miércoles, 11 de noviembre de 2015

El laberinto catalán

 

Monje cartujo

Por el lechero (no tenemos vacas ni cabras) me entero de lo del Parlament de Catalunya y le pido al Padre Prior que me autorice a volver a la vida civil para seguir el asunto de cerca y me concede un permiso de seis días, como a Isabel Pantoja.

Así que lo encaro:

Resulta evidente que Rajoy no está capacitado para resolver la cuestión. Ni Pedro Sánchez ni Rivera ni Iglesias ni los cuatro juntos. Ni por supuesto Artur Mas. El único que puede conseguirlo es el pueblo español. Procedería, pues, consultarle en referéndum, a celebrar en coincidencia con las elecciones generales del 20 de diciembre, si acepta que los catalanes celebren su propia consulta sobre si desean separarse de España o por el contrario permanecer en ella. Si saliese Sí, habría que concretar el tipo de referéndum vinculante a realizar: un mínimo del 80 % de catalanes que participasen y un 60 % de votos que se opusieran a la continuidad en España. (Es muy probable que en ese referéndum catalán, hecho con las debidas garantías y sin coacciones, saliese No. Y si saliese Sí, con enorme dolor habría que aceptarlo, aunque fuera como arrancarnos el hígado). Y si saliese No, creo que habría llegado el momento del uso de la fuerza. ¿Pero es posible el uso de la fuerza en la Europa actual y en la que estamos integrados?, ¿qué tipo de fuerza? ¿Toda? ¿Fuerza económica, fuerza represiva? ¿Bastaría con suspender la autonomía? Pero ello empeoraría la relación. Sería difícil que los catalanes y sus tenaces líderes aceptasen una derrota definitiva. El problema subsistiría. ¿Se puede mantener indefinidamente una situación de fuerza?

Ésta es una guerra psicológica y de hechos disuasorios, pero guerra al fin aunque sea sin cañones ni barricadas. Y como todas las guerras de la Historia, la motivación fundamental no es el dinero, sino el reconocimiento de identidades. Ésa es la gran ventaja y la gran arma de Catalunya.

¿Aceptarían el Rey y el Ejército la resolución del poder civil en la cuestión de la unidad de España, que con la sola celebración del referéndum catalán ya estaría en peligro y sería un éxito para los catalanes? ¿Pesaría en los españoles la posibilidad-probabilidad de que el independentismo se extendiese a otras zonas y se volviese a un reino de taifas?

Me vuelvo a la cartuja sin agotar los seis días. Todo son preguntas sin de momento respuestas. El problema catalán se ha convertido en un laberinto inextricable. Salvo que ustedes tengan alguna solución mágica y aceptable para las dos partes. Si lo desean, pueden expresarla. Porque yo no sé si a los españoles les preocupa más la independencia de Catalunya o el recibo de la luz.

Arturo González

Fuente: Público.es

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