sábado, 5 de noviembre de 2016

El sexo de Rajoy




 ANÍBAL MALVAR

BIOGRAFÍA
Aníbal Malvar es periodista y escritor. Su última novela es "La balada de los miserables" (Akal, 2012) 




Le secret d´ennuyer est celui de tout dire. “El secreto de aburrir consiste en contarlo todo”, decía Voltaire. Y Mariano Rajoy, no lo olvidemos, siempre ha presumido de ser un hombre muy aburrido. Esta semana nos acaba de aburrir con un diseño de Gobierno que convierte en hilillos de plastilina sus propias ansias de regeneración. Se conoce que las ansias de degeneración ya las ha matado todas. De aburrimiento, supongo. Y tengo entendido –por propia experiencia– que aburrir al diablo es difícil.

Los periódicos de la semana también vienen cargados de ennui y de spleen diciendo todos lo mismo. Que el gobierno es el gobierno y por lo tanto está bien. Que vamos a ver qué pasa más allá del plasma.
El País arrancaba su editorial de este viernes sobre la nueva composición de gobierno señalando que “Mariano Rajoy no ha dejado de ser Mariano Rajoy“. En ABC, el director Bieito Rubido apostilla que “el nuevo gobierno se parece mucho a Mariano. Es Rajoy en estado puro”. En el mismo diario, el columnista Jaime González acierta al señalar que MR “es de una previsibilidad imprevisible”; Terstch: “Estamos en casa de don Mariano y no es cuestión de revolver en exceso”; Ignacio Camacho: “Sin sorpresas, sin brillo, sin estridencias. Un gabinete lampedusiano”.


Sin novedad en El Mundo, mi general. Más de lo mismo. Federico Jiménez Losantos infiere que “muchos creyeron que, efectivamente, Rajoy iba a cambiar. Pues bien, ayer dejó claro que no le da la pontevedrísima gana. Por no cambiar, Mariano ni siquiera ha mejorado la situación de los leales y las eficaces. Rajoy sigue, nada cambia”. Y el editorial del diario de la bola termina señalando que “una vez más, Mariano Rajoy ha vuelto a ser Mariano Rajoy”.

Lucía Méndez, siempre algo menos pelota, critica en el mismo plan que “Rajoy ha llevado a cabo unos retoques de chapa y pintura. El presidente ha renunciado a la renovación en aras de su tranquilidad, que para él es un asunto decisivo como persona y también como líder político”. Manuel Hidalgo pone cara de crítico perezoso ante tanto plano fijo: “Ya hay gobierno, del que hubiera tenido ganas de escribir –o no– si fuera nuevo”.

Y La Razón lo resumía todo en un solo y certero titular. “La era II del marianismo”.


Rajoy ni siquiera es capaz de entusiasmar a aquellos que pusieron todo su entusiasmo en que volviera a jurar ante el rey su Santa Gadea en pantuflas. Si la política fuera sexo, Rajoy sería una ameba: solo se reproduce consigo mismo. Onán, a su lado, no pasaba de ser una mismidad con derecho a roce.

Los matices de ‘El País’

Si nos vamos a los matices, al diario El País, tras su cruzada para que Rajoy lavara sus gúrteles, sus taulas y sus luises sed fuertes, se le ha quedado cara de Antonio Hernando. Tras el no es sí, en su editorial del día V intentaban ponerle mala cara a los buenos tiempos (que ellos mismos han desnublado). Señalan los escribas de Juan Luis Cebrián que es este “un gobierno que permite dudar del espíritu reformista del presidente”. ¡Rick, en este antro se juega! El espíritu reformista de Rajoy, en estos últimos tiempos, ha deslumbrado a más de uno. Nunca tales vientos de libertad y regeneración azotaron España como en estos diez meses de discurso marianista. Qué revolución, qué promesas, qué ansias de libertad insuflaba por doquier el Byron de Pontevedra. Si hasta Pablo Iglesias parecía Arias Navarro al lado del Che Rajoy. Y ahora, qué tremenda e inesperada desilusión. Se conoce que, como nos sucedía al 99% de los españoles sin estudios, El País ansiaba que Rajoy nombrara ministro de Cultura a Slavoj Zizek.

