lunes, 28 de marzo de 2016

¿Ha creado empleo el ajuste salarial?





Fernando Luengo

Uno de los argumentos centrales del pensamiento económico convencional es que el ajuste salarial tiene un efecto positivo sobre el empleo; existiría una relación inversa entre ambas variables (según este enfoque, el nivel de empleo estaría determinado a corto plazo por los salarios). En primer lugar, porque la moderación de los costes laborales permite la recuperación de los márgenes empresariales, motor de la inversión productiva, que, al reforzarse, se traduce en nuevos puestos de trabajo. En segundo lugar, la contención salarial mejora la competitividad-precio de las empresas, ensanchando sus mercados y, en consecuencia, aumentando las necesidades de empleo. Se sostiene, en tercer lugar, que el ajuste de los salarios a la baja favorecerá, muy especialmente, a los trabajadores de menor cualificación.

De acuerdo con esa línea de argumentación, los países que hubieran aplicado políticas salariales más contenidas habrían obtenido mejores resultados ocupacionales.

¿Qué nos dice al respecto la evidencia empírica proporcionada por Eurostat? A continuación se presentan tres gráficos que relacionan, por un lado, el esfuerzo salarial, y, por otro, la creación de empleo. El primero está referido al periodo comprendido entre 2000 y 2007; el segundo comprende los años de crisis, 2008-2015; y el último se centra en el tramo 2010-2015, cuando se han aplicado con mayor rigor las políticas de austeridad salarial.







Pues bien, los gráficos ponen de manifiesto que, en un sentido muy diferente al defendido por la corriente dominante en economía, no hay evidencia empírica en la Unión Europea que sostenga la afirmación de que la moderación salarial es una vía para la creación de empleo. Más bien al contrario, en el periodo dominado por la austeridad salarial y presupuestaria encontramos una relación positiva entre la compensación real por empleado y el empleo. En otras palabras, el balance en términos ocupacionales ha sido más favorable para aquellas economías que han relajado la disciplina salarial.

¿Cómo interpretar estos resultados? Cuatro aspectos a tener en cuenta.

a) Las políticas de represión salarial, al contraer la demanda, han penalizado el crecimiento económico y, en esa medida, la capacidad de creación de empleo. Ese efecto de demanda supera, con mucho, los supuestos efectos positivos asociados a la activación de la inversión y el aumento de la competitividad.

b) La recuperación de los márgenes empresariales no se ha traducido en una mejora sustancial de la inversión productiva, que, cuando se escriben estas líneas, todavía se mantiene en niveles muy bajos. La atonía de la demanda y, más en general, las incertidumbres que amenazan la evolución de los mercados explican la prudencia inversora de las empresas.

c) El supuesto intercambio entre salarios (moderación) y empleo (crecimiento) no se ha materializado. La represión salarial no mejora sustancialmente el balance ocupacional. Lejos de abrir las puertas a la contratación de trabajadores de baja cualificación, ha supuesto la degradación salarial de los que antes recibían mejores retribuciones.

d) En el contexto de las reformas estructurales llevadas a cabo estos años por los gobiernos europeos, cuya piedra angular ha sido la desregulación de los mercados de trabajo, se han abierto para las empresas mayores posibilidades de intensificar la utilización de los recursos laborales disponibles (aumentar la explotación): alargamiento de las jornadas laborales e intensificación de los ritmos de trabajo. Ello, como no podía ser de otra manera, ha tenido una incidencia negativa sobre la creación de empleo.

Fernando Luengo

Profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, miembro de econoNuestra y del Consejo Ciudadano Autonómico de Madrid.

Fuente: Sin Permiso

https://fernandoluengo.wordpress.com/

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