viernes, 29 de julio de 2016

Cazan a Merkel con el micrófono abierto refiriéndose a España como «mi zorra»



La canciller aseguró a la directora del FMI que España bajaría los sueldos «because it’s my bitch»





Nuevas ampollas en el viejo CONTINENTE.Angela Merkel ha cometido un error diplomático fatal. En medio de una feria alimenticia y rodeada de periodistas, olvidó que su micrófono permanecía abierto mientras mantenía una animada charla con la Directora del Fondo Monetario Internacional.
La reptiliana Christine Lagarde preguntó a la alemana acerca de la baja productividad ESPAÑOLA. Al poner en duda la capacidad de la canciller para conseguir que redujera el sueldo mínimo y abaratara el despido español, Merkel dijo: «conseguiré que España reduzca el sueldo mínimo a 250€ al mes - tras este comentario, dibujó una ‘z’ en el aire con la cabeza, chasqueó los dedos y añadió - because she’s is my bitch!».

La líder europea fue advertida inmediatamente del incidente por su traductora, Laia Isern, quien confesó que «no pasaba tanta vergüenza desde que fui a un mercadillo vintage y mi padre intentó vender la silla de ruedas de mi abuela como deportivo “retro”».

El incidente tuvo lugar en el marco de la POPULAR Feria Pangermánica de Alimentación, que se celebra cada 21 de junio para dar la bienvenida al ‘Currywursty’. Según la tradición romántica alemana, el Currywursty es un animal mitológico, mitad Bratwurst, mitad patata con salsa de curry, que habita en los profundos bosques teutones del Norte de Westfalia (Nordhein-Westfalen). A finales de primavera, el Currywursty (Die Currywurstiën) abandona las zonas boscosas (Die Boskën Zohönnen), para bajar hasta la ciudad de Dülsseldorf (Frankfurt) a comprar dos pares de calcetines tobilleros y un libro de Goethe. Esta tradición es muy respetada en Alemania. Tanto es así, que muchos consideran que el verano no ha llegado hasta que el Currywursty ha comprado sus calcetines y su ejemplar de Fausto. La llegada del Currywursty coincide habitualmente con el solsticio de verano, momento en el cual los alemanes emprenden el tradicional éxodo masivo hacia la playa germana: Mallorca.

El Presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, todavía no se ha pronunciado al respecto de las declaraciones de su homóloga alemana. Se espera que lo haga esta misma tarde. O mañana. Cuando le vaya bien a Merkel.

Fuente: labolsa.com - http://www.labolsa.com/foro/mensajes/137225749062271200/?utm_source=Facebook&utm_medium=Foro&utm_campaign=Compartir

El drama de las pensiones



EULÀLIA SOLÉ

 Alarmante la impunidad con que el Gobierno español, en funciones o no, está vaciando el Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Es una caja que se creó en el año 2000 a fin de contar con fondos destinados a atender las necesidades “especiales” que pudieran surgir. Lo que sucede es que lo especial lo han convertido en general.

La sustracción comenzó en el 2012 para una paga extraordinaria de pensiones, y a partir de esta fecha las detracciones han continuado hasta sumar la cantidad de 24.651 millones de euros. En aquella fecha se extrajeron 7.003 millones; en el 2013, 11.648 millones; y este año ya han sido 6.000 millones con objeto de hacer frente a las pensiones del mes de junio. Actualmente, en el Fondo de Reserva sólo quedan 25.176 millones, cifra que conduce a calcular que con algunas pagas extras más la hucha se habrá agotado. Los jubilados, que con sus cotizaciones la habían colmado, perciben que sus pensiones están en el aire, a menos que se tomen medidas.

¿Cómo se ha llegado a tan penosa situación? Las causas principales provienen del desempleo, por un lado, y de la contundente reducción de los salarios, por otro, ya que esto último conlleva una mísera contribución a la Seguridad Social. Y cuando por añadidura se establece que para fomentar la contratación se reduzcan todavía más las cotizaciones, se estima, según advierten los sindicatos, que con este método dejarán de ingresarse 2.500 millones de euros. Así pues, las arcas se vacían y no se llenan.

Las fuerzas políticas, todas, tendrían que tomar conciencia de la gravedad del pro­blema y comprometerse a evitar la bancarrota. La tasa de paro del 20%, muy por encima de la media europea, los contratos precarios, los salarios menos que mileuristas, todo en conjunto encamina a la desigualdad y al precipicio. Sólo unas reformas económicas estructurales y unas leyes laborales más justas serían capaces de preservar al Fondo de Reserva de futuras usurpaciones. Con ello preservarían a los mayores de hoy y a los de mañana de caer en una absoluta ­penuria.

Por lo demás, las pensiones también podrían ser financiadas vía impuestos, pero se trata de una solución que las despojaría de su auténtico carácter. La población en edad de trabajar tiene derecho a hacerlo, con dignidad, con una justa remuneración, y más tarde poder retirarse con lo bien merecido.

EULÀLIA SOLÉ   

Fuente: La Vanguardia

Italia, ante el precipicio tras el Brexit



Sergi Cutillas
Economista e investigador de Ekona y miembro de la Plataforma por la Auditoría Ciudadana de la Deuda
Steven Forti
Historiador e investigador del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidade Nova de Lisboa


Tras el Brexit todas las miradas están puestas en Italia. El presidente del Consejo italiano, Matteo Renzi, se encuentra en una encrucijada de difícil solución. Las élites europeas lo presionan por la situación de los bancos italianos, mientras a nivel interno un fortalecido frente anti-Renzi quiere tumbar el gobierno aprovechando la celebración del referéndum constitucional del próximo otoño. Los resultados de los estrés test de la banca europea que se publicarán el próximo viernes 29 de julio serán cruciales.

Desde hace un mes Italia ha copado las primeras páginas de los periódicos europeos. The Economist le ha dedicado una llamativa portada el pasado 9 de julio, “The Italian Job”, donde se retrata el actual presidente del Consejo Matteo Renzi en un autobús a punto de precipitarse por un barranco, mientras que el Financial Times no deja de recordar que el Belpaese es actualmente el eslabón más débil de la Eurozona. La crisis de los bancos italianos, según el rotativo británico, podría ser más explosiva que el Brexit y dar el golpe de gracia a la moneda única.

Si bien es cierto que la situación de la economía y las finanzas italianas no es buena, ésta tampoco es nueva. Los bancos italianos arrastran desde hace años niveles muy altos de préstamos morosos, ya que la entrada de Italia en el euro dañó la competitividad de la economía, borrando cualquier rastro de crecimiento económico en l’última década y media. Actualmente el PIB crece a un ritmo del 1% y las previsiones de crecimiento económico del FMI afirman que Italia no recuperará el nivel del PIB anterior a la crisis hasta 2025. La ausencia de crecimiento redujo los incentivos a invertir, los beneficios y los salarios, así como la calidad de los empleos, lo cual no ha dejado de deteriorar la solvencia de los deudores italianos. Además el país sigue con una deuda pública muy elevada del 133% respecto al PIB aunque su déficit público es solo del 2%. No todo es negativo, ya que se estima que la tasa de paro es del 12%, muy lejos del 21% español o del 27% griego. Además el ahorro y el patrimonio familiares se mantienen en niveles elevados, y su endeudamiento en relación a la renta disponible es de los menores entre los países de la OCDE, lo cual puede explicar la resistencia de la economía italiana durante la actual crisis.

Sin embargo, parece que algo está cambiando. Los mercados financieros se han fijado en la banca italiana justo después del voto británico a favor del Brexit. Su banco más emblemático y a la vez el más antiguo del mundo, el Monte dei Paschi, se situó al borde de la quiebra al caer sus acciones a menos de la mitad de su valor inmediatamente después del referéndum británico. El presidente Matteo Renzi ha esquivado desde hace más de un año, con maniobras dignas de la mejor tradición italiana en el malabarismo político, el probable rescate europeo a la banca, el cual obligaría a aplicar la nueva directiva europea del ‘bail-in’, o rescate interno, que atribuiría pérdidas a los inversores/ahorradores italianos. Esto podría dañar peligrosamente la popularidad del presidente antes del reférendum de octubre sobre la constitución, en el que Renzi se juega la presidencia y su carrera política. Sin embargo, en las próximas semanas, dependiendo de los resultados de los estrés test del viernes 29 de julio, Italia podría convertirse en el blanco de presiones que hagan el rescate ineludible, sacudiendo más si cabe la frágil estabilidad política que el país mediterráneo había conseguido en los últimos tiempos.

Renzi, ante una partida compleja


La partida que debe jugar Matteo Renzi en las próximas semanas deberá enfocarse a conseguir el equilibrio entre las dos vertientes de la actual crisis, la europea y la doméstica.

El exalcalde de Florencia, que se convirtió en presidente del Consejo sin pasar por las urnas, ha procedido con extrema rapidez a una radical transformación del sistema político italiano, abriendo grietas dentro de su mismo partido y enemistándose aún más con la oposición. Tras la sonada derrota en las elecciones municipales del mes de junio, en las que el Movimiento 5 Estrellas, que en el pasado había defendido un reférendum sobre la salida del euro, ha conquistado las alcaldías de Roma y Turín y el alcalde “rebelde” Luigi de Magistris ha arrasado en Nápoles, en el Partido Democrático (PD) han saltado ya todas las alarmas. La preocupación no es tanto por las próximas elecciones generales que deberían celebrarse en 2018, sino por lo que pueda acaecer en otoño que se anuncia muy caliente ya que se celebrará el referéndum constitucional en que Renzi se la juega: una derrota significaría la posible muerte política del mediático líder italiano y la convocatoria de nuevas elecciones.