Empieza una etapa divertida en El País. Idéntica a la del PSOE: recuperar al lector/votante socialista después de haber encumbrado como inevitable a un heredero directo de Francisco Franco: “Hijo, haz como yo y no te metas en política”, recomendaba el dictador a sus defenestrados.

Arreciarán desde El País –a partir de ya– críticas a Rajoy tan feroces (miau) como las de este viernes: “Las grandes reformas de España tendrán que seguir esperando”. Se entera ahora Cebrián. Le voy a tener que pasar el teléfono de un par de periodistas.

Con tan grande virulencia, no me extrañaría que a El País le aplicaran la ley mordaza. Como ya están haciendo miles de suscriptores, que en estas semanas se han dado de baja del diario.

Antonio Caño, el director, ni siquiera le ha concedido a Rajoy los cien días de cortesía que traen de garantía las presidencias recién estrenadas. Será que los cien días de cortesía, y algunos más, ya se los había concedido El País antes de la investidura. Si la carita de Antonio Hernando es un poema, la de Caño es solo un ripio.

Espinar, el Espinete

El pobre Ramón Espinar sufre estos días el despiadado ataque de la prensa. Y con razón. Coño, tío. Que no hiciste nada malo, salvo mentir. Lo que hiciste con tu piso no fue bonito ni feo, ni especulación ni choriceo, ni tenías un millón de euros abandonado en una maleta encima del armario por los habituales despistes de los operarios de Ikea. Pero si se trata de asaltar los cielos, mejor no decir mentirijillas, que te quedas en el purgatorio.

David Gistau, ese verso libre de la derecha ilustrada, lo ha explicado demasiado bien esta semana en ABC. Transcribo a trozos el artículo, espero que sin manipular ni herir el estilo del autor: “Hay que entender que Podemos es una obra de ficción y que sus miembros no son personas, sino personajes. En Podemos, nada está pensado para ser confrontado con la realidad. Ni sus doctrinas, ni sus fórmulas y mucho menos sus personas. Todo queda justificado por las licencias que se toman las obras de ficción. Mientras la máquina de la autoindulgencia preserva a sus personajes, el ser humano, el actor, trapichea por veinte mil euros. Esto, un personaje de Podemos no lo haría jamás. Pero, ¿y el hombre que sustenta el arquetipo? Ah, ese es víctima de la condición humana”. Te han clavao, Ramón Espinar. Te han clavao. El personaje Ramón Espinete, amigo de los sintecho, nunca hubiera mentido. ¿Por qué manchar a tu propio partido con un trapo que ni siquiera estaba sucio?

‘Patxi’ Hernando

Hoy Patxi López se nos lanza a El País en una carta, mientras El País lo postula, quid pro quo, como futuro secretario general del PSOE. El artículo del ex lehendakari lo podría haber escrito el mismísimo Antonio Hernando, ese al que se le ha reducido el retrato a unas gafas rotas de pasta azul. Nos dice López: “Hoy las ideologías están más vivas que nunca y, desde la izquierda, tenemos la obligación de enfrentarnos a todos los dogmas que desde el neoliberalismo nos están imponiendo como si fueran no solo verdades absolutas, sino el único camino posible”. Esto suena muy bien, pero desafina un poco en la garganta de quien se acaba de abstener para dar el gobierno a Rajoy sé fuerte; a de De Guindos y sus Lehman Brothers; a Montoro y su amnistía fiscal a Rato y demás evasores; a esa Cospedal que reparte sueldos en diferido…

O sea, Patxi, que Cebrián te ha enseñado un cartel que ponía Aceros inoxidables… Y le has contestado: “Oye, tú. ¿Nos hacemos?”.

FUENTE:  PÚBLICO.ES

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