Aníbal Malvar
Dos días antes, en el mismo papel, Lucía Méndez tocaba el claxon con mucha mayor sinceridad: “Cuando la izquierda parlamentaria habla –aunque sea para dar los buenos días– con partidos independentistas, España corre peligro de ruptura, pero cuando lo hace el PP es un síntoma de buena salud democrática”. También Raúl del Pozo, muy tímidamente, como si ya no fuera con él, nos ilustra al respecto: “Cuando la deslealtad triunfa, se le llama gobernabilidad”.
El principio de incertidumbre de Heisenberg es una ocurrencia al lado del marianismo. Y de sus palmeros. Ante las necesidades de Rajoy, hasta el pujolismo diferido –incluido 3%– se transforma en respetable. A Rajoy, el hombre que nunca hizo nada, se le permite hacer de todo. Es el hombre de Marca marcado por la baraka mediática. Lo de Zapatero no era baraka. La bendición divina tuvo su epifanía en Pontevedra.
Cuando secretos independentistas catalanes y vascos dieron su apoyo al PP para que Ana Pastor se proclamara presidenta del Congreso, los cerebros de nuestra prensa de papel se vieron tan sorprendidos que no hallaban palabras para describir el milagro. En la confusión, El País llegó a editorializar con la hipótesis de que los votos anónimos pudieran proceder de “improbables rebeldías entre socialistas o en Podemos”.
Dentro, escondido en algún lugar de su editorial principal, al periódico felipista también le “sorprende que tales movimientos hayan coincidido con la decisión de la Fiscalía de no pedir pena de cárcel para ninguno de los encartados por la consulta separatista del 9 de noviembre de 2014, entre ellos Artur Mas“. Pero solo es letra pequeña, no merecedora de mayor análisis.
Hace apenas una semana, el jefe de opinión de El País, José Ignacio Torreblanca, se enfadó mucho con Pablo Iglesias en una entrevista porque el líder de Podemos denunció la derechización del periódico. El jueves, en su editorial, El País pedía sin pudores la presidencia para Mariano Rajoy, el de los papeles de Bárcenas, el de la guerra de Irak, el de la Gürtel, el de tantas otras aventuras. ¿Derechización? Pablo, deliras.
Ese mismo día, en su página 36, a faldón inferior, un irrelevante titular nos informaba de que “La Seguridad Social saca 1.000 millones más del fondo de reserva”. No Mariano, no el Gobierno en funciones, sino ese ente difuso y volandero llamado Seguridad Social, que se vacía solo. Ni siquiera Paco Marhuenda se atrevió a esconder el dislate y lo alumbró en portada: “El Gobierno saca 1.000 millones más de la hucha de las pensiones”. Pero El País no se ha derechizado, Pablo. Lo que pasa es que Marhuenda se nos ha vuelto bolchevique, con las calores del verano.
Carta al director
Lo más bello y sincero que he leído esta semana en un periódico de papel es una carta al director firmada por un tal José Miguel Grandal Lopez, de Cartagena. La dejo de postre para alegrarte el día: “Cuando conduzco me obligan a ponerme el cinturón de seguridad bajo amenaza de sanción por infracción grave. A otros se les admira y protege por correr delante de las afiladas astas de unos animales que pesan media tonelada. ¡Qué curioso!”. No sé por qué esta carta me resume todo lo que ha sucedido esta semana con los nacionalistas. No sé por qué.
Aníbal Malvar
Fuente: Público.es
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