El frente anti-Renzi ha ido fortaleciéndose en los últimos tiempos y va desde la izquierda de Sinistra Italiana, los sindicatos y de los nuevos movimientos municipalistas hasta la extrema derecha de la Liga Norte, pasando por los Cinco Estrellas de Beppe Grillo. Por un lado, el proyecto de Renzi de convertir el PD, hijo de las transformaciones del glorioso Partido Comunista Italiano (PCI) en el “Partido de la Nación”, una especie de catch-all-party poco definido ideológicamente que incluye a católicos, berlusconianos, centristas y todos los que quieran sumarse, está encontrando cada vez más resistencias. Por otro lado, la criticada reforma de la Constitución de 1948, fruto del consenso antifascista, que pretende poner fin al sistema bicameral perfecto italiano para fortalecer así el poder ejecutivo respecto al legislativo, se suma a una serie de reformas (de la educación, la justicia, el trabajo, etc.) que ni Berlusconi se había atrevido a hacer y que han levantado una polvareda notable. Renzi se ha propuesto cambiar los cimientos del sistema político italiano, tildado de inestable, lento y farragoso, y por esto ha impuesto también una nueva ley electoral, el Italicum, que cierra la etapa del enrevesado sistema bautizado como Porcellum en vigor desde 2006 y considerado inconstitucional en 2013. El Italicum, que se propone como solución a la ingobernabilidad vivida en el pasado por Italia y que debería entrar en vigor este verano, se inspira en el sistema electoral español, pero lo modifica en algunas cuestiones cruciales: un proporcional sobre base nacional –y no provincial– con un premio para la lista que supera el 40% de los votos. Si nadie llega al 40%, hay una segunda vuelta para establecer la lista que se lleva el 55% de los escaños de la cámara baja. El Italicum viene a ser una especie de mezcla entre el sistema francés, el griego y el español. Si la propuesta de Renzi fracasara en el referéndum de octubre abriría una crisis política en Italia que podría llevar al partido de Beppe Grillo a la presidencia, lo cual podría abrir una nueva crisis del euro.

La banca italiana y la desunión europea


La actual crisis sucede a la espera de la publicación por parte de la Asociación Bancaria Europea, el próximo viernes 29 de julio, de los resultados de los tests de estrés a la banca europea, que previsiblemente anunciarán que el sistema bancario italiano necesita reformas importantes para reducir sus niveles de deuda morosa, aumentar su capital y reducir su costosa estructura, presionando así por el cierre de sucursales, la realización de fusiones y la resolución de entidades pequeñas e/o insolventes. El sistema bancario italiano continúa teniendo una estructura bancaria tradicional parecida a la de las cajas, basada en las relaciones de cercanía, redes con numerosas sucursales, y un control y gestión ligados a las estructuras de poder político y ecónomico nacionales. La actual situación podría ser una oportunidad para la burocracia europea, tutelada por las élites financieras internacionales, para forzar una reforma bancaria parecida a la llevada a cabo en el Estado español en 2012, que abriera el sistema bancario al capital extranjero y diluyera la estrecha relación entre las estructura de poder político y financiero a nivel nacional. El objetivo de estas reformas sería facilitar la europeización del sistema bancario, transitando hacia la unión bancaria europea.

Sin embargo, la unión bancaria nació con numerosos problemas, por lo que en realidad se parece más a una desunión bancaria. El más importante de ellos es la falta de un sistema común de cobertura de depósitos, dado que Alemania se ha opuesto a dotar significativamente un fondo que podría acabar compensando a depositantes no alemanes. En segundo lugar, el mecanismo creado para la supervisión bancaria común, que forma parte del BCE, aun tiene muchos aspectos por definir, y no incluye la supervisión de las entidades más pequeñas, lo que puede suponer un riesgo. Esto  también tiene como principal causa la oposicón del gobierno de Merkel, el cual peleó para dejar fuera del control del BCE las cajas alemanas, que suponen el 20% de los activos bancarios del país. Finalmente, el mecanismo de resolución bancaria que entró en vigor en enero de este año, y que debe proporcionar el marco legal y los fondos en caso de quiebra y liquidación de un banco europeo, se sustenta en el dinero que los estados ponen en el nuevo Fondo Único de Resolución. En este acuerdo se acordó dotar el Fondo con 55.000 millones (solo un rídiculo 1% del total de los depósitos) con contribuciones de los bancos durante 8 años. Al final de estos 8 años habría una mutualización plena, pero de momento ésta sería solo del 40% en el primer año, el 60% en el segundo y del 70% en 2018. En estos momentos el Fondo solo tiene 4.000 millones de euros, de los cuales según el acuerdo menos de la mitad serían mútuos. Esta cantidad es irrisoria si contemplamos por ejemplo las estimaciones optimistas de que el sistema bancario italiano, con 360.000 millones de deuda de dudosa viabilidad, necesita un mínimo de 40.000 millones de euros para ser recapitalizado. y más de 300.000 millones para ser saneado totalmente, tres veces el rescate español si contamos el dinero empleado en las recapitalizaciones del FROB y las compras de activos dudosos del banco malo SAREB.

Ha habido intensas pugnas entre los estados respecto a cuáles deberían ser los mecanismos de resolución transitorios hasta que el Fondo esté suficientemente dotado. El Fondo se puso en marcha mediante un Acuerdo Intergubernamental al margen de los Tratados, el cual no suscribieron ni Suecia ni el Reino Unido. La falta de compromiso de estos últimos y la reticencia a cambiar los Tratados, principalmente Alemania, indica la poca voluntad de los estados de ceder poder a las estructuras supranacionales de Bruselas. Además, en la actualidad no existe ningún mecanismo transitorio alternativo al Fondo Único ni tampoco un mecanismo de respaldo público europeo al que recurrir ante una crisis sistémica en la que los fondos existentes no sean suficientes.

Esta falta de compromiso con la Unión de los distintos estados se ha compensado añadiendo la cláusula bail-in o mecanismo de recapitalización interna en caso de resolución o quiebra, que implica que los accionistas y los acreedores deben asumir parte de los costes de resolución por al menos un 8% del valor de los pasivos. Cada entidad solo podrá recurrir al Fondo después de aplicar el bail-in para solicitar un máximo del 5% de sus pasivos. El hipotético rescate a la banca italiana sería un caso en el que el bail-in afectaría de forma especialmente intensa a los acreedores, ya que según indica el Staff Report de julio del FMI sobre la situación financiera del país, en Italia el 30% de los 650.000 millones de euros en instrumentos de deuda bancaria están en posesión de los hogares italianos, los cuales asumirían pérdidas de forma segura y significativa si se rescatara a cualquier de los 15 mayores bancos italianos.

Matteo Renzi ha intentado negociar que se haga una excepción con Italia y se permita facilitar fondos del Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE) a los bancos italianos sin aplicar el bail-in que aplicaría pérdidas a accionistas y acreedores de los bancos, y llegó a a amenazar con proveer los fondos públicos a nivel nacional si la UE no le permitía saltarse el bail-in. Merkel ya ha dejado claro que esto no es posible, ya que si se hiciera esa excepción con Italia la credibilidad de la ya poco creíble Unión Bancaria quedaría tocada de muerte pocos meses después de su puesta en marcha. Sin embargo, la cancillera ha afirmado que la banca italiana no es un problema, y que seguramente se podrá llegar a un acuerdo que no sea traumático ni para los ahorradores ni para el gobierno italiano, intentando transmitir tranquilidad a los inversores/ahorradores italianos así como su apoyo al presidente italiano.

Las diferentes estrategias posibles


A juzgar por los elementos sobre la mesa Renzi tendría tres salidas a la actual crisis. La primera sería saltarse las normas de la UE y poner en marcha un rescate público a nivel nacional que no aplique pérdidas a los inversores/ahorradores en deuda subordinada. Esto parece casi imposible, ya que tal desafío a la Unión Bancaria y a las normas de la Eurozona forzaría al resto de estados miembros a tomar serias represalias contra Italia, que probablemente debieran pasar por su expulsión de la Eurozona. La segunda opción sería solicitar el rescate y aplicar el bail-in de forma suave, ofreciendo compensaciones a los inversores que sufran pérdidas. Renzi cuenta con el apoyo de Merkel para llevar a cabo la opción de rescate suave, pero tal opción aunque suavizada no deja de ser arriesgada ya que es difícil evaluar cuál será la reacción de aquellos que pierdan parte de sus ahorros, y cuál sería el impacto de esta estrategia sobre su popularidad antes del referéndum de octubre. Finalmente, la última opción y la preferida por Renzi sería la de alargar la situación posponiendo las reformas, a base de dilatar las negociaciones para intentar llegar a octubre sin hacer nada. La viabilidad de esta opción dependerá del dictámen de los tests de estrés de la Asociación Bancaria Europea que se publicarán el viernes, así como del nivel de apoyo recibido por parte de Merkel después de la publicación de los resultados.

