese es solo un pequeño cambio en (la cinta) Los Mercenarios de la OTAN.

La OTAN –todavía en el proceso de humillación diaria a manos de un puñado de pastunes aemados con kalashnikovs en Afganistán– considera ahora “nuevas medidas defensivas” para disuadir a la “aviesa” Rusia de la “agresión” a miembros de la OTAN, sobre todo los Estados del Báltico. Y eso significará el despliegue de “cantidades más sustanciales de fuerzas de combate aliadas a Europa Oriental”, sobre todo Polonia. Permanentemente. O, en lenguaje del Pentágono, “rotaciones semipermanentes de entrenamiento de unidades”. Por si quedara alguna duda de que la Guerra Fría 2.0 es permanente.

La OTAN “debatirá” el tema –en su ambiente viciado usual– durante el verano y el resultado se anunciará en una reunión en el País de Gales en septiembre, presidida por el emperador Barack Obama en persona.

Cualquier analista que no esté empotrado en la matriz del Pentágono sabe que las potencias claves de la Unión Europea, Alemania y Francia –que tienen sólidos vínculos económicos y de negocios con Rusia– nunca aceptarán ese nuevo sesgo para la Guerra Fría 2.0. En cuanto a otros miembros de la OTAN de importancia, simplemente están en quiebra y/o tienen cosas más importantes que hacer en casa.

La opinión informada también sabe que si la Guerra Fría 2.0 progresara la compensación será invaluable, como el hecho de que, solo para empezar, Rusia simplemente eliminará la Red de Distribución del Norte, que permite la ruta de escape de la OTAN de su brillante desempeño en Afganistán.

Vlad el contemplador

Aún así, los cuentos de la OTAN siguen sin cesar: no existe “señal alguna de retirada de las tropas rusas de la frontera ucraniana; EE.UU. está enviando ayuda militar “no letal” a Ucrania (¿Como qué? ¿Bates de béisbol?); envían fuerzas terrestres Polonia. Y todo para combatir a “separatistas” y militantes “prorrusos” en Ucrania Oriental.

Tonterías. Esa gente tiene que estudiar geografía, fuera de la propia carta de la OTAN, para comenzar. Y la mayoría de los ucranianos orientales no quiere anexarse a la Federación Rusa. Lo que quiere son provincias autónomas fuertes, libres de la interferencia de Kiev, en el marco de una Ucrania federal, finlandizada. Todo lo que se necesita es preguntar a esos ucranianos que ahora controlan 23 ciudades –y suma y sigue– en la región del Donbass, que representa más de un tercio del PIB de Ucrania.

Mientras tanto, hablan los adultos, a diferencia de los proponentes de la escuela de delincuentes juveniles de la diplomacia del Gobierno de Obama. El presidente ruso Vladimir Putin y la canciller alemana Angela Merkel hablaron por teléfono el Día del Trabajo. Putin subrayó una vez más que Kiev debería detener sus repetidas ofensivas “antiterroristas” y lanzar un diálogo nacional inclusivo. Eso no parece probable.

El ministro de Defensa ruso Sergei Shoigu también se sintió obligado a recordar al jefe del Pentágono, Chuck Hagel, que Rusia no “invadirá” nada, a menos que Kiev utilice sus fuerzas armadas contra civiles desarmados, de lo que se trata en la última provocación de Kiev en Slavyansk.

El EE.UU. de los think-tanks resta importancia a la histeria de la OTAN sobre “Rusia agresiva” como una “reacción moderada”. Eso engaña solo a los desinformados absolutos. Después de crear un Estado fallido en Libia y el fiasco de Afganistán, el robocop global OTAN, en su busca de “propósito” y significado, no puede dejar de fabricar enemigos.

Se presenta un poco de brillo mediante lo que se describe como cambio del “punto focal estratégico” –¿de Afganistán?– a los países Bálticos más Polonia, Eslovaquia, Hungría y la República Checa. El Pentágono, así como el vicepresidente Joe Biden, han prometido “aumentar el entrenamiento” con “socios orientales de la OTAN”.

Putin, mientras tanto aplica las enseñanzas de Sun Tzu. También podría estar calmadamente con las piernas cruzadas contemplando las aguas del Volga. Tan lejos de esa tontería sobre una invasión “agresiva” de los Estados bálticos por parte de Moscú. A propósito, esa invasión podría hacerse en un santiamén; y la OTAN ni se daría cuenta. Pero Moscú no quiere, ni necesita, una escalada semejante.

El resultado final: el robocop global OTAN solo puede sobrevivir si enfrenta una amenaza mortal. ¿Qué mejor plataforma para “armonizar” la OTAN que una Rusia “hostil”? Eso, o seguirse lamiendo las heridas infligidas por pastunes en el Hindu Kush.

Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007), Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge (Nimble Books, 2007), y Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto:pepeasia@yahoo.com.

(Copyright 2014 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Central_Asia/CEN-01-020514.html

lunes, 28 de abril de 2014

Ucrania: Frontera entre imperialismos



Arseniy Yatsenyuk, primer ministro de Kiev


John Weeks, Rob Ferguson ….

¡ La economía de la desintegración de Ucrania !

