martes, 14 de junio de 2016

Tres contra Rajoy, dos contra Iglesias

El presidente del Gobierno en funciones y del PP, Mariano Rajoy (i), el líder del PSOE, Pedro Sánchez (2i), el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera (2d), y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias (d), en el plató momentos antes de iniciar el ú

Los cuatro candidatos evitan riesgos en un debate formalmente correcto y sin estridencias


Catch a cuatro en el Price de Barcelona. Catch a cuatro en el madrileño campo del Gas. Estampas de antaño. Lucha política con buenos modales anoche en el Campo de las Naciones de Madrid. Tres contra uno en casi todos los asaltos. Todos contra Mariano Rajoy, que por primera vez aceptaba un debate a cuatro. Dos contra uno en algunos momentos: Pedro Sánchez y Albert Rivera versus Pablo Iglesias, por motivos diversos. Electricidad entre Rajoy y Rivera en el pasaje más duro del debate. No hubo sangre. Tampoco lesiones de consideración. Magulladuras, unas cuantas magulladuras, en el bloque dedicado a la corrupción.
Mariano Rajoy, granítico y presidencial, resistió bastante bien la mayoría de los embates, fue el que consumió más tiempo, dejando entrever nerviosismo en el capítulo de la corrupción, sin duda el más difícil para el presidente en funciones. Contra pronóstico, Rajoy no buscó el enfrentamiento con Pablo Iglesias y se enzarzó con ganas con Albert Rivera –el único que consiguió sacarle de su zona de confort–. Rajoy ninguneó a Sánchez y mantuvo una fría distancia con Iglesias.
El candidato socialista ejerció de opositor. Buscó sin mucho éxito el cuerpo a cuerpo con el presidente en funciones, pero consiguió evitar que el debate se polarizase entre el Partido Popular y Unidos Podemos. Sánchez no podía olvidarse de Iglesias –al que detesta–, su adversario en el campo de la izquierda, que podría adelantarle al 26 de junio, según coinciden todos los sondeos.
Buscando la fidelidad del electorado socialista, Sánchez le reprochó constantemente a Iglesias no haberle apoyado en la fallida investidura del mes de marzo. En alguna ocasión lo hizo con acusada amargura. El secretario general socialista exhibió su herida luminosa. E hizo algo más. Acusó a Podemos defender el derecho de autodeterminación de Catalunya, Euskadi y Galicia y –atención– afirmó que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, mantiene posiciones favorables a la independencia de Catalunya. (Los soberanistas catalanes, empeñados en demostrar lo contrario, no daban crédito frente al televisor). Mensaje para el sector más mayor del electorado socialista. ¿Una ayuda para el PSC?
Con las encuestas a favor en lo que se refiere al posible sorpasso al PSOE, Pablo Iglesias llegó al palacio de congresos del Campo de las Naciones con la consigna de no cometer errores. No arriesgó mucho. Más calmado que en debates anteriores, buscó el cuerpo a cuerpo con Rajoy –que este no le concedió–, leyó muchos datos para reforzar su perfil presidencial, evitó metódicamente el enfrentamiento con el candidato socialista –“Pedro, yo no soy el adversario”, le susurró a Sánchez–, e insistió en la oferta de un gobierno de coalición con el PSOE. Sólo estuvo a punto de perder los estribos cuando Rivera le acusó de financiarse con ayudas del gobierno de Venezuela. No fue el Iglesias de las tertulias. Controló el ego. Se frenó. De­fendió la posición que le otorgan las encuestas. Sus incondicionales quizás esperaban más beli­cosidad.
El ponente más incisivo fue anoche Albert Rivera, candidato bifronte que no ahorró críticas al Partido Popular, estrategia que intentó comprensar con un constante acosos al candidato de Unidos Podemos. Ciudadanos, el partido con más electores indecisos, quiere mantener viva la conexión con sus votantes jovenes –electores a favor del cambio político– pero debe protegerse de la oferta del Partido Popular de concentrar todo el voto moderado para evitar sorpresas el 26-J. La crítica constante a Podemos es la película impermeable con la que creen poder resistir la OPA del PP. Rivera fue el único candidato que hizo mención expresa a Venezuela, argumento que en ningún momento fue utilizado por Rajoy, que evitó, significativamente, el combate con Unidos Podemos.
Fuente: La Vanguardia

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