La elección de la estrategia para salir de la crisis marcará también el futuro de Renzi y de la situación política italiana. Es indudable que una aplicación del bail-in, aunque de forma suave, se interpretaría como una derrota del presidente del Consejo italiano y fortalecería aún más el frente anti-Renzi de cara al referéndum constitucional del mes de octubre. Sin embargo, como es sabido, la política italiana no deja de sorprender por su capacidad de resolver los rompecabezas más complicados. Y Renzi puede que tenga aún un par de ases en la manga. Por un lado, podría jugar la carta de presentarse ante las élites europeas como el único político que garantice la estabilidad política en la tercera economía de la UE para que le permitan posponer el rescate: en caso de elecciones anticipadas, las alternativas al PD serían los 5 Estrellas o un renacido, aunque improbable a día de hoy, frente de derechas con un decadente Berlusconi que no quiere aún jubilarse, los centristas del actual ministro Angelino Alfano, la derecha de Fratelli d’Italia y la Liga Norte de Matteo Salvini, claramente ubicada en la línea del Frente Nacional de Marine Le Pen. No hay duda de que para Bruselas y Frankfurt un europeísta muy poco crítico con las políticas impuestas por las élites europeas en los últimos siete años como Renzi resulta la única solución si no se quiere abrir otro frente de inestabilidad en el sur de Europa.

Por otro lado, a nivel doméstico, el presidente del Consejo italiano podría jugar la carta de reivindicarse como uno de los pocos políticos europeos que desafía el ordoliberismo alemán, con el objetivo de intentar recuperar consenso en Italia y mostrando así su capacidad de liderazgo en la nueva fase de la UE post-Brexit. No es casualidad que a finales de agosto Renzi haya convocado un encuentro con Merkel y Hollande en la isla de Ventotene, donde Altiero Spinelli redactó su manifiesto europeísta en 1941. Además, Renzi puede jugar unas cuantas cartas más en el complejo tablero italiano. Por ejemplo, puede ceder sobre algunas cuestiones de política doméstica para obtener un cambio de posición de algunas formaciones políticas de cara al referéndum constitucional de octubre, que, para más inri, podría postergar al mes de noviembre para ganar tiempo. Una modificación de la ley electoral –con un premio a la coalición y no a la lista– podría contentar a la oposición de izquierdas dentro del PD y al mismo centro-derecha, protagonista de numerosas mini-escisiones hacia la mayoría de gobierno, y encontraría la rotunda oposición de los 5 Estrellas que se considerarían perjudicados en este nuevo escenario. De momento, Berlusconi ha reafirmado su “no” la reforma constitucional, pero, como se sabe, las vías del señor son infinitas, sobre todo en los pasillos del Parlamento de Roma.

Europa necesita cambios profundos y no remiendos


Más allá del sinvivir del día a día dedicado a ir sorteando una a una de forma precaria las actuales crisis europeas, un análisis calmado y con cierta perspectiva debería permitirnos ver la relación entre la camisa de fuerza política que supone el euro con la situación de insolvencia de la banca en la periferia europea, así como con las medidas neoliberales de austeridad aplicadas bajo el pretexto del incremento de la competitividad. La disfuncionalidad de la unión monetaria europea, los altísimos niveles de deuda tanto privada como pública y el fracaso de la banca privada en todas las economías de rentas altas, junto con la aplicación de políticas de austeridad han creado una situación de degradación social y económica que debe abordarse con valentía.

Sortear la siguiente crisis con un remiendo más y a base de malabarismos no cambia la dinámica histórica material que está haciendo que las gentes europeas se harten y expresen su malestar a la primera oportunidad que se les presenta en contra de lo que entienden que es una Unión Europea carente de democracia. Los líderes europeos siguen sin presentar propuestas que ofrezcan un futuro viable y esperanzador para Europa, por lo que los nuevos partidos de izquierdas, nacidos de la actual crisis de la Unión Europea, deberían trabajar en dibujar los horizontes pacifistas y solidarios para Europa que la actual Unión Europea niega.
Fuente: Público.es

Un crimen contra el futuro




Tom Engelhardt
TomDispatch

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García


Eterno estado de guerra en Estados Unidos

El mundo después de mí


Hace unos días, en las profundidades del armario de mi dormitorio, encontré un álbum de fotos de cuando mi madre era pequeña. Cuando lo abrí me di cuenta de que la cola que ella había usado de niña para pegar unos momentos su vida en el sitio correspondiente se había evaporado, y las fotos estaban mezcladas.

Mi madre nació en los primeros años del siglo pasado. Ahora, la mayor parte de esa vieja colección de fotos y objetos de interés –dibujos (indudablemente suyos), un programa de la escuela de piano Caruthers, un folleto de Camp Weewan-Eeta, un billete infantil de promoción de la escuela de Hyde Park y fotos de niños, niñas y adultos desconocidos–, ya no queda nadie que pueda decirme quién es quién ni qué es cada cosa.

En algunas de las fotos todavía puedo reconocer el rostro juvenil de mi madre y el de su hermano, que murió hace tanto tiempo pero se mantiene bastante reconocible (incluso el de muchos años antes de que yo le conociera). En cuanto al resto –la niña que parece una gimnasta haciendo el pino, todas esas jóvenes alineadas en una playa llevando lo que entonces serían atrevidos bañadores, el chico arrodillado con sus brazos extendidos hacia mi madre de unos ocho años– todas ellas habían sido arrastradas por la corriente del tiempo.

Y así es la cuestión, por supuesto. Para todos nosotros, más pronto o más tarde.

Mi madre no era muy amiga de hablar del pasado. Tratando de convertirse en una caricaturista profesional, dejó la casa familiar en Chicago para ir a la ciudad de sus sueños, Nueva York; sobre todo nunca miraba hacia atrás. Por alguna razón, el mirar atrás le asustaba.

Y en todos esos años en los que yo podría haberla presionado para saber mucho más sobre ella, su familia, sus años de juventud, yo era demasiado joven que eso me importara. Ahora, no podría deciros lo que daría por preguntarle y saber esas cosas que ya nunca podré saber. Su madre y su padre, mis abuelos, murieron antes de que yo naciera, su hermana –a quien vi una vez cuando yo tenía quizá seis años–, sus amigos y vecinos, sus festejantes y compañeros, todos ellos, son ahora polvo de historia en un álbum que se está deshaciendo en un montón de laminillas negras al menor toque. Incluso a mí, la mayor parte de las fotos del álbum nada me dicen (aunque, extrañamente, me conmueven) como esas que uno recogería en una antigua tienda o una casa abandonada.

Niños perdidos en un caótico planeta


Acabo de cumplir –no diría celabrar– mi 72º cumpleaños. Se trató de un momento adecuado para reflexionar tanto sobre el pasado que se estira detrás de mí como el truncado futuro que está por delante. De hecho, hace unos días la cuestión de la muerte estuvo dando vueltas en mi cabeza. Estoy pensando en hacer una copia de mi vieja libreta de direcciones; seguramente, será la última vez que lo haga (sí, tengo bastantes años como para preferir que toda esa información esté escrita sobre papel, no en el éter). Y, por supuesto, cuando recorro esas desteñidas páginas, veo –como corresponde a mi edad– algo que se parece a un libro de los muertos, y me doy cuenta de que la próxima reescritura será bastante más breve.

A veces se dice de los muertos que se han ido “al más allá”. En el contexto del mundo en que vivimos hoy, empecé a pensar en ellos como algún tipo de refugiados, cada uno de ellos arrancado de su vida (como todos lo estaremos un día) y mandado a cruzar una frontera desconocida para entrar en un territorio verdaderamente extranjero. Pero si nuestro destino es, al final, ser los últimos refugiados, entrando en un sitio en el que no habrá campos de reasentamiento –presumiblemente, nada de nada– me pregunto también sobre el mundo que dejaré detrás de mí, el que dejaré a mis espaldas cuando por fin atraviese la frontera.

También me pregunto –¿cómo podría no hacerlo con mi futuro de ‘refugiado’ en la mente– acerca de los 65 millones de se seres humanos que han sido arrancados de su hogar solo en 2015, sobre todo en aquellos lugares donde nosotros, los estadounidenses, hemos estado librando nuestras guerras de esta última década y media. Resulta difícil no haberse enterado de cuántos más han seguido sus pasos este año, entre ellos los por lo menos 80.000 sunníes que vivían en la recientemente “liberada” y parcialmente destruida ciudad iraquí de Fallujah. En tanto pasaba eso, decenas de millones han continuado siendo exiliados interiores en su propio país (o lo que queda de él), mientras otras decenas de millones se han convertido oficialmente en refugiados después de atravesar fronteras y poner el pie en Turquía, Líbano o Jordania o hacerse a la mar en endebles y sobrecargadas embarcaciones con rumbo a Grecia (desde Turquía) o Italia (desde Libia) moviéndose en oleadas en las que se mezcla la desesperación y la esperanza, y ahogándose en alarmantes cantidades. Al final de su viaje, algunas veces han encontrado ayuda y socorro, pero demasiado a menudo solo hostilidad y hostilidad, como si fueran criminales o hubiesen hecho algo malo.