Occidente impuso al mundo post-soviético la “terapia de choque”, con resultados catastróficos.
Ahora, intenta repetir el experimento en Ucrania.
En el futuro, la gente estudiará la desintegración política, la fragmentación social y el colapso
económico de la Unión Soviética - la Gran Desintegración - como un desastre humano comparable a la Gran Peste del siglo XIV. Durante la Gran Peste, la gente sabía ni la causa ni la cura de la epidemia. Durante la Gran Desintegración, la causa era evidente y la cura conocida. El régimen se derrumbó debido a su propio peso muerto. El desastre económico que siguió, sin embargo, fue el resultado de las políticas económicas disfuncionales impulsadas por las potencias occidentales.
La escala del desastre humano en los países en transición post-soviéticos se refleja más
claramente en las estadísticas sobre la esperanza media de vida (véase A. Cornia, The Morality
Crisis in Transitional Countries ). En el caso que mejor conozco, la ex soviética República de Moldavia, entre 1990-1995 la esperanza de vida al nacer se redujo en casi tres años, hasta situarse por debajo de 66 años. Una caída así, en tiempos de paz, de las expectativas de vida no tiene precedentes. El único ejemplo reciente ha sido la epidemia del SIDA en algunos países del África subsahariana.
La principal causa de esta disminución de la esperanza media de vida en los países en transición ha sido la llamada terapia de choque, que desmanteló las instituciones de la economía planificada, sin sustituirlas por nada. Millones de personas en toda la antigua Unión Soviética perdieron sus medios de vida, los recortes presupuestarios destruyeron los servicios de sanidad y la pobreza empujo a la gente a la embriaguez y las drogas, acortando sus vidas.
El propósito explícito en estas políticas de ajuste draconianas diseñadas por los gobiernos occidentales era asegurarse de que la Unión Soviética no podía ser reconstruida. Vladimir Putin es muy consciente de ello, y espera a frustrarlo.
En la década de 1990, los políticos de los Estados Unidos y Europa occidental acogieron el
colapso de la Unión Soviética como una liberación. Pero unas elecciones no hacen una democracia, y 25 años después, por lo menos once de los 15 estados surgidos de la URSS,  tienen regímenes autoritarios, incluida la propia Rusia. Los gobiernos de los tres países bálticos han demostrado ser serios violadores de los derechos civiles, y toleran la actividad de grupos abiertamente fascistas. Solo la pequeña Moldovia es una candidata creíble para ingresar en el club de las democracias.
Cada ex república soviética tuvo su propia transición trágica. Medido por la caída en el ingreso
per cápita, Ucrania fue la que peor lo paso, con excepción de Georgia, que se hundió en un conflicto civil separatista después de 1990. Los ingresos por persona en Ucrania cayeron casi
un 60% entre 1990 y 1997 y la recuperación no empezó hasta el 2000. A finales de 2013 seguía un 20% por debajo de 1990 (véase el gráfico). Ingreso per cápita en Ucrania, 1990-2013
Todos los años, en comparación con 1990. Por ejemplo, en 1998 el ingreso per cápita fue de casi un 60% por debajo de 1990, de -60. En 2013 fue casi un 25% por debajo de, -25.
En este contexto podemos entender las tensiones y los conflictos internos de Ucrania. Una parte de la oligarquía ve a la Unión Europea como un bloque que ofrece un futuro económico
brillante. Este grupo arrastra consigo al oeste del país, de habla ucraniana, capitalizando un sentimiento anti-ruso de muchas generaciones. En el este, los rusófonos constituyen una
amplia mayoría y ven a Rusia, donde el ingreso per cápita en 2013 fue un 20% superior al de 1990, en comparación con el 20% inferior en Ucrania. La caída de ingresos en el este del país
ha sido aún mayor que la media nacional, debido a la concentración de la industria pesada anteriormente vinculados a la Unión Soviética en el antiguo bloque comercial del COMECON.
Sin embargo, a pesar de la gravedad del sufrimiento económico en Ucrania durante la década de 1990 como consecuencia de la terapia de choque, los Estados Unidos y sus aliados
europeos tienen previsto repetirla, mediante un programa del Fondo Monetario Internacional. El Bloomberg View (30 de marzo de 2014) informa que esta terapia de choque déjà vu promete
tener consecuencias aún más nefastas que su predecesora durante la década de 1990:
"... Rusia ... ha estado alimentando el este rusófono de Ucrania con una narrativa acerca de cómo una mayor integración con la Unión Europea va a cerrar sus minas y fábricas, eliminará puestos de trabajo, aumentará los precios y reducirá sus pensiones. Sin embargo, para poder firmar el acuerdo con el FMI, el primer ministro interino Arseniy Yatsenyuk tuvo que informarles
a los ucranianos que ese escenario, en parte, se producirá. Advirtió que la inflación podría subir hasta un 14% este año, mientras la economía se contrae un 3%”.
"En una situación de este tipo, la terapia de choque estándar del FMI no es una opción. Las condiciones de los préstamos del FMI - recorte de las subvenciones para calefacción de los hogares, por ejemplo - son esenciales, pero el impacto en los ciudadanos comunes debe ser amortiguado mucho más que lo que gobierno puede permitirse".
Al igual que en la década de 1990, los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea presentan al 99%de los ucranianos un futuro sombrío. Se insta a la población a rechazar la agresión y proclividades autoritarias de Putin, y aceptar en cambio un programa que incluso un medio representativo de Wall Street como BV considera que 'no es una opción´.
El gobierno que aplicará la terapia de choque versión 2.0 llegó al poder en Ucrania apoyando el derrocamiento de un presidente elegido constitucionalmente. Hay pocas dudas sobre el
alcance de la corrupción bajo el gobierno del depuesto presidente Viktor Yanukovich. Pero igualmente esta fuera de toda duda el historial corrupto de los que aspiran a reemplazarlo.
Un régimen extra-legal en el poder, oligarcas que respaldan un nuevo programa económico draconiano, un ingreso per cápita en declive y que inevitablemente disminuirá aún más gracías
al programa económico: no es ninguna sorpresa que los ucranianos en el este del país miren con nostalgia aunque sin grandes esperanzas a Rusia. Más sorprendente, es que este segundo programa de terapia de choque encuentre apoyo en el oeste de Ucrania, lo que trae a la mente el comentario atribuido a Albert Einstein, de que la “estupidez es hacer la misma cosa una y otra vez y esperar resultados diferentes. "
Quienes apoyan la terapia de choque en Estados Unidos y la UE, es una estupidez con un propósito: imponer su influencia política en Ucrania. El programa del FMI puede ser el desastre económico que provoque un desastre aún mayor, la desintegración de Ucrania. Los políticos de EE.UU. y de la UE y los oligarcas ucranianos puede que consideren este resultado una solución alternativa a sus objetivos geopolíticos y económicos, cuando, de hecho, es más
probable que sea un desastre humano.


John Weeks es profesor emérito de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos, Universidad de Londres, y autor
del libro Economics of the 1%: How mainstream economics serves the rich, obscures reality and distorts policy,
Anthem Press (2014)
http://www.opendemocracy.net/od-russia/john-weeks/economics-of-disintegration-in-ukraine

jueves, 24 de abril de 2014

Italia: La democracia átona

 

IL CAVALIERE

 

Rossana Rossanda

La asignación de Silvio Berlusconi a los servicios sociales legitima políticamente al Cavaliere, que podrá tranquilamente hacer campaña electoral para las elecciones europeas. Reina soberana una atonía democrática.  Y cubre también las mofas de la ministra Boschi contra los juristas "saboteadores de las reformas"

Nos hemos enterado esta mañana, a pocos días de la fecha en la que la magistratura milanesa debería definir a los términos de la ejecución de una pena decidida hace cerca de siete meses para Silvio Berlusconi, que se han orientado a asignarlo a una actividad en los servicios sociales (cuya naturaleza sigue siendo obscura) que, de todos modos, no le impediría hacer política, incluyendo la campaña electoral para las elecciones europeas. Si es cierto, sería una verdadera y auténtica tomadura de pelo. En realidad, el problema con el Cavaliere es su ingerencia de más de veinte años en la esfera pública; a nadie le interesa, todavía menos a quien esto escribe, desde siempre poco persuadida del papel educativo de la cárcel, poner límites a su libertad personal física, tanto más dada su edad, sino impedirle precisamente una función política por los delitos cometidos contra la fiscalidad del Estado y por la manipulación de un juez. 

Resulta además asombroso cómo la prensa libre no sólo parece no tener nada que decir sobre la legitimación del Berlusconi político sino que no ha comentado los términos con los que la señora Boschi ha insultado a Rodotà, Zagrebelski y, en general, a los juristas, como saboteadores de las magníficas reformas que querría realizar Renzi.

Reformas más enunciadas que concretadas. En el tema del trabajo, un retrasado y permanente zig-zag de posiciones parece llegar, con el acuerdo del ministro Poletti, a una mayor precarización del contrato de trabajo; por lo que respecta a la ley electoral, la propuesta es en muchos aspectos inadecuada para la severa admonición del Tribunal Constitucional y de hecho está bloqueada por el momento; y la tercera y proclamada reforma consistiría en la pura y simple transformación del Senado en una asamblea ya no electiva, con nulos poderes de hecho, o por lo menos, menos que modestos. 

