miércoles, 3 de agosto de 2016

Pastelería Andreotti

Giulio Andreotti, ex primer ministro italiano



ENRIC JULIANA

La exCDC pierde algo más que un grupo parlamentario, pierde capacidad de proyectar hegemonía política en Catalunya

Ya lo tenían en el horno y se les ha quemado. Francesc Homs ensayó hace quince días un malabarismo increíble. Intentó tender puentes con el Partido Popular en Madrid, mientras en Barcelona, su partido pactaba con la CUP una nueva resolución rupturista del Parlament de Catalunya. Doble objetivo: salvar el grupo parlamentario en el Congreso y garantizar el éxito de la moción de confianza a la que se someterá Carles Puigdemont el próximo 28 de septiembre. Una maniobra que parecía inspirada por la célebre pastelería Andreotti..

(El eterno Giulio Andreotti patentó en Italia la táctica “dei due forni”, de los dos hornos. En un fuego cocinaba unos pactos y en el otro calentaba acuerdos que podían ir en dirección contraria).

Andreotti cocinó maniobras que en la actual Catalunya retórica, sentimental y sobreexcitada darían auténtico miedo, pero pocas veces se quemó. Ese tipo de ejercicios exigen una perfecta sincronización. Y a Homs le han fallado los tiempos. Veamos. El día 29 de julio, la Mesa del Congreso debía tomar una primera decisión sobre el grupo parlamentario de CDC. Apenas habían transcurrido 48 horas de la votación en el Parlament en favor de una ruptura unilateral con el Estado español. Pese a todo, ese día el PP no optó por la represalía. La Mesa decidió aplazar el asunto una semana.

¿Qué ha pasado estos últimos siete días? ¿Qué ha carbonizado a la Minoría Catalana? Han arreciado las demandas de mano dura desde el espectro más derechista de la opinión española. Ciudadanos ha lanzado una campaña en contra del grupo parlamentario de CDC, para reforzarse ante quienes les exigen luz verde a la investidura de Mariano Rajoy mediante un voto positivo. “No podemos dar apoyo a un Partido Popular que pacta con los separatistas catalanes”, era la consigna. El Tribunal Constitucional ha optado por una respuesta cautelosa, para no favorecer un septiembre ardiente en Catalunya. Y Rajoy ha constatado que se halla en zona de peligro. Su ambigüedad después de aceptar el encargo del Rey –“aún no sé si voy a ir a la investidura”– no ha gustado a nadie. Pedro Sánchez no se mueve y veremos qué hace hoy Albert Rivera. Rajoy puede hallarse pronto ante una amarga disyuntiva: si renuncia a la investidura, deja a España en un limbo y se quema; si acepta el envite y pierde la votación, también puede salir calcinado. Presionado por la derecha que sueña con aplicar el artículo 155 en Catalu-nya y necesitado del apoyo de Ciudadanos, el PP ha dejado caer la “geometría variable” que les proponía Homs. El PSOE y Podemos, que no le deben nada a Convergència, no han movido ni un dedo. Así ha muerto la legendaria Minoría Catalana.

Victoria de Ciudadanos y de ERC, que pasa a convertirse en el único partido catalán con grupo propio en el Congreso y en el Senado. El golpe es duro para la ex CDC. No sólo pierde dinero y visibilidad. Rota la vieja jerarquización con Esquerra, los convergentes pierden un intangible muy valioso: la capacidad de seguir hablando como el partido catalán principal, cuando ya han dejado de ser el partido principal.

Rajoy también pierde. El PP no podrá contar durante bastante tiempo con los ocho escaños del nuevo PDC. Sin esos votos, será aún más difícil aprobar presupuestos y techos de gasto. Rajoy no sólo tiene difícil la investidura. También tendrá muy difícil gobernar sin el permiso del PSOE.

ENRIC JULIANA

uente: La Vanguardia

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