Del mismo modo pienso en ese 10 por ciento de niños iraquíes, un millón y medio de niños en un país sumido en el caos, la guerra, el conflicto sectario, la insurgencia y el terror, quienes –según un informe reciente de UNICEF– han abandonado su casa desde 2014, o ese 20 por ciento de pequeños (¡chicos!) que están “en serio riesgo de morir, ser heridos, sufrir violencia sexual o ser obligados a alistarse en grupos armados”. Y pienso en ese 51 por ciento de refugiados afganos, iraquíes, sirios y libios, o de donde sean, que son niños, muchos de ellos separados de sus padres y están solos en el planeta Tierra.

Ningún niño merece semejante suerte. Jamás. Cada pequeño desarraigado que ha perdido a sus padres y tal vez el acceso a la educación y a la niñez, es un crimen contra el futuro.

Y bastante a menudo pienso sobre nuestra respuesta a todo esto, la que hemos practicado durante los últimos 15 años: más bombas, más misiles, más ataques con drones, más asesores, más irrupciones con unidades de operaciones especiales, más entregas de armamento y, pese a todo ello, ni un solo éxito ni victoria mesurable por cualquier estándar imaginable; solo más desestabilización de cada vez más regiones del mundo, más proliferación de grupos terroristas y la producción de todavía más seres humanos desarraigados, niños perdidos y refugiados... esto es, constantemente más y más gente aterrorizada y más terroristas.

Si usted vive en Estados Unidos, es muy posible que se impresione (a menos que sea usted un seguidor) cuando Donald Trump hace un llamamiento por la prohibición de los musulmanes en este país, o cuando Newt Gringrich aboga por hacer una prueba a “todas las personas para verificar si tienen ascendencia musulmana y si creen en la sharia para, en ese caso, expulsarlas” de EEUU, o cuando varios gobernadores republicanos hacen lo imposible por mantener fuera de su estado a unos pocos refugiados sirios. Es bastante fácil sentir desagrado respecto de esos sentimientos si se tiene en cuenta la larga tradición de xenofobia y racismo estadounidenses, y todo eso. Sin embargo, la verdad es que, aunque pongan los pelos de punta, todos esos dichos no pasan de ser unas bravatas. La verdadera acción ‘xenofóbica’ se ha realizado en aquellas tierras lejanas en las que el poder de la fuerza aérea de Estados Unidos es absoluto, en un país que supo poner en marcha el Plan Marshall para reconstruir un continente arrasado por la guerra pero hoy ni se le ocurre crear o invertir en otra cosa que no sea más devastación y desestabilización.

Los musulmanes a quienes Donald Trump quiere prohibir su entrada son, después de todo, los mismos que su país han hecho todo lo posible para arrancarlos de su hogar y ponerlos en movimiento. ¿Cómo pueden compararse los pocos que acaso pudieran alguna vez poner el pie en este país con los millones que han entrado en avalancha en Jordania, Turquía y Líbano, entre otros lugares, desestabilizar todavía más Oriente Medio (que, por si lo habéis olvidado, sigue siendo la mayor región petrolera del planeta)? ¿Dónde está el Plan Marshall para ellos o para el resto de una región que está siendo arrasada por Estados Unidos y sus aliados (con la entusiasta ayuda del Estado Islámico [en adelante, el Daesh], variadas organizaciones extremistas, Bashar al-Assad y todo un variopinto conjunto)?

Qué bombas no podemos construir


Los estadounidenses tenemos una buena opinión de nosotros mismos. Desde nuestro presidente hacia abajo, es raro que titubeemos: nuestro país es singularmente ‘excepcional’; no solo eso, además es excepcionalmente generoso. En los últimos años, sin embargo, esa generosidad no se ha hecho notar entre nosotros ni en el extranjero (excepto en aquellos sitios en los que las fuerzas armadas de Estados Unidos están interesadas). En el ámbito nacional, la sociedad se ha escindido entre un floreciente1 por ciento (y sus gestores y operadores) y partes del otro 99 por ciento, que se sienten en el camino hacia el infierno. Con la ayuda del circo político de Donald Trump, esto ha hecho que Estados Unidos tenga el aspecto de una tierra que está cambiando hacia el tercermundismo, aunque siga siendo la ‘única superpotencia’ y el país más rico del mundo. Mientras tanto, nuestra pretendida generosidad no ha llegado hasta nuestra propia infraestructura, aquella que –hablando de los mundos que han sido arrastrados por las corrientes del tiempo– dejaba pasmado a mis padres y a otros estadounidenses de su época. La idea de que las autopistas, carreteras, puentes, puertos, oleoductos y demás pueden estar deteriorándose significativamente por falta de dólares sin que haya una respuesta de la clase política habría sido algo inconcebible para ellos. Y sin duda representa un sorprendente mensaje de mezquindad enviado por esa clase política a los niños y jóvenes de un futuro Estados Unidos: “Vosotros, y el mundo en que vosotros viviréis, no valéis nuestra inversión”.

En aquellos años –gracias, Osama bin Laden, Daesh y la interminable lista de políticos, funcionarios, jefes militares y expertos en ‘terrorismo’ de Estados Unidos– el miedo a un fenómeno –el terrorismo–, que aunque peligroso, es uno de los menores riesgos que enfrenta la vida de este país, ha atenazado su cuerpo político. No importa. La discusión sobre la forma de mantenernos ‘a salvo’ del terrorismo, es incesante. Ciertamente, en un mundo en el que unos lunáticos que van por libre armados con un fusil de asalto o conduciendo un camión pueden provocar una matanza en una operación suicida. El problema es que, en estos tiempos, la protección de nuestra ‘seguridad’ siempre implica la utilización de todavía más bombas y misiles lanzados en tierras remotas, más soldados y operadores especiales que deben entrar en acción, más vigilancia de nuestra población y la del mundo. En otras palabras, hablamos de todo aquello que es militarizar aún más la política exterior de Estados Unidos, poner el comando en manos del estado de la seguridad nacional y asegurar la continua desmovilización de una ciudadanía asustada y nerviosa. Al mismo tiempo que, en otros sitios, se hace crecer el número de seres desarraigados, de niños sin niñez y de refugiados.

Nuestros líderes –y nosotros, también– han crecido habituados a nuestra particular versión de eterno ‘estado de guerra’ y a las guerras sin final, unas guerras cuyo rasgo esencial es que continuarán interminablemente, mientras más y más partes del planeta se hunden en el infierno. En este contexto, cualquier noción de generosidad estadounidense y del espíritu de fondos, parecen haberse perdido en acción. Aquí no existe la menor comprensión de que si realmente no se quiere crear generaciones de terroristas en el seno de poblaciones despojadas de todo lo que define la vida normal, lo mejor que se puede hacer es poner en marcha un Plan Marshall para el Gran Oriente Medio.

Debería ser obvio (aunque no lo es en nuestro mundo estadounidense) que las bombas, sea lo que sea lo que pueden hacer, nunca podrán construir nada. En lugar de ellas, lo mejor es estar preparados para echar una auténtica mano, una mano muy grande, para hacer posible que millones y millones de personas que hoy viven en el caos puedan tener una vida medianamente decente. Deberíamos saber que en realidad la guerra no es una respuesta para esta situación, que si para acabar con el Daesh no dejamos piedra sobre piedra y destruimos toda esperanza en la región, dentro de unos pocos años esa brutal organización podría parecer buena en comparación con cualquiera de nosotros que sea visto por allí. Lo mejor sería saber que las acciones pacíficas –la palabra ‘paz’, aun como recurso retórico, es algo anticuado en el Washington de ‘tiempos de guerra’– todavía son posibles en este mundo.

Perdidos para el futuro


Antes de que nos arrastren la corriente que mencionaba más arriba, siempre está el anhelo de asegurar que dejamos algo detrás de nosotros. Me temo que ya estoy percibiendo algunas vislumbres de lo que podría ser ese mundo después de mí, un mundo estadounidense que nunca habría querido entregar a mi nieto, ni al de nadie. Mi país, Estados Unidos, es precisamente el único implicado en lo que parece ser una cada vez más generalizada debacle global de desestabilización: es necesario quitarse el sombrero ante los pakistaníes, los saudíes, nuestros aliados europeos, los británicos del brexit, los rusos... y tantos otros.

Sin embargo, debo admitir que mi atención –mi sentido del deber, podría decirse– está centrada en este mi país. Nunca me agradaron esas palabras tan nuestras, tan estadounidenses; ‘patriota’ y ‘superpatriota’, que solo las utilizamos con nosotros mismos, o sus alternativas ‘nacionalista’ y ‘ultranacionalista’, que reservamos peyorativamente para los extranjeros exaltados o belicosos. Pero si bien soy bastante poco inclinado a verme como un patriota estadounidense o un nacionalista estadounidense, sobre todo me preocupa mucho lo que este país elige ser, en qué quiere convertirse. Siento cierta responsabilidad por esta cuestión, y me duele ver lo que nos está pasando, a nosotros, al país y a las personas de nuestro entorno –los niños– que se están preparando para ser. Es probable que también nosotros estemos empezando a vivir las tensiones de la desestabilización global en curso y que, aunque sin duda incómodos, continuamos arruinando el futuro en una forma todavía difícil de aquilatar.