Y sobre este fondo de atonía democrática es donde se multiplica el vocerío del equipo de Matteo Renzi, rebautizado  – siempre por la prensa libre – “Matteo”, definición que durante cerca de dos mil años, se ha referido exclusivamente al primero de los evangelistas. Parece una pésima comedia.

Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

lunes, 7 de abril de 2014

Suárez: el Secretario General del Movimiento y la democracia

 

“"

“Puedo prometer y prometo”

 

Xavier Domènech

 

 

Un héroe trágico El 29 de enero de 1981, el Presidente del Reino de España, Adolfo Suárez, presentaba su dimisión. Se había quedado solo. La Unión de Centro Democrático (UCD), el partido “moderado” que él mismo había puesto en pie, era poco más que un avispero para su fundador. Los militares, que se sentían traicionados por sus promesas incumplidas, lo querían sí o sí fuera del gobierno. Pero fue sobre todo el deterioro de su relación con el Rey, ese Rey que ahora nos explica que la transición la “impulsamos Adolfo y yo”, lo que acabó por dar la puntilla final a su presidencia. Hacía tiempo que el monarca quería su dimisión. El último gran desencuentro entre ambos se había producido poco tiempo atrás a cuenta de la elección del General Armada como segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército. Suárez se negaba a aceptar el nombramiento del que posteriormente se convertiría en el Elefante Blanco del 23F, pero finalmente la voluntad del Rey se impuso por encima del que poco después dejaría de ser Presidente. Se buscaba un golpe de timón ante un proceso de cambio político demasiado abierto y era el momento de prescindir de unos de sus timoneles por arriba. Nuestro pequeño y audaz Maquiavelo, más táctico que estratégico, quedó absolutamente abandonado. Abandonado primero por los suyos y después por el propio pueblo que, según nos cuentan, lo seguía a pies juntillas, cual flautista de Hamelín, fascinado ante un político de tamaña osadía que se sacrificó porque los amaba tanto. En su nueva aventura, con la creación del Centro Democrático y Social, Suárez solo consiguió dos diputados en las elecciones generales de 1982. De hecho, a pesar de todos los mitos, cuando en 1985 se realizó una encuesta del CIS en la que se preguntaba a quién se debían las libertades, sólo un 13% de los españoles apuntaron a sus dirigentes, mientras que un 55% las atribuyó a las movilizaciones populares. Fue precisamente a partir de esos años cuando se empezó a intensificar el mito de la transición para ahogar otro posible mito, el de la calle, en tiempos en que el conflicto social era culpabilizado como el principal freno de la modernización. La leyenda de Suárez contiene en sí misma elementos de una construcción precaria. Ahora mismo estamos bañados en ella, como una forma específica de reedición del mito de la transición, tan intensa como es su crisis real en nuestro propio presente. Su construcción hagiográfica es de todas formas tardía en relación con la propia articulación memorial de la transición y establece una relación compleja con la misma. Más cuando muchos de los constructores del mito de la transición ya en los años ochenta habían sido a su vez los sepultureros políticos de Suárez. Fue precisamente desde su olvido personal, a partir de una enfermedad que afecta precisamente a la memoria, que empezó su activación. Hay en este sentido un cruce entre la famosa fotografía realizada en 2008 de Suárez con el Rey, de un Suárez que ya no recordaba prácticamente nada y era recibido por aquel que no quería recordarlo todo, y la publicación poco después del libro de Javier Cercas Anatomía de un instante. Libro que significó el espaldarazo final a la construcción de la leyenda de Suárez como el gran héroe trágico, incomprendido por sus contemporáneos, engrandecido por la posteridad, ya que él en su audacia de llanero solitario pertenecía al futuro y no al pasado. Había también una coherencia profunda en esta construcción que iba más allá del propio Suárez. En Soldados de Salamina también de Cercas ya encontrábamos las semillas de la recuperación de ese fascismo fascinante, en la historia novelada del cofundador de Falange y futuro Ministro de Franco Rafael Sánchez Mazas que para el autor contenía en su vida cristales de la futura Reconciliación Nacional. Poco después éramos invadidos por la recuperación de fascistas “liberales” (un oxímoron realmente digno de consideración) como los verdaderos iniciadores del camino hacia la democracia, en una operación muy al gusto de ciertos grupos mediáticos. Historia que con Adolfo Suárez penúltimo Secretario General del Movimiento, es decir de la Falange en el poder, se coronaria en ese absurdo que hace del fascismo el origen de la democracia. En este último caso, si se quiere como héroe trágico y audaz condenado a la soledad entre los suyos, como político incomprendido, como mito para nuestro presente. Pero Suárez ni fue un llanero solitario, ni tan siquiera un avanzado a su época, sino un producto genuino de la misma y de las gentes que los pusieron en el lugar que lo pusieron, para luego abandonarlo. Causas y consecuencias: entre la calle y el palacio La transición española como período histórico mantiene un especial carácter en relación con nuestro propio presente. No es sólo un tiempo dejado en manos de la historia, y por ello la articulación de su memoria pública se debe más a periodistas y políticos que a historiadores, ni tan siquiera en las de una memoria democrática ya cerrada, sino que es considerado el período genético de nuestro sistema político. En este sentido su construcción como mito es a su vez una construcción normativa sobre actitudes políticas y sociales, un espacio que incluye aquello que se considera legítimo a la vez que excluye todo aquello que se considera ilegitimo. Y esto es así tanto para aquellos que hacen de este mito su principio de acción, como para aquellos que intentado atacar ese mito no hacen sino reconstruirlo alimentado el espejismo de su poder, confundiendo el propio mito con la realidad. El proceso de cambio político se inició con una serie de primero pequeñas mutaciones en las formas de acción política y social en la década de los sesenta, que interactuaron con las dinámicas internas de la dictadura y las externas al régimen en el seno de la sociedad, hasta devenir finalmente un torrente incontrolado en los setenta. Pero una cosa es el proceso y otra muy distinta el mito. Éste fue objeto de construcción y densificación, más allá de las narrativas puestas en juego en los años setenta, en los años ochenta. Liberar en este sentido al proceso de su mito es liberar también a todas las realidades, tensiones y potencialidades del cambio político de las narrativas, legitimidoras y deslegitamadoras, que no hacen sino enterrarlas. De hecho, la misma definición de la transición está marcada por su carácter normativo. No hay casi posibilidad para ponerse de acuerdo sobre su inicio, ni sobre su final, ya que esa delimitación hace y deshace legitimidades alternativas. Su definición como período histórico, separado del franquismo y del sistema democrático, equiparando así dos sistemas políticos, culturales y sociales a un proceso, conlleva en este sentido una serie de cargas inherentes que no se pueden desconocer. Se supone así que conforma un momento autónomo definido precisamente por su carácter transitivo. No se trata tanto de lo que sucedió realmente durante ese tiempo mal definido, sino de cómo devino. Se define así por su final. Todo lo que no explica ese devenir, y ese final, todo lo que muestra posibles vías diferentes o realidades contradictorias con ese final, deviene así menor o tratado como un accidente. Se esconde así el proceso y los agentes reales del cambio político que se gestaron en el período franquista, que no terminó con la muerte de Franco (confundir Franco y franquismo siempre ha sido en este sentido una confusión interesada), sino con la instauración de un nuevo sistema político. Esta construcción de la transición a su vez como período en si mismo y, de forma relacionada, como mito contiene muchas y variadas implicaciones. Pero nos detendremos sólo en dos que tienen consecuencias directas en la construcción de la leyenda alrededor de la figura de Adolfo Suárez: a la primera la llamaremos el efecto túnel de lavado y a la segunda la conversión de causas en consecuencias. En el primer sentido, la definición de la transición precisamente como período que transita hacia un final, en este caso la democracia, presuponiéndose que esa línea ya se encuentra presente en su inicio, y en ese sentido conforma un período coherente en si mismo, decanta rápidamente la sustitución de las legitimidades de origen de las elites políticas por las legitimidades de ejercicio en relación de nuevo al final del período. Así Manuel Fraga Iribarne no sería uno de los más destacados ministros de la dictadura, ni tan siquiera el Ministro de Gobernación cuando sucedieron los muertos de Vitoria en 1976, sino uno de los miembros reformistas del primer gobierno de la transición (ya no de la dictadura) que habría llevado la democracia a España; Juan Carlos I no fue tampoco un monarca instaurado por uno de los dictadores más sanguinarios del siglo XX, saltándose la misma legitimidad sucesoria monárquica que recaía en su padre en el exilio, que juró lealtad a los principios fundamentales del Movimiento, sino el dirigente clarividente que aportó luz a una tierra carente de ella; y, finalmente, en el caso que nos ocupa, Adolfo Suárez no era ese Ministro Secretario General del Movimiento que se oponía durante el primer semestre de 1976 a cualquiera de los proyectos de transformación del régimen, que no de liquidación de la dictadura, ya fueran los de Garrigues o los del mismo Fraga, sino el sagaz piloto del cambio. La transición es así en si misma una construcción desmemoriada y desmemorizadora que restaura legitimidades y echa al olvido todo aquello que no es congruente con las mismas. Pero quizás donde estos efectos de la construcción de la Transición contienen mayores consecuencias para nuestro presente y para la comprensión de la figura de Suárez, es en la conversión de las consecuencias del cambio político en causas del mismo para reforzar su propia legitimidad. La consolidación de la monarquía, con problemas para perpetuarse más allá de la dictadura, el papel dominante de las elites por encima de los agentes sociales, de los líderes políticos por encima de sus organizaciones o el discurso de la moderación, fueron consecuencias del cambio político, cierto. Pero ser el resultado de un proceso no te convierte en su activador, ni siquiera en su conformador. El proceso no se desencadenó como un encuentro entre elites, las del régimen y las de la oposición, como tampoco se inició a partir de las contrastadas credenciales democráticas de aquellos que habían sostenido la dictadura. La primera batalla de la transición, en palabras del Gobernador Civil de Barcelona en 1976, “fue la batalla de la calle”. Esa calle que para Fraga era “mía”, es decir del franquismo, como forma de controlar a falta de cualquier mecanismo democrático que se produjera un plebiscito público sobre qué quería la gente. Y esa batalla el régimen la perdió. El primer semestre de 1976, en un país donde el derecho a huelga y a manifestación no sólo estaba prohibido sino que en algunos casos podía conllevar la tortura y la muerte, España se puso al frente de la conflictividad europea. Huelgas generales como las trece vividas en Vizcaya, las de Córdoba, Sabadell o el Baix Llobregat, tan sólo eran la punta del iceberg de un proceso profundo que estaba atravesando toda la sociedad. De hecho, esas huelgas, y el modelo de oposición gestado con anterioridad, consiguieron que en un momento de fuerte crisis económica se produjera una intensa alza de los salarios reales. Pero si ese fue su resultado social, sus resultados políticos crearon un escenario de bloqueo. La oposición podía ocupar la calle, pero no el poder, ya que a diferencia de la revolución portuguesa de 1974 no contaba con ninguna alianza posible en el seno de las Fuerzas Armadas, fieles hasta al final a la dictadura. El régimen podía mantenerse en el poder, pero era incapaz de gobernar el país. Ese escenario planteaba al Rey un dilema crucial. No entre dictadura o democracia, sino sobre en torno a la posibilidad de consolidar la monarquía o no (no está de más recordar que todos los Borbones desde Fernando VII han probado las hieles del exilio). Necesitaba recuperar la iniciativa política para no quedar ahogado en un proceso desbordante. Necesitaba, en este sentido, una figura que reuniera las cualidades de fidelidad a su persona y legitimidad dentro del franquismo para iniciar el desbloqueo de la situación. Para ello no servían ni Fraga, ni Areilza, las dos principales figuras del reformismo dentro del franquismo, ya que despertaban tanto recelo en sus filas como proyecto propio tenían. Finalmente, la elección inesperada del nuevo Presidente del Gobierno en julio de 1976, a partir de los mecanismos electivos propios de la dictadura, recayó en Adolfo Suárez. Suárez era en 1976, según Javier Tusell, “una persona inequívocamente identificada con el Movimiento”. De hecho era su máximo dirigente y desde allí controlaba todo su poder institucional y mediático que no era poco. Pero a su vez también era, en las propias palabras del futuro presidente del gobierno, “un chusquero en política”, sin una trayectoria política de largo recorrido, sin un padrino fuerte que le protegiera después de la muerte de Herrero Tejedor, pero capaz de muestras de fidelidad inconfundibles hacia Juan Carlos. En este sentido su elección tranquilizaba al personal político franquista, era claramente uno de los suyos y como tal aseguraría su pervivencia, y a la vez permitía asegurar el proyecto de la monarquía. Éste no era otro que consolidar la institución y si para ello hacía falta la democracia, como se hizo claro finalmente, bienvenida fuera. Con Suárez se podía encontrar alguien dispuesto a iniciar un camino de recuperación de la iniciativa política, llevándose con ella a parte del régimen. Y así fue, pero ello no se podía hacer sin asumir una parte del programa de la oposición antifranquista. En este sentido, la primera medida que tomó el nuevo gobierno en julio de 1976 no fue otra que el Decreto-Ley de Amnistía para los presos políticos antifranquistas. Lo que vino después fue una alocada huída siempre hacia adelante, que tomó forma de operación, incluyendo la legalización de los partidos políticos, exceptuando los republicanos que no pudieron presentarse a las elecciones de junio de 1977 para no poner en peligro precisamente a la monarquía, y la celebración de unas elecciones pluripartidistas por sufragio universal sin restos de ningún tipo de representación orgánica. Ello no se encontraba en ninguno de los proyectos del reformismo franquista y no fue otra cosa que una imposición de las gentes que ocuparon las calles. No de la forma soñada eso es cierto, pero tampoco nunca soñada por los franquistas. De hecho, si la movilización de 1976 marca el inicio del fin de la dictadura, también el resultado de las elecciones de 1977 fue una sorpresa para los jerarcas del régimen. Después de más de casi cuarenta años de dictadura, de control de los medios de comunicación, de control y adoctrinamiento educativo y de represión, ganaron las elecciones, pero no obtuvieron la mayoría electoral. Entre la Unión de Centro Democrático articulada desde el poder por el mismo Suárez y la Alianza Popular dirigida por Fraga obtuvieron el 43% de los votos, mientras que los partidos que venían del campo del antifranquismo en su conjunto agrupaban el 49,2%. Y entonces pasó lo que no estaba previsto por la última ley fundamental de la dictadura, la Ley de la Reforma Política, esas Cortes se declararon ilegalmente constituyentes. Se produjo así la ruptura jurídica con la dictadura, aunque eso no fue seguido de otras y fundamentales rupturas. El papel de Suárez en este proceso fue posible sólo a partir de una gran autonomía de la esfera política respecto a otras instancias de poder, que en ciertos momentos le llevó a confrontaciones con el ejército o los mismos poderes económicos, posibilitada por la intensidad del conflicto entre las fuerzas en pugna. El proceso acabó con el franquismo, pero preservó gran parte de su personal político que en algunos casos salió del mismo con una nueva legitimidad renovada, los aparatos de coerción, las fuerzas armadas y la judicatura franquistas no sufrieron ninguna depuración, y, finalmente, la monarquía pudo consolidarse como institución. Pero si ello era debido a la capacidad de iniciativa política que mostró una parte del régimen, el final de la dictadura sólo es atribuible a la calle. El proceso constituyente se impulsó desde abajo, aunque se controló desde arriba. La autonomía de Suárez en todo esto fue, de todas formas, una autonomía relativa. Su papel consistió en asegurar siempre, en cada nueva huída hacia delante, la preeminencia de la iniciativa política por parte del franquismo y la monarquía. Pero cuando los ritmos sociales se desaceleraron, cuando llegó el gran frenazo, su figura quedó suspendida en el aire: ya no era útil. Ahora, es verdad, parece haber recobrado utilidad en forma de leyenda. Pero el mito se articula y se difunde desde el palacio, mientras que la dignidad y la libertad se construyen desde la calle. Ahora, como antes, el mito es un intento de transfigurar la realidad.