Tal vez algún día alguien tendrá en sus manos uno de los álbumes de fotografías de mi propia niñez. La cola quizá ya no esté y las fotos estén sueltas, las páginas estén desmenuzándose y los rostros que en ellas se vean, incluyendo el mío, se hayan perdido en el pasado, como tantos de esos niños por los que hemos hecho todo lo posible para arrancar de su casa y convertirlos en refugiados perdidos para el futuro. En ese momento, mi suerte será la norma y no habrá que llorar por ella. La suerte de esos niños perdidos, aun si ellos se convierten en lo normal, será el escándalo del siglo y no será otra cosa que un auténtico crimen contra el futuro

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project y autor de The United States of Fear como también de una historia de la Guerra Fría, The End of Victory Culture. En miembro de The Nation Institute y administra TomDispatch.com. Su nuevo libro es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/176168/

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la misma.

Rajoy lleva la Constitución al límite para evitar el examen de la investidura sin garantías

Mariano Rajoy y Felipe VI en una imagen de archivo EFE


Gonzalo Cortizo


La advertencia del candidato popular sobre la posibilidad de declinar si fracasan las negociaciones ha encendido a las formaciones entre las que debe buscar votos
La Constitución no prevé que un candidato pueda bajarse en marcha tras haber sido designado por el rey y tras haber iniciado las negociaciones

Mariano Rajoy no quiere problemas y ha jugado todas sus cartas para evitar el escenario de una investidura fallida. Desde Moncloa, el candidato conservador comunicó este jueves que aceptaba el encargo del rey para intentar la presidencia, pero con condiciones. Si durante el proceso que ahora se inicia el del PP no consigue los apoyos necesarios para ser presidente podría bajarse del tren y dejar las cosas en el mismo punto en el que estaban antes del encargo del monarca. "No adelantemos acontecimientos", ha dicho Rajoy a los periodistas para sacudirse la polémica cuestión del nombramiento a medias.

El escenario que dibuja el candidato popular no tiene precedentes pero tampoco los tenía su decisión de enero de declinar el ofrecimiento del rey sin siquiera intentar empezar a negociar con nadie. Según fuentes jurídicas consultadas por esta redacción, la decisión del 23 de enero fue mucho más grave que la que acaba de tomar ahora, aunque ambas llevan al límite una Constitución que no ha previsto los equilibrios en los que el del PP quiere encontrar seguridad.

La sorprendente solución que el rey y Rajoy han encontrado para que el segundo se animase a aceptar el encargo no es de recibo para casi nadie en el arco parlamentario. Según fuentes de la dirección socialista, "el candidato popular no tiene derecho a declinar más adelante el encargo que hoy ha aceptado si eso no lo acompaña con su carta de dimisión". En Ciudadanos han pedido explicaciones y en Podemos el formato impreciso tampoco ha caído con agrado.

En caso de que Rajoy lleve adelante su amenaza, la situación política volvería al punto de partida del bloqueo y el reloj de dos meses para convocar elecciones no empezaría a moverse.

Entre la primera renuncia de Rajoy y la que ahora anuncia como posible para un futuro han pasado muchas cosas y algunas significativas. En la primera ocasión el político del PP no contaba con la tranquilidad de tener al frente del Congreso a una persona bajo su mando. En aquellas circunstancias Rajoy no se atrevió a dejar en manos del socialista Patxi López la gestión de los tiempos para convocar el pleno de investidura y por eso declinó en primera instancia. Ese reloj está ahora en manos del PP, y más concretamente de Ana Pastor, una de sus principales colaboradoras, además de amiga personal.

En este control del escenario se ha cimentado la decisión de Rajoy de dar un paso al frente, pero el político gallego quería más garantías. En Génova 13 son conscientes de su incapacidad para encontrar apoyos y llegar al Gobierno, por eso Rajoy no quiere ir a una investidura sin llevar en el bolsillo el boleto ganador.

La amenaza de declinar en diferido sitúa al PP en una posición de ventaja de cara a las negociaciones. El candidato del PP pretende hacer del as en la manga que se ha traído de Zarzuela un elemento de peso para negociar.

La historia dice, sin embargo, que para negociar hay que hacer otras cosas. El caso más cercano es el de Aznar en 1996, cuando necesitó un mes para convencer a nacionalistas catalanes y vascos de que le hicieran presidente. En aquella negociación, además de partidas presupuestarias, Aznar tuvo que ceder y eliminar el servicio militar (como le pedía CiU) o borrar del mapa la figura de los gobernadores civiles (como pedía el PNV).  

Al finalizar su esperada rueda de prensa, Rajoy ha bromeado al recomendar a los demás líderes políticos que no viajasen a playas demasiado lejanas de Madrid. El presidente en funciones cree que la responsabilidad que le ha otorgado el rey ni siquiera es toda suya: "Haré cuanto esté en mis manos pero no depende exclusivamente de mí".

Fuente: eldiario.es

El Papa veta a Fernández Díaz como embajador en el Vaticano porque no se fía del Opus Dei


El Ministro de Interior, Jorge Fernandez Díaz, durante el debate y votación de la Ley de Seguridad Ciudadana el pasado julio, conocida como "Ley Mordaza". REUTERS


 
PATRICIA LÓPEZ
@patricialopezl


La decisión fue tomada tras la condenada del sacerdote español Lucio Vallejo Balda por revelación de secretos en el conocido caso Vatileaks 2 sobre las finanzas de la Santa Sede. El “traidor” es de la misma secta ultra católica del aún ministro del Interior.

MADRID.- El Papa Francisco quiere protegerse del Opus Dei. Su recelo viene después de la traición sufrida en el caso Vatileaks 2 por Lucio Vallejo Balda, el ex número dos de las finanzas vaticanas —y miembro de esta prelatura, enviado en 2011 a la Santa Sede por el ex presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela— que filtró documentación confidencial sobre las cuentas del microestado. Por eso ha decidido que el ministro de Interior y miembro supernumerario del Opus, Jorge Fernández Díaz, no sea el nuevo embajador de España en el Vaticano.

Fernández Díaz lleva un año trabajando incansablemente para lograr ese retiro dorado tras su paso por el Gobierno de Mariano Rajoy. “Ha viajado al Vaticano en multitud de ocasiones en 2015, haciendo gestiones para ocupar el puesto que ahora ostenta Eduardo Gutierrez Saénz de Buruaga, y también ha intentado tener la influencia del actual embajador del Vaticano en España, pero el caso Vatileaks ha sido determinante para que se tomara la decisión de mantenerle lejos”, explican fuentes de la Iglesia española que mantienen buenas relaciones con el Papa Jorge Bergoglio.

En Interior también han perdido la esperanza de que su actual responsable acabe en Roma. Aseguran que Rajoy tiene un problema al buscar acomodo a una de sus manos derechas. “Por eso le propuso para presidente del Congreso, porque desde que salió la condenada del caso Vatileaks a principios de mes esa puerta estaba cerrada”, explican a Público fuentes no oficiales del ministerio.


El caso Vatileaks 2

El 7 de julio Lucio Vallejo Balda fue condenado a casi dos años de prisión por revelar secretos de las finanzas Vaticanas a dos periodistas, Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fitipaldi, que escribieron sendos libros: Camino de la Cruz y Avarizia.

El sacerdote riojano y miembro de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, cuyo presidente es el prelado del Opus Dei, fue recomendado al anterior papa Benedicto XVI por Antonio María Rouco Varela y este lo nombró en septiembre de 2011 Secretario de la Prefectura de los Asuntos Económicos de la Santa Sede.
El Papa fue avisado de que el Opus Dei, de la mano de Balda, “estaba preparándole una encerrona que echara abajo el estilo de progreso y transparencia que este quería imponer”
Con la llegada de Jorge Bergoglio a la jefatura del Vaticano, Balda ascendió a número dos en la gestión económica en la recién creada Comisión Pontificia Referente de la Organización de la Estructura Económico-Administrativa de la Santa Sede (COSEA), con la que el papa Francisco quería regenerar la gestión económica de la Iglesia Católica.

Sin embargo el Papa fue avisado de que el Opus Dei, de la mano de Balda, “estaba preparándole una encerrona que echara abajo el estilo de progreso y transparencia que este quería imponer”. Fueron los contactos en la Iglesia española fraguados por Bergoglio durante su estancia en España hace décadas los que le pusieron en alerta. Más tarde, los investigadores de la Santa Sede confirmaron que la conspiración era cierta.

El 2 de noviembre de 2015 Balda fue arrestado por la gendarmería vaticana, acusado de revelación de secretos. Según el comunicado oficial de la Santa Sede, Lucio Vallejo habría entregado información reservada, incluidas grabaciones del propio Papa, para su publicación en los libros.
Fernández Díaz, durante un acto religioso al que acudió el año pasado en Navarra. MINISTERIO DEL INTERIOR


Católicos en contra

Aunque ésta ha sido la justificación necesaria para cerrar la puerta del Vaticano a Jorge Fernández Díaz, tampoco es que el ministro tuviera mucho apoyo entre los católicos españoles que no formen parte del Opus Dei.
Aunque el caso Vatileaks 2 ha sido la justificación para cerrar la puerta del Vaticano a Fernández Díaz, tampoco es que el ministro tuviera mucho apoyo entre los católicos españoles que no formen parte del Opus Dei
Una de las organizaciones más tajantes contra el ministro es Església Plural, compuesta en su mayoría por católicos catalanes y progresistas que mantienen muy buenas relaciones en el círculo de confianza del Papa Francisco. A los dos años de la llegada del Papa Església Plural se fijaba en “la reforma de la estructura eclesiástica: la económica, la de poder, la ética, la pastoral. En este campo Francisco ha hecho importantes avances que hay que ir profundizando y concretando. También es en estos ámbitos donde ha encontrado más oposición interna por parte de las estructuras de poder curial, de muchos obispos y cardenales. Fuertes obstáculos que están ralentizando las reformas", advertían desde el colectivo.