XavPolítica, Españaier Domènech es historiador y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Fuente: www.sinpermiso.info

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Ucrania: laboratorio neonazi, gas y petróleo



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lunes, 31 de marzo de 2014
La clave ucraniana

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Del Maidan de Kiev a la crisis mundial 



"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista.
Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro.
Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío.
Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí."
Martin Niemoeller
Pastor protestante, 1892-1984.

“Todo tiene sus límites, y en el caso de Ucrania nuestros socios occidentales se han pasado de la raya, se han comportado de manera grosera, irresponsable y poco profesional”… “San Petersburgo fue la cabeza de Rusia, Moscú su corazón, pero Kiev la madre”.
Vladimir Putin
Discurso sobre Crimea, 2014



Por: Víctor Wilches
Agropolis


Los tambores que anuncian el inicio de una gran guerra mundial continúan repicando en Ucrania. La injerencia a fondo por parte de EE.UU./UE/OTAN en la desestabilización de Ucrania entraña unas connotaciones geopolíticas que van más allá del golpe de estado inducido para instalar un régimen/laboratorio neonazi a las puertas de Europa. Los acontecimientos conducen a conjeturar que con esta agresión se busca alterarle el rumbo al orden internacional multipolar gestado en la última década e impedir su consolidación, y en su lugar imponer un orden internacional hegemónico, opresor, militar/mercenarizado y violento capitaneado por la plutocracia de EE.UU.

La agresión político-militar desplegada por EE.UU./UE/OTAN para forzar un nuevo orden internacional que responda a los intereses de EE.UU. está develando que inevitablemente todos los caminos conducen finalmente a una guerra frontal con China. Para llevar a cabo este arriesgado sueño imperial, Washington y Bruselas tienen que controlar/derrotar tres lugares emblemáticos: La Plaza Maidan, la Plaza Roja, y la Plaza Tiananmen. Tarea no fácil, pero el desespero puede llevar a cualquier demencial aventura, así ésta sea una pugna intercapitalista.

Esta peligrosa jugada por parte de EE.UU./UE/OTAN es producto de la pérdida de influencia y de poder global de EE.UU., cuyo declive acelerado viene acompañado de una profunda crisis económica y energética sin retorno. El modelo capitalista de producción depredó, destruyó y agotó los recursos naturales y energéticos, y contaminó todos los ecosistemas del planeta en su afán de acumulación. El crecimiento económico es cosa del pasado. Sin energía es imposible crecer. Para crecer económicamente se requiere aumentar el consumo de energía, y a la inversa, sin aumento del consumo de energía es imposible crecer económicamente. Por lo tanto, si un sistema basado en el crecimiento económico infinito no puede crecer está abocado a un colapso societal. El modelo capitalista ha llegado a su punto límite y ha comenzado su implosión arrastrado por una crisis multidimensional inherente al propio modelo. “La decadencia y caída del imperio global de Estados Unidos es el hecho más importante de la geopolítica en el mundo de hoy” (1), el colapso está en camino y su impacto es de grandes proporciones telúricas a nivel global. Ucrania acusa ser un revelador síntoma para evitar que el sistema colapse. Esta encrucijada hace que los apetitos imperiales de Estados Unidos en su huida hacia adelante por el control de territorios y de los recursos que quedan conduzcan a una guerra mundial nuclear.

El sistema capitalista estocado de muerte en el alma hegemónica imperial ha entrado de lleno en un giro geopolítico de eje geográfico/Asia/ acelerado. Los acontecimientos internacionales están testificando que la transición de paradigma post imperial-USAmericano se precipita a empellones, dejando a su paso profundas y graves crisis económicas, sociales, ecológicas, políticas, culturales, éticas y humanitarias. Ninguna transición y disolución imperial hegemónica puede ocurrir sin crisis, violencia, ni guerras, así ese escenario sea el menos deseado por la mayoría de la humanidad. Lo ideal sería que ésta fuera pacífica, pero un poder hegemónico erigido a base de violencia y de destrucción no va dar el paso al lado de manera pacífica para que otros llenen este vacío.

La actual ofensiva geopolítico puesta en marcha en Ucrania por EE.UU./UE/OTAN para remodelar el orden internacional -aparte de sus peligros, costos y desenlace final- ha dejado al descubierto dos líneas relevantes interrelacionadas que deben ser analizadas con atención: instauración de un régimen/laboratorio neonazi en Kiev; y una gran crisis energética en especial gas y el petróleo.

¿Por qué Ucrania es centro de rivalidad?

Ucrania juega un rol estratégico en los intereses y en las aspiraciones hegemónicas de EE.UU. desde siempre en su afán por controlar el mundo. Estas tendencias vienen desde tiempo atrás. A inicios del siglo XX la teoría del “Heartland” de Halford Mackinder sostiene que “Quien gobierne en Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo." Y más concretamente quien domina el “Heartland”, domina el mundo, especialmente si controla Ucrania.

La particular situación geopolítica de comienzos del siglo XXI revive y da un nuevo impulso y valor funcional a la región euroasiática como segmento espacial a controlar para dominar el mundo, lo cual choca frontalmente con las visiones geopolíticas del euroasianismo ruso y de la alianza sino-rusa de revivir la Ruta de la Seda. Este nuevo impulso en “occidente” vendrá de las pretensiones imperiales delineadas por el estratega de seguridad de EE.UU. Zbigniew Brzezinski, quien enfatiza la doctrina que el Estado que domine este vasto continente, el cual constituye un eje geopolítico, de hecho controlaría dos de las tres regiones económicas más productivas y avanzadas del mundo, subordinaría a África y tornaría el hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos. En Eurasia, vive el 75% de la población mundial y están depositadas 3/4 de las fuentes de energía conocidas en todo el mundo. Y más en concreto afirma que “Rusia sin Ucrania deja de ser un imperio, pero Rusia con Ucrania sobornada y luego subordinada, automáticamente se convierte en un imperio”. Estos parámetros expuestos muestran por qué EE.UU./UE/OTAN están dispuestos a jugar sus últimas cartas en una aventura bélica en Ucrania; y además, por qué en sus propósitos de alcanzar sus metas de dominio y control de Eurasia no existe parámetros de ninguna especie que les impida acudir a los métodos y alianzas execrables, como el apoyo a grupos neonazis y extremistas violentos de derecha.

En el complot dirigido y patrocinado por EE.UU./UE/OTAN para derribar el gobierno de Viktor Yanukóvich y empotrar un régimen neonazi en Kiev, hace gala de la combinación de una serie de elementos entrelazados que deben ser analizados.

Laboratorio neonazi en Kiev

En Ucrania no se empleó el típico golpe de estado blando sustentado en el modelo “revolución de colores” del Albert Einstein Institution, de Gene Sharp, en este caso se recurrió a la aplicación de diferentes instrumentos para llevar a cabo el golpe de estado. Estos van desde la utilización de la protesta social pacífica hasta métodos abiertamente radicales, en los que prevalecen formas de violencia extrema apuntaladas con grupos neonazis y extremistas nacionalistas y mercenarios-francotiradores.

Cambios y variantes al modelo de Gene Sharp ya se habían visto en Egipto, Libia, Siria. Allí se acude abiertamente a yihadistas islámicos como complemento central. En el actual complot en Ucrania por su importancia geoestratégica se sincronizan, se actualizaron y se ejecutan nuevos mecanismos. Por un lado tenemos el modelo de “golpe de estado blando” con toda su parafernalia: la mass media corporativa de “occidente” acusando de lo peor y demonizando hasta el paroxismo al gobierno de Yanukóvich, a Rusia y en especial a Putin (Nota: aquí el autor de ninguna manera está afirmando que Yanukóvich y Putin sean unos santos, se está es analizando el desarrollo de los acontecimientos de rivalidad intercapitalista); las ONGs actuando a tope para velar por los “derechos humanos” y las “libertades civiles y democráticas”. Además, ahora encontramos que las cancillerías, embajadas, parlamentos e instituciones de EE.UU., Unión Europea, Canadá, OTAN, OSCE, tienen una nueva misión diplomática participar abiertamente y en masa en las revueltas de la Plaza Maidan de Kiev, abrazados de partidarios de la neonazi Svoboda de Stepan Bandera y del Sector Derecho.

Por otro lado, esto va acompañado con la participación de multinacionales como Chevron orientadas a la apropiación del gas esquisto de región oriental de Ucrania –en cualquier análisis con relación a Ucrania es básico ver el papel que juegan las multinacionales en la crisis-. La firma de un acuerdo de 10 mil millones de dólares para la producción compartida de gas esquisto entre el gobierno ucraniano y Chevron, es tomado desde Washington como un paso en dirección de la independencia energética de Rusia, y en la tradición de unir los intereses de las corporaciones multinacionales bajo el paraguas y pretexto de la seguridad nacional de EE.UU. Al respecto el International Business Times afirmó que “el acuerdo de Chevron con Ucrania fue apoyado por USA como parte de su estrategia de seguridad nacional para ayudar a reducir la dependencia energética de Europa y de Kiev de Rusia.”  A la par de esto, la multinacional Cargill apunta al control de la producción de los alimentos fortaleciendo la posición comercial de la corporación en uno de los negocios al invertir más de 200 millones de dólares en las acciones de UkrLandFarming (Financial Times, enero 12, 2014). Esta empresa ucraniana que posee 500 mil hectáreas de tierra, es la octava cultivadora de tierra más grande del mundo y el segundo mayor productor de huevos. Cargill también tiene en Ucrania negocios en plantas de procesamiento y terminales de exportación en el Mar Negro. Seguramente necesitaba un puerto para aumentar el grado de control sobre el mercado. No se debe olvidar la importancia mundial agrícola de Ucrania y de la franja de tierra de gran fértil que abarca la mayor parte de las llamadas "tierras negras" o chernozem, al centro y oeste del país. Y para completar el cuadro, Monsanto, la empresa de semillas transgénicas más grande del mundo, también está ganando espacio en Ucrania donde ya controla el 40% del mercado de semillas. Jugada comercial de control agrícola que busca cerrarle espacio a China en el mercado ucraniano. Lo cual se puede inscribir dentro de las guerras por las tierras fértiles y la alimentación desatada a nivel mundial.

Esto se complementa con las medidas que el gobierno neonazi títere de Kiev ha comenzado a tomar para preparar al país para “que afronte las dolorosas pero necesarias reformassociales y económicas” impuestas por la medicina del FMI. Una de los primeros requerimientos del FMI es que los subsidios al gas de los hogares se reduzcan en un 50%. Otros requisitos onerosos del IMF incluyen recortes a las pensiones, en el empleo estatal y la privatización de los activos y propiedad del gobierno (traducción: que las corporaciones occidentales puedan comprar a precio de regalo los bienes públicos); así como otras reducciones en los programas de gastos sociales en Ucrania (Voice of Russia: Ukraine's economic crisis: Who benefits? Who pays?).

El laboratorio neonazi/neofascista de Kiev no es un mero hecho coyuntural para Ucrania o para ciudadanos de tercera o cuarta clase. Ese es el modelo que UU.EE., la Unión Europea, Canadá y en los países del autoproclamado “occidente” vienen adecuando y refinando para implantar en sus propios países. La pérdida y la restricción continuada de las libertades civiles, políticas, sociales y derechos democráticos avanzan a pasos agigantados. Las demandas sociales y políticas son acalladas. Nada de esto existe mientras no esté en la falsimedia corporativa. La protesta ciudadana es criminalizada y penada severamente. El desmonte del estado de bienestar es a marchas forzadas y a golpe de decreto. Todo lo público y los bienes comunes son saqueados. El control e interceptación de todas las fuentes de información y a todos los ciudadanos, pese a ser uno de los más aberrantes ataques a la libertad, no es otra cosa que el miedo de estas plutocracias y sus amos. Las legislaciones nacionales del autoproclamado occidente se están ajustando a un modelo neofascista en ciernes para ser aplicado a sus ciudadanos. Por ello, EE.UU./Obama, el gobierno de Canadá y los gobiernos de Europa salieron presurosos a afirmar y ratificar que el gobierno títere neonazi montado en Kiev tras el golpe de estado es un “gobierno legítimo”. Ese experimento puesto en escena en Kiev es todo un laboratorio neonazi/neofascista que esperan trasladar depurado a sus propias naciones. Un ejemplo palmario de lo que puede pasar en inmediato futuro es la destitución del periodista finlandés Jari Sarasvuo (ver:http://rawnata.blogspot.se, Känd finsk programledare Jari Sarasvuo fick sparken; y enHelsingin Sanomat www.hs.fi/) y el cierre fulminante de su programa por entrevistar al catedrático de la Universidad de Helsinki, Johan Beckman, quien exigió la liberación de Europa de la "junta fascista" ucraniana y acusó al canciller de Finlandia de apoyo a los nazis.