Hace unos meses Eglésia Plural comenzó también a denunciar los intentos de Fernández Díaz para acceder al puesto de embajador en la Santa Sede e inició una recogida de firmas que enviaron al Vaticano para impedir el nombramiento, que finalmente no llegará.

Fuente: Público.es

jueves, 28 de julio de 2016

Otro ruidazo por las calles




Nueva movilizacion contra el tarifazo para el 4 de agosto


Laura Vales



“No al tarifazo” y “Fuera Aranguren” son las consignas de la convocatoria de las multisectoriales de clubes de barrio, cooperativas, sindicatos y asociaciones de consumidores.
Las multisectoriales contra el tarifazo llamaron para el jueves 4 de agosto a un nuevo ruidazo en todo el país contra el aumento desmedido de los servicios y por la renuncia del ministro Juan José Aranguren. La convocatoria es motorizada por clubes de barrio, cooperativas, sindicatos y asociaciones de consumidores que, junto con las protestas para que el tema no salga de la agenda, vienen presentando ante la justicia pedidos de amparo. En la ciudad de Buenos Aires, el ruidazo será antecedido, mañana, de una apertura de los molinetes en las cabeceras de las seis líneas del subte , donde ese día podría entrar en vigencia un aumento del 70 por ciento en el valor del boleto.
Estos espacios comenzaron a formarse hace dos meses, para sumar fuerzas en los reclamos contra el Gobierno. Uno de sus disparadores fue la reacción de los clubes de barrio, que salieron a denunciar públicamente que el tarifazo hacía peligrar su supervivencia.
La multisectorial porteña, que se junta todos los lunes en el Hotel Bauen, el lunes hizo por ejemplo su octavo encuentro semanal. Su conformación es abierta, pero para darse una idea de a quiénes va agrupando, entre sus integrantes están el Club Colegiales, el Movimiento de Defensa del Derecho del Consumidor, la Unión de Usuarios y Consumidores, la CTA de los Argentinos, la Asociación de Trabajadores del Estado porteña (ATE Capital), las empresas recuperadas de FACTA, los metrodelegados, Apyme, junto a grupos más barriales.
El sábado, en la Universidad de Luján, se reunieron representantes de 32 de estas multisectoriales –se han formado 54 en todo el país– ; de ahí salió el llamado al segundo ruidazo.
Las consignas de la protesta son “No al tarifazo” y “Fuera Aranguren”. El flyer que comenzó a circular este fin de semana en las redes sociales propone que “Unidos podemos exigir que corten los aumentos”.
El primer ruidazo fue convocado por las asociaciones de consumidores; se realizó el 14 de julio, día que cayó jueves, como el llamado al próximo.
Por otra parte, para el sábado 6 de agosto la multisectorial porteña, junto al conjunto de las asociaciones de consumidores, están preparando una audiencia pública autoconvocada contra el tarifazo. La intención es hacerla en una facultad de la UBA –Economía o Sociales–, con una serie de paneles en los que, con la participación de especialistas en energía, se debata la política tarifaria de Aranguren.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-305238-2016-07-26.html - rebelión.org

La memoria dividida del 36


Foto La Vanguardia


BORJA DE RIQUER I PERMANYER

Ahora, cuando hace 80 años del comienzo de la Guerra Civil, tal vez es pertinente comentar una afirmación del informe hecho hace dos años por el relator especial de las Naciones Unidas, Pablo de Greiff, respecto de la política española sobre la promoción y la protección del derechos humanos: “Los legados de la Guerra Civil y de la dictadura continúan siendo objeto de diferencias más profundas de lo que podrían ser”. Desgraciadamente, esta es una gran verdad: hoy en España hay una memoria histórica dividida sobre cómo interpretar los años de la república, la Guerra Civil y el franquismo.

Después de más de 40 años de la muerte del general Franco, todavía hay discrepancias que dificultan un consenso político, e incluso historiográfico, sobre esta cuestión. Hay divergencias sobre el significado y el carácter del mismo régimen republicano y, derivado de eso, sobre las causas y las responsabilidades en el estallido de la Guerra Civil. Son pocos, ciertamente, pero todavía hay políticos, periodistas e historiadores que presentan la rebelión de julio de 1936 como la simple respuesta al asesinato de Calvo Sotelo. Desaparece, así, la conspiración militar organizada desde finales de 1935 y acelerada después de la victoria de las izquierdas en febrero de 1936. Otros sostienen recientemente que fue “el innato revolucionarismo socialista” el principal responsable de la inestabilidad del régimen republicano, y ex­culpan la actuación de las extremas derechas. Según estos, el “clima prerrevolucionario” y violento creado por los socialistas en la primavera del 36 en buena parte de la España rural y en Madrid fue el que explica que el golpe de Estado estuviera motivado sólo por la necesidad de poner orden, y no para acabar con el régimen republicano.


Ya va siendo hora de que dejemos de lado los sesgos heredados del franquismo, que necesitaba justificar el levantamiento militar, para buscar la verdad y poner las cosas en su sitio. Hay que recordar que el golpe de Estado se preparó mucho antes, como se ve en las instrucciones escritas por el director de la conspiración militar, al general Emilio Mola, ya a finales de 1935. Mola reprobaba claramente el sistema democrático: “Hay que evitar las elecciones, de las cuales sacarían algunos partidos de izquierda argumentos para intervenir en el Gobierno”. Y lo decía explícitamente, había que acabar con aquel régimen: “Nada de turnos ni transacciones: un corte definitivo, un ataque contrarrevolucionario a fondo es lo que se impone... la destrucción del régimen político actualmente imperante en España”. El jefe de los militares conspiradores consideraba necesario aniquilar la democracia e imponer una dictadura: “En el porvenir, nunca debe volverse a fundamentar el Estado ni sobre las bases del sufragio inorgánico, ni sobre el sistema de partidos, ni sobre el parlamentarismo infecundo”. No podía ser más claro: el golpe de Estado iba contra el sistema democrático republicano. El desorden existente era una simple excusa.

De hecho, hay una pregunta que sirve perfectamente para mostrar la raíz política de las divergencias interpretativas actuales: ¿la Segunda República es hoy un precedente democrático reivindicable por las instituciones políticas?; ¿o la democracia en España nace con las elecciones del 15 de junio de 1977? Este es el elemento fundamental de la gran discrepancia. Si se acepta que la Segunda República fue un régimen democrático, con todas las deficiencias, problemas y tensiones que se quieran, pero legítimo, y se sostiene que tenía una Constitución que daba garantías a los ciudadanos, se tiene que concluir inequívocamente que la rebelión militar de 1936 fue antidemocrática. Si, por el contrario, se defiende que el régimen republicano era tan caótico, sectario, violento que no permitía la convivencia política, las responsabilidades sobre su quiebra estarían mucho más compartidas y eso minimizaría las de los que se rebelaron en 1936.

Es innegable que el régimen republicano fue muy frágil y que casi todas las formaciones políticas y sindicales cometieron graves errores e imprudencias, y que el sectarismo fue amplio y compartido. Ahora bien, esta situación política no difería demasiado de la existente en la mayoría de los regímenes democráticos de la Europa de entonces, que también vivían grandes tensiones políticas y sociales. Si bien no se puede ocultar que entre las izquierdas había enemigos de la democracia, lo cierto es que en julio de 1936 la razón democrática estaba al lado de los que defendían la legalidad. Y, además, no es un hecho irrelevante que dos veces seguidas, el año 1933 y el año 1936, y por primera vez en la historia hispánica, el gobierno que convocaba unas elecciones las perdiera y que las ganara la oposición, lo que reflejaba que el juego democrático de la alternancia empezaba a asentarse. Manuel Azaña sostenía que el principal reto que en 1931 tenían los españoles era “ enseñarles a gobernar en democracia”. No los dejaron casi ni probarlo.

Es ciertamente preocupante que hoy no exista una memoria compartida sobre el significado de la Segunda República, de la Guerra Civil y del franquismo y que todavía se recurra a la mani-pulación de los hechos históricos con la fi-nalidad de ocultar responsabilidades. En algunos países democráticos justificar el golpismo anticonstitucional y hacer apología de una dictadura es un delito perseguido por la justicia. En la España del siglo XXI, la Fundación Francisco Franco lo puede hacer con toda impunidad. Esta es una muestra fehaciente de las grandes insuficiencias de unas políticas de memoria que no han conseguido detener la difusión de planteamientos notablemente sesgados sobre nuestro pasado.

BORJA DE RIQUER I PERMANYER

Fuente: La Vanguardia

Que Rajoy no gobierne será culpa de Sánchez




Suso de Toro
Quienes prohibieron a Sánchez dialogar siquiera con los partidos vascos y catalanes limitándole el juego posible y sus alianzas le señalan ahora el camino: lo sensato es que Rajoy vuelva a gobernar
Una parte del electorado español vota “como las personas normales” pero hay otra parte que se comporta como una pandilla de anormales y vota para que Rajoy y su partido no gobierne, así ocurrió en noviembre pasado.