Que nadie se llame a engaño. Alguien puede imaginarse a EE.UU., la Unión Europea, Canadá, la OTAN, entregándole 5000 millones de dólares a unos grupos ucranianos sin saber quiénes eran éstos (dinero confirmado por la misma la Secretaria de Estado adjuntaVictoria Nuland). Ni quiénes son los que conforman esos grupos, y mucho menos darse por enterados quiénes son sus líderes. Naturalmente que todos sabían que sus pupilos/marioneta encargados del golpe eran miembros de grupos neonazis y de extrema derecha. Este monto económico aportado no es una bicoca, ni tampoco gratis. Ante la magnitud de los objetivosoccidentales se podría pensar que es mucho más dinero. La infraestructura y los niveles de coordinación entre los interesados en el caos y el complot contra el gobierno de Yanukóvich y el control de Ucrania pueden ser mucho más oscuros de lo que cualquier mente pueda imaginar. La apuesta de EE.UU./UE/OTAN es una jugada geopolítica temeraria, pero ante la crisis multidimensional por la que están atravesando los conduce inevitablemente a esa aventura.

Crisis energética: Gas y petróleo
La crisis económica mundial galopante desde 2007/2008, y en especial, en los países desarrollados (mal-desarrollados es la mejor definición), se debe a la escasez y el declive de los hidrocarburos. Al no poder disponer de ingentes cantidades de energía en el mercado, fundamentalmente de petróleo, hace que el complejo sistema industrial y tecnológico, sustentado en esta fuente de energía, no pueda funcionar y mucho menos crecer. Por consiguientemente, el sistema al no poder continuar con su crecimiento y su consumo sin límites entra en crisis. El sistema ha chocado con un mundo que es finito, realidad física de la cual no se puede escapar: el cenit del petróleo.

El cenit del petróleo que ya hemos pasado, y que la propia Agencia Internacional de la Energía en su informe anual de 2010 (World Energy Outlook 2010) finalmente reconoce, y afirma que éste tuvo lugar en 2006. Además, muchos expertos y estudios señalan que el cenit de los hidrocarburos más el uranio tendrá lugar en 2018, de ser así estamos ante un problema muy grueso. Estas gráficas de diferentes reportes lo ratifican: el de la izquierda es de Energy Watch Group: Fossil and Nuclear Fuels, the Supply Outlook 2013. Y el otro tomado de The Future.

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Esto cambia el panorama y le da un vuelco total a las políticas de seguridad y a relaciones internacionales de los países de las economías (mal)desarrolladas, pues en su afán de garantizar el acceso, disposición, transporte y control de los recursos energéticos chocan frontalmente con los intereses de otros países y poderes que también están compitiendo por los mismos escasos recursos. Por ello, EE.UU./UE/OTAN han estado involucrados en la última década en cantidad de agresiones e invasiones a países que cuentan todavía con recursos como gas y petróleo, o con abundante agua dulce y tierras fértiles.

En la actual situación internacional de crisis, Ucrania es una puerta crucial en la búsqueda del control de los hidrocarburos de Rusia y de las regiones del Mar Caspio y de Asia Central. Ucrania es una zona geoestratégica que juega un papel central en la estrategia de EE.UU. en sus ansias de hegemonía global. Con esta arremetida Washington, en primer lugar, busca sacar a Rusia de Ucrania y a su vez, quitarle la posibilidad de acceso al Mar Negro y a las aguas del Mediterráneo. Segundo, correr las fronteras de la OTAN si es posible al centro de la Plaza Roja. Tercero, desmembrar a Rusia para controlar sus hidrocarburos y su vasto territorio. Cuarto, tratar de estrangular a China por sus flancos norte y occidental como refuerzo de la llamada política del “pivote Asia-Pacífico” de Obama, para entrar a asestarle de golpe de gracia.

Por lo tanto, nadie se puede auto-engañar o dejarse engañar. Aquí todo tiene que ver con petróleo y gas: energía. Petróleo es casi sinónimo de poder. La trama ucraniana de EE.UU./UE/OTAN obedece al acceso y control del petróleo y el gas de Rusia, Mar Caspio y Asia Central. Sin energía y sin petróleo no hay posibilidad de sostener la máquina de dominio y es imposible parar la caída del imperio. Sin petróleo el dólar chatarra es eso chatarra, pues no hay fuerzas armadas, ni misiles amenazantes que lo impongan como moneda global.

La “aparente sensación de empate” que se presenta en la crisis ucraniana encierra muchos peligros escondidos. Esto no para ahí. Por un lado, porque EE.UU. y sus aliados europeos aunque estén contentos con su gobierno-títere neonazi en Kiev, no se van a quedar satisfechos con lo logrado. Y por el otro lado, Rusia no duerme tranquila pese a la rápida adhesión de Crimea tras el masivo referendo autodeterminación.

El forzoso alto en la marcha al que se vio obligado EE.UU./UE/OTAN, tras la rápida jugada del Kremlin al consolidar su posición en Crimea y de un control seguro de la base militar de Sebastopol, es un simple interregno para preparar los siguientes pasos. Mientras tanto, la obscura realidad es maquillada con sanciones y expulsiones de organismos que ya no juegan un papel preponderante en el contexto internacional.

La pregunta que surge es ¿qué obligó a EE.UU./UE/OTAN a hacer este alto en la marcha de conquista? Respuesta, la carencia y garantía de insumos energéticos (gas y petróleo) suficientes y seguros que permitan seguir a delante con la agresión.

Por tal motivo, petróleo y gas y su garantía de abastecimiento es el tema recurrente en actual la crisis ucraniana por parte de las élites gobernantes europeas y de EE.UU., asunto que contiene dos vertientes centrales: 1) que los países de Europa no disponen de gas y petróleo, y 2) que Europa en gran parte depende las importaciones de gas y de petróleo de Rusia.

Esta baza a favor de Rusia y el hecho de que Moscú pueda cortar el suministro de energía hace que las agresiones se detengan un momento, mientras se resuelve cómo garantizar el abastecimiento para que la economía europea no se vea comprometida y paralizada. Ante esta circunstancia han surgido las más variadas soluciones y respuestas. Estas van desde acudir a la supuesta abundancia e independencia energética de EE.UU. para usarla como arma energética estratégica contra Rusia, hasta llegar a plantearse el supuesto abastecimiento energético con gas del norte de África.

Ninguna de estas alternativas son reales, ni tampoco fáciles de concretar, por más que sus líderes las den como ciertas. En cuanto al gas procedente del norte África, surge una inquietud, si esa vía puede abastecer con tanto gas a Europa por qué no se ha puesto en marcha de tiempo atrás. Y súmele a esto que Europa no cuenta con gasoductos, ni con plantas de licuefacción de gas en Europa. Ni con plantas de almacenamiento de grandes cantidades. Por lo tanto, esto para tranquilizar a los ciudadanos puede estar bien, pero con  meros deseos no basta para garantizar la seguridad energética de un continente que no cuenta con petróleo y gas.