Como tampoco la oposición fue capaz de armar gobierno hubo que volver a votar en mayo y, aunque el PP mejoró resultado, nuevamente el voto de esa pandilla decidió que Rajoy no gobernase y en eso estamos por culpa de la insensatez de personas que no acaban de aceptar la necesidad de que Rajoy gobierne y algo habrá que hacer porque este país “no es Uganda” pero ya se va a parecer a Bélgica que lleva más tiempo sin gobierno.

Por eso, en un programa de televisión la presentadora pregunta: “¿Qué hay que hacer para que Rajoy pueda formar gobierno?” y, a continuación, ella y sus colaboradores discuten las diversas posibilidades, que unos voten, otros se abstengan, etc. Así llega la actualidad política a través de los medios de comunicación mayoritarios: Es necesario, imprescindible y urgente formar gobierno. O sea, nos recuerdan que debe acabar el bloqueo para que Rajoy vuelva a gobernar.

Y, ya que es necesario, imprescindible y urgente, los partidos serios, responsables y constitucionalistas deben colaborar de un modo u otro para que el presidente en funciones se perpetúe. Que cada uno haga su aportación para que eso suceda, porque es lo único sensato, ese es el pensamiento dominante que comunican cada día los poderes que se expresan a través de las televisiones y las cabeceras capitalinas.

Lo sensato es que el gobernante que legisló para recortar el derecho a la justicia, que aprobó una ley mordaza que utiliza como porra para perseguir las libertades, que llegó al Gobierno sobre la corrupción sistemática de su partido (una corrupción de la que él mismo se benefició), que vació la caja de pensiones para tapar su fracaso económico, que decretó una amnistía fiscal para los suyos, el presidente plasmático que despreció el parlamento y mintió reiteradamente en él, quien creó una policía política ayudada por la utilización policial de la fiscalía para perseguir a sus enemigos políticos, el artífice de la clasista y reaccionaria “ley Wert”, quien a pesar del recorte de cobertura a parados y protección social dejó el estado con déficit…, vuelva a gobernar. Eso es lo sensato, nos dicen.

Lo sensato es que aquel joven político franquista, contrario a la Constitución y los estatutos de autonomía, reconducido al nuevo juego político de la mano de Fraga, el que repartió chapapote informativo para tapar los graves errores gubernamentales en el naufragio del Prestige, el que se encargó de defender en el parlamento que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva y correspondía atacar Irak, quien sostuvo la teoría de que detrás del atentado a los trenes de Madrid posiblemente estaría ETA en beneficio de Zapatero, quien hizo una oposición tan desleal que acusó al presidente del Gobierno de entregar Navarra y España a ETA, quien recogió firmas contra el estatuto catalán azuzando el anticatalanismo que desencadenó la rabia de la ciudadanía catalana…, vuelva a gobernar.

Lo razonable y de sentido común es que el presidente que en esta etapa de gobierno en funciones siguió burlando al parlamento y tomando decisiones abusivas por decreto…, vuelva a gobernar.

Así lo dice “la gente como Dios manda”, “la gente normal”, lo que hacen “en los países serios”, es lo que dicta “el sentido común” y es lo razonable. Así lo cree él, su partido y todos los poderes que lo apoyan, así lo cree Rivera de Ciudadanos y así lo creen algunos cargos autonómicos del PSOE y así lo creen González, Guerra, Rubalcaba… Incluso lo creen una lista de intelectuales “de toda la vida”, también sensatos y con sentido de estado, que ese presidente en funciones y de vacaciones debe volver a gobernar.

Quienes hace un año mantenían la teoría de que, ya que era previsible que el PP perdiese la mayoría absoluta, habría que apuntalar las políticas en curso con una “gran coalición”, quienes prohibieron a Sánchez dialogar siquiera con los partidos vascos y catalanes limitándole el juego posible y sus alianzas, le señalan ahora el camino: lo sensato es que Rajoy vuelva a gobernar, que la ciudadanía española vuelva a disfrutar de su presidencia y del gobierno de su partido.

Como es tanto el sentido común y tanta la sensatez que reina en España posiblemente acabe por triunfar lo más sensato: que vuelva a gobernar el campeón de la justicia social, las libertades y el déficit. Y si no lo hace será por culpa de Sánchez, qué insensatez.

Fuente: eldiario.es

El informe Chilcot de la guerra de Iraq y Aznar

Famosa foto de las Azores, EFE




A finales de 2002 e inicios de 2003, todo el mundo era consciente que sonaban tambores de guerra en el mundo, con el posible ataque a Iraq por parte de algunos dirigentes de Occidente: Bush, Blair, Aznar, Durao Barroso.Se acaba de publicar el informe Chilcot en Gran Bretaña, donde se desmontan y clarifican todas las mentiras que nos llevaron a la guerra.
Hubo un clamor mundial contra la guerra, porque todos sabíamos que lo que nos estaban diciendo era mentira. Millones de españoles salimos a la calle a gritar “NO A LA GUERRA”. El 85% del país estamos en contra de la guerra. El Partido Popular que tenía mayoría absoluta nos llevó a la guerra. Debemos recordar, que en aquellos momentos, Mariano Rajoy Brey era vicepresidente del gobierno.En una nota informativa del CNI de inicios de 2003 dirigida al gobierno de Aznar decía:”El CNI no tiene información sobre la participación iraquí en atentados islamistas”, que era una de las acusaciones que hicieron sobre Sadam Hussein.
En otra fecha cercana dice el CNI “con respecto a posibles vínculos de Iraq con Al Qaeda, informó que hasta la fecha no se ha podido contrastar esta información y en algunos casos, lo que se ha podido demostrarse es que estas acusaciones no eran ciertas”.El 27 de enero de 2003, el egipcio Mohamed El Baradei responsable de la Agencia Internacional para la Energía Atómica y el sueco Hans Blix, jefe de los más de mil inspectores encargados por la ONU para la búsqueda de esas armas químicas y de destrucción masiva de Sadam Hussein informaron “no haber localizado armas nucleares, químicas o biológicas, si misiles de un alcance de 150 km”
El trece de febrero en una entrevista del periodista de A3, Sanz de Buruaga a Aznar, éste decía “Puede estar seguro, y pueden estar seguros todas las personas que nos ven, de que estoy diciendo la verdad: el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva, tienen vínculos con grupos terroristas y ha demostrado a lo largo de la historia que es una amenaza para todos”.
El catorce de febrero, la comisión de inspectores de la ONU dirigida por el sueco Blix comunica que el régimen de Sadam Hussein estaba colaborando con todos los inspectores que desarrollaban las tareas de investigación en su territorio
Ese mismo día, en una entrevista que Luis Herrero hace a Aznar en la COPE, éste dice:”En estos momentos quiero decir que estamos ante una amenaza y un riesgo cierto. Lo vuelvo a decir, y estoy diciendo la verdad, un régimen que tiene armas de destrucción masiva y conexiones terroristas es un riesgo para la paz y la seguridad del mundo”.
Esa misma tarde, en la sesión parlamentaria respondiendo a la oposición dice “Los propiso inspectores de la ONU han constatado armamento químico y biológico no declarado pro Sadam”. Aznar mintió en esa sesión porque tanto El Baradei como Blix, solo habían solicitado más tiempo para rastrear todo el territorio iraquí para poder confirmar si existía o no armas de destrucción masiva.
Unos días antes del comienzo de la guerra, el gobierno de Aznar solicita que el CNI analice las informaciónes de los servicios secretos norteamericanos y británicos con supuestas pruebas irrefutables contra Iraq. El CNI después de estudiar toda esta documentación manda al gobierno un informe, diciendo “Este tipo de informaciones expresan conclusiones, no pruebas que respalden lo que se dice en ella. No se han encontrado pruebas que permitan afirmar la existencia de las armas químicas y biológicas”.A pesar de disponer de esta información y mintiendo al país, el gobierno de Aznar y su vicepresidente Mariano Rajoy Brey nos llevaron a una guerra rechazada por los españoles. Nos vendieron esta guerra como una intervención humanitaria. Costó la muerte de once militares y numerosos heridos. Aun hoy en día tanto Aznar y Esperanza Aguirre nos dicen que España no participó en la guerra. Mentira tras mentira. ¿Ha pedido Rajoy perdón por su actuación en la guerra de Iraq? Este es el que nos quiere gobernar, mintiendo de forma sistemática.
El resultado de esta guerra, son más de un millón de muertos, la extensión del conflicto por todo el Oriente Medio, con centenares de miles de muertos más en Siria, Afganistán, Yemen…. y unos doce millones de refugiados. Además, con un mundo terriblemente más inseguro y desigual, ahora los europeos los estamos comprobando.
En el año 2008, hacía unas declaraciones Aznar a la BBC diciendo “el mundo está mejor sin talibanes y está mejor sin Sadam Hussein. La gente puede participar en elecciones, puede hablar libremente, hay libertad en el país, y existe la posibilidad de establecer una democracia, hay más seguridad”.
Tras la realidad actual de Iraq, la única respuesta de Aznar es “todos creíamos que había armas de destrucción masiva”.
Como la memoria de los españoles es muy frágil y olvidadiza, deben recordar que Mariano Rajoy era vicepresidente del gobierno que nos llevo a la guerra y que unos cuantos diputados actuales en la bancada del PP, votaron a favor de la guerra y aplaudieron y brindaron con fervor y obscenidad la misma.
Por esta guerra y por muchas otras más Rajoy no debe presidir nunca más un gobierno de España. Todos aquellos diputados actuales del PP que apoyaron con su entusiasmado voto deberían dimitir e irse a su casa pidiendo perdón a los españoles. ¡Señores españoles que floja es nuestra memoria que incluso se les vuelve a votar!
Si hubiera un mínimo de dignidad y justicia en el mundo, Bush, Blair, Aznar y Barrosos deberían ser juzgados por crímenes de lesa humanidad. Entienden porque es fundamental que los pueblos tengan memoria.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

¿Existe la clase trabajadora?



Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Pompeu Fabra

Uno de los libros escritos en el Reino Unido que sería de desear que fuera ampliamente leído en España (al ser especialmente relevante para este país) es el excelente libro de Owen Jones Chavs. La demonización de la clase obrera. En este libro, el autor detalla cómo en la sociedad británica, caracterizada por una estratificación muy acentuada por clase social, la clase dominante que controla los mayores medios de información ha configurado una cultura que ensalza a tal clase, mientras que menosprecia y discrimina a la clase trabajadora, utilizando en su lenguaje expresiones ofensivas para definir a dicha clase. Un ejemplo es la utilización del término “chavs” para definir a miembros de tal clase, la palabra utilizada en el título del libro, que en la cultura española (incluyendo la catalana) equivaldría a definir a miembros de la clase trabajadora como miembros de la “clase baja”.

En cierta manera, la situación es incluso peor en España, pues aquí ni siquiera aparece el término de clase trabajadora. En realidad, la clase trabajadora ha desaparecido prácticamente en el discurso político, literario y mediático del país, y raramente aparece en los medios. Las series televisivas tienen como protagonistas profesionales de la clase media de renta alta (frecuentemente de la clase media profesional), que reflejan esta visión (errónea) de que la mayoría de la población es y se siente de clase media. En España el término de clase trabajadora definitivamente ha dejado de existir, de manera que en la estratificación social más utilizada en los medios (incluyendo los académicos) se distinguen tres clases: la clase alta, la clase media y la clase baja, utilizándose este último término para definir a la clase trabajadora, la cual se considera que está desapareciendo, encontrándose próxima a su extinción. Hoy incluso dirigentes de izquierdas son reacios a utilizar el término de clase trabajadora por considerarlo anticuado, y en su lugar utilizan el término clase media (o en ocasiones clase baja) para definirla.

El origen de la desaparición del discurso de clases: la Guerra Fría continúa viva en la cultura del país

El país donde se hizo este cambio de definiciones fue EEUU, en el cual, ya en los años cincuenta, se dejaron de utilizar los términos de clase capitalista, clase media y clase trabajadora, siendo sustituidos por los de clase alta, media y baja. Este cambio en la utilización del lenguaje ocurrió en los años cincuenta en plena efervescencia de la Guerra Fría, cuando se intentó barrer en toda la sociedad estadounidense cualquier elemento que sonara a socialismo o a comunismo. Lo último que quería la estructura de poder era que se conservara una conciencia de clase por parte de la clase trabajadora.

Fue en aquel periodo cuando en los centros intelectuales del país, universidades y fundaciones, y en los mayores medios, se redefinió el concepto de clase, definiéndolo por el  nivel de renta del individuo, independientemente del origen de tal renta. El objetivo era evitar por todos los medios que se estableciera una conciencia de clase, ocultando o intentando evitar cualquier percepción que significara el reconocimiento de la existencia de clases sociales que pudieran estar en conflicto. En su lugar, se enfatizó el rol de los individuos en busca del “sueño americano”, según el cual todo individuo podría subir por la escala social en base al mérito y a la oportunidad. De esta manera, el lenguaje de conflicto colectivo, incluido el conflicto de clases, desaparecería, desapareciendo con ello incluso el concepto de clases.

Lo que era permisible en la narrativa y en el lenguaje dominante era agrupar a los individuos según la jerarquía social, tomando el nivel de ingresos como indicador del lugar que dichos individuos ocupaban en aquella escala. De ahí la redefinición de las clases en clase alta, clase media y clase baja, que sustituían los términos de clase capitalista, clase media y clase trabajadora, un cambio de gran importancia para enmascarar la dinámica de poder del orden capitalista. La sociedad de clases se presentaba como la sociedad de niveles de renta, siendo el más bajo el que correspondería a la que objetivamente continuaba siendo la clase trabajadora, la clase que adquiere sus rentas a base del trabajo, en una relación subordinada con la clase capitalista, mediada esta relación por la clase media, que objetivamente no era la mayoría de la población, siendo ésta la clase trabajadora.


Últimamente esta clase capitalista, que en EEUU se le llama la clase corporativa (The Corporate Class) y que incluye los propietarios y gestores del gran capital (las mayores corporaciones financieras y económicas de los distintos sectores económicos del país), ha pasado a definirse como el 1% (señalando con ello el grado de concentración tan elevado de la propiedad del capital), situándose frente a todos los demás, el 99% de la población. Esta visión del capitalismo, que movimientos sociales contestatarios, como el Occupy Wall Street, han hecho suya, tiene algo de verdad, pero no de toda la verdad, pues este 1% necesita para el sostenimiento de su dominio un sector de la población que tiene como función garantizar dicho dominio. Este sector juega un papel clave en la reproducción del sistema y está constituido por la clase media de renta alta (incluyendo la clase media profesional), que tiene intereses distintos a los de la mayoría de la población, pues su poder depende de su relación con el 1% superior. El 1% no estaría donde está sin la existencia y apoyo de este sector cuyo tamaño va del 15% al 20% de la población. Se incluyen en esta población todos los gerentes y profesionales de dirección, por ejemplo, de los medios de información, comunicación y persuasión. De ahí que el conflicto no sea solo del 1% frente al 99% restante, sino del (1+19)% frente al 80% restante.

¿Existe conciencia de clase?

Parece una paradoja que, aun cuando los medios de información casi nunca utilizan los términos y conceptos de clases sociales, estas persistan en la conciencia de la población. Así, si a la población en EEUU (y lo mismo en España) se le pide su identificación social presentando como alternativas clase alta, clase media o clase baja, la gran mayoría de la población contesta que clase media, de lo cual se deduce erróneamente que la mayoría de la población se considera clase media. Ahora bien, si la elección es entre clase alta, clase media o clase trabajadora, hay más personas en EEUU (y en España) que se definen de clase trabajadora que de clase media. En EEUU, por ejemplo, la gran mayoría (56%) de personas entre los 18 y 35 años se definen como de clase trabajadora (porcentaje que ha ido subiendo durante los años de crisis). Solo un 33% se sienten de clase media.

La gran mayoría de los que se definen como clase trabajadora apoyaron la candidatura del socialista Bernie Sanders, el candidato del Partido Demócrata que explícitamente se refirió a la clase trabajadora, utilizando dicho término para definirla. El otro candidato, este del Partido Republicano, Donald Trump, también habla a y de la clase trabajadora, y el gran empuje de estos dos candidatos en las primarias de ambos partidos ha cogido al establishment (el 20% de la población con renta superior) por sorpresa, pues ignoraba o quería ignorar que existía tal clase social y desconocía o quería desconocer la gran reducción de los estándares de vida de tal clase que ha ido ocurriendo desde que se inició la revolución (o mejor dicho, contrarrevolución) neoliberal en los años ochenta.

La proletarización de la clase media

Las nuevas generaciones, que en EEUU siempre creyeron que la educación, incluyendo la universitaria, les garantizaría un futuro mejor que el de sus padres, han visto que ello no era cierto, pues, después de haber realizado sus estudios y endeudarse hasta la médula para poder alcanzar el título y los conocimientos que creían que les garantizarían el futuro mejor, no lo han alcanzado. En realidad, los salarios para los puestos de trabajo a los que aspiran son mucho más bajos que hace treinta años. Y en muchas ocasiones ni siquiera encuentran tales trabajos, teniendo que aceptar otros trabajos muy por debajo de lo que aspiran. Esta situación ha sido incluso más marcada durante la Gran Recesión (2008-2016). Esta es la causa de su gran enfado y su radicalidad, que explica, de nuevo, el éxito de las candidaturas de Bernie Sanders (que cogió por sorpresa al establishment del Partido Demócrata, representado por Hillary Clinton) y de Donald Trump (que también cogió por sorpresa al establishment del Partido Republicano). Hoy la estructura de poder está altamente cuestionada, pues las instituciones mal llamadas representativas han perdido su credibilidad y su legitimidad para la gran mayoría de la clase trabajadora, cuyo tamaño, objetiva y subjetivamente, ha ido aumentando.

Y esto es también lo que está ocurriendo en Francia (donde el partido con mayor apoyo electoral entre la clase trabajadora es el partido de Marine Le Pen), en el Reino Unido (donde la mayoría de la clase trabajadora apoyó el Brexit), en España (donde la mayoría de los jóvenes apoyan a Unidos Podemos), y así un largo etcétera. Créanme que la clase trabajadora, aunque no aparece en los medios, continúa existiendo. Y si no se lo creen, esperen la evolución de los acontecimientos políticos en Europa y lo verán.
Fuente: Público.es

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