Con relación a la abundancia de gas y de petróleo de EE.UU. encontramos argumentaciones de que Washington podría suplir las necesidades de gas de Europa o, como afirma Angela Merkel que “El gas estadounidense podría ser una opción”. Sabrá Merkel lo que esconde la historia del gas esquisto, que no existe tal abundancia que permite exportar, y que esto no es más que una gran burbuja energética más parecida a una pirámide Ponzi. Que el decline del gas esquisto de Estados Unidos ya está en camino como lo señala este artículo de Oil Price.com Shale Bust: North America Natural Gas Production set to Seriously Decline”.Además, Ella debería saber que los inversores están huyendo del negocio por la baja rentabilidad y la oposición de los habitantes de los lugares afectados por el fracking, por los graves problemas de contaminación medioambiental. Ella y los gobernantes europeos podrían consultar el completo estudio sobre el tema: “Baby, Drill, Baby” de David Hughes, para que no especulen con el gas pizarra de EE.UU., ni de Polonia.

Veamos cómo quedan las pretensiones de inundar a Europa con gas estadounidense, escuchemos que dicen al respecto los militares y expertos que se reunieron en la última cumbre de diciembre del Dialogo Transatlántico de Seguridad Energética. Afirma el coronel US Army Daniel Davis: “La producción del gas pizarra de USA ha soportado una meseta en el último año que es poco probable que consiga mantener la sostenibilidad a largo plazo debido al modo impresionante de las altas tasas de declive, y debido a que gran parte de la producción proviene sólo de dos o tres campos.”  

Y qué hablar de crear una “unión energética europea”, esto parece más un pomposo discurso para el oído de los ciudadanos europeos. Es algo así como no hace falta el gas ruso, no lo necesitamos. No se preocupen que si vamos a la guerra les garantizamos que no pasarán frio en el invierno. La pregunta es dónde están los hidrocarburos, quizá la UE cuenta con los recursos de otros países.

Asimismo el petróleo esquisto de EE.UU. tampoco inundará a Europa. La abundancia e independencia procedente del boom petróleo esquisto ha tocado las cumbres del pico y comienza su declive acelerado. Contemplemos la relación que presenta BP para el año 2012 con relación a importación/exportación de EE.UU., para ver si de verdad puede enviar petróleo a los sedientos países europeos. EE.UU. produjo 8.9 millones de barriles diarios, consumió 18.5 Mbd e importó 10.5 Mbd. Según la U.S. Energy Information Administration(EIA), en enero de 2014 el consumo fue de 18.89 Mbd y su producción de 8.39 Mbd, lo cual indica que tiene un déficit de 10.5 Mbd, que deben importar. Por lo tanto, en dónde está el petróleo para enviar a Europa y evitar la dependencia de las importaciones europeas procedentes de Rusia.

Al mismo tiempo, encontramos información que corrobora cuál será el devenir del boom energético de EE.UU. en el corto tiempo, y existen muchas preguntas sobre qué va a pasar cuando la burbuja procedente del gas y petróleo pizarra se desinfle. Le Monde de Francia se pregunta Según Washington, el boom del petróleo de esquisto estadounidense alcanza el pico en 2016. ¿Después qué?” Por su parte Christian Science Monitor, enero 21 de 2014, preguntaQué pasará cuando el boom del shale finalice?” Mientras que  Bloomberg, feb. 27 de 2014, se refiere a que El sueño de la independencia del petróleo de USA le tira la puerta por la cara contra los costos del petróleo pizarra. Y Wall Street Journal, enero 28 de 2014, preocupado por los negocios se refiere a que “Las grandes compañías petroleras luchan para justificar los crecientes costos de los proyectos. Y a manera de remate tomemos lo que dice el experto Arthur Berman en una entrevista el 5 de marzo de 2014:Seamos honestos, después de todo. La producción de combustibles pizarra no es una revolución, es una fiesta de jubilación. (Oilprice.com y en Produktionen från Skiffer är inte en Revolution utan ett Pensionärsparty!).

Lo anterior completa el cuadro. Esto sugiere y reitera que la aparente “calma que se presenta” en la crisis ucraniana, post-adhesión de Crimea a Rusia, es un periodo de preparación mientras EE.UU./UE/OTAN resuelven de manara expedita y “segura” el problema central: los energéticos, para poder seguir con los planes de copar a Ucrania, desmembrar a Rusia y continuar la marcha a Pekín.

Aquí en este momento del análisis es que aparece de forma diáfana la pieza del puzle energético que hace falta en toda esta aventura bélica: Venezuela. Los hidrocarburos de Venezuela son los que van a garantizar que EE.UU./UE/OTAN puedan continuar con sus pretensiones de imponer un nuevo orden internacional hegemónico. La desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro es parte de la obra geoestratégica. Por lo tanto, lo que viene para Venezuela es un ataque con la combinación de todos los instrumentos posible de parte de Washington para derrocar al gobierno bolivariano, pues ese petróleo es requerido con urgencia. Ese petróleo para EE.UU. es la garantía de que no desaparezca de la escena internacional como imperio. Aquellos países que cuentan con recursos energéticos suficientes y que pueden ser apropiados para los intereses de EE.UU., deben esperar la misma medicina. País que cuente con gas o petróleo será agasajado con “bombardeos humanitarios” y la democracia le llegará con drones.

A manera de conclusión hay que resaltar el selecto gambito Sebastopol Севастóпoль de Putin, de la profiláctica defensa Crimea que acusa extenderse por el flanco oriental, y  que su vez, amenaza por rayos X con su poderosa pareja de alfiles: gasífero y petrolífero, el corazón de la industria y de la economía jadeante europea que no vislumbra signos de recuperación. El Zar prepara enroque corto, mientras se introducirse en las complejas estrategias del weiqi围棋(Go), juego de los eruditos chinos. Todo acontece bajo la atenta mirada de los bric+s, jugadores de un moderno chaturanga. Pero a pesar de tan rápidos movimientos y de las obligadas alianzas defensivas para detener el monstruo, en el tablero global danza amenazantemente una guerra mundial nuclear. En el escenario global, el orden mundial que más probable se percibe es el de un darwinismo social militar-mercenarizado regido bajo dictámenes de un neofascismo social, capitaneado por la plutocracia de EE.UU. y secundado por la Unión Europea e Israel. Si esta seria amenaza a la humanidad no logra ser contenida por los poderes que han venido consolidando el orden internacional multipolar actual, el futuro será demasiado aciago. Y si a la par de esto, los pueblos del mundo y sus luchas no cuentan con la suficiente unidad y fortaleza el futuro de las nuevas generaciones será sombrío. Por ello, todos los esfuerzos y las luchas que se emprendan para detener a la barbarie puesta en marcha son una conquista. Cada segundo que se gane para evitar que el leviatán avance es un tiempo valioso para la humanidad. El aleteo de la mariposa puede desencadenar olas de emancipación social y política a nivel global y la sed de libertad de los pueblos puede derribar imperios

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